IV Congreso da CiberSociedade 2009. Crise analóxica, futuro dixital

Relator/es


Resumo

En el complejo mundo que vivimos, todos los conocimientos pasan prácticamente por unos sistemas de comunicación que se convierten cada vez más en los custodios de la información. Internet es visto por muchos como instrumento educativo y recreativo, en el que los usuarios pueden aprender virtualmente cualquier tema, o realizar diversas tareas, incluso hasta cursos universitarios. Así, el ser una fuente de información tal como noticias, tiempo, deportes, críticas de cine, bibliotecas, enciclopedias y muchas más, que utilizan para sus estudios, aparece dentro de las utilidades de Internet que los adolescentes privilegian la construcción social a través del contacto comunicativo entre ellos.
Las generaciones más jóvenes, se socializan culturalmente bajo la influencia de las nuevas tecnologías de la información y comunicación en sus diversas variantes (televisión digital, telefonía móvil, Internet, videojuegos) presentando una serie de rasgos de comportamiento social y cultural diferenciados, respecto a adolescentes de décadas anteriores.

Texto da comunicación

Introducción

La sociedad y la cultura deben su existencia a la comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde, preferentemente, se manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana. En este sentido, la vida social puede ser entendida como “organización de las relaciones comunicativas establecidas en el seno de los colectivos humanos y entre éstos y su entorno” (Moreno, 1988: 14). De alguna manera, este enfoque propone “imaginar el tejido social como una trama de interacciones” (Galindo, 1997).

La comunicación es la base de toda interacción social, y como tal, es un principio básico en la sociedad. Sin comunicación, diría Niklas Luhmann (1993), no puede hablarse de sistema social: “Todo lo que es comunicación es sociedad (...) La comunicación se instaura como un sistema emergente, en el proceso de civilización. Los seres humanos se hacen dependientes de este sistema emergente de orden superior, con cuyas condiciones pueden elegir los contactos con otros seres humanos. Este sistema de orden superior es el sistema de comunicación llamado sociedad” (Luhmann, 1993: 15). Según lo establecido por J. R. Searle (1991: 14- 15), la unidad mínima de análisis de la comunicación es el acto de habla:

La unidad de comunicación lingüística no es, como generalmente se ha supuesto, ni el símbolo ni la palabra ni la oración, ni tan siquiera la instancia del símbolo, palabra u oración, sino más bien lo que constituye la unidad básica de la comunicación lingüística es la producción de la instancia en la realización del acto de habla. Para establecer más precisamente este punto: la producción de la oración-instancia bajo ciertas condiciones es el acto ilocucionario, y el acto ilocucionario es la unidad mínima de la comunicación lingüística [...] Realizar un acto ilocucionario es comprometerse en una forma de conducta gobernada por reglas.

1) La llamada "Generación Finger"

Hace unas décadas atrás, los adolescentes  llegaban a la edad adulta, sin otra riqueza que las que le había procurado la escuela o la tradición, lo que les bastaba para construir su identidad y ocupar su lugar en un ambiente familiar y social. En la actualidad, los adolescentes deben encontrar su propia identidad en una sociedad caracterizada por los cambios continuos y en la que deberán ser al mismo tiempo sujetos y actores en este mundo tan cambiante. 

La de hoy, es una generación que ha sido amamantada culturalmente en contacto permanente con variadas tecnologías audiovisuales e informáticas, por ello se les ha llegado a llamar “nativos digitales”. Para estos adolescentes es algo cotidiano acceder a múltiples canales de televisión y zapear de unos a otros, escribir sus trabajos de clase en un ordenador, llamar y recibir mensajes a través de telefonía móvil, navegar por Internet en busca de información, y comunicarse a través de un chat. Dicho de otro modo, son usuarios de numerosas y diversas tecnologías siendo éstas un elemento familiar de su vida, y hasta cierto punto, indispensables. Esta generación necesita las tecnologías digitales para divertirse, para realizar sus trabajos académicos, y para relacionarse socialmente con sus amigos.  Cerca de mil millones de personas consideran el acceso a internet como una necesidad vital. "Oxígeno online" es una tendencia de consumo que alude al carácter imprescindible de la web o de la mensajería electrónica en los celulares o en la red. Hoy esa conexión es importante para entretenerse, trabajar, informarse y también para relacionarse con los demás y mostrar quién es uno en el mundo.

Estas generaciones jóvenes, lejos de perderse en las amplias redes sociales “virtuales” o de absorber los “contenidos” de Internet, perciben casi en su totalidad los canales digitales, como un medio de comunicación para profundizar lazos con sus amistades, para coquetear y para explorar sus identidades en desarrollo. El eslogan: “mis amigos son mis medios”1, es una metáfora a través de la cual la realidad se configura “en” y “desde” estos medios. Se ha afirmado que la mediación tecnológica y la comunicación virtualizada hace que el lenguaje de los jóvenes no respete la normativa lingüística como lo hace un adulto (Rodríguez, 2002: 22), emergiendo una situación comunicativa especial, un habla caracterizada por la inseguridad y cambiante competencia comunicativa, que conlleva a un uso frecuente de: malas palabras, palabras tabúes, marcadores del discurso, (Rodríguez, 2002: 24, Stenström 2005: 1) y a una fuerte influencia del inglés como lengua de la red (Lorenzo, 1996: Rodríguez, 2002).

Los servicios de Instant Messenger (IM) surgieron como el canal de comunicación natural para los jóvenes menores de 20 años, teniendo un significado particular en la etapa adolescente. Se utilizan a partir del momento de encender la computadora, a menudo controlando el resto de las experiencias en Internet del grupo de usuarios jóvenes, en cuanto sus contactos compartieron enlaces y se dirigieron el uno al otro a ver secuencias de video con contenidos en sitios como YouTube, Facebook, Space, Fotologs, Blogger y otros. Sin embargo, MSN Messenger fue sinónimo del concepto de comunicación instantánea en casi todos los países; constituyéndose en un fuerte instituyente de la misma. Una de las características más salientes de estos nativos digitales es que tienen la necesidad de estar comunicados, porque, pertenecer a grupos e identificarse con ellos es sinónimo de identidad generacional y de pertenencia al mundo de hoy. Los jóvenes tienen un argot propio, consecuencia de su búsqueda de identidad. Las palabras nuevas entran con gran facilidad en el lenguaje juvenil  y pasan luego al lenguaje adulto (Zimmermann 2002: 138).

Pertenecen a la llamada “generación finger”, porque se comunican por mensajes escritos, sustituyendo el habla en su concepción tradicional y creando nuevas formas de habla cibernética. 

2) Cibercultura y comunicación

El mundo contemporáneo se identifica cada vez más con procesos simultáneos de comunicación que eliminan las barreras espaciales y temporales, permitiendo una interacción sincrónica y múltiple. La realidad se significa a través de una comunicación permanente y continua, mediada a través de las tecnologías.  El avance de estas tecnologías ha desarrollado diferentes canales de comunicación. El chat, el correo electrónico, el foro virtual y los espacios de grupos, se han constituido progresivamente, en soportes integrados al hacer cotidiano de los sujetos del mundo. Las formas de comunicación también han transformado su diseño estructural y progresivamente han ido adaptándose a las nuevas exigencias contemporáneas. Para todos los usuarios, la interacción es y debe ser muy dinámica, fluida y regirse por el principio de economía. Esto se plasma  en el empleo de recursos gráficos, el sincretismo lingüístico y el uso de simplificaciones léxicas que sirven para participar activamente usando un lenguaje acorde a estos  nuevos escenarios. El discurso electrónico permite un intercambio masivo de mensajes textualizados de tal modo que, rompe con algunas categorías propias del texto escrito.  Las formas convencionales de estabilidad y durabilidad del soporte escrito se mezclan con la naturalidad y la fugacidad del habla; en consecuencia, el texto interactivo resultante entre escritor y lector es más cercano a la oralidad que a la escritura. “es de una doble naturaleza: en sí es escrito, pero se lee como si fuera una transcripción de un texto oral, por lo que ha sido llamado conversación textual y discurso escrito interactivo” (Constantino, 2002: 181).

El ciberespacio es una zona que desarrolla la cibercultura, constituyendo un espacio imaginario al que pertenece el mundo de la representación y del pensamiento. En tal sentido, el ciberespacio tendría una doble realidad: una física constituida por las redes de Internet y una intelectual referida a las representaciones. Internet es, sin duda, el ejemplo modélico de tecnología desarrollado para satisfacer la necesidad de comunicación del ser humano, punto de encuentro con un otro en un tiempo y en un espacio virtual, con el cual puede compartir información, comentar la vida, permitirse sentir, en síntesis, interactuar. (Fraca, 2006) Éste es el instrumento tecnológico y la forma organizativa que distribuye el poder de la información, la generación de conocimiento y la capacidad de conectarse en red, abarcando cualquier ámbito de la actividad humana. De igual modo, el ciberespacio puede constituirse en una cosmovisión en proceso de consolidación, que permita mirar y mirarse dentro de una nueva configuración sociocultural. Se requiere para ello de la conformación de una red y de un tejido de relaciones. En consecuencia, la revolución tecnológica que ha originado al ciberespacio implica además una revolución de la mente que "imagina y construye espacios representativos desde otro lugar" (Galindo Cáceres, 2001).

Mientras en la realidad física y social, la oralidad tiene un soporte que son los hablantes en sí –sus expresiones faciales, sus gestos, sus movimientos– la escritura, desde un punto de vista paratextual y tradicional, posee un soporte material –papel, pizarra, cartel, piedra, pared– un formato –medida del papel, tamaño y cantidad de páginas, libro, revista, diario– tipografía y diseño gráfico –aspectos visuales, estéticos, relevancia de contenidos, legibilidad, etc.

De algún modo, todo lo anterior ha experimentado una revolución con Internet, ese gran conjunto de redes de ordenadores interconectadas, es decir, una red de redes, una telaraña (Cruz Piñol, 1998). El ritmo comunicativo se ha agilizado, dado que las distancias no existen virtualmente. Las operaciones de orden intelectual que se activan tanto en la escritura como en la lectura se relativizan –la espontaneidad de la lengua natural, por ejemplo, pasa por encima de la planificación y de los otros procesos–. Los soportes de la oralidad y de la escritura han sido sustituidos por un teclado y una pantalla que reproduce textos asincrónicos –el emisor y el destinatario no suelen estar conectados al mismo tiempo–. Se trata de una interacción retardada, hecho que marca una diferencia fundamental con la conversación natural, dado que no existen ni las interrupciones ni los solapamientos propios de la toma de turnos en el habla; la interacción puede exceder lo usual y durar meses o años, como es el caso del foro que nos sirve de corpus. Tales textos permiten una expresión mediada mucho más libre y menos intimidatoria que la que se realiza cara a cara.

El ciberespacio como espacio de interacción, crea una comunicación a gran escala donde todos los nodos conectados tienen la posibilidad de ser emisores o receptores, creando novedosas vías de participación en la generación, negociación y estabilización del conocimiento y la inteligencia compartida Por lo tanto, la esencia del ciberespacio la constituyen la información, la comunicación, el conocimiento y, en consecuencia, la ciberdiscursividad. De allí que resulte importante estudiar la comunicación escrita en el ciberespacio. Quizás uno de los elementos más destacados sea no sólo el permitir y mantener relaciones sociales como funciones básicas de la modalidad oral, sino posibilitar los actos dialogales. La conversación espontánea es una manifestación primaria y universal de realización de la oralidad. En la medida que produce un  intercambio, posee un carácter dialogal; por lo general habla una persona a la vez; los solapamientos son habituales, pero breves; el orden de los turnos de habla y su duración no son fijos ni se pueden especificar previamente, aun cuando se tiende a un cierto equilibrio; lo que cada hablante dice no está previsto; la cantidad de hablantes puede variar y su discurso puede ser continuo o discontinuo.

  El habla espontánea se caracteriza por su alto grado de indefinición, de imprevisibilidad y de improvisación por parte de los hablantes (Calsamiglia y Tusón, 1999) y requiere ceñirse a las condicionantes de las “buenas maneras” como requisito mínimo para asegurar un correcto intercambio. En este sentido, las buenas maneras, hacen alusión al concepto de “cortesía” como comportamiento humano y social, el que impera en cada acto comunicativo como catalizador del mismo.  La cortesía es una forma “refinada” de “decir las cosas”, que implica aceptación o rechazo hacia el otro.  Desde esta perspectiva nos interesa analizar desde el discurso sincrónico en Internet,  cómo se presentan las buenas maneras en el mismo.

3) La cortesía en el ciberespacio

La definición del concepto de cortesía es una tarea que, aún hoy, no pone de acuerdo a los investigadores: cortesía como norma social, cortesía como atención al oyente, cortesía como reguladora de interacciones sociales. La cortesía es un comportamiento en el hablar y en las maneras, que procede originalmente de las pautas de la corte. El palacio es el ámbito áulico y de poder, en que se exhiben las exquisiteces de un registro privilegiado. La cortesía permite tratar la complejidad de las tareas y las relaciones palaciegas. Su origen documentado se remonta a la civilización egipcia, con textos explícitos al respecto, pero es razonable imaginar que se practicara también en la cultura sumeria.  

Haciendo una revisión histórica, la atención hacia el fenómeno de la cortesía como objeto de estudio, nace en la década de los cincuenta. Comienzan las primeras investigaciones que definen el campo como el conjunto de normas socialmente establecidas que regulan el comportamiento que han de tener los que interactúan en cualquier acto de comunicación en función de su estatuto social

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) define cortesía como "demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene una persona a otra". Claro que, en la mayoría de los casos, la cortesía comienza y termina en simples palabras. Los saludos cotidianos, los tratamientos (señor, señora, señorita), el modo de solicitar las cosas (¡por favor!), el dar (¿o pedir?) disculpas, la mención de ambos sexos, son componentes comunes de la cortesía y el lenguaje. 

Se entiende por cortesía todo aquel principio que regule la etiqueta en la conversación y que sea objeto de enseñanza: lo que se denominaba normas de urbanidad o buenas maneras.  Escandell (1993:4) llama “enfoque tradicional de la cortesía” al modelo que la prescribe como algo jerárquico y codificado socialmente, esto es, una aplicación de normas establecidas. En la década de los setenta y fundamentalmente, a partir del trabajo de Lakoff, surge una nueva visión del fenómeno de la cortesía. La definición de la misma sobrepasa la rigidez de un mero conjunto de normas de obligado cumplimiento. El nuevo rumbo de las investigaciones tiene que ver con el avance de la lingüística hacia su enfoque pragmático: si las nuevas tendencias tienden a hacer hincapié en la parte no codificada del lenguaje, en aquella que depende del contexto de uso, la cortesía como fenómeno no puede quedar al margen y, precisamente por ello, no puede ser entendida como un conjunto de normas establecidas independientes del contexto.

La cortesía lingüística, como disciplina de estudio, nace en el ámbito de la Pragmática en la década de los 70 del pasado siglo (T. Van Dijk, 1980: 270). La Pragmática forma parte del análisis del discurso y estudia en general el uso del lenguaje como acción dentro de un contexto sociocultural. Una proposición tiene que ser pragmáticamente aceptable, del mismo modo que las oraciones son sintácticamente correctas o incorrectas. A este respecto, Robin Lakoff (1998: 265) propone dos reglas básicas: «sea claro y sea cortés».

Se pasa de la cortesía entendida como norma social a la cortesía entendida como estrategia, en función del contexto de uso. De la concepción normativa se pasa a la concepción funcional. En este sentido, ser cortés implica no sólo acatar unas normas, sino también establecer una estrategia de no agresión o evitación del conflicto que pudiera surgir cuando los intereses de los interlocutores no van en el mismo sentido. Tal como afirma Escandell            (1995:56):

(...) en el nuevo enfoque, la cortesía iba a entenderse como fruto de la necesidad humana de mantener el equilibrio en las relaciones interpersonales y su manifestación externa sería el conjunto de “maniobras lingüísticas” de las que puede valerse un hablante para evitar o reducir al mínimo el conflicto con su interlocutor cuando los intereses de ambos no son coincidentes (...)

En  Principles of Pragmatics, Leech (1983) recoge las propuestas de sus predecesores y profundiza más en ellas. Para este autor, la comunicación humana es un acto que, para ser ejecutado correctamente requiere de un ejercicio heurístico por parte de los interlocutores: el emisor habrá de llevar a cabo una labor similar a la clásica tarea de resolución de problemas, en la que tendrá que prever que la interpretación pragmática del oyente no siempre va a coincidir con la fuerza ilocutiva que el emisor le quiso dar al mensaje. Así, la tarea del emisor es elegir, de entre todas las posibilidades, la mejor manera para hacer coincidir la intención ilocutiva con el efecto perlocutivo. La labor del receptor es la de la interpretación a partir del enunciado, no sólo del contenido literal del mismo sino también de la intención del emisor cuando llevó a cabo el acto.

La cortesía se manifiesta en las distintas sociedades mediante fórmulas de tratamiento y de etiqueta. Para Álvarez (2005:15),

"hablar de cortesía es hablar de comunicación; pensar en cortesía es pensar que los participantes de una comunicación comparten la misma perspectiva y saben que están jugando a ser corteses".

La cortesía  también se refiere a las distintas normas de respeto que regulan el comportamiento de los usuarios de Internet, prohibiendo algunas formas de conducta y favoreciendo otras. Si consideramos al ciberespacio y a la sociedad red como un grupo social conformado por los cibernautas, en ellos también se encontrarán normas de interacción definidas.

La cortesía se constituye en un tema que se asume como necesario en las comunicaciones telemáticas y del ciberespacio.  Sus caracterizaciones forman la base de la cibercultura del mensaje, las cuales comprenden el estilo, las fórmulas expresivas y de tratamiento, el registro y los usos.  Los usos comunicativos afectan  la cantidad y la calidad de los mensajes, su proporción y la relevancia para el destinatario. A este respecto Álvarez (2005) afirma:

La cortesía cambia de sujeto, extendiéndose desde la corte hacia los espacios sociales aledaños. Es entonces cuando la cortesía pasa a significar no solamente el cultivo, las maneras y el tacto, sino también la consideración que una persona le debe a otra, de modo que la sociedad civilizada encuentra, en este refuerzo, justificación de su posición especial, de su existencia social”.

Estos espacios sociales aledaños llegan al espacio virtual y a la cibercultura. Actualmente se habla de la “cibercortesía o cortesía en la Red”. Para Yus (2001: 218) la cortesía es básica para mantener las relaciones interpersonales en Internet dentro de los cauces aceptables, pero al mismo tiempo complicada, ya que las personas pertenecen a veces a culturas y a comunidades de habla diferentes.

En la cibersociedad, las fórmulas de tratamiento son tratadas como nettiquette, y éstas definidas como el comportamiento correcto en Internet. Estas son reglas básicas que se deben cumplir al usar los servicios de de la red. En su uso, la cortesía o netiquette puede ser guiada por los propios usuarios, como en el correo electrónico y el chateo, o puede ser impuesta por un “moderador”, como ocurre en ciertas salas de chateo, foros u otros. Un ejemplo de esto son los manuales de netiquette, como el de la estadounidense Virginia Shea (1994), el cual establece:

  • La primera regla, absolutamente básica es "No hagas nada que no quieras que te hagan".

  • Cuando entres en un canal nuevo sigue durante un rato las conversaciones para descubrir cuál es la temática.

  • Respeta la temática del canal y utiliza un lenguaje apropiado.

  • Evita el uso de mayúsculas, ya que pueden interpretarse como gritos y enfados. Usa los smileys (emoticones) cuando sólo sea necesario.

  • No escribir y enviar el mismo mensaje varias veces (flood) pues retrasa y demora el tiempo y fluidez en el envío de mensajes (lag).

  • No enviar mensajes publicitarios (spam), puesto que tienen una función más comercial que comunicativa.

  • No se deben enviar textos sin sentido lógico, pues se espera que todo mensaje tenga un contenido semántico.

Todas estas "normas" funcionan a manera de sugerencias y un internauta cortés será aquél que sea amable y demuestre buenas maneras con su interlocutor.  Sin embargo y a pesar de estas "normas de etiqueta", como en cualquier interacción humana, las reglas de convivencia y de comunicación emergen de la propia fuerza y características de sus usuarios. La norma principal, como en cualquier entorno de relación humana, radica en la armonía, la cordialidad y el principio fundamental signado: "no hagas a otros lo que no te gusta que te hagan", principio universal de convivencia social.

Poco a poco, los usuarios de internet han ido estableciendo un código de conducta que hace más agradable la experiencia delante del ordenador y la interacción con otros usuarios.

4) El chateo como discurso cortés

La conversación virtual (chat)”, es según Yus (2001) un tipo de conversación que constituye una “nueva forma de comunicación con sus propios códigos” y que borra los límites entre oralidad y escritura. Yus presenta detalladamente en su libro Ciberpragmática las particularidades del chat y brinda un panorama de las posiciones sostenidas por distintos autores, con respecto al tipo de estrategias conversacionales que pueden darse o no en él.

La mayoría de los estudiosos del chateo como género discursivo de la red, lo consideran como el más interactivo de todos los discursos electrónicos (Crystal, 2002; Yus, 2001, Mayans y Planells, 2002, Pietrosemoli y Domínguez, 2003, Bravo y Briz, 2005). Tal interacción viene dada por el carácter conversacional y dialógico del mismo, así como por el cambio de roles. Esta variabilidad de roles entre los usuarios está sustentada por el "turno de habla" y se encuentra mediada por el servidor, pues él es quien "ordena" la salida y llegada de los mensajes. Al respecto Crystal (2002: 181) precisa que "la llegada de los mensajes depende de factores ajenos al control de los participantes" y depende de la velocidad de los computadores así como de la capacidad de los servidores. En tal sentido, vemos que la interacción en el chateo está mediada por la tecnología. El turno en el diálogo lo otorga un tercero, el servidor. Ello también lo hace particular y único.

Uno de los aspectos destacados dentro de la dinámica del chateo es su estructura organizativa, pues constituye un diálogo sin principio ni fin. Para Mayans y Planells (2000: 34), es una" conversación, una vitalidad cultural y expresiva cuyo final no puede ni siquiera intuirse y cuyo inicio resulta indescifrable. Se llega a una conversación ya iniciada y nos vamos sin saber cómo acabará", pues los servidores no duermen, no descansan, siempre están allí, las veinticuatro horas del día, donde los chateadores se agregan a conversaciones, salen de ellas, interactúan en varias a la vez, haciendo del chateo un tejido yuxtapuesto de conversaciones en la que no se termina ninguna; es una complejidad discursiva. Lo ilustrativo de este diálogo resulta del empleo indistinto de las formas "hablar", "escribir", "chatear", expresiones que resultan usuales y pragmáticamente comunes, pues lo importante, la acción, el acto de habla es el "chateo", el "chatear", y que además en ella se encuentren semántica y pragmáticamente el ‘hablar’ y el ‘escribir’. De allí que desde la competencia lingüística y comunicativa del usuario, no resulta tan importante, si se está dentro de la oralidad o de la escritura; lo fundamental y lo particular es que se está "chateando", usando un habla propia de la sociedad red.

Desde la competencia cognitiva se precisa, que la acción es el chatear y no otra, verbalmente hablando;  por lo tanto, a partir de la pragmática, en la cibersociedad, y más específicamente en el chateo, los interlocutores "chatean" y eso es lo que determina que pertenezcan a una variedad lingüística particular, a la ciberlingua (Fraca de Barrera, 2006).

5) Breve análisis de un corpus

En el análisis que se realizará acerca del chateo serán considerados: la interacción o dinámica de comunicación, la identidad y la cortesía. El corpus está formado por versiones comunicativas de IM (Instant Messenger)  durante días de grabaciones automáticas de las mismas. Estas versiones corresponden a comunicaciones en canales privados, no salas públicas de ingresos aleatorios, de jóvenes entre 16 y 20 años sobre temas libres y diversos de su vida cotidiana.

5.1  El chateo como forma de interacción, novedad  y rutina

5.1.1. La Interacción: 

Los trabajos y reflexiones realizados desde el Interaccionismo simbólico (Blumer,1938) parten de tres consideraciones básicas: 1) los humanos actúan respecto de las cosas sobre la base de las significaciones que éstas tienen para ellos; 2) la significación de estas cosas deriva, o surge, de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores; y 3) estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación efectuado por la persona en su relación con las cosas que encuentra, y se modifican a través de dicho proceso.  Estas premisas se configuran como básicas en el diálogo virtual. En lo operativo, msn (chat) requiere que los interlocutores amén de ingresar en el espacio virtual (sala o portal)  deban estar registrados en el mismo y figuren como ingresado dentro de la libreta de contactos o direcciones de otro interlocutor. Generalmente se agenda en la lista de direcciones con un apodo (nickname) que lo identifica como usuario.

Para Crystal (2002: 187) "la invención de un apodo no es una tarea fácil y a veces se producen creaciones lingüísticas  de extraordinaria calidad". Lo interesante es la relación entre el usuario, su contexto experiencial y su identificación.  El chateador puede cambiar su apodo cuantas veces quiera y "apodarse" de acuerdo a las distintas salas/sitios en los que interactúe. El apodo puede ser totalmente fiel a su usuario e interactuar con él como si fuera él mismo o crear identidades ficticias. Dentro del corpus de chateos (IM), encontramos que los usuarios se conocen en la vida real, pero que sin embargo, emplean apodos bastante creativos. En este contexto, entra en una zona de charla y se integra a una conversación, “como si” actuara en una conversación telefónica o presencial. Ello quiere decir que físicamente, los interlocutores se encuentran frente a la pantalla del computador y al introducirse en el canal, el locutor/ interlocutor/chateador comienza con los rituales establecidos en la conversación oral convencional.

5.1.2. La Novedad:

Todo mensaje en el chat presenta la reiteración como un rasgo de la comunicación. Consideramos a ésta como novedad, pues en el lenguaje escrito no se presentan sistemáticamente estas reiteraciones en el texto. Se manifiesta a través de la repetición, bastante frecuente y exagerada del mismo grafo, de la misma palabra expresada: "jajajaja", "no te pikesssssssss", "volveeeeeeeeee", "Noooooo!!!" u otras formas de reiteración se expresan con las onomatopeyas repetidas "jajaja", "jejeje", "hihihi; zzzzzz" (manifestando que se está fastidiado y con sueño), "ayayayay"; "uffff"; "uupaaaaa"; "muaksssss" ; así como a la ausencia cuasitotal de ortografía.

Ejemplo 1

Otro aspecto que se destaca como novedad de las comunicaciones virtuales es el uso de cibergrafos, los que se encuentran en la sustitución de qu, ca, por k, en palabras como ‘ke’ ; ‘ksa ‘;  de igual modo, es muy frecuente la omisión de la vocal e, cuando ésta se halla en el nombre de la letra, por ejemplo, ‘m’ ; ‘t’ ; ‘respt’ ; asimismo sucede con k, como en ‘kmisa’ , ´kmando´ , ´kbza´ , ´cntat´ o en los apócopes ´pa´ , etc. Esta grafía, (Fraca, 2006) tendría implicaciones cognoscitivas, pues el procesamiento psicolingüístico de las palabras pareciera estarse dando mediante un acceso léxico de orden fonoortográfico: la ruta de entrada estaría dada por el deletreo del grafo/letra, y no por su sonido, como ocurre en la lectura tradicional.

Ejemplo 2

5.1.3. Las rutinas.

Según Álvarez (2005) citando a Coulmas (1981), las rutinas son expresiones funcionalmente específicas (function specific expressions) destinadas a la realización de pasos conversacionales recurrentes, que garantizan la habilidad de anticipar los eventos sociales y así incrementar la cooperación entre los chateadores. Son los llamados “rituales de acceso” (Moreno Fernández, 1998). Las rutinas, para este autor, no son otra cosa que “aquellas expresiones que forman parte de la conversación diaria y que suelen repetirse de acuerdo con unas convenciones sociales y comunicativas. Aquí quedarían incluidos los rituales de acceso: saludos y despedidas.” (Goffman, 1979:167)

Ejemplo 3

Coulmas distingue entre rutinas de acción y de expresión, o sea estrategias y modelos de ocurrencia de los estereotipos verbales. Sin embargo, Held considera que el campo de tensión ritual-rutina es el componente principal del que se debe ocupar la lingüística de la cortesía porque es allí donde se define y relativiza la temática característica entre la universalidad y la individualidad (Held 1995: 95). Entre estas se destaca el saludar al otro o al grupo, y preguntar generalmente, sobre quiénes "están ahí" o “que novedades hay”.

Ejemplo 4

Los usuarios emplean las fórmulas de tratamiento usuales en un contexto coloquial. En algunos casos los saludos y las despedidas no son respondidos por todo el grupo, pues esto  depende de quién se va antes, quien se despide y de los que quedan en comunicación; sin embargo en el dialogo de Messenger estas formas son casi prescriptas en el inicio y finalización de la comunicación.

Las rutinas léxicas son unidades fraseológicas y lexicales con un significado en lo pragmático, puesto que son estrategias colectivas que, a pesar de estar formadas por frases sintácticamente incompletas, tienen significado léxico y funcional y permiten anticipar, gracias a su recurrencia, ciertos acontecimientos sociales, de modo que promueven su operación entre los interactuantes (Held 1995: 94).

Ejemplo 5

El “ak” hace referencia a una multiplicidad de significaciones que permiten construir en el otro, un lugar de prescripción espacial y temporal con múltiples representaciones sobre el mismo.  

Las rutinas de la prosodia señalan que toda manifestación hablada es al mismo tiempo una manifestación (o una expresión) del locutor, un llamado al oyente (o a los oyentes) y una representación del estado de cosas (Trubetzkoy 1987:13). Aplicando este esquema al aspecto fonológico del lenguaje se explica que podamos percibir a la vez quién habla, en qué tono lo hace y cómo lo dice. Estas refieren a la norma del uso de mayúsculas en los mensajes enviados, establecidas en las netiquette.

Ejemplo 6

2. Los rituales, el enmarcado y las amenazas del rostro.

López Lara (2003) – citado por Álvarez- señala que el ritual, más que un suceso extraordinario, es parte constitutiva de la vida diaria del ser humano; la vida cotidiana está conformada por ritualizaciones que ordenan nuestros actos y gestos corporales y aparecen como cultura encarnada, cuya expresión es el dominio del gesto, de la manifestación de las emociones y la capacidad para presentar actuaciones convincentes ante otros. En este sentido se aproxima a la teoría de Goffman. En efecto, muchos de los rituales son gestuales, de modo que los movimientos y los gestos corporales que se expresan, articulan significados en las situaciones sociales. Grimes (1972) sostiene que los rituales son formas de acción simbólica compuestas solamente por gestos que representan la puesta en acción de ritmos evocadores, que constituyen actos simbólicos dinámicos y posturas que conllevan un silenciamiento simbólico de la acción. Es por ello que, según López Lara (2003), los rituales se relacionan con el proceso de comunicación, porque transmiten información significativa para otros. Asimismo, la ritualización de las posturas corporales específicas en cada cultura (el habitus), está también relacionada con los rituales del poder. (Álvarez, 2005)  Los gestos ritualizados parecen presentarse como signos cargados de un valor referencial y  fieles a la naturaleza de la realidad: quitarse el sombrero, bajar la cabeza, besar la mano, son maneras de testimoniar respeto y consideración al otro; de ahí el valor icónico de deferencia que se atribuye a este tipo de gestos.  

Ejemplo 7

En el chat los signos pictográficos y el uso de colores constituyen un elemento esencial que acompañan al habla. En la ciberlingua (Fraca, 2006) se hallan aspectos pictográficos que rememoran las primeras etapas de la emergencia de la escritura. En primer término, los emoticones constituyen elementos pictográficos referidos fundamentalmente a estados de ánimo.  Los chateadores los emplean con bastante frecuencia y los programas de aplicación los "traducen" en forma de caritas u otros. Yus (2001) reflexiona acerca de las estrategias compensatorias que emplean los usuarios para sustituir la falta de información contextual, afirmando que  los “emoticones” y la “acotación icónica”, son estrategias que operan como “pistas perceptivas”. Estas estrategias favorecen la comprensión del mensaje al posibilitar “la metarepresentación de las intenciones” que generaron el enunciado. Por otra parte, enfatiza la originalidad combinatoria del chat, en cuanto “texto escrito oralizado”, que permite trasmitir no sólo contenidos informativos sino también la actitud del emisor hacia el texto tecleado reproduciendo, así, las características de los actos de comunicación ostensivos. Facilitan la comunicación debido a la seguridad que les ofrece el apodo para expresarse con mayor libertad y espontaneidad. Quizás podríamos afirmar que el gesto ritualizado se instala en la ciberlengua a través de la utilización de la iconografía básica (emoticones) que son el complemento indispensable de todo mensaje.

Ejemplo 8

Para hablar de cibercortesía asumiremos la postura teórica propuesta por los sociólogos Penélope Brown y Stephen Levinson (1987) quienes, tomando como base el concepto de “face” planteado por Erving Goffman, plantean su teoría de la cortesía.  La noción de face ‘imagen pública’ es la principal aportación del modelo de Brown y Levinson. Para los citados autores, toda persona tiene una doble imagen: la imagen positiva y la negativa. La primera se refiere a la necesidad que todos tenemos de aprobación en el grupo, que su imagen positiva sea reconocida y reforzada. La segunda, compromete la independencia de los individuos y su libertad de acción frente a las ingerencias, intromisiones e imposiciones del otro. Ambas constituyen el marco referencial de lo cortés.

 En su libro Frame Analysis, Goffman  (1979) describe su teoría de los 'marcos', en torno a los cuales se forman las fachadas simbólicas nacionales, sociales, grupales o personales que proyectan rasgos de personalidad distintiva, capacidad de dramatización e interlocución y, en términos de comunicación, fijan las condiciones previas de interacción. Cada frame o marco descubre un conjunto de relaciones dialécticas que interactúan a través de las estructuras de lenguaje y conocimiento. En los frames se fijan los perímetros descriptivos y comunicativos de las estructuras sociales. La propia construcción social de la realidad lleva a enmarcados (framings) de las conductas, de los lenguajes, de las identidades, de las cosmovisiones.


Goffman asocia la clase o estatus a las fuentes de información y conocimiento. Parte de una relación causal que podría traducirse en la existencia de clases informativas, en una estructura sociomediática. Analiza el tejido que construye las relaciones sociales, así como la información disponible que articula las expresiones de identidad. Uno de los elementos más decisivos de la obra de Goffman (1979) fue su conceptualización del “ritual”, alejado de lo extraordinario y comprendido como parte constitutiva de la vida diaria del ser humano. Para el autor, la urdimbre de la vida cotidiana está conformada por ritualizaciones que ordenan nuestros actos, por lo que podemos ver a los rituales como manifestaciones de la cultura encarnada, incorporada, interiorizada. Las personas actúan tras una “máscara expresiva” -una “cara social”, dice Goffman (1979), que les ha sido prestada y atribuida por la sociedad, y que les será retirada si no se comportan del modo que resulte digno de ella. En este sentido, los individuos actúan en la escena cambiante de la vida cotidiana tratando de presentar en todo momento una imagen convincente y positiva de sí mismos (incluso a través de monólogos) según la naturaleza de la escena presentada, las expectativas de los interlocutores y sus proyecciones de futuro. Todos elementos constructores de la imagen simbólica de sí mismo.

Ejemplos 9 y 10

Calsamiglia y Tusón (1999:64) reseñan y simplifican los tipos de actos que pueden resultar amenazadores del rostro:

1.- Los que amenazan la imagen positiva del destinatario porque degradan la imagen del otro, como el insulto, la burla, la ironía, el sarcasmo, el reproche, etc.;

Ejemplo 11

2.- Los que amenazan la imagen positiva del enunciador, porque son autodegradantes, como la confesión, la autocrítica o el autoinsulto;

Ejemplo 12

3. Los que amenazan la imagen negativa del enunciador, porque están potencialmente abiertos a un fracaso o un daño, al exponer los bienes propios o autolimitar la libertad de acción, tales como las ofertas, compromisos y promesas;

Ejemplo 13

4. Los que amenazan la imagen negativa del destinatario, porque amenazan su territorio, como las órdenes, consejos, recomendaciones, prohibiciones o preguntas indiscretas.

Ejemplo 14

Los enmarcados (framing) se presentan como rituales instituídos sobre la imagen personal-social (simbólica) de los interlocutores del chat. Estos modelan sus “faces” en relación directa con los elementos identitarios de su cultura referente. La teoría de la cortesía se construye sobre  parámetros que implican la preservación de la imagen. Las amenazas del rostro determinan la formulación de las dos caras de la imagen –y de la cortesía – la negativa en la defensa del territorio privado y la positiva en el cuidado de la apariencia, propia y de los demás. Álvarez (2005) afirma al respecto que:

 “Lo interesante del sistema de la cortesía, es que se es cortés no solamente en la perfección, cuando se cumplen las normas, sino también en la imperfección. El hecho de reparar/.../ deja ver que el participante en la interacción reconoce la existencia de la norma y, por lo tanto, es un individuo cortés. Pero la cortesía está no solamente en la producción sino también en la percepción, de ahí que deba señalarse nuevamente la importancia del oyente en la evaluación de la acción comunicativa, puesto que evaluación favorable presupone una comunicación lograda, pero también la expectativa del consenso, a su vez relacionada con las expectativas del oyente”.

6) Conclusiones

El análisis de fragmentos del corpus de mensajes originados en conversaciones de instant messenger realizadas por jóvenes entre 16 y 20 años, brindan ciertas aproximaciones a las afirmaciones de Brown y Levinson; cuando refieren a dos clases de cortesía. Para ellos la cortesía negativa; es una petición menos transgresora, que respeta el derecho de una persona de actuar libremente. Significa deferencia. Hay un mayor uso de elementos indirectos del discurso; mientras que la cortesía positiva, es la que busca establecer una relación positiva entre las dos partes; respeta la necesidad de una persona de gustar y de ser entendido. Estos aspectos se destacan como presentes en las comunicaciones de los jóvenes. El análisis de los elementos directos del discurso, los juramentos y las máximas de Paul Grice se pueden considerar aspectos de la cortesía positiva porque, demuestran el conocimiento que la relación es bastante fuerte para hacer frente a lo que normalmente sería considerado descortés (en la comprensión popular del término)  y articulan un conocimiento de los valores de la otra persona, que satisface el deseo de la persona de ser aceptado.  Si nos circunscribimos a la postura de Lakoff (1989); quien distingue tres tipos de cortesía; podríamos referenciar que en los mensajes de los adolescentes y jóvenes de hoy, se percibe que en general se presenta el comportamiento cortés, que se manifiesta cuando los interlocutores adhieren a las reglas de cortesía, básicamente respetando las convenciones sobre la imagen (el rostro),  la identidad y el cumplimiento de ciertas bases normativas – como las planteadas por Shea en las nettiquette. No se ha observado en las conversaciones citadas la presencia del comportamiento descortés que se produce según Lakoff,  cuando no se da la cortesía que se espera.

En este mismo sentido, Álvarez realiza un análisis en referencia a estas conceptualizaciones afirmando que “la discusión de la cortesía como mantenimiento del equilibrio responde a la idea de que ella representa un continuo balance para guardar y mantener la imagen en dos niveles: funcional y formal, que generalmente se mezclan”. Parecería que imaginamos los canales de comunicación de los jóvenes mucho más cercanos a lo funcional (interacción simbólica desde la experiencia de la presencialidad) y menos dirigidos a lo formal (como establecen algunos estudios realizados sobre el tema (Rodríguez, 2002; Zimmerman, 2001), sin embargo si bien esto tiene cierto nivel de aceptabilidad de la hipótesis, no surge que lo formal desaparezca como mecanismo de ilocución de los chateadores de hoy.

La comunicación emotiva es una forma de interacción en la que las muestras de afecto se producen conscientemente y se usan estratégicamente para influir sobre otros en una serie de situaciones sociales;  paralelamente, la amenaza a la imagen se presenta como estrategia de cortesía y no de no cortesía. En la cibercultura, los jóvenes dan especial  énfasis a la afectividad no sólo expresando la misma directamente, sino a través del uso sistemático de iconografía virtual, aspecto que facilita la estrategia cortés ya que los presentan como constructores sucedáneos de la imagen personal y de la reproducción de rituales conversacionales presenciales o cotidianos “face to face”, influyendo de manera consciente en la conducta del otro.  Las señales lingüísticas de “tacto” – afirma Álvarez (2005) – “permiten encontrar marcas de afectividad en ese sentido estratégico: para propósitos de comunicación afectiva (Nieto y Otero 2000). El tacto apoya la imagen interpersonal al modificar: a) los niveles de indirección; b) lo explícito/no explícito y c) la intensidad de las señales: enfático/no enfático (Janney y Arndt 1992: 35)”.

[...] Las manifestaciones afectivas se producen concientemente y se usan estratégicamente en una amplia variedad de situaciones sociales para influir sobre las percepciones de otros y sobre las interpretaciones de eventos conversacionales (Janney y Arndt 1992: 27).

La mediación tecnológica y el uso del espacio virtual a través de las diferentes herramientas de comunicación, facilitan la promoción de novedades a través de marcadores, cibergrafos y apócopes, el despliegue de rutinas gestuales, léxicas, de prosodia y la repetición de rituales sociales fuertemente determinados por la cultura de inmersión de los sujetos hablantes. En este sentido,  la expresividad del individuo,  comprende dos tipos de actividad sígnica: la impresión que da y la que emite (gives off). La primera incluye signos verbales o sus sustitutos y admite usarlos sólo para dar la información que él y los demás suelen dar a estos símbolos (Goffman, (1959). En los elementos del corpus se puede comprobar ciertos rasgos particulares propios de las conversaciones orales entre jóvenes y ciertas particularidades de la escritura, que identifican las formas particulares de comunicación generacional. Este es el principio de reciprocidad que la cibercortesía exige, en tanto, si bien la normativa que la rige no es común encontrarla en su desarrollo total –con un cumplimiento cabal de las normas de la nettiquetta- cada internauta joven marca  formas de expresión cortés, que requiere su estatus, implicando con ello, la reelaboración en la representación mental, del diálogo social y la máxima de "no hagas nada que no quieras que te hagan".

La cortesía asoma en el discurso de los jóvenes de la generación finger como respuesta a través del uso de estrategias funcionales (framings, rituales, rutinas, cuidado del rostro, tacto, reparación de amenazas y afectividad)  y no como mero cumplimiento de las normas establecidas para el evento comunicativo. Siguiendo el modelo planteado por Álvarez, diríamos que emerge claramente del análisis,  que el chateo  señala comunicación, afectividad, elaboración de imagen y menos rupturas, aspectos que marcan claramente el modelo cortés. No obstante, existen señalamientos claros de descortesía  con mayor nivel de ruptura, pero a su vez de reparación de la imagen. No se perciben elementos de mayor ruptura sin reparación, propios de la no descortesía, así como los que identifican a la no cortesía.

 El tema de la cortesía en los actos de habla, dentro de un contexto y de una situación mediatizada por las tecnologías que se usan hoy, emerge como un campo de investigación y un ámbito propio de los estudios de la pragmática sociocultural contemporánea, la cual aún tiene débitos, en la explicación de las características de la cibercortesía  de la nueva sociedad-red.

 

NOTAS:

1El Informe Humano de Desarrollo 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revela que un 52% de los chicos entre 14 y 17 años envía mensajes de texto de manera habitual, mientras que un 59% los recibe. Y un estudio hecho a fines de julio de este año por el portal de contenidos de internet Terra Networks Chile S.A., arrojó que el 88% de los jóvenes usaba el móvil para lo mismo. Respecto al uso de internet, la investigación del PNUD lo sitúa como el eje central en el entretenimiento, la comunicación y el acceso a información. "Mientras un 29% de las personas mayores de 18 años usa habitualmente internet, en los adolescentes entre 14 y 17 años esa cifra alcanza al 72%" (...) Chatean y bajan música o archivos habitualmente y son los que más navegan sin propósito (...)", revela el informe. Se reflexiona sobre los nuevos parámetros de velocidad y distancia que han ido adquiriendo los jóvenes, lo que los ha hecho entrar en un mundo nuevo. Es por eso, que un 84% de los chicos de siente parte de él.

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