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AOL Time Warner Contra Internet Por: Javier Villate Para citar este artículo: Villate, Javier, 2000, "AOL Time Warner Contra Internet". Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad en http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=38
El 10 de enero, America Online (AOL) anunció la compra de Time Warner y la creación del mayor gigante mediático digital del mundo: AOL Time Warner. El mayor proveedor de servicios de Internet del mundo y el mayor conglomerado industrial de medios de comunicación y de ocio del mundo y segundo operador de cable de Estados Unidos. La nueva compañía tendrá intereses en una amplísima gama de industrias: servicios de Internet, prensa, televisión por cable, estudios de cine, industria discográfica, editoriales, etc. Pero lo más característico de esta fusión es que AOL-Time Warner agrupará servicios de Internet, industria de contenidos y una infraestructura de banda ancha a través del cable. AOL conseguirá el ansiado acceso a Internet a alta velocidad, así como los gigantescos recursos de producción de contenidos de Time Warner, mientras que esta última obtendrá su no menos deseada audiencia para sus contenidos en el ciberespacio. En apariencia, al menos, un matrimonio perfecto. Estamos ante la mayor fusión de la historia, valorada en 30 billones de pesetas. Los ingresos estimados de la nueva compañía se han calculado en 30.000 millones de dólares (más de 5 billones de pesetas) y un valor en el mercado cercano a los 57 billones de pesetas, es decir, la mitad del PIB del Estado español. La nueva economía digital Esta megafusión no es más que un reflejo de las fuertes tendencias económicas existentes hacia la convergencia de los medios de comunicación tradicionales, las industrias del contenido y las compañías proveedoras de acceso y servicios de Internet. O dicho con otras palabras, es una expresión del creciente desplazamiento de la economía de la información hacia el mundo digital: la utilización de Internet, como plataforma de la comunicación del futuro, para difundir los contenidos audiovisuales de los grandes conglomerados mediáticos. La mayor parte de los comentaristas han permanecido atentos, en
el pasado, a los pasos que se suponía habrían de dar los gigantes
de la industria mediática para abrir una división de negocios en
Internet. Todos esperaban que cayeran en sus respetadas y poderosas
garras un Yahoo!, un Lycos, incluso un AOL. La sorpresa ha sido
mayúscula al comprobar que se han cambiado los papeles: el teórico
"pez chico" se ha comido al grande. Según todos los parámetros
(facturación, beneficios, fuerza de trabajo, gestión, influencia...),
Time Warner es una compañía sustancialmente mayor que AOL. Menos
en un aspecto: la valoración de una y otra en el mercado bursátil.
Time Warner controla compañías de producción y distribución cinematográficas, de televisión, publicaciones especializadas y discográficas. Entre las más conocidas están los estudios Warner Bros y Hanna-Barbera; treinta y tres revistas que, en 1998, representaban el 21 por ciento del total de ingresos por publicidad generados por revistas en Estados Unidos, y entre las que destacan Time, Fortune, Life, Sports Illustrated, Money o People; discográficas como Atlantic o Warner, totalizando 120 millones de lectores; editoriales como Time-Life Books, Little Brown o Book of the Month Club; cadenas de satélite o cable como HBO, CNN --que es vista por unos mil millones de telespectadores--, TBS, TNT o Cartoon Network, con un total de más de 105 millones de suscriptores; el segundo servicio de Internet a alta velocidad de Estados Unidos, Road Runner, con más de 320.000 clientes, e incluso clubs deportivos como el Atlanta Braves, de béisbol, el Atlanta Hawks, de baloncesto y otros. En conjunto, Time Warner tiene intereses en más de un centenar de países. Quién es America Online Por su parte, AOL aporta 22 millones de suscriptores y servicios tan populares como el ICQ y la mensajería instantánea, que son utilizados por unos 75 millones de personas. Realiza operaciones en 15 países y siete idiomas. Además, en los dos últimos años, AOL ha venido realizando inversiones multimillonarias por las que ha adquirido Netscape Communications --la compañía propietaria del segundo navegador web más utilizado por los internautas y de uno de los portales más visitados de la Red, Netscape Netcenter--, Compuserve --el que fuera segundo servicio en línea más extendido del mundo--, MovieFone --el mayor servicio de listas de películas y adquisición de entradas de Estados Unidos--, MapQuest.com y una inversión de 1.500 millones de dólares en Hughes Electronics, de General Motors, para promover la distribución vía satélite de servicios de Internet. Otros conocidos servicios de AOL incluyen Digital City, que proporciona información sobre decenas de ciudades, Spinner Networks y NullSoft, que son de los más importantes servicios de música por Internet, y Financial Summary America Online, que ofrece servicios interactivos para la especulación financiera. Pero AOL sigue desarrollando una frenética actividad firmando acuerdos con empresas de comercio electrónico y de hardware, como Sun Microsystems, Gateway o Intel, con vistas al mercado de nuevos dispositivos de conexión a Internet diferentes del PC. La nueva compañía tendrá 82.000 empleados: 70.000 procedentes de Time Warner y 12.000 de AOL. Como lo ha dicho muy gráficamente Steven Frenkel, "esto representa la rendición de la economía de ladrillos y cemento ante la economía de Internet". Tras señalar que esta es la primera vez que una compañía de Internet compra una bien establecida y poderosa compañía mediática tradicional, Chris O'Brien, de Mercury News, afirma que estamos ante el "auge de la nueva economía digital frente a la vieja economía analógica". Desde el punto de vista de la producción, Internet ya no es un simple medio para expertos tecnólogos y emerge como una fuerza dominante en el diseño de la información, las comunicaciones y el ocio, las nuevas patas del futuro del capitalismo. Efectivamente, la creación de AOL-Time Warner señala la tendencia que probablemente marcará la evolución de la nueva economía del siglo XXI. "Es la primera señal de los cambios radicales que vamos a ver en todos los medios de comunicación", ha dicho Peter Schwartz, presidente de Global Business Network. La información y los contenidos de todo tipo están cada vez más "enriquecidos" y se empiezan a servir recubiertos y acompañados de un creciente despliegue de alardes técnicos. Se unen el texto, la voz y la imagen. Esta se hace cada vez más dinámica y se abre paso el vídeo digital. Veremos películas y escucharemos música en línea que residen en potentes servidores de grandes compañías. Haremos nuestras compras y transacciones financieras a través de las redes. Nos reuniremos con nuestros colegas de trabajo y nuestros familiares dispersos a través de videoconferencias. Nos suscribiremos a servicios personalizados de información meteorológica, finanzas, noticias, deportes... Nos conectaremos para jugar con amigos y desconocidos. Consultaremos bibliotecas, al médico, al abogado... mientras transferimos a alta velocidad documentos que serán leídos simultáneamente por varios expertos y personas interesadas. Etcétera. Los desarrollos tecnológicos digitales y la infraestructura de redes de alta velocidad harán posible todo esto y mucho más. Y las inversiones para poner en pie este nuevo ciberespacio y la vida que fluirá por él requerirán de nuevas y gigantescas corporaciones que serán, con toda seguridad, los capitanes del nuevo capitalismo. AOL-Time Warner quiere ser el primero. Sin embargo, hay algunas declaraciones que, por su simplismo o su interesada grandilocuencia no se ajustan, creo, a la realidad. "El siglo de Internet ha nacido con esta fusión", ha dicho Steve Case, presidente y director general de AOL. Y otros le han hecho coro. "Internet entró ayer, definitivamente, en una nueva era", se podía leer en un comentario del director de ibrujula.com, Mikel Amigot, el 11 de enero, quien añadía: "Internet es hoy AOL y la Time Warner". El riesgo de las afirmaciones demasiado redondas y grandilocuentes es que suelen ser incorrectas o exageradas. La bifurcación: Internet y la "nueva televisión" Internet no es hoy AOL y Time Warner. Ni lo será nunca. Son dos realidades sustancialmente distintas. AOL nunca ha aceptado Internet tal cual es. Su intención ha sido siempre crear una red cerrada y controlada. Como Microsoft, despreció inicialmente este fenómeno caótico y libertario. Después, a mediados de los 90, tuvo que hincar la rodilla --también como Microsoft-- y readecuar sus planes. Pero el sueño de Case no murió y ahora cree, posiblemente, que puede hacerse realidad. Una ojeada a los "Términos de Uso" de AOL y al diseño de su arquitectura aclaran muchas cosas. AOL se considera una "comunidad" y sus clientes son denominados "miembros". En sus "Términos de Uso" (TOS) se puede leer: "Como miembro de AOL, estás obligado a cumplir con los TOS no importa en qué lugar de Internet estés". Es decir, aunque un cliente de AOL esté participando en un foro de, digamos, Slashdot, sigue estando sujeto a las normas de AOL. Además, los "miembros" de AOL no disponen de ningún foro público que les permita debatir las normas a las que están sujetos, ni exponer quejas o proponer sugerencias. Sin embargo, las actividades de los clientes pueden ser supervisadas por AOL --y, de hecho, lo son. Todo esto no tiene mucho que ver con Internet. Pero, más allá de las normas actualmente vigentes en AOL, el proyecto de Case es crear una red cerrada y controlada, con sus "miembros" que pagan cuotas, sus contenidos propietarios protegidos con copyright, sus servicios férreamente controlados y que incluya, eso sí, una pasarela al mundo abierto y libertario de Internet. Como ya hemos dicho, AOL Time Warner quiere crear un nuevo tipo de compañía para esa "nueva era", que ofrezca programación de televisión interactiva de alta calidad, acceso a la red a alta velocidad y el tipo de contenidos y servicios que actualmente se encuentra en AOL. Como dice Howard Rheingold, el conocido autor de La Comunidad Virtual, "la ambición de AOL es ser cada vez más como la televisión". "No queremos que AOL sea un lugar por el que la gente pasa para ir a otro sitio. Queremos crear un espacio integrado para el consumidor", ha dicho Case. "Esa es la razón por la que la propiedad de marcas de medios de comunicación es tan importante". Sin embargo, lo característico de Internet, hasta el día de hoy, es su carácter abierto y descentralizado. Los protocolos y estándares que están en la base de Internet fueron diseñados expresamente para construir una red con esas características. Esa ha sido la razón por la que el mundo empresarial y comercial despreciaron Internet hasta que no pudieron ignorarla más. Los intereses empresariales y comerciales privados necesitan una estructura social controlada y jerarquizada. Todos los esfuerzos que han venido realizando desde mediados de los años 90 han ido orientados en esa dirección. El comercio electrónico está librando una lucha incansable contra la arquitectura abierta y descentralizada de Internet: necesita incluir protocolos que identifiquen a los usuarios, desvelen su información personal y sus hábitos, impongan la seguridad de las transacciones financieras, recuperen la conducta fundamentalmente pasiva y consumista del telespectador, atraigan la atención del consumidor, garanticen un entorno moralmente limpio para las familias... Pero Internet ha sido, hasta ahora, un espacio donde ha reinado la anonimidad, se ha despreciado la seguridad de transacciones que estaban expresamente prohibidas, ha promovido la creación de foros de participación autogestionados, ha excluido toda actividad comercial y ha hecho prácticamente imposible la censura. No es mi intención aquí discutir lo que hay de bueno y de malo en uno y otro diseños. No voy a defender un punto de vista maniqueo, en el que el Mal se enfrenta al Bien. Creo que el desarrollo del comercio electrónico es algo deseable y que la arquitectura de la Red debe cambiar --otra cuestión es qué es lo que debe cambiar y bajo qué condiciones debería desarrollarse el comercio electrónico. Sólo me interesa señalar el conflicto existente y dónde y cómo se sitúa AOL Time Warner en el mismo. AOL Time Warner necesita una arquitectura y unas normas fundamentalmente distintas de las que han caracterizado a Internet. Necesita una red cerrada y controlada, cuyos contenidos estén protegidos y cuyos clientes paguen por esos contenidos y servicios. Y con ese fin, le interesa desarrollar tanto contenidos y servicios "televisivos" como plataformas de banda ancha y alta velocidad que permitan su distribución eficiente y sencilla, así como su uso fácil por parte del consumidor. La creación de una nueva compañía que agrupa en su seno contenidos y servicios hipermedia y canales de distribución representa, sin duda, un primer paso en esa orientación. Lo que creo es que se operará una bifurcación entre Internet y las redes cerradas de grandes corporaciones que controlan los contenidos y el acceso a los mismos. Las fuerzas que están detrás de cada uno de estos medios es probable que se vayan bifurcando también. No sería extraño que el escenario futuro se pareciera a una Internet abierta y descentralizada como la actual --pero con grandes cambios, no obstante, en la implementación de nuevas tecnologías de control--, en la que una gran minoría de decenas de millones de internautas seguirían experimentando y desarrollando modos de comunicación horizontal de "muchos a muchos", y junto a ella grandes redes cerradas, de pago, controladas por grandes corporaciones propietarias de los contenidos y de los canales de acceso, configuradas como un medio básicamente "televisivo" y orientado a un consumo de masas de nuevo tipo. Mucho me temo que la gran mayoría de los ciudadanos del siglo XXI serán los "miembros" de estas nuevas redes. No serán dos mundos separados. Los internautas proactivos recalarán, más o menos, en las redes cerradas y propietarias, como ahora "descansamos" de vez en cuando ante la "caja tonta". Los clientes de AOL Time Warner y demás usarán las pasarelas a Internet para comunicarse, de vez en cuando también, con ese otro mundo que está "ahí afuera". Los humanos necesitamos tanto dar salida a nuestra iniciativa y nuestra curiosidad, como a la evasión y la contemplación. Sin embargo, detrás de cualquier opción se encuentran valores que debemos elegir. ¿Queremos una ciudadanía más activa y comprometida? ¿Queremos profundizar la democracia con la participación en línea? ¿Queremos favorecer la cooperación y el diálogo entre culturas? ¿Queremos fomentar la iniciativa individual y los lazos comunitarios? ¿Queremos que el comercio electrónico deje un lugar a la voz de los consumidores? ¿Queremos que el pluralismo social exprese y responda a los diferentes estilos de vida que se encuentran en la sociedad o a los modelos ideológicos y comerciales de grandes centros de poder? El desarrollo futuro de Internet y del ciberespacio está condicionado, en buena parte, por las respuestas que demos a estas y otras preguntas. AOL Time Warner y quienes sostienen proyectos parecidos tienden a reducir toda elección entre valores a un esquema simplificado y reduccionista: el dinero, el "pensamiento único". Ese es, en mi opinión, el enemigo.
El futuro inmediato de
AOL Time Warner: Aunque la creación de esta nueva compañía expresa la fuerte tendencia a la creación de nuevos emporios digitales, aún ha de superar unos cuantos obstáculos y problemas de diversa envergadura. La fusión de las dos empresas ha sido aprobada por los respectivos consejos de administración, pero la operación sólo llegará a su término después de que las juntas de accionistas de AOL y Time Warner den su visto bueno y los organismos reguladores den la luz verde. Y no sabemos con certeza lo que va a suceder. De entrada, Wall Street no se ha mostrado muy entusiasmada con la fusión. Los inversores que veían un espléndido futuro para America Online, como compañía de la inquieta y revolucionaria Internet, no lo tienen tan claro con la AOL Time Warner embarcada en negocios más mastodónticos y de evolución más incierta. AOL ha podido superar cuantos obstáculos se han interpuesto en su camino hacia el éxito en la Red. Pero Time Warner no. Sus intentos de sentar sus reales en Internet han fracasado, relativamente, en el pasado. El dinamismo de Internet es, en cierta forma, la otra cara de la moneda del caminar paquidérmico de los conglomerados mediáticos. La nueva compañía vale ahora menos que la suma de las dos por separado. ¿Qué pensarán los accionistas de esto? La mayor parte de los comentaristas no vislumbran grandes problemas para que AOL Time Warner apruebe el examen a que le someterán los reguladores antitrust de Estados Unidos. Un punto tan sólo arroja alguna sombra: su impacto en el acceso a Internet de alta velocidad. "La única preocupación que podría tener la gente es sobre el acceso abierto", ha concedido Steve Case, refiriéndose a las batallas que AOL y otros proveedores de servicios de Internet han venido sosteniendo para que las redes de cable se abran a la competencia. El cable de banda ancha, junto a la telefonía inalámbrica, se está configurando como un canal de acceso dominante a la Internet del siglo XXI. En estos momentos, este acceso está controlado por dos grandes compañías: AT&T y Time Warner. Según la legislación norteamericana, las operadoras telefónicas están obligadas a dar servicio a cualquier proveedor de Internet, sin discriminación, y las autoridades federales han regulado severamente, durante 30 años, las redes de telecomunicaciones basadas en las líneas telefónicas para asegurar los estándares abiertos y el acceso abierto. Pero en el cable no es así. Esto ha permitido que AT&T y Time Warner hayan firmado contratos con Excite@Home y Road Runner, respectivamente, como proveedores exclusivos de Internet por sus redes de cable. En la actualidad, AT&T tiene entre 15 y 16 millones de clientes, frente a los 12 millones de Time Warner. Los reguladores no han puesto ninguna objeción a la adquisición de TCI --y, probablemente, tampoco pondrá a la MediaOne-- por parte de AT&T y han reafirmado una política de no intervención en el sector. Para la Coalición OpenNet, una agrupación de proveedores de Internet entre los que se incluye AOL, "los operadores de cable están buscando transformar Internet en una intranet corporativa, controlando todos sus aspectos, desde la red local de transmisión hasta el servicio del proveedor de acceso, el portal e incluso la red troncal de Internet". Con otras palabras, las compañías de cable están intentando utilizar su monopolio en la banda ancha para transformar Internet, o parte de ella, en una red privada y cerrada para su propio beneficio. Lo más curioso es que William Kennard, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), ha considerado que la fusión de AOL y Time Warner es un signo "alentador", pues demuestra que el mercado puede, por sí solo, resolver los problemas de monopolización del acceso al cable. O sea, que en lugar de un monopolio, tenemos dos y eso, según este funcionario, es bueno. La FCC seguirá impasible ante un hecho tan grave como que AT&T y Time Warner no permitan el libre acceso a sus redes de cable. La situación de AOL es un tanto comprometida. Esta compañía ha sido una de las más activas en la campaña de presión para que el gobierno regule el acceso al cable. AOL se ha enfrentado con AT&T por esta cuestión después de que fracasaran sus negociaciones con el gigante telefónico. Con su campaña política, en el marco de la Coalición OpenNet, AOL quería encontrar un medio de acceder al cable. Pero ahora lo ha encontrado con su matrimonio con Time Warner y todos se preguntan qué hará AOL en adelante. Steve Case ha dicho que AOL no cambiará su postura y que seguirá defendiendo el "acceso abierto" al cable. Pero son muchos --y me incluyo entre ellos-- los que no le creen. El motivo de la compañía de Case para exigir que el gobierno regulara el acceso abierto al cable no era una cuestión de principios, sino un interés puramente empresarial. Y ahora ya no le hace falta mantener esa reivindicación. Una declaración de Levin dejó, además, la puerta abierta a la sospecha. "Vamos a sacar el tema del acceso abierto fuera de Washington para llevarlo al mercado y al terreno de los acuerdos comerciales, que deberían ofrecer el tipo de acceso para [...] muchos proveedores de Internet". Es decir, se abandona la exigencia de regulación y se apuesta por el mercado como único "regulador". Según Dan Gillmor, columnista de Mercury News, la estrategia de AOL ha sido siempre apoyar los estándares abiertos, en los que se basa la Red, sólo cuando eso le ayudaba a ganar clientes. Una vez que esos clientes firmaban, el objetivo de AOL ha sido siempre atraparlos detrás de un muro de tecnología y contenidos propietarios. Para complicar más las cosas, el contrato que Road Runner tiene con Time Warner no expira hasta el 31 de diciembre del 2001. ¿Mantendrá AOL Time Warner ese contrato o lo romperá para ser coherente con el acceso abierto? Por si esto fuera poco, en Road Runner participan también Microsoft, Compaq y MediaOne, que es socio ahora de AT&T. La lógica del "business is business" parece empujar hacia un acuerdo entre AOL Time Warner y AT&T, que firme la paz y relegue el acceso abierto a las calendas griegas. Ojalá me equivoque. En todo caso, la lucha por el "acceso abierto", es decir, la lucha para exigir a las compañías de cable que vendan acceso completo a sus líneas de alta velocidad a cualquier proveedor de servicios de Internet sin discriminación, promete convertirse en una de las batallas políticas más importantes del futuro inmediato. Pero lo que la FCC parece no querer entender es que no sólo existe un problema de monopolios en el cable --de duopolio, si se quiere--, sino que la fusión de una compañía proveedora de contenidos y de otra proveedora de acceso es, en sí misma, un hecho que ninguna legislación antimonopolios debería permitir. Es vital para el desarrollo de la libre competencia y de la libre expresión que se mantengan los muros que separan las infraestructuras, los contenidos y el acceso. Lamentablemente, todas las legislaciones están permitiendo que las operadoras telefónicas compren proveedores de acceso. Si se permite que también compren o se asocien con proveedores de contenido, estamos entregando la Red, y la sociedad de la información, a los nuevos "señores del aire", tal y como los denomina Javier Echeverría. Por razones que ignoro, las leyes antimonopolios prestan atención sólo a las fusiones "horizontales". De hecho, uno de los argumentos empleados para descartar problemas antitrust en el caso que nos ocupa es que Time Warner y AOL no son competidores en los mismos mercados. Pero la integración "vertical" (infraestructuras, acceso y contenidos) es tanto o más peligrosa que la horizontal. La fusión de un proveedor de acceso (AOL) y un proveedor de contenido (Time Warner, que es, también, dueño de una infraestructura de cable) permite, con demasiada facilidad, que la nueva compañía privilegie sus propios contenidos y margine los de otros proveedores. Cuando la compañía resultante detenta una cuota importante del mercado de accesos, esa integración pone en peligro la misma libertad de expresión. Si el gobierno norteamericano fracasa en hacer valer el interés público, otras operaciones similares verán la luz con toda seguridad. Grandes compañías telefónicas y del cable buscarán acuerdos con grandes proveedores de servicios de Internet, y las empresas resultantes tratarán, a su vez, de establecer alianzas y asociaciones con grandes proveedores de contenidos. Los candidatos están ahí: AT&T y Bell Atlantic; Yahoo!, Lycos, Excite y Microsoft; Disney, Viacom y News Corporation en Estados Unidos y tantos otros en Europa. Cuando la partitura se compone en dólares, las combinaciones pueden ser de cualquier tipo. Más allá de los eventuales, y poco probables, problemas de AOL Time Warner con las autoridades antimonopolios, muchos comentaristas quieren ver cómo encajan en la nueva compañía dos culturas empresariales muy distintas, lideradas por fuertes personalidades y con visiones comerciales que tal vez no coincidan en aspectos centrales. Tenemos un mínimo de ocho meses, quizás más, para despejar estas incógnitas. Hacia finales del año, las autoridades federales tendrán que emitir su decisión y la megacorporación habrá tenido el tiempo suficiente para aclararnos su estrategia y la de sus accionistas. Como ha dicho acertadamente un editorial de El Periódico on line, "el problema de fondo reside en que la política se ha quedado vieja y desfasada frente a la actual agresividad comercial y financiera, de modo que los líderes democráticos no consiguen crear el marco idóneo que garantice la subsistencia de la verdadera libertad, la verdadera pluralidad y la verdadera competencia. El mundo avanza, pero no sabemos hacia dónde". La letanía sobre el "libre mercado" y las políticas prácticas que conlleva son un fiasco cada vez mayor por lo que se refiere a Internet y la economía digital. No son las voces del dinero, de las inversiones y de una bolsa enloquecida las que deben orientar el desarrollo de la sociedad de la información, sino las voces de los ciudadanos escuchadas en un debate libre y democrático. El liberalismo económico produce gigantes como AOL Time Warner y Microsoft, capaces, si se les deja, de modificar la arquitectura abierta de Internet, que ha sido la causa fundamental del éxito de la Red. El mercado debe estar al servicio de los ciudadanos y no al revés, y estos últimos se expresan en el diálogo público, no en las cifras de negocio de las grandes corporaciones ni en el recinto de Wall Street.
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