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Políticas de información y liberalización de la cultura pública Profesiones emergentes en una ciber@dministración Rita Dolores Santaella Ruiz [1] Diputación Provincial de Jaén ritalola@supercable.es
1. Profesiones emergentes en la sociedad cableada En las postrimerías del siglo XX, la Documentación conjugaba las técnicas más clásicas en clasificación del conocimiento con las más punteras tecnologías de la información para erigirse en una ciencia básica de la transmisión de comunicación. Su interdisciplinaridad, acentuada con los nuevos planes de estudios de primer y segundo ciclo, posibilita la existencia de técnicos especializados en la gestión del activo de esta sociedad, que deben prestar servicios de calidad a un sector de la población [2] . Desde esta perspectiva, la evaluación de sistemas documentales, entendidos como empresas que para ser competitivas deben adaptarse a un entorno sometido al constante cambio provocado por la velocidad imparable de los hallazgos tecnológicos, se convierte en ineludible para justificar objetivamente la labor de estas instituciones. Una investigación reciente sobre la evaluación de los archivos públicos [3] , centros denostados en las políticas culturales de la Administración pública que deberían vindicar su presencia entre los E-servicios, evidencia la utilidad de estas empresas para tres organismos de la ciudad de Jaén y para el fomento de la investigación sobre la historia de una sociedad. Los estudios de sus usuarios manifiestan la rentabilidad de estas fuentes de información primarias que, sometidas a la menor o mayor relevancia otorgada por las distintas épocas de la humanidad, han pervivido a lo largo de los siglos. Estas investigaciones, basadas en el conocimiento del último eslabón de la cadena documental, hacen vislumbrar que el apoyo de la Administración pública convertiría estos centros en focos de investigación de primera magnitud para el fomento y difusión de la cultura en el siglo XXI. Esbozadas las líneas generales, esta comunicación apostilla un futuro inmejorable de la Documentación no sólo en las empresas, sino también en la Universidad como ciencia aplicada a diversas disciplinas sociales, humanas y científicas, ya que “... parece evidente que actualmente se concitan los prerrequisitos básicos que toda disciplina y sus profesionales requieren para su desarrollo y transformación. Por una parte, que exista una fuerte necesidad social de respuestas útiles y adecuadas de un campo del saber concreto y de sus expertos. Por otra, que se disponga de los instrumentos metodológicos y tecnológicos adecuados para permitir la innovación y el avance teórico fundamentado y contrastado”. (Pérez Pérez, 2002). Comercializando la Documentación, pondríamos al servicio de otros profesionales técnicas interdisciplinares para la comunicación del conocimiento en una época en la que se mueve información a una velocidad insospechada en cualquier otra época de la historia y aprovecharíamos “un momento histórico especialmente relevante para el auge y desarrollo de la archivística y la documentación, ya que están profundamente influenciadas y determinadas por la revolución tecnológica de nuestros días” (Pérez Pérez, 2002).
2. La Documentación: ciencia integradora Desde 1900, año en el que se suprime la Escuela Superior de Diplomática que se creara en 1856 para la formación de archiveros, bibliotecarios y anticuarios, los especialistas titulados en estas materias fueron mujeres, a través de la Escuela Superior de Bibliotecarias de Cataluña. Las facultades de Filosofía y Letras, que contemplaban como asignaturas optativas la Biblioteconomía y la Archivística, se encargaron de formar a estos profesionales hasta la creación, por real decreto de 1 de diciembre de 1978, de las Escuelas Universitarias de Biblioteconomía y Documentación. La utilidad de esta titulación, si tomamos como indicador la demanda que tuvieron las primeras promociones de diplomados, y la Ley de Reforma Universitaria de 1983, que amparaba las carreras de sólo segundo ciclo, se materializaron en la creación de las facultades de Documentación destinadas a formar profesionales especializados en la clasificación, almacenamiento y recuperación de información a través de su adiestramiento en el uso y funcionamiento de las tecnologías para su tratamiento automático. Desde que Paul Otlet concibiera la Documentación como una metaciencia, o ciencia para la transmisión y difusión de la ciencia, hasta la creación de las facultades de Documentación ha pasado más de un siglo. En este período, que ha visto como la sociedad de la información desbancaba a la industrial y en el que las fronteras nacionalistas han caído ante la aldea global, el progreso de esta disciplina científica ha posibilitado la formación de técnicos de alta especialización que, pese a que las empresas públicas y privadas se benefician de su cualificación, aún no han obtenido un reconocimiento de su categoría profesional por parte de la sociedad. La generalización del uso de la informática en el tratamiento documental ha supuesto un retorno a la concepción otletiana de la Documentación, entendida como la ciencia del tratamiento científico de la información registrada en cualquier soporte que tiene por teleología su transmisión a través de documentos secundarios. La pluralización de la automatización de las bibliotecas y los archivos durante las décadas de los 80 y 90, respectivamente, implica el hermanamiento con las técnicas que en los 70 los centros documentales utilizaban en España. Unificado el modus operandi, y respetando la idiosincrasia de cada centro, las disciplinas para su gestión forman parte de la rama científica que les asigna la UNESCO y que la Universidad concretizó en la creación de una facultad para su estudio: la de Documentación. Dando por supuesto el respeto al origen de los documentos de archivo, una de las diferencias más manidas, la del carácter conservacionista de archiveros y bibliotecarios frente al difusor que se les asignaba a documentalistas, no es pertinente en la época actual. La multiplicidad de puntos de accesos para la recuperación de información, que permiten sus tecnologías, y la posibilidad de ofrecerla a millones de usuarios potenciales ratifican que sería un sinsentido almacenar documentación si no hay quien la consuma, convirtiendo la transmisión de información en la teleología de la Documentación. Esta finalidad, inculcada en el alumnado de las facultades de esta disciplina, hace que el usuario sea una parte activa dentro del sistema. Su opinión, sus necesidades y, sobre todo, su satisfacción, medida en términos de demandas satisfechas, condicionan la planificación y gestión de las unidades documentales. La democratización del saber, que conlleva el mayor nivel cultural de la población, la libertad política inaugurada en la historia más reciente durante el último cuarto del siglo XX, el derecho a la información amparado en la Constitución y los cambios producidos por las tecnologías de la comunicación hacen anacrónicas las separaciones gremiales. Más bien, es el momento de que los profesionales aúnen esfuerzos para que el colectivo para el que se desarrolla la cadena documental satisfaga sus necesidades informativas con el acceso eficaz, virtual o real, al conjunto de las fuentes documentales. Desde esta perspectiva, los usuarios se convierten en el centro del proceso y la diseminación de información en su razón de ser y en un elemento unificador entre los diferentes sistemas documentales.
3. Sistemas documentales y Teoría General de Sistemas La Teoría General de Sistemas, cosmología científica sustentada por las similitudes que se entablan en los distintos ámbitos de la realidad, justifica la colaboración científica para aprovechar y rentabilizar esfuerzos. La perspectiva sistémica aporta a la Documentación una visión de las unidades documentales basada en las relaciones que contraen los subsistemas que los conforman. A través de la analogía, se establecen correspondencias entre hechos para ampliar la teoría y la terminología de una ciencia que, al estar dando sus primeros pasos, necesita engrosar su corpus teórico. Desde esta perspectiva holística, destinada a la gestión de estos centros de información desde un punto de vista empresarial, se considera que es un error y uno de los grandes déficits de esta profesión la escasa relevancia que se le presta a la planificación y a la evaluación y se concibe un sistema documental en el que operan el subsistema de elementos, el técnico y el de individuos. Contemplar en el subsistema de individuos a los técnicos y a los usuarios; destinar las técnicas empresariales y las documentales para el subsistema técnico e incorporar los anteriores subsistemas a los centros, documentos y herramientas del subsistema de elementos evidencian la conectividad entre las partes del sistema, aportando una concepción que aboga por servicios de calidad, que se retroalimentan con técnicas de evaluación destinadas a eliminar sus puntos débiles y a fomentar los exitosos, de su recurso o producto, que no es otro que la información elaborada, para solventar las necesidades informativas de un sector de la población.
Las nuevas exigencias de nuestra sociedad y la adscripción de muchos de los centros de información a la Administración pública, a la que la Constitución presupone la eficacia en la gestión de los impuestos de los ciudadanos, convierten las técnicas de organización empresarial en ejercicios que pueden decidir la supervivencia del centro o justificar su crecimiento, si se valida su rentabilidad dentro de la política cultural vigente. Al hilo de los anteriores planteamientos, que contemplan la necesidad de la evaluación para la valoración objetiva de unos servicios que deben aspirar a la calidad total y la difusión de información como la finalidad de un sistema documental, los estudios de usuarios se convierten en una poderosa herramienta de medición que necesitan ampararse en generalizaciones sobre las formas en las que la población usuaria de información puede abordarse. De esta forma, confeccionar un modelo, que refleje las distintas metodologías y la adecuación a los resultados que se pretenden conseguir, es una condición ineludible para fomentar el desarrollo de investigaciones, desde la libertad que siempre aporta el conocimiento de las opciones posibles para una actuación, que permitan elaborar informes cuantitativos y cualitativos sobre los sistemas de información.
4. Políticas de información: beneficios a corto, medio y largo plazo Huelga decir que el archivo de una empresa es su memoria. Funcionando de forma parecida a la humana, almacena aquello que en algún momento puede serle útil para desempeñar su labor. En la época actual, la ingente masa documental, en gran parte motivada por la facilidad de las técnicas para la reproducción de documentos, hace que la gestión de información sea necesaria desde el momento que nace en las oficinas productoras. Las bases de datos permiten clasificar un fondo documental; su producto es un inventario automatizado de un fondo para ahorrar tiempo y esfuerzo en la recuperación documental. Si bien es cierto que el único requisito que existe para introducir datos es conocer el programa, el diseño de su estructura y la normalización terminológica son la base del éxito de estas colecciones de datos. Implantar esta forma de trabajo en empresas de gran tamaño, facilita la localización de información a corto y medio plazo; pero además, el almacenamiento automático agiliza la selección de la documentación histórica, al permitir expurgar con la seguridad de que se destruirá aquello que ya poseemos. A partir de 1995, fecha en la que el archivo de Diputación inicia la reconversión automática y retrospectiva del inventario de su fondo, esta filosofía se ha auspiciado desde este centro, mejorando la recuperación de información en las oficinas y facilitándoles el trasvase al archivo intermedio provincial. La inmensa labor de confeccionar un inventario exhaustivo del cuantioso fondo documental de Diputación, fruto de más de una década de un loable trabajo de la doctora Adelaida García Sánchez, directora del archivo provincial; su automatización contemplada en la política cultural del ente provincial, y la puesta en marcha de los archivos de oficina han sido aciertos avalados por el incremento del 61% de consultas a lo largo de doce años. Garantizada la función primaria de un archivo, servir a la empresa en la que se origina la documentación, que efectúa el 88% de las peticiones que este centro recibe, el mismo sistema de recuperación de información sirve para cumplir su función derivada [4] : la conservación y difusión de una parte del patrimonio histórico andaluz. Si recordamos que el siglo XIX vio nacer la actual división territorial, si pensamos que la provincia de Jaén tuvo un peso destacado en la economía y en la política de la Andalucía decimonónica y que el siglo XX ya es historia. Si contamos con un sistema de información cuya automatización asegura la rapidez de los servicios, hemos de convenir en que existe un instrumento de primera magnitud para el fomento de la investigación y la divulgación de la cultura. Si a los anteriores hechos unimos que existe la voluntad de ratificar la política cultural del ente provincial con la digitalización de su fondo y su implementación en Internet, es fácil aventurar que el flujo de información de Diputación provincial se incrementará dentro y fuera de la institución. De esta forma, la gestión documental posibilita rentabilizar el mismo producto para usuarios con necesidades diferentes: gestión e investigación, convirtiéndose en un sólido argumento que vindique que este archivo es fuente de información de la empresa, que es su principal usuario, y que sólo bastaría dar a conocer su fondo, de gran valor cultural y fácil accesibilidad, para que se convirtiera en lugar de destino de investigadores sobre la provincia de Jaén, de la historia de Andalucía o de España, que es Europa.
5. Tres archivos para la investigación jiennense El progreso de la cultura y el fomento de la investigación son acciones que la Constitución adjudica a los poderes públicos y la documentación generada por la Administración pública, además de ser probatoria, conforma una parte del patrimonio bibliográfico, que es un segmento del acervo cultural de España. Desde esta perspectiva, la ordenación, clasificación, almacenamiento y difusión del fondo documental generado por los entes públicos es uno de los instrumentos que permiten la promoción cultural e investigadora, amparada por nuestra ley fundamental. Los Concejos medievales o los actuales Ayuntamientos han regulado la convivencia ciudadana en los municipios durante siglos. La pervivencia de muchas de sus funciones a lo largo del tiempo hace que existan series de largo recorrido que permiten conocer cómo se desarrollaba la vida desde épocas lejanas, marcadas por el obscurantismo o por un excepcional esplendor cultural, hasta las más recientes en las que existen hitos políticos que han producido un cambio excepcional en la sociedad española. Desde el siglo XIX, la creación y supervivencia de una institución encargada del gobierno de la provincia hacen necesaria la consulta de su fondo documental para conocer la historia individual y conjunta de sus municipios. De esta forma, los archivos de las Diputaciones se convierten en fuentes de información imprescindible para elaborar la historia provincial y en documentación complementaria para la confección de investigaciones locales. Ya en el siglo XX, la creación de los Archivos Históricos Provinciales, entidades que surgen para recopilar la documentación notarial, y la nueva configuración administrativa, a través de la creación de las comunidades autónomas, suponen el establecimiento de centros en los que coexisten documentos de fe pública del siglo XV con aquéllos generados por la Administración delegada. Municipios, provincias y las comunidades autónomas de una nación han sido las divisiones administrativas que han marcado la convivencia en la sociedad desde la Edad Media hasta la actualidad, convirtiendo los archivos de sus órganos de gobierno en fuente de información obligada para elaborar o conocer su historia oficial. El Archivo del Ayuntamiento de Jaén, cuyo fondo arranca en el siglo XIV, es una fuente de información básica para conocer la historia de una ciudad que, al margen de sus condicionantes económicos y culturales, refleja la vida de una sociedad desde hace setecientos años. El interés de su fondo se valida en poseer el 57% de investigadores en la ciudad de Jaén, porcentaje que lo sitúa en el de mayor asistencia de esta categoría de usuarios y que se ratifica en que, en 1996, creció un 859% con respecto a 1986. El Archivo Histórico Provincial, en el que el 99% de usuarios son investigadores y cuya documentación arranca en el siglo XV, se convierte en el segundo más frecuentado con el 34% de este colectivo. Asimismo, el aumento de un 184% lo coloca en el segundo de mayor incremento. El Archivo de Diputación Provincial, cuya documentación se origina en el siglo XIX, aunque atesora la sección de Beneficencia y Obras Pías que se remonta al siglo XV, es por la contemporaneidad de su documentación el que tiene como perfil de usuarios la Administración, 88%, y el que menos investigadores recibe que se traduce en el 9% del total de esta categoría de usuarios en la ciudad de Jaén, experimentado un descenso del 11%. El incremento del 441% de investigadores desde 1986 hasta 1996 en la ciudad de Jaén es una realidad que permite interpretar que los archivos están dejando de ser el laboratorio de unos pocos y versados eruditos. Conocer quiénes son sus clientes permitirá su mayor crecimiento, al adaptar sus servicios en función de sus necesidades, horarias o informativas, o al indicar hacia qué sector hay que dirigir la promoción y divulgación de sus fondos. Tendencia alcista de la investigación, tres fondos de indudable valor para el conocimiento de la cultura de Occidente, tomando por referente a uno de sus pueblos más antiguos, y la posibilidad que brinda Internet de tener por usuario potencial la población mundial, son ingredientes de excelente calidad para cristalizar en políticas culturales destinadas al fomento de la cultura y de la investigación a través de una parte del acervo cultural que, en muchos casos, se conserva en edificios que son joyas arquitectónicas.
6. Políticas y culturales y archivos A juzgar por las campañas electorales que se articulan en torno a aquello no cumplido y reflejado en los programas de los partidos políticos, los archivos serán objeto de pocas controversias. Revisados los programas electorales de los dos partidos políticos con más representación parlamentaria, comprobamos que hasta 1989 el Partido Socialista Obrero Español no contempla los archivos en sus políticas culturales; para el Partido Popular, este año se traslada a 1993. Esta desidia se refleja en una falta de inversión en los archivos por parte de la Administración, cuyo ejemplo más significativo es el retraso en la automatización de estos centros, que empieza a generalizarse a mediados de los noventa del siglo XX (más de una década después de sistematizarse en las bibliotecas). La falta de apoyo en dotación de recursos, humanos y tecnológicos, se traduce en Andalucía en que sólo Sevilla es la provincia andaluza en la que existen muchos más archivos que depósitos documentales (66%); cifra que en gran parte es debida a la intervención de su Diputación provincial en la gestión documental de los archivos de los municipios sevillanos. Jaén, cuarta provincia que posee menos archivos en Andalucía, ocupa una situación intermedia con el 10% de centros que alojan documentación administrativa que se consideran archivos. Entre las once instituciones que la Consejería de Cultura considera que poseen un fondo documental organizado en la provincia de Jaén, frente a los 101 denominados depósitos, se encuentran el Archivo Histórico Provincial, el Archivo de Diputación de Jaén y el Archivo del Ayuntamiento de la ciudad, que es uno de los siete archivos municipales de la provincia. El espacio que posee el edificio del Archivo de Histórico Provincial, un equipo técnico formado por cuatro facultativos, la informatización de su fondo iniciada en 1995 y una página en Internet desde 2001 hacen que este archivo, de carácter estatal con administración delegada a la Junta de Andalucía, sea el que está dotado de una infraestructura adecuada y acorde a los tiempos de la sociedad de la información. El Archivo de Diputación Provincial tiene un equipo técnico formado por un facultativo y un técnico de grado medio. La reconversión automatizada y retrospectiva de la totalidad de su fondo son el resultado de poseer inventariada toda la documentación generada por la institución y de una apuesta política que se inició en 1995 y que en una segunda fase prevé la digitalización del fondo y su implementación en Internet. La automatización de los instrumentos de recuperación archivística y el valor de su fondo para la investigación se convierten en los puntos fuertes de este centro. La falta de espacio [5] y la escasez de personal, teniendo en cuenta que es archivo de empresa e histórico, son sus rémoras. A los anteriores déficits, dispersión del fondo y escasez de personal, al formar la plantilla técnica un facultativo y un ayudante de archivos, el Archivo del Ayuntamiento de Jaén añade la falta de recursos tecnológicos. De esta forma, el sistema de información del archivo que más investigadores recibe cada año, aval de la riqueza histórica de su fondo, no se beneficia de las grandes ventajas posibilitadas por la automatización de la gestión documental. A la luz de los anteriores datos, la informatización ha sido la concreción de una política cultural imprescindible para que los archivos, además de cumplir su función primaria, se conviertan en centros de investigación del siglo XXI. Este logro, que ha supuesto que el Archivo Histórico Provincial y el Archivo de Diputación se hayan incorporado a las tecnologías de la información en el primer estadio de la generalización de la informatización archivística, y las leyes que los amparan convierten estos centros en candidatos perfectos para erigirse en cabecera del sistema de archivos de la provincia de Jaén, que es parte del Sistema Andaluz de Archivos, para que el 100% de los centros que alojan documentación municipal adquieran el rango de archivos.
7. Turismo cultural en el siglo XXI y archivos
El archivo, centro que recoge la información que genera una institución en el desempeño de su labor, es la memoria de un organismo en su función primaria; con el devenir de los años, es el testigo de la vida de una sociedad. Las tablas de barro, soportes de la escritura utilizados hace más de 7.000 años, han sido casi suplantadas por discos magnéticos en el siglo XXI. Mas el cambio de canal de comunicación no ha modificado el carácter probatorio de la documentación administrativa ni el valor histórico por el que se suplanta cuando ha perdido su vigencia. Que la gestión documental en la Administración pública reporta beneficios inmediatos que, a medio y largo plazo, revierten en la sociedad al permitir investigar una época de la humanidad, es una realidad que ya legislaron estadistas como Alfonso X o los Reyes Católicos. Plasmar las actividades coetáneas en soportes, fruto del esmero de escribanos y amanuenses, sirvió para defender privilegios, compras o ventas y sirve para investigar sobre una época de la historia e incrementar el acervo cultural de un pueblo. Que la información en el medioevo viajaba al ritmo de sus ferias comerciales y hoy traspasa fronteras con la inmediatez que le permiten sus autopistas es un hecho ubicuo, característica que hace que el activo de nuestra sociedad adquiera la omnipresencia sólo atribuida a la divinidad. Que, pese al peso de las anteriores razones, sólo el 19% de las instituciones que albergan documentación administrativa andaluza merezcan denominarse archivos es una incongruencia que manifiesta la falta de apoyo institucional para esta parte de la cultura de los pueblos. La necesidad de la salvaguarda de las actuaciones de la Administración pública, las facilidades para la recuperación y difusión de información que brindan sus tecnologías y la posibilidad de tener el mundo como cliente potencial, incluyendo aquellos pueblos que no gozan de la historia que posee uno de los primeros continentes poblados y civilizados de nuestro mundo, son argumentos sólidos para que los archivos se contemplen en las políticas culturales. En Jaén, tres archivos de su capital, que suponen el 33% de archivos de la provincia, demuestran que, pese al mayor o menor apoyo de su institución, han ido ganando usuarios a lo largo de los años, confirmando su rentabilidad para la empresa y para la sociedad. Tres edificios, de gran valor artístico y belleza, que podrían erigirse en centros dinamizadores de la investigación y demostrar que la sociedad del bienestar y la rapidez de las comunicaciones, virtuales y reales, son razones para activar la economía actual a través de un turismo cultural que cada vez cuenta con más adeptos. No en vano, la serie de novelas que conforman Los hijos de la Tierra, El médico, El último judío o Los pilares de la tierra son una pequeña muestra de obras contemporáneas que transitan por la historia de la civilización y que han cautivado a millones de personas de todos los rincones del mundo. Obras que se nutrieron de horas, en espacios que atesoran testigos de la historia de la Tierra, y que muestran paisajes de parte del patrimonio de la humanidad con rutas europeas que discurren por la cultura milenaria de este continente.
Bibliografía ALTUNA ESTEIBAR, B., 1992, “El valor de la información desde la perspectiva del usuario y el papel de las bibliotecas y unidades de información en la empresa”, en Revista Española de Documentación Científica, nº 15(3), p.p.243-255. BERTALANFFY, L., 1986, Perspectivas en la Teoría General de Sistemas, . Madrid: Alianza, 1986. CONSEJERÍA DE CULTURA, Censo del Sistema Andaluz de Archivos, Sevilla: Consejería de Cultura , 1997. MIRALLES LÓPEZ, Ramón, “Administración abierta de Catalunya”, 2002, en Proyecto de base para la creación de un marco de relaciones electrónicas en la administración”, en Tecnimap [http://w.w.w.map.es/csi/tecnimap2000/] PAGÉS LLEDÓ, Fernando, 2002, “El impacto del ciberespacio sobre los sistemas de información en general y sobre los sistemas de gestión de archivos en particular” en Actas de las V Jornadas de Archivos Electrónicos, Priego de Córdoba: Ayuntamiento, p.p. 67-70. PÉREZ PÉREZ, María Luisa. 2002, “Políticas culturales y de información. La intervención pública en los archivos de Jaén” en Actas de las V Jornadas de Archivos Electrónicos, Priego de Córdoba: Ayuntamiento, p.p. 92-96. SANTAELLA RUIZ, Rita Dolores, 2001, Análisis de usuarios de archivos de la ciudad de Jaén, Granada : Departamento de Biblioteconomía y Documentación. SANTAELLA RUIZ, Rita Dolores, 2002, “La Administración digital. Nuevos retos profesionales en la sociedad cableada”, en Actas de las V Jornadas de Archivos Electrónicos, Priego de Córdoba: Ayuntamiento, p.p. 97-99. SEVILLA BENKO, Gladis, BUENAVENTURA CANINO, Rodrigo, 2002, “El sector público en Internet, Internet en el sector público”, en Tecnimap, [http://www.map.es/csi/tecnimap2000/].
NOTAS [1] Rita Dolores Santaella Ruiz, diplomada y licenciada en Filosofía y Letras (Filología); diplomada, licenciada y doctora en Documentación (todas las titulaciones se obtuvieron en la Universidad de Granada). Tras obtener diversas becas en las que desarrollo trabajos técnicos que me permiten conocer todos los sistemas documentales de diferentes ámbitos de la Administración pública, desde 1997 soy documentalista del Patronato de Promoción Provincial y Turismo de Diputación de Jaén, realizando la agenda cultural y turística de la provincia de Jaén y desarrollando el sistema de información de dicha institución. [2] Prueba de ello es la reciente convocatoria
de la Consejería de Administraciones Públicas de la Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha de un concurso de méritos para la adjudicación
de [3] SANTAELLA RUIZ, Rita Dolores. Análisis de usuarios de archivos de la ciudad de Jaén. Granada : Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada, 2001 (Tesis doctoral). [4] Esta realidad la ratifica el Archivo del Ayuntamiento de Jaén que posee el 57% de público investigador y el 43% de usuarios administrativos. [5] En 2001, el Archivo presentó el último informe para solicitar otra sala para depósito del fondo documental.
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