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Democracia y tecnología: Un trabajo en proceso: las redes urbanas y
tecnológicas de los Consejos de Desarrollo
Comunitario María Eugenia Esté Manaure Trujillo Andrea Daza Tapia Fundación Tecnohumano Resumen
El objeto de esta investigación es
comprender el problema de las redes tecnológicas ciudadanas, como procesos de
construcción de lugares antropológicos y de ejercicio real de la participación.
A la luz de la experiencia de los Consejos de Desarrollo Comunitario del
Municipio Sucre de Caracas, la investigación apuesta por demostrar la
apropiación sociocultural de un modo de construir públicamente una cultura
política distinta, que replantea el esquema tradicional y fuertemente
nominalista del ejercicio político institucional venezolano. Abstract The object of this research
is to understand the problem of citizen technological networks, as construction
processes of anthropological and real sites for participation. Based on the
experience of the
Community Development Council of
the Sucre Municipality in Caracas, the investigation attempts to demonstrate
the sociocultural appropriation of a manner to build a different political
culture that re-states the traditional and strongly nominalistic scheme of
institutional political exercise in Venezuela. Subiendo el cerro hasta
alcanzar un amplio rellano de la empinada escalera, en cuyo costado corre
libremente el riachuelo esmeralda y putrefacto de las aguas de desecho está la
puerta azul de la casa de Catalina, sin otra nomenclatura distintiva que las
grietas y el óxido. Subiendo el cerro sí, pero no tan arriba, donde el barrio
escala con habitáculos apenas esbozados a punta de recortes de cartón, madera y
lata, donde ni la policía ni la guardia nacional osan siquiera asomar una bota.
Pero no tan abajo, porque lo que
Piñerúa y Catalina juntaron, no dio para comprar la casita cerca de la avenida.
Arriba y
abajo definen una cosmología y una segmentaridad social inversa: los más
pobres, desafortunados y excluidos están cerca del cielo, los más asentados y
privilegiados están cerca del brocal de la avenida. El barrio cuelga de un trozo de montaña como un parche rojo
ladrillo y gris, y recorre el cerro como un entramado de redes y laberintos
fractales de vías, calles, pasadizos y escaleras, con pequeños puntos de corte,
centros y encrucijadas formados por las bodegas, los expendios legales e
ilegales de licores, las farmacias, las escuelas, las derruidas canchas
deportivas y, los otrora existentes parques que alojan ahora bandas de
delincuentes y malandros. Como un interestrato se teje la trama de cables de
electricidad robada a los postes de alumbrado público y la progresiva
reproducción de servicios inalámbricos de televisión y telefonía fija. Dicen
los proveedores de servicio que las numerosas y prolongadas cadenas
presidenciales han estimulado y acelerado la incorporación de los llamados
sectores D y E a la televisión multicanal.
No faltan por supuesto, los estratos semióticos que organizan y
recomponen incesantemente cadenas
semióticas diversas, formadas por jergas delincuenciales, discursos políticos e
institucionales aprendidos a trompicones o al calor de la supervivencia
criolla, reclamos cotidianos respecto a los servicios públicos, existentes o
inexistentes, imaginarios vernáculos, publicidad y telenovelas (con sus
personajes que han devenido compañeros de la cotidianidad), etc. Si el discurso de las ciencias
políticas y sociales se ha liberado de la mera representación jurídica del
poder, de la democracia y el conflicto
social, es porque el acontecimiento y la materialidad de las prácticas sociales
(y sus construcciones semióticas) han hecho estallar los diques de estos
cuerpos discursivos obligándolos a nuevos relevos teóricos. En consecuencia, se
produce una evolución del hacer democrático, un aprendizaje mayormente
doloroso, de la práctica democrática. El baremo evaluativo de la legitimidad del Estado moderno y de la
democracia, desborda hoy los estrechos márgenes de la representatividad
política basada en el voto popular y en las elecciones libres. El baremo se
funda ahora en una gama diversa de consideraciones, incluso de apariencia contradictoria,
que incluye la doctrina de los derechos humanos, la codificación y mediación,
institucional o no, de la
conflictividad social, el reconocimiento y la tolerancia de las diferencias
culturales, étnicas, religiosas y políticas, la incorporación de los excluidos,
la opinión pública, la libertad de expresión y la eficacia gestora del aparato
político como mecanismo autorregulado de aumento de bienes y servicios para el
disfrute de la población. “Hasta luego Piñerúa. Quedaron
arepas sobre la mesa”, repite Catalina a su somnoliento marido con entonación
de letanía y un suspiro que ataja el deseo de
arremeter contra él, a quien
desde hace dos años conserva y mantiene, en el estricto sentido económico de la
palabra. Lleva consigo la cartera, el bolso con el uniforme de limpieza, el
catálogo de ropa importada que su compadre, funcionario de la aduana de Puerto
Cabello, le consigue a precios de ganga para compensar la ausencia de Piñerúa
en el ingreso familiar. Sus tres hijos,
María Angélica, Hiraldi y Yobaldí Junior, bajan la escalera con ella. Lleva la
esperanza de que alguna vecina pueda cuidarlos ese día. Hay huelga de
maestros y el gobierno revolucionario bolivariano decidió cerrar
definitivamente los hogares de cuidado diario, como parte de la tácita
tradición administrativa de reinventar el agua tibia y descontinuar los
programas del gobierno anterior. Al calor de
la oposición democracia representativa/democracia directa que ha corrido
paralela a la oposición capitalismo/socialismo, se produce la emergencia de
nuevas figuras de subjetividad política y una individualización de las
referencias que reclaman su participación en el ejercicio del poder, agujereado
definitivamente en su representación jurídica y comprendido en su dimensión
múltiple de práctica social. Luego de
décadas de movimientos feministas, transexuales, indigenistas, carcelarios,
etnicismos de todo tipo, querellas lingüísticas, organizaciones de
consumidores, deudores, usuarios, discapacitados, etc., terminamos por acudir
al clásico término de ciudadanía, despojado de su significación trascendente y
universal, resignificado y cargado de relatividad, para hablar de la participación social. La lógica jurídica del Estado que establece la igualdad
formal y regula la participación política y social ha estallado en una miríada
de fórmulas de participación ciudadana, cada una de las cuales prefigura o propone su modelo de actuación e
incluso de legitimación. Anclados al juego de los intereses, deseos, propósitos
o necesidades particulares, la práctica de la participación ciudadana no se
impone de modo automático, demandando un proceso de aprendizaje que construya
el espacio de la identidad propia y la posibilidad de relación con los
otros. En este sentido, la
participación ciudadana tiene como presupuesto la organización de los grupos,
de manera intencional pero no necesaria o totalmente consciente, sobre la base
de las identidades individuales incorporadas y los constituyentes de la
identidad compartida, formando eso que Marc Augé (1993: 57-58) denomina el
“lugar antropológico” como principio de
sentido para quienes lo viven. Un espacio de coexistencia público es presupuesto inherente al proceso de participación
ciudadana, donde se forman los vínculos del grupo más allá de la esfera privada
de cada uno de sus miembros, donde tiene lugar el ámbito de la comunicación y
la creación de significados comunes. Debido a las posibilidades que brindan en
la actualidad las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) el
espacio de encuentro y subjetividades, significados y valores puede ser real o
virtual, o incluso una combinación de ambos. Nosotros apostamos por esta última
opción que subraya la construcción de una red tecnológica multimedia sobre la
base de una red comunitaria efectivamente existente; así como la perspectiva
que da prioridad a la apropiación de las tecnologías como clave para el
desarrollo, y no como mero medio de comunicación. La trama urbana que configuraron en el Renacimiento, la
plaza, la iglesia y el mercado en tanto espacio concreto y práctica social del
intercambio de cosas y signos, constituye aún, a pesar de la proliferación de
los no-lugares (Augé, 1993) y de la virtualización creciente de las relaciones
sociales, una matriz social de la
subjetividad. Recordemos que Augé
(1993: 83-84) utiliza el término no-lugares como lo opuesto al espacio
configurador de identidad, coexistencia e historia; como el lugar por
excelencia del anonimato, la transitoriedad, e incluso de la precariedad; si se
piensa en los barrios pobres del Tercer Mundo, en las barracas miserables
destinadas a desaparecer o a degradarse progresivamente, en las habitaciones de
inmigrantes ilegales en tránsito hacia lo que suponen una vida mejor en el país
de recepción o de vuelta a las penurias de sus países de origen. Catalina recorre el fragmento
de la trama que la conduce hasta la parada del jeep. Un mercado de carnes,
pollos y quesos se ha levantado hoy en la encrucijada de dos calles,
obstaculizando la circulación de vehículos y retrasando la salida de los jeeps.
Ella lamenta su prisa y el poco dinero que lleva porque habría podido
aprovechar las ofertas del efímero y compulsivo mercado montado por el FUS y
los círculos bolivarianos. Imagina el estado de suciedad que dejarán al final
de la jornada y piensa en la posibilidad de empleo para Piñerúa. En la parada coincide con Linsabel y
Margarita, sirviendo la ocasión para cobrarle el dinero que le debe por las medias que encargó y que podrá
entonces utilizar para recargar su tarjeta prepago para el celular. Margarita se queja del olor que despide el
mercado provisional montado por los bolivarianos y Linsabel amenaza a las otras
dos con denunciarlas por contrarrevolucionarias ante el jefe de su círculo
político. El diálogo irrumpe en ofensas, descalificaciones mutuas y palabras
altisonantes, mezcladas con tecnicismos como “soberano”, “democracia directa”,
“sociedad civil”, “líder cívico-militar”, y citas a la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela.
Catalina no logra cobrar su dinero, comprometida como está en la
“discusión” que le ha tocado emprender esa mañana. Las mujeres han parado de insultarse por exigencia del chofer del
jeep quien toma partido por Linsabel, pero rechaza el escándalo en su
vehículo. La salida es lenta y Catalina
se angustia porque va retrasada al trabajo. El jeep ha
llegado a la redoma de Petare, primer punto de tránsito en el recorrido de
Catalina hacia su lugar de trabajo. La redoma de Petare es el pandemonium. A un
costado está el mercado municipal de Mesuca. Las aceras han sido tomadas por
los buhoneros quienes se niegan a aceptar la orden del Alcalde que exige el
desalojo de la zona hacia un espacio supuestamente escogido para esas
actividades. Todos los días una nueva
protesta pública secuestra los escasos espacios de circulación peatonal y
vehicular. Los jeeps, las busetas y los autobuses pelean sin orden ni concierto
por un lugar para estacionar, se molestan entre ellos, se rozan, se golpean. El
olor de las fritangas y los vapores de los perros calientes compiten en
igualdad de condiciones con los olores de las aguas negras, la mierda de
perros, gatos y otras especies extrañas. El sonido de los escapes eventualmente vence a los merengues,
las cumbias y los joropos, al último ritornelo de Ricky Martin, Olga Tañón o
Enrique Iglesias. Una palma llanera sembrada en el centro de la redoma
expiró hace un año, pero yace ahí como testimonio de lo que no pudo y al
parecer no puede ser. Una persona es aquello que contempla, decía McLuhan. Lo único duradero en la redoma de Petare es
la precariedad y el caos, que no llega nunca a devenir orden, a contrapelo de
lo que afirman los expertos en caosmosis.
El tránsito debe ser la norma de conducta porque el que permanece corre
el riesgo de perder la cartera, los zapatos o el cabello. Catalina apresura el paso y en vista del
poco dinero que tiene escoge tomar un autobús. El metro es más costoso. Los lugares
antropológicos, por oposición a los no-lugares
(Augé, 1993: 59-61), tienen por lo menos tres rasgos comunes: se
consideran identificatorios, relacionales e históricos. Vale decir, constituyen
el sitio de residencia, de destino o de pertenencia que configura la identidad
individual; el sitio de coexistencia donde se produce el despliegue de
posiciones y los vínculos; y el sitio de la duración que testimonia lo que
perdura en la dinámica del paso del tiempo. Acentuemos aquí la idea, señalada ya por Augé (1993: 84),
que el lugar y el no-lugar son
polaridades falsas, puesto que el primero no queda completamente borrado y el
segundo nunca se cumple en su totalidad.
Se trata, como esperamos haberlo recogido en el intertexto de
ficción, de un palimpsesto donde se
reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación. Ya se siente cansada y aún no
ha llegado al trabajo. El autobús
recorre la Avenida Francisco de Miranda a la altura de Chacao, el municipio
sifrino de Caracas con sus policías bonitos y enguantados. La feudalización de la ciudad se acentúa con
el clima de pugnacidad política y la desagregación institucional. El pretendido
Estado todopoderoso, dueño de la mayor riqueza del país, no tiene existencia
efectiva en la microfísica institucional y administrativa que debería
permitirle llegar a los habitantes. El comando de la policía no tiene teléfono
porque el Ministerio no ha enviado el dinero para pagar el servicio, el
ambulatorio no recibe medicinas desde hace tres meses y los médicos no cobran
desde hace cuatro quincenas, la basura se acumula porque las alcaldías no
reciben dinero de los situados constitucionales o porque están ocupadas
conspirando u organizando comandos tácticos de la revolución. La plaza de
Altamira en el Municipio Chacao, reducto de “la sociedad civil organizada”,
está tomada ese día por partidarios de
Primero Justicia, Queremos Elegir y Veedores de la UCAB, protestando la
solicitud de antejuicio de mérito de tres generales rebeldes del 11 de
abril. Un coche quemado ha quedado a un
costado de la plaza como monumento de las amargas horas vividas. Dentro de un mes
ya no estará allí, tampoco las mesas de diálogo, las comisiones de la verdad,
el arrepentimiento del presidente ni el recuerdo de los muertos. El tránsito
está más lento que de costumbre y Catalina teme lo peor en su trabajo. Piensa en
la jornada que le toca hasta la hora de
dormir: regresará de prisa, a las 6 de la tarde, intentando persuadir a José
(el de la bodega) para que le fíe unas presas de pollo y un paquete de harina
pan. Correrá a preparar la cena y a organizar el rancho, tratando de evitar que
Piñerúa se queje porque esa noche asistirá al Consejo de Desarrollo
Comunitario, donde discutirán la estrategia
para lograr la aprobación de la ordenanza municipal que los sesenta
representantes de la asamblea de consejos redactaron, discutieron y presentaron
ante la Cámara Municipal. Aprovechará la hora de almuerzo en la
oficina o cualquier rato de descanso a la mano para leer y estudiar los
artículos 179, 180, 181, 182, 183 y 184 de su Constitución Nacional de bolsillo
que, ya sabe, se refieren al poder municipal y a la participación ciudadana .(anexo
1) Consejos de
Desarrollo Comunitario y redes tecnológicas: work in progress Los
Consejos de Desarrollo Comunitario (CDC) representan una experiencia nueva para
el ejercicio directo de la democracia en el Municipio Sucre del Estado Miranda,
impulsada por la Fundación Sucre adscrita a la Alcaldía Municipal. Con más de
un año transcurrido desde que se abrieron las puertas a esta propuesta
organizativa no sólo se ha generado una construcción colectiva de alternativas
para solucionar los problemas comunitarios, sino que además, se ha desarrollado
una apropiación sociocultural de un modo de construir públicamente una cultura
política distinta, que se basa en el respeto al otro y la discusión
democrática, abierta y plural. A diferencia del esquema tradicional y fuertemente
nominalista del ejercicio político institucional venezolano que empieza por
sancionar la ley para posteriormente construir o imponer la práctica social,
los Consejos de Desarrollo Comunitario aprendieron a organizarse y a integrarse
como un ejercicio factual del debate democrático y del diálogo razonable y
persuasivo. Elaboraron un proyecto de ordenanza municipal de participación
ciudadana que regula el funcionamiento y las competencias de los Consejos de
Desarrollo Comunitario y lo presentaron ante la Cámara del Municipio Sucre el
31 de enero del 2002. La ordenanza municipal entre otras cosas contempla la
transferencia de recursos financieros a los Consejos de Desarrollo Comunitario
para la consolidación de sus espacios urbanos, la promoción y desarrollo local
y la creación y fortalecimiento de actividades económicas de la comunidad. Paralelo al proceso de aprobación de la ordenanza
municipal, inscrito en el marco de la conflictividad política del país y la
lucha partidista por el control de las instituciones, los Consejos de
Desarrollo Comunitario han empezado a percibir la importancia de desarrollar un
proyecto de redes tecnológicas ciudadanas que aproveche el policentrismo y la
trama urbana como plantilla física de la virtualidad. Un criterio que ha comprendido la intención que yace tras cierta
tendencia de la literatura de ciencia ficción a exponer el ciberespacio, no
como un lugar alienado que sustituye
el colapso de la vida urbana y la distopía social, sino como una matriz que se
despliega en la familiaridad del espacio urbano y en la mundanidad del workplace. De igual manera, esta comprensión del problema de las redes tecnológicas ciudadanas como proceso de
construcción de lugares antropológicos y ejercicio real de la participación
ciudadana y los hábitos cívicos, recoge las formulaciones de autores como
Howard Rheingold, Michael Gurstein y Artur Serra, quienes dan continuidad del
concepto de ciudadanía en el territorio físico, así como en las redes sociales
virtuales. El objetivo es
potenciar los espacios de coexistencia, las encrucijadas y los centros
de encuentro ya existentes (bodegas,
escuelas, farmacias, canchas deportivas recuperadas, parques); utilizando el
apoyo y trabajo de la comunidad, para construir tecnocentros comunitarios
gestionados por los Consejos de Desarrollo. La edificación del Tecnocentro se
ha concebido como una interfase tecnológica que permita la resolución de las
más diversas situaciones urbanas que se nos presentan al implantar la
edificación de un sitio específico. La
interfase urbana surge de la idea primaria de convertir al Tecnocentro en una
“puerta” o acceso a los ambientes en los cuales estén ubicados: a una chanca
deportiva, a una edificación hospitalaria o de salud, al patio de una escuela,
etc. (anexos 2 y 3; sólo disponibles en la versión en PDF). Los tecnocentros permitirán el entrenamiento de la
población en el manejo y la apropiación de las tecnologías digitales de la
información y la comunicación (TIC), la discusión de problemas relacionados con
el manejo de estas tecnologías, como el flujo libre de la información y las
aplicaciones de código abierto, el desarrollo de contenidos digitales propios y
las futuras posibles integraciones tecnológicas. El tecnocentro multimedia
(telefonía fija, fax, scanners, fotocopiadoras, DVD, televisores,
servicios de Internet y computadoras) además, deberá funcionar como promotor de
campañas (al estilo de las campañas de vacunación) que permitan producir un
censo poblacional con miras a realizar el catastro físico y jurídico de la
zona, para proyectar la posibilidad del otorgamiento legal de la tierra
mediante un criterio condominial o de multipropiedad que respete la intrincada
trama urbana. Con la instalación del primer tecnocentro, la Fundación
Tecnohumano daría inicio en el Municipio
Sucre a la exploración de lo que se hemos denominado la ideología de
Internet,[1]
entendida como encarnación de la utopía ilustrada basada en la tecnología de la
información, o como encarnación de la distopía global cibernética gobernada por
las corporaciones que asimila Internet a los mecanismos de una gran
conspiración planetaria, sea de derecha o de izquierda. Puesto que Internet es una creación cultural, ella
encarna los valores y presupuestos de sus creadores, insertados en millones de códigos y protocolos que
forman su arquitectura. Como sostiene
Castells (2001), Internet ha sido diseñada como una tecnología de comunicación
interactiva con fuerte capacidad de retroacción, de manera que sus usos se
plasman en su desarrollo como red y en el tipo de aplicaciones tecnológicas que
van surgiendo. Los presupuestos que
constituyen la utopía ilustrada de base tecnológica pueden resumirse así: 1) La
información es un valor que pertenece a todos por igual, consumidores de bits,
en consecuencia, se aboga por el flujo libre de la información. 2) Los bits
fluyen libremente y un bit equivale a otro bit (equivalor informacional). 3)
Existe una red múltiple de computadoras que debe ser reconocida como tal, en
consecuencia, se aboga por el acceso ilimitado y total a las computadoras. 4) Desconfianza en la autoridad y promoción
de la descentralización burocrática e institucional. 5) Todos los seres humanos
son honestos, creíbles e iguales, con idénticos derechos respecto al acceso y
uso ilimitado de las computadoras (democracia informacional). 6) Las
computadoras constituyen una tecnología capaz de enriquecer y mejorar la vida. Grosso modo,
estos presupuestos determinaron el diseño de la red y aunque la utopía
tecnológica de la información y el acceso ilimitado no se ha realizado,
continúan impulsando su arquitectura, funcionamiento y aplicaciones. En este sentido un criterio destacado de
usabilidad de la red es otorgar al usuario el poder y el control de las
acciones, con miras al logro rápido y eficiente de sus propósitos. Y como
sostiene el gurú de la usabilidad Jakob Nielsen (1999), el diálogo entre el mundo real y el sistema
o la aplicación que se diseña, es fundamental por cuanto permite reproducir
procesos que los usuarios reconocen y realizan cotidianamente. De esta manera, vemos que el crecimiento y
desarrollo de Internet se alimenta de los procesos de uso real de la misma
manera que su diseño y producción gira en torno al reconocimiento de procesos
cotidianos instalados en las culturas de los usuarios respecto a procedimientos
y tecnologías distintas a la red. Una crítica sumaria tanto de los
presupuestos como del estado del arte de Internet nos permitiría concluir que:
1) No existe flujo libre de la información, no todos los seres humanos son
consumidores de bits. 2) El flujo de
información se cruza con flujos de mercado y otro tipo de prácticas (políticas
de control y vigilancia ciudadana, etc.) que limitan y muchas veces desarticulan
la posibilidad de este presupuesto. 3) Las tecnologías de la información son
muchas veces percibidas como herramientas complejas y poco “amigables”,
relacionadas con una fuerte educación técnica o con un sector ilustrado
tecnológica y culturalmente; y como herramientas costosas, vinculadas al
prestigio económico y a la riqueza. Las percepciones generales están
relacionadas con una verdadera opacidad de los medios tecnológicos, y sus
costos ponen en cuestión la utopía de la democracia virtual e
informacional. 4) Un bit no equivale a
otro bit en la medida en que ellos son transmisores de contenidos y expresiones
diferentes. La perspectiva del equivalor informacional es reduccionista y
meramente técnica. 5) Sustancialmente podría sostenerse que la red continúa
desarrollándose con base en el presupuesto de descentralización y desconfianza
en la autoridad. Como afirma Scout S. Robinson, Internet es una figura
internacional aún sin dueño, donde todavía
ningún gobierno ni consorcio ejerce un control contundente. Sin embargo,
la concentración de las tecnologías de punta y el mercado de servicios en los
países desarrollados, sobre todo en los Estados Unidos, con sus concentraciones de capital y
procesos de fusión cada vez más acentuados, hace peligrar esta característica
fundamental del dispositivo. Recordemos
que las redes de carriers troncales
de la región latinoamericana están dominadas básicamente por Global Crossing y
EMERGIA. 6) Está claro que las prácticas sociales y humanas no tienen un sólo
sentido, por tanto ellas establecen matices distintos que otorgan diferentes
sentidos a las prácticas en red, donde tienen cabida religiosos, pederastas,
comunidades indígenas, globalizadores y antiglobalizadores, fascistas,
comunistas, terroristas, pacifistas, etc. No todos los seres humanos son honestos, creíbles e iguales. Sin embargo, debe defenderse y procurarse el
acceso ilimitado a la red, al cual todos por igual deberían tener derecho. 7)
Distintos trabajos dirigidos a revisar la productividad en la era digital han
puesto en duda el presupuesto de que las computadoras sean una tecnología capaz
de enriquecer y mejorar la vida. Las
prácticas sociales diversas producen resultados diversos, y en este sentido
pueden darse ejemplos tanto de enriquecimiento como de empobrecimiento de la
vida a propósito del uso de las computadoras.
Sin embargo, es evidente que las tecnologías de la
información llegaron para quedarse y se trata de recursos que las comunidades
pueden aprovechar a favor del mejoramiento de su vida, a favor de sus intereses
y necesidades, y a favor del desarrollo de la democracia ciudadana. La investigación que tiene por objeto la ideología de
Internet, es el paso previo y exploratorio a un programa de investigación de
nivel nacional que estudiará la brecha digital en Venezuela, intentando delinear
los perfiles de los usuarios de TIC y determinar las causas socioeconómicas y
los rasgos culturales específicos de la
divisoria digital. No es difícil prever las dificultades con las cuales
habrá de toparse el proyecto de los tecnocentros comunitarios. La experiencia
de telecentros y redes tecnológicas comunitarias en América Latina, ha arrojado
suficiente evidencia para afirmar que constituyen “un jardín de senderos que se
bifurcan: caminos con empalmes, encrucijadas, meandros, quebradas, arroyos, que
implican coyunturas, dilemas y decisiones. Un laberinto donde fácilmente
podemos perder el rumbo, a veces nuestra brújula no registra el norte, y corremos el riesgo de quedarnos atarantados
ante tantas opciones, múltiples posibilidades, utopías ofrecidas en barata.”
(Robinson, 2001). La comunidad del Municipio Sucre no es una excepción a la
resistencia fundada en la desconfianza “natural” a la tecnología, en la
percepción de su efecto deshumanizante o en cierto tenor ideológico, sembrado
por el régimen alrededor de las corporaciones tecnológicas y sus vínculos con
la globalización, el capital y el imperialismo. Aunque podríamos sostener que
el venezolano se caracteriza por una rápida apropiación individual de las
innovaciones tecnológicas, como parece desprenderse de la proliferación de los
servicios multicanal en todos los sectores sociales y del universo amplio y
creciente de usuarios de telefonía móvil.[2] Por supuesto, la comunidad del Municipio
Sucre tampoco es ajena a los problemas que comporta la adquisición de las
habilidades que exige la interactividad, sobre todo tratándose de comunidades
que requieren incluso alfabetización y recursos de comprensión lectora. Tampoco son extraños los
obstáculos generados por las
ralentizaciones económicas que han originado las diásporas e incluso el
desvanecimiento de los capitales de riesgo, con la que esos mismos procesos han
estimulado la concentración del mercado global y regional de proveedores de
tecnología. La realidad interna, por otra parte, es de suma complejidad tanto
en lo político como en lo económico, para mencionar sólo dos de los aspectos
más resaltantes de la crisis venezolana.
La crisis fiscal obligará al gobierno a severos recortes presupuestarios
y la retirada de las políticas públicas que implican inversiones costosas en
materia social y de efectos populistas no visibles a corto plazo. La conflictividad social acentuada está y
estará permanentemente estimulada por el componente económico de la crisis, en
un peligroso cruce con la violencia política organizada desde el mismo aparato
del Estado. La delincuencia agrava su
estadística de crimen y violencia, y sin duda alguna, los barrios son
escenarios de primera mano para la puesta en escena de tan macabras
ejecutorias. Sin embargo, el proyecto de tecnocentros comunitarios
para los Consejos de Desarrollo cuenta con la ventaja de que se trata de una
red ciudadana en proceso de construcción de su lugar antropológico, con un real
funcionamiento en red y que ha sabido sacar provecho de la perversa
repolitización del socius venezolano
sobre la base del concepto de participación ciudadana y de democracia directa
establecido en la constitución. Por otra parte, a pesar de la fuerte contracción de la
economía nacional y de la crisis política por todos conocida, el sector de
telecomunicaciones ha mantenido su inversión de capital con un ligero
crecimiento.[3] La sinergia
entre la Fundación Sucre, garante institucional de los Consejos de Desarrollo
Comunitario; la Fundación Tecnohumano, dedicada profesionalmente al estudio y
la difusión de los procesos tecnológicos contemporáneos e Interhosting, C.A.,
empresa local proveedora de servicios de red y diseño de recursos multimedia,
procurará la viabilidad del proyecto y sus resultados a favor del lugar antropológico
de la participación ciudadana. Bibliografía: Augé, Marc,
1993, Los “no lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la
sobremodernidad. Barcelona: Gedisa Castells,
Manuel, 2001, Internet y sociedad: una
perspectiva analítica. Disponible en: http://www.uoc.es/web/esp/launiversidad/inaugural01/intro_conc.html Jordan, Tim, 1999, Cyberpower. The Culture and Politics of
Cyberspace and the Internet. New York:
Routledge Mandel,
Michael, 2001, La depresión de Internet.
Madrid: Prentice Hall Molnar,
Thomas, 1986, De la legitimidad,
Diógenes, No. 134, verano 1986 Nielsen, Jacob, 1999, Designing Web Usability, New Rider
Publishing Rheinglod, H, 1993, The virtual community. Homesteading in the
electronic frontier. Cambridge, Massachussets: MIT Press Robinson,
S., 2001, La expansión de Internet en América Latina, Comunicación, No.
115, 3er. Trimestre 2001 Stephenson, N., 1992, Show Crash. London: Penguin Anexo 1 Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela (artículos 178, 179, 180, 181, 182, 183 y 184) Artículo
178. Es de la competencia del
Municipio el gobierno y administración de sus intereses y la gestión de las
materias que le asigne esta Constitución y las leyes nacionales, en cuanto concierne
a la vida local, en especial la ordenación y promoción del desarrollo económico
y social,
la dotación y prestación de los servicios públicos domiciliarios, la aplicación
de la política referente a la materia inquilinaria con criterios de equidad,
justicia y contenido de interés social, la promoción de la participación, y el
mejoramiento, en general, de las condiciones de vida de la comunidad, en las
siguientes áreas: 1.
Ordenación territorial y urbanística; patrimonio histórico; vivienda de interés
social; turismo local; parques y jardines, plazas, balnearios y otros sitios de
recreación; arquitectura civil, nomenclatura y ornato público. 2.
Vialidad urbana; circulación y ordenación del tránsito de vehículos y personas
en las vías municipales; servicios de transporte público urbano de pasajeros y
pasajeras. 3.
Espectáculos públicos y publicidad comercial, en cuanto concierne a los
intereses y fines específicos municipales. 4.
Protección del ambiente y cooperación con el saneamiento ambiental; aseo urbano
y domiciliario, comprendidos los servicios de limpieza, de recolección y
tratamiento de residuos y protección civil. 5.
Salubridad y atención primaria en salud, servicios de protección a la primera y
segunda infancia, a la adolescencia y a la tercera edad; educación preescolar,
servicios de integración familiar del discapacitado al desarrollo comunitario,
actividades e instalaciones culturales y deportivas. Servicios de prevención y
protección, vigilancia y control de los bienes y las actividades relativas a
las materias de la competencia municipal. 6.
Servicio de agua potable, electricidad y gas doméstico, alcantarillado,
canalización y disposición de aguas servidas; cementerios y servicios
funerarios. 7.
Justicia de paz, prevención y protección vecinal y servicios de policía
municipal, conforme a la legislación nacional aplicable. 8. Las
demás que le atribuya la Constitución y la ley. Las
actuaciones que corresponden al Municipio en la materia de su competencia no menoscaban
las competencias nacionales o estadales que se definan en la ley conforme a la
Constitución. Artículo
179. Los Municipios tendrán los
siguientes ingresos: 1. Los
procedentes de su patrimonio, incluso el producto de sus ejidos y bienes. 2. Las
tasas por el uso de sus bienes o servicios; las tasas administrativas por
licencias o autorizaciones; los impuestos sobre actividades económicas de
industria, comercio, servicios, o de índole similar, con las limitaciones
establecidas en esta Constitución; los impuestos sobre inmuebles urbanos,
vehículos, espectáculos públicos, juegos y apuestas lícitas, propaganda y
publicidad comercial; y la contribución especial sobre plusvalías de las
propiedades generadas por cambios de uso o de intensidad de aprovechamiento con
que se vean favorecidas por los planes de ordenación urbanística. 3. El
impuesto territorial rural o sobre predios rurales, la participación en la
contribución por mejoras y otros ramos tributarios nacionales o estadales,
conforme a las leyes de creación de dichos tributos. 4. Los
derivados del situado constitucional y otras transferencias o subvenciones
nacionales o
estadales; 5. El
producto de las multas y sanciones en el ámbito de sus competencias y las demás
que les sean atribuidas; 6. Los
demás que determine la ley. Artículo
180. La potestad tributaria que corresponde a los Municipios es distinta y
autónoma de las potestades reguladoras que esta Constitución o las leyes
atribuyan al Poder Nacional o Estadal
sobre determinadas materias o actividades. Las
inmunidades frente a la potestad impositiva de los Municipios, a favor de los
demás entes políticos territoriales, se extiende sólo a las personas jurídicas
estatales creadas por ellos, pero no a concesionarios ni a otros contratistas
de la Administración Nacional o de los Estados. Artículo
181. Los ejidos son
inalienables e imprescriptibles. Sólo podrán enajenarse previo cumplimiento de
las formalidades previstas en las ordenanzas municipales y en los supuestos que
las mismas señalen, conforme a esta Constitución y la legislación que se dicte
para desarrollar sus principios. Los
terrenos situados dentro del área urbana de las poblaciones del Municipio,
carentes de dueño o dueña, son ejidos, sin menoscabo de legítimos derechos de
terceros, válidamente constituidos. Igualmente, se constituyen en ejidos las
tierras baldías ubicadas en el área urbana. Quedarán
exceptuadas las tierras correspondientes a las comunidades y pueblos indígenas.
La ley establecerá la conversión en ejidos de otras tierras públicas. Artículo
182. Se crea el Consejo Local
de Planificación Pública, presidido por el Alcalde o Alcaldesa
e integrado por los concejales y concejalas, los Presidentes o Presidentas de
la Juntas Parroquiales y representantes de organizaciones vecinales y otras de
la sociedad organizada, de conformidad con las disposiciones que establezca la
ley. Artículo
183. Los Estados y los Municipios no podrán: 1. Crear
aduanas ni impuestos de importación, de exportación o de tránsito sobre bienes nacionales
o extranjeros, o sobre las demás materias rentísticas de la competencia nacional. 2.
Gravar bienes de consumo antes de que entren en circulación dentro de su
territorio. 3.
Prohibir el consumo de bienes producidos fuera de su territorio, ni gravarlos
en forma diferente a los producidos en él. Los
Estados y Municipios sólo podrán gravar la agricultura, la cría, la pesca y la
actividad forestal en la oportunidad, forma y medida que lo permita la ley
nacional. Artículo
184. La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios
descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados
los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para
prestarlos, promoviendo: 1. La
transferencia de servicios en materia de salud, educación, vivienda, deporte,
cultura, programas sociales, ambiente, mantenimiento de áreas industriales,
mantenimiento y conservación de áreas urbanas, prevención y protección vecinal,
construcción de obras y prestación de servicios públicos. A tal efecto, podrán
establecer convenios cuyos contenidos estarán orientados por los principios de
interdependencia, coordinación, cooperación y corresponsabilidad. 2. La
participación de las comunidades y ciudadanos y ciudadanas, a través de las asociaciones
vecinales y organizaciones no gubernamentales, en la formulación de propuestas
de inversión ante las autoridades estadales y municipales encargadas de la elaboración
de los respectivos planes de inversión, así como en la ejecución, evaluación y
control de obras, programas sociales y servicios públicos en su jurisdicción. 3. La
participación en los procesos económicos estimulando las expresiones de la
economía social, tales como cooperativas, cajas de ahorro, mutuales y otras
formas asociativas. 4. La
participación de los trabajadores y trabajadoras y comunidades en la gestión de
las empresas públicas mediante mecanismos autogestionarios y cogestionarios. 5. La
creación de organizaciones, cooperativas y empresas comunales de servicios,
como fuentes generadoras de empleo y de bienestar social, propendiendo a su
permanencia mediante el diseño de políticas donde aquellas tengan
participación. 6. La
creación de nuevos sujetos de descentralización a nivel de las parroquias, las comunidades,
los barrios y las vecindades a los fines de garantizar el principio de la corresponsabilidad
en la gestión pública de los gobiernos locales y estadales y desarrollar
procesos autogestionarios y cogestionarios en la administración y control de los
servicios públicos estadales y municipales. 7. La
participación de las comunidades en actividades de acercamiento a los establecimientos
penales y de vinculación de éstos con la población. [1] Utilizamos el término ideología no en el sentido
marxista de falsa conciencia sino más bien en el sentido barthesiano y
semiotista que interpreta la función de determinados signos culturales como
elementos o funciones naturalizadoras de procesos sociales. [2] Aproximadamente
unos 6 millones de usuarios en una población de 24 millones de habitantes [3] El aporte del
sector al PIB total en el año 2001 fue de 3,11%. El aporte del sector a la
inversión directa no petrolera fue de 84%. La inversión se sostuvo de 1005
millones de dólares en 1999 a 1,050 millones de dólares en el 2001. El
crecimiento de la penetración de la telefonía fija fue de 11,2%, de la
telefonía móvil de 26% y de Internet de 66%. El crecimiento del acceso a la
navegación de Internet fue de 592% a través del programa de Infocentros del
Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cifras oficiales presentadas por el Consejo
Nacional de Telecomunicaciones en su página electrónica www.conatel.gov.ve
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