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¿Moran Las Neotribus en los llamados Espacios Virtuales? Janicce Martínez Richard El vino
es objetivamente bueno y, al mismo teimpo, la bondad
del vino es un mito: en esto radica la aporía. El mitólogo sale de ella como puede: se ocupará de la bondad del vino, y no del
vino mismo Roland Barthes
Hace algún tiempo empecé
a interesar el espacio de los llamados ambientes virtuales. Interesé por la vía
del lenguaje: a través de la palabra de aquellos que eran sus asiduos
concurrentes comencé a interrogar algunos asuntos en torno a las relaciones que
suscitaba este medio. Ahora,
en virtud de lo que Michel Maffesoli llama las neotribus quiero interrogar de
nuevo esta especie de espacialidad en vilo e intento rastrear en ella la
inscripción de los elementos distintivos de aquéllas. Podría,
pues, pensarse éste como un ejercicio que intenta indagar sobre la posible
correspondencia entre relatos. Correspondencia y relatos en los que creo estar
formando parte de dos maneras distintas: en lo primero, atribuyo; en lo
segundo, modero. Sólo como aproximación para probar, en un primer momento, la
heurística y novedad del planteamiento central del autor en contrapunto con enunciados
de elaboración cotidiana respecto a la cuestión relacional en los llamados
ambientes virtuales. Los
presupuestos de la modernidad previeron una consistencia normativa estructurada
y guiada hacia un telos, lo social,
así entendido, responde a un orden político que demanda y provee, a la vez, la
asociación racional y contractual de los individuos por ella definidos.
Maffesoli contesta que, a guisa de depósito intersticial, estaríamos ante la
visibilidad de otras formas de agregación de lo social a cuya expresión llama
socialidad. Ésta vendría a estar definida por una lógica estética y una ética
sensible. El peso de lo afectivo, el carácter borroso la comunidad, los
movimientos de vaivén, la dispersión y la índole transitoria de la existencia,
son en su conjunto, aquello que básicamente la anima. Hay,
pues, una redefinición de materias centrales derivadas de la racionalidad
moderna, a saber, otra forma de aproximarse al espacio y al tiempo, en tanto
dimensiones capitales y rectoras del espíritu moderno, así como el
desplazamiento de la noción de poder por la de potencia, entendida esta última
como la capacidad ad infinitum de
actualizar el vivir en común. El uso de la metáfora ‘tribu’ hace posible pensar en la
desindividuación y el deslastre de la solidaridad mecánica que acompaña como
función al individuo. Pasamos de este modo, de una existencia atomizada y
desprovista de afinidades afectivas al auxilio de un paradigma estético donde
la multiplicidad del yo y el ambiente colectivo que induce, prevalece en el
sentido de experiencia y sentir común. A la postre lo que está en juego es la
potencia versus el poder, haciendo visible la fractura de las instituciones
unificantes en instantes que denuncian la imposibilidad de “reducir la
polisemia de la vida social” (Maffesoli, 1990, p. 102). Luego, lo que viene a aportarnos esta reflexión con
Maffesoli y con los participantes de las entrevistas y grupos de discusión,
tiene que ver menos con el desgaste de las categorías de análisis que impulsó
la modernidad y su dispositivo de operación que con las instituciones que las
legitiman. Por tanto, esta disertación convoca menos a una propuesta
terminada y única que a una invitación a leer los signos transparentes de la
socialidad, esto es, volver la mirada un artefacto poroso capaz de dejarse
invadir por los elementos inusitados del mundo y del vivir en el mundo. Las
múltiples expresiones que adopta la socialidad, las múltiples y cambiantes
formas que adquiere el aliento de la vida en común pueden sernos de gran ayuda
y más allá de servirnos para rellenar escrupulosos reportes de la realidad,
ofrecerse como espectáculo minucioso del convivir y del relacionarse. Un ejemplo preciso lo “podemos observar, con la ayuda de
la microinformática, estas formas de asociación en vías de extensión que son
las redes (el neotribalismo
contemporáneo) descansan en la integración y en el rechazo afectivo. Esta
paradoja, signo patente de la vitalidad, es en cualquier caso una de las claves
más útiles para una aproximación comprensiva.” (1990, p. 187). No se trata,
pues, de simplificar, reducir o abreviar ‘el objeto de estudio’ a la fórmula de
una estética y ética sensibles, se supone debería ser más que eso, complejizar
la devanada realidad social dejándola ser tan esquiva y confusa como se
presente. Pues, antes bien, lo inabarcable es el mundo y lo huidizo son las
relaciones y vida en común aunque se insista en verterlos en límites precisos
de donde, antes o después bajo una forma u otra, escapan irremisiblemente. Paso
ahora a la inspección, en sentido laxo, de algunos pareceres expuestos por
usuarios de medios cibernéticos, en lo tocante a los modos de relación que
ellos han experimentado a través de esta vía y en ese intento propiciar el
diálogo con Maffesoli a propósito de la pregunta que abrió esta comunicación:
¿moran las neotribus en los espacios llamados virtuales? Si
frecuentar los entornos llamados virtuales parece, de entrada, un elogio al
solipsismo, entonces se torna irremediable hasta lo obvio, abrir la
conversación por la cuestión de la alteridad. Así, ante el planteamiento “¿Cómo
es tu idea del otro en el ciberespacio?”, alguien dice lo siguiente: llega la
gente y pregunta “¿miren y fulano?” -aunque nunca se han visto ¿no?-, entonces
ya es como si se forma un sólo... como una comunidad. Quizá te das cuenta que a
pesar de que hay diferencias somos muy iguales, o sea, somos seres humanos Maffesoli
habla del “tribalismo en cuanto nebulosa de pequeñas entidades locales” (1990,
p. 34), espacialidades que permiten el confluir puntual de intereses que penden
sobre sí mismos, no demandan una fundación más allá del alcance inmediato de su
cumplimiento. Estamos ante el signo de la presencia, antes de cuestionar la
existencia del otro cuenta más bien que se manifieste, el surtir un efecto:
efectuarse en tanto aparición. es increíble cómo la gente invierte tiempo en conversar con alguien que nunca le ha visto el rostro En
términos de Maffesoli estamos ante una reactualización del mito de Dioniso, en
atención a su carácter errante y, en consecuencia, su capacidad para tornarse
advenimiento. Pregunté a otro interlocutor: “¿Cómo defines tú virtualidad?´”,
esta fue su respuesta: A mi me parece que virtualidad es la posibilidad de que algo esté aunque no exista, entendiendo por existencia, que puedas tocar, algo que sea susceptible a experiencia sensible, susceptible a ser captado a través de los sentidos o de más de un sentido, en el caso de la red, tú lo único que recibes es información, por supuesto que sí, escuchas y ves cosas, entonces en ese sentido es susceptible de experiencia sensible, pero el mundo en sí mismo... el flujo de significados, el flujo de referentes, el flujo de concepciones de mundo, es virtual; eso está allí en alguna parte, inclusive te afecta Maffesoli,
señala por su lado, que hay un constante ir y venir entre la masa y la tribu,
agregaciones de órdenes disímiles, cuyos rasgos distintivos se encuentran en lo
efímero, lo difuso, lo disperso: vaivén y fluidez que marcan una existencia
transitoria, válida sólo en su momento de producción. Uno de mis interlocutores
dice: Eso es,
¡nada! como vivir, tener gente... compañía o no tenerla porque en el momento
que tú decides te vas...o sea: "¡apaga eso!" y ya; tú no sabes más
nada de esa gente Frente a la operación de la norma y la expectativa
contractual, se impone lo afectivo y una moral cónsona con la labilidad del
espacio y el tiempo donde se genera. Me pregunto si no se inscribe aquí también
la idea de potencia a la que me referí más arriba. Potencia en el sentido de
subvertir la norma, responder de manera subterránea a las férreas y previsibles
ordenanzas de lo instituido. bueno que
interesante ¿no?, cómo se modifica el mundo, cómo se modifican las relaciones
sociales, esa sí es una de las salidas a la infelicidad que nos a acarreado la
tecnología, ahora puedes... es un mundo perfecto en cuanto al prejuicio, por
ejemplo, no importa si el otro es negro, si es judío Otra
arista de lo mismo se deja leer en otro fragmento de entrevista: en el
momento en que se comercializó se perdió el control sobre Internet; Internet se
alimenta sola, hay grandes servidores, y claro, que hay intereses y hay
capitales metidos en el medio, pero, inclusive, para los dueños de ese capital
les es casi imposible controlar lo que se hace en Internet A propósito de la desindividuación, del declive del
individuo, esta suerte de signo de lo afectivo recorrido a su vez por una
moralidad de nuevo cuño, de suyo muchas moralidades, dan paso a la visibilidad
de la persona, en su sentido más teatral, aquella que se hace de máscaras según
el papel que se vea presto a interpretar: puedes
redescribirte, puedes reinventarte una personalidad y ser esa persona así como
los travesti, que son una persona en el día y otra en la noche, ahora tú puedes
ser una persona en el mundo de lo fáctico, en el mundo de lo tangible y otra en
el mundo de lo virtual Maffesoli lo indica de este modo: “la experiencia del otro funda comunidad aun cuando ésta sea
conflictiva”. (1990, p. 134). La tensión ‘cuerpo social’ (estructura) versus
‘socialidad’ (potencia), expresan lo que Barrera Tyszka (2001) dice así: “La
tranquilidad y la paz siempre se nos aparecen como dignas enemigas de la pasión
y del deseo” (p. 117). Las dos primeras, consecuencias dilectas del
ordenamiento taxonómico del mundo; las dos últimas, asunciones irrevocables en
los “modos de vida” afines al signo de la proxemia. Los términos en que se
juega esta especie de enemistad debe entenderse menos como un enfrentamiento
directo que como “un escándalo que atenta contra la esencia” (Barthes, 1999, p.
248), así queda planteada cierta disertación entre el afán reductor a analogías
y tautologías contra sus propias sombras, en ese intersticio a media luz
consigue lugar lo que Maffesoli llama “la ‘razón interna’ de cada cosa, que es
la vez una constante, una estructura antropológica de alguna manera, y que al
mismo tiempo sólo se ‘actualiza’ en tal o cual momento particular. Para decirlo
en otras palabras, se trata de una racionalidad de fondo que se expresa en
pequeñas razones momentáneas.” (1997, p. 75). Esa tensión entre las filiaciones contractuales propias de
lo social y las relaciones proxémicas que se inscriben en la lógica dionisíaca
dejan apreciar “que en contra de la estabilidad inducida por el tribalismo
clásico, el neotribalismo se caracteriza por su fluidez, las convocatorias
puntuales y la dispersión.” (1990, p. 140), podemos leerlo así, según el
parecer de este participante: es como
una... disponibilidad, ¿no? hay una especie de disponibilidad inmediata, creo
que Virilio lo llama tiempo real. No creo que haya una supresión de la... hay
una supresión de la presencia pero... esta presencia que nosotros conocemos: la
presencia fáctica, pero hay otro tipo de presencia ahí de inmediatez y de
disponibilidad que yo disfruto mucho Las contradicciones que se barajan en la vida en común,
allí donde se juegan los saberes cotidianos y suerte de epistemologías locales,
ponen de relieve que cada vez que se acartona al evento corriente, público o
privado, es la lógica cotidiana a quien se soslaya, menos por desidia que por
insuficiencia en su abordaje. Una clara imposibilidad se plantea cada vez que
se la intenta cercar y se espera sólo aquiescencia allí donde abunda vigor y
plasticidad: se prescinde, de este modo, de la vorágine de lo afectivo: “lo
sensible no es solamente un momento que podríamos o deberíamos superar, en el
marco de un saber que se va depurando progresivamente. Hay que considerarlo un
elemento central en el acto de conocimiento. Ese elemento permite, precisamente,
estar en perfecta congruencia con la sensibilidad social difusa de la que hemos
hablado.” (Maffesoli, 1997, p. 258). no responde a una lógica afectiva o sí responde, pero en un sentido negativo; por una parte se incrementa la apatía con respecto a muchas cosas y por otra parte se proyecta los afectos hacia objetos que no existen, que no están en ninguna parte; lo que tiene usted allí en el afiche es un papel, eso es verdad, pero hay algo más en ese papel que lo hace a usted tener ese papel pegado de la pared, ¿qué es? no lo sabemos, y sin embargo, opera, funciona, nos mueve, transforma nuestra vida El parecer precedente, ilustra el hiato sin fin o
deberíamos llamarle aporía acaso, que se presenta ante el investigador social:
la cuestión no radica en los objetos ni mucho menos la pregunta por su
existencia; la cuestión se centra en los afectos que proyectamos (hacia estos o
hacia cualquier otro objeto), el sentido está en la extensión afectual, la
posibilidad de hacer circular y actualizar aquella presencia. En ese gesto, tan
arbitrario como podamos o queramos imaginarlo, se recupera el vivir en común
una y otra vez. El otro
es un ser o no ser, o sea, está pero no está; es una persona que se comunica
contigo pero... sin ningún tipo de seguridad; es más un acto de fe que
realmente ser... Esta comunicación ha estado jugando, casi a todo lo largo
de su recorrido, en dos niveles: uno más teórico, el otro más metodológico. Sin
proponérselo, debo advertir, se han conjugado estas dos esferas. Dialogando con
Maffesoli, me encuentro con este doble debate: por un lado, aquello que sus
premisas adelantan en torno a la constitución de agrupaciones sociales de nuevo
signo: las neotribus urbanas; por el otro, su advertencia acerca de los modos
en que la modernidad se ocupó de posibilitar la comprensión del mundo, modos
que hoy acusan desgaste y, sin embargo, aunque las estrategias de intelección
lo invisibilicen, muy a pesar de ello, de nuevo allí, el estar en común, la
reedición del vínculo colectivo, sucediendo. Cuestión ésta que el autor reparte
como agenda fundamental para ser pensada de nuevo y desde otras aproximaciones. Creo que sin caer en pócimas teóricas ni rebuscamientos
metodológicos, todo lo que postula, ni más ni menos, es darle espacio a lo que
la racionalidad moderna tuvo que negar: el lugar de lo afectivo, el orden de lo
sensible, lo no conmensurable. Concederle lugar de interlocutor, introducirlo
en la discusión. Y, desenvueltamente, discurrir. Es la nueva promesa de una
comprensión inestable, inestable tanto como quienes se prestan a interrogarla. Barcelona,
julio/agosto de 2002 BIBLIOGRAFÍA Barrera,
A. (2001). También el corazón es un
descuido. Plaza & Janés, México. Barthes,
R (1999). Mitologías. Siglo XXI,
Madrid. Maffesoli, M. (1997). Elogio de la razón sensible: una visión
intuitiva del mundo contemporáneo. Paidós, Barcelona. (1990). El tiempo de las
tribus. Icaria, Barcelona.
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