IV Congrés de la CiberSocietat 2009. Crisi analògica, futur digital

Grup de treball F-33: Identidades y relaciones en línea

Ejes para pensar las identidades en línea: el caso de la telefonía celular

Resum

"Personales, portátiles y pedestres", así son los nuevos dispositivos de telefonía celular. Los mismos representan el paso desde una sociedad en red en la que predominaban los medios masivos de comunicación y sus formatos hacia otra caracterizada por la existencia de tecnologías más personalizadas. En este sentido, constituye una de las tecnologías de la comunicación paradigmáticas de nuestro tiempo que socava los usos y costumbres tradicionales vinculados al espacio común y, por ende, a la construcción de identidades colectivas nucleadas a partir de, generalmente, instituciones. Para abordar las influencias del fenómeno, retomaremos a Anthony Giddens (1995:21-50) quien plantea tres elementos que explicarían el carácter dinámico de la vida Moderna: la separación entre tiempo y espacio, el desenclave de las instituciones modernas y la reflexividad institucional generalizada.

Contingut de la comunicació

Pensar las identidades móviles

Podemos señalar que la identidad se afirma y reconoce en los contextos de interacción y comunicación social con Otros, por la presencia de ciertos rasgos distintivos y procesos de auto-identificación, de toma de conciencia de las diferencias y afirmación de las mismas respecto a otros individuos y grupos. Este proceso se asocia a múltiples reglas de comportamiento, códigos y roles sociales que distinguen tanto las relaciones en el interior del grupo como hacia fuera y constituye algo más que un marco clasificatorio, a través de reglas y dinámicas de intercambio en la arena simbólica. En otras palabras, podemos distinguir formas interiorizadas (simbólicas, estructuras mentales interiorizadas) y formas objetivadas (símbolos objetivados bajo la forma de prácticas, rituales y objetos cotidianos, religiosos, artísticos, etc.) de la cultura.

En cuanto a las identidades colectivas, Giménez señala que se conforman por individuos vinculados entre sí por un común sentimiento de pertenencia, que comparten un núcleo de símbolos y representaciones sociales y, por ende, una orientación común a la acción: “la identidad no es más que la representación que tienen los agentes (individuos o grupos) de su posición (distintiva) en el espacio social, y de su relación con otros agentes (individuos o grupos) que ocupan la misma posición o posiciones diferenciadas en el mismo espacio”) (Giménez 199: 18).

En esta línea, consideramos que la comunicación a través de la telefonía móvil constituye una expresión central al momento de analizar las interacciones, identificaciones y relaciones que da cuenta del momento de época. La pertenencia a determinados colectivos se actúa en el hecho de compartir valores y códigos en común, tales como los “mensajitos de texto”, sonidos, modos o finalidades de uso y otros menos explícitos. Sin embargo, y al igual que con el resto de las tecnologías, el límite de su expansión y apropiación está configurado por las estructuras sociales y valores culturales ya existentes. Esto supone, desde la perspectiva de dinámica cultural, que puede tender a reforzar o fortalecer dichos sistemas, pero que también podría transformarlos.

La gran cantidad de mensajes y bienes que circulan, de esta manera, se articulan y constituyen gran parte del sentido de pertenencia e identidad, reorganizando ambas categorías por fuera de las tradicionales fronteras económicas, institucionales, de clase, de espacio y de territorios geográficos propuestos por la Modernidad.

Para dar cuenta de la magnitud de este fenómeno: según la Unión Internacional de Comunicaciones, habría al menos mil millones de usuarios de teléfonos celulares a nivel mundial, cifra que crece vertiginosamente1.

En relación a la tipología de los usuarios, cabe señalar que “articula, modela, plasma la identidad, al principio sumaria, de la tecnología en cuestión dirigida en una u otra dirección, así como su significado en la vida cotidiana” (Fortunati y Manganelli 2002:60). Por ejemplo, las distintas trayectorias de consumo y decisiones y usos de la tecnología constituyen parte de la diferenciación: adquirirla y usarla; usarla sin adquirirla; no adquirirla ni usarla, o, incluso, poseer más de un equipo.

Más allá de la inclinación a pertenecer al grupo de usuarios de celulares, existe una tendencia a personalizar su comportamiento a través de signos de individualismo. La telefonía móvil, brinda una excelente posibilidad de redefinición de usos al constituir un cambio cualitativo respecto de otras tecnologías, ya que estos aparatitos son “personales, portátiles y se puede caminar con ellos” (Ito et al. 2006 :1). Es más: resulta casi imprescindible personalizarlos, por lo que han pasado a formar parte de nuestra vestimenta cotidiana, hecho que los convierte en un objeto de moda y distinción, originando un “cambio tectónico en la formación contemporánea de la identidad” (Castells et al. 2007:225). Si entendemos que “la moda es la personalización de la ruptura para alcanzar una identidad individualizada” (dentro de un colectivo), es posible observar diferencias en las actitudes y preferencias por algunos equipos de tecnología móvil, así como por sus productos, servicios, los tonos de llamada; indicadores de mensajes, los fondos de pantalla, los íconos, los juegos, los colores de sus carcazas o fundas; el lugar en el cual llevarlo, los accesorios (anillos para las antenas, correas, réplicas en miniatura de muñecos, fotografías adhesivas e imitaciones de piedras preciosas, que permiten diferenciar cuando un mismo modelo es tenido por varios pares), entre otros. Toda esta “cosmética del teléfono móvil” constituye marcas de exhibición conscientes de la propia identidad en relación con la de otros, lo cual se pone en juego en las interacciones personales, grupales e incluso, institucionales.

Las interacciones comunicativas móviles

Como ocurrió con la televisión en la década de 1950 y con Internet en los ’90, la telefonía móvil surge como una de la tecnologías de la comunicación que define nuestro tiempo. Detrás de la televisión, el cine y las computadoras de escritorio, los avances en multimedia y el crecimiento del número de usuarios, permiten considerar a los dispositivos móviles como la “cuarta pantalla”.

De acuerdo a Mc. Luhan, las características de las tecnologías de la comunicación moldean el conocimiento y la organización social; en sus palabras, “el medio es el mensaje”. Al respecto, Manuel Castells señala que los cambios ocurridos a partir de la década de 1980 en los dispositivos de información y comunicación transforman a la sociedad en descentralizada, flexible, y basada en redes de interés más que en el hecho de compartir un espacio geográfico. Parafraseando a Mc. Luhan, Castells señala “la red es el mensaje”. Sin embargo, mientras Mc. Luhan atribuye el cambio social al desarrollo y uso de las tecnologías, Castells sostiene que los avances en las mismas sólo alimentan cambios en los órdenes sociales a partir de condiciones preexistentes. Más allá de las diferencias respecto de este determinismo instrumental, ambos autores entienden a las tecnologías de la información y comunicación como el marco desde el cual es posible analizar la sociedad, porque son características del orden social imperante. En otras palabras, pensar en las interacciones comunicativas propiciadas por la telefonía móvil implica reflexionar sobre cualidades de origen socio- político- culturales vinculadas al cambio de época que son puestas en evidencia por este dispositivo, pero que no son configuradas por su mera existencia.

Al respecto, cabe indicar que si bien las cifras nos dan cuenta de la tendencia acelerada del crecimiento del uso de teléfonos celulares, lo importante es conocer y tratar de entender las transformaciones en las cotidianidades y las rutinas de las personas ya que los espacios de la vida cotidiana funcionan como mediación constitutiva y ubicación histórica, allí donde se dirime la lucha por la constitución de sentidos. En el caso de la era digital, con tecnologías que habilitan textos multimodales, el alcance de las comunicaciones se extiende a todos los dominios de la vida social en una conexión simultáneamente global y local, genérica y personalizada en patrones siempre cambiantes2. Giddens (1995:48), en la misma línea, observa que “las transformaciones en la identidad del yo y la mundialización son los dos polos de la dialéctica de lo local y lo universal en las condiciones de la Modernidad reciente. En otras palabras, los cambios en aspectos íntimos de la vida personal están directamente ligados al establecimiento de vínculos sociales de alcance muy amplio”. Es desde las conceptualizaciones anteriores que debemos reflexionar sobre la articulación entre las tecnologías de la información y comunicación como dispositivos pero que, fundamentalmente, operan en la dimensión de la significación, percepción, representaciones e imaginarios sociales. En nuestro caso de análisis, creemos que estos desplazamientos funcionan, a su vez, reorganizando las instituciones sociales de la Modernidad, en especial, aquellas vinculadas al sensorium universal de tiempo y de espacio y al espacio público como algo común o compartido.

Para abordar las influencias del fenómeno de la telefonía móvil, retomaremos a Anthony Giddens (1995:21-50), quien plantea tres elementos que explicarían el carácter dinámico de la vida Moderna. Estos son: la separación entre tiempo y espacio, el desenclave de las instituciones modernas y la reflexividad institucional generalizada.

La separación entre tiempo y espacio

En cuanto a la separación entre tiempo y espacio, Giddens hace referencia a los marcadores espaciales que indican una particular conciencia de la localización y señala que en la premodernidad “el tiempo y el espacio se vinculaban mediante la situación de un lugar”, pero resalta que en la Modernidad se generó una dimensión de tiempo “vacía” que también apartó el espacio de la localización, al inventarse y difundirse el reloj mecánico, en tanto sistema normalizado para todo el planeta. De manera análoga, funciona el mapamundi que, en tanto proyección uniforme, no privilegia ningún lugar. El hecho de desarmar configuraciones anteriores, posibilita su articulación a partir de las organizaciones y la organización moderna, hasta llegar a incluir sistemas universales.

Si bien el cambio en la percepción temporoespacial no es privativo de los teléfonos celulares, ya que desde hace un par de décadas Internet y otras tecnologías modificaron la experiencia de ambas dimensiones, reconfigurando la vida social; la comunicación móvil presenta una posibilidad distintiva: la personalización de los mismos en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, podemos cambiar el destino de encuentro mientras estamos en viaje o retrasar una cita sobre la marcha. Se produce, de esta manera, un cambio de la interacción basada en ataduras físicas a lugares geográficos hacia la comunicación individualizada de persona a persona y en base a roles que se van configurando en el mismo intercambio, relegando a un segundo plano a aquellos preasignados en situaciones previas. Castells describe el proceso de reconstrucción de tiempo y espacio como el “tiempo eterno” (sin secuencias fijas o comprimido por las interacciones en red) y el “espacio de los flujos” (que adquieren un nuevo significado como lugares de convergencia comunicacional en los que la gente recrea distintos propósitos y flujos).

Resulta claro, en la dimensión cultural, que el diseño de nuevas prácticas comunicativas/culturales establecen nuevas relaciones, sobre todo, si uno las contrasta con las modificaciones del sensorium de las generaciones socializadas sin la utilización de esos dispositivos. A modo de ejemplo, pensemos que las personas de más edad tienden a utilizar el celular como un aparato para hablar en cualquier momento y lugar, lo cual resulta audible y visible para cualquiera que esté cerca, mientras que los jóvenes, aún en estos ámbitos públicos suelen “disimular” el estar conectados con otros a través de los SMS, simplemente, poniendo su aparatito en la modalidad vibrador y, la gente alrededor, sólo se entera si es que está atenta a ese joven. Podemos arriesgar que en los espacios institucionales (y, generalmente, administrador por adultos), los jóvenes se han vuelto artistas del disimulo frente a esta ruptura de (aparentar) relacionarse con quienes están en un espacio próximo; pero, en realidad, contactándose con otro que no está presente. Incluso, a veces, en una reunión o ámbito formal, se establecen relaciones a través de SMS entre personas que están juntas en ese mismo lugar, pero que mantienen un vínculo paralelo o superpuesto al de la presencialidad (lo que suele pasar desapercibido para la mayoría de los asistentes). Hay una visibilidad pública del uso del teléfono celular diferente entre los jóvenes y los adultos, lo que origina una distancia cualitativa en su apropiación.

Asimismo, la función de contacto es central en los SMS y se adecua perfectamente a la movilidad típica de estos tiempos, el sentido que adquiere en el imaginario, en especial juvenil, pasaría por brindar “la ilusión de no perderse nada, de estar al alcance del grupo de pares, siempre disponible”.

Al respecto, la determinación del tiempo radica en la capacidad humana de enlazar entre sí dos o más secuencias distintas de transformaciones continuas, de las cuales una sirve de unidad de medida temporal para las otras. Y, para muchos, en la actualidad, la medida temporal de las acciones del mundo cotidiano se evalúa en términos de las posibilidades de instantaneidad e inmediatez de la telefonía celular. La eliminación del orden de secuenciación crea un tiempo eterno, indiferenciado, que condensa los acontecimientos en la instantaneidad y produce discontinuidades aleatorias dentro de la misma secuencia. Las expresiones culturales configuradas en esta tecnicidad se caracterizarían por ser multidimensionales, enlazadas, heterogéneas, instantáneas y fragmentadas.

En la misma dirección, podemos indicar que la utilización de estos dispositivos contribuye a completar y llenar de sentido lo que antes era entendido como “tiempo muerto” mientras se caminaba, esperaba a ser atendido, viajaba en un medio de transporte público, durante los breaks del empleo o los recreos escolares (incluso, lo que tenía una actividad o propósito específico pero que era considerado poco importante por alguien, puede utilizarse para realizar estas otras tareas): es posible adelantar trabajo, conversar con otros, saludar a quienes uno no ve desde hace tiempo, ponerse al día con noticias o, simplemente, jugar. La confluencia de estas dos características, la ruptura de la noción de límite espacial y la capacidad de su utilización full time, otorgan un cambio cualitativo respecto de otras tecnologías.

La telefonía móvil, nos ofrecería la posibilidad de contar con un tiempo ilimitado, explotable y aprovechable al máximo al romper los límites entre el tiempo de ocio y de trabajo establecidos por el reloj desde la Modernidad, perturbando la noción de secuencia y progreso lineal que se consolidaban. La politicidad del tiempo, en cuanto a los reordenamientos que configura, también guarda estrecha relación con los elementos para medirlo; al respecto, los jóvenes utilizan ese dispositivo en lugar del reloj pulsera o despertador.

En definitiva, si Giddens señala que una dimensión de tiempo “vacía” resulta central para su unificación en la Modernidad, entendemos que este principio está siendo socavado por este nuevo fenómeno de la telefonía móvil.

Desenclave institucional

El segundo eje planteado por Giddens (1995:34) hace referencia al desenclave de las instituciones modernas, es decir a “la extracción de las relaciones sociales de sus circunstancias locales y su rearticulación en regiones espaciotemporales indefinidas”, disociándolas de las peculiaridades de lo local. En el mismo sentido, Castells (2007:258).entiende que las sociedades evolucionan y cambian en la construcción y reconstrucción de sus instituciones, presionadas por nuevas relaciones de poder y que, la conjunción de la globalización con la aparición de las identidades locales o comunales han minado la capacidad de los estados nacionales como unidad para definir el espacio público.

En tanto los sistemas simbólicos y tecnológicos configuran códigos culturales singulares, la mediación narrativa que instala el teléfono celular, constituye la medida y marca de la relación entre la cultura y el sentido de pertenencia/ exclusión. Lejos de hacer desaparecer al espacio como límite para la comunicación, que puede darse “en todo lugar y momento”, es posible guardar imágenes, videos, música, textos. A la par, funciona como una base de datos capaz de ampliar la capacidad de memorización y actualización, con la consecuente transformación en la jerarquización de qué es lo que debe recordarse, y el molde de ese contenido: parecería ser que los cambios bruscos de planos, temas, y la falta de secuencia responde más a la lógica de nuestra vertiginosa vida cotidiana que a los relatos lineales propuesto por las producciones audiovisuales tradicionales (generalmente analógicas).

Conocer esos modos y sentidos que se establecen a partir de la utilización de los teléfonos móviles, la capacidad de enviar y recibir SMS e imágenes y videos, la posibilidad de difundirlos por las industrias culturales convergentes (blogs, fotologs, páginas web, Facebook, YouTube, entre otros) es comprender cómo se crean y recrean las relaciones culturales. Con la telefonía móvil, el conflicto social se reactualiza al establecer una distinción simbólica de acceso, de uso y apropiación entre aquéllos que conocen estos códigos y los que los desconocen; con la utilización de códigos lingüísticos y paralingüísticos propios; la diferenciación de las esferas sociales de su uso, e incluso los modos en que los aparatos señalan la recepción de los mismos con la variedad de sonidos y temas musicales (con los cuales uno muchas veces no sabe de qué se trata y hace que algunos sujetos entiendan esta clave de significación y que otros queden al margen de la misma), entre otros.

Las transformaciones del espacio público

Recordemos que las transformaciones en las formas de representación desde la aparición de los medios de comunicación, han modificado la naturaleza de la esfera pública y, por ende, las nociones de público y privado, desde fines de la Edad Media hasta nuestros días.

Si una primera distinción entre lo público y lo privado se origina en tanto su “disponibilidad de llegar abiertamente a todos”, otra distinción de la dicotomía tiene que ver con la relación entre “el dominio del poder político institucionalizado, que fue in crescendo en manos de un Estado soberano y, por otra, los dominios de la actividad económica y las relaciones personales que quedaban fuera del control político directo” (Thompson 1998:163). En consecuencia, surge la idea de asociar a lo público con las actividades del Estado, relegándose lo “privado” a aquello que quedaba excluido de él.

A fines de la Edad Media y principios de la Moderna, la distinción entre lo público y lo privado empezó a adquirir nuevos significados, paralelamente a las transformaciones institucionales que se desarrollaban en ese momento. En el mismo sentido, la evolución de los media en la Modernidad, también resulta un factor decisivo en otra arista de la dicotomía público/privado en la que público significa “abierto”, “disponible al público”.

En definitiva, la trama en la cual se instalaban y configuraban los sujetos en tanto un orden perteneciente a lo público (que aunaba y nucleaba consensos) y uno a lo privado (referido a la esfera de la vida individual), se ve modificada por el advenimiento de estas otras lógicas de relación que se superponen a tal distinción. Los límites espaciales del hogar y de las demás instituciones, se ven permeados y atravesados de manera discrecional por las comunicaciones vehiculizadas por estos dispositivos que no necesitan anclaje territorial. Si bien aparecerían en principio como potenciadoras de relaciones en redes más flexibles en todo sentido (espacio, tiempo, instituciones y roles), esto va a diferir de acuerdo al contexto social general.

Georg Simmel caracterizaba a las sociedades modernas como aquellas integradas por individuos que combinan una multitud de roles diferentes, y cuya individualización crecía en la medida que cada persona configuraba su propio establecimiento de rol y con una trayectoria cambiante en el tiempo. Al brindar la posibilidad de cambiar de roles y hacerlos flexibles sin moverse de un lugar, los teléfonos celulares armonizan distintas obligaciones, ya que aquellos roles diacrónicos, hoy pueden ejercerse de manera sincrónica. Es claro el ejemplo de las mujeres que antes debían dedicarse a la atención de sus hijos o a tareas fuera de la casa de modos excluyentes, cuando ahora pueden estar en contacto permanente con el hogar sin dejar de realizarse por fuera del seno familiar. Asimismo, es posible preservar roles difusos en cuanto a su alcance y extensión porque permiten contactarse con individuos que están en movimiento o inmersos en otras actividades privadas o públicas.

Tengamos en cuenta que los mensajes de texto e imágenes, a diferencia de las comunicaciones de voz, pueden pasar desapercibidos, por lo que muchos los consideran ideales para su utilización en espacios públicos compartidos. Es interesante ver cómo este “pasar desapercibido” parecería considerarse menos perturbador de la privacidad de otros que se encuentren próximos, en especial, en medios de transporte, restaurantes, cybercafés, clases o bibliotecas (que, en esas situaciones, se convierten en audiencias improvisadas que las reaccionan de formas variadas: incomodidad, irritación, curiosidad o, incluso, para algunos llega a convertirse en un juego para reconstruir el resto de la conversación que uno no escucha). Por el contrario, el hecho de atender el teléfono, aún frente a la presencia de Otro real, nos daría cuenta de que ellos no son “tan importantes” como quien está del otro lado del aparatito, con quien se comparte la conversación o a quien se dirige de manera exclusiva, excluyendo al co-presente, exacerbando la idea de presencia ausente; refiriéndose al hecho de estar físicamente presente pero mentalmente disociado o en otra parte (y su revés, la ausencia presente). Si bien es cierto que los diarios, la radio, la televisión y otras formas de medios tradicionales también contribuyen a esta presencia ausente; se trata de medios unidireccionales; mientras que los teléfonos celulares, al ser bidireccionales o dialógicos, intensifican esta circunstancia. A la par, contribuyen a la configuración de comunidades de pertenencia y el estar conectados, aunque más no sea inalámbricamente, con aquellos a quienes elijan. No son pocos los planteos sobre la relación entre evadirse del control adulto (es común que los jóvenes señalen, frente a la falta de respuesta requerida por sus padres que “se agotó la batería” o “no había señal”) y el consecuente aumento de la “privacidad”, a partir de la instalación de una “cultura de la habitación” con la cual bloquean la información y socavan su poder.

Sin embargo, este salirse de las instituciones está menos vinculado a “la tecnología, sino el desarrollo de las redes de sociabilidad basadas en la elección y la afinidad, rompiendo las barreras organizativas y de espacio en las relaciones. El resultado social de estas redes es doble. Por un lado, desde el punto de vista de cada individuo, su mundo social se forma alrededor de sus redes, y se desarrolla con la composición de la red. Por otro lado, desde el punto de vista de la red, su configuración opera como punto de referencia de cada uno de los que participan en la misma” (Castells et al. 2007:229).

La personalización de los espacios públicos

Según Castells (2007), el poder político está siendo personalizado a través de la utilización de estas tecnologías de la comunicación, señalando que los medios constituyen el espacio donde el mismo está siendo decidido. Tradicionalmente, como indicamos, ese espacio estaba localizado en los formatos masivos, como la radio y la televisión. Pero la penetración generalizada de los nuevos dispositivos personales ha creado espacios en los que el poder y su administración se ponen en juego: “la aparición de políticas insurgentes no puede ser separada de la emergencia de un nuevo espacio mediático… Al apropiarse de nuevas formas de comunicación, la gente ha establecido sus propios sistemas de comunicación de masas, vía SMS, blogs, vlogs, podcasts, wikis, entre otros.” (Castells 2007:246). A diferencia de la sociedad industrial, que se centraba en la distribución de un mensaje desde un único emisor hacia muchos receptores, la comunicación fundada en red permite la horizontalización del intercambio, de manera sincrónica y diacrónica. Además, las tecnologías recién mencionadas se caracterizan por la producción colaborativa entre varios autores y acceso irrestricto, al menos en teoría.

En definitiva, la telefonía celular tiene la capacidad de subvertir el orden institucional y público, cuestionando los centros de poder a favor de los más débiles y desde las instituciones formales a las informales. Mientras que se esperaba que los celulares aumentaran la capacidad de control de los empleadores sobre los empleados, incluso en su tiempo libre, los estudios muestran que han invadido los horarios de trabajo con cuestiones privadas; en tanto que se estimaba que serían un instrumento para que los padres controlaran más a los hijos, se evidencia que son utilizados para evadir la mirada adulta; finalmente, las mujeres han encontrado en estos dispositivos un medio para lograr mayor independencia de sus roles socialmente asignados (y que otrora las limitaran en sus desarrollos profesionales, entre otras actividades).

En la actualidad, lejos de los grandes relatos de la Modernidad, se entiende que se trata de compartir un cruce de culturas que no deja de tener en su centro la propia experiencia vivida, pero ahora, extendida en y por un horizonte transterritorial y multitemporal de sentidos en el cual las instancias se agregan y suman, las identidades se redefinen pero no se excluyen, involucrando conflictos y ambigüedades, integrándose por los requisitos personales de la vida cotidiana y, muchas veces, de su comunicación.

Además de los cambios en relación con el sensorium acerca de tiempo y espacio y la redefinición del orden institucional y público, la sociedad de la comunicación personal pueden visualizarse en la apropiación de los espacios públicos para propósitos no comunes o compartidos., que hacen que la esfera pública se torne una especie de sala de estar compartida (en el sentido del living de la casa propia, pero usufructuado por individuos que no comparten relación aún estando en el mismo espacio). Son típicos ejemplos las zonas improvisadas como “cabinas de teléfono” públicas y urbanas: pasillos; terrazas; esquinas; plazas; entradas al subte, lobbys de cines, teatros, restaurantes; en la puerta de grandes shoppings y supermercados; se llenan de personas realizando llamadas o intercambiando mensajes, sin que unos estén al tanto de lo que otros hacen3. Finalmente, a través de esta personalización del espacio común o compartido, la sensación de anonimato que se experimenta en las grandes ciudades parece esfumarse debido a la posibilidad de ponernos en contacto con otros conocidos que no están compartiendo ese espacio físico con nosotros. A esto debemos agregarle lo planteado anteriormente sobre la noción de tiempo.

En definitiva, resulta más correcto hablar de la personalización (dar carácter personal a algo) de este espacio público configurado a partir de estos dispositivos móviles que de su privatización (transferir una actividad pública al sector privado; que se ejecuta a vista de pocos). Esta personalización de los espacios también reconfigura las relaciones entre individuos, grupos e instituciones.

A modo de conclusión

En este sentido, las características descriptas en las relaciones que se generan en torno a estos nuevos dispositivos se condicen con las usualmente señaladas para la posmodernidad: la inmediatez, la dificultad para establecer relaciones y compromisos (frente a infinitos contactos ocasionales), en sintonía con un eterno presente, vinculado al goce instantáneo, entre otros. Por esta misma orientación, el teléfono celular puede funcionar reestableciendo las comunicaciones de tipo más casual, espontáneas, fluidas e informales, lejos de las despersonalizaciones que tienen lugar en la estandarización propuesta por la vida urbana.

Resulta aún más evidente en el caso de los jóvenes, con sus necesidades de comunicación, pertenencia, personalización y privacidad, encuentran en el teléfono celular, particularmente en los SMS y las imágenes, dispositivos perfectos para satisfacer sus ansias de ruptura con este orden público (jerarquizado, reglado, lineal, “objetivo” y exterior, entre otras características) que pretenden imponer la mayoría de las instituciones modernas. La movilidad y desplazamientos constantes que son facilitados por el dispositivo, en conjunción con la multiplicidad de acciones simultáneas, plantean una reformulación de toda la experiencia cotidiana personal.

El escenario actual, en definitiva, está siendo alcanzado por la reflexividad institucional que Giddens (1995:34) señala como tercer elemento organizador de la Modernidad. La misma implica la “utilización regularizada del conocimiento de las circunstancias de la vida social en cuanto elemento constituyente de su organización y transformación” y que influye en el dinamismo de las instituciones modernas.

La emergencia de una nueva forma de comunicación socializada, la autocomunicación masiva, potencialmente puede llegar a una audiencia global a través de las redes “entre iguales” (peer-to-peer o p2p) y la conexión de Internet. Se la considera comunicación masiva porque alcanza una audiencia global potencial a través de redes personales y la conexión de Internet. Es multimodal, ya que la digitalización del contenido y el software social avanzado (a menudo basados en una fuente abierta que puede descargarse gratis), permite la reforma de prácticamente cualquier contenido, aumentando significativamente su distribución mediante redes inalámbricas. Y el contenido de las mismas tiene características de autocreación, autodirección respecto de su emisión, y autoselección en cuanto a la recepción para aquellos que se comunican de esta manera.

Nos encontramos en un nuevo campo, y recientemente atravesados por un nuevo medio configurado sobre las redes computacionales, con un lenguaje digital y cuyos actores están globalmente distribuidos e interactuando. En verdad, un medio tan revolucionario como este, no determina el contenido y efecto de sus mensajes, pero posibilita una diversidad y autonomías ilimitadas de la mayoría de las comunicaciones que circulan, por lo que construyen y reconstruyen a cada segundo la producción de sentido a nivel global y local (Castells 1997:248). Y, por ende, amplían y modifican las preguntas acerca de la construcción de identidad ya que implica, simultáneamente, nuevas posibilidades y desafíos para la constitución de colectivos.

NOTAS:

1 Para ilustrar mejor el fenómeno, podemos decir que en Argentina, con aproximadamente 40 millones de habitantes, existen 49.799.700 aparatos celulares, con una cobertura de 124% sobre la población general, las llamadas realizadas desde móviles superaron los 4.192 millones y se enviaron 5.365.600.000 mensajes de texto en el mismo mes (equivalente a más de 120 mil por minuto). Datos para Julio 2009. Fuentes: CNC Comisión Nacional de Comunicaciones, en http://www.cnc.gov.ar y “Estadística de Servicios Públicos”, INDEC, Buenos Aires, 31 de agosto de 2009. En http://www.indec.mecon.ar/. Acceso: 05/09/2009

2 Según Castells (2007:239), esto se debe a tres factores claves: la disminución del poder estatal, la concentración y segmentación paralela que hacen las industrias culturales y los negocios mediáticos y la oposición a nivel mundial entre comunalismo e individualismo.

3 Como rechazo a esta situación, en Estados Unidos existe una forma de resistencia al uso de los móviles en espacios públicos que consiste en, disfrazados de teléfonos celulares gigantes, robar los aparatos a quienes hablan en público y luego difunden dichos actos a través de la web; es posible verlos a en http://www.phonebashing.com. Fecha último acceso: 07/09/2009.

Bibliografia/Referències


  • Campbell, Scot y Park, Yong Jin. (2008) “Social Implications of Mobile Telephony: The Rise of Personal Communication Society”, Michigan (EEUU): Sociology Compass 2/2, Blackwell Publishing. [En línea]: www.blackwell-compass.com, pp. 371-387

  • Castells, Manuel y otros. (2007). Comunicación móvil y sociedad, una perspectiva global, Ariel – Fundación Telefónica. [En línea]: www.eumed.net/libros/. Recuperado: 10 de enero 2008.

  • Castells, Manuel. (2007) “Communication, Power and Counter-power in the Network Society”, International Journal of Communication 1, pp. 238-266. [En línea] http://ijoc.org/. Recuperado: 20 de mayo de 2008.

  • Fortunati, Leopoldina y Manganelli, Anna Maria. (2002) “El teléfono móvil de los jóvenes”, en Revista Estudios de Juventud, N° 57. España:INJUVE. Pp. 59-78

  • Giddens, Anthony. (1995). Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Barcelona:Península. 299 pp.

  • Giménez, Gilberto. (1997). “Materiales para una teoría de las identidades sociales”, Frontera Norte # 18. México: Colegio de la Frontera Norte.

  • Ito, Mizuko, Okabe, Daisuke y Matsuda, Misa. (2006). Introduction: Personal, portable, pedestrian: Mobile phones in Japanese life. Cambridge, MA:MIT Press. 16 pp. [En línea]: http://mitpress.mit.edu/catalog/. Recuperado: 22 de enero 2008

  • Martín- Barbero, Jesús. (2002). “Desencuentros de la socialidad y reencantamientos de la identidad”, Anàlisi: Quaderns de comunicació i cultura Nº 29.

  • Martin, M.V.: "De la red a la comunicación personal: teléfonos móviles, jóvenes y transformaciones culturales”, ponencia en las XII Jornadas de la Red Nacional de Investigadores en Comunicación, Universidad Nacional de Rosario, Octubre de 2008.

  • Martin M.V.: “Jóvenes, identidad y telefonía móvil: algunos ejes de reflexión“, en el III Congreso Online "Conocimiento Abierto, Sociedad Libre", Observatorio para la Cibersociedad, 20 De noviembre al 3 de diciembre de 2006.

  • Mc. Luhan, Marshall. ([1964] 1995). Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós. 416 pp.

  • Simmel, Georg. ([1908] 1986). “Conflicto y la red de afiliaciones de grupo”, en Sociología: Estudio de las formas de socialización, Alianza Universidad, Madrid.

  • Thompson, John. (1998). Los media y la Modernidad.Una Teoría Social de los medios de comunicación. Barcelona:Paidós. 358 pp.

  • Vidal Jiménez, Rafael. (2005). “Comunicación, temporalidad y dinámica cultural en el nuevo capitalismo disciplinario de redes”, en Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 7. Barcelona: Observatorio para la Cibersociedad. [En línea]: http://www.cibersociedad.net/. Recuperado: 21 de diciembre de 2004.

Otras fuentes:

  • Estadística de Servicios Públicos”, INDEC, Buenos Aires, 31 de agosto de 2009. En http://www.indec.mecon.ar/. Acceso: 01/09/2009.

  • CNC- Comisión Nacional de Comunicaciones, en http://www.cnc.gov.ar. Acceso: 01/09/2009.

  • Un SMS en el teléfono de Barack Obama”, 23/08/08, en Diario Crítica, Buenos Aires. En http://www.criticadigital.com/


Reconeixement - NoComercial (CC-by-nc 3.0 o qualsevol altra posterior)