IV Congrés de la CiberSocietat 2009. Crisi analògica, futur digital

Grup de treball F-62: Digitalidad: comunicación retórica y comunicación literaria frente a la crisis analógica

Digitalidad intertextual. Análisis retórico del discurso de Severn Suzuki ante la ONU (Río de Janeiro, 3 de junio de 1992): La niña que hizo callar al mundo durante seis minutos

Ponent/s


Resum

Esta comunicación ofrece una reflexión sobre las especiales características de la textualidad digital desde una perspectiva intertextual. Observa algunas de las cualidades de los textos adaptados al canal tecnológico y de las consecuencias posibles para la calidad persuasiva del discurso. Como ejemplo se ofrece un análisis del discurso que Severn Suzuki pronunció ante la ONU el tres de junio de 1992 y de su presencia actual en Internet.

Contingut de la comunicació

1. La construcción de un espacio y la configuración del texto

La irrupción de las nuevas tecnologías nos ha entregado un panorama profundamente cambiante que no sólo afecta al medio en sí sino a nuestra vida diaria y a nuestra forma de actuar en sociedad. La rapidez del correo electrónico, la instantaneidad de la comunicación en red, la velocidad y facilidad para la documentación son algunas de las constantes que no sólo residen en el medio en sí, sino que se trasladan a la vida diaria.

Hasta ahora y en una historia igualmente veloz se distinguen varios hitos en la implantación de la comunicación digital. En estas calas teóricas no sólo se ha autorizado un sistema sino que también, y sobre todo, se ha procurado dotar de fiabilidad y de importancia a la red. Porque si bien es cierto que Internet se ha convertido en una herramienta de trabajo indispensable y en un verdadero universo de propuestas, en la misma medida se ha aislado frente a lo que entendemos por mundo real. De hecho el contraste entre mundo real y mundo virtual informa ya de una primera quiebra que no responde ni mucho menos a la experiencia.

Los pasos que se han ido dando en la investigación sobre la comunicación en la red han cubierto etapas que van desde el saludo inicial a una nueva forma de organizar la comunicación y la realidad a través de la llamada lógica del enlace, la asunción de nuevas definiciones teóricas que incorporaron los avances tecnológicos y las reflexiones sobre la difícil adaptación desde presupuestos receptores a una forma renovada de procesar la información. Todo ello ha desembocado en una verdadera creación argumentativa del ciberespacio o en una forma de legitimar lo publicado en Internet subrayando ante todo el lugar como último garante de la fiabilidad del sistema. En definitiva hemos realizado un viaje desde el desván de Xanadú a la Blogosfera. (FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2004b).

Esta construcción casi claustrofóbica aísla el espacio y a sus habitantes en una verdadera pantalla que construye sus propias dinámicas, establece sinergias renovadas y crea sus propios mitos en los que la única guía es el motor de búsqueda y la lógica del hiperenlace y la organización – aleatoria o no – provista por el hipertexto - finalmente hipermedia -. Sin embargo a pesar de la indudable consistencia de la red, lo cierto es que la entrada en el mundo real sigue siendo difícil. De hecho la red salta a los medios de comunicación como un lugar en el que ocurren terribles sucesos. Siendo así, como es, lo cierto es que en estos años en que la tecnología ha avanzado de forma tan fulminante, la recepción y aclimatación a esa tecnología y al mundo que ha creado sigue siendo todavía muy lenta y en el fondo temerosa. Para la sociedad, para el gran público, para las autoridades incluso con sus campañas informativas, Internet es un lugar extraño y ajeno, que parece autorregularse por sí solo.

A pesar de que la red nos entrega un espacio tan amplio la insistencia en el espacio, como espacio aislado, nos aísla a la vez en su comprensión, y aísla también lo que en la red ocurre. Creo que las coordenadas espacio –tiempo quedan extrañamente inmovilizadas y esto depende de las cualidades del propio canal tecnológico. Es una de las características, en mi opinión, del término “digitalidad” – propuesto por Tomás Albaladejo  - que puede tener un alto rendimiento explicativo a la hora de analizar los profundos rasgos que caracterizan a la comunicación digital en comparación con lo que podemos llamar comunicación analógica, siendo como es cierto que términos como “digital” y “analógico” son en el fondo rasgos procedentes de la tecnología.

De hecho bajo el amplio rótulo de “analógico” se incorpora, de manera abusiva, toda la comunicación anterior a la provista tecnología digital cuando en realidad hay ejemplos anteriores, ya previstos por el ser humano, que poseen ahora la entidad que les ofrece la tecnología. Una nota a pie de página no deja ser un hipertexto, una imagen con sonido o un libro ilustrado son tanto como un hipermedia. Lo que antes estaba previsto por la comunicación tradicional está ahora intensificado y favorecido por la tecnología digital.

Desde un punto de vista sencillamente teórico en mi opinión es mucho más interesante hablar de “digitalidad” como cualidad de la comunicación en red. Hablar de rasgos definidores permite ilustrar trasvases de un lenguaje a otro, en un equilibrio intertextual en el que prevalece ante todo la etimología de la palabra “texto” o tejido en el que se entremezclan cualidades propias de diferentes lenguajes potenciadas de manera absoluta por los cambios tecnológicos. Lo que entendemos por una comunicación a través de medios tradicionales puede ofrecerse en red, pero no tiene por qué tener ese rasgo de digitalidad. Pensemos en el volcado de un libro en Internet, en este caso no podemos hablar de “digitalidad” como cualidad del texto sino del canal a través del que se publica. De hecho el receptor puede imprimirlo y leerlo como un libro tradicional, o puede elegir leerlo en pantalla, sabiendo de las dificultades que eso entraña dado que somos lectores que hemos aprendido a leer en libros y no en pantallas. (FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2002).

La cualidad de lo “digital” – como característica predominante - vendrá dada, en todo caso, por circunstancias externas, como la posibilidad de interactuar más fácilmente con el autor, o de volcar comentarios sobre lo publicado, algo que no es nuevo sino que está intensificado por la tecnología y que provoca nuevos fenómenos y sinergias desconocidas. Si antes se escribía una carta a la editorial, ahora se puede hacer ese mismo comentario en tiempo real y puede ser contemplado por otros lectores. Son las circunstancias externas las que modifican la recepción pero el texto – el tejido - sigue siendo el mismo incluso si se somete a un tratamiento informático que resalte por ejemplo las concordancias. Es el tratamiento en sí lo que es informático pero no tanto la fuerza interior que articula el texto. La literatura digital sin embargo explora con mayor o menor fuerza las posibilidades que el medio ofrece. Aquí sin duda podemos hablar de digitalidad como condición inherente al texto.

Con todo y con esto la digitalidad como cualidad propia de la comunicación en red viene explicada como no podía ser de otra forma por el condicionamiento tecnológico tanto para el autor como para el receptor y en definitiva para el espacio que aloja a ambos. La adaptación de la comunicación que se requiere eficaz se funda no sólo en el conocimiento del receptor sino en la adaptación al canal tecnológico y esto es algo que advirtió tempranamente la Retórica clásica como condición absoluta de la efectividad persuasiva (ALBALADEJO 2001). Y no se trata en este caso de espacios tradicionales como los que puede proveer un libro o los medios de comunicación, sino de un espacio que se define como tal, que se articula como tal y que incluso se defiende como tal. El condicionamiento espacial es mucho más poderoso que “al otro lado del espejo” o de la pantalla. Y esto es así porque implica un orden, o el orden deviene en espacio, y el único garante o guía en ese espacio amplio es un motor de búsqueda de manera que no sabemos si estamos ante Internet o ante poderosos buscadores como Google guiados sobre todo por razones empresariales totalmente legítimas. La prioridad en la distribución del conocimiento, y en último término de su jerarquía, son cuestiones ya fundamentales en el acceso a la red y desde luego, y diez años después, puede confirmarse que estamos ante una reordenación del conocimiento (SUSSMAN, 1999) que va cumpliendo sus pasos.

La inmovilización del espacio no lo es tanto por una falta de dinamismo - decir que la red es estática puede parecer absurdo - lo cierto es que la amplitud marca un extraño estatismo que llega incluso a las creaciones digitales. El estatismo se debe en gran medida a las dificultades para actualizar la información, a no ser que trate de la actualidad informativa. Me refiero al estatismo que provoca una información que se repite una y otra vez, de manera insistente, sin que el buscador pueda establecer una jerarquía en la medida en que lo que repite no es la actualización de una página sino la jerarquía establecida por el motor de búsqueda.  

Si intentamos localizar una noticia, la respuesta será inmediata, pero si lo que deseamos es documentación sobre una cuestión determinada, nos será difícil hallar por la propia disposición del espacio. Hallaremos las veces en que se repite la información casi siempre precedida, en el caso de Google, por la entrada en Wikipedia. Tiempo y espacio quedan en cierto modo anulados en los textos y la búsqueda y recepción de esos textos con el condicionante profundo de que se accede a un espacio que se considera o no acotado o infinito. En términos de comunicación retórica la digitalidad informa no sólo de un cambio en el procesamiento del discurso sino en el de su recepción no de forma distinta a los caminos orales, tipográficos y audiovisuales. El medio condiciona la comunicación en términos de eficacia, sea cual sea la que se busque, es la primera y más importante lección de la Retórica clásica que permanece en el tiempo y que ha sido confirmada, como no podía ser de otra manera, por la búsqueda de una comunicación eficaz.

2. Digitalidad y textualidad: análisis retórico de un discurso

Para analizar algunos de los rasgos propios de la comunicación retórica en el medio digital y para, en definitiva, observar lo que puede denominarse digitalidad del texto, propongo el análisis de un discurso que podemos considerar ya clásico. Lo pronunció una niña de doce años, Severn Cullis-Suzuki , alertando sobre los peligros que amenazaban al planeta en pleno movimiento ecologista. Wikipedia, autodenominada “la enciclopedia libre”, le dedica el siguiente artículo: http://es.wikipedia.org/wiki/Severn_Cullis-Suzuki

Es el primer enlace que no sólo orienta, sino que recibe la información que será hallada en la red. Lo que llama la atención es la forma en que esa información es destacada. Con independencia de los datos biográficos de esta activista canadiense de 28 años, lo importante es el Discurso y en el apartado de “enlaces externos” la grabación en vídeo tan impactante como el discurso en sí. La información provista por Wikipedia está actualizada en este momento con la siguiente indicación: “Última revisión del 18:24 9 sep 2009” en el apartado en el que se comparan las versiones y se informa de la elegida además del historial de revisiones, todo esto teniendo en cuenta que es una traducción del inglés al castellano.

Es otra de las condiciones de la digitalidad en su alteración del orden tradicional que requiere un autor como forma de validar un conocimiento o hacerlo creíble. En este sentido la comunicación a través del medio digital guarda muchas semejanzas con la manera de comunicarse en comunidades orales que desconocen la imprenta. No es tan importante el autor como lo que dice y a quien se lo dice. Los efectos más poderosos del proceso se centran por tanto en el mensaje en sí, en el lugar en el que figura y en la recepción resolviéndose en la instantaneidad. Si en las comunidades orales la memoria es la garante del conocimiento y “el que más sabe es el que más recuerda” (ONG, 1984), en las comunidades digitales, si podemos llamarlas así, la memoria queda fijada en la pantalla pero no queda cerrada sino abierta a una suma constante que puede ser consignada o no, revisada o no, con una inestabilidad propia de comunidades orales y en último término audiovisuales.

De hecho el enlace en castellano es un resumen demasiado apurado del original en inglés que incorpora, por ejemplo, un dato fundamental:

In 1992, at the age of 12, Cullis-Suzuki raised money with members of ECO, to attend the Earth Summit in Rio de Janeiro. Along with group members Michelle Quigg, Vanessa Suttie, and Morgan Geisler, Cullis-Suzuki presented environmental issues from a youth perspective at the summit, where she was applauded for a speech to the delegates.[3][4] The video has since become a sort of viral hit, popularly known as "The Girl Who Silenced the World for 6 Minutes". http://en.wikipedia.org/wiki/Severn_Cullis-Suzuki 

Frente a

Junto con los miembros del grupo (Michelle Quigg, Vanessa Suttie y Morgan Geisler), Cullis-Suzuki presentó en dicha conferencia, ante los representantes de la ONU, un discurso conteniendo cuestiones ambientales desde la perspectiva de los jóvenes, donde luego de su lectura por ella misma fue aplaudida. http://es.wikipedia.org/wiki/Severn_Cullis-Suzuki

La inestabilidad del lugar y de su contenido crea este tipo de desajustes que sin embargo se ven subsanados si se entiende que la información puede ser ampliada y convenientemente contrastada, si se entiende en definitiva que se trata de una herramienta y no de un contenido en sí. Sin embargo el poder de la red, su amplitud, su libertad en suma, crea una atmósfera propia que parece alimentarse dependiendo en definitiva de la actitud del receptor. Porque lo que queda a pesar del trabajo posterior y de la propia vida de Severn Suzuki es ese discurso. Un discurso que en su momento recibió ese apelativo consignado acertadamente por el original en inglés: "The Girl Who Silenced the World for 6 Minutes".

En este caso no es tan importante el discurso, siéndolo, como la grabación del discurso (http://www.youtube.com/watch?v=hrfcMlXmEZg). Y sobre todo es fundamental que podamos acceder fácilmente a esta información porque en el pasado o lo hubiéramos visto en un informativo, por ejemplo, como ilustración de una noticia, o hubiéramos tenido que buscarlo, como especialistas, en archivos a los que es muy difícil acceder. La posibilidad de tener esta grabación nos ofrece la libertad de acceder a ella. Alguien elige guardarlo en esta página, o en términos coloquiales, colgarlo en la red. El acceso a la información es decisión propia y a la vez fácil e inmediato.

Salvando las distancias lo que podemos sentir pudiera ser parecido a lo que sintieron los humanistas del siglo XVI cuando tenían ante sus ojos y en sus manos libros que antes eran tesoro de unos pocos. Y sin necesidad de remontarnos a otro tiempo lo que desde luego abre Internet y de manera sobresaliente al análisis retórico es la provisión de imágenes de manera rápida aunque se necesiten posteriores aclaraciones sobre la grabación por ejemplo o sobre una mayor cantidad de material gráfico. Aun así la imagen vinculada a las palabras nos sitúa en la perspectiva necesaria de incluir en el análisis retórico la imagen y el sonido grabados, algo imposible en la Retórica clásica.

No sabemos cómo pronunciaba Cicerón sus discursos, por ejemplo, los imaginamos en términos literarios, de la letra, o como poderosos desarrollos argumentativos pero nos cuesta imaginar cómo fueron dichos por cuanto no existía un avance tecnológico como el que supone la posibilidad de grabar y emitir imágenes con sonido. Si así hubiera sido la Retórica clásica sin duda hubiera explorado esta posibilidad de la misma manera que analizó al detalle los profundos mecanismos orales que contribuyen a la persuasión.

El discurso de Severn Suzuki aparece una y otra vez en diferentes páginas. Lo que llama la atención no es tanto el texto, martirizado por las traducciones más peregrinas, como las imágenes que lo acompañan. Probablemente editado pero sobre imágenes reales se dirige tanto a la oradora como al público evitando, eso sí, planos en los que se observan sillas vacías. La realización es puramente cinematográfica y efectista a la medida del discurso que escrito o no por Severn Suzuki desde luego es impactante. Es un fenómeno bien estudiado por la Retórica, la espontaneidad y la ingenuidad de una niña de doce años provoca como mínimo sorpresa en un espacio jerárquico y de poder en el que no se esperan estas palabras. La argumentación rompe el contexto espacial y sorprende a los espectadores que por otra parte siendo jueces posibles que deban actuar o tomar una decisión, ni actuaron ni la tomaron.

La ingenuidad de la pequeña Severn Suzuki y su discurso - salvando las distancias muy cercano al arranque emotivo del I have a dream de Martin Luther King - nos sitúan por diferentes caminos y con propósitos distintos en una retórica del pathos, de la emoción que realmente “toca” al auditorio siguiendo las reflexiones de Aristóteles en su Retórica. En este caso lo que el discurso estimula son las pasiones cercanas al temor y a la vergüenza, palabras convenientemente subrayadas por la realización televisiva subrayando en todo momento la reacción del público y demostrando en definitiva que el verdadero persuasor – tratándose de medios de comunicación – es quién decide como serán mostradas las imágenes.

Son más complejos los mecanismos en la toma de decisiones, sin duda, y en las actuaciones posibles, pero a efectos retóricos la efectividad se centra en la inocencia de creer que a pesar de todo es y debe ser posible. Se sitúa así el discurso en la esfera del género honesto, de aquel que en términos retóricos, debe aumentar su eficacia por mecanismos espectaculares – ya sea de naturaleza argumentativa o sentimental – para despertar las conciencias demasiado adormecidas por el acuerdo común, en este caso, el de cuidar y salvar al planeta. El convencimiento  existe, otra cosa distinta es que se materialice en una acción concreta. En este sentido el discurso – y la puesta en escena – de Severn Suzuki hicieron callar al mundo a juicio, en último término, de quien compuso las imágenes.

Una búsqueda somera del título arroja las interpretaciones más variadas, desde hacer callar a la ONU, hacer callar al mundo, silenciar al mundo, avergonzar al mundo… el buscador nos provee de todo el material posible sabiendo que desde sus propios estudios el internauta no pasará en su mayoría de la tercera página, es decir, de los treinta primeros resultados. Una búsqueda como “la niña que hizo callar al mundo” – en español - arroja según los datos de Google 135.000 resultados. http://www.google.es/search?sourceid=navclient&hl=es&ie=UTF-8&rlz=1T4ADBF_esES324ES325&q=la+ni%c3%b1a+que+hizo+callar+al+mundo

A pesar de la desorientación y la sensación de que nunca se podrá acceder a todo el conocimiento el motor de búsqueda de Google incluye, en buena lógica, un principio de jerarquía en la información. A pesar de todo y a pesar de esto la información, y en definitiva, la persuasión en términos de confiabilidad y de legitimidad queda mermada. La entrada en los enlaces nos descubre otro panorama propio de la digitalidad como condición incorporada por el texto en su adaptación necesaria al canal. En este caso lo que nos llega es la repetición incesante con ligeras variaciones del hecho en sí lo que provoca un verdadero “adormecimiento” de la información y en definitiva de la persuasión. Ocurrió en 1992 y sin embargo sigue en la red permanentemente, alimentado por comentarios y copias de comentarios, incluso anunciado como el vídeo más visto de Youtube, de manera que el tiempo parece haber quedado detenido, imposible no recordar La invención de Morel de Bioy Casares.

Salvando todas las distancias la extraña sensación de estatismo recuerda a la lógica interna que Roland Barthes anotó en 1960 cuando analizó el suceso, o el “hecho diverso” - fait divers, literalmente - desde el francés, cuya estructura quedaba así definida:

Es una formación total, o, más exactamente “inmanente”: contiene en sí todo su saber: no es preciso saber nada del mundo para consumir un suceso. (BARTHES, 1960)

Si Roland Barthes se refería a la inmanencia que procede de la imaginación, del aislamiento causal de los sucesos, ese mismo aislamiento parece caracterizar al nuevo medio como réplica no tanto de la imaginación sino de las condiciones del receptor en su soledad frente a la pantalla, o en el infinito de las soledades compartidas. A esta sensación de irrealidad propia de un canal que fomenta el eco y la resonancia comunicativa por su propia factura técnica se une la sensación de una irrealidad que podríamos denominar “lingüística”. Uno de los aspectos más inquietantes de Internet es la dificultad para llegar a una traducción fiable sobre todo si se tiene en cuenta la aplicación de herramientas automáticas. Si esto al menos es subsanable por el conocimiento mayoritario del inglés, se convierte en un verdadero problema en el caso de lenguas más remotas o minoritarias.

La Torre de Babel además de maldición bíblica quizá sea profecía ante las traducciones de este texto y de otros muchos, algo no sólo privativo de la red, en todo caso se halla intensificado por el canal tecnológico. Lo que entendíamos y entendemos por información en términos de riqueza y de suma, se queda lógicamente en repetición cuando hablamos del medio digital. En el caso de este discurso y de las imágenes que lo acompañan invariablemente no se resalta quién lo dijo, ni siquiera lo que dijo o para quién lo dijo, lo que se resalta es que “alguien puede hacer callar al mundo”. La inestabilidad del medio, provocada en este caso por la repetición, llega incluso a variar el tiempo o los minutos exactos que dura la intervención de Severn Suzuki en títulos que van desde los cinco minutos a los seis minutos. Podría minutarse la grabación pero lo que sigue importando no es el mensaje en sí, sino la resonancia que tiene para el receptor profundamente influido por la imagen y al mensaje que explica la interacción de los internautas; “es la niña que hizo callar al mundo”.

Hablamos en el fondo de un mito, de la omnipotencia del débil frente al poderoso o la sensación infantil – en términos freudianos – de quien se cree capaz de dominar el universo a través del juego. Este subrayado de la acción individual se convierte, si se me permite, en una verdadera metáfora del poder así sentido del internauta en su interactuación con lo que entiende que es el espacio al que accede, en su capacidad desde la soledad de la pantalla de intervenir en la comunidad mundial, siendo como es un espacio reducido en el fondo, casi perdido en el espacio; quizá se pueda hacer callar al mundo durante seis minutos pero después el mundo seguirá hablando aunque no se escuche a sí mismo. La fuerza del texto, en el sentido literal del tejido es más poderosa aún por la imagen vinculada permanentemente ya al discurso. De esta manera el canal favorece que esas palabras aisladas – ininteligibles por las traducciones demasiado literales y mecánicas  – queden en un eco sentimental y arquetípico.

Si el contexto es Internet, la página es el contexto interno, en términos lingüísticos y trasladados es el cotexto digital. La inclusión del discurso y su tratamiento informático es igualmente interesante. De entre las muchas páginas puede verse en una dedicada a la Retórica. Se llama “retoricas.com” y lleva el siguiente subtitulo “estrategias para el éxito en la comunicación” ( http://www.retoricas.com/). Con independencia del juicio que nos merezca - y no siendo éste el lugar para darlo - es desde mi punto de vista muy interesante al menos para observar los criterios, las estrategias y el tratamiento que recibe la comunicación, fragmentada en muchas posibilidades y con recursos acumulativos seguramente favorecidos por la facilidad para incorporarlos. En todo caso y como ejemplo de tratamiento digital del discurso propongo la manera en la que es ofrecido por esta página desde presupuestos comunicativos: http://www.retoricas.com/2009/08/discurso-onu-severn-cullis-suzuki-1992.html

En términos de digitalidad, como rasgo caracterizador del nuevo medio, podemos hablar de una convergencia persuasiva ni mucho menos original, bien es cierto, pero potenciada por la tecnología, sin duda. Todo el tratamiento de este discurso converge para obtener una mayor eficacia persuasiva. Desde el titular hasta la imagen convenientemente editada y llegando a lo más superficial como es la elección de los tipos de imprenta para resaltarlo. Uno de los rasgos propios de la digitalidad es la posibilidad que tiene el emisor de alterar los tipos de imprenta de la comunicación tradicional. Llama la atención la disposición del signo, su maleabilidad o la posibilidad de cambiar la disposición tipográfica, algo que es posible desde la imprenta pero que alcanza gracias a la tecnología una mayor relevancia y por supuesto una libertad absoluta. Es el usuario el que puede elegir los tipos de imprenta convertidos en opciones del programa de texto. Colores, tamaños, diseños que alteran consciente o inconscientemente el poder que otorgábamos a la letra impresa, inalterable y absoluta grabada en el papel y es tan poderoso el cambio que se refleja hasta en los umbrales del idioma.

Así, por ejemplo, en el uso se alterna el participio de “imprimir” para lo que está impreso o imprimido. La tendencia actual nos revela un cuidadoso matiz: “Impreso” queda para lo relativo a la imprenta, inamovible y dictado por quien dice cómo ha de ser “impreso”. Convertido el participio en sustantivo queda para lo que está impreso, editado, en papel, así por ejemplo “recogemos los impresos” o “sabemos que está en los impresos”. Ahora bien, “imprimido” queda en el uso para lo que sale de nuestras impresoras, para lo que escribimos decidiendo el tipo de letra, su color o su tamaño, convertidos en impresores – o “imprimidores” – del medio y consecuentemente del mensaje. La maleabilidad del signo y en definitiva de la superficie textual (LANHAM, 1989: 267) va más allá de un simple apunte característico de la “digitalidad” es también una señal de la libertad, así sentida, que afecta a “cómo” está escrito, hasta lo más profundo, la propia apariencia, en ese hilado del texto, del tejido, en ese hilado de lenguajes coincidentes que llegan hasta la factura final.

Aprendimos a leer en libros, y aprendimos tipos de imprenta. Hasta la llegada de la mecanografía existían métodos de aprendizaje de la lectura de manuscritos. Las máquinas de escribir, su uso masivo, relegaron esta verdadera habilidad al recuerdo y asociamos la lectura a lo que sale de la imprenta. Las posibilidades tecnológicas abiertas por los procesadores de texto nos sitúan en un terreno distinto hasta convertirnos en “nuevos lectores” del medio digital (FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2002). Es la condición de lo “maleable” o según la definición de la Real Academia y de lo que es dicho de un metal, que puede batirse y extenderse en planchas o láminas o dicho de un material al que se le puede dar otra forma sin romperlo y finalmente fácil de convencer o persuadir. Es la segunda definición la que puede aplicarse a la maleabilidad del signo, uno de los primeros indicadores en la teoría sobre la comunicación digital que sirvió para distinguirla de la tradicional. Ciertamente el signo – tipográfico – adquiere formas distintas sin romperse o sin romper la comunicación creando una tensión que no sólo articula el texto sino el espacio en el que se inserta.

Quién eligió en esta página subrayar los aspectos más impactantes, o importantes, del discurso lo hizo pensando en la recepción digital. Una disposición del texto, tal y como por ejemplo lo está usted leyendo ahora, responde a convenciones impresas, tipográficas. Una lectura del texto tal y como se propone en la página citada implica un proceso adaptado – con mejor o peor fortuna – al medio digital. Implica alterar, sorprender, cambiar las expectativas lectoras asociadas a la imprenta. El cansancio que se deriva de la lectura en pantalla, ajena a la disciplina ordenada por los renglones del libro, se pretende atenuar con este juego tipográfico.

Cierto es que bien mirado apenas si se dispone de un orden interno. No sabemos por qué se elige un determinado tamaño de letra o un color. Lo cierto es, sin embargo, que puede leerse de una forma más relajada, más abierta, más “suave”, sin detener la lectura pero también puede revelar una falta de dominio de la lengua escrita ya que el editor del texto parece necesitar reforzar el énfasis y esto se consigue a través de la alteración de los tipos de imprente. Las letras – que no las palabras - parecen afirmar, negar, sentir miedo, advertir o gritar. De hecho una de las primeras convenciones que aprendimos del lenguaje digital fue el de no escribir con mayúsculas, algo que por otra parte no es necesario.

En definitiva estamos también ante una ruptura en la que lengua escrita y lengua oral parecen confluir. El uso de mayúsculas, resaltados, signos suspensivos sin final, dobles y triples exclamaciones revelan en el fondo un pobre dominio de la lengua escrita apreciable por ejemplo en los primeros textos salidos de la imprenta. Si la Retórica clásica y la actual recomiendan no excederse en el lenguaje no verbal porque se entendía – y se entiende - como una falta de recursos expresivos, lo mismo ocurre en lengua escrita o en una lengua que debiendo confiarse al poder de las palabras y de los signos y formas que las configuran, desconfía de ellas o no las domina, un fenómeno apreciable en la comunicación por Internet. Lo que además revela este subrayado de frases y de palabras es también un rasgo propio de la comunicación oral en desarrollos previos a la imprenta. Las palabras se erigen en verdaderos núcleos de información de la naturaleza que sea en la secuencia acústica ordenada en el tiempo frente al desarrollo argumentativo espacial y más amplio favorecido por la imprenta. (FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2004a) En el contacto indiscutible entre la oralidad y lo audiovisual las palabras aisladas recobran toda su fuerza no sólo como signos de comunicación, también como verdaderas “nubes de etiquetas”.

Y finalmente lo que sorprende también es la disposición del contexto o la creación del contexto. La nueva tecnología permite no sólo dar una noticia o comunicarse  sino crear un contexto que la sustente en términos autosuficientes que pueden permitir al receptor crear una realidad aislada. La facilidad, rapidez y comodidad del medio favorece la ilusión de que el mundo al que hizo callar Severn Suzuki habla a gritos con sus propias referencias. El receptor parece tenerlo todo en la pantalla y a todos los que se acerquen a ella. Dispone de material biográfico, del texto del discurso y de las imágenes y dispone también de una página en la que confluyen todos los elementos. La propia página se erige en un instrumento para la investigación y aunque sus presupuestos sean más o menos discutibles – no es éste el lugar – lo cierto es que construye un contexto, un espacio aislado a la vez que interconectado.

3. Conclusiones

El canal tecnológico favorece sin duda una alteración primera de la superficie textual que, en mi opinión, junto a otros factores nos devuelve a la condición primera de “texto” en su sentido de ensamblaje, de tejido en suma, es a mi parecer el rasgo que explica en último término la digitalidad. El salto al discurso y en términos retóricos a su capacidad persuasiva se ve condicionado por un espacio que se autodefine y contiene a sí mismo. Tal y como plantea Tomás Albaladejo

Los discursos están relacionados con otros discursos y su relación es importante para llevar a cabo la comunicación, que tiene lugar en el complejo campo de la interdiscursividad. El estudio de la interdiscursividad es uno de los modos de explicar el discurso y la comunicación, teniendo en cuenta el examen de la diferencia y la semejanza como medio para el conocimiento exhaustivo de la compleja realidad de la comunicación discursiva. (ALBALADEJO, 2005: 7)

La interdiscursividad queda descrita como una fuerza dinámica que aglutina y potencia los discursos en su relación compleja. En este ensamblaje más que de textos convertidos en discursos, hablamos de textos en los que la digitalidad – como cualidad en último término tecnológica – nos sitúa en una nueva dinámica no sólo de creación y de recepción del texto, sino de contexto de la información que se convierte en singular y único si hablamos del texto en red.

La digitalidad como conjunto de rasgos nos permite al menos trasladarnos de un texto a otro, de una convención a otra, de un canal a otro en un análisis interdiscursivo final que no sólo tiende puentes entre palabras sino entre medios distintos. El discurso se resuelve en un texto, en un tejido, que entremezcla lenguajes diferentes: palabras, imágenes y sonidos y que además está interconectado en un espacio que el receptor considera inabordable o infinito.

La digitalidad puede considerarse como un conjunto de rasgos que atribuimos a la forma de tratar la información en el medio digital. Creo que los más importantes son el estatismo espacial y temporal en la comunicación, a pesar del dinamismo aparente del medio. En segundo lugar la instantaneidad y la fragilidad del texto – la ausencia de cierre – colaboran sin duda en esa sensación de comunicación reiterada y sostenida que acaba por desorientar al receptor. La confluencia intensificada de lenguajes multimedia caracteriza al hipermedia y en definitiva la alteración individual de signos altera la superficie textual hasta desfigurar la pauta ordenada de los tipos de algo que se llamó “imprenta”. La digitalidad se explica necesariamente desde la intertextualidad, desde la comunicación interna de diferentes lenguajes. Es una cualidad última que se integra con absoluta naturalidad, a pesar de su complejidad aparente, en un análisis interdiscursivo.

Bibliografia/Referències


  • ALBALADEJO, Tomás, 2001, "Retórica, tecnologías, receptores", Revista de Retórica y Teoría de la Comunicación, I, 1, 9-18.
  • ---,  2005, “Retórica, comunicación, interdiscursividad”, Revista de investigación lingüística, 8, 1, pp. 7-34.
  • BARTHES, Roland, 1962. “Estructura del suceso”, Ensayos Críticos, trad. Carlos Pujol, Barcelona, Seix Barral, 1983, ed. or., 1962, pp. 225-236.
  • ---, 2004a, "La mar en medio. Lectura y distancia en un soneto de Garcilaso según Fernando de Herrera", Edad de Oro, XXIII, pp. 375-388.
  • ---, 2004b, “La creación argumentativa del Ciberespacio. Las "falacias" del canal y la autoridad por el contexto. Del desván de Xanadú a la Blogosfera” (II Congreso On Line del Observatorio para la Cibersociedad: ¿Hacia qué sociedad del conocimiento?)
  • ONG, Walter. J., 1982, Orality and Literacy. The technologizing of the Word, London, Methuen.
  • LANHAM, R., 1989, "The Electronic Word: Literary Study and the Digital Revolution", New Literary History, 20, 2, Technology, Models, and Literary Study, pp. 265-290.
  • SUSSMAN, Gerald, 1999, “Urban Congregations of Capital and Communications: Redesigning Social and Spatial Boundaries”, Social Text, nº 60, Globalization, 35-51.

© Tots els drets reservats