IV Congreso da CiberSociedade 2009. Crise analóxica, futuro dixital

Grupo de Traballo C-22: Brecha / Estratificación digital

Percutiendo el hardware para reducir la brecha. análisis de las barreras tecnológicas en el proceso de inclusión digital de la cultura percutiva de Quibdó

Relator/es


Resumo

Resumen
Este trabajo aborda el tema de la brecha digital a partir de la experiencia de un proyecto de inclusión digital desarrollado con jóvenes afrodescendientes desplazados por la violencia en la ciudad de Quibdó (Colombia). De esta experiencia surgió la constatación de que la mayor barrera para desarrollar un proceso efectivo de apropiación de la tecnología por parte de los jóvenes participantes del proyecto es el abismo que hay entre su cultura semi-analfabeta y audio-táctil y el diseño de las TIC's, que es el resultado de una cultura alfabética y visual. Las gentes de Quibdó privilegian el oído y el tacto (a través de un fuerte lenguaje corporal) para comunicarse y transmitir su cultura y al afrontar una máquina diseñada bajos los parámetros visuales que rigen la forma alfabética de difusión del conocimiento se crea una fuerte barrera. Se propone entonces enfocar el problema de la reducción de la brecha digital que no exija una simple adaptación a las tecnologías y cuestione los condicionamientos de su diseño, teniendo en cuenta las formas de producción de conocimiento basadas en otros paradigmas y que exigen participación por medio de la reducción de la brecha digital.

Texto da comunicación

La brecha digital

A partir del debate generado por los efectos indeseables que traería el fenómeno de la “brecha digital”[1], el cual sintetiza una situación de heterogeneidad en los niveles de acceso a las TIC’s, se ha venido generado el clima político propicio para la proposición de políticas públicas (así como de iniciativas privadas y otras ligadas a la sociedad civil) que buscan incidir en la reducción de dicha brecha. Estas se empeñan por modificar aquellas condiciones específicas que hacen que se constate una interacción estratificada con relación a las nuevas tecnologías, fenómeno este que corre paralelo a otras “tradicionales” expresiones de subordinación de las poblaciones con acceso limitado a los recursos valorados por el sistema-mundo[2]. En otras palabras, la brecha digital es la expresión de la desigualdad global propia de la sociedad informacional y, en este sentido, confirma la cartografía de la precariedad que nos señala algunas regiones del mundo y sectores sociales de los países ricos[3] como siendo, aun hoy, los menos beneficiados por el desarrollo de la técnica.

Un abordaje optimista confina la reducción de la brecha a la generación de disponibilidad de tecnologías informacionales para las poblaciones periféricas del mundo online. Con lo que se reduce la posición marginal que implica la brecha digital a la imposibilidad de acceso material a las tecnologías que, se supone, representan las herramientas técnicas necesarias para una inserción provechosa y plena en los dinámicos flujos digitales de nuestros días. Las perspectivas que, de una u otra forma, centralizan el asunto en la imposibilidad física de tener acceso a estas tecnologías acaban por caracterizar una exclusión digital que tiene por raíz la idea de una privación material de los artefactos técnicos, y que “resuelve” la brecha con dotaciones humanitarias de computadores capaces de “conectar” a las comunidades excluidas con el resto del mundo.

De cualquier forma, es difícil encontrar hoy políticas de inclusión digital que se centren exclusivamente en la simple disponibilidad de acceso a las tecnologías[4], ya que se ha hecho evidente la influencia de otros factores, de orden no solamente material, en la perpetuación y eventual ahondamiento de la brecha digital. Hablamos de perspectivas que incluyen “otro tipo” de brecha, superando la perspectiva del acceso e incluyendo también el uso. A partir de este enfoque la brecha surgiría del déficit o dificultad de generar habilidades digitales, o por causa de obstáculos imputables a una dimensión relacionada con las culturas locales que influencian negativamente la motivación a interactuar con las TIC’s[5]. En general se trata del reflejo de los resultados de las tentativas de reducir, o cerrar, la brecha digital, y que han conducido a reconocer dimensiones mucho más complejas y “locales” en la consolidación y, en cierta medida aparente ensanchamiento, de la brecha digital. Se reconoce entonces que más allá de la barrera del acceso efectivo pueden presentarse otros factores que generan el corto circuito en la expansión total de las redes globales digitales. Factores que son anteriores a la brecha y que desbordan el ámbito tecno científico, “muchos índices conducen a pensar que la línea de fractura entre el Norte y el Sur podría ser una línea de separación entre dos actitudes, dos modelos de uso de las NTIC” (DUPUY, 2007, p.12). Se trataría entonces de barreras adscribibles al plano cultural, las cuales explicarían también algunas adaptaciones imprevistas a las tecnologías disponibles, y que no siempre son coherentes con los propósitos de integración y de reducción de la brecha de los actores envueltos en el tema.

Además esto se constatan algunos efectos indeseados en contextos que viven la experiencia de un acceso lato a estas tecnologías. Se trata de una inserción pasiva en el universo de las TIC’s, que se reduce al consumo de imágenes y narrativas ajenas a la realidad local – en especial los videojuegos o algunos tipos de páginas de Internet – cuyo objetivo principal es proyectar un universo seductor y atractivo que propicie una fuga de la realidad[6]. Configurando así un acceso concreto pero limitado a las TIC’s, ya que no aprovecha las potencialidades activas, de producción y generación, que estas pueden ofrecer. Se trataría entonces de un acceso “incompleto”, pues no contempla una parte importante de los recursos disponibles, y que acaba por traducirse en un usuario limitado a una faceta lúdico-estética de este tipo de herramientas tecnológicas.

Es plausible concluir entonces que la idea de brecha digital debe superar el limitado enfoque de la falta de acceso a las tecnologías, pasando a identificar otros aspectos responsables por la perpetuación de condiciones desfavorables a una experiencia de uso de las TIC’s que sea plena y explote las potencialidades del medio técnico de forma acorde con las necesidades de los usuarios. En otras palabras, ¿qué obstáculos surgen cuando se dan las condiciones para que una comunidad vulnerable afronte la brecha digital a partir del  acceso directo a TIC’s? Y, superada la falta de acceso a las tecnologías informacionales ¿qué factores de carácter no técnico se deben sortear para acortar la brecha digital?

El proyecto Combo de Medios

Para abordar estos interrogantes se propondrá como caso de estudio el proyecto Combo de Medios que desarrolla la Fundación Cinecultura[7] en Colombia, en la ciudad de Quibdó. Se trata de una experiencia con jóvenes afrodescendientes, en gran parte desplazados por el conflicto armado del país, que pretende desarrollar las condiciones para que estos consoliden un proyecto autosostenible basado en TIC’s. La experiencia se desarrolla en el Departamento del Chocó, uno de lo más pobres y olvidados del país. En Quibdó, su capital, la red de servicios públicos es precaria y la mayor parte de sus habitantes vive en difíciles condiciones materiales y sociales. Se trata de una población que acusa varias formas de exclusión de los canales de participación, incluyendo un acceso mínimo o inexistente a las TIC’s. A los jóvenes participantes del Combo de Medios son ofrecidas las herramientas teóricas, prácticas y materiales (las tecnologías en sí) para montar un proyecto productivo, por medio de una asociación autogestionada, estructurada en las TIC’s. Se trata de poner a punto un centro conectado a la Red y equipado con las herramientas necesarias para producir contenidos audiovisuales, siguiendo una demanda latente de productos de este tipo en la región. Ya que si bien sea indiscutible la paupérrima situación material en la que se encuentran estos jóvenes, también es innegable la facilidad con que desarrollan expresiones artísticas propias como el canto y la danza. Lo que los lleva a buscar canales para dar a conocer sus producciones, encontrándose generalmente con los obstáculos propios de una situación periférica, en la que los recursos disponibles se encuentran alejados en todo sentido, no sólo desde una perspectiva espacial o económica.

Uno de los objetivos del proyecto es entonces generar las condiciones técnicas para que los jóvenes establezcan un proyecto productivo que, dadas sus condiciones de exclusión y pobreza, podría incidir en el mejoramiento de sus condiciones de vida, ofreciéndoles un ingreso material y la posibilidad de inclusión y participación al tener acceso a las redes que vehiculan las TIC’s. En este sentido, un desarrollo exitoso del proyecto debería implicar una reducción de los niveles de pobreza, incidiendo en la brecha digital doblemente, ya que la pobreza corre paralela a la exclusión digital, y el suceso de la iniciativa implica una cierta apropiación de las TIC’s y la superación de algunas de las barreras tecnológicas que supone dicha brecha.

Pobreza y cultura percutiva

Para establecer un entendimiento de la relación estrecha entre pobreza y brecha digital es necesario superar la idea de que la pobreza presente sólo una dimensión material, y ampliar su espectro hasta abarcar formas de precarización de las condiciones de vida que incluyen la falta de opciones para desarrollar un proyecto de vida, la ausencia de “condiciones de partida” mínimas justas para aprovechar los recursos que ofrece su entorno. Entre estas privaciones se puede considerar que la falta de acceso a las TIC’s no sólo estructura la brecha digital, sino que reduce las opciones para que las personas generen estrategias para superar esta condición precaria.  

En este contexto, si consideramos la condición de pobreza más allá de la simple carencia de recursos económicos, y la vemos en un sentido más amplio como la falta de posibilidades para desarrollar capacidades que aumenten el poder de elegir entre una serie de opciones a su alcance que lleven a un bienestar[8]. Entonces la cuestión del acceso efectivo a las TIC’s – factor relevante en la consolidación de la brecha digital – puede llegar a ser tanto una forma de reducción de una situación de pobreza, cuanto un agravante de esta cuando la consciencia de la limitación de las propias opciones por la ausencia de TIC’s genera una sensación de mayor exclusión y subordinación[9]. Más aún si consideramos que la situación de pobreza en que vive la mayoría de los jóvenes de Quibdó configura una serie de actitudes frente a su propia situación, las cuales superan consideraciones de tipo estrictamente material y entran en su característica “visión del mundo”[10]. En otras palabras, quien se encuentra en condición de pobreza comparte no solamente privaciones materiales con los miembros de su entorno, sino también algunos hábitos mentales, los cuales pueden verse tanto como producto de su condición de pobres, cuanto como condicionadotes y perpetuadores de dicha condición.

A partir de los objetivos planteados, y teniendo en cuenta la perspectiva teórica adoptada sobre la relación entre el acceso a las TIC’s y la condición de pobreza de los jóvenes, el proyecto Combo de Medios se pone en marcha con la intención de generar condiciones para neutralizar los factores técnicos responsables por el surgimiento y ampliación de la brecha digital. Disponibilizando para esto las tecnologías necesarias y transmitiendo algunas habilidades técnicas para ponerlas en uso, concretizando así el acceso físico a las TIC’s y zanjando la desventaja latente en la falta de familiaridad y consecuente desconocimiento del manejo de estas herramientas. Sin embargo, aunque se trabajara con un posicionamiento claro sobre el carácter no neutro y condicionado de las tecnologías, las cuales por su mismo diseño socialmente determinado[11] no se adaptan de la misma forma a todos los contextos, y aunque existiera amplia experiencia de trabajo en esta región del país, no fue posible preveer los condicionamientos que algunos rasgos culturales determinarían en el proyecto. Estos rasgos particulares configuran un especial entorno de hábitos, formas de relacionamiento y aprendizaje, además de mecanismos para interpretar e incidir en la realidad, que se propone aquí identificar como la cultura percutiva de Quibdó.

Quibdó es una ciudad que se desarrolló de forma paralela al proceso de extracción minera que se vivió en toda la región del Chocó. Para el trabajo en las minas, especialmente de oro y platino, fueron traídos como esclavos una importante cantidad de trabajadores que son los ancestros de la población afrodescendiente que ocupa hoy esta zona de Colombia. Con el tiempo estos de adaptaron al territorio y actualmente puede considerarse al Chocó como una región de población prevalentemente negra. Esta zona tiene pocas y precarias vías de comunicación con el resto del país y está localizada en medio de la floresta tropical, lo que se presta para que sus habitantes hayan desarrollado un carácter endógeno y particular. Su cotidianidad está fuertemente marcada por una musicalidad constante y extrovertida, proyectada hacia los demás. La música a altos volúmenes dicta los ritmos de la jornada, tornándose un elemento de socialización y amalgama de los espacios públicos, los cuales se hacen preponderantes, abarcando y opacando los que se podrían considerar como íntimos o privados. Este carácter marcadamente auditivo de las dinámicas de convivencia se traduce en el mismo lenguaje corporal de las personas, el cual revela una tendencia a la musicalidad en la cadencia de hasta el más discreto de sus movimientos. Esta expresividad corporal, que aparentemente se relaciona con la primacía del sentido auditivo, se expresa además en la configuración de una proxemia particular, en la que se reduce el espacio físico privado de forma dramática y en la que el contacto interpersonal es continuo y, algunas veces, poco delicado. Lo que nos lleva a pensar en un ambiente social predominantemente audio-táctil en sus formas de expresión y transmisión.

Si con transmisión estamos considerando una dimensión amplia que contempla los mecanismos como los individuos legan a sus similares, en una perspectiva temporal generacional, el arsenal de recursos que permiten hablar de unos determinados rasgos culturales, entonces la transmisión implica considerar las formas como registramos la memoria colectiva[12], como se construye una identidad que es colectiva y participa de la consolidación de un patrimonio cultural. Visto de esta forma, los mecanismos de transmisión están ligados a los soportes que asumimos para este fin. Genéricamente se considera que la principal herramienta de registro y donación del conocimiento es la escritura[13], en especial aquella ligada al alfabeto fonético, capaz de destribalizar al hombre y liberarlo, con sus mecanismos de abstracción que codifican visualmente la lengua, de la “red auditiva” que se relaciona con el mundo mágico e irracional de los sonidos (Mcluhan, 1969).

No compartimos la idea de que una sociedad alfabetizada alcance necesariamente un estadio superior de conocimiento por la capacidad de abstracción que esto conlleva, ni que necesariamente una sociedad que transmite su cultura de forma no escrita esté “atrapada” en un universo auditivo de contornos mágicos y oscuros[14]. Sin embargo, debemos acabar de delinear la “cultura percutiva” de Quibdó describiéndola como siendo prácticamente semi-analfabeta. Más que una cultura audio-táctil, incapaz de desarrollar formas de conocimiento basadas en códigos visuales, y más que una cultura inmersa en la magia efímera de la palabra hablada, nos encontramos frente a una cultura percutiva. Esto es, semi-analfabeta no por razones culturales, sino políticas, por el simple y llano abandono del Estado que condena la región a una educación básica tan precaria que no permite la formación de sujetos capaces de apoyarse en el alfabeto para adquirir y comunicar el conocimiento. Un dato importante a este respecto es la particularidad de los nombres propios de las personas, los cuales surgen de una imagen claramente auditiva, su ortografía la mayor parte de las veces es un subproducto secundario, ya que la importancia del nombre radica en su faceta sonora, por eso su escritura está muchas veces alejada de cualquier patrón de la lengua española y este fenómeno está ampliamente difundido, es un rasgo característico de la región y deja clara la perspectiva auditiva, y no alfabética, que predomina en una situación tan importante como nombrar a los propios hijos.

Así las cosas, los mecanismos de comunicación se establecen de otras formas, las cuales sensorialmente abarcan especialmente una dimensión auditiva y táctil. Esto no quiere decir que lo visual esté ausente de las dinámicas sociales, por el contrario se trata de una colectividad extremamente estética, muy preocupada por la imagen personal que proyectan. Sin embargo, desde una perspectiva de la transmisión, de las formas de conocer y hacer circular el saber, se trata de una cultura con poca habilidad para aprovechar los mecanismos cognoscitivos ligados al alfabeto y su dimensión visual. Esto es, a partir de la carencia institucional que desemboca en un alfabetismo precario, la población se adapta generando mecanismos de transmisión marcados por otro tipo de recursos, los cuales privilegian el cuerpo y la musicalidad, dimensiones estas que les son familiares, les pertenecen, y que generan una preponderancia del elemento audio-táctil.

Nos encontramos así frente a una cultura percutiva, que privilegia lo auditivo, pero lo auditivo relativo al contacto, a la percusión. Inclusive sus propuestas estéticas visuales buscan en cierto sentido crear impacto, “golpear” en la visión del otro. Su música omnipresente es ampliamente percutiva, lo profundo del golpe de sus ritmos influye en el manejo de su corporeidad que, aunque sinuosa, se rige por la percepción del impacto del ritmo. Esta forma de comportamiento tiene entonces sus consecuencias claras cuando se enfrenta a herramientas tecnológicas diseñadas a partir de la perspectiva de una cultura que estructura gran parte de sus procesos de conocimiento en el alfabeto fonético, con todas las implicaciones en los mecanismos de abstracción y representación que esto conlleva. ¿Qué sucede cuando la cultura percutiva afronta las TIC’s? ¿Qué sucede cuando se enfrenta a estas máquinas, cuya principal interfaz es el teclado que no es más que la representación de un alfabeto?

Cultura percutiva y las TIC’s

Durante el trabajo de la Fundación Cinecultura en Quibdó fue patente la dificultad de los jóvenes para interactuar con el computador por medio del teclado, aparte de la dificultad previsible en algunos por la novedad del contacto con los aparatos, fue evidente la falta de familiaridad con el proceso de proyectar un discurso a través del alfabeto[15]. Hecho que se hizo más evidente cuando las actividades incluían el uso de otros canales de intercambio con los equipos, ya que la familiaridad en el uso de los recursos audiovisuales se consolidó casi de inmediato. Así, un accesorio como el micrófono no causó casi ninguna dificultad y, en general, los procedimientos que incluían una comunicación no escrita con los aparatos presentaron una fluidez mucho mayor. Los desentendimientos encontrados con la interfaz alfabética hicieron pensar en una barrera importante para un posible proceso de reducción de la brecha digital, ya que, si bien atrás de la situación de semi-analfabetismo latente en los jóvenes encontremos las carencias en la infraestructura estatal, también es claro que la adaptación a estas condiciones sociales está marcada por los rasgos culturales propios de esta comunidad, la cual no deja de aprender, ni de comunicar, ni de transmitir por causa de la subordinación de los recursos alfabéticos. El interrogante de si una sólida alfabetización haría mella en el carácter percutivo de sus gentes es una cuestión de difícil respuesta y que no será tratada aquí, sin embargo lo que queda claro es que los jóvenes de Quibdó que crecieron ya en este ambiente comprenden y exigen su derecho a participar de las potencialidades de las TIC’s.

Evaluar si el proyecto Combo de Medios representa un factor, aunque sea mínimo, de reducción de la brecha digital es una tarea compleja, pues sus parámetros son difíciles de determinar, y tal vez una respuesta definitiva cerraría la reflexión más amplia sobre el proceso. Lo que queda claro es que los jóvenes participantes logran de una forma u otra, con resultados variables, superar los obstáculos que su arsenal de recursos cognitivos les imponen y le dan un uso al computador, su propio uso. Con el resultado de poner en evidencia, de forma clara y a través de la practica, el carácter culturalmente determinado de las tecnologías. Esto es, cómo el DNA del diseño funcional de las máquinas está calcado de las herramientas de generación y distribución del conocimiento de quienes las proyectan, en este caso la cultura alfabética occidental como modelo de una forma de organizar las ideas y resolver problemas. Esto se evidenció durante el proyecto sin ser su intención generar un proceso experimental que tratara de corroborar una hipótesis en ese sentido. En otras palabras, Combo de Medios hizo patente, sin ser este uno de sus objetivos, el choque que puede causar el diseño e intencionalidad de un artefacto que a veces tomamos como universal por la fuerza de la familiarización que su uso cotidiano crea.

¿Se debe concluir entonces que, concretado el acceso a las TIC’s a través del Combo de Medios, la naturaleza de la barrera encontrada no es estrictamente técnica y se relaciona más con la esfera cultural? ¿Debemos pensar que la reducción de la brecha está supeditada a una adaptación cultural? De ser así las comunidades dotadas de formas de transmisión no necesariamente alfabéticas, no solamente los jóvenes de Quibdó, opondrían ellas mismas un obstáculo (voluntario o no) por su propia forma de vivir su entorno y emplear sus recursos de significación. De esta forma el “problema” recaería entonces en una cuestión de adaptación y sería de naturaleza cultural. Pero este es un posicionamiento que deja todo en manos del usuario, liberando a la máquina del peso de su socio-determinación[16]. Por el contrario se propone acá un enfoque que encuadra el obstáculo técnico a partir de la inadaptación cultural. Una inadaptación que se explica en la fractura de las prioridades sensoriales de producción y transmisión del conocimiento según el contexto cultural. El programa social de la tecnología[17] es, en el caso del desarrollo de las TIC’s, no solamente una sofisticación técnica de una forma de producción, sino la materialización de una forma de proyectar herramientas prevalentemente alfabética. Esto es, siguiendo un derrotero en que prima la abstracción lógica del pensamiento, la estructuración en esquemas lineares que buscan la mayor fidelidad en la reducción de las ambigüedades. El teclado no “registra” la intensidad del mensaje ofrecido a la máquina, sólo ofrece la opción ordenada de armar conceptos que representan asépticamente la palabra hablada. Esto es, una interfaz que organiza y decodifica, normalizando las sutilezas del tacto.

Debemos entonces considerar la importancia de la influencia del pensamiento basado en el alfabeto sobre los desarrollos tecnológicos desde un sentido amplio, que sea capaz de abarcar procesos ya asentados generacionalmente y naturalizados por la experiencia cotidiana. Es entonces pertinente considerar la perspectiva que compara la invención del alfabeto al de la rueda, en cuanto los dos implican la reducción de una compleja interacción orgánica a un único dispositivo. En el caso del alfabeto este reduciría a un mero código visual el uso simultáneo de todos los sentidos que requiere la expresión hablada (McLuhan, 1969). Prodigioso proceso de contracción que le quita toda significación al sonido de las letras, dándole primacía a lo visual a través de un código gráfico capaz de representar y difundir todo el conocimiento sin aparente pérdida de información, relegando el oído y el tacto a sentidos efímeros e imprecisos. El alfabeto fonético condensa el conocimiento en soportes transportables, permite transmitir sin la intermediación de la imprecisa y coyuntural oralidad. Tiene una vocación universalista pues está concebido para representar y difundir contenidos sin importar el contexto, sin que sean indispensables en la comunicación otro tipo de familiaridades domesticas, como si sucede con otras tradiciones que nacen y toman sentido solamente dentro de un perímetro cultural definido. Esta tradición alfabética, con su capacidad de síntesis y de abstracción, y con sus potencialidades universalistas, marca las formas de conocer y el gesto técnico de la occidentalidad hasta hoy. Los computadores son herramientas proyectadas por y para culturas claramente alfabéticas y explicitan esta determinación en toda su propuesta estética y funcional, incluyendo el hardware. En especial – desde nuestra perspectiva – los periféricos, que son los que hacen más evidente el choque de los jóvenes de Quibdó ante una priorización diferente de los sentidos en los procesos de conocimiento. 

En este sentido se propone una reflexión sobre las barreras para la reducción de la brecha que incluya al hardware como elemento condicionador de usuarios que manejan otro tipo de sensorialidad cognitiva. En lo que pensamos sea una situación que engloba otras comunidades más allá de la ciudad de Quibdó, llegando a otras latitudes objeto de proyectos de inclusión digital. De la misma forma que el mundo del software ha vivido una transformación liderada por entusiastas programadores y usuarios que promulgan la libertad del conocimiento del cerrojo de los derecho de autor sobre las ideas, llegando a estructurar un fenómeno colectivo que en algunos casos se pretende un movimiento social[18]. Así mismo parece posible desafiar el oligopolio del diseño del hardware, reconociendo los posibles aportes de quien sufre las consecuencias de la tecnología sin vivirla. Desde su perspectiva audio-táctil, que se expresa y aprehende aguzando la sensibilidad de otros receptores del cuerpo y el ser, abriendo a panoramas que se pueden ver sin los ojos como principal guía.

Todo esto además dentro de una tendencia general de la industria del entretenimiento digital que punta hacia la corporeidad, la expresividad y la intuición, reduciendo los comandos mnemónicos para privilegiar el vinculo de la máquina con las varias partes del cuerpo[19]. Tal vez seria hora de superar la visión de una necesaria adaptación al producto tecnológico cerrado, para cuestionar la máquina desde su dimensión física (hardware), de forma que se evidencie su proyectación no desinteresada. Para, a partir de allí, abrir espacio a otros paradigmas de trasmisión que puedan ver menoscabada la brecha a través de una comunicación con las tecnologías fundada también en sus requerimientos culturales sobre la forma como conocen, transmiten y se comunican. Esto es, plantear una estrategia de reducción de la brecha que no implique sólo un acercamiento a las TIC’s. Que el acceso o uso no signifique solamente un vector que va de las poblaciones desposeídas hacia las tecnologías, en un acto de adaptación necesaria. Considerando también un vector contrario, en el que se de una forma de adaptación inversa: el acercamiento de las tecnologías a otras estrategias de conocimiento, en un movimiento centrípeto de congregación de la brecha, que comprende la puesta en juego y transformación no sólo de los usuarios sino de las máquinas.  

 NOTAS:

[1] El término “original” utilizado para indicar este fenómeno es el ingles digital divide, sin embargo las traducciones latinas han optado, a veces indiferenciadamente, por usar la expresión fractura o brecha digital. Algunos autores prefieren la expresión fractura digital, para así enfatizar sus efectos acumulativos y dinámicas perniciosas (DUPUY, 2007), además de ser un término más fuerte que brecha. No obstante se ha preferido en este trabajo hablar de brecha, ya que una brecha se puede reducir (o expandir), por el contrario la fractura implica una imagen más rígida, ya que una fractura no se reduce, se recompone.    

[2] Refiriéndose a la influencia del acceso desigual a la tecnología en el desarrollo de Internet Manuel Castells advierte: “es posible que los usos ampliamente comercializados de Internet al final de la década de los 90, siguiendo un modelo de consumo y organización social anclado en los grupos influyentes de las sociedades occidentales más avanzadas, hayan tergiversado la práctica de Internet de formas específicas, aún por ser reveladas en investigaciones futuras” (CASTELLS, 2003, p. 209).   

[3] En los Estados Unidos, los primeros estudios que comienzan a delinear el concepto de brecha digital constataban que: “observers noted that some kinds of people used the Internet more than others; and that those with higher Internet access also had greater access to education, income and other resources that help people get ahead” (DI MAGGIO et al, 2001, p.9).

[4]  Los primeros estudios sobre la brecha digital estaban fuertemente influenciados por el paradigma de servicio universal de telefonía en los Estados Unidos, el cual manejaba una visión binaria entre quienes tenían acceso y quienes no (haves y have-nots), además de tomar los hogares y no los sujetos como unidades de análisis. (DI MAGGIO et al, 2001). Esta visión se demuestra inapropiada para el caso de Internet y otras tecnologías digitales, en las que se ve que el acceso no coincide siempre con el uso.

[5] Inclusive algunas propuestas generadas desde el “sur” transmiten claramente la idea de que las poblaciones locales deben superar los obstáculos que estas oponen y que las alejan del acceso a las tecnologías: “Deberán establecerse incentivos para estimular la adaptación a las nuevas formas de comunicación e interacción.” (SILVEIRA, 2005) Como vemos es un problema de adaptación local a la oferta tecnológica disponible.

[6]Like poor nations brutally exposed to market forces weighted against them, rural youth entering the cities with Playstation2 images of Lara Croft dancing in their heads, may not be well equipped for the challenges that await them in cities such as Bangkok.” Disponible en: http://www.digitaldivide.org/dd/truths.html. Acceso 04 ago 2009.

[7] Dirección de Internet de la Fundación Cinecultura: http://www.cinecultura.org

[8] Amartya Sen plantea el concepto de pobreza a partir de la perspectiva de las capacidades y los derechos, en la que los individuos en situación de pobreza no están en condiciones de satisfacer sus necesidades no sólo materiales sino en cuanto a su desarrollo como personas (SEN 1992).

[9] La discusión sobre la pertinencia de la disponibilización de TIC’s en contextos deprimidos donde existen necesidades materiales más apremiantes es compleja y de difícil resolución, no será este el ámbito en que se encuentre una respuesta definitiva. Sin embargo se puede decir que Combo de Medios apuesta a una estrategia de reducción de la pobreza material como resultado de un proceso que se apoya en las TIC’s y aporta otros tipos de recursos no-materiales a los participantes.

[10] Oscar Lewis va a hablar, en este sentido, de una “cultura de la pobreza” en sus estudios sobre las familias pobres de la Ciudad de México durante la década de los 60. Aunque en varios sentidos sus aportaciones parezcan encuadrar un contexto lejano (en el tiempo y el espacio) al de Quibdó, gran parte de su enfoque sobre la actitud de los más pobres (en especial la visión del Estado y lo inevitable de su condición) parece retratar la situación presente en la ciudad colombiana. Sin embargo hoy sería necesaria una reelaboración de su conceptualización y su adaptación al contexto que acá estudiamos. 

[11] Andrew Feenberg propone la idea de “código técnico” para enfocar la influencia de intereses en el desarrollo de soluciones técnicas a problemas determinados. Según esta perspectiva existirían varias soluciones disponibles para un mismo problema, y la escogencia de una de estas – la cual podría consolidarse luego como un paradigma de desarrollo técnico – obedece a criterios diferentes a la simple eficiencia. Feenberg no sostiene que la intervención de los intereses reduzcan la eficiencia de la tecnología, pero si que estos influyen en la determinación de sus objetivos siguiendo un particular “programa social” (Feenberg, 2002).

[12] Se considera en este trabajo la perspectiva “mediológica” de Regis Debray y su concepto de transmisión, el cual se contrapone al de comunicación, ya que el primero deriva de un proceso indirecto y colectivo, de más amplia envergadura y que envuelve a los grupos humanos en cuanto generaciones que consolidan la cultura al heredarla a sus sucesores.

[13] Varios autores desde diferentes perspectivas (entre otros Marshall McLuhan, Jack Goody, Regis Debray) han estructurado sus investigaciones en la asunción de un papel preponderante de la escritura fonética como motor de avance en cuanto mecanismo de abstracción del pensamiento y contenedor/difusor del conocimiento. Marcando así una fuerte distinción, de carácter prácticamente epistemológico, con las culturas orales o analfabetas.  

[14] Aunque niegue asignar alguna connotación negativa que insinúe el atraso de las sociedades analfabetas, parece claro que McLuhan liga el surgimiento del alfabeto con la consolidación de la nación moderna, la discusión crítica y la emancipación del pensamiento mítico. “Progresos” todos que este autor, consideradas las premisas de su análisis, sólo puede considerar como aportes irrenunciables y vanguardistas de la cultura occidental.

[15] En este sentido no es posible concordar del todo con Regis Debray cuando afirma: “la lengua pertenece a todo el mundo, nadie es dueño del alfabeto” (DEBRAY, 2001, p.60). Sin bien es clara la ingenuidad, o temible perspicacia, de quienes pretenden apropiarse de las formas de transmisión, también queda claro que los jóvenes de Quibdó no han tenido la opción de adueñarse del alfabeto y, en este sentido, no les pertenece, no puede hacer uso cabal de este. 

[16] Se trataría de adherir implícitamente a la que Feenberg llama Teoría instrumental de la tecnología, que según este autor es la teoría más aceptada y difundida. Se basa en la idea de la neutralidad de la tecnología por su carácter racional que responde a normas de eficiencia aplicables en cualquier contexto (FEENBERG, 2002).

[17] En el sentido que Andrew Feenberg le da a esta expresión, ligándola a la intervención de intereses en los procesos de desarrollo tecnológico para favorecer determinadas metas en lugar de otras, sin que esto implique una afectación de la eficacia (FEENBERG, 2002). 

[18] La discusión sobre la naturaleza de “movimiento social” del fenómeno colectivo del Software libre es compleja y motivo de polémicas y divisiones entre sus propios activistas, no será este el ámbito en el que se resuelva este dilema. Sin embargo la relación entre el fenómeno social concreto y el concepto teórico de movimiento social no es por esto desdeñable, por el contrario puede ser de gran utilidad para darle sentido y estudiarlo en una perspectiva social amplia. Considerándolo como haciendo parte de las dinámicas transformadoras de nuestro presente, a través de sus propuestas innovadoras de modificación de los paradigmas que rigen la producción de software (QUIÑONES, 1998). 

[19] En este sentido la consola Wii parece sólo el primer eslabón de una tendencia de diseño en que prima el elemento corporal, buscando una experiencia de juego e interacción mas comprensiva, que incluye el cuerpo como un todo y no solamente una parte de él

Bibliografía/Referencias


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