Conocimiento Abierto, Sociedad Libre - III Congreso ONLINE - Observatorio para la CiberSociedad
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Eje temático E. Crítica e innovación:

E-3. Internet, sociedad de la información y cibercultura

IV Congreso CiberSociedad

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Palabras clave:

internet
sociedad de la información
cibercultura
ciberespacio
sociedad del conocimiento
 

Coordinación:

Octavio Islas
Fernando Gutiérrez
Alejandro Ocampo Almazán
Arturo Caro Islas
 
 
 
PRESENTACIÓN COMUNICACIONES
FORO
 
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Preguntas y temas clave del GT:

  • ¿Cómo las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones, asociadas a Internet, estimulan el conocimiento abierto y la construcción de una sociedad libre?

  • ¿En qué medida Internet y las comunicaciones digitales han transformado el estudio de las ciencias de la comunicación?

 
 
 

Descripción del Grupo de Trabajo:

Este grupo de trabajo admite ser considerado como obligada extensión de la red de investigación en Internet, sociedad de la información y cibercultura, de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC), y del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC) .

Puedes consultar nuestro blog.

Octavio Islas y Fernando Gutiérrez, coordinadores del Proyecto Internet-Cátedra de Comunicación Estratégica y Cibercultura, son miembros activos de la Media Ecology Association (MEA).

En los años recientes, el término “Sociedad de la Información” se ha convertido en referencia habitual en los discursos político, académico y mediático contemporáneos. Políticos, periodistas, académicos e investigadores, insisten en evocar tan ambiguo concepto para designar aquellas sociedades “deseables” a las cuales se supone habrá de conducirnos la “globalización”. Para los “tecno-optimistas”, la Sociedad de la Información y el Conocimiento representa la promesa de poder transitar a una sociedad cualitativamente diferente, en la cual el acceso a la información podría contribuir a elevar la calidad de vida de las personas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) confía en la posibilidad de que la “Sociedad de la Información”introduzca una nueva ecología cultural que efectivamente contribuya a hacer del mundo una organización más habitable.

Hace poco más de cuarenta años, en La comprensión de los medios como extensiones del hombre, Marshall McLuhan, había anunciado el tránsito de la llamada “Edad Eléctrica” a la “Sociedad de la Información”. Respecto a las capacidades transformadoras inherentes en las tecnologías de información, el célebre filósofo canadiense nos había advertido: “Los efectos de la tecnología no se producen al nivel de las opiniones o de los conceptos, sino que modifican los índices sensoriales, o pautas de percepción, regularmente y sin encontrar resistencia” (McLuhan, 1977: 39). Neil Postman agregaría que el cambio tecnológico es ecológico y no aditivo (Postman, 1992).

Los tecno-apocalípticos, en cambio, denuncian que determinadas aplicaciones de las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones, contribuyen a afirmar el imperialismo cultural. De acuerdo con Armand Mattelart, “la cultura global” corresponde al sistema de dominación que con brutal violencia ha impuesto Estados Unidos en el mundo, y las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones están subordinadas a los propósitos de control y expansión de la hegemonía que ejercen las clases dominantes: “La denominada cultura global va en búsqueda de los universales o coeficientes de agrupación de audiencias más eficientes. Este discurso sobre el mercado único de imágenes se basa en la capitalización de las referencias y de los símbolos culturales universalmente reconocidos. Si se observa una convergencia cultural de los consumidores o una confluencia de actitudes y comportamientos hacia un estilo de vida global, es porque antes hubo inversiones en educación del consumidor, destiladas a lo largo de los años por los anuncios publicitarios, las películas y los programas, sobre todo los de Estados Unidos, considerados como soportes naturales de universalidad. Esta alfabetización mediática con denominador planetario ha sentado las premisas de la aldea global que, evidentemente se recuperan de M.McLuhan (…) Pero, según los partidarios de la idea de commonality, el factor más importante en la aceleración del desarrollo de un estilo de vida global único (single global lifestyle) sigue siendo la lengua inglesa, agente de homogeneización por excelencia, que se impuesto como lengua universal (Mattelart, 1999: 413-414).

Además de responsabilizar a Estados Unidos de imponer su particular visión de la cultura global, Mattelart señala a IBM como co-responsable de la expansión de la ideología de la “soft-machine” en las sociedades contemporáneas: “Fuera de los recintos gerenciales, IBM es, para sus detractores, la que convierte el progreso tecnológico en peligro para las libertades, la encarnación de la sociedad de control, la sociedad de la máquina blanda”. Al amparo de tan radical mirada, las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones desempeñan el papel de aparatos ideológicos del imperialismo y la Sociedad de la Información representaría el espectro de la sociedad de la dominación total.

Muchos de los aspectos medulares de la llamada “Sociedad de la Información y el Conocimiento”, fueron anticipados décadas atrás por agudos visionarios del cambio tecnológico, como Daniel Bell, Alvin Toffler, Marshall McLuhan, Harold Innis, Neil Postman y Walter Ong, entre otros. De acuerdo con la destacada investigadora Claudia Benassini Félix, colaboradora en el Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey y en la Cátedra de Comunicación Estratégica y Cibercultura, a Daniel Bell precisamente corresponde el mérito de haber introducido la noción de “Sociedad de la Información”, a mediados de la década de 1960:

“Según Bell, en razón misma del progreso técnico, las actividades de tratamiento de la información son inducidas a reemplazar las actividades industriales de manipulación de la materia que el siglo pasado había tomado el lugar de las actividades agrícolas. El avance de la industria se haría cuando la información sustituya (de ahí la importancia de la investigación y de su relación con las tareas de concepción de los productos) a la producción pesada. Las consecuencias generarían que el valor-saber sustituyera el valor-trabajo, y que ocurrieran profundos cambios en la composición de las clases sociales, con el incremento de una clase media asalariada y provista con un alto nivel de formación” (Benassini: 2003)

En La Tercera Ola, el destacado futurólogo Alvin Toffler, también anticipó con singular claridad el advenimiento de “la Sociedad de la Información”. De acuerdo con Toffler, hace más de 10,000 años “la Primera Ola”, impulsada por la revolución de la agricultura, introdujo trascendentales cambios en la historia. No sin enfrentar profundas dificultades, en la “Primera Ola” fue posible transformar las condiciones de vida de los primitivos cazadores y recolectores, quienes formaron sociedades de campesinos, en las cuales la productividad dependió principalmente del formidable despliegue de la fuerza humana, la fuerza animal, el sol, el viento y el agua. Resultaron beneficiados de esa gran transformación, quienes con oportunidad comprendieron que la nueva organización social estaría centrada en el campo. En la “Segunda Ola”, la revolución industrial desencadenó profundos cambios en la historia, dando lugar a una nueva civilización centrada en la industria y en la producción a gran escala. La productividad empezó a depender de la relación que el hombre estableció con las máquinas. Aquellos que no comprendieron oportunamente el significado de la racionalidad económica que imponía el desplazamiento del nuevo orden quedaron rezagados en el campo, limitados sensiblemente en sus capacidades de producción. De acuerdo con Alvin Toffler, en la agonía de la “Segunda Ola” irrumpieron nuevas tecnosferas, sociosferas, infosferas y energosferas. La Tercera Ola –afirmó Toffler-, introducirá un nuevo tipo de sociedad, la cual descansaría en la información, el conocimiento y la creatividad. En las sociedades de la Tercera Ola la productividad dependerá del desarrollo de nuevas tecnologías, las cuales permitirían al hombre “hacer menos y pensar más”.

De acuerdo con Alvin Toffler, la “desmasificación” representa la principal característica de los medios de comunicación de la “Tercera Ola”. Internet puede ser considerado como el medio de comunicación “nativo” de la “Tercera Ola”, pues además de ser un medio eminentemente “desmasificador”, susceptible de proporcionar servicios personalizados, respondiendo a las exigencias de cada usuario, también produce y reproduce entornos inteligentes.

A diferencia de Daniel Bell o de Alvin Toffler, cuyas tesis efectivamente anticiparon los acontecimientos que perfilarían el tránsito hacia la llamada Sociedad de la Información y el Conocimiento, el sociólogo Manuel Castells confeccionó su interpretación de la “Sociedad Red” a partir de las evidencias sobre las cuales habían venido trabajando desde muchos años atrás algunos de los más destacados investigadores de la llamada Escuela de Toronto. De acuerdo con Claudia Benassini Félix, el concepto “Sociedad de la Información”, por lo menos ha atravesado por tres etapas reflexivas:

“El primero: los intentos por caracterizar este nuevo panorama partiendo de nociones previas procedentes de diversas disciplinas, entre las que la sociología y la economía tuvieron un lugar protagónico. Prevalecen, sin embargo, dos posiciones antagónicas entre las que media un continuum de alternativas producto de las diferencias generadas por la propia Sociedad de la Información, tanto entre contextos socioculturales como entre las experiencias individuales y grupales. La primera que no necesariamente supone la cerrazón, reflexiona desde diversas disciplinas sobre las implicaciones del nuevo panorama, particularmente sobre las nuevas maneras de relación con los otros -en tanto alteridades-, así como en la inevitable brecha digital. La segunda, optimista, se centra en las bondades de las nuevas posibilidades comunicativas y en las que están por venir, aunque identificando parte de los obstáculos.

En los orígenes de la discusión estaban procesos que se percibían como distintos y que, en consecuencia, era necesario reconocer y asumir una posición, no necesariamente en los extremos, sino entre los mismos. Y fue a partir de las experiencias individuales y grupales, de los diversos contextos socioculturales y de las diversas perspectivas para comprenderla que la Sociedad de la Información fue cobrando forma, en tanto noción que subsume una diversidad de fenómenos e implicaciones, tanto en los ámbitos antes mencionados como en la educación, el entretenimiento y las diversas posibilidades abiertas por la nueva comunicación, entre otros.

En un segundo momento -que necesariamente se traslapa con el primero, en tanto construcción de la noción-, la evolución de las comunicaciones producto de la Sociedad de la Información se caracteriza, en un extremo, por un optimismo casi desbordante. Las comunicaciones mediadas por la computadora han abierto infinidad de perspectivas a los usuarios. Los recorridos hipertextuales a través de Internet, aunados a la creciente construcción de sitios propios con diversas finalidades han propiciado nuevas formas de comunicación y de interactividad. El empleo de este nuevo medio de comunicación se ha hecho extensivo a buena parte de variadas actividades cotidianas. El correo electrónico se ha popularizado, lo mismo que la disponibilidad de un equipo de cómputo, ya sea personal o en cibercafés. Pero en el otro extremo subsisten no sólo las diferencias marcadas tanto por la brecha digital como por otros fenómenos, en cuyo origen no sólo está la lucha por el poder, sino contradicciones axiológicas que confunden las perspectivas. Dificultades para navegar, plagio, virus, hackers y otros problemas realmente ponen en duda las posibilidades de una comunicación horizontal.

Como puede observarse, hasta aquí el recurso retórico utilizado para describir los dos momentos por los que atraviesa la Sociedad de la Información ha sido la bipolaridad. Ciertamente, al menos una parte de las discusiones se ha organizado de la misma forma. Sin embargo, el riesgo es caer en una percepción equivocada sobre la Sociedad de la Información, particularmente desde el nuevo panorama de las comunicaciones. No es todo lo homogénea que hasta aquí se ha planteado. De aquí el tercer momento para su caracterización en tanto noción.

El tercer momento, que también de manera necesaria se traslapa con el primero y el segundo, supone abandonar la percepción homogénea y abstracta de la Sociedad de la Información, para volver la mirada hacia sus habitantes, en tanto público de un nuevo medio de comunicación. Supone, en consecuencia, retomar la investigación tal como Bell lo había propuesto en su primera caracterización. Tal como sucedió con los medios tradicionales de comunicación, pareciera que los usuarios de los nuevos medios los han aceptado sin gestos y, lo más importante, sin un proceso de adaptación -domesticación, en términos de Roger Silverstone. Este proceso debiera conducir a la toma de conciencia de que la Sociedad de la Información está conformada por comunidades de sentido, justamente producto de las comunicaciones mediadas por computadora. Comunidades de sentido que generan nexos de pertenencia y cierto tipo de rituales de acercamiento al otro, más allá del puro encuentro virtual y en torno a los intereses comunes tan diversos como su constitución.

Adicionalmente, tal como Bell visualizó a la Sociedad de la Información no pasaba de ser una utopía. Como otros pensadores que predijeron un nuevo estado de cosas, el sociólogo norteamericano no vislumbró la complejidad de lo que estaba prefigurando. El libre acceso a la información y la comunicación horizontal constituyen tan sólo dos ejemplos para la constatación de esa utopía que, paradójicamente, ilustran la posibilidad de que las comunidades de la información constituyan una forma más viable de acercarse a un fenómeno hasta ahora visto por muchos como si fuese homogéneo. Algo más sencillo que explicar la heterogeneidad dentro de la uniformidad” (Benassini: 2003).

En nuestros días, el término “Sociedad de la Información” ha perdido su encanto. A ello contribuyen los decepcionantes resultados que arrojó la primera parte de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, en Ginebra, Suiza, en diciembre de 2003. Las naciones del mundo desarrollado de ninguna manera parecen dispuestas a contribuir a reducir la brecha digital. En Japón, por ejemplo, las principales compañías de electrónica avanzada y telecomunicaciones desprecian el término “Sociedad de la Información”, y en cambio ubican como escenario deseable el de la “Sociedad de la Ubicuidad”, al cual aspiran acceder en el año 2010.

1 La “Sociedad de la Información, fase superior de la aldea global mcluhaniana

En 1964, hace ya poco más de cuarenta años, la editorial McGraw-Hill Book Co., publicó la primera edición de Understanding Media: The extensions of man (La comprensión de los medios como extensiones del hombre), tercer libro de Marshall McLuhan. En 1969, Editorial Diana imprimió la primera edición en castellano, y en 2003 la editorial Ginko Press sacó a la venta la “versión crítica” del libro más importante de Marshall McLuhan, aunque no precisamente su best seller, el cual ha sido traducido a 20 idiomas. Herbert Marshall McLuhan nació el 21 de julio de 1911, en Edmonton, Alberta, Canadá. En la Universidad de Manitota estudió la licenciatura en Letras y la maestría en Artes. A los 31 años de edad se doctoró en la Universidad de Cambridge. En su tesis doctoral analizó la obra del dramaturgo inglés Thomas Nashe. McLuhan se desempeñó como catedrático de las siguientes universidades: University of Wisconsin at Madison, University of St. Louis, Assumption College, St. Michael’s College, University of Toronto (Canadá).

La primera edición de La comprensión de los medios como extensiones del hombre, dio amplia y positiva notoriedad a Marshall McLuhan, particularmente en Estados Unidos y Canadá. En cambio en América Latina, no pocos académicos e investigadores de las ciencias de la comunicación menospreciaron las tesis de McLuhan, quien fue considerado pensador “funcionalista y pragmático”. En México, por ejemplo, uno de los primeros cuestionamientos a las tesis de McLuhan corrió a cargo de Carlos Monsiváis, quien en Días de Guardar –su primer libro, cuya primera edición fue publicada en diciembre de 1970-, incluyó el texto “México a través de McLuhan. Proyecto de guión radiofónico a manera de sketch, homenaje al espíritu didáctico de la carpa”. Monsiváis inició así el referido texto:

“Marshall McLuhan. Síntesis tan breve como falsa como inevitable como rudimentaria: Marshall McLuhan, profesor y pensador canadiense. Sus teorías, acerbamente originales, sospechosamente aplicables a cuanto cabe entre cielo y tierra, se han difundido a través de un medio para él obsoleto: la imprenta. Sus libros básicos: (The Mechanical Bride, The Gutenberg Galaxy, Understanding Media, The Médium is the Message, War and Peace in the Global Village, Verbo Voco Visual Explorations) lo han situado bajo la peligrosa luz cotidiana de los mass media. Profeta de la era electrónica, se ha visto homologado con Einstein, descendido a farsante, ascendido a genio, rebajado a simulador”. (Monsiváis. 1988: 364):

En cambio, a contracorriente de las rígidas tendencias que orientaban el estudio y la investigación de las ciencias de la comunicación en México, en la década de 1970, donde el radicalismo althusseriano admitía un lugar privilegiado, el destacado publicista Eulalio Ferrer Rodríguez, y el reconocido investigador de la comunicación organizacional, Carlos Fernández Collado, advirtieron con singular claridad la importancia que con el paso de los años llegarían a adquirir las tesis de McLuhan en el desarrollo de las Ciencias de la Comunicación. Mientras no pocos académicos e investigadores mexicanos descalificaban las tesis de McLuhan por razones fundamentalmente ideológicas, don Eulalio Ferrer inclusive publicó algunos ensayos de McLuhan en la indispensable colección Cuadernos de Comunicación.

En América Latina, además de rendir culto a los radicales pronunciamientos de Louis Althusser, la academia de comunicación concedió una importancia definitivamente desmedida a la llamada “teoría de las mediaciones”, la cual definitivamente resulta muy limitada para emprender la investigación de las acciones comunicativas en el imaginario del ciberespacio. En el imaginario conceptual de las Ciencias de la Comunicación, es indispensable emprender la construcción de una “teoría de las interfases”, y el punto de partida naturalmente es McLuhan.

El repertorio de temas asociados a Internet, cibercultura, comunicaciones digitales, Sociedad de la Información en los cuales han incursionado investigadores de la “Media Ecology”, partiendo de McLuhan, es tan interesante como extenso. Gary Gumpert (Queens College) y Susan Drucker (Hofstra University) estudian el fenómeno del desplazamiento de energía desde la locomoción al ciberespacio; John Phelan (Fordham University) ha centrado su atención en las interfases; James Beniger (University of California at Annenberg) ha emprendido el análisis de la economía política del ciberespacio; Neil Kleinman (University of Baltimore) se ha dedicado a estudiar el futuro de los derechos de propiedad intelectual en la Red; Herbert Zettl (San Francisco State University), y Jay David Bolter (Georgia Institute of Technology) han centrado su atención en la realidad virtual; Mark Giese (The Pennsylvania State University at Hazelton) se ha dedicado a documentar el desarrollo de la Red, desde sus inicios como ARPAnet; Ronald Jacobson (Fordham University) estudia la reconfiguración del sentido de lo público y el acceso a la información a través de Internet; Joseph Barret (The Wall Street Journal) aspectos financieros de la economía digital; Terri Toles Patkin (Eastern Connecticut State University) posibilidades del ciberespacio como escenario de la ecología de la comunicación educativa; Michael Beaubien (editor de Enciclopedy of Molecular Biology and Biomedicine) la conformación de etnias y organización de grupos humanos en la Red; Sue Barnes (Marymount Manhattan College) temas de ecología y psicología de los cibernautas; Margaret Cassidy (New York University) la fenomenología de la construcción de las “experiencias” en el ciberespacio; Stuart Moulthrop (University of Baltimore) la configuración del tiempo en Internet; Stephanie Gibson (University of Baltimore) las posibilidades pedagógicas del ciberespacio; Paul Lippert (East Stroudsburg University) la representación cinemática del ciberespacio; Judith Yaross Lee (Ohio University) semiótica de los lenguajes y códigos de las herramientas de comunicaciones de Internet; Philip Thompsen (William Jewell College) modelos de influencia social en la Red; Richard Cutler (Fordham University) tecnologías y desarrollo de relaciones humanas; Mark Lipton (New York University) cibersexo e identidad; Lance Strate (Fordham University) cibertiempo. Derrick de Kerchove, director del Programa McLuhan de Cultura y Tecnología, y profesor del Departamento de Francés de la Universidad de Toronto, Canadá, es autor de por lo menos tres libros dedicados a emprender el estudio de fenómenos ciberculturales a través de las tesis de McLuhan.

McLuhan hoy representa una obligada referencia en el estudio de las comunicaciones digitales, en el desarrollo de la “teoría de las interfases”, en el estudio mismo de Internet –“el medio de comunicación inteligente”-, y por supuesto, en la perspectiva posible de la llamada “Sociedad de la Información”. Míticos desarrolladores de la Red y una nueva generación de investigadores de las comunicaciones digitales hoy reconocen las tesis de McLuhan como obligado referente teórico-conceptual en su trabajo intelectual. Miembros de las llamadas “comunidades sensibles de Internet” también reconocen a Marshall McLuhan como uno de los principales visionarios de la Red, y distinguen a La comprensión de los medios como extensiones del hombre como obra clásica y de obligado culto. Alan Kay, por ejemplo –cuyo talento resultó definitivo para el desarrollo de Apple Computers, y que concibió las computadoras laptop y es considerado supremo arquitecto del lenguaje de programación Smalltalk, desarrollado por miembros del Grupo de Investigación del Aprendizaje (GIA), en el Centro de Investigación de Xerox, en Palo Alto, California, a comienzos de 1970-, afirmó que gracias a la influencia de McLuhan, y particularmente a través de la lectura de La comprensión de los medios como extensiones del hombre, fue capaz de comprender a las computadoras como medios (Johnson: 50). De acuerdo con el destacado investigador estadounidense Steven Johnson, en La comprensión de los medios como extensiones del hombre, es posible ubicar “radicales pronunciamientos” sobre el advenimiento de la era digital. Por ejemplo, en uno de los primeros párrafos del libro, McLuhan afirma:

“Después de tres mil años de explosión por medio de técnicas fragmentarias y mecánicas, el mundo de Occidente entra en implosión. Durante las eras mecánicas prolongamos nuestros cuerpos en el espacio. Hoy en día, después de más de un siglo de técnica eléctrica, hemos prolongado nuestro propio sistema nervioso central en un alcance total, aboliendo tanto el espacio como el tiempo en cuanto se refiere a nuestro planeta. Estamos acercándonos rápidamente a la fase final de las prolongaciones del hombre, o sea la simulación técnica de la conciencia cuando el desarrollo creador del conocimiento se extienda colectiva y conjuntamente al total de la sociedad humana, del mismo modo en que ya hemos ampliado y prolongado nuestros sentidos y nuestros nervios valiéndonos de los distintos medios” (McLuhan, 1977:26-27).

Efectivamente es posible entender los medios de comunicación como prolongaciones del hombre. Las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones nos introducen en la sucesiva conformación de ambientes culturales. Cada nuevo medio de comunicación transforma la forma cómo creamos y nos comunicamos, modificando además al sistema de medios de comunicación en el ambiente cultural vigente (proceso de re-mediación). La mediamorfosis es posible porque el contenido de todo medio de comunicación es otro medio de comunicación.

El telégrafo fue el primer medio de comunicación que alteró nuestra perspectiva de tiempos, espacios y movimientos de la información: “No fue sino hasta el advenimiento del telégrafo que los mensajes pudieron viajar más aprisa que un mensajero” (McLuhan, 1997: 121). McLuhan consideraba al telégrafo como la “hormona social” que dio inicio a la velocidad instantánea en el movimiento de la información. Los paralelismos que es posible advertir entre la introducción del telégrafo y el advenimiento de Internet, resultan sorprendentes. De acuerdo con McLuhan, el telégrafo introdujo la “era de la angustia”: “el hombre había iniciado una exteriorización o prolongación de su sistema nervioso central, que actualmente, con las emisiones vía satélite, se acerca a una prolongación de la conciencia” (McLuhan, 1997: 308).

La introducción de cada nuevo medio de comunicación y sus efectos sobre la velocidad con la cual es desplazada la información, efectivamente alteran nuestra percepción cultural del tiempo y el espacio. El notable incremento de la velocidad con la cual circula la información admite ser considerado como uno de los rasgos distintivos de Internet, y representa una de las premisas fundamentales de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, y también, por supuesto, de la llamada “Sociedad de la Ubicuidad”. En el libro Negocios a la velocidad del pensamiento. Utilizando un sistema nervioso digital, Bill Gates afirmó que Internet implantaría un “sistema nervioso digital” en las organizaciones, y que la velocidad sería considerada como “paradigma fundamental” del nuevo milenio.

La velocidad y el cambio efectivamente parecen ser inherentes al desarrollo mismo de Internet. La capacidad de transformación de Internet desborda nuestra imaginación. Cada año son introducidas nuevas aplicaciones, los horizontes de la convergencia tecnológica se extienden, y atractivas oportunidades de negocio se desprenden de la formidable evolución de Internet. El Internet de banda ancha representa una auténtica remediación de Internet que multiplica sus posibilidades, permitiendo tener acceso a servicios y aplicaciones a velocidades considerablemente más rápidas que las alcanzadas a través de módems convencionales. En los próximos años, el acceso a Internet de banda facilitará la incorporación del video a las aplicaciones existentes, por ejemplo: conferencias, mensajería y juegos, además de estimular el desarrollo de contenidos en video creados por los usuarios. El acceso a Internet de banda ancha podrá anticipar la introducción de la Web TV comunitaria. Por lo anterior algunos especialistas afirman que la masificación del acceso a Internet de banda ancha estimulará significativamente el desarrollo del comercio electrónico y la e-economía.

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