Esta comunicación invita a la reflexión crítica acerca del gobierno electrónico como un fenómeno que involucra el uso de tecnologías de información para entre otras cosas, acercar a ciudadanos y gobierno en diferentes instancias (locales, regionales, nacionales) y a través de canales y servicios diversos. Se presentan dos mitos que se consideran relevantes para orientar la investigación futura en esta área y la reflexión acerca del papel de las instituciones. Estos mitos son: la linealidad y la existencia de un espacio público-electrónico. El primero crea una falsa ilusión de progreso hacia la ciudadanía electrónica; el segundo oculta barreras importantes para fomentar espacios de dialogo genuinos desde los cuales puedan mejorarse las condiciones de participación y generación de conocimiento en sociedades. Revelar estos dos mitos y sus limitaciones nos lleva a preguntarnos sobre qué nos queda por hacer en el tema de gobierno electrónico como ciudadanos y gestores de instituciones publicas. Se presentan algunas ideas al respecto que incluyen el uso de tecnologías de información bajo una ética de continua reflexión e invención de nuevas maneras de gobernar.
Introducción
La sociedad de la información sigue su curso, querámoslo o no. Las palabras un tanto proféticas de Castells (2001) acerca de la imposibilidad de estar aislado de ésta sociedad nos sirven ahora más que nunca para entender que como ciudadanos, pasivos o activos, no podemos escapar a los impactos que las tecnologías de información tienen en nuestras sociedades. El gobierno electrónico es ahora una de las manifestaciones de dichos impactos. Aunque no precisamos de una única definición de este fenómeno, es claro que envuelve transformaciones en el espacio de lo administrativo y lo público y en las relaciones que se generan entre los individuos en cada uno de estos espacios.
Este artículo intenta develar dos mitos que se han creado en torno al fenómeno de gobierno electrónico con el fin de definir más claramente el espacio de la reflexión y acción colectiva que este pueda soportar en relación a lo que adelantan las instituciones publicas de gobierno en este tema. Se entiende por reflexión/acción aquella que individuos, ya sea en grupos comunes o diversos, emprenden como respuesta a lo que vemos como problemas sociales que tiene que ver con la regulación de la conducta en sociedades o ‘gobierno’. El artículo adopta una postura crítica inspirada en las ideas de Foucault así como su intención de estudiar y denunciar problemáticas sociales e investigativas. Basándonos en algunas ideas que consideramos claves revelamos las limitaciones de estos mitos, y algunas posibilidades para fomentar una acción individual y colectiva más genuina y éticamente informada que también incluye el uso de tecnologías de información.
Se organiza el artículo de la siguiente manera. Se ofrece un breve contexto sobre la sociedad de la información y se ponen las ideas de Foucault como un transfondo conceptual. Se presentan estos mitos describiendo sus limitaciones en relación a la libertad individual. En la presentación, hacemos un intento por trazar algunos de los límites de estos mitos, y se concluye con algunas posibilidades de acción para re-construir nociones de gobierno más acordes con las problemáticas del contexto Ibero-Latinoamericano.
La sociedad de la información
Vivimos en tiempos que para muchos indican la transición a lo postmoderno y aquello que no acepta norma, mientras que para otros es una progresión a sociedades basadas en el conocimiento y la comunicación. La sociedad de la información pareciera evolucionar pero al mismo tiempo fragmentarse y fragmentar el tejido social de nuestros grupos comunitarios (Webster, 2002). Nuevas generaciones parecen ya venir programadas genéticamente para utilizar tecnologías de información y comunicaciones mientras que las antiguas deben continuamente adaptarse. Es más claro ya que tecnologías que permiten comunicación más eficiente y con memoria se han destinado para usos diversos. Ya se habla de medios audiovisuales sociales como un área de investigación e incorporación de nuevas tecnologías.
Si todo pareciera solucionarse con información, y ya ésta tendencia toca casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana incluyendo asuntos de gobierno, ¿porque todavía tenemos problemas sociales, y porqué no hemos llegado a mejorar la calidad de vida de manera significativa incluso en sociedades donde la sociedad de la información es ya una realidad? Es necesario revisar los supuestos, premisas e ideales que hemos utilizado o seguido para alimentar la definición de políticas y la implementación de proyectos de gobierno electrónico. En particular, es necesario des-mitificar algunos de estos elementos para poderlos ver en toda su dimensión.
En un contexto como el Ibero-Latinoamericano donde para algunos la colonización ahora se manifiesta por la imposición de conocimiento foráneo (Ibarra-Colado, 2006), la invitación de Castells a participar de la sociedad en red para evitar ser borrados por la misma es un buen punto de partida para iniciar nuestra revisión crítica del gobierno electrónico. Requerimos de un análisis más profundo del conocimiento que asumimos como ‘verdadero’ sobre este fenómeno con miras a proporcionar elementos para guiar la acción individual y colectiva. La acción en forma de participación se ha declarado como fundamental para el desarrollo del gobierno electrónico pero que hasta ahora no se define claramente cómo debemos participar en su apropiación. Para continuar nuestro análisis critico y aclarar nuestro papel como ciudadanos nos referimos ahora al trabajo de Foucault.
La governmentalidad de Foucault
Las ideas de Foucault se han utilizado de maneras diversas para denunciar situaciones que merecen atención en sociedades y organizaciones. La preocupación principal de Foucault es la del sujeto, y como este se vuelve blanco de las relaciones de poder que buscan normalizar su conducta, es decir, regularla, dirigirla y moralizarla. Para Foucault, el problema del sujeto (individual y colectivo) es el problema de cómo las relaciones de poder lo han convertido en el sujeto que es en el instante presente, y qué puede hacerse al respecto (Foucault, 1994a, Foucault, 1994b).
Es difícil describir toda la obra de Foucault en pocas palabras. Hacerlo también nos puede llevar a incurrir en adaptar sus hallazgos respecto al estudio de ciertos fenómenos (por ejemplo el surgimiento del asilo, o del conocimiento científico) a situaciones actuales, en otras palabras a denunciar la normalización presente del sujeto basándonos en métodos y denunciaciones pasadas; esto ha sido rechazado categóricamente por Foucault mismo (Foucault, 1984b). Sin embargo a través del estudio de su obra se pueden sin embargo rescatar algunos aspectos que nos pueden servir para entender y ‘mapear’ lo que pasa con el gobierno electrónico como un fenómeno social, aspectos que nos invitan más a asumir una posición crítica frente a este más que a hacer un análisis histórico, riguroso y detallado del mismo. Proponemos los siguientes aspectos de crítica:
La historia del cuerpo de conocimiento así como el conocimiento mismo no son productos homogéneos o linealmente construidos, sino al contrario, fenómenos accidentados, fragmentados y relacionados entre si (Foucault, 1977, Foucault, 1989). La existencia de relaciones de poder asociadas a discursos de conocimiento así como el carácter dinámico del poder (que también nos ofrece algún grado de libertad en el momento presente), su influencia a nivel individual y colectivo y su continua reconfiguración en términos de coaliciones, conflictos, supresiones y creaciones de nuevas formas de conocimiento (saberes, discursos) nos llevan a ver al mismo como históricamente contingente, y en ultimas maleable hasta cierto punto con respecto al poder como fenómeno social. Contingencia incluye la asociación entre conocimiento y ética donde esta última provee el sustento de legitimación en la persecución de ciertas formas de auto conocimiento y de relación con otros (moralidad, sexualidad)[1] (Foucault, 1984a).
La imposibilidad de estar y actuar ajeno al poder (Foucault, 1977). Las relaciones de poder como maneras de construir la ética y el conocimiento, así como aquello que el sujeto llega a ser lo convierten en su centro y nos llevan a aceptar que no podemos estar fuera del poder si queremos analizar las relaciones entre sujetos (individuales, colectivos) y con ellos mismos. El concepto analítico del poder nos ayuda a entender los límites y las oportunidades de lo que somos y podemos ser o hacer en una sociedad. Foucault hace énfasis particular en el poder como condición necesaria de ésta última, ya que permite regular (y también normalizar o limitar) la conducta de los individuos (Foucault, 1994b).
Las oportunidades éticas. Continuamente aparecen problemáticas como situaciones donde se define, con respecto al sujeto (individual o colectivo), un área de trabajo sobre la cual se ‘debe’ generar conocimiento para apropiarlo o desarrollarnos más, para así seguir conviviendo en nuestras sociedades (Foucault, 1984c). El gobierno electrónico y la atención puesta al mismo es una de ellas. Reconocer estas formas de ser y conocer aceptadas definen nuestra libertad individual y colectiva. Para Foucault, la ética es condición de libertad (Foucault, 1994b), pero la libertad se vive dentro de las relaciones de poder. Si aceptamos esta conclusión, podremos identificar oportunidades para desarrollar nuestra ética individual y colectiva.
Con lo anterior se puede definir una actitud crítica que nos invita a revisar continuamente lo que se es y lo que se piensa (Foucault, 1984d:374), a reconocer que todo en nuestra sociedad tiene algún peligro inminente (Foucault, 1984b), y a buscar definiciones de espacios de acción que nos permitan regularnos y regular nuestra sociedad. Con estos puntos de análisis y conclusión nos aprestamos ahora a revisar al gobierno electrónico como un fenómeno de conocimiento que trae consigo una noción de gobierno manifiesta en dos mitos particulares: la linealidad y la existencia de un espacio público-electrónico. Esta revisión pretende llevarnos a revisar las relaciones entre el papel institucional y el gobierno electrónico así como el rol de los ciudadanos en espacios de participación electrónica. La revisión no pretende evitar una verificación ‘rigurosa’ aunque se podrían adelantar análisis más detallados de lo que se describe en cada mito, cuidando de que no busquemos establecer una única verdad acerca de los mismos Se prefiere dejar al lector el continuar con la reflexión luego de la presentación.
El primer mito: La linealidad del gobierno electrónico
El primer mito es aquel que describe al gobierno electrónico y a su surgimiento como un mecanismo (mediado por tecnologías de información) que nos permite enriquecer las relaciones entre gobiernos y ciudadanos, y que aumentara la diversidad, inclusión y participación de estos en asuntos de gobierno (Holmes, 2001). En entender el gobierno electrónico se ha generado un cuerpo de conocimiento alrededor de cómo garantizar que éste se implemente. Conceptos de gobernabilidad, aceptación, modernización en la administración pública parecen sustentar la búsqueda de maneras de rescatar, identificar, clasificar, contabilizar y promover actividades de gobierno electrónico y de su sostenibilidad[2]. Como lo observan Heeks and Bailur (2007), el gobierno electrónico abarba un cuerpo de conocimiento diverso, con muchos estudios que apuntan a cómo implementarlo más que a efectuar una revisión crítica o teórica del mismo.
La sugerencia de Heeks y Bailur también parece apuntar a la dominancia de modelos de apropiación lineales que se vienen promoviendo desde el trabajo, entre otros, de Layne and Lee (Andersen and Henriksen, 2006, Layne and Lee, 2001). Estos modelos definen etapas de transición que llevan al gobierno desde un estado actual (posiblemente pasivo e ineficiente) hacia la interacción electrónica, la participación ciudadana y la eficiencia en la prestación de servicios. Los modelos no parecen en principio muy diferentes a modelos de implementación de comercio electrónico (Chaffey, 2009) que ya son populares en la enseñanza en escuelas de administración; es más, algunos definen gobierno electrónico como negocio electrónico (Holmes, 2001). En el campo de la administración pública, se habla de dificultades que deben solucionarse en cada etapa de gobierno electrónico para llegar a un estado ideal de la gobernabilidad (digitalizada). Este estado no diferencia entre diversos contextos culturales o sociales, ya que se propone una única visión centrada en el ciudadano para hacer más eficiente al gobierno (Holmes, 2001). El formular una visión de gobierno eficiente y digitalizado se extiende a países como Colombia donde ya se tiene una visión para el 2019 del gobierno centrado en el ciudadano (Vision-2019, 2005). Esto constituye un patrón de desarrollo que puede adoptarse para fomentar el gobierno electrónico, pero que también tiene limitaciones en cuanto a desarrollar participación ciudadana en vez de consulta (Córdoba and Orr, 2009). En la implementación de visiones surgen limitaciones que nos llevan a ver al gobierno electrónico como un fenómeno fragmentado antes que homogéneo.
Fragmentación. A pesar de la unicidad que la visión anterior sugiere, las fallas y resquebrajos en la misma comienzan a aparecer. La relación entre el gobierno electrónico y el gobierno normal como conjuntos de actividades y asuntos se vuelve problemática (entre actividades en línea y fuera de línea), ya que el balance entre estos no es armonioso; una muestra de esto es la necesidad de combinar teorías y enfoques para ‘alinear’ nuestro estudio del gobierno electrónico con el fenómeno mismo, así como para garantizar transformaciones en las instituciones. La palabra alinear se deriva del alineamiento estratégico entre tecnología y procesos propuesto en el ámbito empresarial en los años 90 (Henderson and Venkatraman, 1999), y ha sido paulatinamente reemplazada por la de la culturización informática (Galliers, 2004). Tal y como ocurre en el ámbito empresarial, el cambio que se genera con la introducción de tecnologías de información en asuntos públicos es penoso por no decir casi imposible, siendo abordado por diferentes disciplinas, cada una de ellas con su propias reglas de alineación y en ultimas de verdad o verificación de progreso.
Otro ejemplo de fragmentación es el de la dificultad de conciliar discursos de gobierno electrónico provenientes de la ciencia política con aquellos provenientes del desarrollo de sistemas de información. Para los primeros se habla de gobernabilidad como un fin a alcanzar; para los segundos y siguiendo a la literatura se habla de integración digital de la información. Similares pero diferentes, estos parecieran apuntar a un mismo fin, pero sus indicadores de progreso respectivos (autonomía para el primero y transparencia para el segundo) no parecieran satisfacerse simultáneamente; siempre hay algo más que añadir para alcanzar el estado ideal y en últimas una única verdad o definición. Se puede llegar a implementar servicios de gobierno electrónico de manera integrada y transparente, pero esto no significa que se haya alcanzado la gobernabilidad como un estado de relación entre ciudadanos y gobiernos. Los conceptos parecen eludir las realidades.
En este juego de verdades inalcanzables planteado por varios discursos ‘científicos’, el papel del ciudadano es central. Él o ella deben poner de su parte y responsabilizarse por jugar su rol, por aprender a interactuar electrónicamente y participar. Otro cuerpo de conocimiento que surge alrededor de los individuos como (ciudadanos) sujetos es el de la educación. Se ofrece ayuda que convierte al ciudadano en ciudadano electrónico, y determina las maneras en que este(a) debe comportarse (ética). No se puede estar ajeno a esto, ya que hay una necesidad de evitar a como dé lugar el desarrollo de brechas digitales (Japanese Government, 2000) entre aquellos que tienen acceso a servicios electrónicos y aquellos que no. Para aquellos que tienen acceso, la cuestión de la identidad electrónica y cómo protegerla se vuelve fundamental. Es imposible como ciudadanos escapar primero a ‘acceder’ a medios electrónicos y segundo a ser identificados, reconocidos, clasificados y muy posiblemente monitoreados. Hacemos parte de las relaciones de ciudadanía electrónica, querámoslo o no; con más servicios puestos en línea estamos presionados a entrar en el espacio electrónico. Es posible que pronto tengamos que pagar para mantener ‘viva’ y ‘segura’ ésta identidad.
Oportunidades éticas. A pesar de ésta tendencia a conectarnos al gobierno electrónico existen espacios de libertad en los que todavía podemos movernos. La modernización total no llega (y puede que nunca llegue). Las instituciones todavía no llegan a escoger un único modo de operar, y tampoco llegan a todos los ciudadanos, en especial en regiones de Latinoamérica. Si todavía no hacemos parte del gobierno electrónico, hacemos parte de alguna forma de gobierno que podemos utilizar o cambiar. Como ciudadanos, podemos mantener ciertas prácticas de interacción no electrónica, es decir todavía en algunos casos podemos hablar con funcionarios de gobierno. Si ya entramos en la dinámica de acceder y utilizar medios electrónicos de comunicación, podemos tener diversas identidades electrónicas (por ejemplo varias direcciones de correo electrónico, o páginas en sitios sociales con nombres diferentes al nuestro); tenemos todavía libertad para ser educados en gobierno electrónico o para intentar re-educar a nuestras instituciones. Podemos todavía mantener diferencias entre nuestra ciudadanía normal (o lo que entendemos por ella) y la electrónica (la inequívoca de registro, almacenamiento y protección), en otras palabras una ciudadanía dual. Podemos todavía pensar en movernos entre estas dos, mientras nuestros registros se centralizan o unifican.
Bajo ésta óptica el papel de las instituciones dejaría de ser totalizante, y muchas de ellas podrían conceder y aceptar que existen estos espacios y posibilidades. Nuestro rol es el de hacerles ver la complejidad y riqueza de las relaciones que se generan, otros límites que puedan existir, y tratar de diseñar espacios más regulados para la prestación de servicios electrónicos. O podemos crear nuestro propio ambiente electrónico como se vera a continuación.
El segundo mito: El espacio de lo público-electrónico
La aparición de tecnologías de información que nos permiten tener relaciones electrónicas sigue en boga. El uso de Wikis®, blogs®, paginas sociales y mensajería electrónica rápida ha llevado a algunos a concebir un espacio de lo público que existe a través del contenido y las formas de comunicación que estas herramientas generan. Para muchos, este espacio constituye una alternativa genuina pública que permitiría a ciudadanos expresarse y participar de deliberaciones cuando no en establecer comunidades ciudadanas para tratar cualquier asunto relacionado con su propio gobierno y a diferentes niveles (local, regional, nacional). Pareciera que con esto se llegaría a un estado ideal de acceso universal a estas tecnologías en el que cualquier persona podría expresarse a través de las mismas.
Fragmentación. A pesar de que el uso de las tecnologías anteriores prolifera cada vez más, en este espacio de lo público-electrónico se pueden apreciar ‘batallas’ entre ‘sitios’ o ‘escaparates’ que buscan ganar la atención general. Todos estos deben librar una batalla contra el enemigo invisible que pareciera ocultarse a ratos: es el de la falta de acceso a Internet. Estadísticas muestran que solamente ciertos grupos (y en Ibero-Latinoamérica también) tienen acceso a Internet. En muchos países se nombra al gobierno como responsable de librar esta batalla, mientras que proveedores privados de contenido electrónico libran la suya en los mercados. El gobierno debe lidiar con la continua aparición de brechas digitales y las estadísticas que estas generan. El acceso universal parece a ratos un ideal antes que una realidad.
Una vez los ciudadanos acceden al ciberespacio, no solamente se desarrollan batallas de contenido sobre temas que mezclan la oportunidad con la calidad de la información, sino que también develan como cuerpos de conocimiento tradicionalmente políticos invaden el mismo (por ejemplo los blogs de primeros ministros o sitios en Internet de oficinas de presidencias o partidos políticos). Campañas presidenciales usan el espacio para ganar adeptos y hacer más eficientes sus procesos de proselitismo (por ejemplo el caso de la campaña presidencial de Barack Obama). Partidos minoritarios entran en la escena (Araya et al., 2009), e incluso movimientos al margen de la ley pueden comunicarse por este medio (Castells, 2001). Las llamadas 'guerras mediáticas' (de las cuales la región iberoamericana ha visto batallas entre países relacionadas con el imperialismo y el socialismo de sus dirigentes actuales) son ya parte del día a día del espacio. La mensajería de textos comienza ya a tener visos de mercadotecnia así como la promoción en redes sociales. En este sentido, la fragmentación es motivo de preocupación para aquellos que buscan homogeneizar la calidad de los contenidos de recursos en el espacio público-electrónico o buscan dominar el espacio de atención bajo un velo de igualdad de condiciones.
No se puede estar ajeno a esto. En el espacio de lo público-electrónico, ciudadanos comunes y corrientes deben escoger entre sus blogs, periódicos y sitios favoritos; hay grupos en línea que en principio representan los intereses que cada uno tiene, es cuestión de buscarlos y unirse participando. Incluso, medios de comunicación tradicionales tienen espacio para blogs ciudadanos donde si se tiene alguna idea, queja o aporte, se puede dejar allí. Muchos periódicos en Latinoamérica tienen ya blogs de interés general o específico, y las noticias se pueden comentar; existen moderadores de contenido. Sitios de mensajería social (por ejemplo. Factbook, hi5) nos invitan a ‘no quedar por fuera’ de las conversaciones con amigos o colegas o incluso empleadores futuros. Otro tipo de compañías privadas o con ánimo de lucro también tienen sus blogs en los que reciben contribuciones del público respecto a sus productos y noticias. Ante estos y otros recursos ‘disponibles’, el sentimiento que se genera es que debemos participar por riesgo a ser ignorados, ser vistos como apáticos o ‘estar al tanto’ de lo que sucede en la aldea global. No existe una única verdad ni discurso que pueda explicar lo que sucede, aunque diferentes disciplinas intentan abordar el estudio de este espacio. Se diferencia entre la calidad de buenos y malos recursos (por ejemplo un blog recomendado por su contenido).
Una vez nos revelamos en este espacio público-electrónico, se nos definen perfiles de personas en estos sitios; el mercadeo crea estrategias para entender como funcionamos de acuerdo a los ‘clicks’ y mensajes que enviamos. El conocimiento de mercadeo asegura que nos sorprendamos cada día de recibir mensajes en teléfonos móviles, cuentas de correo electrónico u otros medios. Nos definen como ‘sujetos’. De manera que todavía parece sorprendente, en la interacción electrónica surgen y se adoptan reglas de comportamiento ético. La imagen de ‘buen cibernauta’ nos ronda aunque todavía no nos puede capturar (la ley todavía no comprende todos los casos de comportamiento a ser castigados). Una buena imagen encierra cortesía, participación, uso de lenguaje adecuado, respeto a ciertas normas y jerarquías en comunidades donde hay expertos y donde hay novatos.
Oportunidades éticas. Aparte de no tener una base clara conceptual para entender de manera única éste espacio público electrónico pero de tener que estar relacionado con el mismo, pareciera que también hubiera una mano invisible que maneja los hilos. Sin embargo las tecnologías de información también ofrecen oportunidad para actuar de manera poco convencional en lo ‘público’. Se han visto ejemplos de sitios en Internet antigubernamentales que recogen opiniones e ideas de ciudadanos acerca de sus ayuntamientos. Blogs y otras tecnologías se pueden emplear de manera espontánea para co-ordinar campañas. Tecnologías como Twitter® o Youtube® también ayudan a movilizar grupos y para emprender campañas reactivas contra empresas o partidos políticos. El ciudadano común puede todavía no participar, o participar exhibiendo ciertos comportamientos en línea sin todavía revelar su verdadera identidad. Todavía nos es posible tener nuestras relaciones fuera de línea. Podemos aprovechar el espacio público electrónico para crear nuevas o reforzar aquellas existentes. Existen oportunidades para abandonar la identidad de ‘usuarios’, ‘consumidores’ o ‘autores’ en este espacio.
¿Qué nos queda?
Ante las descripciones anteriores, queda un poco más claro que el fenómeno del gobierno electrónico es más complejo, multifacético y fragmentado de lo que se cree y que una parte del mismo encierra el auto-gobierno de personas a través de nuevas tecnologías que están a su alcance (por ejemplo los blogs®) en el espacio de lo público-electrónico. Aunque hoy en día en instituciones públicas se fomentan más las alianzas entre el gobierno electrónico y el espacio de lo público (un ejemplo de esto es un portal de servicios de gobierno con facilidades de participación ciudadana), las premisas sobre las cuales se fundamentan ambos mitos quedan con menos piso del que parecen tener, y ante esto se sugiere la pregunta: ¿Qué nos queda (por hacer) en el gobierno electrónico?
Por un lado nos queda la posibilidad de continuar actuando respecto a los dos mitos, ya sea apoyando su desarrollo como ‘buenos’ ciudadanos pero teniendo en cuenta que debemos hacer algo más. Esto es lo que Foucault llama manejar los dos espacios de lo público y lo privado (Foucault, 1984e). Dentro del espacio de lo público podemos contrarrestar los efectos de la linealidad del gobierno electrónico, sus efectos en las instituciones y en el espacio público-electrónico. En ambos mitos se debe evitar la ‘verdad absoluta’ de cómo se debe operar. Podemos denunciar aquellos efectos que consideramos negativos o normalizadores para nuestra libertad, muchos de los cuales vienen disfrazados como posibilidades de escogencia electrónica (por ejemplo el voto electrónico que ha sido motivo de fraudes, campañas mediáticas así como también de sorpresas electorales).
La labor encierra ganar competencias y conocimiento respecto a las prácticas y tecnologías, no solamente las tecnologías duras sino también aquellas que nos llevan a ‘confesar’ o ‘revelar’ nuestro sujeto (Foucault, 1994c) y a ponerlo al servicio del estudio de las instituciones; en el caso del gobierno electrónico se habla ahora de la identidad; las prácticas para clasificarla, contabilizarla, verificarla y asegurarla deben ser estudiadas en cuanto a los límites que imponen para la libertad individual. Se debe asumir una actitud de vigilancia permanente para evitar la continua asociación entre lo administrativo, lo tecnológico y lo que parece pertinente (y verdadero) para el ciudadano común y corriente (por ejemplo su identidad), en otras palabras aquello que parece ‘natural’ en la progresión hacia la gobernabilidad o a la democracia. Otro ejemplo donde podemos asumir una actitud y competencias más críticas es el de la automatización total de servicios que en principio se conciben para dar ‘flexibilidad’ y eficiencia a individuos y empresas, pero que nos pueden dejar a merced de sistemas computarizados en instituciones y aislados de seres humanos, o a merced de instituciones internacionales que quieren ver avances hacia la democracia. Muchos proyectos de gobierno electrónico cuentan con el aval o financiación, pero se orientan a lograr indicadores que imponen la necesidad de implementar ciertos servicios que en últimas nadie querría utilizar (Bannister, 2007).
Por otro lado las descripciones de los mitos nos dejan ver que existe la posibilidad de crear y recrear aquello que consideramos parte de nuestra identidad como ciudadanos a nivel individual y colectivo. Podemos enmarcar nuestra acción dentro de lo que los mitos nos permiten hacer (nuestra libertad regulada) para desarrollar esta identidad. Dentro de esto, dentro de lo que podemos considerar ‘privado’, podemos tratar de identificar o generar nuevos mitos que sean más acordes con nuestra ética. En cuanto a lo público es importante estar atento a posibles implicaciones de normalización de aquello que apropiamos como usuarios de servicios de gobierno electrónico. Esto nos puede servir como fuente de inspiración y marco de actuación (del cual no podemos apartarnos) para continuar desarrollando reflexiones críticas acerca de lo que hemos llegado a ser gracias al gobierno electrónico y al desarrollo de otros espacios.
NOTAS:
[1] Claro que hoy en día, podemos identificar diversas asociaciones entre temas de moralidad, sexualidad y ética, con sus respectivos acuerdos y desacuerdos.
[2] "Sobre este tema de la autonomía se puede retomar análisis sobre la auto-reproducción de sistemas sociales en la administración. Ver por ejemplo: BRANS, M. & ROSSBACH, S. (1997) The autopoiesis of administrative systems: Niklas Luhmann on public administration and public policy. Public Administration, 417-439"
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