IV Congresso da CiberSociedade. Crise analógica, futuro digital

Grupo de Trabalho A-7: Enseñanza de competencias digitales a colectivos específicos

Una dimensión cualitativa de la alfabetización digital en el marco de la brecha digital social

Conferente/s


Resumo

En la actualidad resulta un hecho constatable observar como la brecha digital constituye un elemento intrínsecamente correlacionado con la alfabetización de las personas que habitan en un contexto geográfico determinado. Es evidente que los procesos formativos en las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) dependen en buena medida de una serie de dotaciones y recursos públicos y privados que son, en definitiva, los indicadores mesurables que definen la brecha digital. Sin embargo, la alfabetización digital es un proceso diferente a esta lógica en la medida que resulta ser un procedimiento autónomo e independiente que es asumido en última instancia por el propio sujeto. Lejos de los datos cuantitativos que vertebran con exactitud la dimensión de una "brecha digital homogénea y estandarizada", la alfabetización digital, la instrucción, la formación y el aprendizaje son elementos que remite inevitablemente al individuo y a una serie de condicionantes psicológicos y sociales que lo circunscriben. Ante este planteamiento, se propone abordar sucintamente los principales axiomas que describen la alfabetización digital entendiendo este concepto como la aprehensión de una serie de capacidades y conocimientos que trascienden lo meramente instrumental.

Texto da comunicação

1. La brecha digital: una acepción homogénea y determinista

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define el concepto brecha digital  en términos de acceso a computadoras (TIC) e Internet y habilidades de uso de estas tecnologías (Volkow, 2003:1). Estos dos pilares básicos son desagregados en una serie de indicadores estadísticos que dan a conocer “la dimensión” de la brecha digital de una determinada zona, región o país.  Un ejemplo de lo enunciado se puede advertir al analizar los principales indicadores internacionales de la Sociedad de la Información que diferencian entre el Entorno, el Acceso y el Uso (Gimeno, 2007:304).  El propósito de estas indagaciones es sistematizar un proceso analítico que ponga de manifiesto el grado de implementación de las TIC en los diferentes países y entre las personas que los habitan. Ante este modelo predominantemente cuantitativo, surgen una serie de preguntas que cuestionan su propia validez: ¿Cabe comparar el resultado de los mismos indicadores en contextos sociológicos completamente dispares? ¿Hasta qué punto son tenidos en cuenta los condicionantes sociales en el análisis de la brecha digital? ¿Resultan del todo válidas y fiables estas exploraciones?

“La brecha digital es también una brecha social” (Casado y Diez, 2006: 213), o mejor dicho, es una “brecha digital social” puesto que remite a contextos económicos, políticos, sociales y culturales concretos que deben ser tenidos en consideración a la hora de analizar y estimar sus resultados. Bajo este planteamiento emerge la cuestión ¿Existen diferentes tipos de brecha digital? La respuesta es afirmativa en la medida que cada contexto y persona es particular, no así desde un punto de vista empírico y en definitiva necesario, ya que, a la luz de los indicadores y modelos estadísticos estandarizados que imperan en la actualidad, predomina un único modelo de brecha digital homogénea comúnmente consensuada, medible y extrapolable entre sus diferentes ámbitos.

Pese a lo que pueda suscitar este argumento crítico al modelo actual, la direccionalidad de la argumentación no será tanto abogar por una brecha digital social que transgreda  y elimine el modelo predeterminado, sino incardinar ambas concepciones en un análisis global y conjunto. De este modo, los pilares básicos que remiten al modelo establecido (acceso, entorno y usos) se fusionarían con los elementos y condicionantes sociales e individuales que determinan directa o indirectamente el uso de las TIC (por poner un ejemplo, sería de sumo interés indagar desde un punto de vista cuantitativo y cualitativo la incidencia y el control  que ejerce sobre las TIC un régimen político autoritario). Se trata en definitiva de  integrar lo técnico y lo social, o lo que es lo mismo, lo cualitativo y lo cuantitativo de la brecha digital.

2. Una lacónica reseña a la brecha digital de hoy en día

Antes de pasar a describir los elementos que vertebran la alfabetización digital y con ánimo de contextualizar la situación actual de la brecha digital descrita por los indicadores estadísticos anteriormente comentados, es importante hacer referencia al último informe “eEspaña 2007. Informe anual sobre el desarrollo de la Sociedad de la información en España”, dirigido por Manuel Gimeno y publicado por la Fundación Orange en 2007. De manera sucinta, se pondrá de manifiesto la incidencia de la brecha digital atendiendo a dos factores elementales: el gasto en TIC por países y los resultados generales del Índice General eEspaña. 

 

 

En  lo que al “Gasto en TIC por países en Millones de dólares” concierne, se puede advertir una clara diferencia a favor de los países desarrollados  frente a los países en vías de desarrollo localizados principalmente en el continente africano. Según los datos de  2006, Europa, EE.UU. y  países como Brasil, República de Sudáfrica, India, Australia, China y Japón habrían registrado un mayor índice de inversión en TIC, hecho que contrasta con las zonas que destinan un escaso margen de gasto emplazadas en la mayor parte de los países de África, Latinoamérica (Ecuador, Perú, Bolivia) Kazajstán y Mongolia. A la luz de estos datos cabe correlacionar la inversión en TIC con el grado de desarrollo de un país, de manera que trabajar por mitigar los efectos de la brecha digital supone igualmente trabajar por el progreso y avance de los ciudadanos de ese país.

Por otro lado, y centrando la atención ahora en el grado de implementación de las TIC en España, es preciso hacer mención al “índice eEspaña”, indicador  general que articula en forma de Ranking, el entorno, acceso y uso de las TIC que posee un determinado país.

 

 

Como se puede apreciar en la siguiente tabla, España pese a considerarse un país puntero en la inversión del Gasto en TIC, ocupa un discreto vigésimo lugar en el Ranking europeo. Desagregando este indicador en los tres subíndices básicos ya mencionados (entorno, acceso y usos) cabe someter a examen un entorno –constituido por elementos de carácter estructural, como la infraestructura de red, la formación o la inversión que sustentan las políticas de adopción y uso de las TIC- caracterizado por un débil sector TIC y una inconsistente formación en TIC de la fuerza de trabajo actual y futura (Gimeno, 2007:304-305). En lo que respecta al acceso, se ha registrado un escaso repunte positivo respecto al año anterior motivado por la difusión del acceso de banda ancha o el fomento del acceso rural a las TIC a través de telecentros (Gimeno, 2007:306). Por último, los usos de las TIC constituyen el principal problema de la Sociedad de la Información en España. La inseguridad de las compras on line y los bajos niveles de uso de los servicios públicos electrónicos por parte de los ciudadanos son algunos de los índices que alertan de este fenómeno. Sin embargo, y al hilo de esta última cuestión surgen las siguientes preguntas: ¿Se vinculan directamente los usos de la Red con el grado de alfabetización de las personas que conforman un determinado contexto? ¿Por qué no se utilizan estos recursos on-line en España? ¿Existe cierta reticencia o desconocimiento? Para dar respuesta a estas cuestiones se propone explorar como es el proceso instructivo y formativo, de los usuarios en una Red en continua vorágine de cambio.

3. La alfabetización digital: el inicio de un proceso de socialización virtual

La alfabetización digital puede entenderse como el inicio de un periodo que guarda ciertas analogías con el proceso de socialización que tiene lugar en el ser humano durante las primeras etapas de su vida. En los primeros años, el niño aprende e interioriza una serie de conocimientos relativos a su propio ser y al entorno en el cual interactúa; sin lugar a duda, uno de los elementos más importantes lo constituye el lenguaje. El hecho de poder hablar y comunicarse con sus semejantes genera por sí mismo la superación de un primer estadio y el inicio del camino hacia el siguiente, el cual se verá consumado tras dominar la lectura y la escritura. Poco a poco, el niño se desenvuelve con más y más soltura en el medio social, se relaciona con sus semejantes, asume pautas y normas e interioriza valores culturales propios de su contexto, en definitiva, se incorpora como sujeto social a un mundo que le viene dado.

Con la alfabetización digital ocurre algo similar. Teniendo en cuenta ciertas particularidades obvias, es posible atribuir ciertos paralelismos entre el proceso de socialización real y la alfabetización digital –o proceso de socialización virtual-. En un primer momento, el “neófito digital” se predispone a conocer y manejar una serie de elementos, herramientas e instrumentos básicos1, que le van a posibilitar, entre otras cosas, comunicarse a través de un nuevo medio, un medio virtual. Superando este primer nivel técnico-instrumental, el individuo comienza a familiarizarse paulatinamente con el nivel social de la Red, una esfera donde quedan implícitas un conjunto de normas, unos patrones culturales consensuados y compartidos por determinados grupos de usuarios que están socializándose a través del medio digital (un ejemplo de las dimensiones que vertebran este nivel social lo englobarían temáticas como  los procesos colaborativos de la Red o el trasfondo del uso del software libre).

Así pues, una de las conclusiones más significativas que  evidencia esta comparación es que en ambos casos el aprendizaje de las competencias instrumentales (el uso de la lengua o un determinado hardware o software) abre paso a la interacción en un campo socialmente compartido. En este sentido, las acepciones más recientes que conceptualizan el término de    alfabetización digital se conciben bajo este planteamiento, es decir, un proceso que requiere de la asunción inicial de una serie de disposiciones técnicas para posteriormente dar paso a la comprensión y entendimiento de las premisas sociales que guían la lógica funcional del propio medio virtual. Por ejemplo, Rafael Casado propone: “Estar alfabetizado digitalmente sería poseer la capacitación imprescindible para sobrevivir en la Sociedad de la Información y poder actuar críticamente sobre ella (Casado, 2006: 52). Otro posicionamiento que enlaza con esta visión viene dado  por  Alfonso Gutiérrez en su categorización entre la Alfabetización Instrumental y Alfabetización Crítico Reflexiva (Gutiérrez, 2006:61) argumento muy vinculado a su vez a la distinción de Elvira S. Llopis entre Instrucción y Educación digital 2.

En resumen,  y a la luz de estos planteamientos, cabe concluir afirmando que la alfabetización digital es un proceso que trasciende lo meramente técnico al tiempo que se circunscribe en una esfera socio-virtual. Ahora bien, es importante precisar que, a diferencia del contexto off-line, las disposiciones técnicas del entorno digital  se encuentran supeditadas a un sistema de cambio voraz que promueve e incentiva el aprendizaje de los nuevos sistemas. El “estar a la última”  dota de una distinción entre los semejantes que se escapa de toda pretensión en este texto, sin embargo, es importante reflexionar sobre la siguiente cuestión ¿Resulta necesario o imprescindible una alfabetización digital continua?  

4. Los avatares de la Web 2.0 y su incidencia en la alfabetización digital.

El aprendizaje digital es un proceso autónomo supeditado, en buena medida, a elementos individuales como la motivación y capacidades de cada sujeto, o elementos subyacentes del propio entorno, como pueden ser las infraestructuras de acceso. En esta misma dirección, otro elemento significativo a tener en cuenta dentro de la alfabetización digital es la edad a la que da comienzo este proceso, puesto que incide sustancialmente en la forma de abordar su lógica y comprensión. En este sentido, Prensky distingue entre “nativos digitales” -individuos que nacieron dentro de la era digital- e “inmigrantes digitales”- aquellos que nacieron con anterioridad a esta revolución-(Prensky, 2001:2). El aprendizaje de unos y otros resulta muy dispar en la práctica (al igual que ocurre en los procesos migratorios convencionales, el “acento de los inmigrantes digitales” es algo común que queda patente en miles de situaciones, uno de los ejemplos preferidos por el autor es la llamada telefónica que comienza con “¿Te ha llegado mi email?”), sin embargo, y como se venía anunciando, el entorno digital no es algo estático, sino más bien todo lo contrario. Un claro ejemplo de esta aseveración se encuentra bajo la filosofía de lo que se ha venido a denominar como “web 2.0”.

La “web 2.0” puede entenderse como una “etiqueta” atribuida a un conjunto de tecnologías destinadas a dotar al usuario de un mayor protagonismo en la Red. “La web 2.0” es un modo de concebir Internet donde lo esencial son las conexiones entre los usuarios” (Acín, 2006:126). “En los últimos años ha surgido el mayor componente del movimiento 2.0, un grupo de proyectos web especialmente conectados que han recibido la rúbrica de “software social”: blogs, wikis, trackback, podcasting, videoblogs, etc… (Alexander, 2006:33)”.

Este conjunto de innovadoras herramientas articulan nuevas formas de interacción, interacción social en un marco virtual. “Hoy podemos hablar de una segunda Internet, Web 2.0: un sistema interactivo que sirve no sólo para leer, sino para escribir” (Cremades, 2007:87). La nueva Red transgrede las normas preestablecidas en el contexto real dotando al ciudadano de lo que Cremades ha denominado como “micropoder”, acercando este concepto a la idea utópica de libertad de prensa que promulgó en su discurso el premio nobel Adolfo Pérez Esquina (Pérez, 2004:4).

Tomando en consideración este “alentador” panorama 2.0, nace deliberadamente la pregunta ¿Es necesaria una re-alfabetización?, es decir ¿Debe forzosamente el “ciudadano 1.0” ya alfabetizado, volver a interiorizar nuevas pautas y disposiciones técnico-sociales para pasar a ser un ciudadano 2.0? Dentro de esta escueta reflexión  y como  se ha constatado anteriormente,  la “web 2.0” concede al usuario un papel más activo dentro de la Red, lo que debería ser razón suficiente para su motivación, interés –generalmente autodidacta- y en consecuencia, su alfabetización digital 2.0. Los usuarios que años atrás manejaban MS-DOS y “el modo texto” se vieron en la disyuntiva de aprender o no, los  nuevos sistemas operativos orientados a ventanas y objetos que, por otra parte, eran mucho más versátiles y funcionales. Estos cambios fueron produciéndose paulatinamente, hasta que MS-DOS quedó relegado a un abismo digital añorado todavía hoy por muchos de ellos.

En la actualidad  y al igual que ocurre en los contextos off-line, el tránsito del ciudadano 1.0 al 2.0, presenta un ritmo mucho más pausado del que las nuevas tecnologías tratan de imponer. A día de hoy existe un buen número de entusiastas que abogan por el uso activo de las herramientas 2.0, aunque de igual forma predomina también un usuario resistente, más bien pasivo –luker-, que contempla a la sombra la verdadera funcionalidad de las herramientas y discursos 2.0. En cualquiera de los casos, la adquisición de las competencias para manejar este tipo de instrumentos vendrá determinada, en última instancia, por los intereses, necesidades y objetivos que desee proyectar el propio individuo a través de la Red, de alguna forma, ése será el verdadero motor que induzca a la nueva instrucción técnica y aprendizaje social.

Conclusiones

Tomando como referencia  los planteamientos expuestos hasta el momento y con ánimo de recapitular y comentar brevemente las ideas más significativas descritas hasta ahora, resulta importante destacar los siguientes puntos:

  • El concepto y la medición de la  brecha digital se encuentra envuelto en un determinismo metodológico predominantemente cuantitativo. La propuesta para su mejora no radica tanto en una nueva concepción de la brecha digital o “estratos digitales” (Carracedo, 2006:97),  sino más bien en indagar y contextualizar la brecha digital bajo un prisma mucho más amplio que tenga en consideración las dimensiones sociales de cada entorno y las de los individuos que la conforman.
  • La alfabetización digital o aprendizaje digital es un proceso que trasciende los procedimientos y capacitaciones técnicas, siendo necesario el aprendizaje de la lógica social del entorno virtual, es decir, el conjunto de pautas y normas sociales que son compartidas por el resto de miembros en ese entorno.
  • La alfabetización digital se encuentra supeditada a dos dimensiones básicas: una de carácter contextual, vinculada principalmente al acceso e infraestructuras de una zona determinada y otra, de carácter individual, que alude a factores propios de los usuarios como la motivación, edad y capacidades técnicas. Ambas son interdependientes, sin embargo, es en última instancia el individuo el que determina su aprendizaje a partir de sus propias inquietudes, necesidades, objetivos e intereses dentro de la Red.
  • Por último, la alfabetización digital en el marco de la web 2.0 implica la asunción de nuevas capacidades técnico-sociales. Bajo el “panorama 2.0” aflora lo que muchos han denominado un nuevo ciudadano,  el  “ciudadano 2.0” capaz de modificar y transformar los sistemas sociales preestablecidos. Ahora bien, es importante tener presente que los ritmos y usos de estas nuevas herramientas 2.0 vendrán determinados por la funcionalidad individual y colectiva que reporte a los usuarios de la Red.

Bibliografía/Referencias


  • ACÍN, Elena, 2006, “Movimientos sociales 2.0”, en Rafael CASADO (Coord.), Claves de la Alfabetización Digital, Madrid: Fundación Telefónica y Ariel. pp. 125–129.
  • ALEXANDER, Bryan, 2006, “Web 2.0 a new wave of innovation for teaching and Learning?” [en línea], en EDUCAUSE Review, Vol. 41. Num2 .pp 33-44.
  • CARRACEDO, José David, 2006, “Prácticas y discursos sobre brechas digitales y sus estratificaciones.”, en Rafael CASADO (Coord.), Claves de la Alfabetización Digital, Madrid: Fundación Telefónica y Ariel. pp. 93-99.
  • CASADO, Rafael, 2006, “Alfabetización digital: ¿qué es y cómo debemos entenderla?”, en Rafael CASADO (Coord.), Claves de la Alfabetización Digital, Madrid: Fundación Telefónica y Ariel. pp. 51–57.
  • CASADO, Rafael y DÍEZ, Eladio, 2006, “13 Claves de la alfabetización digital”, en Rafael CASADO (Coord.), Claves de la Alfabetización Digital, Madrid: Fundación Telefónica y Ariel. pp. 203–217.

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