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GT-18. e-learning: Tecnologías, exclusión y tendencias en un entorno integral de formación.SupraGrupo
¿Hacia nuevas formas de aprendizaje?
Coordinación:
· Manuel Gromaz Campos
· Carmen Fernández Morante
· Jesús Arribi Vilela

De la tecnología y otros demonios: exclusión social, brecha digital y retos educativos
Autor/-a/-s/-as:
  · Linda Castañeda Quintero
  · Mª Paz Prendes Espinosa

Idioma original:
  · castellano
Palabras clave:
 · brecha digital
 · competencia comunicativa
 · educación
 · pedagogía
 · sociedad del conocimiento


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ABSTRACT
En la actualidad, y dadas las condiciones de la sociedad de nuestro tiempo, existe un debate en torno a la bondad o perversión de los efectos de las NTIC en el que se elevan voces que apuestan por una u otra postura, casi con idéntica intensidad. Esta reflexión pretende hacer un análisis de las diferentes visiónes de las tecnologías, haciendo un especial énfasis en la llamada "brecha digital" en tanto que nueva forma de exclusión social. Partiendo de este análisis queremos plantear los retos que supone para nuestra sociedad y para la educación la nueva situación tecnológica en la que nos encontramos.

Licencia literaria

Dicen que el escritor cubano Alejo Carpentier una vez afirmó que en América latina no podía tener sentido un movimiento artístico llamado “surrealismo” precisamente porque en América Latina la realidad supera cualquier ilusión mental o “desviación” de los sentidos, por ello la particular visión artística que puede coincidir de alguna manera (en su espíritu y concepción) con surrealismo europeo, tomó forma en Latinoamérica como “realismo mágico”.

Parafrasear al Nóbel Gabriel García Márquez en el título de esta reflexión es, además de un atrevimiento de admiración, un guiño a ese “realismo mágico” del autor en el que la vida de sus personajes tiene componentes fantásticos y tangibles, casi en la misma proporción que la realidad misma en la que nos desenvolvemos todos en nuestra cotidianidad. De la posesión demoníaca de Sierva María muchos tenían pruebas irrefutables, otros tenían evidencias de la inexistencia de dicho maleficio… al final lo menos importante de la historia es si estaba o no poseída por el demonio, pero sí cómo su realidad estaba determinada por un sinnúmero de factores contextuales y condicionaba a su vez el desarrollo de todo a su alrededor. Tal parece que a las nuevas tecnologías hoy también les temamos y las amemos en la misma proporción… a lo mejor tenemos pruebas de sus terribles consecuencias o puede ser que seamos conscientes de sus enormes posibilidades… en cualquier caso parece que, como Sierva María, están condicionadas por su nacimiento y desarrollo y hoy condicionan todo lo que se mueve a su alrededor; en últimas parece que, como a la niña, hemos decidido no cortarles el pelo y dejarlas crecer indefinidamente…


De las Nuevas Tecnologías

En la actualidad, y dadas las condiciones de la sociedad de nuestro tiempo, existe un debate en torno a la bondad o perversión de los efectos de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (en adelante NTIC) en el que se elevan voces que apuestan por una u otra postura, casi con idéntica intensidad. Es bastante frecuente encontrar reflexiones acerca de las bondades “inacabables” de los nuevos medios y a la vez escuchar voces que nos alertan acerca de los “impensables peligros” de los mismos.

Aunque nos pueda parecer lo contrario, el fenómeno de la tecnofilia y la tecnofobia no es exclusivo de nuestra era y nuestras tecnologías; el concepto de Nueva Tecnología ha existido (si bien con matices idiomáticos más o menos relevantes) durante toda la historia de la humanidad, básicamente porque durante toda esa historia se han sucedido descubrimientos técnicos y tecnológicos que han cambiado la vida de las personas de manera más o menos determinante: el fuego, el lenguaje, la rueda, la astronomía, la electricidad y por supuesto la imprenta, por nombrar sólo algunos (1), han provocado en cada uno de sus momentos históricos un movimiento de opinión que enarbolaba sus posibilidades y otro que predecía sus fatales consecuencias o su devastadora influencia en las mentes humanas.

Pero la similitud entre épocas y consecuencias sociales de las “Nuevas Tecnologías” es bastante más importante de lo que planteamos a bote pronto en la mayoría de los foros. El concepto de Brecha Tecnológica, entendida como la exclusión de una parte de la población del uso y disfrute de una determinada tecnología, existe desde el mismo momento en el que aparece la tecnología. De hecho hoy, cuando nuestras sociedades han vivido a lo largo de la historia casi cuatro revoluciones productivas -una revolución agraria, una industrial, una post-industrial y una digital- y en el que nuestra reflexión se centra en la llamada “brecha digital” (sobre la que volveremos más adelante), existe una parte de la población mundial que todavía no ha sobrepasado la revolución agraria; de igual manera asumimos como conquistas de la población mundial el reconocimiento de derechos humanos básicos como la igualdad entre hombres y mujeres, o el derecho a la sanidad, pero una gran parte del mundo la población muere sin unos mínimos de atención sanitaria o es vejada en sus derechos más básicos por ser mujer; es decir, que una parte de la humanidad ha sido sistemáticamente excluida de las revoluciones, no sólo productivas o tecnológicas sino sociales, llevadas a cabo en lo que llamamos “mundo moderno”… bajo esta óptica creemos que sería parcial e incierto plantear que la Brecha de la modernidad (o más propiamente de la postmodernidad), en la que incluiríamos en sí misma a la brecha Tecnológica y cómo no, a la Digital, es una cuestión exclusiva de artefactos. Estamos hablando de diferencias sociales, culturales, económicas, de actitudes,... Es una cuestión mucho más amplia y compleja de lo que algunos quieren hacernos ver al culpar de todos los males al desarrollo tecnológico.


Inclusión – exclusión social

Pero que existen diferencias –la denominada brecha- es indudable, y que las NTIC han hecho evolucionar (o involucionar si tenemos en cuenta que la distancia entre unos y otros ha ido a peor) ese espacio que separa a lo que llamamos “el mundo moderno” del “resto del mundo” es casi una obviedad. Desde esta perspectiva uno de los conceptos que ha “evolucionado” también con los cambios tecnológicos es el concepto de “Exclusión Social”.

Partimos de que al definir “Exclusión Social”, asumimos como base fundamental lo definido por J. García Roca (1998), es decir, que la exclusión social se compone de diversos elementos que pueden estar determinados por factores personales, subjetivos o psicológicos y que tiene básicamente tres dimensiones que la definen:

Desde estos parámetros, la denominada brecha tecnológica es en realidad una forma de exclusión social y la evolución de dicha brecha es una forma de hacer crecer el grupo de población conformado por lo que consideramos los “excluidos sociales”.

En esta línea, Ballestero (2002: 95-97) insiste en que más que de brecha se debe hablar de exclusión social, e incluye dentro del grupo de los “excluidos sociales” no sólo a los ya históricamente definidos como

“los desviados sociales” con respecto a comportamientos considerados como normales (por ejemplo vagabundos, alcohólicos y drogodependientes)”,



los grupos segregados socialmente o discriminados (“ciertas minorías étnicas”), los pobres, etc., sino a aquellos otros grupos que han sido sumados a este concepto de excluidos por el efecto de la Sociedad de la Información:

“los trabajadores, generalmente mayores de 35 años y que no han sabido adaptarse a las nuevas herramientas informáticas, aquellos en buscan de empleo que tampoco están familiarizados con ellas, determinados colectivos de discapacitados”



e incluso hace el autor un énfasis particular en tener en cuenta

“Un grupo que aparece como tal (fuera de la Sociedad de la Información) en las encuestas referidas a la utilización de las nuevas tecnologías. Nos referimos a aquellos ciudadanos que voluntariamente rechazan su incorporación al uso de estas herramientas nuevas”.



Es decir, que no sólo hay personas que se ven excluidas de manera involuntaria de los “avances del mundo”, cada vez más existen colectivos que por convicción, más o menos fundamentada, y que estando dentro del grupo de la población que puede acceder a dichos avances resulta que no quiere acceder a ellos.

Todo lo anterior no es un intento de negar la existencia de los que hoy llamamos brecha digital, en absoluto. Consideramos que es un fenómeno que hace cada vez más acusadas las diferencias entre unos sectores del mundo y otros (2), pero esta primera parte de nuestro discurso pretende sólo ser una breve aproximación a algunos de los elementos e nuestro presente.


La Brecha Digital

Ahora bien, una vez que hemos visto, al menos en parte, aquello que consideramos importante para tener una visión más amplia de lo que nos preocupa, y habiendo mencionado una enorme variedad de “Brechas” (de la modernidad, tecnológica, digital), queremos centrar nuestra atención en el fenómeno de exclusión que tiene como fundamento estructural la inclusión de las NTIC en la vida diaria del mundo moderno: la denominada ya con frecuencia como brecha digital.

Como nos recuerda Ballestero (2002: 69)

“El término ‘Brecha Digital’, o para ser más exactos, su expresión original en inglés, ‘Digital Divide’, comienza a ser usado en Estados Unidos a mediados de los años noventa para referirse a las desigualdades sociales que comienzan a surgir a medida que se desarrolla el uso de los ordenadores y de Internet”



y ha sido definido desde una enorme variedad de posturas a lo largo de su historia, siendo objeto además de numerosos estudios, análisis y reflexiones (como esta misma). Basta sólo con introducir en un buscador de Internet el término “Digital Divide” para encontrarnos con acceso a aproximadamente 1’100.000 referencias, y si buscamos su expresión en castellano, “Brecha Digital”, encontramos unas 43.100 de las que 12.400 residen en España (3), datos que nos dan una no muy nítida pero sí significativa idea acerca de la importancia que el término en sí mismo y su estudio han adquirido en nuestro días, y, aunque debe decirse que tal variedad de perspectivas y concepciones enriquecen el debate, y profundizan en diversos matices, también es evidente que pueden hacer más difusa la definición del término.

Por tanto, y con el objetivo no sólo de definirlo sino intentando tomar una postura referida a la Brecha Digital, partimos de la definición que nos propone el profesor Julio Cabero Almenara (2004: 25) quien nos plantea que “No podemos hablar de una única brecha digital: la económica, sino que existen diferentes brechas digitales”, y las define como:


Retos Educativos

Como ya reflexionaría Lengrand (1989), en nuestros tiempos la educación ha pasado de ser una etapa vital preparatoria para la incorporación en una sociedad industrializada, a convertirse en una necesidad permanente demandada por una sociedad de la información que avanza de forma vertiginosa y cuyos miembros tienen como reto mantenerse dentro del colectivo incluido en el nuevo marco tecnológico, y por tanto dentro de la sociedad en sí misma Consideramos que la educación es una de las claves primordiales que puede hacer más fácil a los individuos la consecución de este objetivo.

Para ello, dicha educación debe pasar por lograr que los alumnos del presente consigan al menos unas competencias cognitivas mínimas que les hagan funcionales en el mundo tecnológico que nos rodea, funcionales intelectivamente, es decir, no estamos hablando de competencias técnicas (saber manejar una herramienta u otra, que también es importante), sino de aquellas que se refieren a la forma de ver, entender y abordar el mundo y los problemas que este plantea en la actualidad y en futuro próximo que nos tocará vivir. El profesor Cabero (2004) nos plantea una lista de dichas competencias de las cuales consideramos que son primordiales:

Y para completar un poco más nuestra visión de estas competencias necesarias agregamos a la lista:

En consecuencia consideramos que, cualquier pretensión de mantener los sistemas educativos como contenedores de información que los alumnos deben asimilar y como centros de acumulación de saberes y formas tradicionales para no sucumbir a la vorágine de las nuevas tecnologías está más que fuera de lugar. Se seguirán dando así situaciones escolares anacrónicas que harán aumentar no sólo la brecha comunicativa entre profesor y alumno, sino que seguiremos formando sujetos que posiblemente se situarán en una de las otras categorías de las brechas por no ser capaces de responder a las exigencias de su contexto.

No obstante, la realidad es obstinada y no se hace eco de lo que la teoría de las necesidades de la sociedad indica; nuestras aulas, según Bartolomé (2004) , siguen siendo reproductoras de sistemas no reflexivos, donde se pretende que el alumno ingiera unos contenidos pero cuya digestión queda al libre hacer o manifestar de las condiciones propias de cada alumno (contexto socio-familiar, condiciones intelectuales, etc.); según el autor, algunos integrantes de la comunidad escolar esgrimen argumentos como que “los alumnos se pierden si no se les dice exactamente donde está la información”; y siguiendo con su reflexión nos dice que la educación y los educadores siguen viendo en la tecnología una amenaza latente, se desestima la ayuda de los medios asignándoles la exclusiva de ser portadores de información poco apropiada para el enriquecimiento de las personas; se habla de personas acríticas, consumidas por los medios irreflexivos...

De cualquier manera el reto está planteado y nuestra responsabilidad como educadores y como ciudadanos pasa por hacer, al menos en la parte que depende de nosotros mismos, que las posibilidades que pueden plantear esas NTIC sean una realidad que haga avanzar el mundo en el sentido de la mejora de la calidad de vida.


Bibliografía
  • BARTOLOMÉ, A. (2004): “Aprendizaje potenciado por la tecnología: Razones y diseño pedagógico”. En MARTÍNEZ, F. y PRENDES, M.P. (2004): Nuevas Tecnologías y Educación. Madrid: Pearson
  • BALLESTERO, F. (2002): La Brecha Digital: el riesgo de exclusión en la Sociedad de la Información. Madrid: Fundación AUNA
  • CABERO, J. (2003): “Investigación en torno a la relación formación y nuevas tecnologías”. En MARTÍNEZ, F. y TORRICO, M (Coords.): Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación en la aplicación educativa. Santa Cruz de la Sierra- Bolivia: Universidad NUR
  • CABERO, J. (2004) “Reflexiones sobre la brecha digital y la educación”. En SOTO, F. y RODRÍGUEZ, J. Tecnología, Educación y Diversidad: Retos y realidades de la inclusión digital. Murcia: Consejería de Educación y cultura
  • CASTELLS, M. (2001): “Internet y la Sociedad Red”. La Factoría Nº14-15. http://www.lafactoriaweb.com/articulos/castells15.htm [20-09-04]
  • GARCÍA MÁRQUEZ, G. (1994): Del amor y otros demonios. Santafé de Bogotá: Norma.
  • KERCHKOVE, De D. (1999):”Inteligencias en conexión”. Barcelona: Gedisa
  • LENGRAND, P. (1989): “Educación Permanente: evolución del concepto”. En: Enciclopedia Internacional de Educación. (1989). Barcelona: M.E.C.- Vincens- Vives

    Notas
  • [1] - Obsérvese que la totalidad de los inventos o tecnologías mencionados forman parte ya de lo que consideramos nuestra “tecnología invisible” en los términos que define De Kerckhove (1999), y por lo mismo no provocan actualmente casi ningún tipo de polémica respecto de sus bondades o perversiones.
  • [2] - En esta línea El informe sobre desarrollo humano para el año 2000 elaborado por la ONU a través del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, recoge entre otros hechos que “las desigualdades siguen acentuándose, al constatar que la distancia entre el ingreso de los países más ricos y el de los países más pobres era de 3 a 1en 1820, de 35 a 1 en 1950, de 44 a 1 en 1973 y de 72 a 1 en 1992”… y sigue creciendo.
  • [3] - Búsqueda realizada en el buscador http://www.google.com el día 30 de septiembre de 2004 utilizando como palabras clave “Digital Divide” y “Brecha Digital”
  • [4] - Entre estos países no se incluía a España, se incluían países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia, Canadá, entre otros.
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