IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Grupo de trabajo D-27: Media Art/Arte digital

Consumo del arte de los nuevos medios: ¿Libertad en soledad?

Ponente/s


Resumen

La tecnología admite nuevas maneras de expresión, permite nuevas estéticas. En Internet se puede acceder a una nueva forma de arte. El arte de los nuevos medios está pensado para ser producido y consumido en Internet u otras futuras redes de libre disposición pública. Desde la pantalla del ordenador, el consumidor puede acceder a la obra de arte sin riesgo alguno, decidir cuándo y cómo acercarse a ella en la comodidad de un lugar conocido.
Este artículo pretende mostrar algunos atributos específicos del consumo del arte de los nuevos medios para pensar en los nuevos roles que asume su público. La interactividad, la virtual ubicuidad e intemporalidad son rasgos que exigen del participante nuevas habilidades y compromisos para con la obra.

Contenido de la comunicación

INTRODUCCIÓN

El arte de los nuevos medios posee características intrínsecas que lo definen: es “el que se produce para la red Internet y cualesquiera otras futuras redes de libre disposición pública producidas por la combinación -industrialmente eficiente- de tecnologías informáticas y de telecomunicación” (Brea, 2002: 8). A su vez, la apreciación del mismo también tiene particularidades que difieren de las prácticas culturales de consumo propias de las formas de arte tradicionales. Nuestro trabajo indaga sobre las formas de consumo de obras audiovisuales de, por y para Internet.

La producción artística, es decir, toda práctica de producción estético-simbólica con capacidad de interpelación crítica y autocrítica, tiene como objetivo final un destinatario con sensibilidad suficiente para percibirlas y participar de ellas como si fueran propias. A los destinatarios del arte de los nuevos medios no le bastan los sustantivos como audiencia, espectadores, o simplemente público para denominárseles; estos destinatarios son agentes activos, participantes vitales y comprometidos para con la obra. Preferimos el término participante antes que usuario ya que el arte puede o no servir para un uso determinado pero ese no es un rasgo constitutivo del mismo. A lo largo del trabajo nos referimos al participante como consumidor del new media art, esto es así porque nuestro enfoque se basa en entender que “no existe un espacio puro, exterior a la cultura de la mercancía, por mucho que deseemos que exista. Por lo tanto, es mucho lo que depende de las estrategias específicas de representación y mercantilización” (Huyssen, 2002: 24) La gratuidad para acceder a las obras no debe hacer olvidar que ellas se encuentran en un espacio de consumo contra el cual el activismo lucha constantemente.

El análisis de las características de las prácticas del consumidor/participante -nuestro objeto de estudio-, permitirá entender los nuevos retos que debe tener en cuenta el productor/artista dentro de nuestra cibersociedad

En el presente trabajo nos serviremos de cuatro obras para mostrar algunos atributos específicos del consumo del arte de los nuevos medios y así pensar en los nuevos roles que asume su público participante. Cabe destacar que la selección de obras que acompañan cada apartado no responde a un corpus delimitado específicamente sino que corresponde a la necesidad de ejemplificar los conceptos vertidos en las secciones. Para presentar cada trabajo, luego de cada subtítulo se introduce el nombre del artista, el título, y una brevísima descripción de la obra.

A lo largo de esta comunicación, tres aspectos serán trabajados principalmente: 1) el aspecto lúdico y la ausencia de riesgo que permite la inmaterialidad de la obra. 2) la evaluación de los contextos de consumo basados en la desterritorialización del consumo mismo y 3) las funciones subjetivas del consumo, especialmente, la posibilidad de ejercer la libertad y la voluntad en un sentido amplio.

SIN RIESGO

Breve descripción de las obras mencionadas: Olia Lialina, “If you want to clean your screen" (en http://www.entropy8zuper.org/possession/olialia/olialia.htm) Utilizando el scroll de la ventana (vertical u horizontal) una mano se desplaza por la pantalla como limpiándola.

Mark Napier, “net.flag” (en http://netflag.guggenheim.org/netflag/) El participante diseña una bandera modificando los atributos de la última bandera guardada por el anterior visitante.

La interactividad en el arte de los nuevos medios se puede dar de dos maneras: con la obra en sí o con los demás participantes que acceden a la misma obra. La interactividad con la obra está dada por la transformación de la obra en sí, cambiado las vistas, determinando sonidos o colores. Dichos cambios sólo operan en la obra mientras el participante se encuentra trabajando en ella. Estas modificaciones no quedan registradas en la misma obra, de ahí que el próximo participante que acceda a la obra la encontrará tal y cual fue colgada por el artista en el sitio Web. Este es el caso de la obra If you want to clean your screen. Por otro lado, la interacción entre participantes es una posibilidad que brindan obras como net.flag. En este otro caso, la interacción se basa en la incesante modificación de la bandera que da cuenta de este nuevo territorio, Internet. Allí los participantes que entran a la ventana de edición y trabajan con la bandera que ha dejado grabada el visitante anteriores. No es en verdad un diálogo entre participantes, pero cada uno de ellos puede ver -al reingresar en el sitio- sus propios aportes y/o los de los demás. Este aspecto lúdico que brinda Internet, y más específicamente, el arte de los nuevos medios viene de la mano de la posibilidad de conservar el anonimato por parte de los usuarios1 y por el bajo riesgo que implica la participación. ¿Por qué hablamos de riesgo? Porque en la inmaterialidad el cuerpo queda al resguardo. En los happenings o en el teatro de participación, el público se entremezcla en la obra vinculándose desde su corporeidad, en cambio, en el new media art, los participantes se vinculan desde sus ordenadores sin que ello implique más que poner su tiempo y sus recursos intelectuales a disposición de la obra. La metáfora de las ventanas (que Microsoft convirtió en marca registrada) nos permite pensar al participante como un voyeur que se asoma desde la comodidad y el resguardo de un espacio físico conocido y cotidiano; todo esto sin perder de vista que este voyeur no está sumido en la pasividad, sino que interviene activamente a la vez que adentra su mirada. Se está cerca en términos perceptivos (independientemente de cuestiones espaciales), quizás sea esta percepción la que permite que los públicos de estas obras logren apropiarse de ellas de un modo muy diferente a la obra de arte tradicional.

En síntesis, el participante puede interactuar con la obra de arte de los nuevos medios y con otros individuos que también acceden a ella. En esas interacciones, el participante se desliga de su corporeidad, lo que le permite ampliar su confianza y comprometerse más con la obra. Muchos detractores de la las nuevas TIC’s se encargan de decir que el ordenador nos ha hecho más solitarios, ¿es eso cierto? Para pensar en ello veremos qué relaciones interpersonales se ponen en juego al acceder a una obra de arte desde nuestro ordenador ya que, como mencionamos anteriormente, el participante no se encuentra solo sino que -por medio de la obra- él está en relación con el artista y con otros participantes.

¿EN SOLEDAD?

Breve descripción de la obra mencionada: Santiago Ortiz Herrera, “La esfera de las relaciones” (en http://moebio.com/esfera/) Una esfera de palabras seleccionadas arbitrariamente permite relacionar pares de ellas con una escritura basada en la poética y el humor de los participantes.

Los tecnofóbicos suponen que se da una suerte de autismo cuando un internauta se desconecta de su entorno social para quedar aislado de su contexto y sumirse en los datos de su ordenador. Es posible pensar esto sí y solo sí se concibe la socialización cara a cara como única manera de estar en contacto con otros. Según esta óptica, la observación no debería imputarse a las nuevas tecnologías sino que podría asociarse a problemáticas iniciadas con la ancestral comunicación por señales o desde la aparición del telégrafo. Así como cada sujeto tiene sus redes físicas de relaciones, Internet ofrece la posibilidad de crear comunidades poseedoras de normas y valores propios del entorno virtual. Según Manuel Castells, una sociedad “cuya estructura social está construida en torno a redes de información a partir de la tecnología de información microelectrónica estructurada en Internet” (2006) es una sociedad-red. El enfoque del sociólogo español implica ver la tecnología como estructura pero también insta a pensar que esa estructura está respondiendo a los requerimientos de nuevas formas de relacionarse de la humanidad que son producto de procesos sociales e históricos que exceden a la tecnología en sí.

De la misma maneta debemos entender que el arte de los nuevos medios no es una sencilla consecuencia de la aparición de la nueva tecnología, sino como una práctica que admite y permite la construcción de vínculos. La obra La esfera de las relaciones del colombiano Santiago Ortiz Herrera es un claro ejemplo. En ella, el participante interactúa con la obra, anotando la relación entre dos de las muchas palabras que la esfera proporciona, así como también entra en interacción con los demás participantes que dejaron inscripciones en la obra. En espacios como éste las interacciones son asíncronas, siendo una forma efectiva de relacionarse, incluso podríamos decir que una forma mucho más efectiva que la proporcionada un espacio físico en sí; Jon Ippolito reflexiona metafóricamente: “como si una galería vacía pudiera conservar las huellas de visitantes anteriores y sus palabras resonando en el aire” (2002).

Ambos, tanto el artista de los nuevos medios, como el participante que disfruta de su obra son parte de una cultura participativa en la que hay bajas barreras para la expresión artística, un gran aliento para la crear y compartir creaciones propias, hay tutorías y mentorías informales más que un traspaso lineal y formal de conocimientos, con una valoración de la experiencia y acción personal, todo esto acompañado por una sensación de estar conectado a los otros gracias a las filiaciones a las redes sociales, desde las circulaciones de weblog o podcast, y la resolución de problemas colaborativos –como los wikis- y demás (Piscitelli, 2009).

Es preciso tener en cuenta que la participación en la obra de arte de los nuevos medios es distinta a la participación (lectura o recepción) de las artes tradicionales (Brea, 2002: 101 y ss.). Estar presentes ya no ante, sino en la obra, está expresando una forma de presencia temporal más que espacial. Con la obra no se comparte el espacio; el participante deja su huella que perdura en la inmaterialidad y en el tiempo. Así, pues, el tiempo es el territorio en el que el consumidor de arte (o cualquier internauta) deja su pisada, su rastro, su estela; a veces como la inscripción de una dirección de IP en un server, otras firmando con nombre y apellido. Entonces, si la territorialidad se encuentra en el plano de lo inmaterial y en la temporalidad, ¿qué pero tiene en el enclave físico del consumo de arte para pensarlo como dato para el análisis cultural?

EN LIBERTAD

Breve descripción de la obra mencionada: Eugenio Tiselli, “Synonimovie” (en http://www.motorhueso.net/dcr/synonymovie/synonymovie.htm) Películas que comienzan cuando el participante escribe una palabra y luego se siguen con imágenes asociadas a sinónimos

En las galerías y los museos, el tiempo y el espacio están altamente controlados. Estos recintos brindan arte los días que duren sus muestras, dentro del horario comprendido desde que abren sus puertas hasta que las cierran. Brindan arte sólo a aquellos que se acerque hasta el lugar físico donde ellos están emplazados. Piden que hagamos silencio. A veces, nos hablan desde grabaciones para decirnos que nos hemos acercado mucho a una obra, y muchas veces trazan nuestro recorrido valiéndose de guías, audios o con la sucesión de puertas y obras. Estar en presencia de la obra de arte de los nuevos medios no requiere de un lugar físico específico; no quedamos sujetos a visualizarla en un determinado momento del día.

Mientras que las obras de arte tradicional requerían cierto recogimiento, la participación en Synonimovie, de Eugenio Tiselli, puede experimentarse desde un sillón cómodo de la oficina, desde el escritorio de una casa de familia, desde la cabina de un ciber-locutorio, desde el salón informático de un centro educativo, o incluso desde la espera de un semáforo, o de sentado en el retrete si poseemos un teléfono móvil de última generación. El participante elige donde y cuando se pondrá en marcha una película y podrá detenerla cuando guste, sin regulaciones. Michel de Certeau se refiere a la lectura y dice: “la creatividad del lector crece a medida que decrece el peso de la institución que la controla” (1980: 289); para nuestro caso, el alejamiento de la obra de los enclaves institucionales habilita la libertad de moverse sin las rigideces que la misma institución arte impone.

El consumo del arte, bajo cualquiera de sus formas, nunca está asociado a la saciedad de necesidades. El arte de los nuevos medios no admite un consumo diferenciador; sus productos no son ostensibles en tanto el único registro que queda del acto de consumir arte por Internet es el número de IP inscripto en alguna base de datos. Aunque el consumo de las otras artes puede brindar prestigio o dar cuenta de una cierta posición social, el consumo del new media art se da en la intimidad, en el ámbito de lo doméstico, de lo privado.

En la inmaterialidad de la obra, el placer de experimentar la participación y la co-creación suplantan la fruición de la posesión hedonista. La inmersión en la obra y la libertad para la construcción dentro de ella, permite concebir el consumo como un proceso relacional entre participantes y su contexto marcado por la negociación que excede la mera recepción/observación. Este tipo de consumo se puede entender como “una práctica sociocultural en la que se construyen significados y sentidos del vivir” (Sunkel, 2002). Sólo el participante sabe porqué participa, sólo él y su voluntad deciden cuando y cómo participar.

Mientras el universo consumista tiende a liberarse de los enfrentamientos simbólicos, aparece un nuevo imaginario asociado a la potestad sobre uno mismo, al dominio individual sobre las condiciones de la vida. En adelante, los goces ligados a la adquisición de cosas se relacionan menos con la vanidad social que con un “pluspoder” sobre la organización de nuestra vida, con una potestad mayor sobre el tiempo, el espacio y el cuerpo. (Lipovetsky, 2007: 47)

Internet es una oportunidad para ganar independencia personal, y el arte de, por y para Internet irrumpe en la cotidianeidad del internauta haciendo de esa independencia el terreno fértil para la retroalimentación y la construcción de nuevas inteligencia y estética colectivas

CONCLUSIONES

El participante accede a la obra de los nuevos medios en la inmaterialidad. Quizás sea la misma inmaterialidad la que le brinda total libertad para disponer de esta forma de arte. No hay horarios para entrar en contacto con la obra, ni hay un único espacio para contemplarla y experimentarla. Esta obra de arte permanece disponible para su público en una multitemporalidad más que en una intemporalidad; los tiempos de su producción y consumo se entretejen y superponen. Una suerte de sensación de ubicuidad está dada por la relación entre la territorialidad del IP y la desterritorialización del éter cibernético. La posibilidad que tiene la persona de elegir los términos en los que se vinculará con la obra, y la libertad de interactuar, tanto con la obra como con otros participantes, lo erige como co-creador de la obra misma. Es por esto que los consumidores de este arte no pueden denominarse con sustantivos como audiencia, espectadores, o simplemente público usuario; ellos son protagonistas y signos de una cultura que cada vez deja menos lugar al solipsismo.

NOTA:

1 Un anonimato relativo ya que si consideramos la dirección IP (sea fija o dinámica) como una forma de identificación, se puede pensar que los internautas no dejan su firma con nombre y apellido pero dejan un registro de su presencia en cada sitio que visitan.

Bibliografía/Referencias


  • BREA, José Luis, 2002, La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales, Salamanca: Consorcio Salamanca

  • CASTELLS, Manuel, 2006, “Internet y la sociedad red”, en Contrastes: Revista cultural, Nº. 43, pp. 111-113

  • DE CERTEAU, Michel, 1980, L’ invention du quotidien, París: UGE-10/18..

  • HUYSSEN, Andreas, 2002, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización, Buenos Aires: FCE.

  • IPPOLITO, Jon, 2002, “Diez mitos sobre el arte en Internet”, en La conquista de la ubicuidad, [en línea]. España. Recuperado el 8 de junio de 2009, de http://aleph-arts.org/ubiquid/texto.php?Id=7

  • LIPOVETSKY, Gilles, 2007, La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, Barcelona: Anagrama.

  • PISCITELLI, Alejandro, 2009, 5 de marzo "Convergencia mediática, cultura participativa y alquimia de las multitudes" (videoconferencia). Primer Congreso Virtual Colombia Aprende - Proyectos colaborativos [en línea] Recuperado el 26 de Septiembre de 2009, de http://comunidades.eafit.edu.co/congreso/memorias/ruta/?q=node/599

  • SUNKEL, Guillermo, 2002, “Una mirada otra. La cultura desde el consumo”, en Daniel Mato (coord.), Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder. Caracas: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y CEAP, FACES, Universidad Central de Venezuela.


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