IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Grupo de trabajo C-59: Nuevos retos de los telecentros

Telecentros colaborativos, un paso más hacia el "empoderamiento" de las poblaciones

Ponente/s


Resumen

En esta ponencia se apuntan algunos aspectos del avance de los telecentros hacia el "empoderamiento" de las poblaciones, en la medida en que se consiga que sean éstos los protagonistas de su propio desarrollo. Actualmente estamos acostumbrados al "bandolerismo" en el uso de las palabras, con el que se confunde a la gente. De esta forma, por ejemplo, numerosas empresas, bancos y grupos de intereses dicen "prime-ro las personas", "trabajamos para las personas", cuando realmente el objetivo prima-rio es su creciente beneficio económico. ¿Qué primario real consideraremos en nues-tra acción? Si elegimos a la gente, no podemos hacerlo en abstracto, un telecentro tiene que contar con cada una de las personas de su área de acción y sus necesida-des de desarrollo.

Contenido de la comunicación

INTRODUCCIÓN. SITUACIÓN ACTUAL DE LOS TELECENTROS

Tras las primeras experiencias en nuestro país de creación de telecentros, la proliferación de éstos atiende a la idea tan en boga de paliar la “brecha digital” dentro de nuestra sociedad, empujados por la iniciativa y control de las diferentes administraciones públicas. Las diferencias de acceso de las poblaciones a las nuevas tecnologías entre el medio rural y las ciudades se convierten en el acicate de las administraciones para  que se coloquen cientos de puntos de conexión por todo el territorio, como señal de avance en su grado de progreso.

Las referencias que aparecen publicadas de las actividades de los telecentros, sobre todo en España, están centradas en la oferta de servicios de alfabetización digital y de acercamiento de la web a sectores de la población alejados de este medio, a la implementación de servicios de contacto con las administraciones y, en una escalón superior, a la formación aplicada y la puesta en marcha de iniciativas de apoyo laboral, educacional o cultural.

No sabemos hasta qué punto se han convertido los telecentros en verdaderos referentes territoriales. Dependiendo del esfuerzo de los dinamizadores y de la autonomía que puedan tener, su influencia puede resultar desigual, pudiendo conectar con otras instituciones, empresas o colectivos.

Seguramente los responsables de cada telecentro tendrán mucho más que aportar, pero, tras este humilde nivel de análisis de resultados, podemos plantear otras cuestiones de fondo que pueden enriquecer la dirección hacia la que se encaminan.  Por ejemplo, habría que plantearse cómo queremos medir su influencia, si la medimos por la cantidad de gente que accede a un ordenador o por el grado de acercamiento a la resolución de los problemas que tiene una sociedad.

ALGUNAS CUESTIONES DE FONDO

Parece muy extendida la idea de que las nuevas tecnologías por sí mismas pueden mejorar la sociedad. De hecho, muchas medidas del “progreso” se realizan en base al número de dispositivos tecnológicos (ordenadores, móviles, consolas,...) por habitantes de cada país[1]. En un paso más allá, ahora también se mide el grado de manejo y capacidad de utilización de estas nuevas tecnologías (acceso a la web, utilización de aplicaciones informáticas, participación en redes sociales,...). Con una visión tan simplista se podría llegar a la esperpéntica situación de considerar más desarrollado a un individuo que utiliza varios ordenadores en red en su domicilio para crear un sistema de apropiación de datos para la estafa y la especulación financiera, o para la venta de productos tóxicos o el tráfico de armas, o para la distribución de imágenes pedófilas,...

Este enfoque que mide el número de aparatos utilizados parece impulsado interesadamente desde el punto de vista de la voracidad económica de las grandes multinacionales que fabrican estas nuevas tecnologías. Frente a esta visión estaría otra que atiende a las necesidades que experimentan las poblaciones de superación de los sufrimientos y problemas que padecen.

Un indicador evidente de la proliferación del primer enfoque en el “primer mundo” lo tenemos en el cambio de orientación en la fabricación de muchos nuevos productos. Si bien la ideación e invención anteriormente atendía a necesidades previas para las que se buscaba solución, ahora es cada vez más frecuente la fabricación primero de un producto para después “inventar una necesidad” mediante el marketing internacional.

Al mismo tiempo que avanzan las nuevas tecnologías, y se cuenta con los recursos suficientes para alimentar a todo el planeta, se incrementa el hambre, la muerte por enfermedades superables, las guerras alimentadas por los intereses del complejo militar-industrial, la explotación de los recursos sin control,... y, en general, la discriminación impuesta desde los medios del poder hacia las poblaciones.

Los “intereses económicos” prevalecen por encima de las personas y de las necesidades de las poblaciones. Esta es la mayor brecha social, la que se abre entre quienes acaparan y controlan los recursos por la fuerza y los que carecen de ellos. De aquí derivan todas las brechas: digitales, nutricionales, sanitarias, educacionales, culturales,...

Cuando planteamos el acceso universal a la sociedad del conocimiento, al igual que sucede con el reconocimiento de los derechos humanos, tendríamos que romper con los condicionantes anteriores. ¿Cómo se puede llegar a las poblaciones si no se cuenta con ellas? De qué conocimiento hablamos ¿del que se aísla en su confortable burbuja y justifica el estado actual de las cosas o del que se resigna y se somete a él?

¿Qué podría hacer un telecentro sobre este estado de cosas? ¿Qué ordenará nuestra acción? ¿Pondremos primero los recursos económicos o las personas?

Los telecentros se crearon para acercar las posibilidades que oferta esa sociedad del conocimiento desde las administraciones a quienes se encontraban más alejados, de forma unívoca. Hasta ahora, el telecentro ofrecía sus servicios a los ciudadanos, a quienes invita a participar de actividades preparadas. Teniendo en cuenta su carácter público, el paso siguiente estaría en la ampliación de estos recursos y su apropiación interactiva por parte de los ciudadanos para el desarrollo colaborativo, con el objetivo de ayudar a solucionar los problemas de las poblaciones donde operan. La administración tendría que asegurar la igualdad de oportunidades, la no discriminación, y la participación de todo el que lo precise.

LA CAPACIDAD PRODUCTIVA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Sabemos de la capacidad de creación de negocio en torno a las TIC, y cómo éstas, además, interactúan sobre todos los sectores de producción y de servicios. Además, los costes iniciales de implantación, muchas veces, son mínimos, frente a los beneficios generados.

Los telecentros, hasta el momento, se crean desde la inversión pública. Más tarde, esta dependencia económica no consigue resolverse y precisan de la subvención constantemente para su mantenimiento. Este hecho limita enormemente sus instalaciones y capacidades.

Un paso más allá en el desarrollo de los telecentros nos tiene que llevar a la búsqueda de su propia autofinanciación, mediante la generación de nuevos bienes y servicios que se podrían crear si se contara con unas mínimas instalaciones y, sobre todo, con un proyecto abierto orientado a la creación de nuevas iniciativas y servicios.

TELETRABAJO COLABORATIVO Y NUEVAS EMPRESAS Y SERVICIOS

Una posibilidad de autofinanciación la encontramos en el fomento del teletrabajo colaborativo. ¿Qué sucedería si un telecentro contara con infraestructuras informáticas y de comunicaciones suficientes para poder permitir el teletrabajo desde sus instalaciones?

El teletrabajo en el hogar no acaba de desarrollarse por los muchos inconvenientes que padece, como son: el aislamiento, la falta de logística adecuada y de seguridad, la indefinición de horarios y de ámbitos de trabajo, el requerimiento de autonomía tecnológica, dificultad de cuantificación de costes soportados por el trabajador,...

Un telecentro público puede ofrecer las garantías que superan todos estos problemas. Facilita un espacio de relación e intercambio, habilita espacios compartimentados adecuados a las necesidades de cada trabajador o grupo de trabajadores, ahorro de costes de recursos compartidos (seguridad, mensajería, soporte técnico e informático,...), puede certificar horarios de trabajo y delimitar costes mediante cuotas de participación.

Los beneficios sociales que se generan son además mucho mayores. Muchos telecentros están ubicados en poblaciones alrededor de grandes ciudades a las que acuden a trabajar miles de personas todos los días. Se evitarían miles de desplazamientos innecesarios de todos aquellos que pueden realizar su trabajo a distancia, desde el telecentro, con los correspondientes ahorros de energía y de tiempo, además de evitar la contaminación y los riesgos laborales en los desplazamientos y aumentar la calidad de vida y la conciliación familiar, al poder trabajar en un lugar próximo al domicilio.

Pero si se cuenta con ese tipo de instalaciones no sólo se podrían ubicar esos puestos de teletrabajo, además se generarían otros nuevos de profesionales para mantener los servicios, y sobre todo se podrían utilizar las infraestructuras para la creación de nuevas empresas y servicios, agrupando a la gente que lo precisa.

Un telecentro así podría convertirse en un reactivador social de esa zona, fortaleciendo el comercio local y ayudando a que los ayuntamientos cuenten con herramientas capaces de crear a su vez nuevos servicios.

En algunos ayuntamientos se han implementado soluciones parecidas, como son los viveros de empresas, que ayudan a poner en marcha en sus primeros pasos nuevos proyectos o empresas.

ENTRETENIMIENTO O “EMPODERAMIENTO”

Como hemos visto, podemos optar entre diferentes criterios para desarrollar un telecentro. Si nuestro enfoque prioritario lo ponemos en las personas (todas las personas de ese municipio, barrio o área de influencia del telecentro), podemos utilizar los recursos del telecentro para el entretenimiento, con actividades más o menos enriquecedoras para los participantes, o podemos dotar de herramientas de transformación a todos los vecinos para su “empoderamiento”. Para ello es necesario que todas las personas sepan que puedan acudir con sus dificultades o inquietudes a un espacio físico, a un punto de encuentro que es suyo; y si no acuden, será responsabilidad del telecentro acercarse a todos ellos.

Una inversión en un telecentro público equipado con recursos TIC suficientes de estas características, debería plantearse como la adquisición de un bien común primario, como lo es el alumbrado o el alcantarillado, y por cierto mucho menos gravoso que otros gastos que realizan los ayuntamientos para conseguir la simpatía de los vecinos.

PARTICIPACIÓN DIRIGIDA Y E-PARTICIPACIÓN

No hace mucho oía como se quejaban los responsables del área de participación ciudadana de un ayuntamiento de que la gente no participaba en las actividades de todo tipo que se preparaban, a pesar de todo lo que se había invertido. Preguntando si habían consultado alguna vez a la gente qué actividades querían, me dijeron que no. Ese es un mal generalizado en muchas administraciones.

Podemos emplazarnos como solucionadores de los problemas de los vecinos, invitando a participar en las actividades que se planifiquen a distancia, o podemos dotar a las poblaciones de los medios adecuados para poder contar con todos los vecinos, para ver qué actividades o iniciativas se quieren planificar.

Es clara la necesidad de tener un espacio físico de encuentro al que se puede llegar caminando, un lugar en el que todo el que necesita y quiere resolver un problema puede tener con quién compartirlo. Una referencia amigable, tal vez en la que se pueda compartir un café de forma distendida, que no coarte el acercamiento de las inquietudes de la gente como lo pueden hacer la cumplimentación de unos impresos de una solicitud tras un mostrador. De toda esa actividad de intercambio, seguramente se pueda crear una base de datos relacional con la diversidad de enfoques o conocimientos que cada uno pueda aportar. De muchos encuentros entre gente diversa salen soluciones concretas que hubiera sido muy difícil prever. 

Más tarde, ese punto físico se puede ampliar a un espacio virtual fácilmente, implementando soluciones de e-participación, que acerquen su actividad a quienes puedan tener dificultades de horarios, de conciliación, de movilidad, etc.

DESDE LA CONSULTA HACIA LA DEMOCRACIA DIRECTA

Otro aspecto que un telecentro puede ayudar a resolver es el de la participación en la toma de decisiones.

Nuestra democracia actual resulta francamente mejorable, ya que desde su más reciente implantación por parte de los estados a finales del siglo XVIII, apenas ha evolucionado en su mecánica. De esta forma, unos pocos piden la confianza global de todos cada cierto tiempo, para no volver a acordarse de ellos hasta la próxima elección. Pero entre esos dos momentos se toman miles de decisiones que afectan a las vidas de las personas a todos los niveles y desde muy diferentes ámbitos. Poco a poco los responsables políticos se alejan más de lo que experimentamos la gente, produciéndose un peligroso descreimiento en las instituciones y el sistema democrático.

Hoy en día se cuenta con recursos tecnológicos suficientes para poder implementar la consulta a los ciudadanos de una forma mucho más sencilla y menos costosa, permitiendo acercarnos hacia la democracia directa.

En diferentes ámbitos colaborativos y de empresas[2] se están desarrollando sistemas informáticos de e-participación, permitiendo la rápida consulta y toma de decisiones por parte de los colectivos que las implementan. La encuesta que puede realizar una asociación para tener en cuenta las inquietudes de sus socios o la consulta por parte de un ayuntamiento sobre el destino de sus presupuestos, podrán servir de acicate para adquirir una cultura democrática muy importante.

Resultará mucho más contundente, para su defensa, el respaldo de lo que la gente quiere que cualquier argumento político. Cuántas decisiones arriesgadas o parciales se podrían evitar si se sabe qué es lo que quieren las personas implicadas en un determinado asunto. ¿Qué acción puede resultar más saludable para quien tiene que tomar una decisión sobre otros, que contar con la opinión de éstos?

Desde un telecentro se puede implementar un sistema informático de consulta, aportando el soporte necesario de seguridad que ofrece una entidad pública, enriqueciendo enormemente las relaciones sociales de su área de acción. La investigación en este área resulta fundamental incluso para el propio funcionamiento del telecentro.

El desarrollo de la e-administración no sólo tiene que avanzar permitiendo realizar gestiones burocráticas a distancia, sino poniendo en marcha mecanismos de consulta, participación y decisión mucho más rápidos y eficaces utilizando las TIC.

FORMACIÓN APLICADA EN LOS TELECENTROS

Hemos hablado del teletrabajo colaborativo, de la creación de otros servicios de valor para la comunidad, con sus correspondientes puestos de trabajo, y de nuevas empresas e iniciativas creadas por los vecinos. Pero para poner en marcha muchas de estas tareas será necesaria una adecuada formación.

Seguramente, uno de los servicios que más se demandan en los telecentros es el de la formación. Actualmente, con mayor o menor éxito de participación, se imparten todo tipo de cursos de capacitación, pero muchas veces dejan al interesado en situación de desconexión frente a la realidad en la que aplicar eso que se ha aprendido.

Se debería orientar la formación a cubrir las necesidades reales de puestos de trabajo en su área de influencia. Una formación en base a la creación de empleo concreto puede ser mucho más gratificante para quienes la imparten y para quienes la reciben, además de suponer un ahorro de costes de actividades improductivas o, cuando menos, de difícil cuantificación de logro de resultados.

QUÉ EQUIPAMIENTO SE PRECISA

Desde la imagen de una simple sala con unos cuantos ordenadores, como son ahora muchos telecentros, llegamos a la propuesta de dotar a los ayuntamientos locales (o instituciones responsables en los barrios, o comarcas) de unas mayores instalaciones parejas a la amplitud de los servicios que queramos poner en marcha.

Estamos hablando de dotar al telecentro de una equipación de servidores informáticos y de comunicaciones, capaces de realizar diferentes trabajos distribuidos y que, de una forma progresiva, podría ser ampliada a medida que se ponen en marcha nuevos servicios. Esta infraestructura conforma el motor del telecentro.

También planteamos la necesidad de espacios de encuentro, de trabajo y de formación, así como una serie de espacios para la compartimentación de despachos y ubicación de nuevas iniciativas o empresas.

Alguien podría decir que estas instalaciones son excesivamente costosas para los presupuestos con los que cuentan los ayuntamientos. Frente a esto podemos plantear la creación de los telecentros como algo vivo, parejo a las inquietudes de los vecinos que lo pongan en marcha. Puede nacer siendo algo pequeño (como puede ser la sala que emplea un telecentro de un pequeño pueblo) pero tener la visión de desarrollo y de crecimiento de servicios añadidos. También hay que tener en cuenta las posibles ayudas de inicio que se pueden conseguir desde las diferentes administraciones autonómicas, del Estado y de la Unión Europea, muy sensibilizadas con todo este tipo de proyectos.

JUVENTUD Y TELECENTROS

Un apartado especial en la participación de los telecentros es el de la gente joven. Toda la comunidad educativa tendría que jugar un papel relevante en la actividad del telecentro, pudiendo implementar servicios útiles hacia los alumnos, los profesores y los padres, familiarizándose en la consulta para la toma de decisiones, la formación práctica aplicada, el conocimiento del medio social y el incentivo de la capacidad creativa.

Los jóvenes, además, necesitan contar con medios de expresión de sus inquietudes, que pueden ser apoyadas por iniciativas y eventos basados en las nuevas tecnologías. Un telecentro colaborativo puede añadir un valor muy importante, el factor relacional, como punto de referencia para la cooperación, la creatividad, el ingenio y la expresión de su rebeldía, que les permita ser tomados en consideración y no dejarlos condenados al pasotismo y a la huida de la realidad.

UNIVERSIDAD Y TELECENTROS

La comunidad educativa, como hemos dicho, es muy importante para el desarrollo de un telecentro colaborativo, pero podemos hacer un apartado especial con la universidad, ya que puede cumplir con un papel de soporte e innovación vital para su funcionamiento.

La universidad muchas veces carece del componente práctico ligado a la realidad cotidiana de la sociedad. Un telecentro puede acercar esa realidad a la universidad mediante la firma de acuerdos de colaboración. Pueden ser acuerdos generales o parciales, por parte de las direcciones, los docentes o los estudiantes, concertados en torno a proyectos de colaboración para la puesta en práctica de nuevos servicios y mejoras sociales.

Facultades como las de informática, económicas, derecho,… pueden ser la primeras en la puesta en marcha de experiencias piloto de colaboración. Pero será el debate de esta propuesta de colaboración en toda la universidad el que hará establecer los posibles acuerdos, seguramente con iniciativas inimaginables.

El empuje en la participación lo darán los alumnos si están incentivados con créditos o becas a proyectos, que les aporte una experiencia práctica antes de acabar la carrera, pero sobre todo vendrá de la capacidad de rescatar el ingenio y ponerlo en práctica, planteando nuevos retos, cuestionando los modelos caducos actuales. ¿Cómo puede ser que un sistema entre en crisis generalizada y no se modifique nada? ¿Cómo es posible que no se plateen nuevos modelos y  nuevas experiencias? La universidad debería ser la primera en poner en tela de juicio este orden de las cosas y aliarse con la sociedad y sus necesidades.

DISCAPACIDAD Y TELECENTROS

En el primer acercamiento que hicimos en un pueblo de la sierra de Madrid para poner en marcha un piloto de telecentro colaborativo[3], quienes rápidamente se interesaron por la propuesta fueron una asociación de gente discapacitada. Si son millones las personas con dificultades para acceder a un puesto de trabajo digno, quienes además cuentan con dificultades físicas o psíquicas ven multiplicados sus impedimentos.

La proximidad de un telecentro evita múltiples dificultades de movilidad a quienes lo tienen más complicado. Un centro especializado en este tipo de problemas puede ser un motor de cambio de la realidad social de la discapacidad, ya que puede servir de ejemplo para otros lugares y situaciones.

LA COOPERACIÓN Y LOS CENTROS ESPEJO

La cooperación entre telecentros será sumamente útil para su desarrollo. La apertura hacia la diversidad de las personas, de los diferentes lugares y situaciones, enriquece en anhelo común de superar las dificultades que lastran a las personas.

En este sentido tendrán especial significado las colaboraciones entre centros de diferentes países y culturas, con diferentes niveles de desarrollo tecnológico, ya que pueden jugar un papel necesario de apertura hacia quienes carecen de esos recursos. La implementación del comercio justo, el intercambio de profesionales, la puesta en marcha de servicios comunes, pueden ser el inicio de la confluencia entre culturas.

La hermandad entre ciudades es algo que se establece a menudo en nuestra sociedad; si lo hacemos entre telecentros podemos compartir además del folclore un intercambio más sustancial.

UNA VISIÓN HUMANISTA

Poner todo esto en marcha supone un cambio profundo del planteamiento de los telecentros frente a las administraciones, a las que hay que reclamar que devuelvan el papel protagonista a los vecinos, a quienes éstas deben servir.

Vivimos una época de crisis generalizada en la que cada vez son más las voces que apuestan por un enfoque humanista que ponga como primario a las personas sin ningún tipo de discriminación. Ya a finales de los 60, desde Sudamérica, donde Mario Rodríguez Cobos (Silo) expuso las bases del Nuevo Humanismo frente a la situación actual, se denunciaba sin paliativos la situación absurda que vivimos: “El gran capital domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología suficiente. Y, así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación” (Documento del Movimiento Humanista)[4].

Millones de personas vivimos indiferentes los unos de los otros, mientras que la situación es desastrosa en todo el mundo es manejada por el interés de unos pocos. El beneficio de éstos acaba en el desarrollo de nadie. Los medios de comunicación son especialistas en el entretenimiento. Los debates quedan reducidos a la disputa de criterios sobre lo coyuntural y anecdótico. La crítica y sobre todo la autocrítica están mal vistas. ¿Cómo se puede luchar frente a este estado de las cosas?

Humildemente creo que un telecentro puede cumplir con un papel inspirador, en la medida en que sean capaces de construir nuevos modelos, nuevas empresas y nuevos servicios desde los ciudadanos y para los ciudadanos, que puedan cuestionar incluso, por qué no,  la relación entre el capital y el trabajo, y que como efecto demostración corran a otros lugares en un circuito de realimentación.

Mijail Gorbachov en su “Humanismo y nuevo Pensamiento” afirma: “…los cambios humanistas y democráticos son posibles sólo en el caso de que no sean asunto exclusivo de las cúpulas políticas, sino que se conviertan en un logro del pueblo, de la sociedad en el más amplio sentido de la palabra”[5].

Más recientemente, desde diferentes ámbitos, numerosos autores y profesionales apuntan en una misma dirección: “Las NT son hoy día una oportunidad única, un factor decisivo de humanización, si somos capaces de pasar del ‘autismo interactivo’ a la participación ciudadana” dice José Luis Molinuelo, Catedrático de la universidad de Salamanca[6].

Lo que importa ahora es qué sentido vamos a tomar quienes ponemos en marcha un telecentro.

NOTAS:

[1] Ver FUNDACIÓN TELEFÓNICA. La Sociedad de la Información en España 2008 en:

http://info.telefonica.es/sociedaddelainformacion/html/informes_home.shtml

[2] En este sentido hay que destacar las iniciativas de Ciudades Kyosei  (www.ckyosei.org) o el proyecto OpenPopuli  (http://www.openpopuli.com/)

[3] Ver iniciativa del Proyecto TELECOL en: www.telecol.org

[6] Ver artículo "Nuestro reto ahora es el de realizar lo virtual y no el de virtualizar lo real" en: http://www.fiap.org.es/index.php?option=com_content&task=view&id=856

Bibliografía/Referencias


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