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Religiosidad on-line: Nuevo horizonte para el creyente Luis Ignacio Sierra G. Pontificia Universidad
Javeriana, Bogotá, Colombia. ResumenEste texto intenta
mostrar cómo el nuevo milenio se presenta con perspectivas claras de pluralismo
religioso multimedial. Nuevos modos de ver, sentir, participar, percibir y
visibilizar lo religioso a través de la red mundial de Internet, con un sinnúmero
de posibilidades pero, igualmente con no pocas limitaciones y cuestionamientos
para el creyente. Palabras clave:
Religiosidad on-line – Comunicación – Postmodernidad – Comunidad – Nuevas
tecnologías. Abstract This text tries to show how the new millenium brings new and clear perspectives of
religious pluralism through the
multimedia. New modes to understand, to feel, to participate, to perceive and
to visualize religious issues communicatively through the worldwide web. The
Internet offers uncountables possibilities, but at the same time, not a few
limitations and questionnings for the religious person. Key words: Religioussness on-line – Communication –
Postmodernism – Community – New technologies. “Hoje, nâo basta mais manipular,
transportar e refinar a crenca.
É preciso analizar-lhe a
composicâo,
pois há a pretensâo de fabricá-la
artificialmente”.
Michel de Certeau: 1994
Presentación El nuevo milenio nos abre
progresivamente a una etapa inédita de la historia humana. Innumerables indicios
revelan que asistimos a transformaciones sustanciales en nuestros modos de
vivir, de ver, de informarnos, de mirar y representar la realidad. Todo convoca
a pensar y actuar tanto global como localmente. Vivimos y actuamos por encima y
más allá de nuestras fronteras. Esta sociedad dispone de medios sofisticados de
comunicación, particularmente audiovisuales y electrónicos, que permiten un
contacto activo, simultáneo y recíproco entre actores individuales, traspasando
cualquier frontera de país, religión y continente. La relación interpersonal,
más emotiva, directa y cara a cara, comienza a ser mediada con inusitada
intensidad por la frivolidad de pantallas de toda índole. Pertenecemos a una
sociedad desterritorializada, que se dice no exclusiva, sino abierta e
inclusiva, pero llena paradójicamente de profundos y agudos contrastes, de
nuevas brechas y desigualdades sociales. La
religiosidad, al igual que muchos otros fenómenos de la actividad humana, se ha
venido transfor- mando también al ritmo de los acelerados avances tecnológicos.
La pantalla, particularmente la del computador, es, en este caso, el nuevo
templo que congrega, convoca a multitudes para practicar y compartir un solo
credo: la globalización del mensaje religioso, en simultaneidad con los distintos
acontecimientos. Se ha convertido en ‘púlpito virtual’ desde donde emanan toda
clase de discursos, que van desde la más pura ortodoxia hasta los más refinados
esoterismos. Muchos
autores constatan que en el terreno religioso presenciamos una aguda paradoja:
de una parte, amplios grupos sociales viven con una visión secularizada del
mundo – un mundo ‘sin Dios’, donde las preguntas por el Ser Supremo han quedado
relegadas -, y, de otra, se da a la vez una explosión de nuevas formas de
búsqueda de lo trascendente[1].
Para otros especialistas, estamos lejos de asistir al retorno de las religiones
institucionales. Al contrario, por un lado, asistimos al fenómeno de la
fragmentación de la experiencia religiosa en el seno de las grandes religiones,
por otro lado, estamos frente a la emergencia de una experiencia religiosa
difusa y ecléctica, que subvierte los conceptos tradicionales de religión, dado
que no pretende constituirse en una religión, sino en ser una contraposición a
ellas. Por ese y muchos otros factores, el fenómeno de la experiencia religiosa
en la actualidad es complejo de abordar[2].
Con
la llegada de la ‘nueva cultura’ creada por la comunicación moderna,
especialmente las inmensas potencialidades que brinda la red de Internet, el
fenómeno religioso adquiere las pro- porciones de un nuevo horizonte por
descubrir y trabajar por parte del creyente. Al ampliarse y visibilizarse mejor
el panorama religioso a través de la red mundial, el horizonte para el creyente
se ha reconfigurado con nuevas ofertas y posibilidades. La producción e
intercambio de información y contenido simbólico referido a lo
religioso-espiritual se encuentra ya disponible en abundancia y amplia variedad
en la Red. Desde esas nuevas experiencias del fenómeno religioso surgen varios
interrogantes que dan motivos para pensar: ¿de qué tipo de religiosidad se
trata en la Red?, ¿qué busca la gente al acercarse a sitios web de religiosidad
o de experiencias espirituales virtuales?, ¿qué impacto tienen esas prácticas
para la vivencia real religiosa de la gente?, ¿cómo se configura lo simbólico
religioso en la Red?, ¿cómo visibilizar auténticamente a Dios, la religiosidad,
la espiritualidad en el marco de las nuevas tecnologías globalizadoras?, ¿qué
implicaciones comunicativas tiene esta nueva práctica cultural? o, el
interrogante clave planteado por Michel de Certeau: ¿qué papel juegan en los
procesos de elaboración de las creencias colectivas las nuevas tecnologías
culturales? Se trata de resolver el enigma de ¿cómo se construye la creencia en
nuestras sociedades, sobre qué bases se producen sistemas de credibilidad entre
los grupos sociales?[3].
Interrogantes estos que desbordan aquí nuestras posibilidades y darían lugar
para una o varias investigaciones. Con
el ánimo sólo de esbozar algunas pistas de reflexión este texto intenta mostrar
cómo el nuevo milenio se presenta con perspectivas claras de pluralismo
religioso multimedial. Nuevos modos de ver, sentir, participar, percibir y
visibilizar lo religioso a través de la red mundial de Internet, con un
sinnúmero de posibilidades pero, a la vez con no pocas limitaciones y
cuestionamientos para el cre- yente. Inicialmente, veremos cómo ha incidido el
fenómeno de la posmodernidad en la religiosidad en la era telemática.
Describiremos luego rasgos característicos de la llamada ‘religiosidad on-line’, particularmente en lo referente a la
religiosidad católica y, finalmente, plantearemos algunos cues- tionamientos y
desafíos que surgen a partir del auge de este fenómeno contemporáneo. 1. Posmodernidad
y religiosidad en la era virtual El
consenso es unánime en torno a la comprensión de la posmodernidad como época
del desencanto, como época de las diferentes crisis por las que ha pasado una
sociedad que le ha apostado a la razón como explicación suprema de la realidad
y de la existencia humana. Según Max Weber, la idea de la modernidad en
Occidente se erige sobre un proceso de desencantamiento del mundo, proceso que
se caracteriza por la pérdida de un sentido que unifique las distintas esferas
de la vida social. En
la perspectiva planteada por Michel
Maffesoli[4]
se puede comprender la mitología de pasaje de la modernidad a la posmodernidad
del nuevo milenio, como la configuración de una época de cambio sustancial de
los valores modernos, es decir, los valores que constituyen a los individuos y
la sociedad en su conjunto, valores, según Michel Foucault, que constituyen la
episteme, es decir, la representación y las organizaciones de una época dada.
En ese sentido, sostiene Maffesoli, la episteme de la modernidad podría
resumirse en tres aspectos: primero, la idea de unidad, de reducción a lo Uno.
Los grandes relatos de referencia (metarelatos en términos de Lyotard),
especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, realizaron la ‘homogenización
de la repre- sentación’. El ocaso de los grandes relatos, se expresa tal vez,
en los nuevos regímenes discursivos de los medios. Segundo, en los siglos
XVIII, XIX se asiste a la invención del individuo, como entidad homogénea
basado en una lógica de identidad, generando posteriormente una teorización del
individuo y el individualismo. Finalmente, está la hegemonía de la razón como
factor clave en la constitución del individuo y la sociedad. De
la emancipación del individuo y de la razón, llevada a cabo por el humanismo,
por el renacimiento y por la revolución científica, en algunos de sus teóricos,
se llegó a la erradicación de la religión y de la idea de Dios como condición
para la autoafirmación del hombre. De la primera ilustración (razón subjetiva)
y la segunda ilustración (razón práctica), se ha venido gestando la tercera
ilustración (razón comunicacional)[5]. Así,
de la exasperación y ‘saturación’ de ciertos valores modernos está emergiendo
una nueva mane- ra de ‘estar juntos’. Los acentos se desplazan hacia la
expansión de nuevos ejes: lo local, el localismo, las afirmaciones localistas,
maneras de vestir, hablar, hacer, comportarse, en un ‘brico- lage ideológico’,
"una especie de babelización del mundo". Maffesoli propone la
metáfora del ‘tribalismo’, como extraña
pulsión que lleva al individuo a hacer
como el otro, a existir formal- mente gracias
a la mirada del otro. "En ese tribalismo, en ese ‘estar de moda’, en
esa imitación, la verdadera importancia está en la imagen, en el imaginario, en
la imaginación, justamente porque no hay más prevalencia de la razón, que dejó
de ser elemento de hegemonía. Si creásemos un neologismo, diría que
experimentamos la emergencia de un mundo imaginal. Lo imaginal estaría
sucediendo al mundo en el cual prevalecía la razón"[6]. Está
pues en juego un estilo y un modo de vida que compromete casi todas las esferas
de la intimidad y de la esfera pública. Dice Mabel Paccini, que lo que está en
juego, son las formas de construcción de las creencias y, no menos importante,
la reinvención de los lazos sociales. Nos
sentimos inmersos entonces en una era cultural de lo icónico y audiovisual, de
lo digital y lo telemático, que nos seduce a cada instante. Como dice A.
Renaud, asistimos al surgimiento del
nuevo régimen de lo visible y con ello a un nuevo régimen de discursividad, de tratamiento del saber. La imagen
contiene y despliega plenamente una cuota de saber, de igual forma que la
visibilidad, asumida por la imagen, incorpora y materializa iconológicamente el
concepto, aportándole una dimensión estética, sensible. Baudrillard lo resume
admirablemente: "En el corazón de esta videocultura siempre hay una
pantalla, pero no hay forzosamente una mirada"[7].
Porque
si la experiencia icónica y audiovisual replantea desde su misma raíz los modos
de relación con la realidad, es decir, desde las transformaciones de nuestras
percepciones de espacio y tiempo, paradójicamente nos coloca frente a una
proliferación de imágenes que provocan igualmente un vacío de significación de
muchas de ellas al ser sometidas a la ‘lógica de la mercancía’. Como lo
sostiene J. Martín Barbero, "vivimos bajo la hegemonía audiovisual que
descubre, pone al descu- bierto, las contradicciones de una modernidad otra, esa a la que acceden y
de la que se apropian las mayorías sin dejar su cultura oral, mestizándola con
las imaginerías de la visualidad electrónica (…), si ya no se escribe ni se lee
como antes es porque tampoco se puede ver ni expresar como antes"[8].
El
consenso entre muchos especialistas es que los nuevos medios surgidos gracias a
los avances de la tecnología, nos acercan al mundo, rompen las barreras del
espacio y del tiempo y pueden potenciar la comunicación humana, pero también
pueden generar una actitud de pasividad, de uni- direccionalidad y nos pueden
imponer un pensamiento rápido, único e inmediato, en el que no hay tiempo para
la reflexión y el análisis. Nos
encontramos en plena situación de <<cambio de paradigma>>, en los
inicios de una nueva forma social de estar en el mundo. Evidentemente, Internet
es una expresión y a la vez un instrumento importante de ello: es una
herramienta comunicacional completamente novedosa, que se añade a otros mass
media multiplicando las fuentes de mensajes. (...). En Internet <<cabe de
todo>>: la sabiduría y la ordinariez; la paz y la guerra, la ciencia y el
oscurantismo, lo sagrado y lo esotérico en un caleidoscopio sin brújula"[9].
Para
J. F. Lyotard, uno de los primeros teóricos de este cambio, la crisis de los
metarelatos se constituye en clave explicativa de los cambios sustanciales
entre modernidad y postmodernidad. Esa crisis no ha dejado por fuera la esfera
de lo religioso. Todo lo contrario, tanto la crisis como el resurgimiento de lo
religioso se han constituído en uno de los mayores indicadores de este nuevo período
en nuestra historia. Sin embargo, la irrupción de lo religioso no es
necesariamente el retorno de lo sagrado y parecen más formas de neopaganismo.
Un nuevo discurso religioso que, para muchos teólogos, nos adentra en una época
ecuménica.. En el ámbito religioso ha sido decisivo el impacto de la
secularización y el pluralismo de valores. A ello han contribuido, sin duda, no
sólo innumerables factores políticos, culturales, sociales, tecnológicos,
económicos vividos a escala mundial, sino también factores claves a escala
local, las conquistas sociales, la visibilización de la pluralidad cultural. Lo
que Peter Berger llama secularización de
la conciencia ha llevado a que los fieles, particu- larmente católicos,
hagan una resignificación de la doctrina que aprendieron de la Iglesia. Un
replanteamiento que ha llevado a muchos a darle otro significado a los
principios y dogmas religiosos aprendidos, a su idea de la Iglesia y a la misma
representación de Dios. Lo que otros denominan una flexibilidad dogmática. "En un sentido amplio, la secularización de la conciencia
implica la posibilidad que tienen los laicos para comunicarse directamente con
Dios, ser escuchados y obtener su respuesta [...] Es decir, los laicos también
pueden dar lo sagrado a los demás,
con lo cual prescinden de la jerarquía eclesiástica"[10].
El individuo ha adaptado la religión a su sociedad y su cultura y recurre a la
búsqueda de nuevas directrices con las que habrá de organizar su entorno y
darle sentido a su existencia. De
un discurso religioso eminentemente teocéntrico, totalizante, hegemónico,
vigente a lo largo de sucesivos siglos, se ha dado en los últimos años un
viraje radical hacia un discurso religioso plural, fragmentado, policéntrico,
politeista, antropomorfo, naturista y esotérico. Las condiciones contem-
poráneas de la fe y de su transmisión han variado sustancialmente. Lo
religioso se presenta con unas características muy propias en el nuevo
horizonte de la postmo- dernidad. Para muchos se trata de un bricolaje
tendenciosamente sincretista, de des-tradicio- nalización y des-doctrinación.
La ideología postmoderna, como ideología pura, niega a Dios y la posibilidad de
relacionarse con El. Sin embargo, inserta otros aspectos culturales e
históricos, ofrece perspectivas nuevas para relacionarse con Dios. En opinión
de J. Habermas, esta "nueva intrans- parencia" está marcada por una
‘crisis religiosa’. No
obstante, pese a los pronósticos de Feuerbach, Marx y Nietzche, la esperada muerte de la religión no se ha
producido. Se observa, por el contrario, un "resurgir religioso".
El resurgimiento, más que la vuelta de lo religioso, de lo sagrado, la sed por
el misterio, por la trascendencia, por la mística en distintas formas, aparece
después de la exclusión de lo sagrado por la secularización. Sin embargo, “el
<<regreso>> o el <<despertar>> de lo religioso en
Occidente exige sin duda un discernimiento exigente. Si bien se trata, en la
mayor parte, más de un regreso del sentimiento religioso que de una adhesión personal
a Dios en comunión de fe con la Iglesia, no se puede negar por otra parte que
muchas personas en número creciente, vuelven a estar atentos a una dimensión de
la existencia humana que caracterizan, según los casos, como espiritual,
religiosa o sagrada”[11].
Hoy
son muchas las religiones históricas o del libro que han ido dando pasos
definitivos para estar presentes en Internet y ofrecer así información y
presencia religiosa a los navegantes sedientos de trascendencia. Según la
teóloga brasileña María Clara Bingemer, hay un aparente resurgir de valores
como la gratuidad, el deseo, el sentimiento, y el redescubrimiento, en una
dimensión, de la naturaleza y la relación del hombre con el planeta. En
esa misma línea, el teólogo jesuita Alberto Parra, percibe que "asistimos
hoy a una explosión del entusiasmo
religioso. Si bien es cierto que ha muerto el dios de la metafísica, el
dios de las gramáticas deístas, es incuestionable la constatación de un
resurgir religioso que debe explicarse también por el hastío general de la
sociedad capitalista, consumista, hedonista, materialista que intuye la
supervivencia de lo mejor de lo humano (...). Las religiones vuelven a
insinuarse para la conciencia general como la gran reserva de humanidad de este
planeta y sus juegos de lenguaje se tornan arrolladoramente significativos. El
fenómeno religioso en la alborada de la postmodernidad se hace incontenible:
grupos y movimientos, carismatismos y pentecostalismos, neognosticismos y
satanismos, nuevoerismo y milenarismo, reencarnacionismo y esoterismo,
naturismo y multipli- cación de iglesias libres, junto con la pesadez y el
cansancio de las iglesias históricas encalladas en el dogma, en las teologías
filosóficas, en los preciosismos gramaticales y en la férrea y desconcertante
disciplina (...) "[12].
Según
observadores expertos, asistimos a una presencialización de lo sagrado en el
ámbito secular. Una sensibilidad mística, difusa y ecléctica, basada en
elementos de la tradición cristiana, junto con referencias orientales,
cósmicas, herméticas, psicológicas y humanistas, componen el nuevo culto de
contornos difusos y afiliación fluida y cambiante que está en el trasfondo de
muchos de los nuevos movimientos religiosos y de la reconfiguración espiritual
de la época. Se advierte igualmente un reencantamiento de la vida cotidiana
mediante la referencia a lo oscuro del destino, la suerte, lo sorprendente, lo
inexplicable, la luz interior. Una religiosidad magnificada y de tono menor,
que se mueve desde el horóscopo hasta el maravillosismo milagrero de las apariciones
o de las sorpren- dentes propiedades de los cristales de cuarzo. La
recomposición religiosa contemporánea se caracteriza por los retos más
evidentes de la nueva sensibilidad religiosa al cristianismo, marcados por
rasgos tan característicos como: la fragmentación de las religiones
institucionales, el eclecticismo doctrinal; el énfasis en el individuo y un
concepto de salvación para él en solitario; el experimento emocional; el
pragmatismo en la consideración y vivencia de la religión, y el esnobismo
esotérico. No
obstante todo ello, las dimensiones religioso-simbólicas se muestran
fundamentales y relevantes para el análisis socio-cultural y para el sondeo de
la conciencia humana. La religión es una construcción humana donde se reflejan,
en grados y modos diversos, las búsquedas y crisis de la situación histórica,
de las cristalizaciones institucionales y de las prácticas sociales dominantes.
La religión y la religiosidad no se pueden entender al margen de estas
vicisitudes. Religión y sociedad se implican mutuamente y revelan de alguna
manera el devenir histórico de la humanidad. La
religiosidad es la esencia del hombre que se manifiesta en vivir, actuar y
existir como hombre precisamente a través de su relación con lo último,
absoluto y eterno. El hombre está constituído de tal manera que se realiza
autotrascendiéndose. El impulso inminente de la autotrascendencia es el
dinamismo de la vida que se llama amor. El hombre postmoderno, al negar a Dios,
ha perdido este fin último del amor humano, su esencia espiritual. Al negar su
dimensión religiosa ha perdido el núcleo y clave de la integración total de su
persona. Se contenta con una religiosidad ‘light’, blanda, caracterizada por
una creencia genérica, difusa en Dios, extremadamente cómoda y coexistente, una
moral de conveniencia y una práctica acomodaticia a las circunstancias y
necesidades personales. Si
bien la postmodernidad como tal rechaza a Dios, la fe y la Iglesia, ofrece no
obstante criterios válidos para actualizar las relaciones con Dios en la nueva
etapa histórica. Las distintas prácticas religiosas posibilitan un espacio
valioso para su análisis y consideración desde diferentes perspectivas,
principalmente la comunicativa. El creyente que hace hoy un sincretismo
religioso postmoderno, desea mantener unas relaciones creíbles con Dios, unas
relaciones muy libres, personales o subjetivas, estéticas y radicalizadas. En
concreto, se trata de propiciar en el creyente que vive la postmodernidad unas
relaciones creíbles con Dios, con una imagen de Dios que simpatice con la
sensibilidad actual y con los criterios sobre la dignidad de la persona adulta.
Es básica la inculturación adecuada del Dios-Misterio. Prefiriendo que no sea
la razón quien imponga esa relación sino la experiencia personal y la libre
elección. La misma credibilidad de las relaciones lo lleva al pluralismo: cada
persona puede relacionarse válidamente con Dios, desde su religión, ambiente
cultural o simplemente desde sus ideas personales. Está descartado el
fanatismo, los fundamentalismos, de quien cree estar, o trata de imponer, ‘la religión única y verdadera’ para
salvarse. El creyente postmoderno, por el contrario, está abierto al
ecumenismo, al diálogo respetuoso con todos los credos, sin dogmatismos exclu-
yentes, a las exigencias novedosas de lo sagrado. En
tal sentido, el creyente postmoderno anhela una libertad sin ataduras, y eso
con mayor razón en la esfera religiosa. Dios es un "Tú" con quien
relacionarse con tal que se salve la autonomía humana. Los hombres deben gozar
de una libertad para construir la imagen de Dios, con plena autonomía y pleno
ejercicio de la libertad interior. Por ello ese mismo sujeto ya no responde a
principios absolutos y universales, exalta la dignidad individual, elige unas
opciones subjetivas, muy personales, que revaloricen la interioridad y la buena
intención. Las relaciones con Dios están configuradas por la subjetividad, por
la soledad en la intimidad. Es el sujeto persona con su situación concreta la
norma definitiva para obrar y no precisamente los principios absolutos, los
criterios del magisterio o las órdenes emanadas de cualquier autoridad. Sobresale
de igual forma en el creyente postmoderno la estética y el pragmatismo de lo
religioso como revalorización del ‘ahora’
como manifestación de lo ‘último’
y ‘definitivo’. Mucha cercanía de lo
místico, lo esotérico y la contemplación oriental. Sin embargo, existe mucha
ambigüedad y un velado ateísmo. Se caracteriza por un comportamiento
pragmático, sin el influjo de la ley, basado principalmente en el deseo, pero
con un sentido de exaltación progresista. En
fin, creemos que dentro de este nuevo espíritu epocal, la necesidad de
expresión religiosa, la vivencia y práctica espiritual, la pluralidad de
expresiones que brotan de la interioridad humana en búsqueda de trascendencia,
el ecumenismo creciente, seguirán marcando la diferencia con cualquier
pretensión absolutista de secularización o cualquier intento por radicalizar
posiciones dogmáticas o autoritarias en la esfera de lo religioso. Dentro
de ese nuevo espíritu no se puede desconocer, desde luego, el influjo
arrollador de la tecnología informática en la comprensión religiosa, en una
generación de personas crecidas en las redes de Internet. Tendencias,
inquietudes y necesidades religiosas del usuario de Internet en lo relacionado
con dudas, convicciones o creencias más íntimas. Se ha ido desarrollando con
fuerza la llamada ‘religiosidad on-line’,
donde la Red se ha convertido en el espacio de difusión para nuevas tendencias
religiosas, espirituales y toda clase de propuestas que van desde los
horóscopos, rituales, manuales espirituales, guías y talleres de oración, hasta
esoterismo y magia en cantidad[13].
Se
afronta así el riesgo del relativismo religioso que el teólogo A. Brighenti
describe como una de las características de la religiosidad en la
contemporaneidad, “que proclama el derecho de cada uno a tener su propia
creencia, basado en dos principios: no hay una única verdad, sino varias; no
hay una única forma de vida religiosa, sino una pluralidad, pues todas las
religiones son buenas. En consecuencia, se acentúa la experiencia personal, en
una especie de misticismo supraecuménico, libre de la sumisión a las
instituciones. Es la emergencia de “comunidades
emocionales”, cimen- tadas en la experiencia espiritual alrededor de un
líder, pero que tampoco ejerce un papel organizador y controlador del espacio
religioso. Emerge, como alternativa a la institucionalización rígida de la
experiencia religiosa, la conformación de una especie de “iglesias invisibles”, en las que hay dificultad para creer con los
otros y en lo que los otros creen. De ahí la provisioriedad de las
representaciones de las creencias, siempre relativas al momento en que se vive
y a los problemas que busca resolver”[14] Estamos
sumergidos de esta forma en lo que J. C. Uhía llama, la ‘sociedad revelada’, donde mediante la refrendación de una
comunicación totalizadora e integradora de la realidad se da la posibilidad de
convertir en público lo que hasta ese instante permanecía oculto. Nuevas
determinaciones constituyen el paradigma de la sociedad revelada: la
hiperaceleración, de cambios y mutaciones constantes; lo autocognoscente,
derivado de lo anterior, que apunta al lenguaje y lenguajes como meollo del
pensamiento y revelación de la interacción humana; y, un devenir digital, con
la explosión de nuevos lenguajes y la revelación de lo social como fuente de
análisis y comunicación. La metáfora de nuestro tiempo es el software, el ‘know how’ y parece ser también el sentido de nuestra propia
exaltación como sociedades y como individuos. "La
sociedad postmoderna es de hecho una sociedad revelada. Su máxima expresión es,
en efecto, la telecomunicación y la complejidad de sus propias veleidades. El
mundo contemporáneo sólo existe en torno de su difusión, de su publicación. El
mayor sentido que parece adquirir la realidad es la posibilidad de ser
divulgada [...] La sociedad revelada está tejida sobre la base de una
proximidad virtual, sin embargo, en la era de la comunicación es evidente un
aislamiento personal e individual"[15].De
otra forma, pero con el mismo sentido lo sostiene Manuel Castells:”En estos
tiempos difíciles, el fundamentalismo religioso es probablemente la fuerza más
formidable de seguridad personal y movilización colectiva. En un mundo de
flujos globales de riqueza, poder e imágenes, la búsqueda de la identidad
colectiva o individual, atribuída o construída, se convierte en la fuente
fundamental de significado social”[16]. En
síntesis, el fenómeno de la religiosidad, en su amplia y variada gama de
expresiones, se está transformando de manera vertiginosa y sorprendente en
todos los sentidos, reconfigurando sus discursos, ritualidades y expresiones
simbólicas según la dinámica de las transformaciones que caracterizan estos tiempos
posmodernos. 2.
Encontrar a Dios en el ciberespacio Sobre ese trasfondo de
eclecticismo posmoderno irrumpe el fenómeno y la experiencia religiosa de la
humanidad adaptándose a las exigencias de la era virtual y el ciberespacio y
así la inquietud por la trascendencia, no obstante la creciente secularización,
no desaparece sino que se vuelve plural y polimorfa. Al fin y al cabo, Internet
pone ahora al alcance de todas las instituciones la posibilidad de crear sus
propios medios de comunicación utilizando, en beneficio de sus estrategias, la
privilegiada información de que disponen. Por
eso, hablar hoy de ‘religiosidad on-line’
es referirse a diferentes aspectos de una misma realidad relacionada con la
trascendencia.. Se trata de observar la forma como irrumpe el discurso
religioso y espiritual en la Red y se visibiliza a través de múltiples portales
de información y comunicación religiosa, de home-pages referidas específicamente a asuntos
religiosos o espirituales, de websites
con diferentes ofertas de espiritualidad. Internet se ha convertido en –
‘areópago digital’ – de difusión para nuevas tendencias religiosas, nuevas
expresiones, nuevos encuentros, nuevas ritualidades, nuevas formas de decir y
vivir distintos credos, distintas opciones religiosas, nuevas experiencias de
espiritualidad digitalizada. Como informa Thelma Glisamaniego[17],
paulatinamente Internet se está convirtiendo en un nuevo medio de
evangelización y de promoción de la fe en todo el mundo. El estudio, llevado a
cabo por la Pew Internet & American Life Project (http:// www.pewinternet.org), institución
dedicada a estudiar el impacto de Internet en diversos ámbitos (familia,
escuela, trabajo, centros de salud, etc), y respondida por alrededor de 1300
grupos religiosos, reveló que Internet está siendo utilizada para fortalecer la
fe y el crecimiento espiritual; para evangelizar y llevar a cabo misiones en
sus comunidades alrededor del mundo; para incrementar su presencia y
visibilidad en las comunidades, y para explicar y dar a conocer sus creencias.
Estas confesiones también aseguraron usar Internet para difundir sermones e
información básica; interactuar, mediante discusiones acerca de temas
espirituales y rezar en línea. Las
grandes religiones están asumiendo el reto de "traducir" a los nuevos
lenguajes de la cultura digital, todo el acervo de su riqueza doctrinal, moral,
litúrgica, pastoral. Las religiones históricas monoteistas hacen presencia en
este ciberespacio: cristianismo, islamismo y judaísmo tienen ya clara identidad
digital, accesible desde cualquier lugar del planeta. Es de resaltar cómo se
han multiplicado en los últimos cinco años páginas web dedicadas a favorecer,
bien sea a nivel individual o colectivo, el recogimiento, la oración, la
meditación dirigidas o asistidas desde la pantalla del computador. De
cinco años para acá la Iglesia católica hace presencia en la red de Internet,
en las ‘autopistas de la información’, con alrededor de más de mil páginas web.
En el caso católico, se trata de ofrecer auténticas razones para la esperanza y
el anuncio de Jesucristo como camino, verdad y vida del mundo para todas las
épocas. Se trata de un anuncio del evangelio a través de nuevos lenguajes y
nuevos formatos. "Vamos siendo testigos de una convergencia de
globalización humana que, lejos de una evolución meramente económica (paradigma
del hombre teledirigido y manipulado), más bien parece inspirarse en ese otro
sentido de la evolución creativa, en donde la interactividad del hombre se pone
de manifiesto como continuación de lo social-dinámico"[18]. De
manera particular, se han multiplicado vertiginosamente los portales católicos
en lengua castellana, influenciados en gran parte por el trabajo desarrollado
por la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América Latina). La Iglesia hace
uso de un instrumento, la informática, que supone su inserción en la era del
mundo digital.[19]. Ahora es
posible encontrar toda clase de información y subsidios religiosos que van
desde reseñas históricas de las distintas religiones, textos bíblicos,
oraciones, prácticas devocionales, calendarios litúrgicos, experiencias
pastorales, hasta bibliotecas digitales de grandes dimensiones que son de
incalculable valor para la vida eclesial, etc. "Seguramente la aparente Babel
de Internet es aprovechada por el Espíritu de Dios para hacer florecer, como en
un nuevo Pentecostés, la presencia de Dios en el mundo. Corresponde a los
cristianos un discernimiento constante de estas realidades”[20].
Ya el Papa Juan Pablo II ha anunciado que dedicará al fenómeno de Internet, la
próxima Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales, en enero de 2002, bajo
el lema: “Internet: un nuevo foro para la proclamación del evangelio”. Según informe de la
Unesco (1999) 75 millones de personas tienen correo electrónico, y circulan
3000 millones de mensajes mensualmente en el mundo. Internet se impone como
soporte de información, capaz de transmitir en tiempo real la actualidad junto
con la radio, la prensa y la televisión. Internet parece estar llamada a
transformar las condiciones de trabajo rompiendo el aislamiento científico y
cultural. Mutación de formas de producción, intercambio y aprendizaje y
socialización. Nuevas formas de congregarse y de compartir una misma fe
religiosa. Esfuerzos como los de AICA (Agencia Informativa Católica Argentina)
y la RIIAL como proyecto conjunto del Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales y el CELAM, se constituyen en ejemplo palpable de la
inserción de la Iglesia católica en la era del mundo digital. En
el caso católico, encontramos innumerables páginas con trasfondo religioso,
como soporte de datos relativos a lo religioso, teológico, espiritual. Espacios
informativos, o de oración virtual, valiéndose de los recursos tecnológicos,
con la ayuda de una guía en la pantalla. Se trata de orar delante de Dios,
valiéndose de la mediación tecnológica. Evidentemente no es lo mismo entrar a
una página determinada para obtener información específica sobre determinado
asunto, que visitar un sitio como "Sacred
Space", www.jesuit.ie/prayer/langs.html
[21],
manejado por los jesuitas de Irlanda, aparece en varios idiomas, dedicado
exclusivamente a la oración diaria on-line
en la pantalla, donde se brinda un lugar de interconectividad y se puede
desarrollar diferentes ejercicios de espiritualidad cristiana. Figura con un
registro de 2’694.487visitantes. A
título informativo, y apoyados en los informes actualizados que emite el
Boletín SOI-RIIAL[22] sobre el
fenómeno religioso: el horizonte creyente en Internet, presentamos algunos portales refe- ridos a
información religiosa o a espiritualidad católica, como indicativo de la
dinámica que invade la Red mundial, que permite al cibernauta, que quiera ir
más allá del sentido científico, cultural o comercial, indagar sobre el sentido
religioso que también da forma a la Red de Redes. Los portales religiosos han
surgido, en su mayoría, inspirados en los portales comerciales como www.altavista.com o www.yahoo.com . Sobra anotar que las
principales instituciones oficiales de la Iglesia católica (El Vaticano, las
Diócesis, Conferencias Episcopales, Congregaciones, Asociaciones, etc.) cuentan
con su respectiva página web, ampliamente documentada y permanentemente
renovada a disposición de los navegantes virtuales. Los
primeros portales católicos fueron los de lengua inglesa, a los cuales fueron
siguiendo los de las otras lenguas. www.catholic.net primer portal católico de la RIIAL, multilingüe que propaga el
Espíritu en la Red. Tiene muchos links a publicaciones, documentos pontificios,
directorio católico en Internet, etc. www.cin.org también muy completo, presenta áreas de
ritos Romano y Oriental, éste subdividido en Bizantino, Maronita, Mekita, Ruso
y Ucraniano. www.cathcom.net presenta novedades, santos, foro católico. www.catholic.church.org presenta la Iglesia que habla y reza en
castellano. www.hombrenuevo.org Es un portal que se define como un centro
multimedia católico, productor de programas de radio y televisión que son una
herramienta eficaz para los cristianos comprometidos en la evangelización del
Tercer Milenio. Ofrece otros links católicos, e-mail, multimedia, se pueden
hacer preguntas, y tiene acceso directo a noticieros católicos diarios. www.servicato.com Enlaces y textos propios, da paso a otras
agencias de noticias eclesiales como Acidigital, Aceprensa y Zenit; tiene
anillos de Internet.y suscripción. Es un servidor católico amplio. www.tomaelcontrol.com Lo han promocionado familias que quieren
ayudar a sus hijos para que sean críticos y selectivos con los medios de
comunicación. Ofrecen links, contenidos propios, acceso a otras webs, archivo
fotográfico, preguntas y respuestas. www.aciprensa.com Servicio de prensa y contenidos católicos.
Actualizado diariamente. Links con otras webs. Tiene buscador propio, da acceso
a la enciclopedia católica, a noticias en audio, servicio informativo, e-mail,
portal muy ordenado y claro. www.churchforum.org.mx e uno de los primeros y más visitados
portales de la Iglesia católica, miembro de la Red Informática. Noticias de
actualidad, enlaces, e-mail, foros de discusión. www.multimedios.org portal católico de la biblioteca electrónica
cristiana, también en portugués. Contiene últimas novedades, enlaces, tienda,
programas, consultas, suscripción. www.portaldeoracion.com Se trata de
una empresa colombiana dedicada al servicio de la comunidad orante en general.
Su mayor interés es mejorar la calidad de vida de cada una de las personas que
ingresen voluntariamente al portal. Ofrece servicios de chat de oración y
asesoría espiritual, al igual que la posibilidad de crear comunidad virtual de
oración. www.fecinema.sitio.net portal católico dedicado a la promoción y
divulgación del cine con contenido religioso, católico. www.partenia.fr primera diócesis virtual católica, de Monseñor Jacques Gaillot.
Cuenta con una amplia información y servicio de catequesis virtual. Por
el lado evangélico protestante, existen portales como: www.amen-amen.net es un nuevo buscador cristiano que cuenta
con muchos enlaces a sitios web con relación a la información cristiana evangélica
protestante. Tiene temas bíblicos, chat-foro, eventos, librería, música, medios
de comunicación. www.siervo.com portal de la iglesia Bautista, cuenta con más de 422 enlaces
para escoger. Categorías, ayudas, chats, Biblia, noticias y buscador. www.cristianet.com portal protestante, tal vez algo radicales
puesto que califican de secta a los católicos, anglicanos... Se autodenominaron
‘el sitio cristiano en Internet’. Tiene un buscador, hacen referencia a temas
de educación, comunicación, comercios, etc. Portales de otras
religiones: www.webislam.com portal del Islam en español. Informaciones,
preguntas y respuestas sobre el Islam, biblioteca virtual islámica, la mujer,
pensamientos, sociedad, ciencia, arte, literatura. Así mismo tiene buscador, y
enlace con otras páginas. www.hebreos.net portal hebreo donde se puede encontrar todo
para vivir el judaísmo en la red. Recetas, tradiciones y foro de discusión. En
laces con otras páginas. www.bamitzva.com.ar portal de la comunidad hebrea que pretende
recrear un punto de encuentro donde las instituciones de la comunidad puedan
difundir su historia, sus actividades, organizar eventos. www.ciudadfutura.com portal de la Nueva Era que permite buscar
dentro y fuera de la ciudad futura, remitiendo al usuario a otros buscadores y
webs. Desarrolla ampliamente el tema de esoterismo y astrología. Aparte de estos sitios existen otras guías que orientan y proveen
recursos informativos sobre asuntos religiosos en Internet, por ejemplo: Finding God in the Cyberspace (guía
elaborada por John L. Gresham, MLS PhD),
www.fontbonne.edu/libserv/fgic
; o Cybertheology (is a whole new way
of looking at God) www.dialspace.dial.pipex.com
. Sobre espiritualidad en línea,
libros, artículos e investigaciones: www.december.com/cmc/mag/1997/mar/toc.html
Otras organizaciones religiosas virtuales: The
Monastery of Christ in the Desert: www.christdesert.org Se han venido desarrollando igualmente con especial vigor en la Red las Ciber-Iglesias[23]
o Iglesias Virtuales. Son entidades que existen sólo en Internet y no tienen una
estructura equivalente en el mundo real. Algunas de ellas existen y funcionan
como estructuras eclesiásticas, ofreciendo servicios semanales a través de
tecnologías como RealAudioVideo que permiten a los miembros escuchar los
sermones y unirse al canto colectivo-virtual. Este fenómeno va más allá del
simple uso de un nuevo medio; implica el aprendizaje de un nuevo modo de
comunicar fe y Biblia. El deseo de que el Evangelio <<entre en el
ciberespacio>> ha dado lugar al surgimiento de Ciber-evangelizadores que
se adentran en este nuevo universo. Este es el llamado “E-vangelismo”, forma de
dar testimonio on-line a través de
páginas web, chat-rooms, libros y recursos disponibles en Internet. Las CiberIglesias se han convertido en un
espacio sagrado al que los devotos viajan para interactuar con otros. Corresponden a lo que se denomina “Comunidad virtual” y que Manuel Castells
caracteriza como: “una red electrónica autodefinida de comunicación
interactiva, organiza- da en torno a un interés o propósito compartido, aunque
a veces la comunicación se convierte en sí misma en la meta”[24].
Algunos ejemplos de estas Cyber-Iglesias: www.godweb.org <<The First Church on Cyberspace>> , conjunto
ecuménico de Iglesias y de individuos, fundada por Rev. Charles Henderson, de
la Iglesia Presbiteriana en New Jersey, USA. El fundador considera que Internet
tiene el poder de la Reforma Protestante de abrir nuevos caminos ‘para que la
gente practique la fe y se comunique con los demás y con Dios’. Los rasgos más
sobresalientes de esta Iglesia son las reuniones on-line los domingos, sermones y canciones grabadas, chat-rooms y
anuncios. Sus objetivos son manifestar la presencia del Creador dentro del caos
creativo de Internet, facilitar la formación de nuevas comunidades de fe. www.dogchurch.org <<Virtual Church of the Blind
Chihuahua>> Esta web afirma que los humanos deben relacionarse con Dios
haciendo ruido en la dirección indicada por El y esperando ser recompensados
por ello. Su web está organizada a través de links según las partes de una
catedral tradicional. En la ‘nave’ se pueden seleccionar recursos para la
meditación y los oficios diarios; el ‘scriptorium’ pone al alcance del
visitante una ‘colección única de manuscritos iluminados y benditos’. www.ciberiglesia.net <CiberD@vid’98> Resultado del acontecimiento multimedia
originado en verano de 1986 en Toledo. En él se han unido artistas,
pastoralistas y creativos de todas las ramas del arte para presentar el
mensaje de Jesús, cantado, orado,
danzado, celebrado, pintado, reído, leído en lenguajes y medios inculturados, encarnados
en la realidad de los jóvenes abiertos a los cambios sociales y eclesiales. Este pequeño espectro nos da una muestra del alcance y
cubrimiento en la Red mundial logrado por las diferentes expresiones del
fenómeno religioso en escasos cinco años de desarrollo. Sin duda, Internet está
teniendo un papel importante en la construcción de los grupos religiosos. Las
páginas web y el correo electrónico están haciendo una diferencia en la vida de
estos grupos. Las websites religiosos han sido creados principalmente para
servir a las necesidades locales de la comunidad. Los tres rasgos más importantes de la página web de una
confesión religiosa son: en primer lugar, los contenidos que hacen que el
visitante pueda satisfacer sus necesidades; en segundo lugar, los textos
religiosos que incluyen los sermones; y, finalmente, los enlaces que ayudan a
los visitantes a dirigirse a otras páginas para hacer consultas y ampliar la
información y para encontrar materiales de estudio y de oración[25].
Sin duda, asistimos, a través del desarrrollo de este fenómeno, a un nuevo
lugar de experiencia de la fe religiosa del ser humano. 3.
Cuestionamientos y desafíos El fenómeno de la
religiosidad y espiritualidad virtual, las nuevas prácticas religiosas
interactivas a través de la Red, no dejan de suscitar algunos cuestionamientos
en el sentido de lo que tradicionalmente se ha entendido como comunidad de
creyentes, comunidad de fe, comunidad ecle- sial. Pero,
tal vez antes de plantearlos valga la pena explicar, siguiendo a un
especialista como John B. Thompson, la caracterización y sentido de la interacción mediática, interacción que
de alguna manera se desarrolla en este tipo de experiencia religiosa virtual..
Para Thompson, los tipos de situación interactiva creados por la utilización de
los medios de comunicación resultan de tres tipos de relación: <<interacción cara a cara>>,
<<interacción mediática>> y, <<casi-interacción mediática>>[26]
. La primera, tiene lugar en el contexto de co-presencia, donde los
participantes están uno frente al otro y comparten un sistema de referencia
espacio-temporal común, posee un carácter dialógico, con multiplicidad y
abundancia de señales simbólicas. La segunda, implica el uso de medios técnicos (papel, cables eléctricos,
ondas electro-magnéticas, etc) que permiten transmitir información o contenido
simbólico a individuos que estén en lugares distantes, alejados en el tiempo o
ambos casos. Aquí la ubicación de los participantes se da en contextos espacial
y/o temporalmente distintos. Los participantes no pueden asumir que los otros entiendan
expresiones deícticas (aquí, ahora) que utilizan. Implica una cierta limitación
de pistas simbólicas a disposición de los participantes. La tercera forma de
interacción, se refiere al tipo de relaciones sociales establecidas por los
medios de comunicación de masas (libros, periódicos, radio, televisión, etc.),
implica la disponibilidad extendida de información y contenido simbólico en el
espacio y/o tiempo; está relacionada a través del espacio y el tiempo. Implica
una reducción del surtido de señales simbólicas. Aquí las formas simbólicas
poseen un carácter monológico, en el sentido de que el flujo de comunicación
resulta más que otra cosa unidireccional. No posee el grado de reciprocidad y
las especificidades interpersonales de otras formas de interacción. Sin
embargo, este tipo de interacción crea cierto tipo de situación social en la
que los individuos se conectan unos con otros en un proceso de comunicación e
intercambio simbólico[27].
Desde
esa perspectiva, vale la pena entonces preguntarse por el tipo de interacción
que se genera al entrar en contacto con un portal de contenido religioso o
espiritual, donde supuestamente el individuo va en búsqueda de algo...! ¿Cómo
afecta a la experiencia de fe en comunidad el anonimato digital, la espiritualidad
virtual? ¿En qué medida se ve deslegitimada o desfavorecida, con este tipo de
prácticas, la creación de comunidades reales, presenciales, vivas y emotivas,
donde se puede compartir en calor y afecto humano la experiencia de fe
religiosa o espiritual? ¿No se está con esto incentivando cada vez más una
religiosidad intimista, individualista, anónima, fría e intangible, en
detrimento de la formación y fortalecimiento de ‘comunidades vivas de fe’...?
¿El progresivo incremento de las ciberiglesias no terminará por desplazar y
volver arcaica y prehistórica la tradi- cional comunidad parroquial, y el mismo
templo, como lugar de convergencia simbólica y celebración comunitaria de la
fe...? Como
afirma Thompson, “si el desarrollo de los media
no ha llevado a la desaparición de
la tradición, sí, en cambio, la ha transformado en aspectos fundamentales. Con
el desarrollo de los medios de comunicación, la formación y transmisión de la
tradición depende cada vez más de formas de comunicación que no tienen carácter
cara-a-cara, lo que, a su vez, conlleva ciertas consecuencias: el cultivo de
valores y creencias depende cada vez más de formas de interacción que implican
productos mediáticos, lo cual ha llevado a que la tradición se desritualice
progresivamente. En la medida en que la transmisión de la tradición se vuelve
más dependiente de las formas mediáticas
de comunicación, también se desvincula de los individuos, con los que se puede
interactuar en la vida cotidiana, es decir, se vuelve despersonalizada, [...] generándose lo que se ha llamado ‘intimidad no recíproca a distancia’.
Además, en la medida en que la transmisión de la tradición se vincula cada vez
más a los medios de comunicación, las tradiciones fueron gradual y parcialmente
desubicadas en la medida en que cada
vez dependían más de las formas
mediáticas de comunicación para su
mantenimiento y transmisión de una generación a la siguiente [...] Sin embargo,
las tradiciones desubicadas pero no desterritorializadas se reformularon de
manera que permitieron reincorporarse a una multiplicidad de lugares y
reconectadas a unidades territoriales que excedían los límites de la
<interacción cara a cara>”[28]. En
otros términos, tal vez más posmodernos, lo plantea Juan C. Uhía: “... se hace
evidente una búsqueda espiritual que quiere poner de manifiesto el valor de la
interioridad, posiblemente como defensa ante la invasión pública que rodea
todos nuestros actos. Pero esta espiritualidad se quiere libre de toda clase de
formalismo institucional e incluso adquiere ribetes de magia y animismo. La
tribu se hace presente en los intentos de una revitalización de lo religioso en
su expresión más primitiva y a la que ni siquiera escapan las confesiones
mayoritarias”[29]. El
desafío es ciertamente romper el círculo de la individualidad, la privacidad,
el anonimato, la asepsia espiritual, sin perder de vista el recurso tecnológico
de punta, sin sobrevalorar el artificio tecnológico, ni sobredimensionar lo
virtual-digital por encima de la realidad misma de la trascendencia como núcleo
central de toda experiencia viva de religiosidad y espiritualidad. No
pueden dejarse de lado interrogantes como: ¿qué repercusiones tendrá la
expresión y vivencia de una religiosidad digitalizada?; ¿cuál será el tipo de
religión que se desarrollará en los próximos tiempos?; ¿persistirán las
iglesias-comunidad celebrativa de fe como las conocemos hoy?; ¿se llegará a una
religión multimediática, anónina e impersonal...?; ¿quién decidirá el rumbo que
habrá de seguir la religión...?; ¿la tecnología digitalizada no vaciará
progresivamente la religión de los bienes simbólicos, místicos, de
contemplación y gratuidad, es decir, la verdadera dimensión del misterio...?[30].
Esta
nueva cultura mediática que está en proceso de formación presenta desafíos
significativos a la conceptualización y organización del ideal de la fe
cristiana, sus prácticas y su organización. Para muchos especialistas, el Espíritu creativo de Dios trabaja a lo
largo del desarrollo de la civilización humana, continuamente gestando lo
nuevo. No se ve razón para que lo nuevo que está emergiendo hoy no sea el
resultado de la continua actividad creativa de Dios, de la misma manera que en
períodos anteriores, trayendo consigo todas las ambigüedades de creación y
degradación que caracteriza todos nuestros esfuerzos humanos. De alguna manera
la nueva cultura mediática tiene el potencial de una seria destrucción humana,
por otro lado, tiene el potencial de quitar de raíz algunos de los modelos
destructivos que han estado atrincherados por centurias. La pregunta es: ¿De
qué manera debe contextualizarse la fe cristiana en este nuevo contexto
cultural?; ¿qué cambios creativos está presentando Dios a nuestra herencia de
pensamiento, prácticas y organización a través de lo nuevo?. Y, ¿de qué formas
nuestra herencia modela la forma creativa en que vivimos como miembros de esta
cultura a través de adaptaciones, resistencias, estímulos, críticas, alegrías,
compañerismo y servicio de manera de participar en la creación continua de
Dios?[31].
El
tema deja, sin duda, abiertas y
planteadas innumerables cuestiones de trascendencia para el porvenir de la
experiencia religiosa y espiritual de la humanidad. Concluimos esta reflexión recogiendo el testimonio escrito por un
cristiano anglicano: “Voy a la iglesia cada domingo para nutrir mi sentimiento
de sentirme parte del Cuerpo de Cristo, para reforzar el sentido de pertenencia
a una cadena irrompible de fe, con la comunión de los santos. Aquí en mi
computador puedo leerlo y escribirlo, y tal vez pueda decirlo, pero cuando voy
a mi iglesia parroquial puedo verdaderamente creerlo!”[32].- Bogotá,
20.XI.01 AUTOR Luis Ignacio Sierra Gutiérrez lisierra@javeriana.edu.co
Colombiano.
Licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá,
(Colombia). Doctor en Teología y Ciencias Religiosas de la Universidad Católica
de Lovaina la Nueva (Bélgica). Magister en Comunicación Social de la
Universidad Católica de Lovaina la Nueva (Bélgica). Actualmente es Profesor
Asociado del Departamento de Comunicación, de la Facultad de Comunicación y
Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá (Colombia). Profesor
de la Maestría en Comunicación. Coordinador de Trabajos de Grado de la Carrera
de Comunicación Social. Ha participado en investigaciones colectivas
publicadas, con ponencias en congresos internacionales y con la publicación de
artículos en distintas revistas.- Bibliografía |