IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Ponente/s


Resumen

Media Art: un arte complejo
Abstract

El Media Art es un arte complejo así como la transición que la sociedad contemporánea está viviendo bajo la difusión de los nuevos medios digitales e Internet que están modificando las relaciones con el entorno más cercano, con lo material-inmaterial, en síntesis, con nuestro cotidiano vivir.
Este breve ensayo presenta algunas consideraciones relacionadas con el arte y la ciencia y el espacio incluyente del Media Art con sus posibles definiciones.
Reportando afirmaciones de especialistas, en diferentes disciplinas, que consideran prioritario reafirmar la función social del arte en contraposición a la fascinación por la tecnología. Lo que puede contribuir al debate que el Grupo de trabajo Media Art/Arte digital está promoviendo en este IV Cybercongreso considerando que, más allá de la transición de lo analógico a lo digital, sigue vigente el compromiso del arte de proponer el cuestionamiento de un sistema social excluyente y discriminatorio.

Contenido de la comunicación

Cualquiera que se haya propuesto, desde hace más de diez años, reflexionar sobre el arte y sus nuevos paradigmas se habrá encontrado frente a una gran cantidad de definiciones y subcategorías que corresponden a las variables  tecnológicas, a la integración de diferentes manifestaciones artísticas, a la aplicación de técnicas interactivas, a una transformación en continua evolución del proceso creativo, de la obra en si misma y de su relación con el público.

Aunque siempre ha sido una tarea compleja analizar, catalogar y describir las obras de arte, el actual contexto posmoderno plantea algunos interrogantes particulares cuando tratamos de identificar las constantes y las variables que el termino media art sugiere.

Con el concepto de media art  el arte se relaciona con los medios de comunicación  que han evolucionado y transformado radicalmente en pocos años  la organización de nuestra sociedad, de nuestro entorno inmediato y las formas de relacionarnos con el mundo.

Se está dando, y no sólo en los países desarrollados, un cambio profundo que se manifiesta con la difusión  de lo inmaterial/virtual y una penetrante trasformación de los conceptos de tiempo y espacio que, en cuanto frutos de de una convención humana, se rigen bajo la ley de la relatividad.

Estas dos variables habían sido punto de referencia para una clasificación de las artes  cuando arquitectura, pintura y escultura eran definidas como artes del espacio, estáticas, mientras la música, la danza y la poesía se consideraban artes dinámicas, estrictamente ligadas al tiempo.

Con la imagen en movimiento, y en particular con el cinematógrafo en cuanto invención que podía reflejar la realidad en acción, espacio y tiempo conviven en un mismo artefacto que además de incluirlos los puede deformar o fragmentar, reconstruir o alterar. Las aportaciones de los siguientes inventos como la televisión, el vídeo, la informática  y lo digital, en cuanto unificador en la reproducción de audio y video, todavía nos están sorprendiendo  por su incidencia en el sistema espacio /temporal.

La difusión  a nivel cotidiano de los media, y sobre todo su convergencia con los soportes digitales, se concreta en artefactos como el teléfono móvil, que se exhibe a manera de una verdadera work station por sus múltiples aplicaciones,  o en espacios virtuales, entre ellos internet, que nos proporciona una sociedad alternativa en el ámbito laboral y privado, así como en otros instrumentos que facilitan el desarrollo de la información/comunicación en campo científico, económico y político.

 La red de redes nos sirve para informarnos, adquirir conocimiento u objetos, controlar nuestras cuentas bancarias, relacionarnos con nuestras amistades y estar en contacto de un lado al otro del planeta. Los network reflejan la complejidad de un nuevo sistema social que se está construyendo sobre lo inmaterial, lo visual y lo atemporal en un contexto global.

Mientras que cuando surgió el concepto de globalización se pensaba sobre todo en la interrelación de los mercados y en la movilidad de los individuos debido al aumento de los flujos migratorios, hoy nos damos cuenta que gracias a la tecnología se está globalizando nuestro vivir cotidiano, en el cual a menudo se rebasan las barreras físicas o geográficas.

Comenta a propósito el investigador Franco Berardi[1], “Bifo”, analista, desde los años 70, del impacto de los medios de comunicación  y alumno de Guattari y Deleuze en la Sorbona:

La globalización cultural ha podido realizarse mucho más fácilmente por medio de los medios visuales que de la palabra hablada o escrita. Las imágenes funcionan como activadoras de cadenas cognitivas, de comportamiento y mitopoéticas que se pueden desarrollar más allá de los límites del lenguaje verbal y de las interpretaciones culturales, nacionales y religiosas. El lenguaje visual es, por tanto, la “lengua franca” de la primera generación video electrónica, una generación que ha aprendido más de la máquina televisiva que de su padre y de su madre. Una parte decisiva de su configuración emotiva y cognitiva deriva más de su exposición a la semiosis de la máquina, de la televisión o de la telemática.

Al hablar de los medios visuales como factor determinante en la actual transición, Berardi  pone el acento en el factor imagen como elemento de comunicación y de reproducción de la realidad con el cual superamos las barreras de comprensión y representación de los hechos y lo utilizamos para transmitir y difundir conocimientos sin necesidad de traductores o interpretes.

Así el panorama se ha transformado tan repentinamente que no solo encontramos las mismas firmas de moda o cadenas hoteleras en opuestas latitudes, o nos apresuramos a subirnos a un avión como hace un siglo al tren; actualmente tenemos a nuestra disposición una pantalla como interlocutor privilegiado para satisfacer múltiples necesidades de trabajo, de socialización y de diversión y, cómo no, de toma de conciencia.

En este contexto dinámico y poco previsible también la dimensión estética de la tecnocultura sufre unos avatares que se mezclan con varias temáticas como la relación entre arte y ciencia, entre arte y medios de comunicación, arte y tecnología. En síntesis, regresa el debate sobre qué se entiende por arte, su función,  su porvenir y transformación debida a los Media.

La investigación estética se encuentra obligada a superar sus propias bases filosóficas para acercarse a otras disciplinas como la sociología, la antropología o la informática y valerse de hipótesis transdisciplinarias para interpretar el resultado de obras que presentan una arquitectura compleja.

El termino transdisciplinario se diferencia de interdisciplinario y de multidisciplinario. Si lo interdisciplinario se interpreta como la utilización de diversas disciplinas y lo multidisciplinario como la creación de un nuevo ámbito del saber fruto de multiples acercamientos a un fenómeno, los estudios transdisciplinarios tienen como objetivo definir un espacio donde convergen varias disciplinas con su especificidad para aclarar la condición actual del hombre.

En Modernidad líquida  el sociólogo Zygmunt Bauman  hace un profundo análisis de los cambios que se están dando en  una sociedad  caracterizada por una modernidad globalizadora y consumista donde frente a lo eterno predomina lo efímero, lo dinámico “lo que dura sólo un rato”.  En su ensayo Arte líquido  considera que la historia del arte ha sido un esfuerzo continuado por ir más allá del breve tiempo que concede la vida biológica y que  el artista hacía “un esfuerzo desesperado por eliminar las consecuencias más inhumanas de la mortalidad del hombre. (Barman, 2007:19)

Debido al hecho que  la cultura posmoderna aborda la cuestión de la muerte en otros términos también la función del arte sufre de nuevos desafíos.

 No se puede además perder de vista que si el concepto de arte ha generado siempre controversias la problemática de los media no ha tenido una mejor suerte ya que su desarrollo y convergencia siguen proponiendo nuevos paradigmas de interpretación y de análisis. Visiones apocalípticas sobre el impacto de los media (Adorno, Sartori) presuponen un alejarse del hombre de su esencia humanista, mientras que a esas se contraponen otras visiones que auspician que un determinismo tecnológico contribuirá de forma tajante a superar barreras de desigualdad y de discriminación en una sociedad más informada y más consciente (Negroponte, Levy).

Esta discrepancia nos remite, en el campo del arte, a su función,  y a consideraciones más vigentes que nunca por la aportación de los media.  Unas reflexiones que han inquietado a muchos  filósofos con preguntas como si el arte sigue siendo  una posibilidad de comprensión espiritual de lo verdadero, o si es el arte todavía una expresión esencial y necesaria con la cual se vuelve histórica la verdad determinante sobre nuestro existir histórico  (Hegel, Heidegger). Sin olvidar la función social del arte, es decir su impacto sobre las estructuras sociales, su cuestionamiento y transformación.

LOS TERITORIOS DEL MEDIA ART Y DEL NEW MEDIA ART

Actualmente sigue vigente el debate sobre las posibles definiciones de las obras de arte que se relacionan con la tecnología: videoarte, arte electrónico, arte digital, arte multimedia, net art, new media art, donde un adjetivo caracteriza el soporte o la utilización de un medio electrónico.

El artista catalán Antoni Muntadas considera equivocado vincular el arte a un medio específico “Detesto la idea de los artistas que se definen video-artistas o net-artistas. Yo simplemente me defino como un artista que utiliza diferentes media. Al aparecer un nuevo media se generan muchas expectativas y propuestas valiosas en el ámbito creativo pero a menudo prevalecen factores sociales, políticos y económicos que destruyen o modifican los resultados” (Balzola, 2004: 523)

 El concepto de media art  pretende unificar diferentes producciones artísticas que se relacionan con los media y para aclararlo han surgido  definiciones que nos ayudan a entender este fenómeno:

Se trata de una convención empleada para denominar, en un sentido muy amplio, el fenómeno artístico de armonización entre la comunicación mediática y la práctica artística. Un reto expresivo derivado de una actitud experimental en la concepción, en las metodologías de trabajo, en el modo de producción y en la utilización de las tecnologías de la comunicación audiovisual y/o multimedia para la creación artística”.[2](Mercader, 2009:Gama)

En esta definición Antoni Mercader   pone énfasis en el proceso de producción de las obras, donde predomina la práctica de los media caracterizada por ser colectiva y estrictamente relacionada con la tecnología,  y en el concepto de experimentación  concerniente a la búsqueda de nuevas propuestas en el ámbito artístico para alcanzar una armonización entre arte y comunicación.

En una plática que Andreas Broeckmann, ex director del Transmedial festival de Berlin, dio en el simposio “Media art Today” del año 2005  se encuentra el siguiente comentario:

media art” es un término problemático por impreciso: puede referirse a obras que tratan de  supuestos ‘nuevos medios’, o a trabajos que simplemente se realizan usando dichas tecnologías de medios. En éste caso, sin embargo, no se puede trazar un límite con el arte contemporáneo, puesto que todo el arte utiliza algún tipo de medio y muchas obras de arte moderno y contemporáneo han utilizado tecnologías de medios sin ser calificadas como “media art” en sentido estricto.[3]

Mientras la primera consideración cuestiona una posible ambivalencia de la definición la segunda aserción nos remite a la costumbre, ya desde hace tiempo legitimada, de  utilizar algún tipo de medio para la producción artística lo cual es indiscutible ya que, sin considerar las artes que se sirven del cuerpo humano como medio de expresión, todas las otras utilizan algún medio.

Las dificultades para encontrar una definición del media art surgen no solo por las cantidades de aplicaciones artísticas y tecnológicas que pueda incluir ya que su característica de propuestas híbridas nos remite también al concepto de arte como espectáculo.

Unas imágenes proyectadas sobre un muro de un edificio, o sobre el agua en movimiento, unos recorridos virtuales por paredes “pintadas” con transparencias de bosques coloridos, unas pantallas que incluyen nuestro transito como espectadores en un espacio museístico o una puesta en escena entre artistas que actúan en diferentes lugares para presentar en una única pantalla un evento colectivo permiten incluir, en una posible definición , que el media art propone también una ruptura con el concepto de espacio de representación simbólica tradicional que involucra el artista y el público.

Otro aspecto interesante de este específico arte, nacido ayer, es que al tener como protagonistas los medios de comunicación ha sufrido el mismo desarrollo acelerado de la tecnología.

Lo cual ha llevado a otra definición, la de new media art, es decir el arte de los  nuevos medias que, desarrollados en los laboratorios o centros de investigación en los últimos decenios, están de forma paulatina entrando en el mercado

El  new media art surge como resultado de investigaciones en el campo del arte que no solo  utilizan la interfaz de la pantalla, sea la de los teléfonos móviles, del vídeo o del ordenador,  sino que nace en una estricta relación con la investigación tecnológica en el ámbito biológico ligada a las especulaciones sobre el DNA. En sus formulaciones incluye el bio art, que utiliza materia viva en sus obras, el DNA art, que utiliza los genes y la genética, o el eco art, dedicado al ambiente y a la ecología.

El arte encuentra también un terreno fértil en las tecnologías relacionadas con la robótica, robotic art, o con la nanotecnología, nano art,  hasta llegar al quantum art, que utiliza los Cuantos como material expresivo de comunicación.[4]

De estos sub géneros se desprende el technoetic art,  es decir un arte que se relaciona con la Tecno-ética  un campo de investigación que se dedica a reflexionar sobre el impacto de las tecnologías en las conciencias humanas, en la educación y en las nuevas formas de convivencia.

Este diversificado y complejo panorama  es motivo de amplios debates que a menudo se dan en las bienales de arte y en los seminarios y conferencias que acompañan eventos artísticos donde participan especialistas de diferentes disciplinas. Biólogos, ingenieros informáticos, científicos, sociólogos, filósofos y teóricos del arte comparten un territorio de discusión sobre problemáticas relacionadas con la condición humana, su devenir así como sobre el tipo de sociedad que nos permitiran construir las tecnologías aplicadas de forma responsable y ética.

Por otro lado los artistas, debido a lo multidisciplianario del quehacer creativo, se acercan a las prácticas de estudio e investigación de otras disciplinas y al mundo universitario como espacio idóneo para debatir y proponer campos de acción.

La utilización de los media implica también el conocimiento de las diferentes fases de producción de un producto audiovisual o multimedia, como el escribir un guión, diseñar la producción, con sus implicaciones debidas al trabajo colectivo, el montaje, la necesidad de aplicar interfaces idóneas, de diseñar espacios de recepción, etcétera.

Estos  procesos necesitan ser  comprendidos y asimilados para ser utilizados en una obra de media art, y no sólo desde el punto de vista técnico, ya que presuponen la utilización de nuvos lenguajes y formas de aproximación a la realidad.

Podríamos decir que de lo artesanal a lo artístico y al arte de los media el mundo del arte se ha vuelto más versátil logrando estar más cerca de una sociedad en constante transformación para hacer aportaciones y al mismo tiempo, sin perder una de sus características, cuestionarla.

LA CIENCIA DE LA LIBERTAD

Anteriormente a la actual convergencia de medios, los artistas habían experimentado cabalmente con cada invención técnica y tecnológica: la curiosidad y el afán de ser participe activamente de los  descubrimiento científicos tiene un origen muy remoto.

Cabe mencionar el extenso y variado trabajo de Leonardo da Vinci, tanto en el ámbito científico como artístico, y recordar que quizás él haya sido uno de los últimos defensores de un largo periodo en el cual el arte y la ciencia constituyan una sola disciplina.

Después de una profunda investigación sobre las particularidades de la atmósfera  Leonardo empezó a utilizar la técnica del “esfumado” con la cual difuminaba los contornos intentando aplicar su teoría científica que contemplaba un “espesor transparente del aire” esto debido a su constatación que el aire no era transparente y que disponía de color y forma propia que cambiaban por efecto de la luz modificando el volumen y el color de los objetos.[5]

Una de las contribuciones más originales de Leonardo han sido sus estudios sobre el comportamiento de las corrientes de agua y en particular las observaciones sobre los fenómenos de turbulenciases estos trabajos más que en otros es donde se percibe la relación entre el artista y el científico. En los estudios sobre las aguas, Leonardo, investigador errante de todas las cosas visibles, alcanza el lugar más alto en la historia de la observación humana a través de la vista. Después de él seguramente el ojo irá más lejos pero solo por la ayuda de instrumentos….su ojo, es necesario remarcar, es un ojo artístico y científico al mismo tiempo. Porque para Leonardo entre ciencia y arte no había distinción. (Maldonado,1995:110)

Tanto en el proceso creativo del artista como en el proceso de investigación del científico, las obras y los descubrimientos surgen de una capacidad de imaginación, de experimentación y de libertad, con lo cual se justificaba la similitud entre los dos procesos.

Pero los científicos de la época de Leonardo no compartían esa posición motivados por la necesidad de encontrar un método riguroso que debía constituir la base del conocimiento y dejaron las artes a su destino que se manifestó con el Manierismo y el Barroco.

Comenta a propósito Xavier Berenguer: El divorcio entre artistas y científicos tuvo su inicio con Newton y su modelo mecanicista del universo, y se consolidó a continuación con las consecuencias de su método, singularmente durante la Revolución Industrial.
En el siglo XIX las máquinas sustituyeron al hombre, ahorrándole esfuerzo pero, a la vez, restándole identidad. La ciencia, cada vez más poderosa, empezó entonces a enseñar los dientes de la destrucción y de la anti humanidad. Los artistas, como reacción, se refugiaron en sí mismos. La incompatibilidad entre hombre y máquina…y el concepto que "el científico y la subjetividad son absolutamente incompatibles", presidiría las relaciones entre las comunidades científica y artística durante el siglo XIX y buena parte del XX.
[6]

Con las vanguardias artísticas del siglo pasado --futurismo, dadaísmo y las propuestas artísticas del movimiento Fluxus--, se volverá a establecer esta relación, que tendrá su consolidación con los  inventos de la fotografía, el cine, la televisión hasta  el vídeo en los años 60 y el ordenador desde los años 80.

Lo mecánico primero, lo eléctrico y después lo electrónico incidieron en el desarrollo de la sociedad con tanto  ímpetu  que los mismos artistas se  apropiaron de estos recursos para investigar, de forma participativa, sus posibles aportaciones y aplicaciones en el quehacer creativo.

Los artistas, no se limitaron a observar  los descubrimientos científicos y tecnológicos que penetraban en el mercado, sino que se apropiaron de ellos.

El mundo del arte, que se había alejado del mundo científico, con Marinetti , René Clair, Man Ray y Marcel Duchamp, Wolf Vostel,  Nam June Pack , Victor Acconci , Andy  Warhol, Robert Whitman ,  Bill Viola, Fabio Mauri, Antonio Muntadas, entre muchos otros, empezó un lento camino de acercamiento  inventando artefactos y utilizando la tecnología capaz de materializar sus intuiciones , crear lenguajes alternativos y nuevas narrativas con el fin último, también, de cuestionar el papel del arte y su función social.

Se ha producido así un movimiento en el arte, libre y sin fronteras que, como en las investigaciones científicas, necesita constantemente confirmación de las hipótesis o ajustes para volverlas a experimentar. Como un juego que constantemente cambia sus reglas y que obliga al artista a echar mano de su creatividad para superar los obstáculos.

Constatamos entonces una afinidad entre la creatividad artística y científica: la búsqueda del conocimiento así como el proceso creativo comparten tres actividades como son el inventar, el descubrir y el renovar, que con fines diferentes sustentan la labor de biólogos, físicos, matemáticos o músicos, programadores informáticos, directores de cine o de un laboratorio de investigación genética.

Cambian sustancialmente los fines, los medios o las metodologías, y mientras en el campo de las artes se deja mayor espacio a la intuición o a la imaginación, en ámbito científico se postulan como necesarias unas pruebas comprobables. Quizás el acercamiento que, a través de la tecnología, se ha propiciado entre estas dos formas de indagar sobre la realidad, logre sanar algunas dificultades del mundo científico de proporcionar inventos y servicios para alcanzar una sociedad más equilibrada desde el punto de vista social y económico y político.

Es decir aplicar los descubrimientos tecnológicos a favor de los que más lo necesitan  con fines no solo comerciales, especulativos y de consumo.

Por eso es preciso que los artistas sigan cumpliendo con su función de concienciar, hacer reflexionar y cuestionar el statu quo así como detener  las falacias de los poderes dictatoriales, de los conflictos bélicos o del tráfico de seres humanos, emigrantes culpables de querer encontrar mejor formas de vida.

En ese contexto Andreas Broeckman formuló un llamado de atención a los artistas  para que hicieran un  trabajo urgente:

¿Dónde está el trabajo urgente? En obras que no se limiten a arañar la superficie del consenso tecnosocial que hace que aceptemos cada nuevo aparato que aparece y que prescinde de un mundo más justo y más libre. El arte de nuevos medios, en vez de arañar o pulir esa superficie, hace más llevadera una situación ética y políticamente problemática, en lugar de articular la ira que mucha gente siente hacia ella.[7]

En este fragmento de texto Broeckman toca un punto importante: el peligro de sufrir una fascinación por los media que desvíe una de las tareas fundamentales del arte, que no se limita al deleite estético o a la contemplación de lo bello,  y remarca el compromiso que los artistas necesitan mantener al posicionarse frente a un mundo científico a menudo subyugado por intereses económicos y ajenos a las masas.

Porque aunque ciencia y arte tengan procesos similares, la ciencia, y por consiguiente el progreso, se ha desarrollado a favor de unas minorías descuidando los intereses de las multitudes. Y sin ir tan lejos los mismos medios de comunicación han creado un poder paralelo, el poder de la información que manipula constantemente las conductas de millones de personas supeditadas a manejos mediáticos que difunden miedo e incertidumbre para condicionar a los  espectadores  y volverlos pasivos y o impotentes frente a la realidad que le es dado vivir.

Harlan Volker, parafraseando una definición de Joseph Beuys sobre el arte como la ciencia de la libertad, comenta que los artistas se pueden considerar como científicos de la libertad  porque no buscan y aplican en los fenómenos  reglas y constantes y más bien evitan lo preestablecido o lo convencional. (Harlan, 1986:15)

Tomas Maldonado al preguntarse entonces cual es el papel de los científicos de la libertad comenta: Su función tendría que ser la de obstaculizar, y quizás subvertir las estructuras simbólicas que gobiernan nuestras relaciones con la comunicación de masa. Me refiero a acuellas estructuras simbólicas que los media, con su persuasiva capacidad de trivializar, han al fin tornado en vacíos estereotipos al servicio más de una simulación que de una comunicación verdadera. (Maldonado, 1995:114)

Tarea difícil, la de intervenir sobre los medios de comunicación de masas, sobre monopolios consolidados a servicio de los poderes económicos y políticos, pero quizás todavía sea posible incidir en el espacio cibernético, en la red de redes  que  involucra una gran cantidad de ciudadanos conscientes y creativos  dispuestos a colaborar en diferentes formas de ciberactivismo.

EL ESPACIO INCLUYENTE DEL MEDIA ART

En los últimos 50 años muchas propuestas artísticas son  obras que a menudo el público  medio no considera como arte, debido al predominio desde hace siglos de una estética basada en la reproducibilidad de la realidad, o en su representación en el espacio blanco del cuadro o en el tridimensional de la pieza escultórica.

Elementos de uso cotidiano sin unas características particulares, combinados o colocados en espacios determinados, se han exhibido en museos y galerías fomentando un arte conceptual, en el cual los objetos, seleccionados y relacionados de forma minuciosa con otros objetos y en un espacio determinado, nos remitían a problemáticas  sociales  vivenciales o intimistas.

La transición del arte objeto al arte como espacio, donde el público es parte de las obras, involucra muchos factores ya que la organización del espacio no implica un solo sentido ni una percepción inmediata porque en él  convergen luz, movimiento, color, percepciones sonoras y táctiles, desplazamientos definidos, combinaciones de objetos que necesitan una determinada cantidad de tiempo para ser comprendidos y asimilados.

Con las vanguardias artísticas del siglo pasado, hasta el action art y el movimiento Fluxus, se dieron unas propuestas artísticas que rompían con la estética tradicional, dejando de considerar la obra o el artista como centro del proceso creativo  y transfiriendo el interés hacia el espacio y el público.

Las veladas futuristas y dadaístas, los happening y los performances así como algunas intervenciones espectaculares e irreverentes en las exposiciones, aglutinaban diferentes disciplinas, y a veces escenificaban acciones sorpresivas que por primera vez daban  al público un papel protagónico.

Rechazando un arte elitista alejado de los problemas sociales y políticos, y ligado a un mercado especulativo, algunos representantes de estas corrientes cuestionaban el papel del público y de la experiencia estética contemplativa y de alguna forma pasiva.

Esta actitud fue definida por Hans Robert Jauss como “platonismo dogmático”, en el cual la relación del público con la obra se fundaba en un acercamiento intimo, interior y privado del sujeto que contempla con la obra contemplada, “ en este modelo que ha dominado por siglos, la relación es reverencial, ensimismada y autista, consiste , sobre todo en observar lo que se supone dice la obra, escuchándola y descubriéndole el significado (…) de acuerdo con un modelo de recepción pasiva, estática y, en el fondo tautológica” (Antich ,2007 :18)

En 1967 en la Universidad de Constanza Hans Robert Jauss, en  su conferencia sobre “La historia de la literatura como una provocación hacia la teoría literaria”, planteó las bases de lo que más adelante se denominó la teoría estética de la recepción (La escuela de Constanza) donde se criticaba el análisis de las obras, tanto literarias como artísticas, en cuanto obras cerradas, y se atribuía al espectador, con su bagaje cultural y sus vivencias, un papel fundamental en la interpretación de las mismas.

Debido al agotamiento del modelo explicativo de la estética del formalismo ruso y del estructuralismo europeo así como a la revisión de las experimentaciones vanguardistas que se estaban volviendo un “clásico de la modernidad” se necesitaban nuevos paradigmas en el campo de la estética. Y la teoría de la recepción logró aportarlos.

Ya en 1962 Umberto Eco había publicado un texto, Opera aperta, donde al analizar las propuestas artísticas de las nuevas vanguardias, las aportaciones del lenguaje cinematográfico y televisivo, así como las contribuciones de la teoría de la información a la estética,  descubría una nueva poética emergente la “poética de la obra abierta” afirmando que “Ninguna obra de arte en su esencia está cerrada. Más bien mantiene, en su  de finitud  (definición?) exterior, una infinidad de posibles lecturas”. (Balzola, 2004:540)

Esta cantidad de lecturas  involucra la cantidad de receptores o de público que frente a una obra de arte pone mano a todo su bagaje cultural e intelectual para interpretar los signos, las formas, los colores, todas los elementos presentes,  en síntesis el mensaje del autor.

En el media art, más allá de las transformaciones formales y visuales, el papel o lugar del espectador adquiere una relevancia particular ya que se han diversificado las posibilidades no sólo de mirar, sino también de percibir las obras con múltiples sentidos desde lo auditivo a lo táctil o a lo dinámico y móvil.

Algunas obras  implican el movimiento del espectador bajos estímulos que, de forma estratégicas, detienen su atención o favorecen la comprensión de la obra que tiene tiempos de recepción particulares y recorridos específicos.

El artista al utilizar múltiples recursos tiene que considerar un mapa de recepción es decir incluir en la arquitectura de la obra las fases de interrelación con el receptor.

En las pantallas las imágenes se combinan según una lógica discursiva particular que el autor estudia y prepara para comunicar sus mensajes a un público que elige, de forma totalmente individual, dónde y cuándo quedarse a mirar la pantalla o dónde pasar percibiendo sólo un fragmento del mensaje original.

Otro tipo de cambio se manifiesta en las obras que utilizan el ordenador como plataforma creativa que revoluciona la relación autor-obra y autor-receptor. En el primer caso porque las obras en la red son susceptibles de una constante transformación, es decir ofrecen al autor la posibilidad de añadir, modificar o aportar elementos que la enriquecen casi sin limitaciones algunas. En el segundo porque el receptor puede interactuar con la obra misma, ser parte de ella,  o en algunos casos aportarle su propia creatividad.

Con estas aportaciones de la tecnología informática a la estética de la recepción, que encuentra un terreno fértil en el media art, podemos asociar también la propuesta de una estética de la participación, formulada por Adolfo Sánchez Vázquez que afirma: 

Se trata de participar en la creación misma haciendo que el consumidor no se limite a producir pasivamente lo ya producido, sino de insertarse en un proceso de creación en el cual ,  la obra producida por el artista sería una etapa importante, pero no la última .(Sánchez Vázquez, 2005:199)

Algunos artefactos tecnológicos similares a los que podemos encontrar en algunos videojuegos, permiten insertar, en una pantalla expuesta en una galería de arte, imágenes que no son previstas y hasta el retrato del  espectador que se vuelve parte integrante de la misma. Con estos experimentos también los espacios museísticos se han trasformado dando lugar a expresiones lúdicas y de interacción.

Al pasar frente a una cámara instalada de forma apropiada podemos ser parte de la obra y nuestra presencia , aunque sea  virtual, nos da la posibilidad de ser protagonista de la misma aunque sea de forma efímera y sorpresiva.

Hay obras en donde el público  presencia espacios virtuales, combinados entre si o con otros objetos, con intervenciones acústicas  y de luz donde se produce una inmersión total en  un ambiente que provoca estados de animo, reflexiones, sentimientos .

Podríamos decir  que algunas obras del media art nos proponen un entorno caracterizado por el “caos” que quizás no sea correcto cuestionar, porque el “caos” puede también ser la expresión de un movimiento constante, movimiento al cual difícilmente  podemos substraernos por nuestra misma condición actual de transición hacia un mundo trastornado o enriquecido, según como se quiera ver, por la tecnología.

Las anteriores consideraciones sobre el media art son sólo un punto de partida ya que no he mencionado otros aspectos, no menos influyentes, como lo real y lo virtual en el arte, la relación media art y medios de comunicación con las derivadas nuevas formas narrativas, el transformarse del proceso creativo así como los problemas de exposición, clasificación y de preservación del media art. Temas importantes para aclarar el panorama que desarrollaré en otro contexto.

En cualquier caso considero que la relación arte y ciencia, el acercamiento a una concepción de espacio incluyente y a una definición del media art pueden promover un debate interesante y enriquecedor.

NOTAS:

[1] http://aminima.net/wp/?p=861&language=es#more-861 : “Mediación, cultura de los medios y crisis de los valores humanistas”

[2] Antoni Mercader , docente investigador de la universidad de Barcelona, artista y curador . Texto en www.gama-gateway.eu/

[3] El siguiente texto se basa en una charla que dio Andreas Broeckmann ex director del transmedial festival de Berlín en el simposio “media art Today” en el Inter. Comunication  Center de Tokio¡ el 12 de marzo de 2005, en el contexto de la exposición Art meets Media

[4] Francesco Monico Docente de Teoría y Método de los Mass Media y Director de la Escuela dei Media Design y artes multimedia. http://nabamediadesign.wordpress.com/nuove-tecnologie-arte/new-media-art/

[6] Arte y tecnología, una frontera que se desmorona” por Xavier Berenguer http://www.artnodes.com/esp/art/xberenguer0902/xberenguer0902.html

[7] http://aminima.net/wp/?language=es&p=129

Bibliografía/Referencias


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  • Balzola,A. Monteverde A.M.  Le arti multimediali digitali Garzanti Milano 2004

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  • Harlan Volker Was ist Kunst? Werkstattgesprach mit Beuys,Urachhaus, Stutgart 1986

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CC0 (Equivalente a Dominio Público)