JENKINS, Henry, 2006, Convergence culture: Where old and new media collide.
New York: NY Unversity Press
Autor/-a de la reseña: Toni Cambra González
De lectura altamente recomendable para todos aquellos interesados en la evolución de lo que conocemos como ´cibercultura´, medios de comunicación, comunidades virtuales, formas de participación mediada, etc., en
´Convergence Culture´, el analista de medios y cultura del MIT, Henry Jenkins, nos anuncia, en virtud de la irrupción de los nuevos medios de comunicación digital, un cambio de paradigma en el funcionamiento del panorama mediático global, o para ser más precisos, de aquel que podríamos asociar a la ´cultura de masas´.
Sirva como forma de entrada a su argumentario un par aclaraciones. En primer lugar, la ´convergencia cultural´ que pregona Jenkins, no lo es tecnológica, es decir, no tiene que ver con una mera convergencia tecnológica de reunión de funciones en un mismo dispositivo a la manera de los móviles actuales. Y en segundo lugar, andaban equivocados los futurólogos tipo Negroponte que vaticiban allá en los noventa, el fin de los medios de masas y su fagocitación por los nuevos modelos mediáticos, ya que aquí lo que se vislumbra es una singular colaboración entre modelos y formas de participación y creación que enmarañan las dicotomías habituales como ´productor/consumidor´ o ´emisor/audencia´.
Para Jenkins, la ´convergencia cultural´ no equivale ni se refiere pues a una mera confluencia de lo tecnológico, ya que comportaría además variaciones que atañen a lo social, cultural, político y económico, y que se manfiestan en nuevos patrones y prácticas de producción y consumo asociados a los contenidos mediáticos, fenómeno éste en el que se observa un reajuste, por lo demás problemático, entre antiguos medios encarnados en los conglomerados audiovisuales e industrias culturales y el potencial de unas TIC en manos del público, las comunidades de fans y la ciudadanía de manera general, que conlleva una alteración de la relación entre mercados, industrias, tecnología, géneros y audencias. O dicho en otras palabras, puede ser visto como un proceso entre dos polos que, o bien se desarrolla de forma ´top-down´ (las industrias mediáticas generan contenidos que difunden por diferentes canales a fin de expandir sus beneficios, mercados y oportundidades de negocio, de los que más tarde se apropian los consumidores) o bien se inicia ´bottom-up´ (en la que las primeras recogen a su vez los productos que resultan de la creatividad surgida colectivamente a través de las prácticas propias de la cultura popular), pero que
condena a sus participantes en una relación de interdependencia.
Pero lejos de originarse en la mera especulación teórica, Jenkins deriva su planteamiento de una esmerada observación y documentación cuyo resultado despliega a lo largo de los cinco capítulos que componen esta obra, para mostrarnos la emergencia de una noción de ´inteligencia colectiva´ (que él toma prestado de Pierre Lévy) a partir del modus operandi de la comunidad de fans del concurso televisivo norteamericano ´Survivor´; las estrategias de fidelización e implicación personal y ´emocional´ de los consumidores hacia las marcas y productos que veneran tomando como ejemplo el caso del show ´American Idol´; las nuevas formas de concepción formal de contenidos, que él indetifica en el caso del film ´Matrix´, en el que, por encima del producto-película, se percibe una articulación de la historia a lo largo de diferentes formatos y medios como parte de una estrategia de ´narrativa transmedia´; el cambio de roles entre industria y fans, de producción y recepción, operado por las TIC a través el caso de ´Star Wars´ y los sucesivos encuentros y desencuentros aparejados; o como el fenómeno de ´Harry Potter´ puede ser entendido como una encrucijada de fuerzas e intereses en torno a nociones de legitimidad en el uso, aprendizaje o alfabetización a través de los media.
En el último capítulo, Jenkins se adentra en la esfera de la política, para reflejar nuevamente la dialéctica entre actores expuesta anteriormente en este proceso de convergencia cultural, que refleja - entre otros muchos puntos de atención - recurriendo al astuto uso de viejos y nuevos media que Howard Dean, candidato a las presidencia de los USA, hizo en la campaña del 2004.
Finalmente, más sugerente parece la invitación de Jenkins a pensar esta coyuntura informacional que actualmente vivimos sin sucumbir ante una visión, por justificada que puede serlo, de los media como esos ineludibles centros de manipulación y concentración de discursos y de lo visible en la línea conocida de ciertos autores como Chomsky, para percibir el potencial de transformación que las TIC esconden en el ejercicio de una participación activa y colaborativa que juegue a favor del individuo, ya sea en calidad de consumidor o de audencia, o de manera más relevante, de ciudadano.