IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Grupo de trabajo C-23: Ciudades y territorios digitales

Formas de aprendizaje ciudadano: la deliberación política en internet

Ponente/s


Resumen

Los ciudadanos conversan, actúan, se interrelacionan. En estos procesos surge la deliberación política como herramienta de ejercicio ciudadano, y hoy día también como fenómeno de aprendizaje y formación, susceptible de ser mediado a través de herramientas Web 2.0. Para que el ciudadano se ejercite como tal de modo pleno, debe, por tanto, asumir un proceso de formación política que contribuya al su reconocimiento en un contexto institucional amplio y plural. ¿Qué acciones deben emprender las instituciones para dar cuenta de las necesidades y de las expectativas de formación de los ciudadanos? Este documento pretende revelar la pertinencia de iniciar el debate sobre las necesidades formativas de los ciudadanos a fin de atender la utilización de las TIC como herramientas para la profundización de su ejercicio ciudadano.

Contenido de la comunicación

Introducción Del sentido ciudadano de hacer ciudad

La lógica y el sentido común occidentales nos acercan a una noción de ciudadano definida por su carácter normativo y que lo entiende como un receptáculo de derechos y deberes que el Estado y las instituciones le otorgan a los individuos. En este sentido, el ciudadano es aquel individuo que, referido a un determinado territorio y por intermedio de las leyes, adquiere un paquete de derechos y deberes civiles en primer término, luego políticos y finalmente sociales consagrados como tales en el documento que ordena el quehacer sociopolítico en dicho territorio. Esta visión clásica del ciudadano es al mismo tiempo excluyente y restrictiva sobre los mismos derechos que persigue garantizar, del mismo modo en que la génesis del uso del término -la antigua polis griega- también lo fue.

Esta es una visión del ciudadano adjetivado: el ciudadano que se entiende como tal sí y sólo si existe un territorio que lo determine y al que pueda adscribirse como individuo en pleno uso de sus derechos políticos. El ciudadano es del territorio, y no al revés. En esta perspectiva, no todos los individuos que habitan en un mismo espacio geográfico son ciudadanos de éste y, además algunos pueden ser ciudadanos de varios territorios de modo simultáneo. Ser ciudadano es, así, una condición vinculada intrínsecamente a la nacionalidad. El ciudadano, se define a sí mismo y frente a otros en tanto que goza de un referente  geográfico más que cultural, aunque también el segundo está presente aún de un modo difuso. Sin ese referente, la condición de ciudadano no sólo se pierde, sino que se hace inaprensible desde un punto de vista analítico y vivencial del individuo. Esta noción de ciudadano resulta escasa para dar cuenta de los procesos sociales que emergen hoy día marcados por la prevalencia de lo global por encima de lo local, y además posibilita el anonimato y la pasividad de grupos socialmente excluidos de procesos claves como toma de decisiones políticas. (Bañez Tello,2003)

Existe, sin embargo, una lógica emergente -aunque no reciente- que nos acerca a una visión más antropológica del ciudadano, en la que se asume como tal a cualquier individuo que entra en relación consciente con el entorno en que habita (ciudad), sin que medie en esta relación la nacionalidad como precondición. Desde esta visión, el ciudadano es entendido como una unidad que incide en su entorno, y no como un elemento más de éste. Se trata de una visión del ciudadano sustantivado, es decir, el individuo que sin la precondición de la nacionalidad (ciudadanía en términos normativos) o del territorio en que habita, se compromete con la preservación de los espacios (sociales y ambientales por ejemplo) de éste, y lo hace de un modo más intenso, activo y constante que el ciudadano adjetivado.

En esencia, es el mismo ciudadano que se ha visto primero desde una perspectiva exclusiva y estrictamente circunscrita a derechos civiles y políticos, y luego bajo una visión holística e integradora que, si bien no se desprende del todo de la primera, ha logrado superarla y avanzar hacia una idea más responsable y consciente sobre su papel en la determinación del destino del espacio social (ciudad, comunidad) en que habita. La ciudad se convierte en un lugar físico y social que es objeto de construcción colectiva por parte de los ciudadanos activos, pero también se convierte en un espacio que incide directamente en el quehacer ciudadano De una u otra manera, los ciudadanos que ejercen lo que en otro lugar se ha llamado ciudadanía activa (Bañez Tello, 2003; Petrizzo, 2005), marcada por un conjunto de procesos que signan al individuo con el sentido de pertenencia y coresponsabilidad con el entorno, buscan hacer de la ciudad un espacio en permanente construcción de modo que permita albergar y proteger aquello que se concibe como bueno para todos los miembros de esa comunidad y que llamaremos en adelante: bien público. Es, como dice Oliveira (citado en Wainwright y otros, 2007), un ejercicio de autonomía total para saber cómo decidir, decidir y llevar a cabo las decisiones con las que se ha comprometido. Se trata, en suma, de un proceso de profundización democrática y social, donde la participación y la deliberación no son sólo actividades del individuo, sino que suponen que los ciudadanos las conciban como el objeto de su participación en el quehacer social del cual son conocedores y actores principales.

Diversos autores como Tomás Rodríguez Villasante (1994), insisten en esta justificación de la participación ciudadana como ejercicio de ciudadanía activa, considerándola como algo más que delegar en unos especialistas de la política o en unos gestores económicos, es el ejercicio del juego libre de las iniciativas de distintos grupos que se sienten responsables y aportan sus propias soluciones, generando una sociedad dinámica y creativa. También J. Ibáñez insiste en la importancia de la participación social para contribuir a la superación de la explotación en los siguientes marcos: en el económico con iniciativas de economía social, con la democratización del mundo laboral, con el cooperativismo, etc.; en el ecológico poniendo límites al crecimiento para hacerlo compatible con el ecosistema; y finalmente, en el cultural con el respeto de los derechos civiles, la democracia participativa en el contexto de la multiplicidad cultural y con el reconocimiento del derecho a la diferencia. (Bañez Tello,2003)

El sentido del ser ciudadano es, en esencia, un hecho social definido y visto de modo progresivo a través de una serie de tensiones e intercambios entre derechos, deberes, instituciones y políticas públicas, entre lo particular y lo colectivo en suma (Borja, 2002). Podemos avanzar hacia la comprensión sobre el matiz que se impone a esta dialéctica, en un escenario marcado por la búsqueda de una ciudadanía activa y por la presencia de las tecnologías en el quehacer social y, en particular, de las tecnologías de información y comunicación (TIC), y también sobre los modos en que su presencia en las actividades de gobierno se va imponiendo al quehacer ciudadano.

Con la evidente incorporación de las TIC en la automatización de los procesos, las tareas y las funciones de Estado y de gobierno, se ha hecho notorio también de modo progresivo su incidencia en las formas a través de las cuales ciudadanos e instituciones del Estado se vinculan y concurren en cualquier fase del proceso de las políticas públicas, no sólo ofreciéndoles nuevos canales de comunicación bidireccionales con las instituciones públicas, sino también revisitando el sentido mismo de la idea del ciudadano como responsable activo de su entorno, al ampliar los horizontes de la formación ciudadana, de las herramientas disponibles para ello y de la noción misma de comunidad y entorno. En el uso de estos nuevos canales de vinculación ciudadano-instituciones-procesos de políticas públicas, ha emergido una nueva categoría de análisis: el ciberciudadano, entendido como una etiqueta asignada para describir a una nueva clase de ciudadano que usa aspectos tecnocráticos del aparato administrativo para interrelacionarse con las instituciones públicas. Sin embargo, desde una visión sustantiva del sentido del quehacer ciudadano, el ejercicio de esta dialéctica entre ciudadano e instituciones no puede ser observada bajo la premisa de que es el mercado de demandas individuales o colectivas lo que la inspira, aún cuando la tecnología pareciera encerrar esta perversión. No es el mercado político, entendido desde una simple postura instrumentalista, lo que determina la emergencia de la dialéctica ciudadana a través de las vías que ofrecen las TIC.

De modo que, si nos referimos a las relaciones ciudadano instituciones, la incorporación de las TIC ofrece nuevos canales para vincularlos, pero esto también ocurre de cara a las relaciones entre los ciudadanos. En este sentido la masificación de las TIC ha permitido la intensificación y diversificación de los flujos de información entre ciudadanos, pero también ha posibilitado la conformación de espacios de conversación, acción y activismo sociales. Ciberactivismo es el nombre que recibe este conjunto de herramientas y prácticas que permiten la agrupación ubícua y en tiempo real de ciudadanos en torno a determinadas causas. En ocasiones estos movimientos han mostrado efectividad en la incidencia en decisiones y políticas públicas, prueba de ello fue la propuesta en el Parlamento Europeo de crear patentes para Internet y el curso que siguió el movimiento de internautas en contra (La pastilla roja, 2006), más recientemente, la transmisión por internet, con actualización en tiempo real en plataformas Web 2.0 como Twitter, Facebook y Blogs particulares y de ciberactivistas de acontecimientos terribles como los ataques terroristas de Mumbai (Gonzalo, 2009), o significativos como elecciones o debates electorales (por citar algunos ejemplos, véase Govtweets (http://www.govtweets.ca/), o una página creada recientemente para hacer seguimiento a las promesas electorales hechas por Barak Obama http://politifact.com/truth-o-meter/).

Siendo, como se dijo antes, el sentido de ser del ciudadano la construcción de la ciudad en la que habita, a través de la configuración de distintos espacios de convergencia con sus pares y con las instituciones en la toma de decisiones y la construcción de políticas públicas, la presencia de medios como las TIC para que esta dialéctica ocurra, no implica la reconfiguración del sentido mismo del ciudadano, sino su manifestación a través de otras vías. De este modo, no es acertado asumir que el ciberciudadano es algo distinto al ciudadano. Lo mejor es situar al ciudadano como ente creador y modificador de su entorno y que asume un papel activo-deliberativo característico de entornos democráticos abiertos, en lugar de un papel pasivo-aprobatorio que está presente en la mayoría de nuestras democracias representativas tradicionales. Así, la idea de ciberciudadano, en su sentido último, no es muy distinta a la del ciudadano sustantivado que ya hemos visto. No se trata de una persona que se bifurca en su quehacer sociopolítico como un ciudadano y como un ciberciudadano, se trata de un individuo que ejerce su condición de ciudadano por distintas vías.

Ámbitos digitales del ejercicio ciudadano

Antes se mencionó  el concepto de ciberciudadano como categoría de análisis que da cuenta de la acción colectiva o individual ejercida por ciudadanos a través de medios electrónicos y, por tanto, como el ejercicio de la responsabilidad en la construcción del entorno del individuo (ciudad o comunidad), por otras vías. Hasta hace pocos años, los vínculos directos y personales eran privilegiados en el ejercicio de conjugar voluntades en torno a determinadas causas. Sin embargo hoy día cada vez más las causas sociales o de activismo ciudadano cuentan con réplicas en espacios virtuales, gracias a herramientas como blogs, mensajería de texto móvil, perfiles en plataformas de redes virtuales y microblogging (a través de texto, imagen o video) los cuales no sólo permiten mantener informados a sus miembros, sino que posibilitan la organización misma de las acciones y la captación de nuevos activistas.

Cuando Tim O'Reilly y su equipo hablaron por primera vez, en el año 2004, sobre Web 2.0, pretendieron nombrar un grupo emergente de herramientas web y distinguirlas de cuanto se hacía en ese momento y que imprimía un carácter estático a los contenidos en internet. Siendo la Web 2.0 el conjunto de

todas aquellas utilidades y servicios de Internet que se sustentan en una base de datos, la cual puede ser modificada por los usuarios del servicio, ya sea en su contenido (añadiendo, cambiando o borrando información o asociando datos a la información existente), bien en la forma de presentarlos, o en contenido y forma simultáneamente (Ribes, 2007),

estas herramientas terminan conjugando, por una parte, la posibilidad de agrupar a los usuarios en comunidades y, por el otro la posibilidad de hacer uso de herramientas como blogs, sms, wikis o redes sociales en el intercambio y la personalización de la información a la que le imprimen, además, un carácter dinámico en cuanto a contenidos y flujos entre usuarios. Estas características, aunadas al crecimiento sostenido en los últimos cinco años de la penetración de internet y del número de usuarios, han incidido de modo directo en la progresiva difusión del uso de herramientas TIC del tipo Web 2.0 en las conversaciones sociales y, por tanto, en la generación de dinámicas y sinergías particulares entre los usuarios.

"China es el territorio con más número de usuarios de Internet y representa un18% de la audiencia, según datos de ComScore, que se calculan aproximadamente en unos 180 millones de navegantes. Por detrás del país nipón, le sigue Estados Unidos con el 16,2% de la cuota de usuarios, Japón con el 6%, Alemania con 3,7% y Reino Unido con un 3,6%. A grandes rasgos, la región del Pacífico asiático es la zona mundial que abarca más audiencia de la Red y supone un 41% de la misma. Después, sitúa el continente europeo con un porcentaje de usuarios del 28%, Norteamérica con el 18%, Latinoamérica con el 7% y Oriente Medio y África con un 5%. El sitio que triunfa en visitas sin lugar a dudas es Google, con una cantidad de visitantes de 777.9 millones en todos sus sites, seguida por la apuesta virtual de Microsoft con 647.9 million visitantes y de Yahoo! con la cifra de 562.6 millones. Finalmente, Facebook con 222 millones de usuarios, la red social más famosa del mundo ha experimentado un crecimiento abrumador de su número de visitas en un 127% respecto al año pasado y se ha convertido en la séptima propiedad más popular del mundo." Tomado de (http://www.mouse.cl/detail.asp?story=1999/01/23/15/01/16) consulta hecha 24 de enero del 2009

La dinámica de la evolución de los servicios de internet tiene tanto un componente técnico como un componente cultural. De un lado es evidente que se ha experimentado un crecimiento de hosts de unos 200 en 1980 a cerca de 72.500.000 en el 2000 y probablemente en la actualidad esa cifra haya sido superada más de 70 veces, en gran medida gracias al auge del cloud computing y la Web 2.0. Por el otro, existe también un componente cultural que tiene que ver directamente con los contenidos de que se dispone a través de estos servicios y con el comportamiento de los usuarios de internet en términos de su uso. El análisis de los contenidos en internet para examinar su crecimiento, puede ser comprendido revisando las estadísticas de idiomas utilizados en internet (de los usuarios según su procedencia pero también los idiomas de los contenidos) frente a las estadísticas de usuarios por zonas geográficas. Con respecto al idioma y según se desprende de la información suminsitrada por Internet World Stats (http://www.internetworldstats.com/stats7.htm) entre los 1.463.632.361 usuarios de internet, el inglés sigue siendo el lenguaje utilizado de modo privilegiado (con aproximadamente 430.8 millones de usuarios) seguido del chino (con 276.2 millones) y del castellano en tercer lugar (con 124.7 millones, 8,5% del total de usuarios lo cual no representa ni si quiera la mitad de la población de Brasil). Esta cifra podría variar drásticamente si, atendiendo al uso de internet, añadimos a la cifra de los usuarios de internet de habla inglesa como lengua principal, aquellos que usan el inglés como segunda lengua para comunicarse. Esto podría hacer que el número de usuarios de internet que se comunican o que aportan contenidos en inglés a la red llegue a cerca de 750,1 millones. Sin embargo si cruzamos esta información con el número de usuarios por área geográfica vemos que, para el caso de América Latina, de los 139.009.209 usuarios estimados en Latinoamérica y el Caribe, apenas un 89,7% usa internet en castellano, una cifra realmente baja para un continente con apenas 51 millones de usuarios estimados con idiomas distintos al castellano.

Lamentablemente las estadísticas oficiales de uso de internet se refieren casi de modo exclusivo a número de usuarios conectados, y poca referencia se encuentra de análisis integrales y sistematizados sobre las tendencias de uso de los internautas en términos de aplicaciones más utilizadas, tiempos de conexión o aportes en contenidos por regiones geográficas. Sin embargo algo puede suponerse con respecto a los contenidos de internet y los usuarios que los producen en especial con respecto a sus tendencias de usos y actitudes en internet. Puyosa (2007) afirma que los usuarios de herramientas Web 2.0 son mucho más permeables a probar innovaciones en herramientas tecnológicas de Web 2.0 tanto en sus vínculos con otros ciudadanos (los cuales a su vez suelen ser cada vez más extensos), sino también en sus vínculos con las actividades gubernamentales y, además, mucho más fácilmente vinculables a movimientos sociales y a convertirse en vocero de sus propias opiniones y de las de otros. Estas características, y otras, sin dudas inciden en el modo en que los individuos se sirven de las herramientas Web 2.0 para participar en ellas, interactuar con otros individuos y desde allí incidir en su entorno. Más adelante retomaremos este tema.

El caso de la Wikipedia (http://www.wikipedia.org) es significativo no sólo por las cifras sino por el modelo en virtud del cual los distintos artículos pasan por un proceso de organización, revisión y aprobación previos a su publicación y que, además, es realizado por los mismos usuarios de la herramienta a la cual tienen acceso de modo gratuito, abierto y no excluyente. Mientras en castellano apenas se disponen de algo más 440.000 artículos, en inglés se dispone de algo más de 2.722.000. El alemán es el segundo idioma más utilizado por los usuarios de la Wikipedia con una producción estimada de más de 860.000 aunque muy por debajo de la producción en inglés. Ciertamente estos números no se corresponden con distribuciones geográficas sino idiomáticas en primer término y culturales después. Cada vez más, Wikipedia es el lugar de referencia preferido para quienes desean tener las ideas más básicas sobre cualquier tópico. Fundada sobre una plataforma tipo wiki (que permite la coedición simultánea y en tiempo real de cualquiera de sus páginas por parte de cualquier usuario), la Wikipedia se nutre a diario con los aportes de contenidos hechos por cientos de usuarios a lo largo de todo el mundo.

Por otro lado, la revisión del uso de las plataformas de networking, blogging y microblogging (Wordpress, Blogger, Hi5, Facebook, MySpace, Twitter, Plurk, Digg, Meneame o Pownce por nombrar sólo algunos1), nos conduce a conclusiones similares con respecto a las características de los usuarios antes mencionadas. Sin embargo las funcionalidades propias de estas plataformas las van constituyendo, en si mismas, como espacios abiertos a la conformación de grupos y comunidades de usuarios y, por tanto, en lugares excepcionalmente útiles para el ejercicio del ciberactivismo o activismo ciudadano en la red, al tiempo que su integración con las plataformas institucionales de gobierno electrónico puede suponer también un alcance aún mayor.

El uso de las TICs en general y de las herramientas Web 2.0 en particular, está mediado por procesos de aprendizaje y de apropiación que por lo general ocurren guiados de la mano de otros usuarios. A partir de las recomendaciones de unos a otros, los usuarios van progresivamente integrándose al manejo de cualquiera de estas herramientas y, ayudados de la documentación existente y de ensayos y errores, van descubriendo sus funcionalidades. Este proceso de aprendizaje conducido por pares se basa en la confianza mutua y en el reconocimiento de los vínculos entorno a intereses comunes que unen al ciudadano con sus pares.

Algunas instituciones del Estado, también de forma progresiva, han incorporado TICs en la automatización de sus procesos y tareas administrativas que los vinculan con otras instituciones, con las empresas y con los ciudadanos como parte de lo que se conoce como Gobierno Electrónico. Esta es una estrategia de gestión pública que viene implementándose desde la década de los 90 del s.XX. La incorporación de TIC al ejercicio de gobierno ha demandado en ocasiones cambios operativos simples en las tareas desarrolladas institucionalmente por las Administraciones Públicas y en otras, modificaciones y revisiones profundas tanto de las tareas como de los marcos legales que las regulan y las entidades que las desarrollan. Mientras este proceso de revisión de la administración pública y las instituciones que la conforman ha ocurrido, en los ciudadanos y en las instituciones se han generado expectativas de distinto tenor. Por una parte, los ciudadanos esperan acercarse al empoderamiento real, lo cual implica una revalorización de su papel en el marco de la generación de la agenda de política públicas y también en los procesos de toma de decisiones. Las instituciones por su parte, esperan una progresiva descongestión del aparato burocrático y un también progesivo incremento en los valores de eficiencia y eficacia de sus servicios, a través de prácticas como la tercerización y agenciación de servicios y tareas, o la simplificación y automatización de trámites y procesos.

Si se mira bien, mientras el ciudadano aspira a una sustantivación del ejercicio de su condición de tal, parece ser que de parte de las instituciones del Estado la primera intención es la atención del ciudadano en una relación cliente-proveedor que contraviene las expectativas de empoderamiento por parte de los usuarios. La generación de esta suerte de dialéctica sobre el sentido del ciudadano en el ejercicio de gobierno es una fuente importante de tensión y un desafío para los procesos de formación ciudadana emprendidos por iniciativa del colectivo o de las instituciones.

En este concierto de herramientas, procedimientos, motivaciones y causas ciudadanas, también se producen interacciones entre individuos vinculados a actividades locales sirviéndose de la Web 2.0 para la acción colectiva sea esta local o no (tareas de vigilancia, inciativas populares, control y deliberación entre otras), y entre estos y las instituciones públicas (a través de consulta pública de propuestas de reglamentos o leyes por ejemplo). En virtud de esto, se teje un entramado de lazos con relaciones también dialécticas que dan forma a dinámicas bien diferenciadas entre ciudadanos y entre éstos y las instituciones del gobierno y que permiten la construcción de una suerte de redes socio-políticas que incorporan, además de los individuos, a las instituciones públicas. Las primeras tienen un referente conceptual en lo que ya se ha adelantado que es el ciberactivismo e inciden de algún modo en el fenómeno de la deliberación, y las segundas  tienen su referente en las estrategias de gobierno electrónico y deberían constituir un soporte para los procesos emergentes de deliberación política a lo largo de los procesos de políticas públicas. Ejemplos de las primeras abundan en internet: desde el periodismo ciudadano que va abriendo a diario la participación de particulares en la divulgación de noticias locales de impacto global o glocal (Castells, 1999), hasta el auge de movimientos más subversivos como los llamados de hackactivismo, los que buscan la reivindicación de derechos sociales para los espacios digitales actuando en contra de la regulación de internet, los que abogan por la apertura de contenidos digitales en formatos libres como parte del conocimiento libre (ver movimiento Devolución) y los que denuncian actividades contra individuos, colectivos o el medioambiente, entre otros. En el caso de las segundas, la formulación de presupuestos participativos en varios lugares del mundo tiene en las TIC cada vez más frecuentemente una herramienta de apoyo a lo largo del proceso.

Antes se habló sobre la constitución del ciudadano adjetivado como un proceso permanente y fundado en relaciones dialécticas entre instituciones, normas y ciudadanos. Este proceso surge de la generación de dinámicas de aprendizaje sustentadas en los intercambios que ocurren en ese entramado de relaciones dialécticas y que conducen al ejercicio de la deliberación política como una actividad colectiva orientada a la participación ciudadana en la construcción de decisiones de carácter público. Este ejercicio supone que la generación de las dinámicas de aprendizaje ciudadano ocurra, por lo general, en espacios no formales y, además, que exista un empoderamiento previo y progresivo de los ciudadanos partiendo de los principios de igualdad y amplitud durante el proceso de deliberación como supuestos básicos. Aunque los cambios observados durante este proceso de empoderamiento ocurren a una velocidad inferior a la deseada, no cabe duda que los ciudadanos que hoy día tienen acceso a TIC (un número muy inferior al mínimo deseado a nivel mundial), han visto repotenciar sus herramientas de participación y deliberación política.

La práctica recurrente de la deliberación política ayuda a los ciudadanos y a las instituciones a transitar hacia la construcción de la democracia deliberativa, entendida como

aquella en la que la legitimidad de las decisiones políticas, depende de que se haya dado la misma atención a las razones de todos los ciudadanos en procesos de debate sobre asuntos de carácter público (Bujanda, 2005)

Es, por ende, la deliberación un proceso reflexivo y racional que aunque depende de muchos factores para su concreción, apunta a posibilitar la creación de un espacio de intercambio para los puntos de vista conocidos con respecto a un curso de acción, y es la deliberación política un proceso participativo de confluencia de opiniones ciudadanas y convergencia de éstas en el debate sobre lo que Kingdon (1995) llamó ventanas de oportunidad en políticas públicas (policy windows) y, por extensión, en la conformación de la agenda pública o institucional (agenda setting) sobre decisiones en torno al bien público.

Como proceso vinculado al ejercicio ciudadano, la deliberación política cada vez más es contemplada como principio fundamental de normas de ordenamiento político nacional (constituciones y normativas supranacionales). Su presencia complementa la idea de la democracia participativa que, a su vez, ya ampliaba los alcances de la democracia representativa, de tal suerte que aquella progresividad en los derechos políticos que ha experimentado la noción de ciudadanía, también viene siendo experimentada por los modelos que recientemente ha adoptado el ejercicio democrático.

En el campo de las dinámicas de aprendizaje ciudadano, el ejercicio de la deliberación acarrea además del natural aprendizaje sobre instituciones, mecanismos y procedimientos de inserción en el quehacer político de las propuestas del colectivo, uno más profundo referido al reconocimiento mutuo entre ciudadanos, organizaciones sociales e instituciones gubernamentales, surgiendo de este reconocimiento un proceso conversacional sui generis que debiera conducir a la participación cada vez más activa del ciudadano en procesos decisorios, pero también en su vinculación estrecha con la elaboración y presentación de propuestas ante el colectivo, y a un fortalecimiento de la institucionalidad y legitimidad de los entes estatales.

Es de esta forma en que el proceso deliberativo de toma de decisiones públicas, se convierte no sólo en un instrumento de acción ciudadana, o de ejercicio de la ciudadanía activa, sino también en un promotor y sustento de los procesos de formación ciudadana. No es casual, por tanto, que contenidos relativos a los modos de deliberación y sus exigencias, sean referencia cada vez más frecuente, de manera explícita o implícita, en los cursos de educación primaria, de segundo y tercer nivel y en cursos de formación profesional.

Si asumimos que el bien público es aquello bueno para todos, que a todos pertenece y de todos es responsabilidad sin llegar a pertenecer específicamente o ser responsabilidad exclusiva de ningún interés particular y si, además, lo consideramos un cuerpo de valores y fundamentos identificados directamente con el proyecto social que se persigue, su defensa y cultivo será una premisa cuya definición y atención no debe variar en función de la herramienta o espacio utilizado para la deliberación política, y que deberá ocurrir con independencia del rango de acción que tenga el ciudadano, el funcionario o la institución pública inmersos en tales dinámicas.

Las expectativas de empoderamiento generadas y cultivadas por los ciudadanos han incidido en la apertura de nuevos espacios para el debate público sobre las decisiones lo cual abre la posibilidad a ejercer un mayor control ciudadano sobre los procesos decisorios. Sin embargo, es importante recordar que en el marco del ejercicio democrático, el respeto a la idea de bien público debe ser atendido tanto por el ciudadano como por las instituciones públicas, y esto se torna crítico en espacios susceptibles de potenciar la satisfacción de necesidades individuales como el espacio virtual, mediado por TIC que posibilitan un contacto directo entre funcionario y ciudadano. Adicionalmente,cuando la deliberación política ocurre en el marco de sus mecanismos tradicionales de ejercicio (por ejemplo en cabildos abiertos, consultas populares, o llamado a presentación de propuestas en espacios locales de poder entre otros), la idea de bien público es mucho más clara que cuando esto sucede en espacios que llamamos virtuales o digitales en donde, por lo general, el establecimiento de un orden en los debates es una tarea algo más complicada, no siempre realizada en tiempo real, con un proceso de sistematización de las propuestas generalmente más tedioso, y donde por lo general, frente al ciudadano que acude a estos espacios no se encuentra un funcionario con un rol claro en el proceso de la política pública, sino un trabajador con funciones y atribuciones cada vez más especializadas, pero con rango de acción en la generación de cambios operativos limitado, en virtud de la permanente búsqueda de optimización del aparato burocrático.

En estos contextos, la preservación de la idea de bien público como eje conductor de la deliberación política se hace mucho más necesaria como antídoto de la creación y fortalecimiento de vicios sistémicos en el aparato burocrático que permiten filtrar intereses particulares solapados bajo el interés general, y como piedra angular de un debate que permita vincular al bien público con las mas recientes ideas de los derechos digitales.

Ciberciudadanía, redes sociales y deliberación política

Antes hemos hablado de ciberciudadanía, del modo en que los ciudadanos van construyendo entramados de relaciones dialécticas que posibilitan la formación de redes socio-políticas, y cómo este fenómeno ocurre posibilitado también por la incorporación de TIC al quehacer social. Una red social es una estructura social compuesta por individuos y por sus vínculos. Las redes sociales se tejen en torno a intereses, acciones o motivaciones que son comunes entre todos los miembros de la red, y el flujo de información, contactos y poder en ella, a través de los vínculos entre individuos, permite mantener la estructura. Los vínculos entre los individuos ocurren con distinta intensidad y esta es una causa fundamental de que aquellos tengan distinta importancia en la red y que hayan individuos con mejor posición que otros.

Como estructura relacional y como categoría de análisis social, las redes sociales son anteriores a la emergencia reciente de los llamados social networking sites. Además, las redes sociales sustentan la creación de comunidades, y las mantiene a través de las relaciones mismas que ocurren a través de los contactos interpersonales, hoy mediadas por las TIC como elemento catalizador del surgimiento de sentido de pertenencia de los individuos al grupo (Maya-Jariego, 2004). El auge de las herramientas Web 2.0 ha abierto las redes sociales a la utilización de plataformas de social networking facilitando, además, una mayor rapidez en la conformación de tales entramados de relaciones, y una también mayor intensidad en los vínculos existentes.

What makes social network sites unique is not that they allow individuals to meet strangers, but rather that they enable users to articulate and make visible their social networks. This can result in connections between individuals that would not otherwise be made, but that is often not the goal, and these meetings are frequently between "latent ties" (Haythornthwaite, 2005) who share some offline connection. On many of the large SNSs, participants are not necessarily "networking" or looking to meet new people; instead, they are primarily communicating with people who are already a part of their extended social network. (Boyd y Ellison, 2007)

En este sentido, los social networking sites (o plataformas de networking como Facebook, Twitter, Indenti.ca, Plurk y otras), no buscan de modo exclusivo crear redes inexistentes, sino servir de herramienta para instensificar lazos en redes que, de alguna manera, ya están formadas y que se desarrollan en otros espacios del quehacer diario de los individuos. Es cierto que los usuarios se acercan a conocer personas nuevas a través de estas herramientas TIC, vinculándose a otros gracias a recomendaciones de terceros o con las que perciben cierto grado de afinidad en cuanto a sus intereses personales o colectivos, pero esto no se revela como el objetivo central de la vinculación del individuo a los social networking sites. Adicionalmente, estos espacios virtuales han posibilitado la verticalización de las redes sociales y la democratización de la utilización de herramientas para su manejo: la intensificación en el uso de la Web 2.0 ha acercado al usuario final herramientas de gestión de redes a través de manejadores de contactos y creación de grupos de usuarios controlando de este modo la información que fluye hacia cada uno.

Ha sido gracias a las redes sociales apoyadas en TIC que noticias, rumores y opiniones políticas originadas en su seno y difundidas por sus usuarios, han logrando tener una mayor cabida y receptividad en espacios virtuales y no virtuales generando una dinámica de intercambio y divulgación de información interesante aunque no siempre contrastada con fuentes originales. Adicionalmente, el surgimiento de lo que ahora se llama periodismo ciudadano ha no sólo estimulado la creación de blogs y otras formas de bitácoras digitales en las que cada vez más ciudadanos muestran sus posiciones frente a las opciones de política, sino que también ha potenciado la presencia de espacios informativos en internet a través de medios alternativos de comunicación e información que incrementan el flujo de información recibida por los usuarios. Cada vez más la divulgación y debate de propuestas sobre políticas, noticias o iniciativas tienen alguna repercusión en internet, a través de foros de debate, blogs, fotologs y páginas de grupos o eventos en espacios como Facebook y Google Groups, y desde allí se vierten en las redes sociales. De esta forma han sido cubiertos eventos sorpresivos como ataques terroristas y accidentes2, y eventos conocidos como las recientes elecciones de Estados Unidos3. De algún modo también las estrategias de gobierno electrónico van incluyendo entre sus funcionalidades la conexión online con los ciudadanos a través de foros, blogs y microblogging.

Pero, ¿quiénes tienen acceso real a los medios de comunicación digitales alternativos o al uso de herramientas Web 2.0 para el fortalecimiento de comunidades o la acción ciudadana? Un breve examen a las estadísticas presentadas en el primer apartado de este capítulo nos da una idea sobre el reducido número de usuarios que usan internet y, por extensión, la Web 2.0 en comparación con la población mundial, todo ello pese al notorio incremento de suscriptores que han experimentado herramientas como Twitter (en más de un 500% en el último año según Compete http://www.ojointernet.com/noticias/twitter-crecio-un-752-en-2008-segun-compete/). Este contrasentido de masificación de telecomunicaciones por un lado, las TIC funcionando operativamente en buena parte de las provincias de algunos de nuestros países, pero con importantes limitaciones de acceso para un grueso de la población mundial, por temas de acceso a bienes y servicios primero, pero también por un tema de destrezas y habilidades en su uso, da como resultado que el grupo de usuarios que accede a herramientas Web 2.0 sea muy reducido, y aún más reducido es el número de personas que hace uso de estas herramientas para deliberar, mostrar su tendencia política, ejercer periodismo -no rumorismo- ciudadano o alimentar espacios digitales con contenido dinámico propios o de los llamados medios de comunicación alternativos.

Este panorama de acceso excluyente a TICs merece, sin embargo, mostrar que tal exclusión no obedece de modo exclusivo a elementos instrumentalistas de acceso a computadores o conexión de internet. El acceso a internet se revela entonces como un tema complejo, que pasa por revisar la dotación de equipos y conexión, pero también el uso que hacen los ciudadanos de los medios electrónicos. Recientemente, Andrew Schrock (2009) publicó en The First Monday un estudio que revela las características psicológicas de los usuarios de TIC. A partir de la revisión de suscripción en algunos de los llamados clusters de tecnología (Rogers, 1995), el autor ilustra que las preferencias de uso de éstos por parte de los usuarios obedece a algunos factores psicológicos como la extroversión, la ansiedad o las habilidades en el manejo de la tecnología. Por su parte, Zed digital (2008) en un estudio sobre redes sociales en España concluye apenas un 50% de los internautas utiliza la Web 2.0, y que mientras los jóvenes lo hacen para sentirse parte de un grupo, los adultos de cerca de 40 años buscan en su uso una oportunidad para seguir las últimas tendencias. Un porcentaje muy alto de los encuestados utiliza la Web 2.0 para descargar videos, películas o fotografías, lo cual puede justificar la relación inversa entre uso de Web 2.0 y consulta de otros medios de comunicación como la televisión o la prensa escrita. Además de ello, se sabe que la mayoría de los llamados internautas utilizan entre dos y tres herramientas Web 2.0 de modo simultáneo y están suscritos a muchas más aunque no las utilicen. Social networking sites como Facebook, sin embargo, siguen teniendo la preferencia de uso según Compete, teniendo a comienzos del 2009 cerca de 1.200 millones de visitas.

En cuanto a la vinculación con la administración pública y en términos del gobierno electrónico, es poco lo que se ha consultado sobre las preferencias de los ciudadanos, y tampoco hay observaciones claras acerca de sus expectativas. Hay valores como la transparencia, la precisión, la claridad y la integración de los servicios que son apreciados tanto por ciudadanos como por usuarios empresariales de los servicios de las administraciones públicas, pero aún en aquellos casos en que las estrategias de gobierno electrónico han avanzado más allá de las meras transacciones unidireccionales entre administraciones y ciudadanos, no parece haberse establecido un diálogo ni un debate entre usuarios y administradores públicos sobre las características necesarias que deben reunir las plataformas y las aplicaciones para contribuir a una dinamización de los procesos en el marco del aprendizaje mutuo, abriendo espacios hacia la construcción y enriquecimiento conjunto de las plataformas de gobierno electrónico.

Es probable que también la carencia de espacios de diálogo, deliberación y aprendizaje mediados por TIC entre ciudadanos e instituciones, pueda ser entendida revisando temas como el acceso, factores psicológicos de los usuarios o la llamada “brecha digital”. Eastin, M y Larose, R. (2000), afirman que la auto eficacia de internet es una variable determinada por ideas sobre el dominio de la técnica, la experiencia indirecta, las habilidades verbales y las respuestas psicológicas de los individuos. Complementar la idea de la brecha digital con la llamada auto eficacia de internet permite, según los autores, contrarrestar las  diferencias y exclusiones evidentes no sólo a través de la democratización de conexiones, acceso a internet y computadores (aspectos técnicos), sino también atendiendo, con intervenciones sociales específicas dirigidas a grupos poblacionales identificados, los elementos relativos a aspectos actitudinales señalados antes.

Pero hay dos elementos adicionales en el análisis del uso de internet por parte de los ciudadanos. Por un lado, está el desarrollo de herramientas, mashups y sitios para el social networking, cuya difusión ha crecido también exponencialmente apuntalando la idea de integración entre varios social networking sites, la ampliación de los servicios y funcionalidades de las herramientas ya disponibles y, también ampliando la gama de clientes disponibles para las distintas herramientas de Web 2.0, pero padeciendo una suerte de extensión de los problemas de acceso experimentados por el resto de las herramientas Web 2.0. Por otro lado, es importante retomar el tema de los contenidos que las herramientas de Web 2.0 ofrecen a sus suscriptores en términos de la democratización del acceso a la Web 2.0 y la democratización de los contenidos. Al respecto Jakob Nielsen(2006) habla de la participation inequality, dando cuenta de la relación desigual entre quienes crean contenidos, quienes los editan y reutilizan y quienes lo observan. Para el autor, aunque las cifras varían según la herramienta Web 2.0 de la cual se hable, la relación es de 1-9-90, estando el 90% de los flujos de información en las comunidades virtuales a cargo del 1% de sus miembros. Si hablamos de blogs, por ejemplo, la relación podría ser de 1-5-95. En términos de herramientas de gobierno electrónico, la distribución de los contenidos puede variar significativamente a favor de los creadores de contenidos, haciendo las diferencias realmente abismales.

El autor señala la necesidad de vencer algunos aspectos psicológicos (miedo, aprehensión e inseguridad por ejemplo) para que los usuarios puedan revertir estas relaciones. Para ello es imprescindible iniciar y continuar un proceso de aprendizaje en usuarios y hacia los ciudadanos. Esto nos remite nuevamente a la formación ciudadana como una necesidad y a la generación de procesos de aprendizaje dialógico como una vía para transitar hacia ella y alcanzar niveles de apropiación y conciencia ciudadana potenciadores de la disminución de barreras sociales y psicológicas.

Para Deliberar y Debatir

A lo largo de este documento hemos intentado mostrar cómo el ciudadano en su concepción sustantivada es decir, comprometida con el entorno en que habita, se enfrenta a la necesidad de acometer la formación y el aprendizaje continuos en aras de iniciar sus propias labores de posicionamiento y reconocimiento de si mismo y de las organizaciones e instituciones públicas de su entorno. Afirmó Mead que la construcción de los significados propios sólo puede hacerse a partir de la interacción con otras personas y, por tanto a través conversaciones, debate y diálogos. Este proceso de construcción de significados constituye, en sí mismo, el pilar clave del aprendizaje. Por extensión, el proceso de formación y aprendizaje ciudadanos, demanda la construcción de significados propios y del ejercicio pleno y activo de la ciudadanía con la participación de las instituciones y las organizaciones sociales de modo claro en esos diálogos y conversaciones.

La difusión de internet como medio de comunicación y transmisión de datos ubícuo, inmediato y flexible, ha presentado a los ciudadanos nuevos retos y ha intensificado retos antiguos. El desarrollo de habilidades y destrezas en el manejo de la tecnología han emergido como retos para todos los ciudadanos, pero en especial para adultos y adultos de mediana edad. Las escasas capacidades deliberativas de los ciudadanos y su poca participación en procesos de toma de decisiones, continúan como asignaturas pendientes al que las TIC pueden contribuir.

Siendo la formación para la ciudadanía activa una tarea aún pendiente y de necesario abordaje no sólo por instituciones públicas sino también por los mismos ciudadanos, el presente capítulo ha prendido revelar el desafío que supone mostrar a los ciudadanos la Web 2.0 como una herramienta de profundización de su desempeño como tales y no como un elemento disociador y bifurcador de su realidad. 

Se ha pretendido mostrar que ciudadano y deliberación no pueden ver vistos de modo aislado y con una percepción que desenfoque el conjunto privilegiando la atención a cualquiera de sus partes. El desafío mayor, pareciera ser, atender de modo inmediato la formación de ciudadanos mediada por TIC. La necesaria generación de procesos de aprendizaje ciudadano mediados o no por TIC, y que consideren estas tecnologías como herramientas útiles en el ejercicio ciudadano, debe también apuntar al enriquecimiento de los procesos de deliberación política. La deliberación política puede o no estar mediada por TIC y tiene varias manifestaciones: el ciberactivismo es, sin duda, parte de este ejercicio, como también la ocurrencia de procesos de consulta pública de leyes o presentación de propuestas concretas ante ciertos problemas.

NOTAS:

1 Una lista detallada de las cientos de herramientas y mashups Web 2.0 disponibles puede obtenerse desde http://www.go2web20.net/

2 Para sólo nombrar uno reciente ver: Zarza, Miguel (2009)

3 El sitio de búsquedas Google, por ejemplo, habilitó una sección especial para su cobertura: http://googlesystem.blogspot.com/2007/12/elections-section-in-us-google-news.html

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