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Las publicaciones on line como vías para el
incremento de la participación ciudadana en los asuntos públicos y colectivos:
Versiones digitales de periódicos impresos y páginas web de Administraciones
Públicas Leo García Estado general de la
cuestión. Un triángulo democrático de tres vértices: ciudadanos, medios de
comunicación y políticos. Aspectos que frenan la participación ciudadana en los
asuntos sociales Las democracias que se han consolidado en occidente
viven según algunos autores un momento muy dulce. Abanderadas de la libertad
del individuo, han evolucionado hacia unos sistemas en los que los ciudadanos
han alcanzado logros sociales fundamentales como es el estado del bienestar y
la igualdad, metas históricas que no todos los sistemas han sabido conquistar,
hasta tal punto que algunas otras alternativas de gobierno que se han puesto en
práctica para gestionar los países han acabado fracasando. Y así partiendo de la base de que la
democracia es el mejor sistema de gobierno conocido (o para los más pesimistas
el ‘menos malo’) llegamos a los albores del siglo XXI con una deficiencia que
puede llegar a cuestionar su propia: el desencanto político de los ciudadanos y
la consiguiente falta de participación en los asuntos públicos y colectivos. Y es que algunas de las críticas
que se han atribuido al sistema son precisamente el distanciamiento que existe
entre representantes y representados, una desafección hacia políticos e instituciones públicas que hace
que los ciudadanos no sientan como propios los asuntos públicos y colectivos,
situación que genera la falta de participación en los temas de índole política.
La actitud generalizada de la
población con partidos o parlamentos es la cada vez mayor desconfianza que
sienten hacia los gobiernos salpicados de corrupción, hecho que perjudica
notablemente la imagen que han proyectado entre los electores. Pero lo más
significativo de esta actitud no es que la apatía sea con un partido o
ideología concreta, sino que es hacia el propio modelo de gobernación política.
Y la democracia no es otra cosa que el gobierno del pueblo, por lo que algo
estará fallando cuando decimos que nuestras ciudadanías son más pasivas que
activas, y creen que la participación consiste en depositar el voto en la urna
cada cuatro años. Por lo tanto, como señala Joan Subirats, se
constata una creciente insatisfacción con la calidad de la democracia[1].
Pero ¿a qué es debida esta apatía de los ciudadanos hacia los asuntos
sociales?. Este autor indica que los ciudadanos no se sienten preparados para
participar en los temas públicos porque cada vez más la política se considera
un área para especialistas en la materia, situación a la que hay que añadir la
apatía y desconfianza que sienten hacia las instituciones y sus representantes.
Por lo que un posible freno a esa falta de
participación que hemos señalado podría ser el estado permanente de
insatisfacción, al que también se unen otras situaciones: el monopolio de los
partidos electorales en la arena política o el sentimiento generalizado de que
realmente no se solucionan los problemas de los individuos, y en las campañas
electorales, debates sobre la nación etc no se discuten los temas que interesan
a los ciudadanos. Es muy significativo el dato que publicaba
el miércoles 17 de julio el periódico El País en su versión digital. La
noticia, que recogía los resultados de la encuesta realizada por el Instituto
Opina acerca del último debate sobre el estado de la nación, señalaba que casi
el 45% de los encuestados aseguraron que no se habían tratado los problemas que
les preocupaban. La esfera política quedaría de esta manera
en manos de partidos y medios de comunicación, con lo que los individuos se
sienten excluidos de esta relación (que por otra parte cree representar los
intereses de la ciudadanía) fomentando así la distancia entre instituciones
públicas y votantes. Frialdad y unidireccionalidad serían dos términos que
definirían esta relación desigual que se ha establecido entre electos y
electores. Ahora bien esto no significa que en la
sociedad del conocimiento que hemos creado la gente no sepa de política, ya que
nunca antes como ahora se sabe más de este tema[2].
Vivimos en un momento de sobrepolitización que conllevaría el desencanto
político, pero siempre entendido este como el debilitamiento de unas formas
políticas por otras. Para Ortega en esta sustitución (en muchos
casos de la clase política por los medios de comunicación) hay factores
preocupantes que ponen en riesgo a la democracia. Se ha extendido entre los ciudadanos
la convicción de que la fórmula de representación política es poco fiable y es
muy probable que en este sentido haya ayudado la imagen que proyectan los
medios de comunicación de la clase política. La continua crítica a la acción de
partidos y políticos y el descubrimiento de casos de corrupción y deficiencias
en su funcionamiento han mermado en mucho la concepción que los ciudadanos
tienen de los políticos. Frente a esta imagen más o menos salpicada por el
escándalo, los medios se han atribuido el papel de defensores de la libertad y
los derechos, y el de fieles vigilantes de la pureza democrática. Y desde luego
lo que no se debe poner en duda es que las corruptelas se reparten por doquier
entre unos y otros actores de la esfera pública. Por lo tanto vemos como hay un
cierto desencanto político entre los gobernados por varias razones: la primera
sería el distanciamiento provocado por la frialdad y la falta de comunicación
entre administración pública y ciudadanos; una segunda razón sería la de que
los individuos en ocasiones sienten que en política se tratan temas que
realmente no les afectan. Una tercera razón no menos importante es la imagen,
más negativa que positiva, que nos ofrecen los medios de comunicación acerca de
la clase política. Además otra objeción que podría
plantearse en esta peculiar relación entre gobernantes y gobernados sería la de
la falta de confianza de los políticos en la capacidad para intervenir de los
ciudadanos. Como consecuencia no se muestran especialmente proclives a
dinamizar esta relación participativa. Como afirma Flores d’Arcais se acaba
creando una especie de círculo vicioso de desresponsabilización: los ciudadanos
viven en la extrañeza del sistema político desentendiéndose del mismo, mientras
que los políticos, que se quejan de la poca participación de sus votantes, se
aprovechan de una concepción de la política que parece cada vez más cosa de
profesionales. Otros aspectos negativos referidos a la
incompetencia de los ciudadanos serían la falta de continuidad y estrategia
definidas en sus opiniones; la falta de información y el debate suficientes; la
no asunción de responsabilidades sobre los efectos de las decisiones tomadas;
el peligro de escasa participación que permita el control del voto en ciertas
decisiones por parte de minorías con intereses muy definidos o el exceso de
complejidad en algunas áreas de la política[3].
Pero estos argumentos que señalan la
incapacidad de la gente para enfrentarse a la complejidad de los temas de hoy
en día, van en contra de la misma naturaleza de la democracia (del griego demos
–pueblo- y kratos –autoridad-) que significa autoridad/gobierno/poder del
pueblo. Si realmente creemos que nuestros ciudadanos no tienen la capacidad
para intervenir en la toma de decisiones o no es necesario que lo hagan, en lo
que no tenemos fe y por lo tanto lo que rechazamos, es al propio sistema
democrático. En el otro vértice del triángulo
democrático se situaría la relación que se establece entre los ciudadanos y los
medios de comunicación. Para Habermas la esfera pública ha sido secuestrada por
los medios de comunicación de masas. Según el autor alemán, la discusión
pública a través de la cual se llega a un consenso para la solución de los
conflictos sociales, cuando se trata de un público muy amplio requiere de
medios precisos de transferencia e influencia: periódicos, revistas, radio y
televisión, son hoy los medios del espacio público. Así pues este espacio
público se presenta como el lugar de surgimiento de la opinión pública que
puede ser manipulada y deformada, pero que constituye el eje de cohesión
social, de la construcción y legitimación política[4].
De esta forma
llegamos a una situación en la que el espacio público en el que se supone
también intervienen los ciudadanos, al estar secuestrado por los medios de
comunicación, deja de ser tal para convertirse en un espacio mediático. Cabría
plantearse si la opinión pública (que nace a partir de este espacio) no está
directamente dirigida y manipulada por los medios, sino en su totalidad
(estaríamos cayendo en una especie de teoría de la conspiración en la que se
supone todo está mediatizado) sí en alguna de las partes del proceso de
formación de la opinión pública[5].
Pero
incidiendo en la relación medios de comunicación- ciudadanos dentro del sistema
democrático, otra de las críticas que se han atribuido a la radio, prensa y
televisión tradicionales es la falta de interactividad que tienen con sus
audiencias, o lo que es lo mismo, la poca posibilidad que ofrecen a la gente
para que intervenga en la elaboración de contenidos o en la selección de los temas
que interesan a la comunidad en general. De esta forma los medios de
comunicación de masas han atribuido espacios residuales a la opinión de la
gente que puede esperar semanas, incluso meses, a ver publicada su carta al
director en la publicación impresa o, en el caso de los medios audiovisuales,
se debe resignar a no intervenir en los escasos minutos que conceden a oyentes
y telespectadores. En muchas
ocasiones los ciudadanos no ven tratados en las campañas electorales, debates
sobre el estado de la nación[6]
etc., los temas que le preocupan, ya que el periodista se obceca en hablar de
aquel escándalo de corrupción que salpicó al partido, cuando lo que realmente
quieren saber los votantes son los temas prácticos que repercuten en su vida
diaria. Así, si los medios de comunicación fueran más democráticos, en el
sentido que contaran más con los individuos para sacar todos los días su
edición impresa o las noticias del mediodía, facilitarían la participación ya
que: los ciudadanos estarían bien informados de los temas que les despiertan
una mayor curiosidad y, por lo tanto, sentirían a las instituciones públicas
más cercanas a sus intereses en general y a su vida en particular. De igual
forma sentirían la necesidad de participar en esos asuntos que les repercuten
tan directa o indirectamente. Por lo tanto,
y aquí hemos encontrado otra posible causa, por la que los ciudadanos no
participan en la toma de decisiones, sería la lejanía que sienten hacia los
temas que inundan todos los días la agenda de la actualidad mediática.
Actualidad, que por otra parte, debido a la complejidad que presenta no termina
en ocasiones de ser comprendida por las audiencias. Por lo tanto, para mejorar la calidad de la
democracia fomentando así la intervención de los ciudadanos en los temas y
problemas colectivos debemos abrir nuevas vías de participación. Internet es un
medio rápido y eficaz para ello debido a su naturaleza eminentemente
interactiva y a la facilidad para la transmisión de datos. Por ejemplo se
pueden enviar propuestas o simplemente una opinión personal a los diputados de
un Parlamento o Asamblea en tiempo real, de tal manera que se establezca una
relación instantánea entre el político y el ciudadano. Pero tampoco debemos caer en el discurso fácil de
que Internet solucionará todas nuestras deficiencias democráticas. Solucionará
algunas, creará nuevas y otras las aparcará porque no será capaz de
resolverlas. Además para que los ciudadanos participen a través
de la red debe darse una circunstancia fundamental, que aunque obvia, puede que
pase desapercibida: el compromiso firme de todas las partes (ciudadanos,
administración pública, partidos políticos, medios de comunicación
tradicionales y sus versiones digitales en la Red...) de fomentar el diálogo y
el debate acerca de las cuestiones que nos atañen a todos. Porque debemos ser
conscientes de la necesidad de que la ciudadanía intervenga para que las
decisiones sean realmente eficientes y no estén únicamente en manos de los
partidos políticos. Si se habilitan cauces para que todos intervengamos (como
pueden ser chats, foros, cartas al parlamento o a los diputados, etc) debemos
tener la plena seguridad de que lo que estamos haciendo servirá para algo y que
no es una acción de lavado de imagen de la institución o el medio en cuestión.
Si el internauta que interviene dando su opinión acerca de una propuesta de ley
concreta o de la reforma que van a hacer en el jardín de su barrio siente que
no está siendo escuchado, volveremos a la misma situación y lo único que
estaremos haciendo es perder el tiempo. Tampoco debemos pensar que existe la
solución perfecta, esa especie de panacea o pócima mágica que abrirá todas las
puertas a nuestros problemas. Debemos tener en cuenta que cada circunstancia
requerirá de una solución distinta, concreta y específica. De esta forma si
cuando una proposición de ley sale a la luz queremos saber que opinan nuestros
ciudadanos, podemos habilitar un foro donde se recojan las propuestas y
posibles enmiendas que plantearían los electores[7].
Ahora bien si lo que queremos es saber cómo arreglarían los vecinos de un
barrio el jardín donde pasean todas las tardes, otra posibilidad aparte del
mencionado foro, sería la de habilitar un chat donde se discuta de ello y
donde, por qué no, también intervenga el concejal de parques y jardines
encargado de llevar a cabo la reforma. Se facilitaría así también la labor a
los políticos que en ocasiones no saben qué es lo que realmente quieren los
ciudadanos y realizan importantes inversiones en infraestructuras y proyectos que
finalmente no son del agrado de los usuarios. En cada situación en la que los
ciudadanos vayan a intervenir habrá que realizar un análisis y un estudio de la
cuestión, identificando afectados, causas, posibles soluciones... para
plantear, siempre vía Internet, cual es la forma más efectiva y adecuada de
hacerles partícipes. Se trataría en definitiva de reducir la
percepción de distancia que existe entre representantes y representados,
mejorar la calidad de nuestra democracia y revitalizar a la sociedad civil[8]
que en la actualidad se encuentra un tanto desdibujada. Con respecto a los
medios de comunicación que tienen presencia en Internet afirmaremos que para
fomentar la participación ciudadana tienen una doble misión: por un lado
ofrecer a la gente los temas que realmente le interesan y por el otro
simplificar esta realidad y lo concerniente a la toma de decisiones públicas al
máximo para que sean entendidas por los ciudadanos. Vías para el incremento
de la participación ciudadana directa en los asuntos públicos: versiones
digitales de periódicos impresos y páginas web de administraciones públicas.
Propuestas de acción para facilitar la cooperación de la gente en la toma de
decisiones Como venimos señalando a lo largo de esta ponencia,
una de las principales deficiencias de la democracia en nuestro país es la
falta de participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y colectivos,
carencia que es acentuada desde los propios poderes políticos ya que no
facilitan las vías y la información necesaria para escuchar la voz de la gente.
Lo que se pretende con este incremento en la
participación es que la democracia de índole representativa que opera en la
actualidad evolucione hacia una más participativa que la complemente. Es esta una relación unidireccional que se
activa sobre todo durante las campañas electorales, períodos en los que la
parafernalia electoral gana en la mayoría de las ocasiones la partida a una
auténtica acción informativa acerca de los programas y acciones de los
diferentes partidos. Además los medios de comunicación de masas, tradicionales
intermediarios entre la esfera política y social, han guardado a la opinión de
sus audiencias espacios residuales. Llegados a este punto en el que los actores
de la esfera pública (políticos y medios de comunicación, principalmente) no
incitan a la participación y por otro lado los propios ciudadanos en ocasiones
o no se sienten capacitados para hacerlo o simplemente no saben como intervenir
en la esfera pública, es en el que las nuevas tecnologías, más concretamente
Internet, se presenta como uno de los cauces ideales para resolver el estado de
la cuestión. Las tecnologías de la información y la
comunicación pueden solucionar las deficiencias democráticas, desplazar a otras
o incluso crear algunas nuevas, situación esta última para la que quizá no
estemos preparados debido a la expectación y esperanzas que ha creado la red de
redes. Como señala Dominique Wolton[9]
las nuevas tecnologías han despertado fascinación entre la población porque nos
ofrecen todo lo que los medios de comunicación no han hecho: libertad y
creación. Habla este autor de Internet como una moda que seduce porque tiene
todo los que los ciudadanos rechazan de los medios tradicionales, y esta desconfianza que generan los medios de
comunicación, debido a la acusación de que ejercen una cierta manipulación
entre la población (entre otras causas), explica la seducción por las nuevas
tecnologías. Para Wolton si hubiera una reflexión teórica acerca de las
relaciones entre tecnologías de la comunicación, sociedad y democracia no se
produciría ni la desfasada desconfianza hacia los medios tradicionales ni la
fuerte adhesión a los nuevos entornos tecnológicos. Esto no es suficiente máxime si tenemos en
cuenta que una democracia en la que únicamente la acción es llevada a cabo por
los gobernantes descansa sobre unos pilares más o menos tambaleantes. Por lo
tanto y para fomentar la colaboración de la gente en los temas públicos las
publicaciones on line (entre las que se encuentran las versiones digitales de
los periódicos impresos) van a ser los cauces óptimos para el incremento de la
participación ciudadana en los asuntos colectivos. Algunos profesionales del periodismo han
planteado una serie de movimientos autocríticos para mejorar la involucración
de los ciudadanos en la comunicación
social servida por los medios. Se trata de una serie de prácticas profesionales
que abogan por realizar en las redacciones un tipo de informaciones
movilizadoras, útiles y prácticas. Así en el origen del periodismo cívico está
el intento de solucionar ese malestar acerca del servicio que las noticias
periodísticas realmente aportan al ciudadano para su participación consciente y
responsable en la vida democrática. Este periodismo propone la organización de
debates ciudadanos organizados por el
medio correspondiente antes del inicio de una campaña electoral, para
recoger las preguntas y quejas de los residentes en la zona y utilizarlas luego
para que los periodistas las transmitan a los candidatos electorales. En otros
casos proyectos de reformas municipales de muy variado signo han sido sometidos
por el medio a la discusión. Con este tipo de periodismo lo que se
pretende es informar a la gente de los temas que están en su agenda y no los
que están en la mente del periodista. Para lograrlo los periodistas que abogan
por esta práctica consideran vital el desarrollo de estrategias que permitan
escuchar ampliamente a los miembros de la comunidad. Propone la organización
constante de mesas de debate y grupos de discusión, para tratar ampliamente los
aspectos de los temas que se convierten en centro de noticia o suscitan la
polémica. Como venimos señalando en la ponencia,
también para el periodismo cívico uno de los síntomas de la destrucción del
sentimiento de la ciudadanía es la apatía que siente por igual la gente común
ante las instituciones públicas y los medios de comunicación[10]:
tienden a considerar a unos y a otros como entidades distantes con las que sólo
cabe esporádicamente entrar en contacto. Uno de los aspectos más fundamentales
es mantener un seguimiento de continuidad para los temas que más preocupan al
público, manteniendo para ello abiertos y estimulados los cauces más intensos y
ricos posibles de contacto. Serán la oportunidad del momento y las características
específicas de cada tema las que deberán guiar la imaginación profesional para
dar entrada a la participación de la audiencia. Claro está que en esta proposición no se han
tenido en cuenta las posibilidades que ofrece la red, aspecto que sí
abordaremos en este trabajo. Porque ¿qué ocurriría si este periodismo cívico se
practicara a nivel on line?. Imaginemos por un momento que en vez de mantener
estas discusiones en la sede del periódico se hagan a través de chats o
diferentes foros, facilitando así la participación a ciudadanos y periodistas. Pero es que además este periodismo propone
facilitar direcciones e incluso números de teléfono para que los ciudadanos
puedan presentar sus réplicas o puntos de opinión. Si se presenta on line se
proporcionarían los emails de periodistas y secciones para que el lector en el
momento en el que está leyendo la noticia en cuestión tenga posibilidad de
responder. Es cierto que ya se proporcionan las direcciones de las secciones de
los periódicos pero no es suficiente. La transparencia debe ser absoluta y el
periodista no debe tener ningún reparo a la réplica de sus lectores. Si
queremos crear esa interactividad entre internautas y periodistas debemos
asegurarnos que los emails van a ser leídos y contestados[11].
Por un momento pensemos lo sencillo que
puede resultar para un internauta leer una noticia y encontrase al final de la
misma con la posibilidad de enviar un correo electrónico al autor, poder
participar en un foro (en el caso en el que sea una polémica que viene siendo
tratada en el periódico on line a lo largo de un periodo determinado de tiempo)
o simplemente poder acceder directamente a la página de la institución
implicada en la noticia. Que conste que ya se realizan algunas de estas
iniciativas en las ediciones digitales de los periódicos impresos pero habría
que analizar cómo son moderadas, si al final se adoptan unas conclusiones más o
menos concretas y sobre y todo y más importante si se les hace llegar a
políticos e instituciones públicas los temas tratados y los diferentes puntos
de vista y opiniones de los lectores. En muchas ocasiones, la falta de cultura
digital no nos permite que utilicemos la infinidad de posibilidades que nos
brinda esa red llamada Internet. Porque y en este sentido, aparte de contar
más con nuestros receptores a la hora de elaborar los contenidos, si las
publicaciones on line proporcionaran links a las administraciones públicas o a
las cartas de los usuarios a concejales, consejeros y ministros también
fomentaríamos la participación directa en los asuntos públicos y colectivos. En un conflicto en una determinada comunidad
local (que es un ámbito idóneo para la participación ciudadana debido a la
cercanía de los temas); hablamos de un caso de corrupción en un Ayuntamiento, quejas
por parte de algunos vecinos debido al polémico botelleo o la posible reforma
de ese parque o plaza que presenta desde hace algún tiempo un estado más que
deplorable. ¿Qué pasaría si en el caso del gobierno local polémico el link
llevara directamente al internauta al buzón de reclamaciones de su
Ayuntamiento?. ¿Y si en el caso de la polémica del botelleo el Ayuntamiento o
la Concejalía implicada habilitara un foro para recoger las posibles soluciones
que presentan los vecinos afectados por el problema?. ¿Y si a la hora de
reformar una plaza contáramos con la opinión de nuestros ciudadanos,
considerando o por lo menos teniendo en cuenta sus propuestas?. Estas
posibilidades, en Internet, se hacen efectivas de forma inmediata, es decir, en
tiempo real. Vayamos un poco más allá dedicando a diario
una sección a información de utilidad en la Red que recoja los temas que más
interesan a los lectores previa petición de estos (desde cómo realizar la
declaración de la renta para los menos avispados en este tema de las nuevas
tecnologías, hasta cómo asistir a un curso on line de navegación por
Internet). Pocos son lo periódicos on line
que proporcionan los emails de sus periodistas para que los lectores puedan
interactuar directamente con ellos. Ponerse en contacto con los redactores de
una información debería ser una realidad en todas las ediciones digitales ya
que el principal deber del periodista es el del servicio público, y qué mayor
servicio público que contestar, escuchar y estar en contacto con nuestras audiencias.
Además esta accesibilidad también
sería de utilidad para el propio periodista que así sabría si su trabajo es de
interés o si por el contrario las informaciones que realiza no terminan de
llegar a los lectores. Por lo tanto es bastante obvio que
este diálogo periodista-lector sería fructífero y enriquecedor para ambas
partes, puesto que los periodistas agradecerían una respuesta de sus lectores.
Además, facilitaría la labor de periodista, recibir propuestas de los
ciudadanos, saber realmente cuáles son las dudas que se les plantea con los
temas más actuales (desde el plan hidrológico nacional hasta la ley de
inmigración) o sus inquietudes de cara a unas elecciones. A más de un
comunicador le habrá pasado que al ponerse delante de un político no ha sabido
qué preguntarle. Quizá si tuviéramos claro cuáles son los temas que realmente
interesan a nuestros lectores esta situación hubiera podido ser evitada. Ya no sólo se trataría de la
posibilidad de que el periodista dialogue con su audiencia, sino de ofrecer que
los ciudadanos se movilicen por ellos mismos y entren en contacto con las
siempre frías y distantes instituciones públicas e incluso los actores que en
ellas operan: políticos y autoridades. Estas acciones revitalizarían a nuestras
democracias, sistemas a los que siempre se ha achacado la falta de
participación ciudadana. Está claro que ejercer este tipo de
periodismo supone una mayor implicación y por supuesto esfuerzo por parte del
periodista, ¿pero acaso no ha llegado la hora de que utilicemos las
posibilidades que nos brinda Internet para acciones realmente útiles? Si fomentamos esa participación ciudadana
que en la actualidad se nos presenta como tan deficitaria, no sólo contaremos
con los ciudadanos a la hora de afrontar los múltiples y siempre diversos
asuntos públicos y colectivos, sino que de una vez por todas estaremos poniendo
las bases para la construcción de una sociedad civil fuerte y estructurada
siempre tan necesaria para disfrutar de una democracia sana y plena. Por lo tanto es misión de los medios de
comunicación fomentar esa cultura de participación que con tan escasa tradición
ha contado en nuestro país. Isidre Canals[12]
asegura que previamente a la participación en la toma de decisiones bien sea
opinando sobre una proposición de ley concreta, proponiendo enmiendas a la
misma o enviando cartas a los diputados de un parlamento (todo ello ya se
realiza en el parlamento de Cataluña a través de la página web de la Fundación
Jaime Bofill, www.democraciaweb.org ) es necesario el
debate donde se clarifiquen las diferentes posturas tanto técnicas como de
opinión del tema de discusión. Así este debate aparte de en la página de la
institución en concreto (Parlamento, Asamblea, Ayuntamiento etc) podría
llevarse a cabo también en las versiones digitales de los periódicos impresos a
través de los ya mencionados foros o chats. El debate puede iniciarse en las
publicaciones online que ofrecerán más información a los ciudadanos para que
lleguen a un consenso más o menos riguroso. Estos medios informativos podrían
ayudar a los ciudadanos a adoptar una u otra opción y a aportar argumentos al
debate ofreciendo: noticias relacionadas con el tema que hayan sido publicadas
anteriormente, artículos de opinión de los expertos, documentos relacionados,
análisis en profundidad o reportajes que se hayan realizado en el medio,
encuestas efectuadas para saber la opinión de la gente etc. De esta forma se
facilitaría el debate ayudando a los lectores a desentrañar la en ocasiones
compleja realidad de las cuestiones públicas que nos atañen. Una vez alcanzado
una serie de conclusiones o por lo menos establecido un consenso este documento
se haría llegar a la institución correspondiente. Con esta participación ciudadana directa en
la toma de decisiones estaríamos además recuperando el espacio público,
secuestrado según algunos autores por los medios de comunicación de masas que
lo han convertido en un espacio mediático. Además como la opinión pública nace
en este ámbito, si le devolvemos la libertad contando de nuevo con la
participación de los ciudadanos tendremos una opinión pública más libre y
democrática. En la participación a través de
las web de las Administraciones públicas, ante todo no debe pasar desapercibido
el hecho de que si queremos que los ciudadanos participen, las administraciones
deberán ejercer al máximo los derechos de acceso a la información pública, a la
información de los procesos de toma de decisiones, facilitar la comunicación
directa entre el ciudadano y los responsables de las esferas políticas y
prestar servicios on line (petición de certificados, licencias urbanísticas y
comerciales, etc). Por lo tanto propongo en este
punto otra vía de participación ciudadana: las webs de las propias administraciones
públicas. Este tipo de iniciativa ya se lleva a cabo
en algún parlamento de nuestro país (como señalamos anteriormente en el de
Cataluña, a través de www.democraciaweb.org) pero su uso debe
generalizarse entre todas las instituciones públicas: Asambleas Regionales,
Parlamento, Senado, Ayuntamientos, Consejerías etc. Consiste en poner en
práctica la transparencia informativa de las administraciones públicas hacia
con sus ciudadanos. Así se trata de abrir foros de debate en
torno a proposiciones y proyectos de ley presentados en los Parlamentos,
opiniones y enmiendas que se harán llegar a los parlamentarios o diputados. Por
supuesto que el texto sobre el que se establece el debate debe estar en esa página
web para que pueda ser consultado por los interesados. Otra actividad bastante interesante es la de
la sección de cartas al parlamento. Así, siempre y cuando estas misivas
respeten los derechos de los individuos se harán llegar bien a un político en concreto
o bien a una formación que opere en la institución en cuestión. En este punto
también es necesario la implicación de los políticos que deberán contestar a la
gente. Los chats en las administraciones públicas
deberán ofrecer un valor añadido con respecto a otras charlas: la presencia de
los políticos con relativa frecuencia. Por ello serán invitados los
responsables de los temas que en esos momentos estén más de actualidad bien sea
por alguna reforma propuesta que haya suscitado la polémica, porque el área en
la que desempeña su labor el político se encuentre en mal estado, etc. Estas
conversaciones ya se están produciendo en algunas webs, pero no es suficiente,
esta práctica debe ser una constante en los espacios digitales de las
administraciones públicas. Pero esta participación también se podrá dar
a través de agrupaciones o colectivos, algunos permanentes y otros que se
crearán para una causa concreta. De esta forma la Red puede ser un potenciador
del asociacionismo en nuestro país debido a su capacidad para llegar a un gran
número de gente en muy poco tiempo (es un medios que facilita las
comunicaciones entre las personas como nunca antes otro lo hacía hecho). Por lo tanto vemos como para que se de el
proceso de participación ciudadana es necesaria la implicación de las dos
partes: por un lado la responsabilidad de las administraciones públicas para
colocar los medios adecuados, instrumentos y canales a través de los cuales la
información y opiniones de los ciudadanos lleguen hasta los políticos y por el
otro la propia responsabilidad de los individuos, la sociedad civil propiamente
dicha, que debe primero reclamar y después utilizar de manera continuada los
instrumentos que se le han puesto a su alcance[13].
Conclusiones
Las democracias que hemos consolidado han alcanzado
cotas históricas, logros que no todos los sistemas de gobierno conocidos han
sabido conquistar: el estado de bienestar, la libertad de expresión, de
pensamiento, creencia, la igualdad entre sexos, razas, clases sociales... pero
precisamente este sistema, cuyo origen se sitúa en la antigua Grecia, en pleno
siglo XXI sigue contando con una deficiencia que puede llegar a cuestionar su
propia viabilidad: el desencanto político de los ciudadanos y la consiguiente
falta de participación en los asuntos públicos y colectivos. ¿A
qué es debida esta pasividad de los individuos?. En primer lugar hay un
distanciamiento considerable entre representantes y representados, una
desafección hacia políticos e instituciones que hacen que los ciudadanos no
sientan como propios los asuntos sociales. A veces la gente siente que no se
solucionan sus problemas y que en las campañas electorales, debates sobre el
estado de la nación etc., no se discuten los temas que más le interesan.
Desconfianza, apatía e insatisfacción generalizada con la propia calidad de la
democracia, los ciudadanos no se sienten preparados porque cada vez más la
política se considera un área para especialistas. Otra circunstancia que puede haber fomentado
esta apatía es la imagen que los medios de comunicación ofrecen de la clase
política y por último la falta de confianza de los propios gobernantes en la
capacidad para intervenir de sus gobernados. Además en el otro vértice de este triángulo
democrático se situaría la relación establecida entre los medios de
comunicación y los ciudadanos. Para Habermas los medios tradicionales han
secuestrado el espacio público, esfera de la que también emerge la opinión
pública. Según el autor alemán el espacio en el que tendría que intervenir la gente
y en el que se mantiene la discusión pública está totalmente dominado por la
radio, prensa y televisión y por tanto ha pasado a ser un espacio mediático. Los medios han dedicado a la opinión de sus
audiencias espacios residuales (cartas al director, breves intervenciones en
determinados programas etc.) y no han escuchado la voz de estas, por lo que no
han contado con ellas tampoco a la hora de elaborar sus contenidos. Así que
otra posible razón a la poca colaboración de la gente en los asuntos sociales
sería la lejanía que sienten hacia los temas que todos los días inundan la
agenda de la actualidad mediática. La complejidad de algunas informaciones
ocasionan que los lectores, telespectadores y radioyentes no terminen de
comprender la realidad de los medios. Por lo tanto, para mejorar la calidad de la
democracia fomentando así la intervención de los ciudadanos en los asuntos
sociales, a lo largo de esta ponencia se han propuesto varias vías que pueden
ayudar a solucionar el estado de la cuestión: se trataría por un lado de la participación a través de las
ediciones digitales de los periódicos impresos y por el otro desde las web de
las Administraciones Públicas. Pero ante todo hay que tener en cuenta
varias consideraciones y es que para que esta circunstancia se de, hace falta
el compromiso firme de todas las partes (ciudadanos, medios de comunicación y
clase política, entre otros) de fomentar el dialogo y el debate acerca de las
cuestiones que nos atañen a todos. Pero no caigamos en la falacia de pensar que
existe la solución perfecta, esa pócima mágica que nos ayude a solucionar todos
nuestras deficiencias democráticas. Cada situación requerirá de un análisis
concreto, una definición de los afectados e implicados y por tanto de una
solución específica. A través de las ediciones digitales de los
periódicos impresos se trataría de fomentar la práctica del periodismo cívico,
que aboga por escuchar ampliamente a las audiencias organizando mesas de debate
y grupos de discusión para tratar los temas que se convierten en noticia o
suscitan la polémica. Así, esta práctica realizada a través de Internet
conllevaría la puesta en marcha de foros y chats de los temas más actuales,
pero a diferencia con los que se realizan en estos momentos, que estuvieran
correctamente moderados y cuyas conclusiones se hicieran llegar a la
institución política en cuestión. Estos espacios deberían tratar ante todos
temas locales (desde la aplicación de la ley antibotelleo a una determinada
localidad hasta la remodelación de ese jardín que presenta un estado un tanto
deplorable) pero también nacionales. Para facilitar la discusión y ayudar a los
ciudadanos a que se adhieran a una u otra opinión, los medios facilitarían
noticias anteriores relacionadas con el tema, reportajes, análisis y
documentos, artículos de opinión, webs ligadas al tema etc. Además las noticias
que estuvieran relacionadas con alguna Administración Pública deberían incluir
links que llevara a los internautas directamente a los buzones de quejas de ese
Ayuntamiento, Parlamento o Asamblea con cuya acción la gente no estuviera
conforme. Las ediciones digitales deberían incluir los
emails de todos sus redactores para ofrecer la posibilidad de una interacción
rápida y directa entre periodistas y lectores. Con todo ello estaríamos
devolviendo a sus estatus original al espacio público que como ya hemos
indicado en la actualidad se ha transformado en un espacio mediático. Además
proporcionaríamos que la gente interviniera en la creación de la agenda
mediática, por lo que sentirían los temas de la actualidad, sobre todo
política, más cercanos y haríamos que entraran en contacto con las siempre
frías y distantes instituciones públicas e incluso los actores que en ellas
operan: políticos y autoridades. Por último la participación directa de los
individuos también podría llevarse a cabo a través de las web de las propias
Administraciones Públicas, posibilitando a la gente que de su opinión sobre
proyectos o proposiciones de ley e incluso proponga enmiendas; pudiendo enviar
cartas a una formación política de un Parlamento o a un político concreto, o
también organizando con relativa frecuencia charlas con los políticos (chats)
que en esos momentos estén implicados en un tema de actualidad. Estas
iniciativas ya se realizan en el parlamento catalán a través de www.democraciawb.org pero deberían generalizarse a todas las
instituciones políticas: Ayuntamientos, Parlamentos, Asambleas, Consejerías... Si fomentamos la participación ciudadana a
través de estas vías, entre otras muchas posibilidades que nos brinda Internet,
no sólo contaremos con los ciudadanos a la hora de afrontar los múltiples y
siempre diversos asuntos públicos y colectivos, sino que de una vez por todas,
estaremos poniendo las bases para construir una sociedad civil fuerte y
estructurada siempre tan necesaria para disfrutar de una democracia sana y
plena. Bibliografía
·
Alberto Arruti, Miguel y
Flores Vivar, Jesús, 2001, “Ciberperiodismo”, editorial Limusa, Madrid. ·
Boladeras Cucurella,
Margarita, 2001, “La opinión pública en Habermas”, en Cuadernos de
Comunicación y Cultura nº26, www.bib.uab.es ·
Canals, Isidre, 2002, “Democracia
i Internet. La contribució d’Internet a la democràcia”, en Papers sobre
Democràcia nº25, www.democraciaweb.org
·
Castells, Manuel, 2001, “La
galaxia Internet”, editorial Areté, Madrid. ·
Dader, José Luis, 1999, “Los
usuarios ante la sociedad de la información”, CEACCU, Madrid. ·
Ortega, Félix, 2002, “La
democracia en peligro por el desencanto político”. Conferencia impartida en
los cursos de verano de la Universidad de Cantabria. ·
Subirats, Joan, 2002, “Los
dilemas de una relación inevitable. Innovación democrática y tecnologías de la
información y la comunicación”, en Papers sobre Democràcia nº24, www.democraciaweb.org. ·
Wolton, Dominique, 2000,
“Internet y después”. Barcelona, editorial Gedisa. [1]
Subirats, Joan, 2002, “Los dilemas de una relación inevitable. Innovación
democrática y tecnologías de la información y la comunicación”, Papers
sobre Democràcia nº 24, www.democraciaweb.org.
[2]
Ortega, Félix, 2002, La democracia en peligro por el desencanto político. Conferencia
impartida en los cursos de verano de la Universidad de Cantabria. [3]
Subirats, Joan, 2002, “Los dilemas de una relación inevitable. Innovación
democrática y tecnologías de la información y de la comunicación”, en
Papers sobre Democràcia nº24, www.democraciaweb.org
[4]
Boladeras Cucurella, Margarita, 2001, “La opinión pública en Habermas”, en
Cuadernos de Comunicación y Cultura nº26, www.bib.uab.es
[5]
Como señala la teoría de la ‘Agenda Setting’, los medios no nos dicen qué es lo
que tenemos que pensar pero sí sobre qué temas hacerlo. [6]
Véase el ejemplo de la encuesta de la edición digital de El País en la página 3
de este trabajo. [7]
Esta acción ya se lleva a cabo en el parlamento de Cataluña a través de la
página web citada anteriormente, www.democraciaweb.org.
[8]
Sociedad Civil entendida siempre como la movilización ciudadana a instancias
del Estado. [9]
Wolton, Dominique, 2000, Internet y después. Editorial Gedisa,
Barcelona. [10]
Dader, José Luis, 1999, “Los usuarios ante la sociedad de la información”. CEACCU,
Madrid. [11]
Algunos autores aseguran que para que se establezca una auténtica
interactividad el periodista no debe tardar más de 48 horas en contestar a sus
lectores. [12]
Canals, Isidre, 2002, “Democràcia i Internet. La contribució d’Internet a la
democràcia”, en Papers sobre Democràcia nº25, www.democraciaweb.org [13]
Canals, Isidre, 2002, “Democràcia i Internet. La contribució d’internet a la
democràcia”, en Papers sobre Democràcia nº25, www.democraciaweb.org.
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