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Texto de la comunicación:
El proceso de virtualización que se despliega sobre el mundo alcanza distintos ámbitos hasta ahora sólo plenos en su significado desde el plano de la realidad fenoménica. En nuestros días, sin embargo, lo virtual extiende ante el hombre una nueva realidad que establece conexiones pero también divergencias con la hasta ahora realidad secular, por mucho que ésta estuviera repleta de mundos otros, esos que Nietzsche descubría en los transmundanos como adormidera frente a la verdadera realidad existencial. En cierto modo, lo virtual también está siendo utilizado como un opio con el que maquillar la soledad desde amistades cibernéticas en chats o con la creación propia de un mundo alternativo a través de la escritura diarística en blogs de pretensión pública. Pero lo virtual es ahora una certidumbre propia de lo real en todos esos ámbitos como en los tan reales económicos, políticos, culturales o educativos, por citar algunos ámbitos de nuestra realidad. Ahora bien, el hecho de que el proceso de virtualización sea creciente rebasa su planteamiento meramente técnico en cuanto cuestión informática, obligándonos a reflexionar sobre este movimiento contemporáneo. Así, sea cual sea el significado de la virtualización de textos literarios de entrada debe quedar claro que su atribución virtual no resta realidad a su naturaleza. La huida de la realidad, entonces, no cabría buscarla en estas nuevas comunicaciones, porque su renuncia descansa en inveteradas prácticas sociales que sustraen al individuo de su presente.
Pièrre Lévy en su ¿Qué es lo virtual? mantiene una visión no catastrofista del desarrollo virtual a pesar de sus posibles aspectos problemáticos, peligrosos y hasta sombríos. Resulta curioso que para ello esgrime un aserto entre antropológico y ético: encuentra en el proceso virtual una continuidad de la hominización (Lévy, 1995: 13). Tal concepto vendría a ser algo parecido a lo que se conoce en el ámbito de la ética como proceso de humanización, aquello que dirige al hombre hacia su plenitud. Pero ¿realmente es lo virtual un desarrollo del hombre hacia la excelsitud? Hay algo que es necesario afirma de entrada, la virtualización no debería convertirse en un fin en sí mismo, sino en un medio hacia esa plenitud del hombre, un medio que le ofrezca una herramienta más con la que dominar el mundo y hacer más excelsa su existencia. De este modo lo virtual no posee primordialmente un valor estético, económico, político, o ético, sino sobre todo pragmático, ya que su valoración vendría a estar enjuiciada a partir de su uso enriquecedor para el hombre. En otro sentido parece claro que este valor pragmático de lo virtual puede y debe estar también valorado desde esos ámbitos antes enumerados, del mismo modo que por ejemplo la estetización de la vida ha rebasado el espacio del arte para extenderse a la publicidad, al diseño, etc. Desde este punto de vista lo virtual trasciende su caracterización opuesta a la realidad porque no es esa su verdadera naturaleza. Ésta de ser definida ha de cifrar su potencia en la creación, como sucede en la misma realidad cuando el sujeto descubre la contingencia y afirma su existencia desde la voluntad de crear él mismo su significado. Sólo en este caso lo virtual puede ser valorado positivamente. De ahí que en la medida que lo virtual es presentado como una actividad potenciadora de la afirmación humana se podría sostener también las siguientes líneas de Levy: "lo virtual, en un sentido estricto, tiene poca afinidad con lo falso, lo ilusorio o lo imaginario. Lo virtual no es, en modo alguno, lo opuesto a lo real, sino una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizontes, cava pozos llenos de sentido bajo la superficialidad de la presencia física inmediata" (Lévy, 1995: 14).
La ontología del creciente proceso de virtualización descentra y reconfigura a la vez que cuestiona la naturaleza de la nueva realidad, consiguiendo que el tiempo y el espacio desocupen el lugar de la seguridad fijada secularmente. La literatura virtual, en este ámbito de cosas, genera en su recepción una pragmática abierta liberada de la posesión. Por esto la libertad lectora que promueve la digitalización de textos otorga al lector un mayor peso en el esquema de comunicación literaria. El espacio y sus exigencias territoriales ceden su importancia en favor del interés sobre el objeto. Así, no me interesa tanto cuál es la procedencia de una página web de tema literario como el hecho de que ésta coincida con mi gusto o mi provecho. Y bien mirado, esta nueva relación adquiere acaso una mayor realidad comunicativa porque la profundidad de atención que genera el placer intelectual une al receptor con un vínculo más intenso y sagaz que el producido por otra relación ajena de la afinidad. Por otra parte, también hay que tener en cuenta la movilidad espacial y temporal que Internet propicia siendo accesible desde cualquier parte del mundo y a cualquier hora.
La aparición del hipertexto es sin duda un hecho que tendrá repercusiones en la transmisión literaria. Pero desde nuestros días todavía no nos es dado conocer cuál será su alcance, aunque sí que es nuestro deber reflexionar acerca de sus características formales así como de las posibles transformaciones. La pragmática de la literatura hipertextual produce una libertad comunicativa que nivela al receptor con el emisor en su aparente capacidad de libre elección y movilidad. No hay que olvidar el hecho de que la visita de una página web siempre estará guiada por la presencia autorial de los enlaces marcados. Sin embargo, tal aparente libertad no resta importancia al progreso de movilidad en el cuerpo del texto que la lectura de un hipertexto convoca. Para Lévy esta comunicación se acerca al diálogo o a la conversación por los siguientes motivos: "pertinencia en función del momento, lectores y lugares virtuales; brevedad gracias a la posibilidad de apuntar inmediatamente las referencias; eficiente, pues darle un servicio al lector (y especialmente ayudarle a navegar) es el mejor medio para diferenciarse bajo el diluvio informacional" (Lévy, 1995: 38).
Al igual que ciertos libros que ofrecen la posibilidad al lector de dirigir su propio recorrido a lo largo de la narración, el hipertexto literario permite una actualización lectora diversa, desde un recorrido exhaustivo por todos los posibles itinerarios hasta un somero vistazo apenas entrevisto. En este caso, la interacción que supone el soporte digital habilita al lector de una respuesta mayor que otros medios de comunicación masiva cuyo seguimiento adolece de un alcance interactivo comparable (Jiménez, 2006a). Las posibilidades de actualización lectora que un sitio web con una disposición retórica persuasiva proponen al lector convergen en el objetivo de conseguir una experiencia estético-literaria plena en un soporte novedoso. Y esa misma plétora potencial supone para el receptor de una comunicación literaria un motivo de persistencia en la visita y en la lectura de la página web. De ahí que una continua puesta al día y renovación del sitio siempre sean valoradas como positivas en su recepción comunicativa. El hipertexto literario permite la construcción personal por parte del lector de un texto que modifica según sea su recorrido a través del sitio web y sus enlaces.
Es cierto que la fijación del texto por parte del autor literario, si pensamos en el caso de la digitalización de textos previamente editados en formato libro, se trata de un asunto cerrado. Sin embargo, esa misma realidad de artefacto artístico cerrado pasa en su nuevo soporte a ofrecer unas posibilidades de las que carecía antes. No menos cierto es, como se podría argumentar, que también pierde unos alcances pragmáticos importantísimos en el ámbito de la comunicación literaria en soporte libro, como por ejemplo la delectación en el papel de una buena edición. En cualquier caso, la potencialidad del texto literario digitalizado no depende tanto del texto en sí (de sus rasgos formales) como de su edición electrónica. Ésta puede complementar al texto de una serie de complementos críticos y de enlaces que la lectura tradicional no ofrecía debido a sus características materiales.
El hipertexto literario debe promover unas estrategias lectoras que valoren la materialidad estética de la comunicación literaria fundada en el signo lingüístico al tiempo que su óptima edición converja en su alabanza frente al posible vituperio causado por una mala comprensión. El color del fondo y de los caracteres, el tipo de letra y su tamaño, la presencia de dibujos o representaciones pictóricas, la ayuda de un vocabulario, así como la existencia de una serie de enlaces relativos al tema del texto, del autor y de crítica al respecto, serían algunos de los motivos que harían de por sí loable un hipertexto literario.
Como ha señalado George P. Landow, las características del hipertexto promueven su conexión con ciertas teorías posestructuralistas de mayor éxito difusivo: la relación entre autor y lector pensada por Barthes y Derrida; el concepto de intertextualidad de Kristeva se ve engrandecido por el enlazamiento electrónico; la pluralidad de voces de Bajtín encuentra en Internet no sólo eco sino una amplísima difusión; y desde un punto de vista más político la especulación sobre las redes de poder de Foucault y el «pensamiento nómada» de Deleuze y Guattari hallan en la hipertextualidad cibernética un posible modo de escapar al cedazo de la censura y el silenciamiento del poder represivo del Estado o del Capital (Landow, 1997: 17).
El soporte digital no olvida el componente retórico del proceso comunicativo, no ya sólo del mensaje sino también de la importancia persuasiva del canal y su atractiva presentación. La retórica en este caso aparece actualizada en la preparación del mensaje en sí y también en la configuración óptima del canal en el que se transmite el mensaje (Albaladejo, 2004). Este último aspecto se acerca al componente contextual de la comunicación digital ya que el soporte del texto literario debe posibilitar una experiencia estético-lectora positiva. Así, para conseguir la alabanza frente al vituperio los textos literarios en soporte virtual deben no sólo poner en práctica una retórica cotextual, sino también una retórica contextual cuya influencia persuasiva en el lector va dirigida a alcanzar un juicio estético positivo. Ahora bien, en el caso de los textos que pueden ser leídos a través de Internet surge rápidamente el problema de la definición de su naturaleza a partir de su soporte, ya que los elementos teóricos tradicionales parecen ser insuficientes para analizar una realidad que va más allá de la oralidad y de la escritura. El carácter multimedial de la nueva comunicación marca la descripción de un nuevo soporte que transforma al mismo tiempo el mensaje transmitido.
Acaso sea Internet, como ha señalado Borja Navarro (Navarro Colorado, 2003), el nuevo Ágora donde exponer ante el mundo las opiniones y las ideas aprovechando el medio de un soporte de una enorme potencialidad comunicativa. Me interesa utilizar este punto para reflexionar acerca de la posibilidad de Internet como un medio de difusión de textos culturales que, en principio, por su alta elaboración artística y por su profundidad reflexiva han sido creados y dirigidos hacia una minoría selecta capaz de comprender en su totalidad el mensaje producido por el escritor, el poeta, el filósofo, o cualquier otro tipo de escritor culto. Esta reflexión irá finalmente dirigida hacia los textos literarios que hallamos en Internet y su posible utilización en la didáctica de la literatura en educación secundaria. En este punto es necesario observar con atención cuáles fueron las ideas que pensadores como Ortega o Nietzsche tenían acerca del aristocratismo cultural y la vitalista afirmación de la diferencia (Jiménez, 2006b: 548-550). Tal distinción intelectual no ha de vincularse de entrada con la pertenencia a una determinada clase social, ya que, como decía Ortega, también en la aristocracia podemos encontrar individuos masa, aquellos "señoritos contentos de sí mismos". Sin embargo, parece evidente, que aunque el aristocratismo cultural no parte de una aristocracia social ésta tiene en su poder todos los medios necesarios para conseguir alcanzar una formación plena allí hasta donde les lleve su poder económico. Mientras que el resto de individuos ha de conformarse con las posibles ayudas para la continuación de estudios, becas o estancias de formación en el extranjero que los organismos públicos les ofrezcan en una belicosa selección sobre los coeficientes de las calificaciones, publicaciones, participaciones en congresos, etc.
Nietzsche atisbó en el último tercio del siglo XIX una tendencia cultural, tanto educativa como política, que el tiempo finalmente ha llevado a confirmar. El filósofo de Röcken, que obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura Griega en la Universidad de Basilea cuando tenía 24 años, impartió unas conferencias en dicha universidad en 1872 bajo el título Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Las cinco conferencias que reúne bajo ese título abordan diferentes temas en torno a los problemas que Nietzsche observaba en la educación alemana y otros asuntos que él intuía como problemas capitales del futuro. Algunos de estas cuestiones enfrentadas por Nietzsche son la necesidad de verdaderos guías y educadores para el joven estudiante, la entrega de la enseñanza a la industria en su renuncia de formar individuos instruyendo simplemente a los estudiantes como meras herramientas para incorporarse a la espiral productiva, o la creciente desidia formativa en el interior mismo del cuerpo de profesores, entre otros asuntos.
De todos los temas abordados por Nietzsche hay uno que me interesa invocar aquí por la conexión con la reflexión que trato de desarrollar acerca de la comunicación literaria que puede producirse en Internet y el alcance de este medio como potencial educativo. Nietzsche defendía que la educación, siempre y cuando ésta fuera verdadera, es decir, una educación rigurosa, disciplinada, profunda, no estaba al alcance de todos los individuos. Esta limitación educativa partiría según Nietzsche de dos aspectos, por un lado no todo el mundo es capaz de seguir un proceso educativo excelente debido a su alto grado de dificultad, y por otro la propagación educativa en la excelencia necesariamente habría de ser destinada a unos pocos, ya que de lo contrario ésta sería desvirtuada por su masificación.
Así las cosas, Nietzsche afirma en su conferencia: "Dos corrientes aparentemente contrapuestas, de acción igualmente perjudicial y concordantes en sus resultados, predominan en la actualidad en nuestras escuelas, que originariamente partían de bases totalmente diferentes: por un lado, la tendencia hacia la máxima extensión de la cultura, y, por otro lado, la tendencia a disminuirla y debilitarla. De acuerdo con la primera tendencia, hay que llevar la cultura a ambientes cada vez más amplios; en el sentido de la segunda, se pretende de la cultura que abandone sus supremas pretensiones de soberanía, para ponerse al servicio de otra forma de vida, es decir, a la del Estado" (Nietzsche, 2000: 24-25). Frente a estas tendencias Nietzsche señalaba como remedio necesario "la tendencia a la restricción y concentración de la cultura, como antítesis de su máxima extensión posible, y la tendencia al refuerzo y a la autosuficiencia de la cultura, como antítesis de su debilitación" (Nietzsche, 2000: 25).
La extensión de la cultura y su rebajamiento consecuente son efecto, a juicio de Nietzsche, de la necesidad por parte del Estado de individuos adiestrados para el trabajo burocrático. De este modo, el Estado dirige el fin universitario variando su objetivo educativo de alta cultura por el de adiestramiento de unos individuos como medios para el edificio estatal. En nuestros días, salvando las distancias, podríamos decir que tal hecho diverge en el punto de que es la lógica de sentido de la producción capitalista la que requiere de individuos formados para su continuo desarrollo. Así, observamos por ejemplo como el área de las Humanidades recibe poco apoyo en su financiación debido a que sus licenciados no son requeridos por la sociedad. En este sentido, los estudios olvidan su objetivo de formar a los individuos como fines en sí para observarlos como medios para el aparato productivo.
Cuando Ortega, en su primera etapa, es capaz de unir socialismo y aristocracia, piensa, muy al contrario que el filósofo de Röcken, en la necesidad de superar el gregarismo y el imperio del valor cuantitativo que el sistema capitalista impone. Así, es capaz de defender la cultura aristocrática de los mejores y su propagación social. Su propuesta, como se ve, consiste en justificar la excelencia cualitativa de la cultura aristocrática (tanto en el espacio de la creación artística como en el de la política) y su necesaria difusión al mayor número de hombres con el objetivo de educarles y auspiciar su crecimiento personal. Consecuentemente, afirma el por entonces joven Ortega: "Lo que me importa es que, gobernando o no, las opiniones más acertadas, más nobles, más justas, más bellas, adquieran el predominio que les corresponde en los corazones de los hombres. Para esto es necesario que haya tales opiniones, y para que las haya no existe otro procedimiento que suscitar, que hacer posibles hombres sabios, justos y de sentimientos delicados. La Humanidad no puede vivir sin aristócratas, sin fuertes hombres sabios, justos y de sentimientos delicados. Si pudiera vivir sin ellos, el Socialismo carecería de sentido. Porque lo grande, lo profundo del Socialismo, su misión histórica, aquello a que tiende con energía irresistible de cósmica potencia, es a la producción de aristocracias verdaderas, y si ha nacido en nuestra época débese a que en ésta se ha hecho más imposible que nunca la existencia de aristocracias" (Ortega y Gasset, 2004: 622). No obstante, esta idea propagandística fue matizada por Ortega con la evolución de su pensamiento como es fácilmente observable en obras como La rebelión de las masas o La deshumanización del arte. Sin embargo, la idea de realizar una continua pedagogía social no aminoró en su filosofía hasta su silencio público tras la Guerra Civil.
Pero dejando aparte la cuestión política y económica que todo proceso educativo convoca en la estructuración del currículo docente así como los objetivos mismos de toda tarea educativa, es necesario reflexionar acerca de la extensión de la cultura y sus posibles soportes. El proceso de propagación cultural del que Nietzsche se quejaba desde su aristocratismo cultural ha avanzado desde entonces obteniendo importantes resultados. Al tiempo que la voluntad de Ortega de difundir la creación de la cultura aristocrática al mayor número de personas alcanza con Internet su mayor expresión, si acaso convenimos en la posibilidad de descubrir en la red muestras de excelencia cultural. En nuestros días y en el ámbito occidental, el número de individuos que carecen de una instrucción básica es mucho menor al de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Parece claro que la democratización cultural auspiciada por la democratización política ha conseguido importantes beneficios para las sociedades modernas. La extensión de la educación universitaria en España es tal que los estudios de formación profesional dirigidos a la instrucción en oficios predominantemente manuales requieren de una continua publicidad para obtener la atención de aquellos jóvenes que quieren continuar sus estudios en la universidad sin vocación alguna.
En este ámbito de cosas, los medios de comunicación de masas al amplificar la recepción del mensaje propician una mayor formación a un mayor número de individuos. En este caso, el problema radicaría en la solvencia y rigor del medio comunicativo en concreto, porque como podemos observar en nuestro contexto cercano lo que prima es la banalización de la información, su gregarismo y su defensa sectaria, cuando no la mera bazofia de la industria del ocio con sus productos adormidera (Jiménez, 2006a). Por todo ello, ¿en qué medida Internet viene a difundir la literatura? ¿qué clase de literatura difunde? ¿su difusión puede concebirse como una banalización del texto literario? Aquel peligro del que hablaba Nietzsche desde la proclamación de la diferencia aristocrático-cultural encuentra en Internet la confirmación de su mayor temor. En nuestros días Internet extiende a todos los rincones del mundo cualquier información que en su red se quiera depositar. Y sin embargo, como voy a tratar de demostrar, acaso hay motivos para la esperanza y el optimismo en cuanto al conocimiento de la literatura en Internet.
La literatura en la red puede atisbarse desde una perspectiva positiva, descubriendo en su fácil difusión un modo de conseguir nuevos lectores. Los sitios web que realmente se crean con la voluntad de conseguir lectores para sus textos cuidan al extremo su edición, porque ésta debe estar organizada siguiendo un modelo persuasivo que haga atrayente la lectura mediante el soporte electrónico.
Uno de los aspectos apenas desarrollados desde el interior de la Teoría literaria es la reflexión acerca de la enseñanza de la literatura. El espacio de especulación teórica que ha abordado en cierta medida las perspectivas pedagógicas y sus razones es fundamentalmente la teoría del Canon literario. Parece claro que en toda respuesta fundamentada a la pregunta sobre qué es la literatura resulta insoslayable el análisis mismo de los textos literarios, de manera que la contestación aborde no sólo parámetros de naturaleza teórico-especulativa sino también aspectos crítico-objetivos. Desde este punto de vista, toda selección de textos supone una toma de posición sobre qué se entiende por literario, ya que si los textos han sido elegidos en su virtud formal se defiende una literatura justificada en la función poética del lenguaje, si los textos han sido elegidos en su virtud sociológica se defiende una literatura justificada por su contexto creativo, si los textos han sido elegidos en su virtud nacional (en tanto que objetos lingüísticos altamente elaborados que representan la cultura de un Estado) se defiende un literatura justificada como símbolo de una identidad patria, etc.
Mantengo el convencimiento de que la enseñanza de literatura incardinada en una asignatura que debe compartir temario con los conocimientos de lengua ha de ser una invitación a la lectura desde la elección sugerente de textos atractivos en su forma y en su contenido para alcanzar la libre opción lectora finalmente asentada en el alumno. Es evidente que nada de esto, si ha de suceder, vendrá dado si antes desde el aula el alumno no ha sido guiado teóricamente en torno a los géneros literarios, las características socio-históricas del texto o los elementos biográficos del autor. Sin embargo, con ser estas cuestiones capitales, en el ámbito de la educación secundaria el conocimiento teórico no puede en ningún caso cubrir al texto literario, ya que en ese caso la experiencia estética producida en la lectura sería colapsada por los datos a memorizar. Toda la teoría literaria que el alumno de enseñanza secundaría debería aprender tendría que estar estructurada desde la perspectiva de la experiencia lectora, es decir, desde la constante invitación a la lectura. De ese modo la semilla habrá sido sembrada y un futuro lector podrá haber sido gestado entonces. Porque en los niveles generales de enseñanza la estéril memorización del alumno de cuestiones teóricas e histórico-literarias producirá un distanciamiento hacia la literatura y el empleo de un tiempo precioso que podría haber dedicado a la lectura. Acaso sea ese el verdadero objetivo de la materia de literatura en educación secundaria: la formación de lectores, conviniendo así con la tesis de Ángel García Galiano cuando afirma que "la enseñanza de la literatura en ámbitos no especializados, esto es, en la enseñanza general y obligatoria, sólo debe tener un fin: formar lectores: ingenieros lectores, vendedores lectores, abogados y médicos y hasta políticos lectores. Y, por supuesto, filólogos lectores" (García Galiano, 2004: 355).
Hay un punto de divergencia entre la óptima comunicación literaria y el proceso didáctico de la literatura. Se trata de la gratuidad desde la que toda verdadera experiencia estética ha de surgir. Este dictado estético que halla en la Crítica del juicio de Kant su fundamento filosófico ha sido tradicionalmente malentendido, porque por gratuidad no se entiende aquí ni banalidad ni insignificancia vital, esto es, que con ser el juicio estético un fin en sí mismo carente de utilidad más allá del placer estético su experiencia supone sin embargo un importante enriquecimiento personal. De no ser así estaríamos defendiendo un arte preciosista loado por su capacidad decorativa. En este contexto, resulta difícil compaginar el descubrimiento de la literatura desde una experiencia estética personal si el profesor de secundaria opera como un dogmático censor de obras que se han de leer y de datos que obligatoriamente se han de estudiar. Sin embargo la educación impone esa tara inevitable tan sólo justificable si el canon a leer por parte del alumno posee la calidad y la atracción suficientes capaces de inculcar en él la inquietud por la lectura. En nuestros días la docencia de la literatura puede hallar en las nuevas tecnologías un importante medio de atracción para los adolescentes. Antes de adentrarme en una experiencia de docencia literaria utilizando como herramienta Internet es necesario realizar algunas aclaraciones teóricas.
Es el caso que la lectura literaria ha sufrido una importante novedad en estos últimos años, porque las nuevas tecnologías proporcionan un soporte distinto del libro tradicional. Todavía estamos tan cerca de la novedad que no somos capaces de valorar con rigor la influencia de las nuevas tecnologías en la evolución de la literatura y en la comunicación literaria. Amelia Fernández al estudiar la lectura literaria a partir de las nuevas tecnologías, sobre todo del hipertexto en Internet, afirma que debemos variar nuestra concepción de la lectura porque ésta pasa ahora a caracterizarse por el fin receptivo del texto literario. Y así, más que hablar de nuevos lectores, debemos hablar de nuevos receptores literarios, cuya finalidad encontrará en el nuevo soporte desde la posibilidad de una simple lectura hasta la elaboración de un texto que permita una lectura propia gracias a los enlaces hipertextuales. Debemos por tanto comenzar a concebir la lectura de hipertextos valorando sus propias características y no esperando de ella lo mismo que del texto libresco tradicional. Como afirma Amelia Fernández: "El obstáculo final es esperar que nos ofrezca lo mismo que la lectura tradicional, de ahí el desencanto y de ahí la necesidad de hablar en términos de recepción y no de lectura. No se trata sólo de una precisión terminológica sino de cambiar nuestros hábitos en este punto. O, en otras palabras, debemos cambiar lo que esperamos cuando nos encontramos ante este tipo de textos, que pasa, así lo hemos aprendido, por el conocimiento y el aprendizaje de un pensamiento y de una realidad distinta a la nuestra. El término "nuevos lectores", que aparece en el título de este trabajo, es en realidad un tecnicismo lingüístico con el que se nombra a las personas que han aprendido a leer tardíamente" (Amelia Fernández, 2002).
La comunicación literaria digital propicia el hecho de que el peso de la estructura comunicativa recaiga más en la concretización lectora que en el texto literario. Este suceso ha provocado que desde ciertos ámbitos del postestructuralismo crítico las tesis de la estética de la recepción fueran corroboradas en la lectura hipertextual y en la nueva literatura interactiva. Sin embargo, a tenor de los extremismos de la estética de la recepción última ligada a las nuevas tecnologías, es necesario recordar que a pesar de la riqueza hipertextual posibilitadora de lecturas personales, el texto literario sigue conteniendo en sí un núcleo significativo insustituible. En la medida en que las nuevas tecnologías propongan textos ad hoc con los que experimentar nuevas estrategias lectoras abandonamos el ámbito del texto cerrado hacia una obra abierta, por decirlo al modo de Eco. Pero ello no varía la propiedad semántica de las obras clásicas digitalizadas, aunque éstas aparezcan complementadas con numerosos enlaces y foros de discusión. Es obligatorio recordar aquí las palabras de García Berrio advirtiéndonos acerca del extremismo en la recepción lectora: "En el caso óptimo de la lectura que asocie la fidelidad y la riqueza de respuestas, podremos llegar a considerarla como arquetípica e incluso interesante por sí misma, hasta con abstracción del texto original que le sirvió de base. Pero en ese caso extremo, estaríamos enjuiciando ya dos fenómenos u objetos diferentes. La hipótesis insensata de un acto de lectura extraordinariamente rico y creativo con total independencia de la sugerencia y los límites significativos del texto debería ser enjuiciada en todo caso, para obrar en consecuencia, como una instancia de producción independiente" (García Berrio, 1994: 283-284).
El texto literario, origen de la comunicación literaria, cede importancia en la comunicación literaria digital al soporte y a las posibilidades que éste genera novedosamente. Esta apertura hacia el contexto, no obstante, puede y debe ser estudiada desde una Poética de base textual que no olvida el acto comunicativo que es toda realización lectora. El hecho literario o el ámbito comunicativo general literario, como ha explicado Francisco Chico Rico, "es la manifestación física del proceso comunicativo que un productor, situado en un determinado contexto de producción, realiza frente a un receptor, presente en un contexto específico de interpretación, de acuerdo, por una parte, con el conjunto de mundos que configura el sistema general de referencias del que participan efectivamente todos y cada uno de los componentes presentados y, por otra, con el universo literario, o realidad general literaria, en el que se insertan históricamente dichos componentes y del que es reflejo, de una forma o de otra, el mismo texto literario" (Chico Rico, 1992: 233-234).
Así, la Teoría literaria de nuestros días ha de reflexionar sobre la nueva comunicación literaria que se produce en Internet, ya sea ésta fruto de una mera lectura de un texto digitalizado o de la creación interactiva de un texto literario. En el ámbito del currículo de la asignatura de Lengua y Literatura castellana, los estudiantes suelen comenzar las clases aprendiendo qué se entiende por literatura así como la importancia que a lo largo de la historia ha tenido la variedad de soportes mediante los que los textos literarios han sido transmitidos. Las nuevas tecnologías no son desconocidas para ningún adolescente, con ellas está más acostumbrado a convivir que con los mismos libros, y lo que es más importante, ante ellas suelen mostrarse muy interesados. En el caso de Internet podría decirse que la mayoría lo utiliza como un medio de diversión o de comunicación, ya sea para jugar en red o para mantener conversaciones en chats. Sin embargo, el uso que un adolescente hace de Internet no suele estar relacionado con sus estudios más que para copiar material o conseguir trabajos ya confeccionados a los que sólo cambian la portada consignando su nombre.
Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora en torno a la finalidad de la enseñanza de la literatura en secundaria así como del uso que de Internet hacen los adolescentes, propuse en las aulas de secundaria una experiencia de lectura literaria en el contexto del soporte digital. Si como dice Romera Castillo en su conocida Didáctica de la lengua y la literatura, la literatura es un instrumento válido en la formación del sujeto en la medida en que es un conocimiento vital al tiempo que un medio de placer estético, entonces no habría mejor manera de hacer conectar al adolescente con la literatura que utilizando el soporte que ellos mismos frecuentan con finalidad de entretenimiento (Romera Castillo, 1983: 145). De este modo, el rechazo que podría suceder al encontrarse en un medio desafecto desaparece. Con el fin de extremar aún más la experiencia lectora recordando las palabras de Nietzsche sobre la tendencia educativa de comunicar al mayor número de alumnos los conocimientos más excelsos corriendo el riesgo de su rebajamiento, establecí que experiencia receptora versaría sobre textos líricos, siendo como es la poesía el género literario de mayor complejidad y sugerencia estética y por la que los adolescentes se sienten más alejados debido a su poca frecuentación.
Una de las páginas más interesantes sobre poesía existente en Internet es A media voz. En ella tenemos acceso a textos poéticos digitalizados en un contexto hipermedial, esto es, no sólo podemos leer poemas sino que también cabe la posibilidad de acceder al formato sonoro de buena parte de ellos escuchando su recitación. Los alumnos debían visitar ese sitio web, pero para evitar la obligatoriedad lectora de la que arriba hacía referencia (aunque de raíz la gratuidad no fuera total debido a ser un ejercicio propuesto por el profesor si bien no de obligada realización) y que debe estar ausente de toda comunicación literaria verdadera no debían leer a un autor determinado, sino que ellos debían hacer la elección. Así, ellos sentirían la libertad de seleccionar el autor y el poema que quisieran. Al finalizar la lectura, sin que ésta tuviera un tiempo cerrado de antemano, debían consignar por escrito qué autor habían elegido, la razón de su elección, si habían accedido al formato sonoro, así como su opinión sobre el formato digital y el hipertexto para la comunicación literaria.
Alrededor de 120 estudiantes de secundaria de edades comprendidas entre 13 y 16 años fueron invitados a llevar a cabo la experiencia lectora. A pesar de no ser obligatoria, salvo algunas excepciones, todos realizaron la actividad. Y el resultado no fue malo. La mayor parte de los estudiantes considera que el soporte digital tiene muchos inconvenientes que todavía hacen preferible el libro tradicional. La opinión unánime coincidía con la confrontación que Amelia Fernández realizó entre el soporte libro y el digital: "El soporte del libro tradicional tiene ventajas y desventajas; movilidad, autonomía, clausura de la información y una estructura cerrada. El soporte del libro electrónico posee apertura de la información, estructura abierta e Interactividad. Una primera diferencia salta a la vista. El libro tradicional posee una autonomía de la que no dispone, hasta ahora, el libro electrónico, o al menos no tan satisfactoriamente. O, en otras palabras, un libro tradicional puede leerse sin necesidad de un aparato, sólo basta nuestra propia vista. Un libro electrónico no es autónomo, necesita de una máquina para actualizar su lectura, en la medida en la que avance la tecnología se remediará esta carencia, que sin embargo no tiene el libro tradicional" (Fernández, 2002). Sin embargo, con ser el soporte digital incómodo en cuanto a la movilidad, su mayor atractivo para los estudiantes era precisamente su libertad de movimiento en la misma realización lectora, esto es, las ventajas del hipertexto: la posibilidad de establecer un itinerario personal a través de los enlaces y de los archivos sonoros.
Muchos de ellos eligieron un autor que recordaban haber estudiado en clase, otros se dejaron influir por el consejo de los padres o de los hermanos mayores. Pero también hubo muchos que se lanzaron al descubrimiento personal de poetas desconocidos hasta entonces y cuya elección era tan arbitraria como la rareza del nombre del poeta o que su nombre coincidiera con el del poeta. Algunos apenas si leyeron dos poemas, pero otros se engancharon a la lectura hipertextual y disfrutaron de los versos de un autor recién descubierto o divagaron de poeta en poeta conociendo versos atrayentes. Rafael Alberti, Antonio Machado, Gloria Fuertes, Pedro Salinas, García Lorca, Quevedo, Góngora, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Luis Alberto de Cuenca, García Montero, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Joan Brossa, Miguel Hernández, Walt Whitman, Silvia Ocampo... fueron los poetas mayoritariamente leídos. Muchos no volverán a visitar la página web para leer algún poema, pero otros muchos, acaso los que han sentido cómo el sentido de la literatura les iluminaba, sin ninguna duda volverán, como así me han confesado.
Es cierto, Internet extiende en su capacidad de soporte comunicativo una información ingente a un número masivo de receptores, y entre toda esa información cabe hallar páginas dedicadas a la cultura excelsa. Así, la opinión de Nietzsche sobre la extensión de la cultura al mayor número posible encuentra en las nuevas tecnologías su mayor realización. Pero hemos de quedarnos con la más optimista idea de Ortega al respecto: la alta cultura en la medida de lo posible debe tender a su extensión social con el objetivo de encumbrar al hombre en sus rasgos de excelencia cultural. La docencia de la literatura puede encontrar en la red, como acabo de exponer, un importante aliado mediante el que incentivar la lectura. A ello ayudan las particulares características del hipertexto y la libertad que su lectura convoca en la elección del itinerario así como de los complementos críticos que hallamos gracias a los enlaces. Los adolescentes pueden descubrir de ese modo no sólo que Internet puede ser utilizado para unos fines más altos que la mera pérdida de tiempo vulgar y ociosa, sino también la entrañable experiencia estética de la lectura literaria.
BIBLIOGRAFÍA
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