Asistimos a una crisis en los modelos tradicionales de prensa. Cierres de cabeceras, caídas de ingresos, despidos de profesionales, descenso en la publicidad en el papel… Al mismo tiempo no para de aumentar la audiencia digital. Fenómenos como el ciberperiodismo, los periodistas digitales o los Blogs están inundando el mercado de la Web. El público no se reduce a recibir pasivamente los contenidos informativos. Topdo lector puede contrastar los mensajes que recibe con pulsar sólo una tecla desde su ordenador. Los lectores intervienen matizando o valorando e incluso desautorizando los contenidos que los medios les sirben. Todo esto requiere llevar a cabo una reflexión sobre el nuevo papel del periodismo, sobre los nuevos cometidos del periodista digital y sobre el nuevo modelo de negocio actual que le corresponde a la empresa informativa. Voces de expertos, como los célebres gurús del ciberperiodismo, auguran nuevos cambios ineludibles para la prensa del siglo en el que entramos.
Objeto, relevancia, método y área científica
Comencemos aclarando que el objeto material de estudio de esta comunicación se refiere directamente al nuevo periodismo digital de estos últimos años, que las empresas informativas, los medios de comunicación, tratan de ofertar a sus audiencias. El enfoque u objeto formal de la investigación se sitúa a la vista de los cambios radicales que se están operando en los contenidos, formatos, soportes, públicos e incluso en los profesionales de este ámbito.
La relevancia y el interés específico de este tema propuesto es harto manifiesto. Su importancia queda patente a la luz de los incontables escritos que lo tratan, tanto informativos como académicos. Su actualidad es innegable, a la vista del espacio que ocupa dentro de los temas abordados por los pensadores. Este trabajo trata de presentar tanto las repercusiones que presenta el nuevo status de la prensa, como las posibles vías de solución que se plantean al respecto. La metodología del estudio es la propia de las disciplinas humanísticas y sociales, como son las referencias a los pensadores y las citas de los trabajos de divulgación publicados. El área disciplinar desde el que se acomete este estudio corresponde a la materia académica de la Empresa Informativa, dentro del ámbito científico de las Ciencias de la Información.
Introducción
La empresa informativa tradicional está sufriendo una transformación radical, tanto en sus soportes como en sus contenidos, desde sus lectores hasta sus profesionales, partiendo de los hábitos de lectura y llegando a los propios planteamientos básicos del público ante la prensa. Como podemos fácilmente constatar, desde todas las partes se reconoce que estamos ante una auténtica crisis. “Son tiempos de profunda crisis estructural para los periódicos. Tiempos de cambio en los hábitos de lectura y acceso a la información a través de una pléyade de dispositivos” (MORENO, 2009: Prólogo).
Otro tanto afirman los grandes gurús del ciberperiodismo, como Ramón Salaberría (e-periodistas weblog), Arcadi Espada, Juan Varela (Periodistas 21), José Luis Orihuela, Francisco Olivares, Mario Tascón, Gumersindo Lafuente, Jean Francois Fogel, Javier Díaz Noci, Dan Gillmor, Tíscar Lara (Tiscar.com), Pablo Mancini (Periodismo Digital), Plácido Moreno y tantos otros más, que gozan de un pleno reconocimiento.
Gran parte de la situación viene provocada por las nuevas técnicas, las famosas ‘TIC’. Esto afecta poderosamente al nuevo modelo de oferta demandado por el público, con la consiguiente transformación de la industria productora y la imprescindible revisión del modelo de negocio de empresa informativa. Es totalmente falso el engaño ingenuo sufrido por algunos, cuando pensaban que para la edición digital bastaba con volcar en la red los textos escritos del diario impreso. “La tecnología digital ha puesto sobre el tapete un trabajo nuevo: desarrollar nuevos lenguajes informativos que permitan integrar adecuadamente esos tres códigos que son el texto, la imagen y el sonido y presentarlo en un producto informativo único. Sin duda mucho más perfecto, mucho más rico, mucho más complejo. Y por ahora mucho más difícil de desarrollar” (ÁLVAREZ DE ARMAS, 2004: pág. 1).
Nueva función, nuevo rol del periodismo
La función del periódico ya no puede ser la de anticipar las noticias. Ese papel lo cubren a la perfección las nuevas tecnologías, impidiendo a la prensa competir en agilidad, rapidez e inmediatez. Esos diarios que cerraban a las tantas de la madrugada, apurando el lanzamiento de la tirada en la imprenta hasta conseguir el último suceso acontecido, resulta ya caduco, cuando no incauto. “Hay dos cosas que son amenazadas, la primera es el diario tal como lo conocemos que viene para contarnos lo que pasó ayer, porque ahora es muy probable que nos hayamos enterado con medios digitales, entonces el diario tendrá que renovarse” (PAZ, 2009: online, pág. 1).
Como afirma más de uno, es innegable que gran parte del problema es debido a causa “de los cambios de comportamiento a largo plazo que generan las nuevas tecnologías. En los próximos dos años debemos examinar todas las opciones, poner todo a prueba. Lo que yo espero es que durante un futuro previsible nuestro negocio siga siendo una mezcla de papel impreso y contenidos online, y que el crecimiento online compense el declive (gradual, esperemos) del papel". (CARLIN, 2009: online, s/n).
¿Es seguro que el periódico en papel logrará subsistir a todos estos cambios? Hay quien así lo cree, como es el caso del Vicerrector de la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez-Tabernero. La condición inevitable será reinventar su modelo de negocio, segmentar su público y cualificar su producto. Así lo expresa cuando afirma que el número de lectores se reducirá, a favor de un alto nivel de calidad en la prensa impresa. “La crisis coyuntural concluirá, esto es seguro. Pero la prensa no saldrá como entró, porque esta crisis ha coincidido con un incremento espectacular de la competencia en los medios. Hay muchos más canales de televisión, ha madurado Internet, que no es solo la versión on line de los medios, los jóvenes no leen diarios. La prensa, que en el siglo pasado era un medio de masas, va a dejar de serlo. Equiparo los periódicos a la televisión de pago. Van a tener que reinventar su negocio y pensar cómo hacer rentable una oferta para un tipo de personas que son cultas, no muy jóvenes y con nivel adquisitivo alto” (SÁNCHEZ-TABERNERO, 2009: La Voz de Galicia, Sociedad, 5/9/09).
Es falso pensar que una vez pasada la funesta crisis económica mundial que padecemos, las aguas volverán a su cauce. Sucederá exactamente lo contrario: quien no haya sabido capear el temporal de la crisis, no podrá vender de nuevo su producto vetusto y caduco a ningún lector. La situación no ha hecho más que acelerar un proceso que antes o después debería producirse. Ante la libre competencia abierta en prácticamente todo el mundo, ante la capacidad de reacción de cualquier lector ante el mínimo error del profesional, ante la disposición crítica que todo el público ha adoptado, ningún medio puede permitirse ya aquellos antiguos engreimientos de la vieja prensa que ostentaba el cuarto poder. “El periodismo está en crisis. El producto informativo que están ofreciendo actualmente los medios de comunicación no responde con garantías a las exigencias que un periodismo de calidad marca: veracidad, actualidad, interés público, comprobación, contraste de fuentes, pluralismo y rigor” (Mateos, 2004: pág. 341).
Exigencias del nuevo periodismo
Renovación constante en el formato, máxima calidad en el producto, perfección en el servicio, personalización en la oferta, digitalización total, apertura al público (hasta humilde sumisión, podría decirse), especificación de contenidos… son exigencias inevitables que la prensa del siglo XXI tiene que adoptar, si verdaderamente quiere subsistir ante el nuevo mercado informativo. “Sobre el futuro del periodismo se ha dicho de todo… En fin, que ya se cuentan por cientos las propuestas, más o menos afortunadas, para refundar un modelo anticuado cuya inviabilidad las cifras (tanto de rentabilidad como de audiencias), enfrascadas en una dinámica de caída libre, se han encargado de demostrar. Sin la necesaria renovación, el futuro de los medios pinta muy negro, o en escala de grises, según la peculiar visión de cada analista. Pero, está claro, en esto sí que se ponen de acuerdo, que el futuro pasa por el cambio, por la transformación radical de lo que conocemos hasta ahora: una verdadera revolución” (ORTIZ, 2009: online, Marzo 31, 2009 at 8:10 am).
Los nuevos medios online arrasan en agilidad de transmisión, en facilidad de acceso, en versatilidad de comunicación, en rapidez de proceso y en minimización de costes. Nada hasta ahora ha superado esas innovaciones: estas son las claves del modelo digital. Eso le obliga al periodista a “bajarse del pedestal: Internet ha terminado con la superioridad que los periodistas tenían frente a las audiencias. Hoy esta relación es horizontal, por eso, es necesario que los periodistas se liberen de su ego y aprendan a entender, valorar y aprovechar los intereses y la participación de las audiencias” (PAZ, 2009: online, pág. 1).
No son iguales de ninguna manera los contenidos los de la Red, que los de la prensa escrita. La misión del comunicador es totalmente distinta. Como firma Alex Grijelmo en su artículo “No llegar tarde en el mercado de la información. La interpretación es el futuro del periodismo. La prensa debe ahondar en los géneros interpretativos, ahondar en su propias referencias técnicas, es la mejor disculpa cuando llegamos tarde. (…) La interpretación es el periodismo del futuro”. (GRIJELMO, 2005: pág. 11).
El nuevo periodista digital
No son tiempos fáciles para los profesionales de la prensa. Su nuevo trabajo les exige ser un profesional total, preparado y capacitado para cumplir él solo todos los cometidos de la información convergente que reclama el público. El nuevo periodista tiene que ser capaz de redactar texto, de grabar sonido, de fotografiar imágenes y hasta de filmar secuencias, para después tener que maquetarlas en la propia versión online del medio. Su información tiene que cubrir todos los campos que su público le reclama. “It is a tough time to be a professional journalist. Newspapers are downsizing or disappearing completely, magazines are failing every day and the ones surviving are getting thinner. Online, the rage is all about aggregation and consumer-generated content. But I firmly believe that in the future we will need more professional journalists than we have today and they will be as valued—or perhaps even more highly valued—than they were 10 years ago” (SPANFELLER, 2009: online, pág. 1).
Ya no sirve cualquiera para ser un periodista aceptable. Su nivel de competitividad tiene que superar a todo el periodismo ciudadano, a todos los blogeros, a toda la inmensidad de oferta volcada en la Red y plenamente accesible mediante el buscador con sólo pulsar un clic a un botón. Se necesita despuntar, ser el mejor: de toro modo, la audiencia se la llevará cualquiera que te supere en velocidad, claridad, expresividad y calidad. “El futuro del periodismo es algo muy debatido en los últimos tiempos. La digitalización de la labor periodística, la inmersión global en internet, las facilidades para publicar en la red y el crecimiento exponencial de competencia está haciendo que ese futuro sea realmente duro. Hoy lo que vale es la creatividad” (CARLIN, 2009: online, s/n).
Tanto los profesionales de los medios, como los estudiantes que aún se preparan para serlo, tienen la espada de Damocles sobre sus cabezas: ¿Qué va a suceder con la profesión periodística? ¿Tiene el periodismo verdaderamente futuro? “The question of whether we are witnessing the end of journalism is perhaps the most common topic at contemporary gatherings of journalists and journalism scholars. Although hushed and apprehensive conversations about it have taken place in recent years, today’s discussions are open and filled with alarm and fear” (PICARD, 2009: online, pág. 1).
Por eso no es aventurado afirmar que la profesión periodística ha cambiado hoy totalmente. Ya no tiene nada que ver con aquel sabelotodo orgulloso, omnisciente e indiscutible, separado e inaccesible, más allá de toda queja o protesta, ante el cual toda rodilla se inclinaba, sometiéndose a su poder informativo que ejercía de manera absoluta. No ejerce un sacerdocio intelectual que le permite opinar de todo y sentar cátedra con su testimonio, como hasta hace muy poco podíamos ver en muchos contertulios de la radio. Primero fue la radio, que le arrebató al periodista de prensa la inmediatez de las noticias. Luego fue la televisión, que le desposeyó de la imagen impactante con sus filmaciones. Ahora, la Red abre infinitos medios de conexión que le permiten contrastar las informaciones desde cualquier punto. “In its first centuries journalism was practiced by printers, part-time writers, political figures, and educated persons who acted as correspondents—not by professional journalists as we know them today. In the nineteenth century the pyramid form of journalism story construction developed so stories could be cut to meet telegraph limits and production personnel could easily cut the length of stories after reporters and editors left their newspaper buildings. Professionalism in the early 20th century emerged with the regularization of journalistic employment and professional journalistic best practices developed. The appearance of radio news brought with it new processes and practices, including “rip and read” from the news agencies teletypes and personal commentary. TV news brought a heavy reliance on short, visual news and 24hour cable channels created practices emphasizing flow-of-events news and heavy repetition. Journalistic processes and practices have thus never remained fixed, but journalism has endured by changing to meet the requirements of the particular forms in which it has been conveyed and by adjusting to resources provided by the business arrangements surrounding them” (PICARD, 2009: online, pág. 1).
El nuevo público de los medios
Resulta hoy mucho más importante el público que la noticia. El mejor contenido, si no se sabe vender al lector, no sirve de nada. Crear comunidades de lectores, incentivar su participación e inmersión en el medio informativo, atender a las valoraciones y opiniones de los usuarios, vigilar la evolución de la audiencia –incluso diariamente o aún más–, son cuestiones ineludibles hoy para la profesión periodística. “Coordinar comunidades online: Estar al tanto de la interacción social en la red es fundamental para acercarse a las audiencias, sintonizarse con sus intereses y darles visibilidad. Saber aprovechar el potencial que ofrecen las comunidades online es una estrategia clave para mantener un sitio dinámico empujado por la energía de los usuarios” (PAZ, 2009: online, pág. 1).
Ganarse al público. Esa es la primera y más importante tarea que debe acometer un profesional de los medios en la nueva era digital. De otro modo, el periodista puede correr el peligro de sufrir en sus propias carnes la misma crítica con los mismos medios online que él emplea, pues en nuestros tiempos están plenamente accesibles también al público, para que él pueda servirse de ellos como le guste. “Y ahora se ha ido un paso más allá. Los protagonistas -tanto de los artículos de los periódicos como de las emisiones televisivas- responden con los mismos métodos que emplean los periodistas para generar artículos o programas -entrevistas grabadas, intercambios de e-mail, registros escritos de llamadas telefónicas- y los publican en sus sitios web. Esta nueva arma de la guerra de los medios está cambiando el centro de gravedad respecto de la manera en que se elaboran y presentan las noticias, y tiene consecuencias para el futuro del periodismo” (Sleeye, 2006: La Nación, ed. 22/01/06).
Nadie admite recibir hoy una información “en serie”. Todos exigimos un trato personalizado, ajustado a nuestras necesidades y preferencias. No queremos sabe únicamente qué es lo que ha sucedido. Queremos saber antes que nada su relevancia, sus repercusiones en lo que a mí me puedan afectar: las consecuencias que ese hecho va a derivar sobre mi vida y sobre mi existencia. “And they want personal insight into the events. And by personal I do not mean from the point of the view of the writer (although clearly that is part of the puzzle) but rather personal to them. What do these events mean to me? How will they affect my world? (SPANFELLER, 2009: ed. online, pág. 1).
Esto afecta a todos los medios informativos: cadenas de radio, prensa online o escrita, televisión y cine. Hasta ese punto permiten las nuevas tecnologías a los usuarios elevar su nivel de exigencia sobre los medios. Es lo que algunos han dado en denominar ‘información a la carta’. “Los podcast –o radio a la carta– es una oferta que existe ahora que no existía antes. Tú antes te perdías un programa de radio y decías "qué pena". Ahora te pierdes un programa de radio y dices "voy a la web, o voy a cualquier dispositivo móvil que tenga, porque voy a poder recuperar esos contenidos"” (PORTELA, 2009: online pág. 1).
La digitalización ha incluido a todos los lectores dentro del proceso informativo. Todos intervenimos en los medios. Todos podemos participar activamente en la producción, emisión y control de la información. Ha nacido en nuestro siglo un “quinto poder” para todos, que cualquier usuario puede ejercer actuando sobre el periodista, controlando su información, valorándola e incluso criticándola o hasta desautorizándola. “Ahora vemos que no hay ciertas personas que son periodistas dentro del periodismo ciudadano, sino que vemos que toda la audiencia, trabaja de manera activa, con sus amigos en su teléfono móvil, contestando en la web, participando en las redes sociales, demostrando una actividad tremenda en todos los tipos de conexiones de redes. Así que creo que después de pensar que había una cierta categoría de la población que tendría que participar de este futuro, vemos que el futuro digital es de todos” (PAZ, 2009: online, pág. 1).
Antes sucedía lo contrario. “Aun cuando los protagonistas de las noticias periodísticas se sintieran malentendidos o maltratados, era improbable que reaccionaran contra los periodistas o los editores, porque creían que el poder de la prensa le garantizaba (a la prensa) la última palabra” (Sleeye, 2006: La Nación, ed. 22/01/06). Hoy es al revés. Quien tiene la última palabra es el lector. Puede actuar desde su PC elevando por toda la globosfera sus críticas y matizaciones contra la información publicada que le disgusta. Craig Crawford, columnista de Congressional Quarterly y autor de "Attack the Messenger: How Politicians Turn You Against the Media", afirma en una declaración: “Hemos pretendido ser como sacerdotes que convierten el agua en vino, como si fuera un proceso secreto. Esa época ya terminó” (Sleeye, 2006: La Nación, ed. 22/01/06).
Conclusión
El papel del nuevo periodista digital ha de variar sustancialmente con respecto a la misión desempeñada por sus predecesores. “Es frecuente oír, cuando se discute del futuro de la prensa, afirmaciones como estas: El papel tiene que convertirse en un espacio para el interpretación y el análisis, para la profundización, para los reportajes. Si ya lo decía Álex Grijelmo en 2005… La Red ya ofrece la actualidad inmediata, ¿por qué intentar competir con ella precisamente dónde es más poderosa? La gente ya no quiere leer el diario entre semana. El futuro de la prensa es desaparecer. Sólo se salvarán los dominicales (precisamente porque tienden a lo expuesto en el punto anterior)” (ORTIZ, 2009: online, Marzo 31, 2009 at 8:10 am).
Existe una excusa en los acontecimientos producidos en el mundo mediático, que salva y justifica, al menos en parte, tanto a las víctimas como a los ejecutores de los nuevos cambios. ¿Cuál? Haberse confiado. No haber sido capaces de advertir, que toda esa nueva maraña de la Red podía también dar al traste con su anticuado oficio. Es algo similar a los antiguos chóferes o mecánicos que conducían los automóviles. Llegado un momento, el abaratamiento del producto lo vuelve tan adquirible (aquellos antiguos Ford), la facilidad de manejo de los coches es tan fácil, tan sencilla y tan asequible a cualquier usuario, que el público puede perfectamente prescindir de los que antes detentaban el poder de conducirlos. Eso mismo ha sucedido hoy con la difusión de la información. “Vivimos en el mejor de los tiempos para el periodismo, y también en el peor. Si el periodismo está en crisis hoy, como lo está la economía mundial, es en gran medida por la tendencia del ser humano a creer que las circunstancias de hoy se van a reproducir siempre” (CARLIN, 2009: online, s/n).
Con todo, la crisis que estamos viviendo en la prensa no tiene marcha atrás. El nuevo periodismo sustituirá definitivamente al viejo. El papel de periodista digital será el nuevo rol que la sociedad le impone y el mercado le reclama. El público no va a ceder a sus conquistas ni a su función de controlador de los controladores. El producto servido por los medios a sus usuarios deberá ser convergente, personalizado, específico, multimediático y de calidad. Es la única salida que le queda a la prensa que desee subsistir al envite de las nuevas tecnologías en la Red.
