IV Congress of CiberSociety 2009. Analog crisis, digital future

Work Team C-23: Ciudades y territorios digitales

La esfera de lo público y lo privado en redes digitales

Author/s


Abstract

La esfera de lo público y lo privado tiene una configuración diferente cuando nos movemos en el mundo del ciberespacio, ya que a diferencia de los espacios reales, en donde el sujeto se mueve en un medio social específico y sincrónico, en este espacio virtual el tiempo y el espacio no son simultáneos. En razón de que se pierde el conocimiento del escenario donde se mueve el sujeto, no se puede diferenciar si es público o privado, porque en el ciberespacio se dislocan esos espacios y los sujetos pueden moverse en escenarios diacrónicos y sincrónicos, divergente-convergentes, únicos y múltiples a la vez.

Claves: ciberespacio, espacio público y privado, sujeto cibernético, generación net, biométrico

Paper contents

Lo público y lo privado dentro de la definición griega no significaba una separación de ambos espacios, sin mediación o comunicación, al contrario, son dialógicos, tensos, dándose una comunicación entre ambas esferas, que sería el Ágora, la cual significa una esfera intermedia  (Bauman, 1999 :96), cuyo rol principal no era mantener separado lo público de lo privado, ni salvaguardar la integridad territorial de cada unos de estos espacio, sino asegurar un tráfico constante de fluido entre ambos campos, es decir, el Ágora devenía en la esfera privada – pública, que unía ambos extremos y los mantenía reunidos.

Pero la esfera de lo público y lo privado son conceptos fluidos, ya  no es el lugar de participación racional desde donde se determina el orden social, se ha perdido la legitimidad política de lo público (Canclini ,1990: 266-67):

 Así fue, en parte, en América Latina durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX (…) las marchas, los actos en calles y plazas son ocasionales o tienen menos eficacias (…) las manifestaciones generadas  debido al empobrecimiento de las mayorías adoptan a veces la forma de explosiones desarticuladas, asaltos a tiendas y supermercados, al margen de las vías orgánicas de representación política.

Como resultado de esto se ha expandido la privatización de la esfera de lo público y la emergencia de una nueva forma de espacio  público, lo cual no tiene que ver con la crisis de los espacios sociales y políticos que otrora fueron garantía de la lucha por la libertad y la ciudadanía.

El sujeto cibernético deja entrever en el discurso sus estrategias y luchas de intereses en el ciberespacio, y este espacio virtual se encuentra interconectado con diversas redes culturales en todo el planeta.

Lo público como esfera, movilidad y movimiento de un lugar dinámico, no estacionario, ha producido el espacio de la red de de redes (internet), el ciberespacio en  la cual se mueven millones de cibernautas a cada instante del día.

Por eso es que en estos  días que trascurren, no se puede precisar en dónde comienzan los espacios privados y   dónde terminan los públicos, ya que con la emergencia de espacios virtuales, con la web 2.0, y sus diferentes componentes, Facebook , los blogs, My Space, han trastrocado lo que se tenía como privado y lo  que se ha tenido como lo público.

Esto es así, porque estos  espacio virtuales configuran a los sujetos, representándolos en nueva relaciones y moradas íntimas, ya que cada vez que escriben se describen, se dibujan ante la miradas de los otros que están en una pantalla, se hace público ante la mirada de las diferentes vicisitudes que atraviesan esos espacios cibernéticos, como si fuesen espectros virtuales, en donde los discursos son las manifestaciones de deseo, saber, poder y vida.

Tal manifestación se aprecia en la lectura de blogs, ya que forma parte de un diario personal, biografía de un sujeto en un espacio virtual. Por eso el termino “blog” es una especie de bitácora o diario personal que tienen los cibernautas y los cuales se visibilizan en los confines del ciberespacio, dejando huellas de la vida privada del internauta.

En tal sentido, los “blogs” y los “facebooks”, van esfumando lo que es privado, el espacio de redes sociales virtuales que es el ciberespacio, lo va absorbiendo como un agujero negro en el universo,  cada día más la privacidad de los sujetos se pierde, en la medida en que van sintiendo seducción, fascinación y placer en sus navegaciones virtuales.

Estas van dejando huellas  de nuestra vida por esos espacios cibernéticos. De esta manera experimentamos una ciudadanía nómada (Delarbre, 2006: 219),  “ya que divagamos de un sitio a otro, sin asentarnos en ninguno porque el sentido del viaje por el ciberespacio radica en esa posibilidad de movimiento constante”.

En ese divagar de un sitio a otro vamos mostrando  nuestras complejas relaciones sociales, familiares, educativas y culturales, una especie de ágora griega en cuanto a lo público-privado virtual. Sin embargo, en esta casi indistinción entre lo público y lo privado abolido por lo cibernético, queda un pequeño espacio donde nunca podrá penetrar del todo: lo íntimo, definido como lo particular concreto del sujeto. Salvo los casos en que el sujeto, reducida al mínimo su autoestima y desintegrado por completo su yo, le importe poco exponer su impudor en el espacio público. Incluso en caso de que esto ocurra, la represión de algunos recuerdos extremadamente desagradables alojados en el inconsciente del sujeto, dicho inconsciente vetará la exposición pública del impudor.

Los espacios virtuales se expanden por todos los lados, a lo ancho, a lo largo y profundo del ciberespacio. Es por eso que la red social, de espacio público virtual, se construye en la medida en que dejo a un lado mi vida privada, porque se necesita  dejar trozos de nuestras vivencias reales en esos espacios virtuales.

El ciberespacio es una construcción que abre flujos de informaciones, los cuales producen transformaciones radicales de los espacios modernos.

El ciberespacio como entramado de redes públicas sociales virtuales se fundamenta en esos flujos de informaciones virtuales, los cuales se pueden asumir  como soporte material, (Castells ,1997: 446-449) definidos como:

 Espacio de los flujos, formado por un circuito de impulsos electrónicos (microelectrónica, telecomunicaciones, procesamiento informático, sistemas de radiodifusión y trasporte de alta velocidad, también basado en la tecnología de la información(…) se basa en una red electrónica, pero está conectada a lugares específicos, con características sociales, culturales, físicas y funcionales bien definidas. El espacio de los flujos no es la única lógica espacial de nuestras sociedades. Sin embargo, es la lógica espacial dominante porque es la lógica espacial de los intereses/funciones dominantes de nuestra sociedad.

Los espacios virtuales como expresiones sociales son complejas y no se dan conforme a las imposiciones de unos sobre otros,  más bien unos se pierden y otros surgen con la velocidad y la aceleración del ciberespacio. En cambio, los espacios reales se disuelven, se esfuman, dándoles entradas a los virtuales.

Sin embargo en estos tiempos las sociedades son configuraciones de redes sociales reales y virtuales.

Son sociedades mediadas por lo tecnológico, (Whitaker, 1999:74) que ha creado un nuevo mundo:

Esta fusión tecnológica literalmente ha creado un nuevo mundo, un nuevo espacio: el ciberespacio que existe en ninguna parte y en toda parte, y que consiste en una especie de tabula rasa en  el sentido que se construye y reconstruye constantemente, se escribe y se reescribe mediante la interacción simultanea de todos los usuarios de la red y su consiguiente reelaboración de la misma.

 En el ciberespacio la navegación  tiene un precio, en cuanto que se  va perdiendo lo privado en la medida que nos expandimos en la esfera pública virtual  y vamos  abandonando los espacios públicos reales, que en otro tiempo estaban delimitados por el Estado nacional, y no por un cibermundo globalizado, que resquebraja fronteras y oferta información y conocimiento de manera instantánea. 

Los  sujetos navegantes en esos espacios virtuales  han sellado un pacto con la memoria virtual de los servidores de grandes empresas y con los espías digitales que viven tras la caza de informaciones.

Esto deja por sentado que la vida de cualquier cibernavegante por la esfera del ciberespacio, la encuadren en archivo digitales, en base de datos, que se venden y se compran como mercancía Esto implica un adiós a los secretos, ya que cualquier cibernauta puede investigar parte de lo que ha sido mi vida.

Para las generaciones “net”, que son los jóvenes que han crecido y están naciendo en el mundo ciberespacial, lo privado no es objeto de preocupación,   su inserción en este espacio virtual  implica exponer parte de su vida íntima, como fotografías en diferentes poses, los videos, la música y los diálogos interactivos. Presenciándose de manera una preponderancia de lo público virtual, más allá de cualquier dimensión real, local.

Para dicha generación el compartir, interactuar de manera instantánea, escribir sobre  lo cotidiano, las noticias, sus amores, los sucesos familiares, forman parte de sus perfiles, los cuales son abiertos, porque permanecen como  mancha indeleble en esos espacios públicos sociales virtuales, que es la misma expresión del ciberespacio, que descansa en redes digitales de la sociedad de la información y el conocimiento, el cibermundo.

De ahí que para esta generación de jóvenes “net”  la compleja relación de espacio público real y espacio público virtual, lo local y global deben vivirse sin exclusiones. 

Es en ese contexto de la esfera de lo público y lo privado en el ciberespacio, donde la generación de jóvenes net expande su estilo de vida, sin pensar en lo que es privado o público, tal como lo manifiestan  los emigrantes digitales, los que llegaron a ese mundo ciberespacial bajo la mirada de angustia e inseguridad.

Es de ahí que  situar estas dos esferas en unos espacios no reales, más bien virtuales,  conlleva a pensar en el sujeto y su relación con lo social, cultural, económico, tecnológico y político, pero sin que esto sea una pretensión de buscar un método o una estrategia para pensar en la eliminación de esos espacios reales.

Tal procedimiento es imposible, porque esos espacios convergen con otros  espacios que se han estado abriendo y los cuales se encuentran mediados por lo cibernético y lo digital. 

En estos tiempos, el sujeto que piense en excluir o eliminar los espacios virtuales o dejar estos por los espacios reales, mutila su vida, ya que estos llegaron para quedarse, para formar parte de nuestra cotidianidad.

Lo mejor sería implicar una estrategia de reconocimiento de ambos espacios para la construcción de una ética de la responsabilidad, solidaridad y justicia, en el proceso de lucha por la democratización y la cooperación de los ciudadanos en una globalización que respete la diferencia, la diversidad, lo cultural y lo específico.

Dicha estrategia de lucha empezaría por precisar y aclarar conceptos, de pensar que el ciberespacio no se puede confundir con la red  ni con la Internet. Aunque en los espacios públicos reales y virtuales  que se expresan en lo cotidiano, se han estado confundiendo, o se utilizan ambos conceptos, sin comprender que el  concepto de Internet es de instrumentalismo tecnológico, que deviene en ideología del poder informático, mientras que el ciberespacio deviene en concepciones filosóficas, culturales y educativas.

Es bueno comprender que la existencia de un espacio público virtual se encuentra mediada por la diversa red de redes como los satelitales y digitales que son la plataforma que le dan existencia.

Dichos espacios virtuales  replantean la relación del sujeto con los espacios tradicionales, y surge así una nueva forma de experiencia social en materia de participación e interacción social y virtual.

No es lo mismo  navegar desde un teléfono celular por el ciberespacio y hacer varias transacciones digitales que ir a los espacios físicos, desplazarse por varias horas a varios centros comerciales para poder realizar dichas transacciones.

 Las relaciones sociales virtuales que nos brinda el ciberespacio desplazan en parte esos espacios tradicionales en donde  la ciudadanía, a través de la interacción social, podía sentir los gestos y las miradas de otras personas.

Aun así, tales espacios públicos virtuales como el espacio público real no se nulifican uno al otro, mantienen una relación compleja,  ambos deben ser pensados como complementarios,  porque nuestra vida cotidiana se mueve entre esos espacios, sin pensar cuándo son virtuales o reales. Ambos convergen, conviven en nosotros, son parte de nuestra nueva forma de existir, en un mundo global caracterizado por la información y el conocimiento, el cibermundo.

Porque si algo caracteriza a la globalización en estos tiempos reales y virtuales es su conectividad sobre este proceso de integración global (Stiglitz, 2002: 28-29), el cual sobresale porque:

            Ha reducido la sensación de aislamiento experimentada en buena parte del mundo en desarrollo y ha brindado a muchas personas de esas naciones acceso a un conocimiento que hace siglos ni siquiera estaba al alcance de los más ricos del planeta. Las propias protestas antiglobalización son resultado de la mayor interconexión, ya que los vínculos entre activistas de todo el mundo, en particular, los forjados mediante la comunicación por internet dieron lugar a la presión que desembocó en el tratado internacional sobre las minas antipersonales.

Los espacios públicos virtuales se impregnan de cuerpos agitados en los espacios reales, que tienen presencia en lo virtual, por el lenguaje, expresión de lo simbólico, de intercambio de información y conocimiento.

La esfera de lo público y lo privado tiene una configuración diferente cuando nos movemos en el mundo del ciberespacio, ya que a diferencia de los espacios reales, en donde el sujeto se mueve en un medio social específico y sincrónico, en este espacio virtual el tiempo y el espacio no necesariamente son simultáneos.

Si  se pierde el conocimiento sobre el escenario  en que se mueve el sujeto, no se puede diferenciar  si es público o privado, porque en el ciberespacio se dislocan esos espacios y los sujetos pueden moverse en escenarios diacrónicos y sincrónicos, divergente-convergentes, únicos y múltiples a la vez.

Un sujeto puede desplazarse en un espacio privado, intimo y real, que puede ser la habitación de su casa , rodeado de su familia,  y sin embargo, compartir un  escenario público virtual al mismo tiempo, es decir a través de secondlife o segunda vida. En el espacio virtual (Secondlife), dicho sujeto  puede fácilmente reunirse en  una plaza pública virtual con otros sujetos o avatares que se encuentran en Barcelona, sin dejar de estar en su habitación de dormir, que en términos reales se encuentra en la República Dominicana compartiendo con su hijo, enseñándole cómo se navega por esos espacios cibernéticos.

Por eso cuando nos referimos al ciberespacio no podemos  definir lo público y lo privado de manera categórica, ni delimitar lo uno de lo otro, sin entender que en las relaciones de poder virtual  ambos conceptos no son estacionarios, ya que una definición de lo privado puede fácilmente ser lo público y una definición de ésta puede ser privada. Por lo cual una aproximación especifica, no absoluta,  contribuye a  comprender la compleja relación de ambos términos con el ciberespacio.

  En  las complejas relaciones sociales y tecnológicas los espacios sociales reales y virtuales son complementarios, sin que una nulifique al otro, porque los sujetos sociales en sus prácticas cotidianas no asumen como conciencia las diferencias de esos espacios. Por ejemplo, una persona fácilmente se desplaza de un espacio a otro sin pensar cuándo está en lo virtual o lo real. Se puede navegar por diferentes espacios como los facebooks, o en una tienda virtual dentro de  una plaza comercial real, en donde existe un cibercafé.

En ese contexto sociocultural, los sujetos van redefiniendo sus espacios públicos y privados, pero estos también los van formando a través de una interrelación social. De ahí que los movimientos, el ir y venir de un lado a otro, se han estado cubriendo  por nuevas formas  de controles digitales que  implican relaciones de poder social y virtual.

La trasformación de dicho espacio cibernético tiene que ver con lo biométrico como mecanismo de control social digital, y este último funciona basándose en la identificación de los sujetos, del saber de la vida por medio de las huellas digitales, las manos, el iris de los ojos, la cara, la voz y la firma.

Dicho método ha sido implementado en  ciudades del Reino Unido,  Canadá, Estados Unidos, España y Alemania.

Con el uso de lo biométrico se puede controlar las principales características físicas de un sujeto y parte de sus espacios públicos y privados. Por medio de esos controles se puede identificar si los datos de su vida son auténticos o  falsos, de acuerdo a los que posee en el pasaporte, la licencia de conducir u otras identidades.

Los espacios públicos y privados de las principales ciudades del mundo, en donde se desplazan los sujetos,  están mediados por lo biométrico, el cual se define como diseño de control espacial digital.

Después de la destrucción de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, los dispositivos biométricos se han acelerado hasta el punto que las empresas que los diseñan no dan abasto a las demandas hechas por instituciones públicas y privadas. .

 En la Unión Americana el método biométrico se aplica en la vigilancia y rastreos de las personas en la esfera de lo público, se implementa  en  los  aeropuertos, hospitales,  centros comerciales y financieros, en las principales avenidas, en los peajes y trenes. Su eficacia se encuentra en almacenamiento de información sobre la vida cotidiana de las personas.

Por eso no resulta extraño que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dijera que estaban preparándose para una nueva guerra librada en el ciberespacio y para tales fines creó un alto cargo de ciberseguridad, con oficina en la Casa Blanca1.

Las relaciones de poder biométrico se han estado imponiendo en  estos tiempos de crisis de la hiperglobalización que es la expresión de la ideología neoliberal, la cual pretendió ser la redención de la humanidad, la misma globalización, y no una ideología  dentro de los espacios de la globalización de los países. Porque ésta implica conectividad cultural, educativa y tecnocientífica, más allá de todas las variantes ideológicas que intenten ser la verdad y la totalidad de lo global.

Ante tantos cambios sociales y tecnológicos convulsos que vive la humanidad, se ha de aprender a vivir con nuevas formas de relaciones de espacios públicos y privados virtuales y reales mediados por formas de control social biométrico.


NOTAS:

Bibliography/References


  • Bauman, Zygmunt (1999): En busca de la Política. Argentina: Fondo de Cultura Económica.
  • Castells, Manuel (1997): La era de la información. Economía, Sociedad y Cultura, Vol.1, Sociedad red. Madrid: Alianza Editorial.
  • Canclini, García Néstor  (1990): Culturas Hibridas. Estrategia para  entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo.
  • Delarbre, Trejo Raúl (2006): Viviendo en el Aleph. Barcelona: Gedisa.
  • Merejo, Andrés (2007): El ciberespacio de la Internet en la República Dominicana
  • Whitaker, Reg (1999): El fin de la privacidad. Como la vigilancia total se está convirtiendo en realidad: Barcelona: Paidós.

CC0 (equivalent to public knowledge)