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Una propuesta de revisión crítica de una selección de investigaciones empíricas acerca de género y CMO Blanca
Callén Agnès
Vayreda
ResumenLas autoras presentan una propuesta de revisión crítica a una selección de artículos académicos sobre investigaciones empíricas acerca de género y CMO. En primer lugar, se ofrece una rápida panorámica sobre los discursos utópicos y distópicos acerca de la CMO que han servido hasta la fecha de marco general a las investigaciones en internet. Para finalizar, y como núcleo del artículo, se analiza el concepto de género, los orígenes de las diferencias de estilos comunicativos, el discurso acerca de la CMO y la relación on-off que subyace en la selección de investigaciones revisadas y cuáles son los aspectos de la CMO objeto de su estudio. Introducción¿Qué tipo de investigaciones se están haciendo en el ámbito online acerca de género y lenguaje? ¿Qué se suele entender por la relación género y CMO (comunicación mediada por ordenador) de internet? En este artículo presentamos una revisión crítica a los trabajos empíricos que se han venido realizando hasta la fecha y cuyo centro de interés era el género y la CMO. Si bien hemos observado cómo básicamente había dos perspectivas teóricas en la concepción del género y la CMO, una que podría ser denominada “diferencia y de dominación” (Lakoff, 1975 y Tannen, 1990) y otra de corte más postmoderno que podría denominarse “performativa”, únicamente nos centraremos en los trabajos realizados bajo la primera visión. Perspectiva bajo la cual se concibe el género como una categoría dicotómica, preexistente al lenguaje y su uso y que vendría determinada, señalada, en el ámbito online por los nicks y las firmas que adoptan los usuarios y usuarias. Del mismo modo, se considera el género como una variable independiente cuyos efectos merecen la pena ser estudiados a los largo de contextos diferentes (chats, listas de correo, muds…) al ser cruzados con otras variables como la proporción de mujeres y hombres en la composición de los grupos. En este sentido, hemos observado cómo en estos trabajos se reproducían los mismos marcos teóricos que se utilizaron y que se siguen utilizando para analizar la relación género y lenguaje-estilos comunicativos en la “vida física”: la perspectiva de la dominación (Lakoff, 1975) y la perspectiva de la diferencia (Tannen, 1990). 1.- CMC y Democracia El interés por la relación entre género y CMO, como explica Susan Herring en un artículo de principios de los 90, no ha existido desde el comienzo de internet, sino que sólo ha sido incorporado como tema a la agenda de los investigadores e investigadoras sociales en los últimos años. Actualmente, sin embargo, la literatura sobre este aspecto de la CMO, junto con la presencia de la raza, está presente con frecuencia en muchas de las publicaciones especializadas. Según la autora, este olvido se debía al clima generalizado de optimismo que a principios de los 90 se respiraba hacia las TICs. La visión utópica de la CMO como espacio inherentemente democrático, experimental y liberador de las desigualdades padecidas por las diferencias de género, se justificaba por la desaparición del cuerpo físico y la imposibilidad de juzgar a las personas por su apariencia. Incluso las feministas veían en él la oportunidad de lograr una comunicación igualitaria entre hombres y mujeres por encima de estatus y dominaciones. Sin embargo, posteriormente y a base de más trabajos empíricos, se han levantado muchas voces cuyos discursos distópicos sobre la CMO sostienen que las jerarquías y desigualdades se siguen reproduciendo en el ciberespacio, o incluso las identidades de género se exageran y estereotipan. De esta manera, no sólo se colaboraría a fijar aún más las desigualdades en la “vida física”, sino que las identidades de género se simplificarían y homogeneizarían. 2.- Análisis Realizamos, como ya hemos comentado, una revisión bibliográfica de algunos artículos académicos sobre género y CMO de habla inglesa y castellana disponibles en la red y también publicados en libros y revistas especializados. En un principio seleccionamos artículos tanto únicamente teóricos como también empíricos que tratasen el tema de género y CMO o incluso género e internet en general. Paralelamente, íbamos realizando una revisión de la literatura sobre género y lenguaje en el ámbito offline con el fin de conocer los trabajos previos e inspiradores, como comprobaríamos después, de las investigaciones online. Sin embargo, puesto que nuestro objetivo era la creación de un modelo de análisis de la CMO y género, presupusimos que en la literatura existente sobre género y estilos comunicativos online encontraríamos una fuente de inspiración. Concretamente, la revisión que presentaremos a continuación se ha basado en un conjunto homogéneo de ocho investigaciones empíricas sobre el tema, y realizadas sobre distintos contextos tecnológicos de la CMO. El concepto de géneroA lo largo de esta revisión teórica hemos observado cómo el concepto de género utilizado de trasfondo en las investigaciones empíricas remitía a una noción de género como construcción social y cultural, diferenciada de la biología. De este modo, se consigue distinguir el género del sexo y superando asimismo el determinismo biológico. Como afirma Soukup (1999) en su estudio etnográfico acerca de los patrones discursivos en chats, “In general, gender (as opposed to physiological sex) is a social construction that should be regarded as "a set of constitutive acts ... rather than seeing the acts themselves as an outcome of gender" (Cameron, 1996, p. 47). In this regard, gender is a socially constructed set of behaviors that all members of a culture are familiar with”. Esta perspectiva construccionista amplía el marco teórico de un simple determinismo biológico y, según investigaciones, abriendo las puertas a explicaciones sobre las relaciones de género en internet, e incluso dar sentido a episodios muy comunes como son los “cambios de género”; casos en los que la gente adopta nicks que corresponden a géneros online diferentes a su género offline. Para la mayoría de las investigaciones revisadas, el poder explicativo del género como constructo social, como la forma en que se interpretan, simbolizan y organizan las diferencias sexuales en las relaciones sociales, radica en que independientemente de los “cambios de género”, independientemente de “quién” haya detrás de un nick, los patrones discursivos que tradicionalmente se han asignado a cada género, aun siendo socialmente construidos, siguen guiando el comportamiento de los usuarios y usuarias en la CMO. Los y las internautas, en el proceso de creación de sus identidades online (coherentes o no con la offline) emplearían pues los roles, formas de expresión, y otros atributos constitutivos de lo que se ha venido llamando masculinidad y feminidad. Sin embargo, si analizamos más a fondo las definiciones de género sobre las que se asientan las investigaciones revisadas y las metodologías empleadas, nos daremos cuenta de que si bien se ha superado el determinismo biológico, no se han logrado desprender del carácter esencializador y dicotómico con el que usan el concepto de género. El recorrido que se ha hecho hasta llegar a este punto es bastante común a todas las investigaciones revisadas sobre género y discurso en internet: algunas autoras precursoras en el campo del género y el lenguaje en la CMO como Harring o Tannen, en el ámbito offline, diferenciaron estilos comunicativos y “communicative ethics” según hombres y mujeres. Ya tenemos el primer paso: la dicotomía de géneros. Como señala Herring (1994), mujeres y hombres constituyen diferentes discourse communities en el ciberespacio, diferentes culturas, con diferentes normas y prácticas comunicativas. Y además, estas culturas son consideradas totalmente diferentes al nivel de normas y de prácticas, de manera que choca entre ellas, de modo que convierten al ciberespacio, o al menos muchos de sus lugares, en espacios inhóspitos para las mujeres (Herring, 1994). ¿Por qué camino el concepto de género, inicialmente considerado como un constructo social, en la práctica se convierten en discursos esencializadores? Los patrones comunicativos descritos por Herring o Tannen constituyen la referencia teórica para muchas investigaciones empíricas en las que se toman estos patrones cerrados, un listado de características discursivas atribuidas a hombres o mujeres, como heurístico y base explicativa de sus resultados. Como reconoce Cushing (1996) en el estudio etnográfico que analiza las diferencias de género en internet según sean usuarios o profesionales, “Tannen’s work on gendered conversational styles, which incorporates insights from a wide range of Western sources, provided the necessary empirical background for developing a model of the broad tendencies in the conversational style of males and females (1990, 1993ª, 1993b, 1994). [...] Theorists asóciate males with “public domain”, “universalistic concerns” (Rosaldo 1974:23-24), “social orientations” or mbo (Strathern 1980:190) and “culture” (Ortner and Whitehead 1981:7) and females with the respective counterparts of “domestic domain”, “self-interest” and “nature” (Cucchiari 1981:40). While these categories are neitheruniversal nor uncontroversial, there is a consensus that they are useful heuristically”. (Cushing, 1996: 51-52) En otros muchos casos, estos patrones son tomados apriorísticamente con el objetivo de ir refutándolos o confirmándolos en diferentes contextos de la CMO. Así se pueden ir depurando los listados al añadir nuevas características comunicativas o condicionantes para su uso. En definitiva, estas investigaciones parten desde sus inicios con unos modelos explicativos tan cerrados en sí mismos que encorsetan más que cuestionan o “dejan hablar” al trabajo empírico, a los datos. Los efectos que se producen son justo los contrarios a lo que pregonan algunos autores en sus definiciones de género, en sus introducciones teóricas y en sus trabajos empíricos, como es el caso de Soukup (1999). Los actos terminan por considerarse, en el fondo, como reflejo unívoco del género desde el que se producen, al igual que ocurre con los discurso y las pautas comunicativas: “For this research, I was primarily concerned with the gendered patterns of discourse, not the "actual" physiological characteristics of the participants. Considering the emphasis of this research, the participants' patterned constructions of gender in cyberspace (not their biological sex) were of primary interest. Therefore, throughout the results, the participants are labeled "masculine" or "feminine" (rather than male or female) in order to indicate the gendered discursive style of the anonymous participants. [...] To clarify, feminine participants are conceptualized as members of the groups who conveyed the conversational patterns associated with traditional femininity. (Soukup, 1999) Esta forma de concebir el género y el marco teórico y metodológico desde el que se producen estos trabajos traen consigo una serie de dificultades a las que también se han de enfrentar los propios investigadores. Así, por ejemplo, en el caso en que hubieron de codificar los remitentes de los mensajes de correo electrónico o los nicks de los chats observados, ante la presencia de usuarios no catalogables fácilmente como mujer u hombre, en varias investigaciones se prescinde de ellos, obviando su presencia o eliminándolos de los cálculos estadísticos para no “enturbiar” la validez de los resultados, como hacen Sussman y Tyson (2000). Savicki (1996), en este sentido, alerta sobre la interpretación de los resultados de su investigación por la gran cantidad de sujetos de género “indeterminado” en relación al total de sujetos, número incluso mayor al de usuarias catalogadas como “mujeres”: “The first consideration in discussion of these results is the calls for caution in interpretation. Caution is necessary for at least two reasons: the proportion of indeterminate gender subjects and the smallness of the overall effect. Because fully 13% of subjects could not be categorized as either male or female, and becaus 38% of all groups had more indeterminate gender members than they had female memebers, there is a large ambiguity in the dataset concerning gender. This surprising number of messages were not able to be categorized as being sent by either a male or female for several reasons. Some authors used pseudonyms, others used only initials, or did not indicate who the author was at all other than the electronic address in the message header. Some of the headers did reveal reliably coded gender related names, but others only listed a cryptic aggregate of numbers and/or letters with no clue as to the gender of the sender. More interesting was the number of senders with names of indeterminate gender, for example, Chris, Leslie, or Merle. Even though the PropM index attempted to control for this ambiguity, the results must be taken with caution.” (Savicki 1996 :11)
Los orígenes de las diferencias de los dos estilos comunicativosComo ya se dejaba entrever más arriba, los estilos comunicativos se conciben como un elemento más, una parte constitutiva de la cultura femenina y masculina, de la feminidad y masculinidad. Y, aunque las explicaciones que se dan para justificar estas diferencias son básicamente de dos tipos (las relaciones de poder y/o socio-culturales), casi siempre las hemos encontrado entremezcladas en los marcos teóricos de las investigaciones. Así, los trabajos que ponen el acento en las razones del tipo de las relaciones de poder, argumentan que estos diferentes estilos comunicativos online no son otra cosa que el efecto y el reflejo de las dinámicas de poder que impregnan las mismas relaciones hombre-mujer en el ámbito offline. Es decir, partiendo de las dos culturas diferenciadas, conformadas por normas y prácticas, una de ellas (la masculina) se constituye en subordinadora, mientras que la otra (la femenina) deviene en subordinada. El ciberespacio en este sentido, no sería más que un puro reflejo de la sociedad “física”: Internet sería la sociedad en línea. De este modo lo justifica Sussman y Tyson (2000): “Overall, this study adds weight to the theory that gender differences in communication are mediated by power and status. One might say that power behaviors which are socializad early in life, later become rule governed such that even in non-gender-salient contexts, we rely on gender power dynamics”. Sin embargo, como vemos en esta cita y ya anunciábamos más arriba, estas explicaciones se entremezclan con las concepciones de tipo más “cultural”: Aun reconociendo que estos estilos comunicativos son fruto de la socialización temprana diferenciada y la convivencia con el grupo de iguales, se asignan a las dos culturas capacidades de control y poder diferentes. Delegando, de esta forma, a la subcultura femenina, a los estilos CMO típicamente femeninos, a la esfera de lo powerless.
Discurso acerca de la CMO y la relación on-offSi clasificáramos los discursos acerca de internet en general, y de la CMO en particular, como utópicos o distópicos, podríamos decir que la mayoría de las investigaciones analizadas comienzan con una visión general del ciberespacio como un espacio público, anónimo, ideal para la experimentación, para la subversión de los “lastres” corporales y las desigualdades que nos tienen marcados en el ámbito offline para, finalmente, desembocar en una visión totalmente distópica del ciberespacio y las relaciones que allí se gestan. Casi todas las investigaciones acaban por argumentar que dado que los resultados empíricos de sus trabajos demuestran que el discurso femenino es silenciado o dominado por el masculino, ello es indicador de que el ciberespacio no es tan neutral como parecía. De este modo, el discurso mayoritario que hemos encontrado es que la CMO no consigue neutralizar las diferencias de género, sino más bien reproducir lo que ya ha existido. En sentido, consideran que internet no puede ser considerado como instrumento de cambio. “In summary, cyberspace has the potential to allow communicants to become disinhibited from sexualizad bounds and explore true freedom of expresión (Siegel, Dubrovsky, Kiesler & McGuire, 1986). One might hope that via cuberspace women and men could trnscend the socializad constraints on their communicative expressiveness and adopt a more androgynous style of interaction. However, our findings suggest that power-behavios in communication, specially regarding length of postings and the ration of males to females in each newsgroup, have become intransiently socialized into behavioral dynamics, as Socialization Theory posits, such that discourse médium becomes irrelevant. Power differentials in communication still persist and it appears that cyberspace is a male-dominated atmosphere (McCormick & Leonard, 1996)”. (Susman y Tyson, 2000) Únicamente una investigación (Wolf, 2000) que trataba de ver el uso diferenciado que hacían hombres y mujeres de los emoticones concebía internet como espacio liberador y experimental tanto para hombres como para mujeres. Justifica así sus resultados según los cuales, no solamente las mujeres, sino ambos, expresaban más emociones en este espacio público anónimo que en la vida offline. El resto de trabajos concebían el ciberespacio no como algo neutral, sino como un espacio donde desplegamos nuestros estilos y recursos comunicativos. Y puesto que son reflejo directo de nuestro género, según lo antes explicado, entonces se reflejan también las diferencias de género, y con ellas las desigualdades y relaciones de dominación entre hombres y mujeres. Una muestra clara de lo que explicamos es este fragmento del trabajo de Herring (1994: 1, 4): “My basic claim has two parts: first, that women and men have recognizably diferent styles in posting to te internet, contrary to the claim that CMC neutralizes distinctions of gender. [...] The existence of gendered styles has important implications, needless to say, for the claim that CMC is anonymous, “gender-blind” , and hence inherently democratic. If our online communicative style reveals our gender, then gender differences, along with their social consequences, are likely to persist on computer-mediated networks”. Como podemos ver, una particularidad del medio, como es el anonimato, se utiliza indistintamente como argumento para justificar o bien las posibilidades de experimentar del medio, y por tanto de neutralizar las diferencias, o bien para argumentar que de este modo se acentúan y se estereotipan aún más los comportamientos considerados como “femeninos” o “masculinos” y junto a ello las desigualdades. Dos posibilidades aparentemente contrapuestas. Por otra parte, una implicación directa de la concepción de internet y la CMO que subyace en las investigaciones es el cómo se conciben las relaciones entre los ámbitos on y offline: En este caso, como cuando comentábamos el concepto de género, se mantienen las dicotomías y las separaciones. Es más, ninguna investigación de las revisadas se planteaba las interrelaciones que existen entre ambas esferas y se limitaban a afirmar que aquello que ocurre en lo online es puro reflejo de lo offline. Si internet es un artefacto humano realizado por unos inventores hombres, blancos, norteamericanos, etc...entonces su producto reflejará las características de sus creadores y partirá desde el inicio con un sesgo masculino difícilmente superable. Sin embargo, contrariamente a lo que podíamos esperar, ambas realidades, on-off, se trataban como dos realidades diferenciadas e independientes entre si. Como bien explica Herring (1999), “Television commercials for Internet services proclaim there is no gender, no age, and no race in cyberspace. Yet not everyone has equal opportunities and equal rights in on-line interaction. At the most basic level, access to the technology is affected by social class, race, gender, nationality, and language, with the largest population of Internet users being middle-class, white, male, English-speaking, and residing in the United States (GVU 9, 1998; Yates, 1996)--not coincidentally, the same demographic profile as the designers of the first computer networks (Hafner & Lyon, 1996). Moreover, the Internet itself is organized hierarchically, with certain individuals--system operators, Usenet administrators, IRC administrators, MUD wizards, etc.-empowered to make policy decisions that affect thousands of users. The people who occupy these administrative positions are also overwhelmingly middle-class, white, English-speaking males.” No obstante, la posibilidad de plantearse las esferas on y offline como un todo es algo que aún no hemos observado en ningún trabajo, a pesar de las evidencias de los resultados de las investigaciones, de que en la esfera online están ocurriendo las mismas desigualdades que en la offline. Hasta el momento se conciben los ámbitos on y offline como entidades diferenciadas y separadas, sin pensar en la posibilidad de repensarlos como un todo híbrido, (humano y no-humano), como una red de conexiones sociotécnicas que se construyen y retroalimentan continuamente de manera que las experiencias de uno y otro lado se confunden en un solo espacio. O dicho de otra manera, ninguna de las investigaciones revisadas se planteó estudiar, por ejemplo, la CMO como una extensión más de la “vida física”. Las mismas investigaciones son un mero reflejo de esta forma de pensar el ciberespacio: en su mayoría son “traducciones teóricas” y traslados de resultados empíricos del ámbito offline puestos a prueba en el nuevo medio online.
¿Qué investigaban? Analizamos un total de ocho artículos elaborados a partir de investigaciones acerca de género y CMO. El más antiguo, que databa de 1994, fue el realizado por Susan Herring, donde plantea su tesis más conocida de que mujeres y hombres tienen estilos comunicativos diferentes y reconocibles a la hora de comunicarse en internet, además de diferentes éticas comunicativas (communicative ethics) que explican el porqué valoran de forma diferente distintos tipos de interacciones online, como los episodios de harassment, como apropiadas y deseables. En años posteriores encontramos el trabajo de Cushing (1996), un análisis etnográfico en el que analiza las diferencias de género en el propósito del uso que se hace de internet, el estilo y contenido de la CMO y el tipo de contexto comunicativo definible como propiamente femenino o masculino, en función de las características atribuidas a la masculinidad y feminidad, según las investigaciones de Tannen, centradas en el ámbito offline. Este análisis se realizó en dos grupos diferentes: el de usuarios y el de profesionales de internet, en base esto último al análisis de la revista “Wired”. El mismo año hay publicado un artículo de Savicki, Lingenfelter y Kelley (1996), un análisis cuantitativo que hipotetizaba que cuanto mayor fuera la proporción de hombres en los grupos de discusión más cantidad de miembros utilizarían un estilo comunicativo masculino, en base a las características descritas por Herring en su trabajo de 1994. De modo inverso ocurriría en el caso de los grupos en que la proporción de mujeres fuera mayor, donde más miembros usarían un estilo comunicativo femenino. Al año siguiente, en 1997, se publica el trabajo de Colyer, una investigación que apoyándose en entrevistas teoriza acerca de las razones que puedan explicar el aumento de la participación femenina desde 1993 a 1996 en una lista de correo. Siguiendo con el tipo de investigaciones más comunes, las que hacen referencia al estilo comunicativo de mujeres y hombres, está el trabajo de Soukup (1999), que en base a una observación participante durante ocho meses, apoyada en notas de campo y entrevistas informales, explica los patrones discursivos de dos chats, uno de ellos dominado masculinamente (de temática deportiva) y el otro dominado por las mujeres (de temática femenina). También en base a otros trabajos acerca de las características de la masculinidad y la feminidad en el ámbito offline, Soukup concluye que las formas tradicionales de discurso masculinas y femeninas siguen dominando los chats y guiando el comportamiento de los usuarios y usuarias. Susan Herring, una de las autoras de referencia, publica en 1999 un artículo de una investigación cualitativa en la que realiza un análisis comparativo entre dos episodios de harassment en chat y en una lista de correo. Así observó cómo a pesar de darse similares dinámicas de género, tomaban diferentes formas en función de las condiciones sociotécnicas de cada tipo de CMO. Los trabajos publicados más recientemente se alejan un poco del tema de los estilos comunicativos y por ejemplo, Sussman y Tyson (2000) analizan cuantitativamente muestras comunicativas de poder (expresado en la longitud de los mensajes, la frecuencia de la comunicación y el contenido del discurso) en función del sexo del remitente en grupos de noticias definidas como masculinas, femeninas o neutras. El último de los trabajos analizados, de Wolf (2000), analiza comparativamente el uso que hombres y mujeres hacen de los emoticones cuando se comunican en grupos de noticias de miembros mayoritariamente de su mismo género o en grupos mixtos. En definitiva, hemos podido observar como la mayoría de trabajos revisados se centraron en lo que se ha venido a llamar estilos comunicativos femeninos y masculinos, ya sea basándose en trabajos realizados anteriores en el ámbito offline (Lakoff o Tañen), o como los de Herring, que se ubican en el ciberespacio. Estos estilos comunicativos se concebirían como una serie o conjunto de características expresivas atribuibles mayoritariamente a mujeres u hombres, que incluirían aspectos como: recursos expresivos como onomatopeyas, emoticones, dibujos realizados con el código ACSII, el uso de mayúsculas, exclamaciones, la longitud y contenido de los mensajes, la composición de los correos electrónicos, etc… El propósito de muchas investigaciones sería pues ir perfilando las características de estos estilos comunicativos, bien ampliando la lista o bien contextualizando estos atributos femeninos o masculinos en función de los tipos de CMO posibles, chats, listas de correo, grupos de noticias o MUDs.
Bibliografía - COLYER, Anita F., 1997, "Gender Issues in Ciberspace" en A trip through cyber cinema fandom: The ethnography of cinema-L ( Chapter 7) [http://www.outreach.psu.edu/users/afc1/thesis/eth.ch7.html] - CUSHING, Pamela J., 1996, "Gendered Conversational Rituals on the Internet: An effective Voice is based on more than simply what one is saying" en Anthropologica, 38, 1, pp. 47-80 [Acceso al abstract: http://www.csa.com/hottopics/gender/biblio15.html] - HERRING, Susan, 1994, "Gender Differences in Computer-Mediated Communication: Bringing Familiar Bagaje to the new frontier" en Computer Profesional for Social Responsibility. [http://www.cpsr.org/cpsr/gender/herring.txt] - HERRING, Susan, 1999, "The Rhetorical Dyamics of Gender Harassment on-line" en The Information Society 15(3) pp.151-167 [http://www.slis.indiana.edu/TIS/abstracts/ab15-3/herring.html] - SAVICKI, Victor; LINGENFELTER, Dawn y KELLEY, Merle, 1996, "Gender Language Style and Group Composition in Internet Discusión Groups" en Journal f omputer Mediated Communication, 2 (3). [http://www.ascusc.org/jcmc/vol2/issue3/savicki.html] - SOUKUP, Charles, 1999, "The gendered interactional patterns of computer-mediated chatrooms: A critical ethnographic study" en The Information Society, Jul-Sep 99, 15 (3), pp. 169-176. - SUSSMAN, N.M. y TYSON, D.H., 2000, "Sex and Power: Gender Differences in Computer-mediated Interactions" en Computers in Human Behavior, 16, pp. 381-394. - WOLF, Alecia, 2000, "Emotional Expresión Online: Gender Differences in Emoticon Use" en CyberPsychology & Behavior, 3 (5), pp. 827-833. [Acceso al abstract: http://angelina.catchword.com/vl=2089139/cl=25/nw=1/rpsv/catchword/mal/10949313/v3n5/s13/p827]
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