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Ética
aplicada en Internet: aproximación al estudio de la ética hacker
Ramon Alcoberro Universitat de
Girona Enric Faura E.T.P.C. 1.-
JUSTIFICAR LA ÉTICA APLICADA Uno de los elementos que
marcan de manera más profunda la ética en los últimos veinte años es, si duda,
la emergencia de un núcleo de análisis que, sin ser nuevo, había quedado en un
discreto segundo plano a lo largo del siglo XX. Nos referimos a la aparición de
las “éticas aplicadas”, cuya renovación o replanteamiento en los últimos años
está muy marcado por la aparición de la bioética y de las éticas del medio
ambiente. No trataremos aquí de
justificar ese repentino auge que puede ser explicado de formas muy distintas.
Ciertamente una serie de fenómenos que se desarrollan hacia 1969 implican un
cambio generacional y de mentalidades, cuyas consecuencias todavía nos
alcanzan. 1969 es el año en que los humanos llegaron a la Luna y en que, por lo
tanto, se puede considerar que se inicia una nueva Era en la historia, pero es
también un momento de inflexión en lo que toca a la emergencia de una nueva
generación, de nuevos retos culturales y de otra sensibilidad. En esa larga
onda se han desarrollado cuatro o cinco grandes cambios sociales que no tienen
vuelta atrás y que aparecen hoy como condiciones postindustriales o postmodernas
de comprensión del mundo. Hay que dar como obvia la ruptura de los grandes
relatos sociales y religiosos que desde el XIX habían gobernado el mundo.
Nuestras sociedades son cada vez más, irremisiblemente, multiculturales,
comunicacionales, postreligiosas, relativistas y, se quiera o no, escépticas
–en la medida que se asuma que el “escepticismo organizado” es la condición de
la mirada científica sobre la realidad y que, a trancas y barrancas, la ciencia
(o, por lo menos algunos grandes relatos tecnocientíficos) ocupa el lugar de
legitimador social que han dejado vacías las grandes religiones y las utopías
sociales, afortunadamente sumidas en el descrédito. Sólo sociedades con un
bajo nivel de penetración tecnocientífico siguen manteniendo familias
tradicionales, religiones tradicionales y legitimaciones políticas caudillistas
o tradicionales. La cohesión y la transmisión de los valores en el mundo
desarrollado y postindustrial es hoy cada vez más aleatoria, emotivista y
subjetiva. Si el utilitarismo fue la “ética implícita” de las sociedades
industriales surgidas del New Deal, el emotivismo es la “ética explícita” de
las sociedades postindustriales, donde toda una industria de los sentimientos
explota telenovelas o logra que la burguesía europea de dinero a las ONG más
variopintas simplemente porque se emociona ante el televisor. En sociedades
multiculturales, multireligiosas, multiemocionales y, tal vez, profundamente
neuróticas, la ética aplicada intenta ser una alternativa, laica y de mínimos, al
hundimiento de los relatos tradicionales. Nadie cree ya que una ética pueda ser
expresión de “la” verdad” o “la” justicia, cuya existencia misma no deja de
parecer un construción social de justificación más o menos improbable. Pero se
pide que, por lo menos, nos ofrezca instrumentos conceptuales para regular el
conflicto. La ruptura de los valores “fuertes” no es siquiera vivida como una
capitulación de la racionalidad. Más bien al contrario, al romperse el modelo
comunitario (y al hacerse posible que cada cual elija su propia comunidad “a la
carta” en vez de hacerlo por razones étnicas o religiosas, se despliega una
individualidad creadora que implica una nueva emergencia de lo humano, Ni el
individualismo metodológico ni la política liberal tienen hoy por hoy un
recambio cultural creíble en las sociedades postindustriales. Nuevas formas de
conflicto, y nuevas tecnologías, demandan nuevas éticas. Hans Jonas da algunas
razones para justificar porque debemos pensar hoy una ética basada en una nueva
concepción de la responsabilidad. En su artículo: “¿Por qué la técnica moderna
es objeto de la ética?” [Incluido en “Técnica, medicina y ética”] nos habla de una tecnología que se rige por
la “ambivalencia de los efectos”. Tradicionalmente se había distinguido entre
una técnica “buena” (la de los fertilizantes, para entendernos) y otra “mala”
(la bomba atómica). Pero hoy esa distinción ya no es válida: El germen del
“mal” es alimentado por el “bien” y nadie puede establecer claramente dos
campos. Además vivimos en una
sociedad donde hay una relación inmediata entre “poder” y “hacer”, donde la
“actividad permanente”, por usar un concepto jonasiano marca el código social y
donde todo lo que se “puede” hacer se acaba haciendo (tecnológicamente) y
justificando (moralmente). La gran escala y el perpetuo presente, a veces
infantil, marcan la actividad tecnocientífica. El antiguo concepto de bien, a
escala humana, se degrada en un mundo planetario. El hombre hoy ya no puede
pensar un mundo ético para sí mismo y tal vez no haya sociedad humana si no
introducimos en nuestra consideración moral al conjunto de los vivientes, y del
planeta, en una consideración ecológica. Desde la ilustración
habían sido dos las grandes fuentes morales de la tradición occidental, el
utilitarismo, con un fuerte contenido de empirismo moral y la ética kantiana del deber. Su
implicación era obvia. Para quien ha comprendido la máxima utilitarista
(“buscar el mayor bien para el mayor número”) el principio de maximización
parecía hacer inútil cualquier intento de ponerse a profundizar en la
casuística tecnológica o social. Y lo mismo sucedía con el imperativo
categórico: saber que nadie, ni siquiera uno mismo, puede ser tratado como
objeto y que la dignidad da valor (y no precio) a lo humano, aplicar la máxima
tenía un cierto sentido de autoevidencia. Hoy, sin embargo, el mundo se nos ha
hecho más complejo y dar salida a esa complejidad es una urgencia en la que
tecnociencia, medio ambiente e innovación se precisan mutuamente. El mudo de
los hechos que nos obliga a reflexionar, se ha hecho más complejo que el mundo
de las ideas desde el que hemos gestionado (y ordenado) los hechos. Tres criterios básicos parecen emerger en las éticas aplicadas Por un lado son éticas
“civiles” que no pueden, ni quieren, ni saben referirse a un mundo
“transcendente” o de valores absolutos. Como ya vio Kant, toda ética civil es,
por ello mismo “republicana”, es decir, universalista en la medida que derechos
y deberes son iguales para todos. El principio ético del mismo derecho y el
mismo deber para todos los humanos es, tal vez, el único principio “fuerte” en
un contexto “débil”. Son también “éticas
mínimas” que privilegian acuerdos en la práctica y que se fundamentan en el
consenso práctico más allá de compartir modelos comunitarios, hoy incompatibles
con la pluralidad de opciones culturales, religiosa o sexuales. Y, finalmente, como
“morales por acuerdo” son provisionales y revisables. No nos parecen imposibles
en un futuro, nuevos contextos, basados en futuros y posibles nuevos
descubrimientos tecnocientíficos o en nuevas sensibilidades emergentes. Una
ética para las sociedades postindustriales es una ética revisable, como lo es
también todo acuerdo civil. Las reglas morales de las
éticas aplicadas no son, ni pretenden ser, expresión de una verdad absoluta,
que nadie posee y que no sería bueno que nadie poseyera en exclusiva, sino que
son expresión de un “respeto universal”, en el sentido que todo el mundo merece
la misma consideración cuando las aplica, y que implica “reciprocidad
igualitaria”, es decir, que nos las deberíamos poder exigir unos a otros de
igual manera. 2.- ¿ES
INTERNET UNA NOVEDAD PARA LA ÉTICA? En el contexto de las
éticas aplicadas, que es el de las sociedades tecnológicamente desarrolladas,
informacionales o postindustriales, cabe preguntarse si Internet significa un
tipo de novedad radical, de manera que marca un cambio de rumbo en la
civilización o si, por el contrario, significa tan sólo una novedad más, de
segundo orden, en un contexto tecnológico pero previsible. Si nadie supuso que
el teléfono o la radio llevasen implícitos cambios morales generalizados, y si
muy pocos –tal vez con la excepción del viejo Popper– asumen que la televisión
significa un reto moral de primer orden. ¿Por qué hay un contexto tan
generalizado a la hora de atribuir significación moral a Internet? Generalmente, para
ordenar los usos ambiguos de una tecnología, bastan una serie de reglas,
expresadas en códigos deontológicos, que deben ser formalmente respetados por
los profesionales. Hay un buen número
de códigos propios tanto de los ingenieros como de los usuarios de Internet. Y
sin embargo no hay ningún consenso efectivo no ya acerca de una legislación
internacional de uso común sino, ni tan siquiera, sobre las razones que
debieran conducirnos a ella. A nuestro entender es
precisamente este estado todavía ambiguo y contradictorio el primer argumento
para obligarnos a pensar sobre la necesidad de una argumentación moral basada
en un uso (auto) regulado de Internet. Si algo nos obliga a pensar moralmente
en ese campo, es el contraste entre su universalidad de su uso –que parece
exigir reglas que vayan más allá de una “etiqueta” (o “netiqueta”) y su estado
todavía embrionario en lo que toca a la reglamentación de los derechos. Un
nuevo poder (una nueva tecnología) abre una nueva reflexión. El discurso de los
derechos ha ido creciendo en intensidad y aprecio desde hace por lo menos
treinta años. Hoy nos parecen obvios los derechos de minorías raciales y
sexuales, por no hablar del entero continente de las mujeres, que no ejercían
como sujetos autónomos hace sólo cincuenta o cien años. El debate abierto por
Peter Singer sobre los derechos de los Grandes Simios indica, incluso, una
ampliación del ámbito del derecho impensable casi ayer mismo. La pregunta es:
¿cómo debe incorporarse Internet a ese discurso? Los internautas
acostumbramos a decir que “lo que no está en Internet, no existe”. Internet es
hoy una cibersociedad que realiza la
utopía de la unión de los humanos a través del conocimiento: la fraternidad
universal y la biblioteca de Babel, ambas las dos, parecen realizarse con sólo
dar un ligero golpe de ratón o con sólo rozar la pantalla táctil. El espacio y
el tiempo quedan en Internet tal vez no abolidos pero si profundamente
reconsiderados; pero ¿no hay en esta afirmación un algo –o un mucho– de
pedantería. ¿Dónde y cómo están hoy reconocidas y garantizadas la autonomía de
los individuos y la misma esencia de las sociedades abiertas? ¿Es el libre
juego de mercado suficiente para garantizar derechos o se necesita algo más, de
tipo sociomoral para garantizar que el cuerpo y la psique de los humanos no sea
humillado por una tecnología esclavizadora. Incluso el viejo liberal que era
Karl Popper quiso recordarnos que lo que garantiza la existencia de sociedades
abiertas no es la existencia de libre mercado (condición necesaria pero no
suficiente) sino el valor que se da a la libertad de crítica, al pensamiento
creador y al debate. Si Internet es una nueva
forma de organizar el trabajo ¿cuál es entonces el papel de los organismos
reguladores de la actividad económica, por ejemplo, el de los sindicatos? Si
Internet es un instrumento de debate cultural ¿cuál es entonces el lugar y el
papel de las culturas minoritarias y de las naciones sin Estado?. Si todo el
mundo tiene libre acceso a la red: ¿quién garantiza la vida privada y la
intimidad? ¿Vamos a permitir que los humanos sean sólo asalariados y
consumidores, o exigiremos la ciudadanía? ¿Qué quiere decir: “ser propietario”
en Internet? He aquí el tipo de
preguntas que están ya en el ambiente y que exigen una urgente respuesta.
Nuestra ponencia y el debate que proponemos quiere ir en esa línea de reflexión
sobre los derechos y sobre la autonomía. 3-.
ÉTICA HACKER. ¿Una nueva utopía o simple
delincuencia? 3.1-.
Introducción Un hacker ha entrado en
el servidor de los organizadores del forum Mundial de Davos y ha capturado los
datos personales, privados y los números de las tarjetas de crédito de los
principales políticos, financieros e intelectuales del mundo occidental y
amenaza con hacerlos públicos. Se divulgan los códigos
para piratear los canales digitales televisivos de pago, de tal manera que
cualquiera pueda acceder íntegramente a todos sus contenidos sin abonar ninguna
cantidad. Se publica en una página
de Internet la manera de llamar por teléfono sin pagar. Un joven filósofo
finlandés hace público un nuevo manifiesto que reivindica un nuevo concepto del
trabajo, del aprendizaje y del saber que domina al paradigma de la ética
protestante capitalista y llama a la revolución social. Estos y muchas otras son
algunas de las noticias que periódicamente se publican en los medios donde la
palabra hacker, cracker, hacktivismo se mezclan y utilizan indiscriminadamente,
la mayoría de las veces incorrectamente, pero que dejan entrever al lector
avispado que tras las denuncias de piratería informática se esconde algo más,
un ideario, un planteamiento ético y casi filosófico importante, cuando menos
distinto al dominante en la sociedad y que al ser humano curioso y atento a las
nuevas líneas de pensamiento no puede dejar indiferente. Nos ha parecido
interesante en este debate sobre la ética aplicada y sus implicaciones
derivadas del fenómeno Internet intentar aproximarse al fundamento teórico del
movimiento hacker, su planteamiento ético, lo que se conoce como cultura hacker
o el llamado “hacktivismo” y sus consecuencias sociales. Pero para ello, es
preciso primero desbrozar el camino intentando definir y clarificar unos
cuantos conceptos. 3.2-.
Intento de caracterización Como pasa a menudo no
existe una definición unívoca y universalmente aceptada de lo que se entiende
por hacker. Si nos fijamos en el origen del término quizás podremos definirlo
mejor. A finales de los años
cincuenta y durante los años sesenta, en los laboratorios del MIT
(Massachusetts Institute of Technology) se empezaba a trabajar con los
ordenadores, que entonces eran grandes maquinas que requerían habitaciones
enteras, con cientos de transistores, válvulas y tarjetas perforadas. Consumían
ingentes cantidades de electricidad y desprendían tanto calor que necesitaban
una refrigeración exclusiva para ventilarlos En 1959 la institución ofreció el
primer curso de programación y un grupo de alumnos quedaron literalmente
prendidos de los ordenadores y de lo que se podía llegar a hacer con ellos.
Este grupo de alumnos pertenecía en su mayoría al TMCR (Tech Model Railroad
Club o Club de Modelo de Trenes) y por la complejidad de los primeros
computadores pocas veces podían acceder directamente a ellos. Poco después
llegó al MIT el TX-0, un ordenador novedoso para la época y Jack Dennis,
antiguo miembro del TMCR y profesor del MIT facilito a sus alumnos un acceso
ilimitado a este ordenador. Este ordenador tenía un teclado para introducir
datos, y no las tediosas tarjetas perforadas que hasta entonces se hacían
servir. El teclado supuso un avance extraordinario, ya que permitía interactuar
directamente con el ordenador y ver inmediatamente el resultado del trabajo. El
grupo de alumnos cada vez pasaba más tiempo con el ordenador y empezaron a
hacer cosas que ni los ingenieros que habían diseñado el ordenador nunca habían
soñado. A partir
de este momento es cuando el término hacker se empieza a aplicar a un grupo de
alumnos fanáticos de los ordenadores que empiezan a desarrollar un trabajo que
va más allá de lo que entonces se creía posible. Piensan por si mismos,
exploran los límites y descubren nuevos horizontes, empezando a perfilar una
manera de trabajar nueva, unas nuevas normas y reglas, e inconscientemente una
nueva ética. Otros autores señalan que
el origen de los hackers hay que buscarlos en el mundo de las comunicaciones,
en los laboratorios de la Bell Telephone. Algunos técnicos de estos laboratorios
empezaron a desarrollar unas técnicas y unos inventos que revolucionaron el
mundo de las comunicaciones y la informática. La historia, o quizás más
bien la leyenda indica que la etimología hacker nace cuando un operario de
telefonía daba un golpe seco y contundente al aparato de teléfono (un hack o
hachazo) y conseguía que funcionara. El término hacker es un término de argot
de imposible traducción. De estos antecedentes se
deduce que un hacker es una persona
técnica, con grandes y amplios conocimientos, un experto, apasionado por
la informática, los computadores y los lenguajes de programación, pero que
sustancialmente desafía a los límites y que quiere ir más allá, investigar,
trabajar y descubrir. Tiene una pasión por el conocimiento fundamentada en la
diversión y la satisfacción personal. Los hackers son en su sentido original
unos entusiastas de la informática con un enorme interés, a menudo pasión, en
aprenderlo todo de los sistemas informáticos, superar sus límites teóricos y
usarlos de formas innovadoras. Un hacker es un profundo conocedor de una
tecnología, que tiene ansia por saberlo todo y desafía a los límites. Una de
sus características fundamentales es su ansia de conocimiento y su contrariedad
en aceptar limites o cualquier tipo de restricciones a las posibilidades de
conocimiento. Existe un texto clásico
en este mundo, conocido como Jargon File y escrito pro Eric S.Raymond, uno de
los pioneros y más emblemáticos hackers, se define a los mismos como alguien
que reúne alguna o varias de las siguientes características: 1-.
Es una persona que disfruta investigando sistemas operativos, lenguajes de
programación y sabe sacarle el máximo provecho. Se diferencia del usuario
normal porque estos se limitan a conocer lo mínimo e imprescindible de un
programa. 2-.
En general es un entusiasta de la programación, y a veces llega a tener
obsesión por ella. 3-.
Alguien que aprecia el valor de hackear, entendiendo por ello el buscar un uso
no documentado o previsto de algo. 4-.
Cualquiera que sea muy bueno programando 5-.
Gran experto en un programa o sistema operativo concreto (p.e. Unix). 6-.
Experto o entusiasta de cualquier clase 7-.
Alguien que disfruta con un reto intelectual y lo intenta resolver de forma
autodidacta, creativa y lúdica. En 1984 se publicó un
trabajo importante que perfila de manera bastante clara el ideario hacker.
Steven Levy, en su texto Hackers: Heroes
de la revolución formula seis normas que deben estar en la base de todo
aquel que se considere hacker. Estas son: ·
Entrégate siempre al imperativo de transmitir! El
acceso a ordenadores y a cualquier otra cosa que pueda enseñarte como funciona
el mundo debe ser ilimitado y total. ·
Toda la información debe ser libre ·
Desconfía de la autoridad. Promueve la
descentralización. ·
Los hackers deben ser juzgados por su hacking
(entendiendo por tal su manera de hacer, sus acciones), no por criterios falsos
como títulos, edad, raza o posición. ·
Puedes crear arte y belleza en un ordenador. ·
Los ordenadores pueden cambiar tu vida a mejor. Otro texto fundamental en
el ideario hacker es “La Catedral y el Bazar”, probablemente el ensayo más
importante para entender un fenómeno como el del código abierto. Escrito en
1997 por Eric Raymond ha sido revisado a principios de 2001. El texto parte de
la contraposición entre dos modelos de desarrollo. En sus origines Raymond
pensaba que el desarrollo de cualquier programa informático debía seguir un
método similar a la construcción de una catedral. Esto es, en la construcción
de un templo pequeños grupos de artesanos, vidrieros, marmolistas,
picapedreros, escultores realizan su parcela de trabajo de manera aislada e
independiente, sin ninguna interrelación entre ellos, y la suma de todos los
trabajos es la catedral. Pensaba que en el desarrollo de un programa el mejor
método de trabajo era el de los sabios individuales o pequeños grupos de
trabajo realizasen su trabajo aisladamente, sin publicar ninguna beta. Pero el
desarrollo especialmente del lenguaje Linux le hace cambiar totalmente de
planteamiento. Raymond constata que la
interrelación, el fin del aislamiento, el intercambio constante, casi la
promiscuidad entre los miembros del grupo de trabajo, da mejores frutos. A
partir de la metáfora del bazar afirma que el éxito de un proyecto se
fundamenta en el intercambio permanente, en una relación ruidosa, alegre,
desordenada y eficiente de todos los que trabajan en un proyecto. Afirma que es
mucho más eficaz el modelo del bazar que el de la catedral, esto es, resulta
más productivo desarrollar programas o cualquier proyecto informático en un
entorno de comunidad abierta que en un sistema cerrado. La colaboración y la
revisión crítica constante por múltiples interlocutores asegura una calidad
final incomparablemente superior. Este texto se ha convertido en una de las
piedras angulares del movimiento a favor del código abierto, que pretende
cambiar radicalmente el modelo imperante de desarrollo tecnológico del
software. El movimiento de código abierto parte de la premisa que nadie es
propietario del código fuente del programa, que cualquier usuario puede
utilizarlo, mejorarlo y redistribuirlo y se contrapone al modelo del código
propietario, donde el usuario no tiene ningún derecho sobre un programa,
simplemente un derecho de uso. Este es un debate apasionante entre el modelo
Linux y el modelo Microsoft, los dos extremos más emblemáticos de cada línea,
con importantísimas implicaciones económicas, políticas, de seguridad y
prácticamente de política internacional. Hay que diferenciar a los
hackers en su sentido auténtico de otros términos cercanos, similares en los
medios, pero radicalmente distintos en su finalidad, que conforman todo un
mundo underground. Los crackers son aquellos
hackers que utilizan sus grandes conocimientos técnicos para violar sistemas,
entrar en ordenadores, robar información o romper la protección y seguridad de
los sistemas o programas no para conocer, sino para obtener un provecho
material, normalmente económico o provocar un daño. Es un término acuñado hacia
1985 por los mismos hackers para defenderse del mal uso que habitualmente hacen
los medios de comunicación de la palabra hacker. Un cracker forma parte de
pequeños grupos, secretos, oscuros, incurre normalmente en ilegalidades
flagrantes y su finalidad es ilícita. Los Phreakers son
aquellos que rompen la seguridad de los sistemas telefónicos y hacen una
utilización ilegal y delictiva de las redes telefónicas. Aunque antaño no
tenían una connotación negativa e ilícita, en la actualidad está
desprestigiado. Los Lamers son aquellos
individuos con deseos de realizar hacking o actividades propias de los hackers,
pero que carecen de todo conocimiento para ello y normalmente hacen el
ridículo. 3.3
Aproximación sociológica Es un tanto extraño que
la sociología este reaccionando en general con lentitud frente a los enormes
cambios en la estructura social que se derivan de las nuevas tecnologías y de
lo que se conoce como sociedad de la Información. Estamos en un periodo
apasionante de profundos cambios sociales, incluso de cambio de paradigma para
algunos autores, y la sociología (salvo honrosas y destacadas excepciones) no
parece dedicar grandes esfuerzos al análisis de ello. Si consideramos que esto
es así, el estudio sociológico del mundo hacker o más bien la inexistencia de
estudios del colectivo hacker resulta totalmente comprensible. Un colectivo tan
heterogéneo, singular e inclasificable como el hacker parece lejano a los
intereses de los sociólogos. En la mayoría de los casos los estudios realizadas
más o menos científicamente sobre la comunidad hacker ha tenido un enfoque
jurídico-criminalista o bien una orientación civil o de defensa de las
libertades civiles. La colectividad hacker tiene un papel mucho más importante
de lo que aparentemente puede parecer en el mundo de las nuevas tecnologías.
Por un lado es un motor constante de progreso tecnológico, con su exploración
de los límites, y por otro lado es el abanderado de las luchas informales
contra la libertad y las restricciones en las nuevas tecnologías. Por su
carácter revolucionario en algunos aspectos y en otros anticonvencional cuando
no abiertamente antisistema, el movimiento hacker es a menudo criminalizado y
desprestigiado. Ciertamente el colectivo hacker por su propia naturaleza de no
dejar huellas es escurridizo e, incómodo al análisis académico, y es tarea
imposible poder siquiera aproximarse a determinar el numero de hackers
existentes. El trabajo más serio, aunque algo antiguo y necesitado de una
revisión, es el realizado por Tanja S.Rosteck, donde se pone de manifiesto que
el colectivo hacker reúne unas características singulares que le permiten ser
calificado como movimiento social. A partir de los
requerimientos de Stewart, Smith y Denton para afirmar la existencia de un
movimiento social, se ve que este si que existe: 1-.
Un movimiento social tiene una mínima organización: a pesar de su aparente anarquía, en el colectivo hacker existen
unos gurús y unos seguidores de estos. Los hackers a menudo forman pequeños
grupos relacionados y cerrados entre si que funcionan, sin necesitar una gran
organización. Existen importantes y potentes clubes de hackers que suponen un
punto de unión y relación entre sus miembros. 2-.
Un movimiento social es un colectivo no institucionalizado: efectivamente los
hackers huyen como la peste de las instituciones y la institucionalización, y
se consideran grupo marginal. 3-.
Un movimiento social propone cambios sociales, de valores o estructuras: una de
las esencias del hacktivismo: proponer cambios de actitud en el conocimiento,
en la libertad, en el acceso a la información, en las normas. 4-.
Un movimiento social es contrario a las normas establecidas: efectivamente los
hackers se enfrentan a las normas, las desprecian y buscan su superación. 5-.
Un movimiento social debe ser de largo alcance: es difícil valorar el numero de
hackers, pero efectivamente existen muchos más de los que se ven y tienen poder
de influencia e incidencia por las consecuencias de sus actos. Es un fenómeno
internacional que no conoce fronteras. 6-.
Un movimiento social se basa en su capacidad de persuasión: los hackers actuan
a partir del convencimiento, previa persuación de otros miembros. Al ser un
movimiento no institucionalizado, sin apenas recompensas o medios coactivos
para atraer adeptos, estos solo pueden conseguirse a través de la persuasión,
como así es en el movimiento hacker. 3.4-.
Propuesta desde Finlandia El movimiento hacker, a
menudo desprestigiado, criminalizado socialmente y reducido a espacios
marginales, ha recibido un importante espaldarazo científico, académico y
social con las propuestas del joven filósofo finlandés afincado en Estados
Unidos Pekka Himanen a partir de su obra “The Hacker Ethic and the Spirit of
the Information Age”. ¿Cuál es la tesis de fondo de esta obra? Himanen parte de una
crítica de fondo a la llamada ética del trabajo formulada por Max Weber en La
ética del trabajo y el espíritu del capitalismo fundamentada en la laboriosidad, la rutina, la diligencia, la
suma importancia del dinero y de la cuenta de resultados como último objetivo
social, y trata de ofrecer un nuevo código moral y ético basado en la
creatividad en el trabajo, en la libertad de la imaginación en las tareas
laborales, en la pasión por la investigación y el descubrimiento de nuevos
escenarios. El dinero no es la recompensa suprema del trabajo, sino el acceso
al conocimiento, el reconocimiento social y la libertad. Frente a la caduca
sociedad industrial capitalista, que se ha construido a partir de la ética
protestante del trabajo, ha desarrollado y fomentado dichos valores hasta
convertirlos en paradigma del neoliberalismo, según Himanen en la nueva
sociedad del Conocimiento o Información que se está gestando a partir de los
cambios que provocan las nuevas tecnologías (ntic), dicho código moral y su
ética ha quedado trasnochada y debe superarse. Su propuesta es formular
una nueva ética del trabajo para el nuevo milenio más adaptada a los cambios
sociales generados por los cambios tecnológicos. Esta nueva ética del trabajo
debe basarse en la pasión, en la inteligencia, la inspiración, el
entretenimiento, en la creatividad sin cortapisas, en la libertad en la
investigación y la creación, y sus recompensas es el conocimiento, la
satisfacción personal y el reconocimiento del esfuerzo en la sociedad. Además
su propuesta hacker va asociada a un cierto estilo de vida, fundada en la
libertad personal, en saber compaginar el trabajo con el ocio al libre
albedrío, en la superación de los formalismos. En este sentido un hacker
puede serlo tanto un carpintero como un astrónomo, si ponen pasión en su
trabajo y se divierte con el, si tienen una actitud de superación y de libertad
e intentan ir más allá de los limites conocidos hasta el momento, si comparte
con la sociedad el fruto de su esfuerzo. Para Himanen el mejor
ejemplo de esta concepción del hacker sería
Sócrates, por su actitud, por su pasión enorme y a la vez humilde por el
conocimiento, su apertura de espíritu y su amplitud intelectual. Himanen trata de formular
un nuevo modelo social para la era postindustrial y para la nueva sociedad de
la información. Es importante para
aquellas personas que tengan la oportunidad acceder directamente al texto de
Himanen, bien en el resumen recogido en su web (www.hackerethic.com) o a la edición en
castellano o ingles de su obra (La ética
del Hacker y el espíritu de la era de la información, publicado en España
por editorial Destino) La propuesta de Himanen
no ha pasado desapercibida y ha abierto un cierto debate. Por un lado se le
reconoce el importante esfuerzo de aproximarse a los enormes cambios provocados
por las ntic, su intento de hacer propuestas más adaptadas a las nuevas
condiciones sociales y laborales, a la vez que se juzga de manera positiva la
bondad de algunas de sus propuestas. Se valora la reivindicación del concepto
original del hacker que propone, deslindándolo de cualquier relación con la
delincuencia o las operaciones ilícitas. Paralelamente muchas
personas le plantean importantes criticas, fundamentalmente por la ingenuidad
de algunas de sus propuestas, por no darse cuenta que la sociedad de la
información reproduce a menudo los viejos esquemas capitalistas en las
relaciones laborales que según el deberían estar desapareciendo. Asimismo se
señala el hecho que muchos auténticos
hackers, cuando han llegado a lugares de responsabilidad o poder (por ejemplo
los fundadores de Microsoft, Apple, Sun, Oracle y otras importantísimas
empresas en sus comienzos eran auténticos hackers) no han aplicado los postulados
hackers, sino los teóricamente caducos de las viejas sociedades capitalistas.
En otro ámbito se apunta que si la filosofía Hacker depende de las decisiones
individuales, la mayoría de trabajadores, ciudadanos y personas, por las
circunstancias sociales, políticas, económicas, históricas y laborales tienen
absolutamente vedadas las posibilidades de decidir su comportamiento y actuar y
comportarse como un hacker si así lo quisieran. Varios historiadores retraen a
Himanen una interpretación sesgada del pensamiento de Weber y que confunda la
esencia y pureza de los análisis de Weber con otros comportamientos dominantes
que están muy alejados de los postulados de Weber (que en absoluto era un
teólogo) , siendo poco justificables dichas lagunas teóricas en un doctor en
filosofía. Además se le critica su visión occidentalista y propia del
privilegiado mundo rico, señalándose que son propuestas únicamente viables en
teoría en sociedades altamente desarrolladas y tecnificadas, olvidando al
tercer mundo e incluso que algunas de estas propuestas pueden ser obscenas
respecto a los millones de personas que viven en la absoluta pobreza y mueren
de hambre. Finalmente se señala que el sistema ético que propone es claramente
insuficiente para recoger todos los aspectos fundamentales para una ética
colectiva y social, y descuida muchos aspectos éticos fundamentales. Probablemente Himanen
únicamente propone una nueva forma de organizar los descansos en el trabajo y
tomarse la vida con mas alegría y filosofía, pero el gran aparato mediático
internacional que ha acompañado al lanzamiento de su libro ha intentado vender
mucho más de las intenciones reales del autor. Queda al lector de su obra el
juicio final sobre las propuestas de este joven filósofo. 3.5-.
Conclusión El movimiento hacker es
amplio e importante. Es difícil y no disponemos de espacio para analizarlo a
fondo. Es controvertido y polémico. Como cualquier aspecto de la vida presenta
aspectos positivos y otros criticables. Su lucha por la libertad, por la superación
de las restricciones, por la no sujeción a las normas, sus propuestas
individuales son altamente sugerentes. Es innegable el protagonismo histórico
del ideario hacker en el nacimiento y desarrollo de los cambios tecnológicos
que han dado lugar a las nuevas tecnologías y sus importantes cambios sociales.
Sin lugar a dudas Internet, el movimiento a favor del código abierto,
singularmente el fenómeno Linux, las propuestas en favor de la libertad de
expresión y comunicación, las luchas contra las patentes y leyes restrictivas
sin el ideario hacker serían muy distintas y el escenario social que se habría
dibujado sin este hacktivismo seria otro. Indudablemente el
movimiento hacker, en su sentido original, tiene un importante estigma social
provocado por los crackers que violan sistemas, generan y distribuye virus
altamente destructivos, roban información, tumban servidores y realizan todo
tipo de actos ilícitos. La mayoría de las gentes, especialmente los medios de
comunicación, no saben distinguir entre los hackers y crackers, englobando
ambas actitudes y acciones en el mismo paquete, cuando deberían deslindarse. Queremos reivindicar
desde esta tribuna el sentido original y primigénico del HACKER. Reivindicar el
hacker como aquella persona fascinada
por el conocimiento, sea técnico, informático o de otro ámbito, que quiere
compartir con otras personas sus capacidades
para crear entre todos unas comunidades de intercambios creativo del
conocimiento. Reivindicamos el hacker
refractario a las estructuras y sistemas cerrados, a las puertas que cierran el
paso a la libertad de circulación del conocimiento, a una determinada
concepción de la propiedad intelectual basada solo en el rendimiento y
explotación económica. Nos gusta la filosofía
hacker de superación y provocación, el concepto del juego en el trabajo, la
pasión por el descubrimiento y la finalidad de compartirlo todo. La filosofía
hacker de superación, de reto intelectual, de mejora resulta innegablemente
atractiva. Esta filosofía, no exclusiva del hacktivismo, sino ligada a la misma
filosofía del mundo artístico y de la comunidad científica esta relacionada con
una cierta psicología y a una ética de la creatividad. Pero no se ocultan las
limitaciones del discurso hacker. La filosofía hacker se enfrenta al poder
institucionalizado, al sistema, y por ello es perseguido, desprestigiado y
criminalizado. Por su propia naturaleza el hacktivismo exige una elevada
formación y conocimientos técnicos, y por ello sus miembros forman parte de una
élite. Ello planea la duda de la posible incidencia social del ideario hacker. Una de las encrucijadas
del movimiento hacker es definir su voluntad de incidencia social. Para amplios
sectores del movimiento un hacker en el fondo solo quiere superarse
técnicamente a si mismo, marcarse un reto y darse la satisfacción personal de
superarlo, sin importarle la incidencia social de sus actos. Otra corriente del
movimiento defiende la extensión del ideario hacker a la sociedad, provocando
cambios en todos los órdenes, legales, laborales, políticos, económicos, para
construir una sociedad más justa y libre. El debate no está cerrado. Por otro lado a menudo se
critica al movimiento hacker que sus acciones son simplemente “autotélicas”, esto es, entenderse como unas acciones
en que la recompensa o finalidad de la acción está en la propia acción sin
necesidad de conseguir un resultado final. ¿Que resultado final busca el
hacker? ¿El saber que ha superado el reto que se ha autoimpuesto o va más allá?
4-.
PROPUESTAS DE TRABAJO Y CUESTIONES A DEBATIR Los Coordinadores de este
grupo de trabajo lanzamos unas líneas de debate y discusión al resto de los
miembros del grupo. Evidentemente cualquier otra propuesta o idea tiene las
puertas abiertas, pero para facilitar el inicio del debate planteamos una
pequeña batería de cuestiones: ¿La ética debe referirse
a personas o a cosas? Si en la tradición de la filosofía de la ética, las cosas
no son susceptibles de tener principios morales, ¿es correcto o lógico hablar
de una ética de Internet? ¿La histórica línea de la
ética kantiana fundamentada en los deberes mas que en los derechos queda
dinamitada por Internet? ¿Qué significa “tener un
derecho” en Internet?. ¿Internet debe aspirar a
una regulación ética propia, la fijación de un nuevo corpus ético propio que resuelva sus especificidades o por el
contrario la ética clásica puede dar respuesta a sus retos?. ¿Os parecen correctos los
postulados de las llamadas éticas aplicadas, o hay que rechazarlas por sus
propuestas de mínimos y aspirar a las grandes y clásicas propuestas éticas de
la tradición? ¿Hay que plantear la ética de Internet como una pura deontología
profesional? ¿Una ética de Internet
debe atender a la manera como la técnica construye y elabora una nueva visión
del mundo (la modernidad)? La filosofía hacker
¿donde quiere llegar? ¿Cuales son realmente sus objetivos? Si fenómenos como el
éxito del código abierto, especialmente Linux, han sido un éxito, ¿por qué
otros postulados del hacktivismo fracasan? ¿Tiene la filosofía
hacker una autentica voluntad de transformación social? ¿Sería conveniente que el
colectivo hacker se desmarcara de manera clara y rotunda de las actitudes y
comportamientos casi delictivos de algunos de sus miembros que le restan
credibilidad, o por el contrario los objetivos finales defendidos por el
hacktivismo permiten la realización de todo tipo de actividades, aunque sean
ilegales, ya que precisamente se pretende superar las normas que se infringen? ¿Puede ayudar el ideario
hacker a reformular la concepción de los derechos de autor, del derecho a la
propiedad intelectual? ¿Cómo? ¿Hay que abolir el copyright como postula parte
del movimiento hacker, o por el contrario es un instrumento de defensa de la
creación y el conocimiento que hay que respetar?
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