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Nuevas etnografías y ciberespacio: reformulaciones metodológicas. Anastasia Téllez Infantes[1] Universidad Miguel Hernández, Elche
nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es Resumen
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer
antropología en, sobre y a través del ciberespacio y la necesaria adaptación
metodológica de la investigación etnográfica. Y ello, porque defendemos que las
Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial
Internet, se constituyen en técnicas de investigación. En segundo lugar, este
contexto ciberespacial es un campo de estudio donde podemos analizar la
interacción de los indivíduos o informantes cibernautas y la creación de una
denominada “cibercultura” en la Red. Y, por último, otro ineludible tema de
análisis antropológico son las repercusiones y transformaciones socioculturales
que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo virtual” están generando en el “mundo
real” de algunos usuarios. Abstract
In this paper we think
about how make anthropology in,about and through the ciberspace and the
necessary methodological adaptation of the investigation. And it, because we
defend that the New Technologies of the Information and the Communication
(N.T.I.C.) and especially Internet, they are constituted in technical of
investigation. In second place, this context is a study field where we can
analyze the interaction of the people or informants and the creation of a
denominated "ciberculture" in the Net. And, lastly, other unavoidable
topic of anthropological analysis is the repercussions and social
transformations that these N.T.I.C. and this new virtual world is generating in
the real world of some users. Palabras
claves Metodología etnográfica, Nuevas Tecnologías,
Internet, investigación antropológica, realidad virtual, ciberantropología,
ciberespacio. Introducción
En esta comunicación nos planteamos cómo hacer
antropología en, sobre y a través del
ciberespacio y la necesaria adaptación metodológica de la investigación
etnográfica. Y ello, porque, en primer lugar, defendemos que las Nuevas
Tecnologías de la Información y la Comunicación (N.T.I.C.) y en especial
Internet, se constituyen en herramientas o técnicas de trabajo en la
investigación, tanto en el proceso etnográfico (recogida de datos y
organización de la información) como el producto etnográfico (la presentación y
difusión de los resultados). En segundo lugar, este contexto ciberespacial es
un campo de estudio donde podemos analizar la interacción de los indivíduos o
informantes cibernautas y la creación de una denominada “cibercultura” en la
Red. Y, por último, consideramos que otro ineludible tema de análisis son las repercusiones
y transformaciones socioculturales que estas N.T.I.C. y este nuevo “mundo
virtual” están generando en el “mundo real” de algunos usuarios. Por ello, vamos a discutir la forma en que
podemos realizar lo que se viene denominando etnografía de la cibercultura,
para profundizar en el nuevo terreno que se abre para los antropólogos en
Internet, centrando el debate en la cuestión de si el clásico método
etnográfico es válido para el estudio de las relaciones sociales y la cultura a
través de la World Web Wide (WEB). Nos detendremos pues en cuestionar si las
herramientas conceptuales que usamos en el trabajo etnográfico del mundo real pueden utilizarse en este
nuevo escenario virtual. Como
apunta Picciolo (1998) “la Antropología puede aportar algo al estudio de un
espacio nuevo, donde se están generando nuevas reglas y donde por primera vez
hay un contacto multiétnico generalizado. Ese espacio nuevo no se ubica en
ninguna parte y genera sus propias reglas”. Por un lado, las propias
observaciones del investigador pueden considerarse como un hecho etnográfico al
igual que las acciones y el discurso de los informantes en el ciberespacio. Por
otra parte, nuestra disciplina tiene mucho que decir “acerca de los ritos de
pasaje por los que discurre un internauta antes y después de una inmersión en
la realidad virtual; así como el hecho de que la red internet permite un
permanente y generalizado intercambio de distintas visiones del mundo”
(Picciuolo, 1998). Si pretendemos cuestionar la investigación
antropológica en el contexto de Internet y las N.T.I.C. en general, se hace
preciso admitir lo complejo y difícil que a priori resulta delimitar el objeto
de estudio y las particularidades que conlleva. Y esta necesidad de
replanteamiento metodológico no sólo ocurre en nuestra disciplina, sino en
general en todas las Ciencias Sociales. Como
señala Mayans (2002, e.p.) “el estudio de las formas y manifestaciones de la
tele-presencia es un área de trabajo pertinente para los etnógrafos de lo
cibersocial, puesto que en estas formas y manifestaciones se va a descubrir la
materia prima de las relaciones sociales trenzadas a través de las
comunicaciones mediadas por odenador”. Aunque
aún nos falta la perspectiva histórica y el paso de algunos años para poder
evaluar el fenómeno de cambio sociocultural que las N.T.I.C están produciendo
en el mundo (occidental) ello no es óbice para mantener la ensimismada postura
y la hasta hoy no merecida importancia que tales fenómenos culturales tienen
para el gremio antropológico. Individuos
y comunidades enteras están fijando su atención en una realidad distinta de la
que consensuamos como tradicional. Una realidad donde el espacio físico deja de
tener importancia, donde ciertas decisiones son tomadas con ayuda de la función
random, donde la imagen corporal no es -a priori- necesaria para las relaciones
sociales... “Nos estamos refiriendo a la creación y actualización permanente
que requiere mantener en funcionamiento lo que la cibernética llama Isomorfismo de los Modelos de Representación
de la Realidad y comunmente es conocido como Realidad Virtual” (Picciuolo,
1998). En
opinión de Faura (1998) “la
telefonía móvil, la sofisticación de los sistemas de información y, como factor
más espectacular, la aparición de las grandes redes informáticas y la nueva
cultura que éstas han creado, la cibercultura, son campos abonados para la
investigación de la antropología, campos que por todo lo que representan
actualmente merecen tener un papel importante dentro de nuestra disciplina”.
Así pues, opinamos que la antropología cuenta con las herramientas teóricas y
metodológicas apropiadas para la comprensión de los revolucionarios escenarios
que plantea, como ciencia de la diversidad y de las comunicaciones, las
profundas transformaciones que conllevan las N.T.I.C. y la cibernética en
general. La
cibercultura y el ciberespacio
Plantearnos investigar etnográficamente en y través
de Internet nos induce en primer lugar, a la delimitación de nuestro marco
conceptual y objeto de estudio, y ello nos obliga a definir algunos nuevos
conceptos tales como cibercultura, ciberespacio y ciberantropología, en busca
del estudio de la “ciberotredad”. Autores como Downey, Dumit y Williams (1995)
definieron la ciberantropología como la antropología cultural de la ciencia y
la tecnología. Los antropólogos cuando se hace referencia a las nuevas
tecnologías, y más concretamente cuando hablan de estudiar el fenómeno del
ciberespacio, suelen tender a analizar el impacto que éste nuevo fenómeno
tecnológico está produciendo sobre las diversas y variadas culturas en que está
inmerso el ser humano (Faura, 2000). Aunque en nuestra opinión la
ciberantropología abarcaría muchos más aspectos. Fue en
la conferencia anual de la American Anthropological Association de 1992, donde
se reconoció académicamente los conceptos de cibercultura y ciberespacio y se
caracterizó a la ciberantropología como la rama que estudia las relaciones
entre los humanos y las máquinas en un contexto histórico en que las N.T.I.C.
se transforman en agentes de producción social y cultural de tal magnitud, como
para que el eje mismo de los procesos de acumulación se articule ya sobre la
información y la sociedad post-industrial se identifique con una sociedad del
conocimiento (Hauser, 2000). En esta conferencia se definió la
ciberantropología (cybor anthropology) como el
"estudio etnográfico de las relaciones entre los humanos y las máquinas en
este final del siglo XX en el que las nuevas tecnologías sirven como agentes de
producción social y cultural" (Faura, 1998). Por su
parte, en la reunión de la American Anthropological Association del año 1995
“ya se constató un crecimiento de este tipo de estudios y una reorientación en
la dirección de investigar las comunidades electrónicas desde el punto de vista
de los contextos donde las tecnologías del ordenador se desarrollan, la
interacción entre los diseñadores y los usuarios y las comunidades que resultan
de esta interacción, a veces imaginadas e inventadas, pero capaces de crear
nuevas identidades, los cyborgs, y los vecinos electrónicos que pueden vivir en
regiones y comunidades físicas y virtuales” (Faura, 1998) La investigación etnográfica se centraría,
entre otras cosas, en los entornos sociales y las relaciones sociales que sus
informantes, usuarios, establecen a través de Internet. Al respecto, diversos
autores sostienen que hay que tener presente el mundo real de quienes
estudiamos en el mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios
de Internet que analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre
ambos mundos está difuminada e interconectada. El mundo virtual es un mundo de
flujos e interconexiones, de tiempo encriptado e intermitente, de “no lugares”
ciberespaciales y de “lugares con identidad propia” a modo de contextos de sociabilidad
formal e informal. En este mundo virtual el etnógrafo debe saber sumergirse con
empatía entre sus informantes, presentarse siguiendo los códigos de conducta
establecidos, dominando el mundo simbólico y por supuesto el lenguaje propio. A la hora de definir la cultura que el
antropólogo analiza a través y en la WEB, la denominada cibercultura, hay que,
por un lado, acotar la comunidad de estudio, y por otro, entender el
ciberespacio como unidad de
observación tempo-espacial diferente. Refiriéndonos
al espacio “no podemos decir que sea distinto, por la sencilla razón de que en
la inmersión no existe el espacio. Uno nunca sabe si esta visitando una WEB en
su mismo pueblo o en las antípodas. Para el cibernauta el espacio es un tema
irrelevante. Aunque siendo algo tan importante en el mundo real (sin espacio
físico no habría mundo real) sería interesante investigar qué rituales
devuelven al internauta su control del espacio físico” (Picciuolo, 1998).
Igualmente deberemos investigar cómo el espacio virtual puede generar acciones
en el mundo real, como por ejemplo la huelga de usuarios antiglobalización
contra algunas “cumbres internacionales” o la de cibernautas contra grandes
empresas de telefonía, o los encuentros "cara a cara" entre personas
que se conocieron en la red. En
cuanto al tiempo cuando el etnógrafo está navegando-investigando en el
ciberespacio, cambia sustancialmente la configuración de la atención, puesto
que en el ciberespacio el tiempo parece que transcurre a una velocidad distinta
que en el mundo real (Picciuolo, 1998). En este ciberespacio el antropólogo
encuentra “otros distantes” y “otros cercanos” al mismo tiempo y de forma
entrelazada, siendo la mayoría de ellos sujetos de contextos “urbanos” y
“occidentales”. En
palabras de Hauser (2000) “los flujos
sociales contemporáneos, basados en circuitos de impulsos electrónicos y
nódulos de sistemas tecnológicos interconectados que soportan relaciones
humanas, son ya un producto de la cultura cibernética, que asume la turbulencia
como campo de acción, a la vez que han generado la “tercera ola de la
cibernética”, caracterizada por los fenómenos de “emergencia” y están
históricamente determinados por el nacimiento y desarrollo de las redes humanas
con soporte tecnológico, es decir, por las nuevas tecnologías de información y
comunicación”. Nuevas redes en Internet e interacciones sociales que se
sustentan en nuevos códigos y lenguajes que el antropólogo debe conocer en su
investigación, nos referimos principalmente a los iconos, puesto que son los
símbolo más utilizados en la WEB. Puesto que la iconografía es uno de los
factores más determinantes dentro del ciberespacio, y esta iconografía ayuda a
unificar a la llamada cibercultura pues todos conocen perfectamente el
significado de cada uno de sus símbolos.
También podemos citar el caso de los denominados emoticons o símbolos utilizados por los internautas para expresar
su estado de ánimo en momentos y entornos en que se produce una relación más
directa entre interlocutores, como es el caso del correo electrónico y de los
denominados chats o conversaciones en tiempo real (Faura, 2000). Junto al conocimiento del lenguaje de la red el
antropólogo debe conocer los valores y las representaciones ideológicas
principales del entorno ciberespacial en el que investiga. Así necesitará saber
cuáles son los “valores centrales” dentro del ciberespacio, entre los que
algunos estudiosos destacan como claves el individualismo, la iniciativa y la
igualdad de oportunidades (Faura, 2000). Valores y comportamientos compartidos
por muchos cibernautas a quienes se les considera que han desarrollado una
“nueva cultura” en Internet, la denominada “nueva ideología californiana”. Por otra
parte, la existencia de esta sociabilidad en la WEB sólo es factible por determinados
acuerdos sociales entre los usuarios que hacen posible que la realidad virtual
y el mundo real se relacionen. Los acuerdos son la interface entre el mundo real y el ciberespacio. Así, es la
intención de los usuarios, antes, y después, lo que permite la interrelación
entre el ciberespacio y el mundo real y para que este triángulo funcione se
están poniendo en juego no sólo protocolos de comunicación sino también
contactos económicos e interculturales (Picciuolo, 1998). Como destacan algunos autores (Hauser, 2000)
en los últimos años se han realizado estudios sobre la interacción real o
virtual entre diseñadores, usuarios y comunidades y se han llevado a cabo
investigaciones aplicadas de corte etnográfico, en el marco preferente de
alianzas estratégicas con la industria para comprender y orientar los
comportamientos, expectativas y consumo de los actores. Pero aún queda mucho
por hacer y debatir desde nuestra disciplina. El trabajo de campo en la web
Consideramos que el trabajo de campo en la WEB, o lo
que se suele llamar etnografía online
o del “mundo virtual” presenta características muy diferentes al trabajo de
campo en las tradicionales etnografías del “mundo real”. Por un lado, para realizar el trabajo de
campo en el ciberespacio se hace imprescindible tejer una red de informantes
sin enredarse en ella, donde el investigador tiene que poner en juego
contínuamente el compromiso y la negociación con ellos, lidiando con la
subjetividad y la intersubjetividad. Y la inmersión en el campo se realiza a
través de la interactuación y la socialización con los sujetos seleccionados en
la WEB. Como afirma Velasco (2002) “(...) el trabajo
de campo es la situación necesaria para que el investigador sea copartícipe de
las experiencias de los otros, coparticipación que es más la razón de ser del
trabajo de campo como experiencia. La coparticipación se logra introduciéndose
en los circuitos de la comunicación y enmarañándose en las redes sociales de
los otros”. Redes sociales en las que tanto el antropólogo como sus informantes
desempeñan determinados roles, que en
numerosas ocasiones varían según el contexto en el que interactúen y la
intencionalidad que se posea en ese momento y en ese espacio (un canal concreto
de Internet Relay Chat [IRC],
un mailing list, un foro de discusión, una freenet, etc.). Redes, que en el
ciberespacio se difuminan y crean y recrean en un continuo proceso donde los
factores que el investigador controla son aún más impredecibles que los que
usualmente intenta manejar en el mundo no virtual. Mucho se ha discutido en la última década
sobre la interferencia del investigador en el contexto interlocutorio, en la
escena que analiza, en la realidad en la que se introduce en su investigación.
En nuestro caso, el antropólogo se sumerge en el ciberespacio del mismo modo
que lo hacen sus informantes, necesitando obviamente un proceso de
socialización que a partir del extrañamiento y la empatía le posibilite
aprehender los fenómenos culturales que investiga. De esta forma se convierte
en un sujeto interactuante con el contexto de estudio y con las personas que
analiza. Y su presencia modela e interfiere esa propia realidad virtual desde
el momento que aparece en las pantallas de sus informantes usuarios de la red,
se presenta en sus foros de discusión o participa en un canal de chat de IRC.
Porque puede introducirse a través de un servidor y “navegar” o
“surfear” por todos los sitios WEB, donde encontrará miles de usuarios,
potenciales informantes, para quienes ese espacio virtual se convierte en pauta
cultural y contexto de interacción social. Como en todo trabajo de campo uno de los
aspectos que debe saber evitar el antropólogo es no convertirse en “nativo
cibernético”, y si lo hace, al menos ser consciente de ello y procurar un
proceso de distanciamiento que le permita volver a recuperar su capacidad de
extrañamiento y objetividad. Cuando los sujetos-objeto de estudio están
en el ciberespacio la distancia entre investigador e informantes se transforma; ahora el pretender alejar lo cercano y acercar lo lejano se
difumina con contornos tempo-espaciales distintos, aunque la aspiración al
relativismo cultural siempre debe estar presente. Por ejemplo, al participar en
un chat el antropólogo debe conocer los códigos de comunicación, las expresiones,
juegos de palabras, y símbolos escritos a través de los cuales los informantes
se comunican. Es por ello, por lo que se hace preciso, por ejemplo, al entrar
en un canal de chat conocer los rituales de saludo, de reconocimiento, de
despedida y el cómo concertar una cita
o “quedada” en el “mundo real”. Otro de los elementos a los que debe
enfrentarse el investigador al realizar su etnografía en Internet es el no
control de muchas variables tales como: la propia presencia de los informantes
que busca, el “lugar virtual” donde se encuentra, el tiempo que va a permanecer
conectado a la red, etc. Es decir, en su trabajo de campo el etnógrafo debe
considerar una serie de casuísticas que no puede dominar. Debe admitir su
incapacidad para controlar la relación interlocutoria con sus informantes, al
igual que le ocurre en el “mundo real”. A su
vez, existen nuevas estrategias de investigación en la WEB que nos posibilitan
analizar las trayectorias de nuestros informantes, los vínculos y portales a
los que acuden, los canales de chat que frecuentan, el cómo, cuándo y para qué,
los protocolos particulares y comunes que utiliza, etc. Por otra parte, el antropólogo puede
participar en conferencias internacionales en contextos virtuales del
ciberespacio, creando debates y recogiendo experiencias de sus informantes,
independientemente del lugar físico donde se encuentren. Como
afirma Hauser (2000) “la comunicación a distancia teniendo un claro sustento en
la dimensión espacial y siendo ésta precisamente el ámbito de su definición, no
ha incorporado de la misma manera una reflexión sobre el factor temporal que
conlleva”. Además, ahora el etnógrafo gracias al soporte tecnológico tiene
acceso inmediato, casi instantáneo, a grandes cantidades de datos desde
cualquier lugar y en cualquier momento. De otro lado, en el ciberespacio las relaciones que se
establecen son diferentes a las del “mundo real” pues “los individuos se ven
agrupados por intereses comunes o temáticas, concentrándose alrededor de forums
o grupos de discusión, sin tener en cuenta cualquier otro condicionante social,
siempre que estos no se antepongan a los intereses del grupo en cuestión. Desde
un primer momento, el proceso globalizador queda totalmente patente y más si lo
comparamos con los diferentes niveles de relación que se establecen en la vida
cotidiana. Todos formamos parte de un entorno cultural y dentro de él
desarrollamos uno o más roles que configuran nuestra vida” (Faura, 1998). Roles
que en muchas ocasiones se esconden tras el anonimato que posibilita Internet y
que nos enfrenta a una forma de interrelación y sociabilidad anónima, donde los
sujetos pueden recrear su propia identidad. Refiriéndonos al anonimato que permite la interacción
social en Internet, y las condiciones de privacidad y seguridad de, por ejemplo
IRC, nos interesa reflexionar como propone Mayans (2000) sobre la posibilidad
que tienen tanto nuestros informantes como el propio antropólogo de construir
personalidades e identidades ficticias o de proteger las reales en estos entornos
cada vez más masivos pues la comunicación y la identificación se establece a
través de un nick tanto dentro de un
canal público como de una charla privada. Aunque
Internet no es anónimo, y cuando los usuarios se refieren al anonimato, a lo
que en realidad hacen referencia es a que su vida 'real' y su vida online no se
mezclen (Mayans, 2002, e.p.). Porque uno de los mayores atractivos de las
comunicaciones interactivas en Internet se basa, no tanto en el concepto de
anonimato, sino en la capacidad para establecer una personalidad que no depende
del aspecto físico o connotaciones 'reales' de quien está tras el teclado
(Mayans, 2002, e.p.). Con respecto a los dilemas éticos que se nos
pueden presentar en el trabajo de campo en el ciberespacio varios son los
aspectos que proponemos para la reflexión. Por un lado, la transparencia en la
investigación puede venir facilitada si el etnógrafo tiene su propia página WEB
donde remitir a los informantes que soliciten conocer más en detalle la
investigación. De este modo el investigador puede clarificar sus objetivos, su
proyecto y publicar online algunos
artículos y resultados de su estudio que a su vez pueden ser debatidos y
juzgados por sus propios informantes. Este proceso de retroalimentación implica
que la construcción del conocimiento, en este proceso de recogida de
información, se hace con la coparticipación del investigador y los informantes.
Tal y como señalan algunos antropólogos
(Uimonen, 2002) la recogida de información en el ciberespacio presenta a menudo
diversos dilemas sobre la autoría de los textos: por una parte algunos
documentos se hallan en la Red como publicaciones oficiales, mientras que otros
son mensajes y opiniones personales colgados en mailing list y grupos y foros
de discusión. Es en el segundo caso, cuando el antropólogo se plantea la
autoría y divulgación, con o sin consentimiento de sus autores, de las
opiniones personales referidas. Así, puede optar por ocultar la identidad del
informante o bien intentar ponerse en contacto con él a través de e-mail y
pedirle su consentimiento para la divulgación o publicación de su mensaje. Por otra parte, las N.T.I.C se presentan
para el antropólogo como útiles y nuevas técnicas de investigación tanto en la
recogida de datos como en el proceso de redacción y producción del producto o
texto etnográfico resultado de nuestra investigación. Sirva de ejemplo,
utilizar el correo electrónico como una excelente herramienta a la hora de
contactar con informantes por primera vez y para realizar entrevistas. De algún
modo viene a sustituir o complementar la interacción con los informantes cara a
cara. Otras técnicas o útiles para la investigación antropológica son los
newsgroups, listserves, chatrooms, netmeeting y las videoconferencias. De otro lado, el antropólogo debe detenerse
en el análisis del discurso en la WEB, tanto del texto como de la imagen
(estática y/o en movimiento). Y es que consideramos tanto el texto como la
imagen en la WEB como fuente directa de información sobre los contenidos
culturales que podemos analizar en la etnografía del ciberespacio. Entendemos
que el soporte básico en Internet es el texto, es decir, la principal vía de
comunicación entre los usuarios de la Red es el texto escrito, lo cual nos
lleva a interpretar la cultura como si de un texto se tratase. Texto en el que
el inglés se presenta como la lengua hegemónica y uniformizante. Pero no nos
estamos refiriendo a un texto escrito y “muerto” sino en continuo proceso de
redacción, de remodelación de autocorrección por parte de sus propios
protagonistas, nuestros informantes. Como bien afirma Mayans (2002, e.p.) “el hecho de que por primera vez en la
historia una gran masa de población disponga de un instrumento a través del
cual establecer vínculos sociales de forma anónima e incorpórea (con todo lo
que la incorporeidad supone) en espacios públicos y en lo que se llama 'tiempo
real' (es decir, de forma inmediata) ya es, de por sí, algo llamativo. Si
además, el medio que para ello utilizan es de tipo textual, nos encontramos ante
un fenómeno lingüístico y social de considerable magnitud”. A su vez, el investigador debe analizar cómo
se construye el discurso científico y cómo se traduce en la cotidianidad de los
sujetos cibernautas, los usos sociales de las nuevas tecnologías en diversos
contextos culturales. Junto al texto, en Internet encontramos la
imagen en sucesión, el vídeo como un nuevo “texto simbólico” que debemos
descifrar y analizar antropológicamente. Este soporte, el audiovisual en la
WEB, es más rápido que el texto y nos exige a los investigadores socializarnos
en esta cibercultura para poder entender y descodificar las imágenes y las
representaciones ideológicas que las sustentan. Puesto que la imagen en
Internet es un producto cultural, una manifestación artística si se quiere,
cargada de representaciones ideológicas llenas de información interpretable. Así pues, para realizar estudios
etnográficos en el soporte tecnológico de Internet se hace preciso considerar
tanto las imágenes como el texto como elementos centrales para el análisis y la
deconstrucción de los discursos, puesto que es necesario estudiar el formato de
los materiales o datos etnográficos que se utilizan en y para la comunicación
en este denominado ciberespacio. Reflexiones
finales
En esta comunicación nos hemos centrado en
reflexionar sobre la necesaria adaptación metodológica que los antropólogos
debemos acometer para realizar estudios en el ciberespacio. Puesto que la
utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos
plantea diversas cuestiones metodológicas sobre las que es preciso discutir,
tales como: el trabajo de campo en Internet, la ética del antropólogo y el
anonimato de los informantes-usuarios, la realización de entrevistas a los
informantes a través del correo electrónico, los grupos de chat como grupos de
discusión, etc. Así pues, abogamos por la pertinencia de la investigación
antropológica en Internet y la nueva sociedad de la información, lo cual
conlleva inevitable y convenientemente la innovación experimental y nuevas
reorientaciones de investigación que van más allá de lo hasta ahora establecida
desde los modelos clásicos de la etnografía y su modelo académico tradicional.
Como afirma Picciuolo (1998) lo más importante es poner a prueba nuestras propias
ideas y herramientas conceptuales, nuestra experiencia en la observación de las
conductas y aspectos cognitivos del ser humano en un nuevo ambiente, el
ciberespacio. Puede que se trate simplemente de adaptar nuestra herramienta en
la recolección de datos o en la interpretación de los mismos y también puede
ocurrir que se estén generando situaciones nuevas, que requieran incluso
repensar el paradigma que nos está sustentando. Siguiendo a Hauser (2000) afirmamos que la cibernética es
una ciencia de la comunicación y ha sido el gran campo de desarrollo de los
últimos cincuenta años. Así, la irrupción masiva de la comunicación tecnológica
ha provocado profundas transformaciones, de enorme velocidad de realización y
que afectan todos los campos de la actividad humana, sería impensable que no
afectaran la vida académica. Cierto es que vivimos en la cibercultura y también
de alguna manera ya somos aunque no nos demos cuenta “cyborgs” es decir, seres
que han incorporado las máquinas y sus producciones a sus organismos (Hauser,
2000). Porque como ha señalado Hauser (2000) “la utilización del
soporte tecnológico se constituye en un imperativo de impactos profundos en las
diversas áreas de la actividad humana. La educación superior no sólo es un
ámbito preferencial, sino que constituye un laboratorio privilegiado, tanto
para la aplicación como para la reflexión acerca de los efectos de las TICs en
el proceso de transmisión de conocimientos”. Por ello, queremos concluir estas
páginas destacando la importancia que estas nuevas tecnologías de la
información y la comunicación presentan como recursos didácticos en la docencia
de la antropología y la creación de
universidades virtuales, portales temáticos en Internet, redes académicas
internacionales, publicaciones electrónicas, y un largo etc. que depende, en
gran medida, de nosotros. Bibliografía
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Miguel Hernández, Elche. NOTAS [1] Dra. ANASTASIA TÉLLEZ INFANTES, profesora de la
Licenciatura de Antropología Social y Cultural en la Universidad Miguel
Hernández de Elche (Alicante) Universidad Miguel
Hernández (www.umh.es) División Departamental de
Antropología Social y Cultural Avda. del Ferrocarril,
s/n Edificio Torreblanca, 2ª
planta. Elche 03202 (Alicante) nasta70@hotmail.com y atellez@umh.es
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