IV Congresso da CiberSociedade. Crise analógica, futuro digital

Grupo de Trabalho C-20: Recursos socio-técnicos para la participación política

Vincular y Fortalecer: la Participación Ciudadana Activa. Recursos sociales en medio de la técnica

Resumo

Resumen: Se presenta el uso de las NTICs como un proyecto político " cultural " y técnico, que en la práctica buscaría sentar las bases para diseñar e implementar experiencias y proyectos de incorporación de la tecnología a la práctica comunitaria pero no solo como un apoyo al quehacer, sino utilizándolas como medio de intervención. Parte preguntándose cómo las Tecnologías y específicamente internet puede colaborar para los propósitos de transformación social, participación y democratización de las comunidades, desde una forma "contracibercultural". Incluyendo una comprensión crítica de cómo las circunstancias ideológicas y materiales pueden generar discusión teórica y práctica que produzcan espacios públicos con posibilidades concretas de acción colectiva y práctica social. Es decir, ver las tecnologías como una construcción social a favor de las personas, donde nos podamos constituir en agentes transformadores de la realidad social, como trabajadores culturales que posibilitan nuevos elementos teóricos para repensar el modo de favorecer múltiples culturas públicas, espacios críticos, que promuevan a que diversos grupos se dediquen al dialogo e intercambio para cuestionar y transformar la base institucional de la diferencia, a través de una participación política activa.

Texto da comunicação

Plantearse como tema hablar de recursos socio-técnicos para la participación política parece ser un buen punto de partida, especialmente cuando el contexto de esta presentación ha sido formulada desde la perspectiva del trabajo comunitario, específicamente de aquel que postula entre sus objetivos la transformación social, la participación y la democratización de las comunidades (Montero, 2001), y que por lo tanto se cuestiona el cómo las Tecnologías pueden colaborar para estos propósitos, desde una perspectiva “contracibercultural”, considerando los usos que la estructura de poder dominante ha hecho de ellas; siguiendo así una invitación de Giroux H. (1996), de generarse oportunidades de mas que simplemente descubrir las historias ocultas, en este caso de las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicaciones), si no de recuperarlas. Lo que nos exige una comprensión critica (Giroux H. 1996. p. 148) de cómo las circunstancias ideológicas y materiales pueden generar discusión teórica y práctica que produzcan espacios públicos con posibilidades concretas de acción colectiva y práctica social, que favorezcan el uso de las tecnologías como construcción social a favor de las personas, es decir, como señala Freire P. (1993, en Gómez, 2006) ser “capaces de ponernos delante de la programación y pensar sobre ella, indagar y hasta desviarla”, sin dejar de pensar en las desigualdades que genera y en las formas de dominación que implica.

Luego de observar que actualmente Internet fortalece más el pluralismo democrático que la participación, bajo la forma de democracia directa, se hacen evidente y objeto de preocupación desde el trabajo comunitario lo señalado por Porras J. & Araya R. (2003) de que actualmente Internet facilita la comunicación de contenidos políticos, pero no tiene impacto sobre quienes no tienen un interés por la política. Los medios electrónicos que acompañan la globalización, supuestamente permitirían a grupos sumamente específicos hacer llegar su mensaje hasta grupos más amplios, pero lo que en realidad sucede es que fenómenos de ocurrencia aislada y hasta excepcional pueden conectarse entre sí, excluyendo de esa red a quienes no posean ese interés específico. Este tipo de interconexiones genera una masa crítica que favorece la expansión de particularismos de diverso orden, previamente desconectados. Por lo que no es claro que Internet favorezca la diversidad que es propia de la democracia. Este es un punto a debatir o a utilizar desde el trabajo comunitario, especialmente si consideramos que eso que llamamos “sociedad” no es una expansión de la comunidad, sino un principio diferente de organización o coordinación que da cuenta de una creciente diferenciación social.

Podríamos empezar a considerar para esto las observaciones que hace Tirado (2005) con respecto a que finalmente la aceptación y utilización de las nuevas tecnologías depende de forma crucial del contexto social local. Que los miedos y riesgos asociados con las nuevas tecnologías están distribuidos socialmente de forma desigual. Que las tecnologías virtuales son un complemento y no un sustituto de la actividad no virtual, que complementan y no sustituyen las prácticas y formas de organización ya existentes. Y por último que cuanto más global, más local. El fenómeno denominado globalización o mundialización depende, evidentemente, de las tecnologías electrónicas, pero depende, especialmente, de la gestión local que se realiza de las mismas. En definitiva como lo expresa el pensamiento crítico, construir a través de lo que afirmamos y no de lo que negamos.

En relación al uso de plataformas electrónicas que favorezcan la “participación”, podemos encontrar una postura dominante que dice que los medios y tecnologías de información son concebidos como recursos para que las personas puedan acceder a la información y a los servicios públicos, asumiendo roles como receptores, beneficiarios, clientes o consumidores (Araya, 2003).

Esta postura no es extraña, especialmente si nos preguntamos ¿al servicio de qué poder son programadas estas tecnologías?, sin duda, podemos visualizar que históricamente cualquier medio de comunicación de masas ha sido utilizado como instrumento de dominación y de “programación”, por lo tanto las NTICs con su representante máximo Internet no es la excepción, como señala Giroux (1996, p. 141), son formas de autoridad textual, de relaciones de poder que siempre suponen elección, selectividad, exclusiones e inclusiones, así como el hecho de que “la lectura de imágenes demanda una cierta e indiscutible experiencia, la cual tiene que ver con una clase social determinada, desde la que existe todo un acerbo de imágenes, y como la sintaxis no puede estar dicotomizada de la semántica, hay también toda una semántica de las imágenes (…) que trabajarían a favor de los que pueden y en contra de los que menos pueden, pero esto no es una crítica técnica si no política”. (Freire P en Gómez M. 2006, p. 14), y que está en estrecha relación con la de esta postura dominante.

Sin embargo, existe la postura alternativa que asume que para que estos instrumentos puedan servir para el fortalecimiento, empoderamiento y desarrollo humano es necesario que ellos mismos puedan ser objetos de intervención por parte de quienes lo utilizan (Araya, 2003).

Si integramos esto, entonces, ¿Cuáles podrían ser algunos de estos recursos socio – técnicos y lo más importante cómo debemos usarlos si pretendemos que se conviertan en un medio de integración y participación política? O en otras palabras, ¿de qué manera podemos proponer aspectos teóricos – metodológicos que facilite cambios sociales que mejoren la vida de las personas, en cuanto aspiran al desarrollo humano?

RECURSOS SOCIO – TÉCNICOS: LO SOCIAL EN MEDIO DE LA TÉCNICA.

Primero debemos comenzar a considerar cual es nuestra postura personal en relación al trabajo con y para la comunidad, con el propósito de que nos podamos constituir en agentes transformadores de la realidad social a favor de las personas conjuntamente, siguiendo con la postura de Giroux (1996) quien señala que como trabajadores culturales debemos posibilitar nuevos elementos teóricos para repensar el modo de favorecer múltiples culturas públicas, espacios críticos, que promuevan a que diversos grupos se dediquen al dialogo e intercambio para cuestionar y transformar la base institucional de la diferencia, es decir, en definitiva el uso de las NTICs se transformaría en un proyecto político – cultural – y técnico, que en la práctica buscaría sentar las bases para diseñar e implementar experiencias y proyectos de incorporación de la tecnología a la práctica comunitaria pero no solo como un apoyo al quehacer sino utilizándolas como medio de intervención.

Al mismo tiempo más allá de aspectos técnicos es importante y diría fundamental agregar un valor a la innovación tecnológica sumando aspectos “vinculo-técnicos”, o como menciona Murueta (2007) “técnica afectiva”, que propicie enlaces progresivos, capaces de convocar y de organizar los variados intereses y esfuerzos de los/as que se busca involucrar.

O sea, se hace necesario tecnología y desarrollo de calidad que se cree desde la comunidad hacia la comunidad recursivamente, a favor de la generación de redes, de asociación, de apoyo, de estructura, de conocimientos, de acción.

Si queremos realizar esto debemos partir por ubicarnos en una posición que deja de considerar los portales, comunidades y servicios electrónicos como artefactos del mundo digital sino a comprenderlos en su condición de construcciones sociales para el mundo concreto de manera que podamos hacernos cargo de que su uso y aprovechamiento como herramientas útiles en la tarea de transformar entre todos/as nuestras sociedades, no sólo constituye una posibilidad para el futuro, si no, nuestra responsabilidad en el presente (Araya, 2003)

No debemos olvidar que Internet se ha visto como una herramienta para el desarrollo de la ciudadanía y la democracia, de hecho se ha hablado de Internet ciudadana, definida como el conjunto de usos y apropiaciones sociales de Internet orientados a intervenir en los asuntos públicos de las sociedades, a nivel local, nacional, regional y global (Araya, 2003). Es decir como una forma de acercamiento del Estado al ciudadano/a, lo que implicaría mayor participación, mayor control en las decisiones que afectan directamente a la comunidad, una comunicación directa con las autoridades elegidas por voto popular y una serie de otras actividades que apuntan a “asignar” mayor poder a la ciudadanía. Entonces, ¿Qué falta?

En este punto se asoman diversas dimensiones relacionadas con el concepto de participación, y que implica aspectos técnicos, específicamente relacionadas con la usabilidad.

Desde el área de la tecnología la usabilidad está referido a la relación usuario/a – plataforma, por lo tanto muchas veces cuando se habla de participación se piensa en cuanto puede dejar de sí un/a usuario/a en ese sitio. Los criterios se relacionan con aspectos como, si puede o no dejar comentario, si puede o no subir archivos en diferentes formatos, etc. por tal motivo sitios como youtube.com se consideran altamente participativos ya que se sostienen solo con los aportes de los/as usuarios/as.

En el caso de sitios creados para la ciudadanía desde el gobierno se considera participativo el que las personas puedan dejar comentarios y/o linkear sus páginas, esto se traduce, en que muchas veces se evalúa un sitio como participativo porque tiene la herramienta tecnológica implementada, como por ejemplo un foro de discusión, que señala “déjanos tu opinión”, o “aquí puedes opinar”, sin embargo, este foro se convierte en un lugar donde se ponen opiniones pero que en la práctica los que deberían usar esas opiniones para tomar decisiones en torno a aspectos que influyen directamente en la vida de los opinantes, no las consideran, disfrazan de esa manera un sitio participativo, donde en realidad lo que ocurre es que “aquí puedes gritar, pero yo no te puedo escuchar”.

Por lo tanto se hace necesario ampliar el concepto de usabilidad a aspectos vinculantes, considerar si se integra a las personas tras la plataforma, por lo tanto la participación adquiere un matiz diferente, especialmente porque el trabajo comunitario destaca la PARTICIPACIÓN como una dimensión estrechamente ligada al desarrollo humano y social y como una necesidad intrínsecamente humana, pero al mismo tiempo no solo una necesidad sino además un proceso hacia el desarrollo.

Vincular y Fortalecer

Para ampliar el análisis en relación a los recursos socio – técnicos, es necesario focalizar en los aspectos actitudinales, esto resultaría en dar énfasis a un interés comunitario más que a una disciplina en particular, esta diferenciación nos ubica dentro del concepto, Trabajo Comunitario, lo que incluiría entonces a la psicología, la informática el diseño, la educación, la política, la cultura, los trabajo de casa, oficios, y todo aquel quiera sumarse a un trabajo conjunto con y a favor de la comunidad, su desarrollo y fortalecimiento.

Este punto añade una nueva distinción que orienta nuestro trabajo desde lo comunitario y no desde lo individual.

El contexto en que esto aparece es que se considera que la mayoría de las prácticas educativas o tecnológicas están orientadas al desarrollo personal, podemos observar la amplitud de ofertas de capacitación a nivel técnico, e incluso las psicosociales donde se busca fortalecer la identidad personal; hoy en día está de moda hablar de competencias, se formulan tecnologías para que las personas puedan acceder al conocimiento, para que las personas se fortalezcan, para que se transformen en lideres y desde ahí partir hacia sus comunidades. Algunos sitios dicen que tienen interés en la comunidad poniendo espacios donde las personas dejan sus opiniones, según este planteamiento se continua con una orientación hacia “la persona”, no a la comunidad, no a la construcción de ciudadanía, porque de lo contrario se esperaría, que esta sea una opinión co – construida o elaborada en comunidad y la mayoría de las veces es individual, el publicar muchas voces individuales no siempre es sinónimo de una voz comunitaria. Una cosa no descarta a lo otro, no son excluyentes, muchas veces puede ser complementarias, pero se hace necesario hacer la distinción ya que esta sutileza marca la diferencia a la hora de planificar un sitio con aspiraciones comunitarias.

Resumiendo debemos considerar como un recurso socio técnico el capacitar las comunidades no a los individuos.

Con este planteamiento anterior se considera que el contexto comunitario, la vida en comunidad y la identificación y la construcción de un espacio o de territorio común permitirían fortalecer la identidad personal y social, ya que se puede construir territorios electrónicos, como base para sentar una comunidad, y promover procesos identitarios e identificatorios que favorezcan un arraigo y hagan surgir potencialidades negadas tanto a nivel comunitario como personales, un colega de trabajo comentaba “lo comunitario si tiene algo no es precisamente el arraigo en lo virtual, sino que en lo territorial, por ello sin duda es una APUESTA el jugarse por generar una plaza pública (intensión) y lograr una "comunidad" virtual no solo de nombre sino que de corte comunitario, transversal a la academia y a las bases”.

En este sentido el deseo de fortalecer la comunidad que se precisa como fenómeno central de la aplicabilidad sería una actividad lógica si se piensa que las personas en forma natural tienden a ser comunitarias, independiente de los cambios tecnológicos, culturales, sociales, económicos. Este proceso natural de ser comunidad es un aliciente inspirador para promover aspectos psicosociales al interior de ella.

Para lograr esto es necesario desarrollar planes de acceso efectivo en dos ámbitos, el material que incluye el acceso a equipos, que no representa una dificultad en muchos casos, especialmente a nivel urbano, donde parece que “computadores hay”. O acceso si se piensa en los telecentros, en los cibercafés, en las bibliotecas públicas, y colegios y liceos.

El problema en el acceso está dado más bien con el acceso social, con las posibilidades de que en esos lugares donde las comunidades pueden acceder no haya restricciones en cuanto a su uso, porque son los/as administradores/as de los equipos quienes definen para que deben ser usados, entonces se produce una desigualdad en cuanto a los sitios que se pueden visitar, por ejemplo ver un fotolog, o chatear es considerado como una pérdida de tiempo por lo tanto simplemente en una biblioteca escolar esas actividades no se pueden realizar. Otra dificultad es que como los equipos son públicos, existe un cuidado material especial hacia ellos, así que las personas terminan con miedo a usarlo para no estropearlo.

El concepto de acceso se amplía también hacia el plano de las relaciones humanas, acceder a un sitio es más que simplemente, digitar su URL o llegar a su dirección electrónica y poder mirar lo que ahí está alojado, si no que involucrase, poder tomar contacto con las personas detrás del sitio, dialogar, consultar libremente, ser escuchados y recibir respuestas.

Las observaciones y planteamientos anteriores dan paso a la elaboración de estrategias concretas a desarrollar en el ámbito del trabajando comunitario usando NTICs, con énfasis en la creación de espacios con fines de fortalecimiento.

Participación Ciudadana Activa

Se parte desde la premisa considerada anteriormente de desarrollar planes de e-educación o e-intervención o e-acompañamiento psicosocial con fines comunitarios. Siendo ese el motor que guía la acción.

Por lo tanto, dentro de ese contexto se busca generar posibilidades de dialogo electrónico entre la comunidad, entre el mundo civil y el político especialmente porque se considera que existe un bajo interés desde lo político a la comunidad. Aun cuando hay sitios que se han desarrollado para la comunidad de parte de estamentos gubernamentales, la percepción sobre el verdadero interés de acercarse a la comunidad es evaluado como deficiente.

Observado desde lo comunitario, se dirige hacia nuevas formas de intervenir la realidad, de modo de crecer como comunidad. Ello implica un aprendizaje de múltiples formas de participar, múltiples modos de actuar con la realidad (Rozas, 1992).

De esta forma hablamos de generar experiencias de participación por medio de procesos de problematización, concientización y acción concreta, es decir va mas allá del uso de las tecnologías, el objetivo de incorporarlas se encamina a utilizarlas como medio democratizador, que se pueda visualizar como una forma de buscar soluciones a problemas de la comunidad, de potenciar sus capacidades, para que estas ejerzan un mayor control sobre los factores que determinan su calidad de vida. Como indica Zonta (2005) a través de la participación social se considera la toma de decisiones de la personas sobre sí mismos/as, así como el control social de las políticas públicas.

Se considera necesario este tipo de acciones y programas ya que al igual como lo señala Rozas (1992) si este proceso, el de participación, no ocurriera, o no se potencia se corre el riesgo de perder los referentes, las experiencias dejan de enriquecerse, disminuyen los nutrientes de la acción, y con todo ello se diluye el sentido de los símbolos, de los ritos, toda la construcción de sí misma; en su totalidad, la comunidad pierde el sentido de su existencia, nada justifica la presencia como tal. Surge entonces el individuo sin comunidad, el desarraigo.

Por lo tanto el trabajo comunitario, debe suscribir entre sus propósitos el formular estrategias para que esto ocurra especialmente si se quiere dar un carácter de real interés por acceder y dialogar con las personas que trabajan para la comunidad.

Desarrollar planes de e-intervención comunitaria donde se pueda desplegar acciones e interacciones, cuando la comunidad se problematiza a si misma puede desarrollar acciones a su favor al tener acceso a conocimiento práctico en relación a cómo solucionar sus dificultades. La tecnología y las personas detrás de ella, en este caso, deben estar al servicio de esto, al favorecer la vinculación a través de la asociación, la validación de las personas y la construcción colectiva, como base de la aplicabilidad.

Este es un aspecto fundamental a considerar ya que existen altas posibilidades de aislarse aun estando en red ya que muchas veces la comunidad puede estar tan fortalecida que se convierta en un grupo cerrado y aislado de los demás. Considerando esto se hace necesario generar redes que promuevan el acercamiento y no el aislamiento comunitario o personal. Para eso las redes se autoconstruyen, y se estimula su creación y ampliación constante con el propósito de entregar, apoyo, conocimiento y servicios para la comunidad.

Como resultado de estas consideraciones y de estas estrategias se fomenta la inclusión, la comunidad se fortalece lo que promovería la acción y la participación ciudadana

Se considera que si la comunidad esta fortalecida podrá finalmente tener una participación activa en las situaciones de su interés.

CONSIDERACIONES FINALES

Observamos que las tecnologías están asumiendo la necesidad de participación al generar aplicaciones para ello, se requiere por lo tanto que la asignatura pendiente referido a como se usen esas aplicaciones sea discutida más ampliamente. ¿Usaremos las tecnologías participativas, la llamada web social solo para la diversión ciudadana o generaremos espacios de reflexión – acción que motiven la participación ciudadana en aspectos relacionados con opinión pública y toma de decisiones?

Como lo indica Fals Borda, (1981 en Rozas 1992), la idea aceptada y manifestada explícitamente de que participar significa también comprometerse, en­tendiendo por compromiso el "tomar conciencia de su pertinencia en la sociedad y en el mundo de su tiempo, renunciar a una posición de simple especta­dor y colocar su pensamiento o su arte al servicio de una causa"

Esto indudablemente nos lleva a una dimensión política de la participación.

Dimensión que cobra relevancia en el contexto de la tecnología por varias razones, destacaremos cuatro:

    a) El interés creciente de los gobiernos por incorporase a la tecnología, construyendo los llamados Gobiernos electrónicos,

    b) El crecimiento amplio del uso de las tecnologías que han dado paso a una Nueva Generación la de los llamados “nativos digitales” que conduciría hacia una Gobernanza 2.0 que integre de manera efectiva la colaboración y la participación ciudadana (Fumero, 2007)

    c) Nuevos problemas de desigualdades que se extienden o se generan desde lo tecnológico y que hacen necesario el reconocimiento, protección y respeto de los derechos basados en justicia social y desarrollo sustentable.

    d) Reproducción tecnológica de las estructuras hegemónicas dueñas del poder con las que las comunidades se chocan constantemente, tradicionalmente los/as que no quieren abrir la puerta, los/as que no hacen citas para conversar, los/as que no escuchan a la comunidad, que se transforma tecnológicamente en no leer los correos electrónicos, no leer los foros de discusión, en definitiva no escuchar nuevamente las voces de las personas a las cuales “representan” y que en resumen se apropian del proceso participativo y donde la opinión de las personas sea finalmente considerada “spam” o correo no deseado y pase directamente a la bandeja de eliminados.

En este sentido si hablamos de una usabilidad comunitaria vinculante para el fortalecimiento comunitario y que aspire a la participación, nos queda ver como procurar que estos cambios de Gobernanza, sean a favor de la comunidad y con la comunidad. Con la clara convicción de que la tecnología se pone al servicio de proyectos sociales y no al revés no son los proyectos sociales los que deben adaptarse a la tecnología.

Podríamos asegurar que hoy la mayoría de los sitios que cuentan con tecnologías participativas permanecen en el nivel de participación pasiva, donde los “dueños del sitio” le dicen a la gente lo que planean hacer y las personas simplemente proporcionan información y responde cuestionarios.

Surge en ese contexto el concepto de una Participación ciudadana el que va mas allá de un voto cada cuatro años, o de hacer una cruz al lado de “siempre” , “nunca”, “a veces”, “no sabe no contesta”, si no participación en el sentido de que las comunidades se observan, evalúan sus necesidades y procuran soluciones a partir de eso.

El fortalecimiento de formas de organización popular que canalicen la ac­ción política alternativa y/o paralela a través del control sobre aspectos del entorno y so­bre sus condiciones de vida, así como el establecimiento de relaciones de poder no asimétricas basadas en la negocia­ción. Es decir, en este “escenario” las personas abandonan el papel de “actores”, concepto que se ha popularizado en los discursos, pero que si pensamos en ello, justamente se refiere a que las personas reciben un parlamento, un dialogo que deben representar, dejando su autonomía al criterio del director de la obra donde estos “actores” prestan las voces. En la blogosfera podemos encontrar a muchas personas que han elegido ser escritores de sus propios guiones, y que encuentran por este medio una forma de participación.

Esta dimensión política debe mover a los/as trabajadores/as comunitarios/as a inmiscuirse en los estos aspectos políticos electrónicos de la acción comunitaria. Política, en lo relativo a la vida organizada colectivamente, al espacio público. Lo concerniente a los derechos y deberes civiles y a las relaciones de poder y su dinámica, en ese espacio. (Montero, 2004, p. 5) ya que vemos que en el contexto tecnológico se están tomando medidas para ampliar la acción política al entorno virtual.

Debemos reconocer que nuestro trabajo como cualquier otra actividad está condicionado por los intereses sociales en juego. Esto es algo que debemos asumir, referida a ella misma como a sus “objetos de estudio o de intervención” el reconocerlo nos debería impulsar a concretar acciones que favorezcan el desarrollo, para no caer aún más en el entramado político tecnosocial de poder y dominación, generar alternativas y/o paralelismos de las acciones definidas por el poder de turno. Como señala Martín – Baró (1995) en lugar de asumir una presunta asepsia científica, partamos de una conciencia clara de sus presupuestos, de su incardinación social y, por lo tanto, de los alcances y limitaciones de su propia perspectiva. Este autor afirma que debemos estudiar estos hechos porque son personas o grupos los que los realizan. Se trata de acontecimientos humanos, que están sometidos a los mismos determinismos y condicionamientos cuando actúan en política que cuando conforman la familia, educan a sus hijos o se integran a un equipo de trabajo. Por ello, es necesario preguntarse en qué medida el carácter de esos acontecimientos políticos, la forma concreta que adquieren, depende precisamente del hecho de haber sido realizados por determinada persona y no por otra, por haber sido ejecutados por un determinado grupo y no por otro.

Entonces, estamos hablando de la incorporación de trabajo psicosocial comunitario facilitador de condiciones necesarias para la organización y el desarrollo de co­munidades con capacidad para lograr su transformación positiva en el contexto de la llamada Democracia Electrónica, que se enmarca dentro de los cuatro puntos antes mencionados. Que implicaría además cuidar que se produzcan procesos democratizadores, orientados a la participación y no solo a levantar pancartas y marchar por las alamedas virtuales, ya que en estos espacios electrónicos estamos a un click de que la ventana sea cerrada y simplemente sea ignorada toda acción social.

Bibliografía/Referencias


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  • Fumero A. & Roca G. (2007), Web 2.0, Fundación Orange, España

  • Giroux H. (1996), Placeres inquietante, Aprendiendo la cultura popular, Editoral Paidos, Barcelona.

  • Gómez M. (2006), Paulo Freire: una re – lectura para pensar la informática en educación. Disponible en www.galeon.com/elortiba/freire.html

  • Martín – Baró I (1995), Procesos psíquicos y poder en V. García-Beaudoux y M. Montero (coords.): Psicología de la acción política, Buenos Aires, Paidós,

  • Montero M. (2001), “Ética y política en psicología: las dimensiones no reconocidas”, Athenea Digital, abril, numero 0, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, España.

  • Montero M. (2004) “Relaciones Entre Psicología Social Comunitaria, Psicología Crítica y Psicología de la Liberación: Una Respuesta Latinoamericana”, revista de la escuela de psicología facultad de ciencias sociales pontificia universidad católica de chile Volumen 13 - Número 2 -

  • Murueta Marco E. (2007), “De la 'sociedad del conocimiento' a la 'sociedad del afecto' en la perspectiva de la Teoría de la praxis”. Revista Electrónica Internacional de la Unión Latinoamericana de entidades de psicología, Abril, nº 9. Disponible en http://www.ulapsi.org.

  • Rozas G. (1992) “Desarrollo, participación y psicología comunitaria”, Revista De Psicología Universidad de Chile - Vol. 111 Nº 1.

  • Tirado F. J. (2005), “La virtualización de la sociedad”, Athenea Digital - num. 7.

  • Zonta C. (2005), “Principales elementos teórico metodológicos de una concepción crítica de la psicología social comunitaria”. Revista Resonancias, Año 2/Nº 2, Escuela de psicología Universidad del Mar, Valparaíso.


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