Carlos, te agradecemos tu interés en el estudio y antes de intentar contestar a tu pregunta sobre la metodología que utilizamos queríamos decirte que nos interesaría igualmente saber de vuestro trabajo en Brasil sobre estos temas.
Nuestra investigación compagino la lectura de bibliografía especializada, informes oficiales y fuentes estadísticas secundarias, con un trabajo de campo centrado en la producción de materiales cualitativos.
El rastreo bibliográfico e informes oficiales incluía el análisis de informes oficiales y materiales sectoriales de gran interés para nuestros propósitos, además de algunos estudios previos que habíamos realizados sobre temáticas afines. Entre los informes que barajamos estaba los estudios de la Fundación Aúna (2005), el informe Digiworld2005 (AEPIC y DMR Consulting, 2005), la Fundación BBVA (2005) sobre la sociedad de la información, Telefónica (2004) y las estadísticas trimestrales proporcionadas por AIMC. También dispusimos del DVD de la última encuesta de la Juventud en España, 2004 (INJUVE, 2005). Sin embargo esta encuesta no incluía items que diferenciase el uso y valoración de las distintas aplicaciones conversacionales, la mayoría de las encuestas y datos disponibles metían en el mismo saco el uso de chats, mensajería instantánea y IRC. Por ello nos vimos obligados a generar un grupo de preguntas relacionadas con los usos y valoración de la Web, sus principales servicios y aplicaciones conversacionales como parte de un cuestionario que estábamos diseñando para una investigación paralela en la que participábamos. El cuestionario fue administrado a más de 600 estudiantes universitarios.
Este cuestionario permitió profundizar en la profusión que Internet y las aplicaciones conversacionales están teniendo en las clases medias y clases bajas con movilidad ascendente, dato que pudimos apreciar a partir de los informes especializados y los estudios de mercado consultados referidos antes. A diferencia de otros informes y estadísticas oficiales, este cuestionario ofrecía la posibilidad de emplear información desglosada acerca del uso y la valoración en función de las principales herramientas conversacionales (correo electrónico, Messenger y chats). Dicho desglose permitía igualmente el cruce de estas valoraciones y hábitos con variables sociodemográficas de interés para nuestros objetivos de investigación.
También utilizamos algunas de las tablas de valoración sobre los mejores canales de expresión y participación, según edad, sexo, situación laboral y estudios, publicadas en el reciente estudio del INJUVE/FAD, Jóvenes y política. El compromiso con lo colectivo (E. Megías, 2005: 78, 360). Estas tablas sirvieron para documentar las actitudes y valoraciones cambiantes acerca de los distintos medios de comunicación, indicando a su vez, el modo que Internet ha pasado a ser el canal de expresión y participación mejor valorado por los jóvenes españoles.
No obstante, esta parte cuantitativa de la investigación, servía para demarcar la sociodemografía de nuestro objeto de estudio, además de un modo de poner el objeto de estudio en el marco de una tendencias más amplias. No obstante, la parte central de la metodología y de la mirada que despliega el estudio es fundamentalmente cualitativa. Las técnicas para explorar los posicionamientos de los jóvenes ante las TIC, y en general, sus opiniones y representaciones de la sociedad de la información (y como iría surgiendo a partir de sus propias declaraciones, sociedad móvil, cultura Messenger y del adosado) fueron: entrevistas cualitativas individuales semiestructuradas, grupos de discusión y grupos triangulares.
En general estas técnicas y el diseño de la parte cualitativa de la investigación que las integraba, trataba de profundizar en las relaciones diferenciales entre jóvenes de distintas edades, estatus social, sexo y situación/itinerario sociolaboral. No obstante, cada una de ellas perseguía aportar elementos diferenciados y complementarios para el enfoque analítico global.
A la hora de diseñar el perfil de las personas que integrarían esas dinámicas cualitativas, consideramos las variables que se ajustaban a nuestro interés y que, por otra parte, mejor podían recoger la diversidad de perfiles representativos.
En primer lugar la edad, adaptada por tramos en función de lo que pensamos que podría suponer un mejor aprovechamiento de los potenciales de las tres técnicas empleadas. Así, los grupos triangulares, en los que la participación del moderador es más activa e implicada, estuvieron compuestos por los más jóvenes (en tramos de 12 a 15 años y de 16 a 18 años), en previsión de que su discurso fuera algo más desarticulado; las entrevistas individuales se realizaron al tramo de edad que compone el núcleo central de los jóvenes sobre los que se vuelca el interés de nuestra investigación (tramos de 18 a 20 años y de 21 a 24 años); y los grupos de discusión tuvieron como protagonistas a los más mayores (de 25 a 29 años), con discursos probablemente más estructurados en torno a la situación laboral (o precariedad sociolaboral).
A partir de ahí, jugando con tales tramos de edad, consideramos otras variables importantes. Por supuesto, el sexo: evidente en las entrevistas individuales; inevitablemente descompensado en los grupos triangulares (pero procurando que no fueran sólo de chicos o sólo de chicas); y equilibrado en los grupos de discusión (igual proporción de chicos y de chicas).
El trabajo: entre los jóvenes en edad de haber concluido o estar concluyendo los estudios, valoramos el hecho de que unos tuvieran trabajo y otros no, tanto por el hecho de que en determinados trabajos se incide o se posibilita un uso determinado de las tecnologías, como por la (en teoría) mayor capacidad económica de los trabajadores, o la posibilidad de emancipación y salida del hogar familiar, con la posibilidad de nuevos y diferenciados usos del tiempo y el espacio. Además, dentro de la variable trabajo, consideramos la condición del mismo en el sentido de que fuera más o menos estable o más o menos precario.
El tipo de relación con la tecnología, concretamente con los ordenadores e Internet, también se consideró como variable a la hora de diseñar las entrevistas y grupos (especialmente las entrevistas): uso habitual, diario, que presupone una mayor familiarización con el entorno Internet/nuevas tecnologías; o uso ocasional, más esporádico.
Consideramos la clase social, especialmente en aquellas entrevistas que no incluían las variables trabajo. Respecto a los más jóvenes (grupos triangulares) se consideró que el centro educativo fuera público, concertado o privado, guardando las proporciones entre las posibilidades. Esto puede ser indicativo también de clase social, aunque existen muchos matices que nos empujan a tomar ciertas cautelas, según casos.
Todo esto, en lo que se refiere a los usuarios (jóvenes). Para tener también la visión de los adultos y educadores entrevistamos, por un lado, a padres y madres de los mismos jóvenes entrevistados, intentando guardar la proporción entre hombres y mujeres (padres-madres), y valorando equitativamente la relación de sus hijos con los ordenadores e Internet (habitual-ocasional).
Por otro lado, también entrevistamos a profesores de los centros educativos en los que cursan sus estudios los jóvenes, así como a algún experto en la materia, especialmente desde una perspectiva alternativa o distinta al planteamiento más “oficial” del uso y papel de las nuevas tecnologías (representantes de canales o plataformas virtuales alternativas y caracterizadas por su activismo).
Un abrazo y seguimos |