Palabras clave:medios de comunicacióneducación hipertexto/hipermedia aprendizaje propiedad de la información/conocimiento |
Autor(-a/s):Carmen Echazarreta Soler |
|||||||||||||
|
|
||||||||||||||
Esta comunicación ha sido visitada/leida 7451 veces |
||||||||||||||
Abstract:A partir del proceso de construcción de lo que se conoce como sociedad de la información y del conocimiento, SIC, la relación educación-comunicación está cambiando. Los nuevos soportes tecnológicos traen consigo nuevos lenguajes que, a su vez, activan nuevos procesos mentales para su decodificación y su ubicación posterior en el espacio del aprendizaje. Como siempre, los sistemas de enseñanza van por detrás de las innovaciones tecnológicas pero los cambios cognitivos que se operan en el aprendizaje del currículum oculto de las nuevas generaciones, obligan a rediseñar los objetivos educativos y objetivos de alfabetización que contemplen nuevas estrategias diseñadas en y para el siglo XXI. En mi opinión, la euforia desencadenada por el acceso plural a la información a través de vías telemáticas o audiovisuales, mucho más dinámicas e inmediatas que el soporte papel, ha relegado al plano secundario el interés por conocer qué procesos intelectuales se producen y qué habilidades cognitivas se requieren, en detrimento de las propias utilizadas y desarrolladas hasta ahora con la lecto-escritura.
|
||||||||||||||
Texto de la comunicación:
El proceso de socialización de las nuevas generaciones: la sociedad del conocimiento. Las nuevas tecnologías de la información (NTIC) conforman el nuevo espacio social en el que se desarrollan hoy en día las relaciones humanas, en todos sus ámbitos y niveles: interpersonales, formativas e informativas, empresariales, políticas, culturales, etc., Es el espacio que según Javier Echevarría constituye, el tercer entorno (E3), para distinguirlo de los que denomina entornos naturales (E1) y urbanos (E2)(1). Dicha transformación está siendo lo suficientemente importante para las sociedades contemporáneas como lo fue la imprenta, etc., que también transformó profundamente la educación. Además, incide sobremanera en todo lo que se refiere al conocimiento humano. Por ello el apelativo sociedad de la información ha empezado a ser insuficiente. Ahora más que nunca, frente a la riqueza económica y la fortaleza militar, el trípode del poder se afianza sobre todo en el conocimiento. Tal como lo advierte Francis Bacon: "El conocimiento en sí es poder."(2) Lo que hace que Alvin Toffler, sociólogo y gurú profeta de la sociedad, concluya en que el conocimiento será la clave del crecimiento económico en este siglo XXI.(3) Otro autor de referencia, Mario Bunge (4), filósofo de la Ciencia, reivindica a su vez una Sociedad del Conocimiento frente a una de la información: La información en sí misma no vale nada, hay que descifrarla. Hay que transformar las señales y los mensajes auditivos, visuales o como fueren, en ideas y procesos cerebrales, lo que supone entenderlos y evaluarlos. No basta poseer un cúmulo de información. Es preciso saber si las fuentes de información son puras o contaminadas, si la información como tal es fidedigna, nueva y original, pertinente o impertinente a nuestros intereses, si es verdadera o falsa, si suscita nuevas investigaciones o es tediosa y no sirve para nada, si es puramente conceptual o artística, si nos permite diseñar actos y ejecutarlos o si nos lo impide. Mientras no se sepa todo eso, la información no es conocimiento… La cantidad de información accesible es mucho mayor y la velocidad con que se la puede conseguir ha aumentado enormemente. Antes la gente pasaba horas o días buscando una información. Ahora puede encontrarla muy rápidamente a través de Internet. Pero esa mayor facilidad tiene un lado negativo, que es la sobrecarga de información. Debemos ahora protegernos contra esa sobrecarga, crear filtros para que no nos llegue tanta información mala o impertinente. Necesitamos más tiempo para reflexionar y menos para buscar información. Ciertamente, se necesita más tiempo para la reflexión, la asimilación, la crítica, la ponderación; para reflexionar en silencio y soledad, para estudiar, para buscar por cuenta propia, para asombrarse, curiosear, es decir, escoger, elegir, investigar y conocer. Pero, ¿estamos seguros de contar con la formación suficiente para activar procesos mentales destinados a una decodificación correcta y coherente con el mensaje del que somos receptores? ¿Y nuestros estudiantes? ¿La escuela los está preparando para desempeñar correctamente su "competencia comunicativa"? Efectivamente, hay una tremenda brecha abierta entre la educación formal y sus principios fundamentales y las demandas formativas derivadas de la sociedad del conocimiento del siglo XXI. La lectoescritura versus la tecnología multimedia; el lenguaje formal versus códigos anárquicos; la reflexión racional versus la emoción urgente y pasional; la presencia cara-a-cara versus la relación virtual a través de la red telemática de Internet; la linealidad del discurso versus el orden pervertido del hipertexto; la relación bidimensional versus la relación tridimensional en la que no existen los condicionantes de espacio y tiempo; sincronía versus asincronía; identificación de la fuente versus confusión e incógnitas sobre la fuente. De estas y otras propiedades se derivan cambios importantes para las interrelaciones entre los seres humanos, y en particular, para los procesos educativos. En este sentido, y recuperando la voz de Javier Echevarría, cabe señalar otra de sus afirmaciones: La emergencia del E3 tiene particular importancia para la educación, y ello por dos grandes motivos. En primer lugar, porque posibilita nuevos procesos de aprendizaje y transmisión del conocimiento a través de las redes telemáticas. En segundo lugar, porque para ser activo en el nuevo espacio social se requieren nuevos conocimientos y destrezas, que habrán de ser introducidos en las nuevas escuelas y colegios del tercer entorno. Por ambas razones hay que replantearse profundamente el derecho a la educación y la organización de los sistemas y actividades educativas, implantando un nuevo campo educativo en el tercer entorno. El teléfono, la radio, la televisión, el dinero electrónico, los ordenadores, la memoria digital, los videojuegos, las tecnologías multimedia y la realidad virtual son algunas de las tecnologías que surcan el panorama comunicacional en la actualidad, con una diferencia substancial respecto a los cambios sociales provocados por la incorporación de la imprenta a partir del siglo XV: son tecnologías que se hallan en evolución permanente, en constantes cambios, en permanente transformación. El vínculo educación comunicación debe, pues, revisarse para continuar siendo la institución que la sociedad ha designado como responsable de la educación de sus miembros, incorporando la reflexión y la formación sobre estas nuevas tecnologías. La sociedad de la información y del conocimiento se halla en proceso de construcción y, por consiguiente, la escuela también debe revisar el lugar de ésta que ocupa en sus planes de educación. Hasta hace muy poco eran los medios de comunicación de masas, la prensa, la radio y la televisión, los que habían convulsionado la educación, proponiendo debates intensos y estudios que planteaban nuevas perspectivas relacionadas con la educación en los medios. Pero son las redes telemáticas e Internet las que están penetrando en el tejido social con una intensidad nunca antes prevista, superando aun la influencia de la Televisión. En refuerzo de este dato, hay una multiplicidad de estudios; un ejemplo reciente es el que publica el diario "El Mundo" el lunes 7 de agosto de 2006 bajo el sugerente titular "Los niños prefieren los videojuegos y el móvil a la televisión". La noticia da cuenta del informe realizado por el profesor Xavier Bringué de la Universidad de Navarra que recoge los resultados de un estudio sobre 4.000 escolares de diversas ciudades españoles. El mencionado informe revela que si los niños tuvieran que elegir entre TV e Internet, un 32% optaría por el primer medio y un 38% por la Red; un 47% prefiere los videojuegos frente al 34% que elige la televisión; y un 40% se queda con el teléfono móvil frente al 37% que escoge televisión. También destaca el estudio que el 61% de los niños afirma estar solo cuando se conecta a Internet, y un 35% de los padres no vigilan a sus hijos de ninguna forma. Además, el 35% lo usa para jugar y un 44% para descargar películas, canciones y programas. En el caso de los videojuegos, el 86% juega y sus temas preferidos son la aventura y la acción; el 38% piensa que reducen su dedicación al estudio, y el 18% reconoce que pueden resultarles violentos. En cuanto al móvil, 54% de los niños tiene uno y el 29% lo utiliza para jugar. Asimismo, el profesor Xavier Bringué indica que la irrupción de estas nuevas tecnologías en la vida familiar supone "nuevos retos educativos para los padres", y añade que "los jóvenes van por delante en conocimiento y uso de estas nuevas pantallas, lo que sitúa a los progenitores en desventaja y se puede llegar a cuestionar su autoridad para ejercer cualquier mediación". En este sentido, señala que "los niños perciben los ordenadores como divertidos, mientras que los padres los consideran realidades complejas vinculadas muchas veces al estatus social" de lo que se deducen "nuevos retos y nuevas responsabilidades para los padres". Para Bringué, el mayor foco de conflicto entre padres e hijos se centra en el número de horas que dedican a las pantallas, su influencia sobre el rendimiento escolar, el sueño o la salud, "y no en la calidad de los contenidos o su conveniencia". Así, el 45% de los niños que usan videojuegos admite que discute con los padres por el tiempo de consumo; en el caso de Internet esta variable representa el 16,5% de las discusiones; y en los móviles, el 7,5%. Finalmente, el investigador advierte, también, del contenido de los videojuegos, "les dedican muchas horas, los conocen muy bien o se enganchan a títulos dudosos mientras los padres están en la inopia" y añade que "los distribuidores incluyen la recomendación de edad en las cajas, pero esto no es vinculante para las tiendas, y muchos no saben lo que compran a sus hijos". Ante todo esto Bringué lanza una clara advertencia sobre un uso desmedido: "Son ellos los que matan, atropellan o violan. Y eso desestabiliza afectivamente y genera un problema educativo". Por consiguiente, se puede afirmar que en los últimos 10 años la informática e Internet han modificado substancialmente el panorama mediático y con ello las relaciones comunicativas, promoviendo nuevos procesos cognitivos activados por la tecnología virtual. Reflexionar sobre cuáles son estos procesos cognitivos y sobre qué nuevas fuentes de conocimiento activan las nuevas pantallas audiovisuales es una tarea inminente que nos corresponde realizar a docentes e investigadores, con el fin de imprimir los cambios metodológicos que adecue el sistema educativo a la nueva realidad. Por ello es preciso diseñar nuevos escenarios y acciones educativas, es decir, proponer una política educativa adecuada a esta nueva realidad. Aunque el derecho a la educación universal sólo se ha logrado plenamente en algunos países, motivo por el cual hay que seguir desarrollando acciones de alfabetización y educación que alcancen a todo el mundo por igual, lo cierto es que la iniciativa de promover nuevas acciones educativas ha de venir de los países más avanzados, pero sin olvidar a los países del Tercer Mundo, para quienes este tipo de política educativa puede ser una de las pocas alternativas efectivas contra la miseria creciente que les atenaza y les impide progresar. Si aceptamos que las NTIC antes mencionadas generan un nuevo espacio social y no se limitan a ser medios de información y comunicación, las consecuencias que se derivan son muchas. La experiencia vital se ha convertido en insuficiente como fuente de conocimiento. Algunos autores caracterizaban a la vida cotidiana por la inmediatez de las relaciones y un conocimiento funcional de la realidad y de uno mismo; ahora y con una frecuencia progresivamente más cercana e intensa, sólo tenemos una información "vicarial" a partir de las referencias que portan y transmiten los diversos medios de comunicación social. En ese sentido Manuel Martín Serrano (5) aclara que, El proceso social de producción de comunicación se realiza, en última instancia, para intercalar un repertorio de datos entre el cambio del entorno y la conciencia del cambio. Este esfuerzo tiene una justificación institucional pues la comunidad trata de conseguir a través de la mediación comunicativa, un cierto consenso en las representaciones del mundo que elaboran los distintos miembros del grupo. La razón por la cual todas las sociedades necesitan sujetos (como el chamán) o instituciones (como las empresas informativas) especializados en la producción y reproducción de representaciones colectivas es el siguiente: las leyes que rigen la transformación histórica de la realidad circundante (leyes físicas, económicas, sociológicas, entre otras) no tienen su replica mecánica en las leyes que rigen la transformación de sus respectivas representaciones (leyes perceptivas, afectivas, motivacionales, cognitivas, entre otras). Implicaciones educativas de los entornos hipermedia Recientes progresos de la ciencia cognitiva ponen de manifiesto, como dice Fritjof Capra (1996) que "el sistema nervioso no procesa información alguna, en el sentido de discretos elementos prefabricados existentes en el mundo exterior, listos para ser atrapados por el sistema cognitivo, sino que interactúa con el entorno, por medio de una constante modulación de su estructura". Los cerebros parecen operar manifestando una capacidad autoorganizadora imposible de hallar en los computadores. En este sentido, el mismo autor afirma que "la información es presentada como la base del pensamiento, mientras que, en realidad, la mente humana piensa con ideas, no con información y las ideas son patrones integradores, que no derivan de la información, sino de la experiencia". A partir de estas aportaciones de la ciencia cognitiva y de otras teorías provenientes de la psicología educativa, en la actualidad se admiten (casi de una forma generalizada en el sistema educativo europeo y más allá del atlántico) (6) el constructivismo y el aprendizaje significativo como los modelos de intervención didáctica que han inspirado el diseño de las reformas educativas y de sus estrategias metodológicas. Más allá de los distintos matices, el constructivismo se basa en que el alumnado penetra en el sistema educativo dotado de un currículum oculto nutrido de estructuras conceptuales, en ocasiones bastante complejas y coherentes, las cuales ha construido a partir de poderosos agentes socializadores como son las NTIC. Muchas veces esas ideas previas colisionan con el conocimiento científico dominante, por lo que la tarea del profesorado consiste en realizar el ajuste conceptual de esos conocimientos previos del alumnado a las de la comunidad científica. Así pues, el aprendizaje significativo, (Ausubel,1976), es el proceso a través del cual una nueva información se relaciona de manera no arbitraria y sustantiva (no-literal) con la estructura cognitiva de la persona que aprende. Aprender, de acuerdo a estas ideas, sería pasar de una red de significados previa a otra, que permita mejores explicaciones de la realidad. Desde este marco teórico, si lo que pretendemos es que el alumnado llegue al aprendizaje significativo, ¿qué efectos educativos se derivan del hipermedia?
Nuevas necesidades de alfabetización Como he señalado, en un mundo donde la comunicación se produce no sólo a través del lenguaje oral y escrito sino también a través de otros lenguajes como son el audiovisual y el telemático, el concepto de alfabetización cambia radicalmente. En la actualidad el dominio sólo de la lectoescritura es a todas luces insuficiente ya que sólo permite acceder a una parte de la información vehiculada en nuestra sociedad: la accesible a través de los libros. Por consiguiente, la persona analfabeta tecnológicamente no sólo queda al margen de la red comunicativa construida por las NTIC sino que paulatinamente queda relegada a la condición de receptor/a sin la posibilidad de intercambiar su estatus por el de emisor/a. Pero los efectos negativos de esta escisión entre Escuela y la realidad audiovisual o telemática no se reducen al anacronismo en el uso del lenguaje vehicular. Si se pretende que el sistema educativo siga llevando la iniciativa en la alfabetización de la sociedad, siga ofreciendo entornos diversos de aprendizaje, sea un punto de inflexión en las tendencias renovadoras de la didáctica y la pedagogía, ha de incluir las nuevas tecnologías no sólo como medios de aprendizaje sino como fines de estudio, de análisis, de reflexión y, no lo olvidemos, de entretenimiento. Las cifras estadísticas que refería anteriormente así lo confirman. Las NTIC han de ser un instrumento, un lenguaje, una disciplina, un entorno, educativos. Hay que conocer su funcionamiento, sus aplicaciones, sus horizontes, los procesos mentales que se activan a diferencia de la lectoescritura, las claves como medio de entretenimiento que está pulverizando todas las previsiones, las perspectivas de su crecimiento con la convicción de que ahora sólo el conocimiento experimental resulta insuficiente para planificar el futuro. La respuesta a estas cuestiones no sólo tiene que ver con los presupuestos y propósitos pedagógicos, sino también, y sobre todo, la respuesta hunde sus raíces en los planteamientos sociales y políticos. Una necesidad comunicativa: La interactividad permanente ¿De qué forma afecta a la socialización de los jóvenes el uso de la tecnología interactiva que hoy se promociona como panacea de la llamada sociedad de la información? ¿Es sólo una fuente más de información, o, por el contrario, constituye toda una forma de vida al menos en algunos casos? Vivir compulsivamente conectados a Internet, al mando a distancia, a los videojuegos, ¿multiplica las interacciones sociales o bien contribuye a diseminar las patologías del aislamiento y de su soledad características de la normalidad que impone nuestro sistema productivo? ( (7)) Desde la psicología contemporánea, algunos autores, como Eduardo Romano, advierten que el uso compulsivo de los nuevos medios tecnológicos podría dar lugar a lo que se ha definido como personalidad con un "yo interactivo", o, de un modo más impreciso, a una persona de carácter binario. Estas denominaciones serían equivalentes a la noción más habitual de videoadicto, entendiendo por tal a quien ha perdido contacto con la realidad externa y la ha suplantado en parte por la interacción con la máquina informática, la cual ha sido internacionalizada "como modelo en la realidad psíquica interna". (E. Romano, 2000,). Este autor añade, Aunque por lo general se apega a las máquinas electrónicas, lo eficaz no es el objeto material en sí mismo sino la realidad psíquica que construye tomándolo como modelo. El yo interactivo por lo general maneja hábilmente las computadoras e Internet. Casi siempre necesita verse rodeado de los medios digitales, pero lo importante no es la computadora como objeto real y concreto sino los modelos de pensamiento y las fantasías inconscientes que estas personas construyen en afinidad con el ideal numérico-digital. Los contextos de interactividad sugieren la superación de las formas lineales de narración propias del soporte papel y/o de la película, desarrollando nuevas formas de lenguaje, textos fragmentados, una utilización abusiva de la elipsis, de signos y símbolos diseñados para sustituir el código gestual del cara-a-cara, y un recorrido de navegación que pervierte la lectura lineal (el hipertexto). La revolución electrónica de las últimas décadas, finalmente, y la creación de una Red comunicativa global han reducido el tiempo y aumentado el radio de difusión de la palabra escrita, y han sentado las condiciones tecnológicas para que el individuo humano se relacione con la cultura conservada en los textos de manera radicalmente autónoma: desaparecido cualquier principio de autoridad que la cultura tradicional imponía a través de determinados cánones o ciertas interpretaciones, la libre navegación, como lector y como escritor, por el corpus indefinido del saber escrito –Internet- hace que el internauta se relacione con este saber a través de encrucijadas sucesivas que van diseñando recorridos sumamente aleatorios y personales, cuyo único principio orientador parece ser el impulso azaroso de la curiosidad y el deseo. La interacción cultural del individuo con la sociedad deja de ser, así, el resultado previsible de connivencias externas a esta relación (económicas, religiosas, ideológicas, etc.), y se convierte en el efecto impredecible de esta misma relación interactiva con la Red, que tiene en la palabra escrita electrónicamente su condición de posibilidad. La interactividad, por otro lado, es la condición de algunos programas telemáticos que permite desarrollar un amplio feedback entre sus usuarios, una aplicación informática que mejora, en ocasiones, la comunicación presencial. El lenguaje de Internet, ¿novedad o trasgresión? David Crystal investiga en su obra Internet y lenguaje (2002) la naturaleza del impacto que Internet está teniendo sobre el idioma. Crystal es un ciberoptimista y plantea que Internet está haciendo posible una impresionante expansión para ocupar un lugar en la categoría variedad del lenguaje, y que está ofreciendo oportunidades sin precedentes para la creatividad personal: Todos los dominios de Internet –correo electrónico, la web, grupos de chat y los clubes portales de contactos, están introduciendo nuevos estilos y posibilidades en el lenguaje. Hasta el momento, cada tecnología comunicativa ha hecho lo mismo. Ahora tenemos la tecnología de Internet, añadiendo una dimensión de frescura al lenguaje. En esta obra, el autor adopta un punto de vista decididamente descriptivo, alejándose, por tanto, de todos aquellos que ven en los productos comunicativos generados en el medio electrónico una clara prueba de trasgresión frecuente tanto de las normas lingüísticas, como de las máximas conversacionales. En este sentido, el autor ofrece sugerentes interrogantes como los siguientes: "¿augura la baja calidad de los estándares en el correo electrónico el fin de la alfabetización y de la pronunciación tal como la conocemos hoy? ¿Presagia Internet el nacimiento de una nueva era de la tecnojerga? ¿Se perderá creatividad lingüística y flexibilidad a cambio de homogeneización?". Crystal no se alinea con los ciberescépticos y opta por una descripción, en general, optimista. Su distanciamiento se aprecia cuando menciona las alternativas léxicas propuestas para designar el intercambio de mensajes electrónicos: "No tengo ningún hacha de guerra estética que blandir, y pulsar una tecla adicional no va a tener ningún efecto grave en mi vida. Al final acabará prevaleciendo una norma de uso, y puede que sea un vocablo único" (pág.97). O cuando habla de las prescripciones ortográficas, instante en el que opina: La mayoría de los errores ortográficos no distraen del contenido del mensaje. Dada la relativa brevedad de las oraciones, los mensajes escasamente puntuados plantean pocos problemas de ambigüedad. Tampoco el receptor de un mensaje cuestiona seriamente la credibilidad de una persona que cometa errores ortográficos o que se olvide de puntuar un texto, ya que es plenamente consciente de las condiciones de presión bajo las que se escribió el mensaje; y este receptor es consciente de ello, porque varias veces al día escribe a su vez mensajes bajo las mismas condiciones de presión. Este optimismo del autor irlandés contrasta con el pesimismo de otros docentes o profesionales diversos del mundo de la comunicación, periodistas o comunicadores sociales, que vaticinan los peores augurios para un futuro apocalíptico en cuanto a los usos del lenguaje en la RED se refiere. David Cristal es, pues, un defensor de las particularidades discursivas y semióticas generadas por el nuevo medio. Por eso habla de variedades comunicativas a partir del marco ofrecido por los distintos géneros: correo electrónico, Chat, realidad virtual o WWW. Esas particularidades parten también de su naturaleza híbrida relativa a la adscripción en el ámbito de la escritura o en el ámbito de la oralidad. Internet ha revitalizado, sin duda, el secular debate sobre las características de lo escrito. "En los estudios lingüísticos estamos acostumbrados a discutir en términos de oralidad frente a escritura frente a lenguaje gestual. A partir de ahora deberemos añadir…frente al lenguaje que se transmite mediante computadora". No obstante, el mismo autor afirma que la falta de respuesta simultánea, de gestos enfatizadores, el ritmo considerablemente más lento de la interacción realizada a través del ordenador, las diferencias en el manejo temporal de los turnos, la carencia de matices prosódicos y proxémicos en la mayor parte de interacciones cibernéticas, a pesar de la riqueza semántico-pragmática de los emoticonos, son algunos de los rasgos que alejan la ciberhabla de la conversación cara-a-cara. Por otro lado, el correo electrónico, según Crystal, tiende más hacia la informalidad, circunstancia que se aprecia en los hábitos de saludo y de despedida. Si bien en la primera parte del libro, el autor aconseja abandonar el "Querido" en los vocativos de saludo, con la justificación de que se consideraba un ejemplo de estilo "pomposo", una vez más, el autor da muestra de su capacidad de adaptación declarando al final: No tengo ningún problema en leer los muchos e-mails que recibo que empiezan con «Querido David» (...). Me doy cuenta, al instante, de que estos mensajes son más formales que los que empiezan por «Dave, baby» y también me doy cuenta de que existe un contraste funcional con aquellos otros en cuya cabecera falta el nombre del destinatario, como el correo basura que he recibido esta mañana y que me dice, sin hacer referencia a mi nombre en absoluto, que me haré millonario el fin de semana que viene y que, al mismo tiempo, mejoraré mi rendimiento sexual. La navegación, un viaje a través del hipertexto Cuando la navegación por Internet ha promovido la trasgresión del lenguaje y la creación de nuevos códigos, cuando los internautas se hallan en una dimensión que ha pulverizado el espacio y el tiempo, es inevitable la búsqueda de nuevos recorridos narrativos que optimicen las posibilidades infinitas de la RED. En este contexto aparece el hipertexto. El término hipertexto fue acuñado en 1981 por Theodor H. Nelson, quien pasó a designar bajo esta expresión un tipo de texto electrónico, una escritura no secuencial que, mediante la existencia de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos (links), permite al usuario establecer una multiplicidad de itinerarios de acceso y ampliar de modo significativo superiores posibilidades de lectura en una pantalla interactiva; partimos de la definición que del hipertexto nos ofrece Theodor H. Nelson: Con hipertexto, me refiero a una escritura no secuencial, a un texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario. La disposición espacial del hipertexto despierta un conjunto de metáforas que hacen posible la lectura bajo un nuevo prisma, el de la navegación. Es ésta una idea peculiar que tiene que ver con la idea del viaje, de la conquista, pero también del naufragio, del fracaso. La navegación incluye también la idea de libertad como una opción individual del usuario ante las múltiples alternativas del viaje. Proporciona la posibilidad real de co-construir el texto y, por tanto, de hallar su sentido "a la medida" del/la navegante. Desde esta perspectiva, el modelo activo del lector que Umberto Eco conceptualiza en su Obra Abierta (1965) obtiene su plena materialización. La contundencia de semejante afirmación no deja espacio a la duda: el espacio hipertextual en el que la lectura es fragmentada y no secuencial, la relectura se revela como la estrategia metodológica inevitable en la construcción de sentido. Lejos de suponer una fuente de confusión, el hipertexto hace de la dispersión un desafío estimulante para el navegante aventurero, proponiéndole así varios niveles de dificultad como si de un traje a medida se tratase. Conclusiones Ante los discursos apocalípticos que anuncian el final de la lectura y la muerte del lector, hay razones para pensar que la lectura será también en la sociedad de la información y del conocimiento (SIC), uno de los instrumentos fundamentales para comunicarnos, pensar, aprender y atribuir sentido a las experiencias propias y ajenas. Asimismo, no cabe duda de que en este nuevo escenario, y sobre todo bajo la guía de las tecnologías digitales de la información y la comunicación y los textos electrónicos, se avecinan cambios importantes en la definición del texto, del autor/a, del lector/a, de las "formas" de leer y de las prácticas de lectura. El concepto mismo de alfabetismo, de lo que significa estar alfabetizado en la cultura escrita, está en proceso de una profunda transformación "inevitable". En primer lugar, el concepto de alfabetismo relativo a la cultura letrada se expande hacia contextos en los que empieza a tomar forma otros alfabetismos relacionados con la cultura tecnológica y otros elementos propios de la SIC. En segundo lugar, esta ampliación del concepto alfabetismo comporta una transformación de lo que significa y exige el fecho de estar alfabetizado en la cultura letrada. Internet y los textos electrónicos modifican los elementos básicos que intervienen en los procesos de lectura comprensiva. En este escenario, la Escuela Formal a través del sistema educativo en todos sus niveles ha de llevar la iniciativa en sus planes de estudio, planteándose como objetivo general "el desarrollo de la competencia comunicativa del conjunto del alumnado", evitando así la aparición del analfabetismo en el entorno tecnológico y, por consiguiente, los graves riesgos de exclusión cultural que comporta. Bibliografía [1] Es un concepto que este autor utiliza en la conferencia pronunciada en la Universitat Autònoma de Barcelona, en el transcurso de las jornadas Conversaciones Pedagógicas realizadas el 28 de febrero de 2000. La conferencia íntegra puede leerse en el URL http://www.oei.es/ctsi8.htm, (consultada el 7 de agosto de 2006). [2] Francis Bacon (1561-1626); filósofo y estadista inglés afirmó: La soberanía del hombre está oculta en su conocimiento. [3] La nueva sociedad, que sucede a la sociedad industrial, se asienta en una 'revolución de la información' y se dibuja en el gran período histórico de la 'tercera ola', título de su segundo texto de referencia, aparecido en 1980. Según Toffler, hubo una 'primera ola', de una muy larga vigencia histórica, en la que las aplicaciones tecnológicas estaban asociadas al esfuerzo humano, a la fuerza biológica del ser humano, con un predominio de la actividad agrícola. La 'segunda ola' alcanzó su apogeo con la revolución industrial, con una duración histórica mucho más corta, en la que el esfuerzo mecánico, el maquinismo, sustituyó al esfuerzo humano, y dio origen a la sociedad de masas. Y, por fin, la 'tercera ola', hija de la revolución tecnológica, de la que surge una sociedad regida por los flujos de información y lleva a la concepción de nuevos paradigmas, a una nueva cosmovisión. Los usos tecnológicos favorecen el desarrollo de las extensiones de la mente, por lo que el esfuerzo prevalente, en la nueva etapa, es el que se deriva del conocimiento. El mundo no sólo se transforma en su matriz tecnológica, sino que el cambio conlleva a un cambio psicológico de la sociedad, a una redefinición de las relaciones sociales y, también, de las relaciones de poder, como señala en Powershift (1990) o en Creating a new civilization (1995). [4] En el URL http://rvr.blogalia.com/historias/11937 , (consultada el 7 de agosto de 2006) [5] Conferencia pronunciada por este investigador de reconocido prestigio, en el Congreso de Zacatecas promovido por el [6] La autora de este artículo ha impartido recientemente un curso de doctorado en la Universidad pedagógica de Honduras y ha tenido la oportunidad de comprobar que su sistema educativo de todos los niveles ha sido diseñado siguiendo las premisas constructivistas. [7] Eduardo Giordano cita a Eric Fromm, mediante una paráfrasis extraída de su libro póstumo, La patología de la normalidad, en su artículo "Apuntes para una crítica de los medios interactivo. De la degradación cultural al exhibicionismo tecnológico". Revista Iberoamericana de Educación n° 36 (2004). pp. 69-88). |
||||||||||||||
|
Esta obra esta publicada bajo la licencia Copyright Licencia de derechos de autor. Todos los derechos del autor/a reservados y cedidos sólo para las publicaciones derivadas de este Congreso. Permiso por reproducir concedido sólo a la discreción del autor/a, excepto las circunstancias clasificadas bajo el Acto de Uso Justo. |
Esta comunicación ha sido visitada/leida 7451 veces |
||||