Palabras clave:ciberdemocraciademocratización política redes ciudadanas participación social/ciudadana |
Autor(-a/s):Diego Arranz Hernando |
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Abstract:Este trabajo analiza el activismo por una vivienda digna que surgió con las sentadas del 14 de mayo, convocadas espontáneamente a través de Internet y móviles. Dicho activismo es una reacción a la fuerte subida de precios y al problema de acceso a la vivienda que sufre la ciudadanía española en los últimos años. El tema es tratado desde una perspectiva global, poniendo el acento en sus relaciones con las nuevas tecnologías y en sus implicaciones en materia de democracia. El activismo por la vivienda se nos descubre como un fenómeno político y social fresco, con gran potencial, que aprovecha las nuevas tecnologías para darse a conocer y organizarse de forma eficaz y democrática. Más allá de eso, estamos hablando de una movilización social que apunta hacia los defectos más graves y estructurales del sistema político. Este nuevo activismo es una gran oportunidad para iniciar el necesario camino de regeneración de una democracia que actualmente está estancada y secuestrada por la clase política. |
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Texto de la comunicación:
1. Introducción: la gravedad del problema de la vivienda en España En un mundo cada vez más condicionado por las dinámicas e intereses de los grandes medios de comunicación, no resulta nada trivial que la ciudadanía sea consciente de los problemas más graves que afectan a su país, ni de la escala real de cada uno de ellos. Cuestiones como el terrorismo, la inmigración o las tensiones nacionalistas-centralistas llenan sistemáticamente casi todos los rincones mediáticos de nuestro país en televisión, prensa y radio, silenciando a la vez (conscientemente o no) la auténtica locura que vivimos en España con la vivienda y la construcción. Por supuesto que otros muchos problemas son graves y merecen atención y ocupación, pero ya desde hace bastantes años es el problema de la vivienda el número uno, el que realmente afecta a más personas y de una forma más importante. Aunque pueda sonar exagerado plantearlo en estos términos, este problema es sin duda la mayor amenaza para la democracia y la estabilidad de nuestro joven régimen político, económico y social. Por ello mismo, este problema esconde en su núcleo una gran oportunidad de regeneración democrática a todos los niveles, si conseguimos como sociedad aprovechar la crisis que se avecina para aprender de nuestros errores y crecer en racionalidad, en solidaridad y en valores democráticos. 1.1 Los hechos Comenzaremos con unos datos muy sencillos que cualquiera puede entender y que, de un simple vistazo, justifican esta introducción tan dura, entre subversiva y apocalíptica, al tema que nos ocupa. a) España es actualmente el país con la vivienda más cara del mundo. Si bien es cierto que hay algunos países donde las casas son más caras en términos absolutos, si comparamos los precios de la vivienda con los sueldos, España es claramente el peor país del mundo para acceder a una vivienda. b) Entre 1987 y 2005 los precios de la vivienda se han incrementado un 250%, mientras que los salarios apenas han crecido con el IPC. Dentro de ese intervalo de 18 años, los últimos 6 (es decir, de 2000 a 2005) son los de subidas más elevadas, hasta el punto de haber dado origen a una expresión que ya es vox populi: la burbuja inmobiliaria. c) El acceso a la vivienda en algunas ciudades (San Sebastián, Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia principalmente) requiere del 90% del salario de una persona, y el 60% en el caso de una pareja, independientemente de que se opte por compra (hipoteca) o por alquiler. d) A la vez que millones de personas, prácticamente toda una generación, tienen dificultades muy serias para acceder a una vivienda, existen 3 millones de viviendas vacías en todo el país. e) En medio de los años más delicados en materia vivienda de la historia de nuestra democracia, se construye la mitad de vivienda de protección oficial que en 1980 (fecha en la que el problema de acceso a la vivienda era muchísimo menor, hasta el punto de que no era realmente ningún problema). f) El IPC (Índice de Precios al Consumo), que supuestamente mide el encarecimiento de la vida, no incluye el bien de consumo a la vez más necesario y más caro de nuestra sociedad: la vivienda. A raíz del dato sobre la evolución del precio de la vivienda en los últimos 18 años (incremento del 250%), claramente vemos que la sociedad maneja con soltura un índice de encarecimiento de la vida falso, por parcial. g) España cuenta con el dudoso honor de albergar a 7 de las 11 constructoras más grandes del mundo, algo a todas luces impropio para un país que sólo es la novena economía mundial. Completando este dato, viene al caso decir que prácticamente ninguna gran empresa industrial o tecnológica de rango mundial es española (quizá con la excepción de Indra). Parecen tener razón quienes, dentro o fuera de España, utilizan la expresión economía del ladrillo para referirse a nuestro país. h) Durante los últimos años de locura inmobiliaria y especuladora, se ha producido un auténtico tsunami urbanizador que ha dejado reducida a su mínima expresión la costa mediterránea (toda ella, es decir, desde Cádiz hasta Gerona). Este bestial tsunami, tan humano como inhumano y que continúa a buen ritmo, ha ocasionado un gran daño a espacios de gran valor medioambiental. Una vez arrollada la costa cálida del Sur y el Este de nuestro país, el tsunami amenaza con extender su modelo de desarrollo a la costa cantábrica. La orgía incendiaria que ha asolado Galicia en este verano de 2006 parece tener como causa, entre otras, una preparación del terreno para la ley oficiosa de la grúa y el hormigón. Se podrían rellenar muchos folios con datos de este tipo tan reales como escalofriantes, pero no es el objeto de este trabajo, y por otra parte las pinceladas expuestas servirán de sobra al lector interesado para tomar conciencia de la magnitud del problema de la vivienda en España, y empezar a entender las relaciones entre este grave problema y el núcleo mismo de nuestra democracia. 1.2 La ensalada de causas Ningún problema social grave suele admitir explicaciones a la vez simples y rigurosas, y por supuesto esto se aplica al caso de la vivienda. Así, el entramado de causas que ha originado esta situación es complejo y polifacético, y está sujeto a un continuo e intenso debate político, mediático y social. Tras varios meses de intensa implicación en este tema, de búsqueda de información y participación en debates de todo tipo, tanto en la red como presencialmente, las que siguen son las causas principales en opinión del autor. Estas causas no están ordenadas por orden de importancia, sino que responden a diferentes vectores causales. Sólo una suma simultánea de estas causas parece capaz de producir los resultados asombrosos que hoy nos toca afrontar. a) Trasvase de capital especulador buscando mayor seguridad, desde el mercado bursátil al inmobiliario, a raíz de la explosión de la burbuja tecnológica (o burbuja de las punto com) en el año 2000. La explosión de dicha burbuja coincide con el comienzo de la etapa más intensa de la burbuja inmobiliaria. b) Gran inversión de capital extranjero en vivienda, en parte por las condiciones climáticas favorables de la costa mediterránea en España, y en parte por las condiciones favorables al blanqueo de dinero negro que no se han dado en otros países mediterráneos. Varios informes han señalado repetidamente la gran cantidad de billetes de 500 euros circulando por nuestro país, escandalosa en relación al peso económico de España en la Unión Europea. c) La consideración social de la vivienda como un negocio para obtener lucro, ya sea a escala personal, política o empresarial. La Constitución Española, en su artículo 47, señala claramente que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada", pero parece que ese es el único lugar en que se considera la vivienda como un derecho. Resulta evidente que en la vida cotidiana y real de nuestro país, la inmensa mayoría de ciudadanos, empresas y administraciones públicas ven la vivienda desde el prisma del lucro, la especulación o la financiación. Esta visión, cuyo lema implícito es "el negocio antes que el derecho", ha guiado y sigue guiando actuaciones a todos los niveles (tanto micro como macro) que resultan en la casi extinción real del derecho a la vivienda. Actualmente sólo pueden disfrutar de ese derecho dignamente, esto es, sin hipotecar su vida, quienes disfrutan de recursos económicos muy elevados y pueden hacer frente a la locura de los precios, y quienes resultaron afortunados en la lotería de la vivienda de protección oficial. d) Relacionado con lo anterior, la mentalidad de la sociedad española es totalmente proclive a la propiedad a toda costa, ejemplificada en el dicho popular "alquilar es tirar el dinero". Por una parte todavía mucha gente piensa que sin un piso en propiedad se es un ciudadano de segundo nivel, que alquilar es prácticamente de pobres y que se paga mucho dinero para al final "no tener nada". También la compra de una vivienda, aunque resulte un esfuerzo duro, casi siempre se ve bajo el prisma de la inversión, del lucro futuro, actitud basada en otro dicho popular que sostiene que "la vivienda nunca baja" (y que una rápida ojeada al crack del mercado inmobiliario en Japón a principios de los noventa, y al que desde unos meses se está produciendo en EEUU, demuestran como un tópico falaz). e) Relacionado también, en todo mercado especulativo las expectativas tienen una fuerte influencia en la realidad de los precios, y así, una de las causas de la subida de precios ha sido las expectativas de fuertes ganancias en el futuro. Los expertos en estudio de mercados llaman a este mecanismo autocorrelación o también profecía autocumplida. f) En los últimos años los españoles han dispuesto de dinero barato a causa de los bajos tipos de interés, lo que ha propiciado en parte una espiral hipotecaria surrealista, con créditos a 40 y 50 años que ya son el estándar en algunas ciudades. Aunque es preciso señalar que con las continuas subidas del Euribor en los últimos meses (que los expertos anuncian que continuarán en los próximos) el dinero ya no es tan barato y muchas familias, hipotecadas por encima de sus posibilidades económicas, difícilmente podrán hacer frente a la nueva situación. g) El suelo es la gran fuente de financiación para los ayuntamientos, y consecuentemente para los partidos políticos que los gobiernan. En los últimos meses se está hablando mucho de corrupción, y desde el "caso Marbella" van apareciendo a un ritmo constante, por toda la geografía nacional, casos de corrupción con el tema inmobiliario de fondo que afectan a todos los partidos importantes. Sin embargo en este punto hay que señalar que la peor corrupción de la democracia en España no es anecdótica sino estructural. Todos los partidos al unísono llevan 20 años bloqueando algo tan básico en democracia como una ley que permita regular y hacer transparente a la ciudadanía los flujos de financiación que reciben los partidos políticos. Comentaremos este punto con detalle más adelante. 1.3 Las posibles soluciones En parte por la insostenibilidad que va alcanzando la situación de la vivienda, y en parte por la presión cada vez mayor que ejerce el nuevo activismo ciudadano por una vivienda digna, poco a poco se está configurando un gran acuerdo social sobre la magnitud del problema. La sociedad entera empieza a estar de acuerdo en que "hay que hacer algo", pero evidentemente son muchas y muy enconadas las disputas sobre la forma de solucionarlo. Se han propuesto soluciones de todo tipo, generalmente condicionadas por las distintas ideologías políticas y económicas de los distintos actores sociales. Así, hay quienes piden que se liberalice totalmente el mercado del suelo y de la vivienda y propugnan que sólo así se solucionará todo, pues aducen que el problema es que el mercado y el suelo están demasiado intervenidos. En el otro extremo, hay partidarios de nacionalizar las constructoras y socializar el suelo para atajar de raíz el problema, pues piensan que hay que evitar toda posibilidad de lucro en torno a la vivienda. Entre la apuesta total por el mercado libre y la apuesta total por el Estado protector se han puesto sobre la mesa varias medidas que, sin negar los principios de la economía capitalista, propugnan una intervención firme de las administraciones públicas para reconducir el mercado y los precios hacia parámetros racionales. Por ejemplo: a) Incrementar drásticamente la oferta de vivienda de protección oficial. La idea a largo plazo de esta política es que cualquiera que lo desee pueda acceder a una VPO, y que las casas del mercado libre queden como un producto de lujo para aquellos que puedan o deseen costeárselo. b) Gravar fiscalmente las viviendas vacías o incluso amenazar con expropiarlas, para incentivar su puesta en el mercado y que no se mantengan vacías para especular. c) Limitar por ley la duración de los préstamos hipotecarios a 20 ó 25 años, y limitar la cuota mensual a un porcentaje racional (por ejemplo un tercio) del sueldo del solicitante. Esta ley se basaría en el principio de no permitir que nadie se hipoteque irresponsablemente más allá de sus posibilidades, ya que una hipoteca a 40 ó 50 años es una auténtica condena de por vida que coarta la libertad y el desarrollo personal no sólo del hipotecado sino de quienes dependen de él (por ejemplo sus hijos). Aunque la ciudadanía en un principio podría ver esta ley como un impedimento más, a los pocos meses de aplicarse los precios tendrían que bajar drásticamente, pues casi nadie podría hipotecarse en esas condiciones (al menos en las ciudades con precios más altos), y habría que ajustar la oferta a la demanda. No obstante, independientemente de la necesidad de informarse y debatir en torno a los hechos, las causas y las posibles soluciones al problema de la vivienda, muchos ciudadanos se han cansado de que su ocupación por el tema se agote en interminables quejas y charlas de bar con los amigos. Miles de personas, sobre todo jóvenes entre 25 y 35 años que ven imposible emanciparse con estos precios, y por tanto ven cortadas sus alas de cara a desarrollar su vida fuera del amparo de sus progenitores, han decidido pasar a la acción y quejarse de forma pública y colectiva, para que de una vez los políticos y la sociedad en general se tomen en serio este grave problema. 2. Breve historia del activismo por una vivienda digna En primer lugar, aclaremos lo que se entiende por una vivienda digna. La dignidad a que se hace referencia no tiene que ver sólo con el espacio físico en metros cuadrados u otras condiciones de habitabilidad, sino también (y sobre todo) con el precio que se debe afrontar para acceder a una vivienda. Para quienes andamos metidos en este activismo una casa que requiere de una hipoteca de por vida (a 40 ó 50 años) no es una vivienda digna. Tampoco lo es un alquiler que se lleva el 60 u 80% del sueldo mensual. Así pues, ante la indignidad de esta situación, es decir, a la sombra de la imparable ascensión de la locura inmobiliaria y el tsunami urbanizador en España, han ido surgiendo en los últimos años diversas iniciativas ciudadanas que han tratado de advertir sobre los peligros de esta dinámica. Más concretamente, en mayo de este año, se convocaron anónimamente una serie de movilizaciones por el derecho a la vivienda en toda España, que tuvieron una gran acogida en los principales medios de comunicación. Desde entonces el activismo por la vivienda digna y la atención general por el tema han ido creciendo a buen ritmo. 2.1 Los inicios Hacia 2003 surgió la Plataforma por una Vivienda Digna en Madrid. Esta organización fue la primera iniciativa apartidista creada exclusivamente en torno a la problemática de la vivienda, pero con una perspectiva global del problema. En 2004, tras un intenso trabajo que consiguió implicar a múltiples asociaciones sociales y de vecinos, la PVD consiguió sacar 10.000 personas a la calle en Madrid, bajo el lema Derecho a techo – Stop especulación. Dicha manifestación es sin duda el gran antecedente del activismo por una vivienda digna en España, en unos tiempos difíciles en los que todos andaban emocionados con el milagro del ladrillo y ni los políticos, ni la sociedad, ni los medios prestaban todavía una mínima atención al problema. Paralelamente, fueron apareciendo por toda la geografía nacional, especialmente a lo largo de la costa mediterránea, asociaciones locales de carácter ecologista que denunciaban e intentaban detener los excesos urbanísticos en sus zonas, muchos de los cuales ponían y ponen en peligro el equilibrio ecológico del litoral. También, las organizaciones clásicas de izquierda empezaron en estos tiempos a preocuparse por el problema de la vivienda y a desarrollar iniciativas en ese campo, lógicamente desde los parámetros más o menos clásicos de su opción ideológica concreta. 2.2 Las sentadas de mayo El 14 de mayo de 2006 supone el gran punto de inflexión del activismo por una vivienda digna. Lo que hasta entonces habían sido movilizaciones casi testimoniales y prácticamente ignoradas por los medios, ese día y de ahí en adelante pasaron a ser actos secundados por cientos o miles de personas, casi siempre con una importante repercusión en televisión, radio y prensa. Ese día se reunieron muchas personas, en su mayoría jóvenes, para reivindicar el derecho a la vivienda. Evidentemente las ciudades en que tuvo mayor éxito la convocatoria fueron aquellas grandes ciudades en las que peor está el acceso a una vivienda. Así, en Madrid se concentraron unas 5000 personas, en Barcelona unas 2000, y varios cientos en Bilbao, San Sebastián, Valencia, Zaragoza, Sevilla, etc. Los asistentes eran en su mayoría jóvenes, si entendemos por jóvenes aquellas personas por debajo y alrededor de los 30 años. Estas movilizaciones recabaron una gran atención mediática, y desde entonces los medios no han perdido de vista todas las acciones que se han ido organizando desde este activismo. El 21 de mayo y las siguientes semanas se siguieron realizando movilizaciones en Barcelona y sobre todo en Madrid, domingo tras domingo durante seis o siete semanas, pero poco a poco la idea original fue perdiendo fuerza y cada domingo acudía menos gente a protestar, como es natural. El movimiento ciudadano que nació esa soleada tarde del domingo 14 de mayo tenía unas características que lo hacían especial respecto a las manifestaciones clásicas de todo tipo que se han sucedido en España desde la llegada de la democracia. Estas novedades son las que explican el interés ya inicial de los medios, pues numéricamente no fueron protestas muy importantes. En primer lugar, ninguna organización política o social convocó las sentadas. Las concentraciones fueron rigurosamente espontáneas, sin ningún colectivo interesado detrás, ni oficial ni oficiosamente. Desde unas semanas antes, se había extendido como la pólvora la convocatoria por mensajes de móvil y de correo electrónico. Todo parece indicar que fue un joven quien inició la cadena, cansado de que los jóvenes solo salieran a la calle para protestar por la ley anti-botellón (que impide consumir alcohol en la calle). Debido a esta espontaneidad, cada movilización fue diferente dependiendo de la ciudad. Por ejemplo, en Madrid, los asistentes a la sentada inicial en la Puerta del Sol decidieron machar hacia el Congreso de los Diputados, para simbolizar el poco interés por el problema por parte de la democracia oficial. En Barcelona los manifestantes permanecieron sentados mostrando pancartas y entonando cánticos, en un ambiente reivindicativo pero festivo. En Bilbao no hubo carteles ni se gritaron lemas, y la gente simplemente permaneció sentada en la popular plaza del Teatro Arriaga. Este particular pásalo, un clásico boca a boca pero utilizando las nuevas tecnologías de comunicación, ya se había utilizado con éxito en las concentraciones ante las sedes del Partido Popular del 14 de marzo de 2004, en plena crisis política y social tras los atentados del 11-M. Entonces existieron sospechas que colocaban al Partido Socialista Obrero Español detrás de dicho pásalo (aunque sin poder demostrarlo), basadas en el evidente interés de dicho partido en el éxito de aquellas protestas y en conseguir más votos que el PP en las elecciones del domingo siguiente. Sin embargo nadie ha conseguido esbozar ningún argumento sólido que ponga a cualquier organización detrás de las sentadas de mayo por la vivienda. Concretamente es imposible que ningún partido político importante, ni siquiera Izquierda Unida, estuviera detrás de las sentadas, si analizamos la segunda característica básica de este nuevo movimiento. Esa otra característica relativamente novedosa del activismo por una vivienda digna es que supone una crítica de fondo a todos los partidos políticos, de izquierdas o de derechas, nacionalistas o españolistas. Se les critica a todos por permitir que se llegue a la situación actual y también por aprovecharse de dicha situación. La clase política en general es uno de los pilares básicos que ha consentido e incluso propiciado el proceso de locura inmobiliaria en que nos vemos inmersos, por lo que no tiene sentido que ningún partido se halle en el origen de las protestas. Al contrario, todos los partidos ven a este nuevo activismo como una fuerza emergente que pone en peligro los réditos que han obtenido y siguen obteniendo del actual status quo. Aunque en siguientes secciones nos centraremos más en ello, con lo expuesto ya se pueden intuir las fuertes relaciones que tiene este activismo, desde su mismo origen, con las nuevas tecnologías de un lado, y con la profundización democrática del otro. Es evidente que sólo gracias a las posibilidades de las nuevas tecnologías de información y comunicación, en este caso el teléfono móvil e Internet, se pudo conseguir tal éxito de un día para otro, en varias ciudades a la vez. También está claro que estas movilizaciones nacieron con la semilla de cierto interés en la profundización democrática, pues en parte fueron una crítica al sistema democrático en general y a la clase política en particular, por no garantizar un derecho tan básico, recogido claramente en la Constitución Española. 2.3 La espontaneidad se organiza A raíz de las sentadas de mayo surgieron diversos colectivos que desde entonces han trabajado sin descanso para organizar la espontaneidad inicial y hacer crecer y madurar el activismo por una vivienda digna, sin por ello perder el carácter fresco y apartidista del movimiento tal como nació. Así, en Madrid se creó la Asamblea contra la Precariedad y por una Vivienda Digna, que el 2 de julio convocó una manifestación por el centro de la ciudad a la que acudieron unas 2000 personas. En Barcelona se creó también la Asamblea por una Vivienda Digna que prefirió concentrarse en preparar una gran movilización para después del verano. En San Sebastián se configuró el colectivo Qué pasa con la casa cuya acción más destacada fue la recreación de una atracción inmobiliaria llamada Marina Odón (aclarar que Marina D'Or es un complejo turístico de la costa mediterránea mientras que Odón Elorza es el alcalde de San Sebastián, valga como ejemplo paradigmático de la ironía y el carácter festivo que suelen acompañar a las reivindicaciones de este nuevo activismo). En Sevilla nace también una asamblea popular que convocó en junio a una cacerolada para reclamar el derecho a una vivienda digna. En otras ciudades algunos participantes de las sentadas se pusieron en contacto con la Plataforma por una Vivienda Digna, que como hemos comentado llevaba unos años trabajando el tema, y acuerdan constituirse como grupos locales de la misma. Así nació la PVD de Bilbao, que en plena semana grande de fiestas de la ciudad – el 26 de agosto – organizó una sentada festiva amenizada con música reivindicativa sobre la vivienda y un manifiesto que instaba a los políticos y a toda la sociedad a tomarse en serio el problema. También en Barcelona se constituye un grupo local de la PVD, que pronto empieza a coordinarse con la asamblea local también surgida de las sentadas. Posteriormente se creó también la PVD de Valencia. En definitiva, las sentadas de mayo no fueron una protesta original pero puntual, abocada a la extinción, como temían muchos de los que domingo tras domingo veían desinflarse las movilizaciones empezadas el 14 de mayo. Visto con perspectiva, lo verdaderamente importante de aquellas sentadas es que supusieron un magnífico punto de partida, una oportunidad para muchos ciudadanos de descubrir que no estaban solos en sus ganas de hacer algo. Una gran ocasión para conocerse, compartir ideas y empezar a organizarse en torno a una preocupación activa por la vivienda. Una gran chispa inicial, posible gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, Internet y la telefonía móvil. Actualmente esta chispa es ya una gran red de relaciones presenciales y a distancia que va ganando solidez, como veremos. 2.4 Barcelona 30-S, punto de inflexión Como hemos señalado, la Asamblea que se constituyó en Barcelona a raíz de las sentadas de mayo decidió preparar con tiempo una gran movilización para el 30 de septiembre. Con un objetivo que al principio parecía utópico a ojos de los más entusiastas incluso, reunir 10000 personas en la calle por una vivienda digna, idearon un lema claro y directo: no tendrás una casa en la puta vida. Tras un trabajo intenso de muchas semanas de acercamiento a colectivos sociales locales, y en colaboración en todo momento con la PVD de Barcelona, los 40 miembros de la Asamblea prepararon un fin de semana lleno de emociones fuertes, llenaron la ciudad de carteles y pegatinas con el lema en cuestión los días previos al 30 de septiembre, y anunciaron la manifestación mediante divertidas acciones de denuncia (como presentarse en el departamento de vivienda de la ciudad a pedir las llaves de su casa, según les garantiza el artículo 47 de la Constitución). La manifestación resultó todo un éxito teniendo en cuenta que no estaba organizada por ninguna fuerza política clásica, con unas 12.000 personas recorriendo el centro de Barcelona, y a pesar de que a última hora las autoridades decidieron cambiar el recorrido acordado con los organizadores (probablemente por miedo a dar mala imagen de cara a los intereses turísticos de la ciudad). Tampoco se permitió acampar por la noche en plena Plaza de Catalunya, tal como estaba previsto por los organizadores. Eso sí, el día siguiente se realizaron diversas proyecciones y debates sobre el problema de la vivienda, completando un fin de semana de reivindicación y debate impresionante, con el único pero de las trabas puestas por las autoridades de la ciudad. La repercusión en los medios y en la sociedad de la ciudad fue bastante grande, hasta el punto que la semana siguiente los políticos de la ciudad compitieron en promesas electorales sobre el tema, promesas con un origen tan espontáneo como las sentadas de mayo. En relación con esta gran manifestación, el 15 de octubre se suspendió la cumbre europea de ministros de vivienda de la Unión Europea. Oficialmente se dieron varias versiones (contradictorias entre sí) para explicar esta suspensión, aunque oficiosamente parece claro que había miedo por parte de los gobiernos estatal y autonómico a que se repitiera una protesta ciudadana como la del 30-S, esta vez con repercusión mediática en toda Europa. También unos días después de la manifestación, los activistas de la Asamblea realizaron algunas acciones de gran impacto mediático. En la primera de ellas, un miembro de la Asamblea que asistía como público al popular programa nocturno de Buenafuente, interrumpió el programa y consiguió llevar a toda España las razones de la protesta y del lema no tendrás una casa en la puta vida. En la segunda, un grupo de jóvenes irrumpió en una tienda de Ikea y se acomodó en uno de los dormitorios que se ofrecían a los clientes, ironizando sobre las utópicas campañas mediáticas de esta marca comercial y su contraste con la dura realidad del acceso a la vivienda. Pero no sólo en Barcelona ha dado un salto de calidad el activismo de la vivienda. Octubre ha sido también un mes clave en Madrid, con dos manifestaciones importantes en el plazo de 10 días. El día 20 la Plataforma por una Vivienda Digna, junto a otros colectivos, realizó una bicicletada por el centro de Madrid, con posterior concentración y concierto (por Amparanoia) en la Puerta del Sol. Acudieron varios miles de personas, aunque la fiesta se vio algo deslucida por la lluvia. El pasado día 28 la Asamblea realizó una manifestación a la que acudieron unas 10000 personas, lo que supone cinco veces más que la del 2 de julio. En definitiva, estas últimas movilizaciones, ya en torno a las 10000 personas, suponen un salto de calidad respecto a los inicios del movimiento por una vivienda digna. Cada vez acude más gente a las movilizaciones y cada vez despiertan mayor eco mediático, en lo que parece ser un efecto de bola de nieve que aún es difícil saber dónde tiene el límite. A este crecimiento de las protestas contribuyen también los constantes casos de corrupción inmobiliaria que se están destapando, y por otra parte las constantes subidas del Euribor que hacen cada vez más patente e insostenible la locura hipotecaria en la que está inmersa el país. 3. Las nuevas TIC, herramienta imprescindible y espacio de debate democrático En los apartados anteriores se ha presentado el contexto del grave problema que tenemos en España con la vivienda y las reacciones en forma de activismo – primero espontáneo, luego organizado – que se han venido sucediendo a velocidad de vértigo en los últimos meses. También se han esbozado algunas relaciones de este activismo con cierta conciencia de regeneración democrática y con nuevos usos de las TIC. En este apartado ahondamos precisamente en el plus de ubicuidad y democracia que aporta Internet y los móviles al activismo. Ya en el siguiente analizaremos las implicaciones profundas que tiene todo este tema en materia de democracia. 3.1 Internet, la herramienta imprescindible (y los móviles el complemento) Cada vez más, los miembros de los diversos colectivos que hacemos activismo en el campo de la vivienda somos requeridos por los medios de comunicación, no sólo para publicitar nuestra actividad de calle, sino también para explicar a la sociedad en general qué pasa con la vivienda, cuáles son los hechos más graves, las causas de esta situación, las posibles soluciones y evoluciones del problema, etc. También, la clase política empieza a interesarse seriamente por nuestras quejas y propuestas, tendencia que seguramente se acrecentará según nos acerquemos a las elecciones municipales de 2007. Por ejemplo en Euskadi, lugar con ciertas ventajas para el activismo por ser Izquierda Unida quien lleva el peso de las políticas de vivienda, se desarrolla un foro de debate mensual en el que responsables de vivienda discuten las políticas con colectivos sociales, entre ellos la Plataforma por una Vivienda Digna. Sin ir más lejos, según repaso este texto por última vez antes de entregarlo a la organización del congreso, me llega la información de que el Ministerio de Vivienda quiere reunirse con la PVD de Madrid. Es decir, los colectivos surgidos de las sentadas de mayo hemos conseguido en sólo unos meses un poder de influencia en la sociedad inimaginable, que contrasta enormemente con los escasísimos recursos en tiempo y dinero con que contamos los pocos activistas que integramos esos colectivos. En el activismo por el derecho a la vivienda no tenemos liberados, es decir, todos y todas contamos con una ocupación principal que nos da de comer, ya sea trabajar o estudiar (o incluso ambas) y por tanto no podemos dedicar demasiado tiempo a reunirnos físicamente, con la dificultad que eso conlleva en desplazamientos, coordinar agendas, etc. Tampoco tenemos nadie que nos financie, lo cual es lógico e imprescindible si pretendemos mantenernos independientes en un contexto en el que los intereses inmobiliarios aparecen explícitos o implícitos por todos lados. Aunque en general los distintos colectivos realizan reuniones físicas semanales o en base al calendario de acciones planeadas, Internet resulta muy importante como medio de comunicación asíncrona entre reuniones, pues gracias a foros, listas de correo, wikis, etc., podemos aprovechar pequeños ratos de tiempo laboral o personal para realizar tareas, comunicarnos, discutir propuestas, cerrar reuniones, etc. Por otra parte crear una web en la que anunciar nuestras acciones y reivindicaciones es un medio muy barato y potente de informar a la sociedad sobre nuestra visión del problema y de facilitar el contacto a los medios de comunicación y posibles interesados en colaborar. Y también, gracias al correo electrónico, podemos enviar de forma ágil y a coste cero notas de prensa a los medios de comunicación. En definitiva, partiendo de los escasos medios humanos y materiales con que cuenta este activismo independiente y apartidista, sería muy difícil llegar hasta donde se ha llegado si en este año 2006 no existiera o no estuviera firmemente asentada una herramienta de información, comunicación y trabajo tan potente, ubicua y barata como Internet. Y aunque no hay duda que el ciberespacio que ofrece Internet es la herramienta principal que nos permite informar, coordinarnos y debatir, los teléfonos móviles, realidad omnipresente en estos tiempos, también nos proporcionan ciertos usos básicos interesantes. Debido a la no profesionalidad con que encaramos este activismo, como ya hemos comentado, estamos sujetos a las jornadas laborales que nos sustentan, con sus vaivenes e imprevistos de todo tipo. Por ello, si no existiera la telefonía móvil tendríamos problemas para optimizar ciertos aspectos de nuestro activismo. Por ejemplo, mediante un móvil podemos atender una entrevista radiofónica o cualquier otro requerimiento importante y urgente de nuestro colectivo sin tener que planificar a priori una localización geográfica con un teléfono fijo a mano y para una hora concreta. También nos permite afrontar con bajo coste imprevistos de última hora, como la no asistencia a una reunión interna, cambio de lugar u hora, etc. mediante el uso de mensajes cortos de texto. 3.2 El ciberespacio como lugar de información y debate Iniciativas independientes y altruistas como la enciclopedia digital colaborativa Wikipedia, en su versión inglesa, ha superado en cantidad y calidad de contenidos a iniciativas públicas y privadas que mueven unos recursos humanos y económicos mareantes (como la Enciclopedia Británica, Encarta de Microsoft, etc.). El portal Youtube (recientemente comprado por Google), que permite a cualquier usuario de Internet dejar videos gratuitamente a la vista de todo el mundo, se ha hecho tremendamente popular en unos meses y raro es el día que no aparece uno de sus videos en algún programa de televisión. Sin ir más lejos, el reciente robo del escaño del presidente del gobierno, el señor Zapatero, grabado de forma casera y colocado al instante en Youtube fue la noticia más comentada del día en que ocurrió. Son sólo ejemplos, puntas del gran iceberg que es la revolución de la Red. Es evidente que Internet ha supuesto un gran impulso hacia la democratización de la información, tanto en lo que se refiere al acceso a la emisión de información, como en cuanto a seleccionar como receptor las fuentes y temas de información deseados. El modelo clásico en el que se necesitaba un gran poder económico y político para hacer llegar las propias ideas a la sociedad se tambalea a pasos agigantados. La escasez de información ya es también historia en los países desarrollados, donde ahora más bien estamos en la era de la sobre-información. El actor más importante de este cambio de era informativa es sin duda Internet, con sus páginas web y sus correos electrónicos. Cada vez más gente, sobre todo en los países ricos, utiliza Internet como fuente de información principal. Paralelamente cada vez más gente, además de consumir información, se constituye a sí misma en medio de información, en emisor de la comunicación, ya sea individual o colectivamente, gracias a la creciente facilidad y gratuidad de crear una web (sobre todo si es en formato blog). Pero no sólo está el enfoque de la información, también es muy importante la posibilidad de debatir utilizando herramientas de Internet al alcance de todos, como las listas de correo o los foros. El debate a través de mensajes escritos por Internet tiene la desventaja de que se pierde la espontaneidad del cara a cara, los matices de la comunicación no verbal, etc. Pero por contra el debate asíncrono permite un mayor tiempo para leer, reflexionar, documentarse y redactar argumentos, propuestas, etc., posibilitando un debate de mayor calidad y profundidad. Desde hace unos años, pero sobre todo en los últimos meses, han proliferado foros y otros espacios de debate en torno a la problemática de la vivienda y la creciente movilización social en torno a ella. La Plataforma por una Vivienda Digna, un colectivo que empezó a funcionar hace ya unos años, es un ejemplo de cómo se pueden exprimir las distintas herramientas de que dispone Internet para informar y debatir. Su web contiene gran cantidad de información sobre la situación de la vivienda en España. Además, cada semana, confecciona y envía por correo electrónico un boletín informativo con noticias sobre la vivienda a nivel nacional y también local. Dicho boletín se compone a partir de las informaciones que van apareciendo en diversos periódicos online generalistas, periódicos locales, asociaciones, publicaciones económicas, etc. Pero sin duda la sección más interactiva y atrayente de la PVD son los foros, donde miembros de la Plataforma y de otros colectivos, junto a visitantes ocasionales interesados en la temática, debaten en torno a las causas, posibles soluciones, acciones reivindicativas, etc. relacionadas con la vivienda. Las asambleas de Madrid y Barcelona surgidas al calor de las sentadas de mayo también cuentan con sus propios foros para debatir de forma abierta entre sus miembros, más cualquiera que quiera sumarse a los debates, todos los aspectos relacionados con sus ideas, sus acciones, etc. También existen otros foros más centrados en los aspectos económicos de la burbuja inmobiliaria, donde se comparte información y se debate sobre la evolución del mercado, el posible crack de la burbuja, etc. 3.3 En el tema vivienda, la democracia está en Internet Uno de los requisitos previos a una democracia real es disponer de información para poder reflexionar y posicionarse en torno a los asuntos públicos. Actualmente, probablemente en muchos temas pero con seguridad en el tema vivienda, podemos decir que Internet es una fuente de información mucho más democrática que los canales de información públicos oficiales, pues ofrece una información más plural y en media menos condicionada según intereses económicos y políticos concretos. Después de la información y la formación de una opinión viene la confrontación de opiniones y argumentos: el debate según criterios democráticos. En definitiva, la democracia real no trata sólo de votar a unos representantes cada cuatro años y luego olvidarse de todo, sino sobre todo de presentar y debatir entre todas y todos ideas, propuestas, argumentos, etc. En este sentido en las instituciones oficiales no se está llevando a cabo un debate democrático profundo sobre la problemática de la vivienda. Es un tema que no se debate en los parlamentos, y en general la clase política no está interesada tampoco en mantener debates públicos con los colectivos sociales que se mueven en el ámbito de la vivienda. Quizá esto ocurra con muchos otros temas debido a las carencias evidentes del sistema democrático actual, pero ocurre de forma evidente con el problema de la vivienda. Si por democracia entendemos la confrontación pública de argumentos y no sólo los mensajes políticos vacíos o la lucha entre intereses partidistas, en el tema vivienda es mucho más fácil encontrar democracia en la Red que en cualquier otro espacio público oficial. Si el ideal de la democracia es conformar y coordinar una especie de materia gris plural, una inteligencia colectiva que arroje luz sobre la mejor forma de gobernar entre todos los asuntos públicos, ahora mismo Internet con sus espacios públicos digitales está mucho más cerca de ese ideal que las anquilosadas salas de reuniones de la clase política. 4. ¿Hacia una nueva conciencia democrática? Como ya hemos señalado, el activismo por una vivienda digna nació de forma espontánea y con un marcado carácter apartidista, fruto de su crítica general al sistema. Decir apartidista no es decir apolítico, pues precisamente lo que se pretende es entrar en la arena política con reivindicaciones y soluciones políticas. La política no es más que el gobierno de lo común, y el de la vivienda es por desgracia un problema demasiado común y central en nuestra sociedad. Tanto las críticas en negativo como las propuestas políticas en positivo que vienen de este activismo, van en la dirección de una mayor profundidad democrática, de la que actualmente el sistema carece. 4.1 El problema de la vivienda evidencia los fallos democráticos del sistema Si este activismo es apartidista lo es primero porque no quiere ser relacionado ni fagocitado por ningún partido (que es la mejor forma de perder la frescura y con ella cualquier posibilidad de cambio importante), y en segundo lugar porque desde su mismo nacimiento surge como una crítica a todos los partidos, que no hacen nada para solucionar el problema e incluso ellos mismos se benefician del problema. Esta característica nuclear del movimiento, este apartidismo insobornable, aunque todavía es más una crítica que una propuesta en positivo, puede constituir un primer paso camino de una nueva conciencia democrática general. La locura de toda la sociedad, especialmente incluida la clase política, en torno al milagro del ladrillo, es una oportunidad de oro para mostrar en toda su evidencia las graves deficiencias que arrastra nuestro joven sistema político, más democrático en el aspecto declarativo o formal que desde un enfoque global real. Una rama de este activismo que ataca frontalmente a nuestra democracia de papel es la que se ceba con la denuncia del artículo 47 de la Constitución Española, el cual reconoce explícitamente y sin lugar a dudas el derecho de todos los españoles al disfrute de una vivienda digna. La carta fundamental de derechos de cualquier país es uno de los pilares de su democracia, pero este pilar suele ser más protocolario que real, pues si hacemos un análisis similar de otros artículos veremos que en la práctica tampoco se cumplen (igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, derechos laborales, etc.). En definitiva, este tipo de críticas apuntan en la misma dirección que apunta el carácter apartidista del movimiento, que es la misma a la que apuntaban varios carteles de las recientes movilizaciones madrileñas sobre la vivienda: "lo llaman democracia y no lo es". También, si queremos evaluar rigurosamente la salud democrática de un sistema político, debemos analizar sus relaciones con el sistema económico en el que se inserta. En España vivimos, como en todo el mundo desarrollado, en una economía capitalista de libre mercado, con una serie de características comunes a los capitalismos de otros países y algunas características propias de nuestra idiosincrasia nacional. En este punto hay que denunciar que los gobiernos políticos estatal, autonómicos y locales no pueden o no quieren mantener el funcionamiento del mercado en unos parámetros adecuados que posibiliten el cumplimiento de unos derechos democráticos mínimos para toda la población. No es verdad que un régimen democrático deje de serlo por poner ciertas puertas y vallas al libre mercado, como se nos pretende hacer creer desde ciertos sectores liberales. Es evidente que una restricción excesiva del mercado puede producir una merma democrática del sistema en conjunto, pero la misma evidencia se aplica cuando se deja operar al mercado sin restricción alguna. En el caso de la vivienda casi sobra decir que sucede lo segundo, no lo primero. Lo óptimo y razonable es un equilibrio entre libertad económica y garantía de derechos básicos. Parcelas delicadas de la vida cotidiana, como la alimentación o la sanidad, están sujetas a todo tipo de regulaciones para preservar derechos básicos de los ciudadanos en cualquier democracia que se precie de serlo. Por ejemplo, no es posible comercializar alimentos sintéticos sin acreditar que éstos no suponen ningún peligro para la salud. El "mercado" de transplantes de órganos, otro ejemplo, no es un mercado libre (como desgraciadamente casi sucede en algunos países), sino que está totalmente controlado y monopolizado por el estado. Nadie que esté en sus cabales piensa que estas parcelas tan sensibles deberían dejarse, sin más, al "libre albedrío" del mercado libre. ¿No es acaso la vivienda un derecho básico a cuidar y proteger, tan básico como la alimentación o la salud? Es decir, un sistema político que no es capaz de frenar las ansias de lucro del mercado capitalista en lo relativo a un bien como la vivienda, íntimamente ligado a un derecho fundamental de todas las personas en cualquier democracia, no puede presumir de ser realmente democrático. En la introducción ya comentamos que una de las propuestas que han llegado desde el activismo de la vivienda es establecer por ley unos límites máximos para las hipotecas. Esta medida, que se aplica en Francia con éxito (el máximo es una hipoteca a 20 años con una cuota máxima del 25% del sueldo), no ha supuesto que nadie deje de considerar al país vecino como un régimen democrático y a la vez capitalista. Por el contrario, una democracia como la española, que no ponga ciertas puertas al afán de lucro inmanente al capitalismo, es en la práctica menos democracia que las que ponen las puertas razonables. 4.2 Democracia interna en el activismo por la vivienda Este nuevo tipo de activismo no sólo supone una crítica hacia ciertos fallos democráticos del sistema, sino que internamente funciona en base a principios y operativas mucho más democráticos que las instituciones de la democracia oficial. En estos colectivos, compuestos en su mayoría por jóvenes, la democracia brilla de una forma mucho más fresca y real que en cualquier parlamento o partido político. Una de las características básicas de la democracia es la horizontalidad, es decir, es un sistema político en el que, en teoría, nadie está por encima de nadie y todos debaten, argumentan y colaboran de forma cooperativa en pos del bien común. Las jerarquías de representación y gobierno que se configuran por encima del pueblo soberano (sujeto de poder básico en toda democracia) no responden al desarrollo perfeccionado del ideal democrático, sino más bien a un requisito funcional para que la democracia pueda operar en el día a día a gran escala. El problema es que esta jerarquía que históricamente comienza como una excusa en aras de la operatividad, ha terminado por implantar en la política unos valores jerárquicos (de mando, obediencia y competición), casi eliminando los valores originales democráticos de horizontalidad y cooperación. Si nos fijamos en el funcionamiento de los debates parlamentarios y los debates internos en los partidos vemos que responden fundamentalmente a una competición de intereses entre grupos de poder. Los intercambios dialécticos que suceden en esos foros, lejos de responder a ideales democráticos de respeto, argumentación razonada, etc., suponen una auténtica guerra de trincheras entre ejércitos antagonistas, en las que todo vale. A estas alturas resulta ya evidente que para los actores implicados en tales escenarios de debate crispado, sólo en el papel representativos de los intereses de la ciudadanía, lo importante no es el buen gobierno de los asuntos comunes, sino la defensa a ultranza de los propios intereses partidistas. Los lugares comunes de la vida política oficial son realidades tan poco democráticas como el circo electoral, en el que los partidos se lanzan sin cuartel y cada vez con menos vergüenza a la caza del voto. O la disciplina de partido, que hace que los debates parlamentarios no sirvan para nada porque está decidido de antemano el resultado de la votación posterior al debate. Si nuestro sistema fuera realmente democrático a los políticos no les iría la vida en ganar unas elecciones a toda costa, y en el parlamento primero se debatiría honestamente y luego se votaría en conciencia partiendo de los resultados de ese debate. Un pilar básico de esta esquizofrenia democrática es que se nos ha hecho creer que la democracia sólo puede ser exclusivamente representativa. Desde niños vemos que democracia consiste en delegar nuestro poder en uno de los grupos profesionales de políticos que compiten por el gobierno de las cosas, mediante el sacrosanto mecanismo del voto. Constituye una normalidad tan general en todo el mundo que al final asociamos la democracia con eso. Pero democracia no es sólo votar a nuestros "representantes", democracia es también debatir argumentadamente, y democracia es también decidir. La clase política que nos gobierna confunde, interesadamente o no, la democracia en general con una forma de democracia, la representativa, hasta el punto que toda la democracia de que podemos disfrutar los ciudadanos se agota al dejar caer un sobre en una urna cada cuatro años. No hay espacio para la democracia participativa y/o directa, que consiste en que la ciudadanía pueda participar más directamente en las decisiones políticas que les atañen. Tampoco para la democracia deliberativa, que pone el énfasis en la deliberación, esto es, en la exposición y debate razonados a partir de la pequeña verdad de cada cual, como método para llegar a verdades más generales, desde las que diseñar políticas que respondan a las necesidades de toda la gente. En contraste con este panorama autolimitado y anquilosado, el activismo por una vivienda digna supone un soplo de aire fresco también desde el punto de vista de su democracia interna. Los colectivos implicados en este activismo funcionan de forma mucho más democrática, según los criterios comentados, que cualquier organismo público o partido político. La organización no es jerárquica, sino completamente horizontal. Esto no significa que los colectivos funcionen anárquicamente, entendiendo anarquía en su sentido despectivo habitual que la equipara con la desorganización y el caos. No se puede diseñar y llevar a cabo con éxito movilizaciones como las señaladas sin contar con algún tipo de organización interna seria. Así, en cada colectivo existen responsables que se encargan de distintas áreas, como la relación con prensa, la comunicación y legalización de las movilizaciones, la recopilación de información, la confección de propuestas de fondo, etc. En los colectivos más pequeños cada persona se encarga de un área, y en los más grandes se funciona por comisiones o pequeños grupos especializados, uno para contenidos, otro para eventos, otro para prensa, etc. En todos los casos el poder de decisión del colectivo reside en todo el grupo de forma asamblearia, y no en un líder o un órgano de presidencia que se sitúa jerárquicamente por encima de la base. Se decide una u otra cosa según el valor interno de los argumentos que sustentan las propuestas, y no según la escala de poder de quien hace cada propuesta, como sucede en la política oficial. 4.3 Ciudadanía versus clase política Durante los últimos años una simple mirada a la escalada inmobiliaria e hipotecaria sin fin nos ha bastado para confirmar que el sistema democrático y su clase política no han podido hacer nada para detener esta locura. Es más, a raíz del caso Marbella y la aparición constante de tramas de corrupción urbanística por toda la geografía del país, que implican a políticos de todos los partidos importantes, podemos decir sin miedo que la clase política se ha aprovechado con creces de la locura que debía evitar. Los pelotazos inmobiliarios de los que se han beneficiado muchos políticos son tan numerosos y de tal calibre que es imposible que desde las altas instancias de los partidos y del mismísimo Estado no se supiera o al menos no se sospechara de forma importante lo que estaba y está ocurriendo. Los supuestos perros pastores del rebaño social no sólo no han impedido que los lobos acabaran con las ovejas, sino que ellos mismos se han comido las ovejas que debían guardar. Ahora los perros pastores supremos salen al paso diciendo que en general son todos muy buenos, que no sabían nada, y que sólo una minoría está corrupta. Pero la mayoría de la gente ya piensa, a fuerza de evidencias, que es justo al revés. Es decir, que ser político y tener buenas intenciones es algo muy raro en estos tiempos de democracia de papel. La corrupción político-urbanística constituye una pata de la realidad tan flagrante y escandalosa que debería abrirnos los ojos a todos de una vez a una realidad política nacional que está corrupta en la misma raíz. Como decíamos en el apartado anterior, una característica de nuestra democracia son las constantes luchas de trincheras entre partidos políticos. Pero hay dos temas en los que todos los partidos sistemáticamente se ponen de acuerdo, que lejos de ser cuestiones anecdóticas iluminan hasta el dolor las vergüenzas de nuestro sistema. Uno de esos acuerdos sucede año tras año cuando nuestros representantes acuerdan subirse un sueldo, que ya de por sí está algo inflado, por encima siempre del IPC. Es curioso que esta cuestión que afecta al bolsillo de los ciudadanos genere tan escaso debate entre los políticos, mientras que día tras día se enzarzan en disputas que tienen una influencia real en la ciudadanía mucho menor (como por ejemplo la palabra que se pone en el preámbulo de un estatuto autonómico para definir a dicha autonomía como región o nación). El otro punto de acuerdo constante es tan grave que deja el consenso sobre los sueldos al nivel de nimia preocupación. Ahora toca hablar de un asunto muy gordo, nada menos que la financiación de los partidos políticos. Y es que tras 30 años de democracia basada en partidos parece increíble que aún no exista una Ley de Financiación de Partidos Políticos seria como la que existe en Francia, Italia, Alemania y Reino Unido. Cierto que existe una ley con ese nombre que data de 1987, pero tiene tantas trampas legales, que por supuesto los partidos aprovechan, que al final no hay forma de saber rigurosamente qué flujos económicos, y de quiénes, reciben los partidos que gobiernan nuestra democracia. Dicha ley establece unos límites para que personas u organismos privados no puedan donar mucho dinero a un partido, donaciones que evidentemente corren el peligro de hacerse a cambio de futuros tratos de favor. Pero al permitir por otra parte las donaciones anónimas no hay forma de saber si esos límites se cumplen, pues se puede donar anónimamente 100 veces la cantidad límite. Es decir, la ley existe, pero es tan deficiente que resulta como si no existiera. Esta gran laxitud y falta de transparencia con los recursos de los partidos que gobiernan la sociedad contrasta poderosamente con el hecho de que cualquier ciudadano está obligado a declarar con pelos y señales ante las instituciones públicas hasta el último céntimo de euro que recibe a través del trabajo, rentas, herencias, sorteos o cualquier otra fuente de ingresos. No es sólo una situación tan asimétrica que provoca la risa, se trata seguramente del problema más grave que debe solucionar nuestra "democracia" para algún día poder llegar a ser realmente tal. Realmente, gracias al periodismo político de trincheras, que en cada bando destapa las intimidades del contrincante, cualquier ciudadano con un mínimo de interés sabe más o menos qué actores sociales y entidades privadas sustentan económicamente a cada partido. Pero eso no es serio, ni democrático. La democracia debe contar con mecanismos legales precisos y férreos para que la ciudadanía sepa a las claras cuánto dinero privado reciben los partidos, y de qué entidades o particulares lo reciben. En un segundo paso se deberían poner ciertas reglas y límites de sentido común a dicha financiación. Esta ley tan vital no existe, como es obvio, porque todos los partidos se ponen de acuerdo para que no exista, y para que la ciudadanía no se percate de la tremenda falla democrática que supone el hecho de que no exista. Los miedos relativos por ejemplo al terrorismo, a la inmigración o a las tensiones nacionalistas-centralistas, sabiamente alimentados desde las altas esferas, atenazan reflexiones políticas más libres y hondas, lo que sumado a otros muchos factores sociales y psicológicos, hacen que a nadie le interese algo tan importante como la financiación de los partidos que gobiernan la democracia. Todo esto tiene mucha relación con el problema de la vivienda, pues una de las principales causas de la escalada de precios es el encarecimiento del suelo público. Y una de las causas de ese encarecimiento es que los ayuntamientos usan el suelo como principal fuente de financiación. Encajando este hecho con lo comentado sobre la inexistente ley de financiación de partidos de un lado, y del otro con el gran iceberg de corrupción político-inmobiliaria que se intuye por debajo de los casos salidos a superficie hasta el momento, podemos intuir una conclusión desoladora. En definitiva, no sólo los bancos, constructoras, inmobiliarias y algunos políticos corruptos se están enriqueciendo gracias a la burbuja inmobiliaria. Todo apunta a que incluso los partidos políticos como organización se financian en parte con las hipotecas de por vida de muchos esforzados ciudadanos. En definitiva, muchos ciudadanos llevan años sospechando de las bondades de esta democracia nuestra, hastiados y recelosos hacia todos los partidos políticos y el sistema mismo que los sustenta, y quizá las conclusiones que va arrojando el problema de la vivienda terminen por sumar muchos miles más a la causa de la regeneración o profundización democrática. Cada vez más gente empieza a ver claro que, si todavía hay una gran división social, esta no es la que resulta de contraponer la ideología de izquierdas a la de derechas, sino más bien la que resulta de poner a un lado de la línea a toda la clase política y del otro lado a la ciudadanía corriente, al pueblo llano. Los medios y los políticos nos dicen una y otra vez que la gran lucha sigue siendo la izquierda contra la derecha, o el centralismo contra los nacionalismos periféricos, pero gracias a Internet y a los espacios de información, reflexión y debate independiente que proporciona ésta, cada vez más ciudadanos están convencidos de que la gran lucha que queda por librar es la propia de la profundización democrática. Al final se trata de la ciudadanía (de todo signo ideológico) reclamando una mayor democracia a la clase política (de todo signo ideológico). Y aunque nos falta trayectoria y perspectiva para afirmarlo con rotundidad, quizá esté siendo ya el problema de la vivienda el primer campo de batalla serio de esta gran guerra de la democracia. Pero demos una vuelta de tuerca más a los datos y argumentos presentados. El principal obstáculo de esta profundización democrática al final no es la clase política, aunque así pueda parecerlo tras este análisis de la situación. Ahondando en el análisis a la vez que observamos la historia del mundo, es evidente que en ninguna época ni en ningún lugar el poder ha cedido por iniciativa propia parcelas de poder. Los amos no dieron libertades a los esclavos sin más, los grandes imperios de la antigüedad no se disolvieron por ellos mismos, las monarquías absolutistas no dieron paso a la democracia por voluntad propia. Del mismo modo, es muy improbable que la clase política actual haga algo por mejorar esta democracia en la que ella misma se sabe poseedora del poder y detentadora de múltiples beneficios de clase. Sólo lo hará tras una presión continuada y generalizada por parte de los gobernados, la ciudadanía, nosotros. Esto es algo que los ciudadanos, ni siquiera los más concienciados, terminan de ver claro, y cuando sale el tema nos limitamos a reclamar vagamente a los políticos que suelten un poco de su poder. Debemos ser conscientes de que somos nosotros, la ciudadanía, el único estamento que tiene la motivación suficiente para señalar con rigor los defectos del sistema político. Debemos ser conscientes también de que existen posibilidades legales para reclamar más democracia desde dentro del sistema político actual, por lo que hay que exprimirlas al máximo. Si queremos una democracia mejor debemos empezar a construirla desde ya entre quienes estamos concienciados en esa dirección. La primera tarea es canalizar el creciente descontento que tiene mucha gente por el actual sistema político (como evidencian las movilizaciones por una vivienda digna) hacia proyectos colectivos que supongan a la vez una crítica constructiva a lo existente y una propuesta en positivo hacia una nueva democracia. El camino consiste básicamente en superar divisiones ideológicas más propias de tiempos pasados y tomar conciencia de que si pertenecemos a alguna clase, esa es la ciudadanía, y si tenemos un "enemigo" común al que reclamar cuotas de poder, ese es la clase política. Como ciudadanía, sólo tendremos una nueva democracia cuando estemos preparados para ella y sepamos exigirla de forma coordinada con fuerza y convicción. Si esperamos a que la clase política actual nos ponga en bandeja el cambio podemos esperar sentados.
Sólo han pasado seis meses desde aquel 14 de mayo en que miles de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, se reunieron en plazas de toda España para reclamar el derecho a una vivienda digna. El movimiento ha crecido mucho en este tiempo, se han realizados muchas manifestaciones y acciones reivindicativas en la calle, y se ha suscitado un creciente interés mediático, político y social por el problema de la vivienda y por el propio activismo. No obstante, la evolución favorable del movimiento no debería cegarnos en la euforia. Además de seguir trabajando como hasta ahora (lo que, como el valor, se presupone), debemos dejar un espacio para la autocrítica en el seno de nuestros colectivos y en los foros de debate que compartimos, principalmente en Internet. Con esa intención se destacan a continuación algunos aspectos que quedan por mejorar, así como algunas cuestiones que impiden un mayor crecimiento de este activismo, siempre según la opinión del autor. 5.1 Posibilidades a explotar Los medios generalmente están presentando el activismo por la vivienda digna como un conjunto de jóvenes que no pueden acceder a una vivienda y, en su conciencia de colectivo desfavorecido, salen a la calle para reclamar un derecho hurtado. Esto sólo es cierto a medias, pues muchos de los manifestantes e incluso miembros de los colectivos organizadores no sufren personalmente el problema de la vivienda, y muchos tampoco son jóvenes. Sin embargo ciertas actitudes y expresiones desde el propio activismo siguen ese juego, con lo que no es extraño que mucha gente perciba el movimiento como "grupos de jóvenes que salen a la calle para reclamar una vivienda". Y no, no es eso lo que se está reclamando exactamente. Parece un matiz muy fino, pero este tema es importante. Cualquier reivindicación que salga de este movimiento tendrá mucho más valor y potencia si se enfoca desde una perspectiva social, política y económica general. Independientemente de que nuestra situación personal respecto a la vivienda sea mejor o peor, deberíamos movilizarnos principalmente porque existe un problema muy grave de acceso a la vivienda, una locura hipotecaria sin precedentes, y un grado de corrupción político-urbanística inadmisible. Nuestro sistema actual se basa en gran medida en el ladrillo, la especulación y la urbanización de espacios naturales de gran valor. Los peligros de un modelo así son tan grandes que toda la sociedad española puede experimentar una gran crisis si no se ponen las medidas oportunas, y ese es el mensaje que tenemos que esforzarnos en transmitir. Otro punto importante de mejora es el que se refiere a la coordinación entre distintos colectivos a nivel estatal. Es necesario trabajar esta coordinación en distintos campos para que los medios, los políticos y la sociedad, perciban el movimiento por una vivienda digna como un gran colectivo con unas críticas y unas reivindicaciones comunes, a pesar de su gran pluralidad interna. De una parte, sería interesante coordinar más movilizaciones o acciones como se hizo el 14 de mayo, todos en la calle el mismo día y a la misma hora, pues así la repercusión es mayor a todos los niveles. Hasta cierto punto esto ya se intentó para la manifestación de Barcelona (30 de septiembre) y para la última de Madrid (28 de octubre), pero con un seguimiento desigual, debido a que las fechas no se acordaron previamente a nivel estatal y simplemente para cada convocatoria, a posteriori, algunas otras ciudades se sumaron al carro convocando alguna concentración como complemento a la gran movilización del día. Sin descartar esta forma de actuación, sería interesante planificar movilizaciones simultáneas en todo el estado, e incluso a lo largo de varios estados (si bien España es el líder indiscutible en el problema de la vivienda, este también ha generado reacciones activistas en otros países de Europa). En relación con lo anterior, aún queda mucho por mejorar el uso que se hace de Internet desde el activismo de la vivienda. En primer lugar, deberíamos aprovechar mejor Internet para mantener un contacto directo y fluido entre colectivos y entre grupos locales, compartir información y recursos, debatir y acercar posturas, etc. Si las dificultades para efectuar reuniones físicas son importantes, como ya vimos, en el seno de cada colectivo, no digamos ya hacer reuniones que implican viajar a otra ciudad, con el coste en tiempo y dinero que supone. Gracias a Internet podemos reunirnos digitalmente las veces que haga falta, por lo que la distancia física no puede ser una excusa para actuar de forma descoordinada. Sería interesante también contar con un punto único de entrada a los espacios digitales en la Red del activismo de la vivienda, con contenidos mínimos consensuados entre todos los colectivos. Una web que explicara brevemente a los interesados o a los medios cuál es el problema de la vivienda en España y qué reivindicaciones se hacen en relación a él. Desde ese portal habría enlaces a las web de los distintos grupos locales. Existen pequeñas iniciativas en este sentido pero habría que priorizarlas y generalizarlas. En general, hay espacio para mejorar el uso que se hace de las distintas herramientas que pone a nuestra disposición Internet. Web clásicas, listas de correo, foros, wikis, blogs, etc., todas ellas son herramientas muy útiles si se utiliza cada una para lo que está pensada, especialmente evitando la dispersión y duplicación de información y debates. Por último, aunque ya comentamos que existen varios espacios de debate interesantes en torno a este activismo, es necesario personarse en las reuniones físicas de un colectivo para hacer valer la propia opinión y llegado el caso participar en las votaciones que se realicen. Nuestra democracia interna se incrementaría si consiguiéramos que cualquier persona interesada pudiera participar en las decisiones de un colectivo a distancia, por medio de Internet. Esta intención se topa con las dificultades que existen en general para implementar procesos democráticos digitales que sean sencillos y seguros, pero es interesante avanzar en esa línea con vistas a conseguir una mayor participación, implicación y democracia en el seno de los colectivos. 5.2 Límites a comprender En muchas conversaciones en el seno de los colectivos por una vivienda digna, especialmente después de acciones de calle que no suscitan la respuesta ciudadana esperada, surge la cuestión de lo difícil que es implicar a la gente en el problema de la vivienda. Esta dificultad contrasta mucho con la terrible magnitud y generalización del problema, sobre todo en las grandes ciudades. Es decir, siempre flota en el aire la siguiente pregunta: ¿si este problema es tan grave y afecta a tanta gente, por qué no se manifiesta más gente? Intentar dar con respuestas reales a esta pregunta es importante desde el punto de vista del activismo, pues el análisis superficial y el pensar sin más que "todo el mundo pasa de todo", suele llevar al hastío y a la desmotivación, e incluso al abandono del barco activista. En primer lugar hay que comprender que mucha gente sufre el problema de la vivienda pero no es consciente de ello, o incluso piensa que las reivindicaciones le perjudican, por lo que no se suma a ellas. Esto se debe a la generalización del pensamiento de pequeño especulador por el que muchas personas que están agobiadas con una gran hipoteca (consecuencia directa del problema con la vivienda general) a la vez piensan que están realizando una inversión, pues los precios, piensan ellos, nunca dejarán de subir. Esta tendencia, sin embargo, irá disminuyendo según se confirme la estabilización de los precios (la vivienda ha subido sólo un 0,7% en el tercer trimestre de 2006), y desaparecerá totalmente si en algún momento los precios comienzan a bajar, como ya sucedió con el estallido de la burbuja inmobiliaria de Japón o está ahora mismo sucediendo con la de EEUU. Otro límite, este bastante común a todo tipo de activismo que intente contrarrestar las corrientes comunes por las que se mueve la sociedad, es el del conformismo o pasotismo de la mayoría de la gente hacia cualquier tipo de reivindicación política o social. Mucha gente percibe o intuye la gravedad de muchos problemas, como por ejemplo el de la vivienda, pero se ve incapaz de orientar su acción de forma positiva y termina cayendo en un paralizante "no se puede hacer nada". Este límite natural de todo activismo se irá paliando por el efecto bola de nieve, también bastante común, que ya se está produciendo, con movilizaciones ciudadanas cada vez más persistentes y numerosas, y una creciente atención política y mediática. No obstante, hay que entender que, precisamente porque hay que gastar casi todo el día trabajando para poder pagar la hipoteca o el alquiler, no es fácil reunir a mucha gente dispuesta a emplear sus escasas horas de asueto semanal en este o cualquier otro activismo. Existe siempre el peligro de que los más implicados, con sus vidas y sus problemas particulares exactamente igual que todos, se cansen de estar al frente de la organización, los trabajos, etc. Este límite es ya algo mucho más estructural a la sociedad occidental moderna, derivado de valores como el vivir para trabajar, el consumismo, el ocio escapista y otros. A corto plazo lo único que se puede hacer es entenderlo sin caer en resentimientos inútiles y procurar coordinar de la mejor manera posible los ratos sueltos que cada cual podemos "robar" a la rutina normal de la semana, a la vez que se intenta ir implicando poco a poco más gente en el activismo. En otro orden de cosas, como ya ha quedado claro, este activismo nació y en general se mantiene con un fuerte carácter apartidista, crítico hacia todos los partidos, hacia toda la clase política, es decir, crítico con la incapacidad de resolver el problema de la vivienda por parte del sistema democrático oficial. Crítico también con el cada vez más evidente aprovechamiento que hacen los actores políticos del problema (generalización de casos de corrupción individuales y corrupción del propio sistema de partidos por la inexistencia de una ley seria de financiación de partidos). Es evidente que los partidos van a utilizar este activismo, pues lo hacen con todo, como arma arrojadiza que lanzarse unos a otros, en busca de lo único que realmente les interesa como máquinas de ganar y gestionar poder: el voto de los ciudadanos que les permite gobernar. Esta tendencia, que ya se intuye en algunas reacciones políticas recientes, irá en aumento según se acerquen las elecciones municipales y autonómicas de 2007. Desde el activismo por una vivienda digna debemos mantenernos firmes en nuestro apartidismo y hacer entender a los partidos que no queremos entrar en su lucha de trincheras de siempre, que lo único que nos interesa es que aborden el problema de una vez, de forma seria, a partir de los intereses de la mayoría de la ciudadanía y no de sus intereses partidistas. Sólo siendo fieles a nuestro origen el activismo de la vivienda seguirá creciendo y seguirá siendo la iniciativa ciudadana con más potencial para mostrar a la sociedad las posibilidades democratizadoras de Internet, y en general evolucionar el sistema político español hacia una profundización democrática necesaria y posible. 6. Referencias A continuación, y sin ánimo de ser exhaustivos, se ofrecen una serie de direcciones de Internet relacionadas con los temas tratados, organizadas según los distintos capítulos. 1. Introducción: la gravedad del problema de la vivienda en España Datos sobre la vivienda en España y reivindicaciones de la PVD http://viviendadigna.org/docs/plataforma vd/reivindicaciones_plataformavd.pdf El Tsunami urbanizador español y mundial (por Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción) http://www.nodo50.org/ramonfd/tsunami_ur banizador.pdf Zulitos – Nuevos conceptos inmobiliarios (blog que recoge casos extremos de viviendas indignas por su relación espacio-precio) http://zulitos.blogspot.com/ Los precios en EEUU sufren la mayor caída en 35 años http://viviendadigna.org/?ver_noticia.ph p?id=4521 What future for the Spanish housing market? http://viviendadigna.org/docs/estudios /bnp_C0603_A1.pdf 2. Breve historia del activismo por una vivienda digna Plataforma por una Vivienda Digna http://viviendadigna.org/ Colectivos adheridos al manifiesto básico de la PVD http://viviendadigna.org/reivindicacione s.php#adhesiones El wiki de las sentadas de mayo http://www.escolar.net/wiki/index.php/Vi viendadigna Asamblea contra la Precrariedad y por una Vivienda Digna (Madrid) http://madrid.vdevivienda.net/ Asamblea por una Vivienda Digna (Barcelona) http://bcn.vdevivienda.net/ 3. Las nuevas TIC, herramienta imprescindible y espacio de debate democrático Entrevista digital en El País a un miembro de la Asamblea de Madrid http://www.elpais.es/edigitales/entrevis ta.html?encuentro=2412 Conversación entre el Director de la Empresa Pública de Vivienda de Euskadi y el autor http://hontza.blogspirit.com/archive/200 6/09/20/entra-en-vigor-la-ley-del-suelo. html Foros de la PVD http://viviendadigna.org/foros/index.php Foro de debate sobre la burbuja inmobiliaria http://www.burbuja.info Foro de debate sobre el problema de la vivienda y su activismo http://vdevivienda.megaslibres.com/ 4. ¿Hacia una nueva conciencia democrática? Artículo 47 de la Constitución Española sobre la vivienda http://www.congreso.es/funciones/constit ucion/titulo_1_cap_3.htm Definiciones de democracia en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia La financiación de los partidos políticos: http://www.solidaridad.net/articulo1195_ enesp.htm Colectivo "Otra Democracia Es Posible" http://otrademocraciaesposible.net/ Iniciativa a favor de la democracia directa http://www.geocities.com/mas_democracia/ 5. Posibilidades y límites del activismo por una vivienda digna Portal de entrada unitario de las asambleas surgidas de las sentadas de mayo: http://vdevivienda.net/ Últimos datos del Ministerio de Vivienda sobre el incremento de los precios http://www.mviv.es/es/index.php?option=c om_content&task=view&id=732&Itemid=178 |
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