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CULTURA & POLÍTICA @ CIBERESPACIO

 

1er Congreso ONLINE del Observatorio para la CiberSociedad

 

Comunicaciones – Grupo 9

El ciberespacio, ¿un nuevo campo social para las identidades colectivas?

 

Coordinación: Joan Mayans Planells y Ricard Faura Homedes (faura@upf.es)

 

http://www.cibersociedad.net/congreso

 

 

¿Moran Las Neotribus en los llamados

Espacios Virtuales?

 

 

Janicce Martínez Richard

 

 

El vino es objetivamente bueno y, al mismo teimpo,

la bondad del vino es un mito: en esto radica la aporía.

 El mitólogo sale de ella como puede:

 se ocupará de la bondad del vino, y no del vino mismo

Roland Barthes

 

 

 

Hace algún tiempo empecé a interesar el espacio de los llamados ambientes virtuales. Interesé por la vía del lenguaje: a través de la palabra de aquellos que eran sus asiduos concurrentes comencé a interrogar algunos asuntos en torno a las relaciones que suscitaba este medio.

 

Ahora, en virtud de lo que Michel Maffesoli llama las neotribus quiero interrogar de nuevo esta especie de espacialidad en vilo e intento rastrear en ella la inscripción de los elementos distintivos de aquéllas.

 

Podría, pues, pensarse éste como un ejercicio que intenta indagar sobre la posible correspondencia entre relatos. Correspondencia y relatos en los que creo estar formando parte de dos maneras distintas: en lo primero, atribuyo; en lo segundo, modero. Sólo como aproximación para probar, en un primer momento, la heurística y novedad del planteamiento central del autor en contrapunto con enunciados de elaboración cotidiana respecto a la cuestión relacional en los llamados ambientes virtuales.

 

Los presupuestos de la modernidad previeron una consistencia normativa estructurada y guiada hacia un telos, lo social, así entendido, responde a un orden político que demanda y provee, a la vez, la asociación racional y contractual de los individuos por ella definidos. Maffesoli contesta que, a guisa de depósito intersticial, estaríamos ante la visibilidad de otras formas de agregación de lo social a cuya expresión llama socialidad. Ésta vendría a estar definida por una lógica estética y una ética sensible. El peso de lo afectivo, el carácter borroso la comunidad, los movimientos de vaivén, la dispersión y la índole transitoria de la existencia, son en su conjunto, aquello que básicamente la anima.

 

Hay, pues, una redefinición de materias centrales derivadas de la racionalidad moderna, a saber, otra forma de aproximarse al espacio y al tiempo, en tanto dimensiones capitales y rectoras del espíritu moderno, así como el desplazamiento de la noción de poder por la de potencia, entendida esta última como la capacidad ad infinitum de actualizar el vivir en común.

 

El uso de la metáfora ‘tribu’ hace posible pensar en la desindividuación y el deslastre de la solidaridad mecánica que acompaña como función al individuo. Pasamos de este modo, de una existencia atomizada y desprovista de afinidades afectivas al auxilio de un paradigma estético donde la multiplicidad del yo y el ambiente colectivo que induce, prevalece en el sentido de experiencia y sentir común. A la postre lo que está en juego es la potencia versus el poder, haciendo visible la fractura de las instituciones unificantes en instantes que denuncian la imposibilidad de “reducir la polisemia de la vida social” (Maffesoli, 1990, p. 102).

 

Luego, lo que viene a aportarnos esta reflexión con Maffesoli y con los participantes de las entrevistas y grupos de discusión, tiene que ver menos con el desgaste de las categorías de análisis que impulsó la modernidad y su dispositivo de operación que con las instituciones que las legitiman.

 

Por tanto, esta disertación convoca menos a una propuesta terminada y única que a una invitación a leer los signos transparentes de la socialidad, esto es, volver la mirada un artefacto poroso capaz de dejarse invadir por los elementos inusitados del mundo y del vivir en el mundo. Las múltiples expresiones que adopta la socialidad, las múltiples y cambiantes formas que adquiere el aliento de la vida en común pueden sernos de gran ayuda y más allá de servirnos para rellenar escrupulosos reportes de la realidad, ofrecerse como espectáculo minucioso del convivir y del relacionarse.

 

Un ejemplo preciso lo “podemos observar, con la ayuda de la microinformática, estas formas de asociación en vías de extensión que son las redes (el neotribalismo contemporáneo) descansan en la integración y en el rechazo afectivo. Esta paradoja, signo patente de la vitalidad, es en cualquier caso una de las claves más útiles para una aproximación comprensiva.” (1990, p. 187). No se trata, pues, de simplificar, reducir o abreviar ‘el objeto de estudio’ a la fórmula de una estética y ética sensibles, se supone debería ser más que eso, complejizar la devanada realidad social dejándola ser tan esquiva y confusa como se presente. Pues, antes bien, lo inabarcable es el mundo y lo huidizo son las relaciones y vida en común aunque se insista en verterlos en límites precisos de donde, antes o después bajo una forma u otra, escapan irremisiblemente.

 

Paso ahora a la inspección, en sentido laxo, de algunos pareceres expuestos por usuarios de medios cibernéticos, en lo tocante a los modos de relación que ellos han experimentado a través de esta vía y en ese intento propiciar el diálogo con Maffesoli a propósito de la pregunta que abrió esta comunicación: ¿moran las neotribus en los espacios llamados virtuales?

 

Si frecuentar los entornos llamados virtuales parece, de entrada, un elogio al solipsismo, entonces se torna irremediable hasta lo obvio, abrir la conversación por la cuestión de la alteridad. Así, ante el planteamiento “¿Cómo es tu idea del otro en el ciberespacio?”, alguien dice lo siguiente:

llega la gente y pregunta “¿miren y fulano?” -aunque nunca se han visto ¿no?-, entonces ya es como si se forma un sólo... como una comunidad. Quizá te das cuenta que a pesar de que hay diferencias somos muy iguales, o sea, somos seres humanos

 

Maffesoli habla del “tribalismo en cuanto nebulosa de pequeñas entidades locales” (1990, p. 34), espacialidades que permiten el confluir puntual de intereses que penden sobre sí mismos, no demandan una fundación más allá del alcance inmediato de su cumplimiento. Estamos ante el signo de la presencia, antes de cuestionar la existencia del otro cuenta más bien que se manifieste, el surtir un efecto: efectuarse en tanto aparición.

 

es increíble cómo la gente invierte tiempo en conversar con alguien que nunca le ha visto el rostro

 

En términos de Maffesoli estamos ante una reactualización del mito de Dioniso, en atención a su carácter errante y, en consecuencia, su capacidad para tornarse advenimiento. Pregunté a otro interlocutor: “¿Cómo defines tú virtualidad?´”, esta fue su respuesta:

 

A mi me parece que virtualidad es la posibilidad de que algo esté aunque no exista, entendiendo por existencia, que puedas tocar, algo que sea susceptible a experiencia sensible, susceptible a ser captado a través de los sentidos o de más de un sentido, en el caso de la red, tú lo único que recibes es información, por supuesto que sí, escuchas y ves cosas, entonces en ese sentido es susceptible de experiencia sensible, pero el mundo en sí mismo... el flujo de significados, el flujo de referentes, el flujo de concepciones de mundo, es virtual; eso está allí en alguna parte, inclusive te afecta

 

Maffesoli, señala por su lado, que hay un constante ir y venir entre la masa y la tribu, agregaciones de órdenes disímiles, cuyos rasgos distintivos se encuentran en lo efímero, lo difuso, lo disperso: vaivén y fluidez que marcan una existencia transitoria, válida sólo en su momento de producción. Uno de mis interlocutores dice:

 

Eso es, ¡nada! como vivir, tener gente... compañía o no tenerla porque en el momento que tú decides te vas...o sea: "¡apaga eso!" y ya; tú no sabes más nada de esa gente

 

Frente a la operación de la norma y la expectativa contractual, se impone lo afectivo y una moral cónsona con la labilidad del espacio y el tiempo donde se genera. Me pregunto si no se inscribe aquí también la idea de potencia a la que me referí más arriba. Potencia en el sentido de subvertir la norma, responder de manera subterránea a las férreas y previsibles ordenanzas de lo instituido.

 

bueno que interesante ¿no?, cómo se modifica el mundo, cómo se modifican las relaciones sociales, esa sí es una de las salidas a la infelicidad que nos a acarreado la tecnología, ahora puedes... es un mundo perfecto en cuanto al prejuicio, por ejemplo, no importa si el otro es negro, si es judío

 

Otra arista de lo mismo se deja leer en otro fragmento de entrevista:

 

en el momento en que se comercializó se perdió el control sobre Internet; Internet se alimenta sola, hay grandes servidores, y claro, que hay intereses y hay capitales metidos en el medio, pero, inclusive, para los dueños de ese capital les es casi imposible controlar lo que se hace en Internet

 

A propósito de la desindividuación, del declive del individuo, esta suerte de signo de lo afectivo recorrido a su vez por una moralidad de nuevo cuño, de suyo muchas moralidades, dan paso a la visibilidad de la persona, en su sentido más teatral, aquella que se hace de máscaras según el papel que se vea presto a interpretar:

 

puedes redescribirte, puedes reinventarte una personalidad y ser esa persona así como los travesti, que son una persona en el día y otra en la noche, ahora tú puedes ser una persona en el mundo de lo fáctico, en el mundo de lo tangible y otra en el mundo de lo virtual

 

Maffesoli lo indica de este modo: “la experiencia del otro funda comunidad aun cuando ésta sea conflictiva”. (1990, p. 134). La tensión ‘cuerpo social’ (estructura) versus ‘socialidad’ (potencia), expresan lo que Barrera Tyszka (2001) dice así: “La tranquilidad y la paz siempre se nos aparecen como dignas enemigas de la pasión y del deseo” (p. 117). Las dos primeras, consecuencias dilectas del ordenamiento taxonómico del mundo; las dos últimas, asunciones irrevocables en los “modos de vida” afines al signo de la proxemia. Los términos en que se juega esta especie de enemistad debe entenderse menos como un enfrentamiento directo que como “un escándalo que atenta contra la esencia” (Barthes, 1999, p. 248), así queda planteada cierta disertación entre el afán reductor a analogías y tautologías contra sus propias sombras, en ese intersticio a media luz consigue lugar lo que Maffesoli llama “la ‘razón interna’ de cada cosa, que es la vez una constante, una estructura antropológica de alguna manera, y que al mismo tiempo sólo se ‘actualiza’ en tal o cual momento particular. Para decirlo en otras palabras, se trata de una racionalidad de fondo que se expresa en pequeñas razones momentáneas.” (1997, p. 75).

 

Esa tensión entre las filiaciones contractuales propias de lo social y las relaciones proxémicas que se inscriben en la lógica dionisíaca dejan apreciar “que en contra de la estabilidad inducida por el tribalismo clásico, el neotribalismo se caracteriza por su fluidez, las convocatorias puntuales y la dispersión.” (1990, p. 140), podemos leerlo así, según el parecer de este participante:

 

es como una... disponibilidad, ¿no? hay una especie de disponibilidad inmediata, creo que Virilio lo llama tiempo real. No creo que haya una supresión de la... hay una supresión de la presencia pero... esta presencia que nosotros conocemos: la presencia fáctica, pero hay otro tipo de presencia ahí de inmediatez y de disponibilidad que yo disfruto mucho

 

Las contradicciones que se barajan en la vida en común, allí donde se juegan los saberes cotidianos y suerte de epistemologías locales, ponen de relieve que cada vez que se acartona al evento corriente, público o privado, es la lógica cotidiana a quien se soslaya, menos por desidia que por insuficiencia en su abordaje. Una clara imposibilidad se plantea cada vez que se la intenta cercar y se espera sólo aquiescencia allí donde abunda vigor y plasticidad: se prescinde, de este modo, de la vorágine de lo afectivo: “lo sensible no es solamente un momento que podríamos o deberíamos superar, en el marco de un saber que se va depurando progresivamente. Hay que considerarlo un elemento central en el acto de conocimiento. Ese elemento permite, precisamente, estar en perfecta congruencia con la sensibilidad social difusa de la que hemos hablado.” (Maffesoli, 1997, p. 258).

 

no responde a una lógica afectiva o sí responde, pero en un sentido negativo; por una parte se incrementa la apatía con respecto a muchas cosas y por otra parte se proyecta los afectos hacia objetos que no existen, que no están en ninguna parte; lo que tiene usted allí en el afiche es un papel, eso es verdad, pero hay algo más en ese papel que lo hace a usted tener ese papel pegado de la pared, ¿qué es? no lo sabemos, y sin embargo, opera, funciona, nos mueve, transforma nuestra vida

 

El parecer precedente, ilustra el hiato sin fin o deberíamos llamarle aporía acaso, que se presenta ante el investigador social: la cuestión no radica en los objetos ni mucho menos la pregunta por su existencia; la cuestión se centra en los afectos que proyectamos (hacia estos o hacia cualquier otro objeto), el sentido está en la extensión afectual, la posibilidad de hacer circular y actualizar aquella presencia. En ese gesto, tan arbitrario como podamos o queramos imaginarlo, se recupera el vivir en común una y otra vez.

 

El otro es un ser o no ser, o sea, está pero no está; es una persona que se comunica contigo pero... sin ningún tipo de seguridad; es más un acto de fe que realmente ser...

 

Esta comunicación ha estado jugando, casi a todo lo largo de su recorrido, en dos niveles: uno más teórico, el otro más metodológico. Sin proponérselo, debo advertir, se han conjugado estas dos esferas. Dialogando con Maffesoli, me encuentro con este doble debate: por un lado, aquello que sus premisas adelantan en torno a la constitución de agrupaciones sociales de nuevo signo: las neotribus urbanas; por el otro, su advertencia acerca de los modos en que la modernidad se ocupó de posibilitar la comprensión del mundo, modos que hoy acusan desgaste y, sin embargo, aunque las estrategias de intelección lo invisibilicen, muy a pesar de ello, de nuevo allí, el estar en común, la reedición del vínculo colectivo, sucediendo. Cuestión ésta que el autor reparte como agenda fundamental para ser pensada de nuevo y desde otras aproximaciones.

 

Creo que sin caer en pócimas teóricas ni rebuscamientos metodológicos, todo lo que postula, ni más ni menos, es darle espacio a lo que la racionalidad moderna tuvo que negar: el lugar de lo afectivo, el orden de lo sensible, lo no conmensurable. Concederle lugar de interlocutor, introducirlo en la discusión. Y, desenvueltamente, discurrir. Es la nueva promesa de una comprensión inestable, inestable tanto como quienes se prestan a interrogarla.

 

Barcelona, julio/agosto de 2002

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Barrera, A. (2001). También el corazón es un descuido. Plaza & Janés, México.

Barthes, R (1999). Mitologías. Siglo XXI, Madrid.

Maffesoli, M. (1997). Elogio de la razón sensible: una visión intuitiva del mundo contemporáneo. Paidós, Barcelona.

                    (1990). El tiempo de las tribus. Icaria, Barcelona.

 



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