GRUPO DE TRABAJO |
GRUPOS DE TRABAJO |
DE COMUNICACIONES |
Género y discurso on-line. Un enfoque desde la teoría del posicionamiento
Agnès Vayreda Universitat Oberta de Catalunya Ana Gálvez Universitat Oberta de Catalunya
Introducción ¿Qué papel juega la identidad de género en las relaciones online? ¿Hasta qué punto es relevante para los y las ciberanautas? Como respuesta a estas preguntas nos encontramos, en la literatura sobre el tema, dos opiniones contrapuestas. A saber, aquella que sostiene que habiendo desaparecido el cuerpo físico de la relación social, el vínculo que se crea a partir de la palabra únicamente, no se basa en las diferencias de género, de raza, de edad, etc. En este sentido, se afirma que al no poder juzgar a las personas por su apariencia física, éstas son juzgadas por el mérito de sus ideas. En esta línea argumentativa, los más optimistas confían que esta ausencia de marcas de género, raza y edad nos proporciona la oportunidad de explorar e inventar identidades alternativas (S. Turkle, 1995). Otras voces, más numerosas, sin embargo, sostienen y muestran cómo se reproducen las jerarquías y las desigualdades e incluso cómo éstas pueden ser aumentadas, exageradas, e incluso, cómo las identidades de género pueden llegar a ser fuertemente estereotipadas (S. Herring, 1996). De esta forma, no sólo se reproducen estas desigualdades en el ciberespacio sino que además colaborarían en asentar las desigualdades en la ‘vida real’. Así, más que experimentar con nuevas y alternativas formas de identidad de género estaríamos ante un proceso claro de homogeneización y simplificación. Tanto los más optimistas como los menos entusiastas han construido sus conclusiones sobre la base de resultados obtenidos en investigaciones empíricas, estudios sobre las relaciones entre hombres y mujeres, o entre mujeres, en los chats, MUD y listas de correo. Algunas de estas investigaciones se inscriben en una perspectiva etnográfica (observación participante), otras son claramente cuantitativas. Sin embargo, incluso en este último caso, las y los investigadores suelen ser actores y actrices habituales en el ciberespacio. Como sabemos, Internet es un medio de comunicación que se basa casi exclusivamente en la escritura, salvo los apoyos que se han ido inventando como los smilers o dibujos ACSI. [1] Es por esta razón, que al diseñar nuestra investigación buscamos apoyo teórico y metodológico, sobre todo, pero no exclusivamente, en la enorme literatura existente sobre género y lenguaje y comunicación en la ‘vida real’. Autoras en esta línea como Tannen (1996) o Lakoff (1995), por ejemplo, sostienen sus investigaciones sobre un concepto de feminidad que no nos resulta teóricamente útil para nuestra investigación sobre género y comunicación mediada por el ordenador. En efecto, la feminidad, bajo su punto de vista, es algo que se posee, esencialmente invariante, fija en su esencia, algo que se comparte con los miembros de un mismo sexo gracias a la socialización (familiar o por grupos de iguales). Bajo esta perspectiva, se han ‘descubierto’ y propuesto listas de estilos de comunicación y prácticas lingüísticas típicamente femeninas, como por ejemplo el uso de: preguntas vacías, expresiones de relleno, adjetivos grandilocuentes, perífrasis de duda, estilo cooperativo y afectivo, etc. Listas que se han ido modificando, matizando, ampliando, en definitiva, auto-reforzando con nuevas investigaciones empíricas. ¿Hasta qué punto este concepto de género cosificado, en la línea de la teoría de rol, y las propuestas metodológicas que le acompañan, nos permiten construir un modelo de análisis que recoja la idiosincrasia propia de la sociabilidad online? ¿Cómo pensar un concepto de identidad de género que permita abarcar la experiencia de género online y offline sin interrupción, sin establecer fronteras entre ambas experiencias? ¿Cómo mantener la centralidad y el interés por el lenguaje y la comunicación sin caer en la dinámica de comprobar listas de giros y formas típicamente femeninos, es decir, sin caer en la trampa del discurso esencializador de las diferencias? Para responder a estas cuestiones proponemos un modelo de análisis que se sostiene sobre un concepto de feminidad plural (es decir, múltiple y compleja), performativa (es decir, construida intersubjetivamente), no estática (es decir, como proceso) y situada (es decir, contexto dependiente). La identidad de género, y otros aspectos de la identidad como son la raza o la edad, son mantenidos y (re)creados gracias a prácticas sociales, incluyendo las prácticas discursivas. Consideramos la identidad, en la línea de Rosi Braidotti (1996), como espacio de experiencias múltiples más que como algo que se posea y la identidad de género no como algo que se comparta en bloque y completamente con todos los miembros del grupo mujeres, sino como experiencias cambiantes y situadas. “The self, it is argued, does not pre-exist dialocally within conversation” (Coates “womens frinships, womens talk p. 247) En nuestro ejemplo, ni buscamos ni pretendemos encontrar una sola manera de posicionarse (y ser posicionada) como mujer, sino múltiples construcciones que adquieren sentido en su interelación con otras. La teoría de la diferencia presupone un dualismo estático y exagerado. Con el modelo de análisis que proponemos en esta comunicación queremos contribuir a la desencialización del concepto de feminidad y, consecuentemente, a la perpetuación de la totalitaria polarización hombre/mujer. Para dar cuenta del juego de la multiplicidad de experiencias que alimentan nuestras identidades de género, es decir, de las distintas maneras que experienciamos ser mujer, y también ser hombre, necesitamos un concepto analítico que nos permita crear un puente entre estas experiencias personales y su interdependencia con otros, también con el contexto de interacción inmediato, sin olvidar el sentido y efectos que tienen en función de contextos sociales y culturales más amplios. Como veremos en nuestro ejemplo, el tener en cuenta que el foro que hemos analizado se encuentra ubicado dentro de la Universidad Oberta de Catalunya, una institución universitaria, y el hecho de que sus participantes son estudiantes, resultó ser indispensable para acceder al sentido y a los efectos de las posiciones de sujeto emergentes en aquel lugar y momento. Las diferentes feminidades y masculinidades se encuentran siempre en un proceso de continua transformación, cosa que dificulta enormemente pensar o imaginar de qué manera los recursos comunicativos y discursivos pueden ser siempre los mismos y mantener siempre las mismas funciones o significados.
Del concepto de rol sexual al de posicionamiento Ya hemos comentado que el poder, la resistencia y el prestigio se construyen y se manifiestan bajo comportamientos y expresiones verbales muy variadas. Así, expresarse de forma asertiva o más afectiva y colaborativa, usar más o menos emoticones, emplear un lenguaje formal y centrado en los contenidos más que en las relaciones, entre otras muchas marcas de género reseñadas por las autoras que han estudiado el tema de género tanto en la CMO, como en la ‘vida real’, tienen sentidos y efectos diferentes dependiendo del lugar en que éstos tienen lugar. En este contexto realizar un análisis en términos de roles, como nos propondría la psicología social de índole más clásico, presenta una serie de problemas que podemos agrupar en cinco categorías. (1) En primer lugar, la noción de rol sólo acierta a describir dinámicas relativamente estables, inmóviles, formales y ritualizadas. (2) En segundo lugar, la noción de rol implica predectibilidad en las conductas. Es decir, las conductas asociadas a un rol particular son predecibles en la medida en que se espera que la persona que las lleva a cabo actúe de una determinada manera y no de otra. Esa predectibilidad es la esencia misma del concepto de rol. (3) En tercer lugar, el concepto de rol concibe las relaciones desde lo que podríamos denominar “perspectiva transcendente”. Desde ésta, tenemos que el orden de las producciones humanas es consecuencia directa de reglas y de convenciones, las cuales existen independientemente de estas producciones y prácticas cotidianas de las personas. (4) En cuarto lugar, la noción de rol hunde sus raíces en una especie de predestinación social, en la que las personas son piezas de un rompecabezas llamado sociedad, en el que cada una encaja en un espacio determinado, y donde las personas actúan de acuerdo con un guión ya establecido. (5) Por último, “rol” es una expresión que suele llevar aparejada una imagen de lo social rígida y en la que el agente social es una suerte de actor que representa papeles más o menos prefijados. El concepto de “posicionamiento” propuesto por Davies y Harré (1990) es la alternativa que proponemos en esta comunicación al concepto de rol, y la herramienta conceptual y metodológica que utilizaremos para pensar las relaciones de género y la CMO. Por ejemplo, hablar de posicionamientos implica reconocer la importancia que detentan las prácticas discursivas en la producción de lazos sociales y cómo estos vínculos están atravesados por la dimensión de poder. Este concepto nos permite comprender que las formas en que las personas son “posicionadas” a través de esas prácticas discursivas constituyen una dimensión básica de la interacción virtual en general, y de las relaciones sociales mediadas por el género, en particular. La noción de posicionamiento asume completamente que si bien las reglas son formulaciones explícitas del orden normativo, éste es un resultado inmanente a las prácticas concretas y situadas. Usamos el término “práctica discursiva” para interpretar las formas en que las personas activamente producen realidades sociales. Así, las subjetividades emergen gracias a procesos de interacción social, no como productos acabados y fijos, sino como agentes o agencias que se constituyen y reconstituyen a través de las diversas prácticas discursivas en las que participan. De esta manera, el agente es siempre algo abierto, con una respuesta cambiante que depende de las posiciones disponibles en las prácticas discursivas propias y de los otros, y es en estas prácticas donde las vidas de los otros y la propia adquieren sentido. Utilizaremos la noción de “posición” en el sentido de Harré y Langenhove (1999), como una agrupación compleja de atributos personales, estructurados de diversas maneras, que afectan a las posibilidades de acción interpersonales, intergrupales e intrapersonales a través de la asignación de derechos, deberes y obligaciones. Cada posición de sujeto es una pieza más en un juego de interdependencias mutuas con una o varias alteridades. Es este conjunto siempre móvil y cambiante de posiciones lo que generaba en el foro determinadas relaciones de poder, desigualdades y, por supuesto, resistencias a las posiciones impuestas por otros/as.
Nuestro análisis Como ya anunciamos en la introducción, nos propusimos captar los procesos de construcción de subjetividades a partir de la dilucidación del juego de posicionamientos y reprocidades que se dieron, durante una serie de semanas [i] en un foro virtual habitado por estudiantes de la facultad de Humanidades y Filología catalana. Como veremos a continuación, el análisis de los posicionamientos que se dieron en este foro electrónico se basó en dos aspectos interrelacionados. Es decir, cada posicionamiento que hemos identificado se basaba en un conjunto de estilos discursivos y conversacionales asociados a su vez a determinadas relaciones de prestigio y desprestigio en el foro. Este último aspecto lo desarrollaremos en los comentarios finales de esta comunicación. En esta comunicación presentamos algunos de los resultados de nuestro análisis, sin la pretensión de ser exhaustivas. En el cuadro 1 hemos recogido los posicionamientos estudiados, 3 en total, y sus variantes internas.
Cuadro 1. Este primer grupo de posicionamientos tiene como efecto principal en el foro virtual de Humanidaddes y Filología (H y F, a partir de ahora) el incremento y sustento de un buen nivel de actividad participativa en este espacio. Sin embargo, los efectos en cuanto al prestigio de esta posición de sujeto dentro del foro era diferente en función de si era sostenido por un hombre o por una mujer. En este sentido, identificamos dos variantes de llevarlo a cabo: con una relación de exterioridad respecto de lo que la persona escribía en su mensaje electrónico. Los posicionamientos en esta variante eran reflexivos en el sentido de que la persona se posicionaba a sí misma de forma explícita con relación a otros. Esta dinámica era desarrollada sobre todo por hombres. El siguiente fragmento constituye un ejemplo de esta variante. FH-207 --------------------------------------------------------------------------- Tema:
Episodi estival. --------------------------------------------------------------------------- S´havia
cruspit amb fruïció les gambes,a preu de fresques però - con una relación subjetiva y de implicación personal respecto de lo que escribía en su mensaje electrónico. Los posicionamientos en esta variante eran interactivos, en el sentido que lo que una persona decía posicionaba explícitamente a otras. Esta dinámica era llevada a cabo sobre todo por mujeres. Desde esta posición más subjetiva se recogían los temas ya planteados, se los reformulaba y se los volvía a lanzar a la comunidad-foro con nuevas aportaciones más o menos relevantes. Al introducir “novedades” en los temas, se los actualizaba de alguna manera, y como efecto inmediato, se intentaba mostrar que éstos no habían muerto, estaban vivos y seguían siendo de interés para la comunidad de participantes en aquél momento. --------------------------------------------------------------------------- Tema: Misteris --------------------------------------------------------------------------- Voldria
dir que estic totalment d'acord, o gairebé, amb el que El mensaje anterior constituye un ejemplo muy claro de posición subjetiva e implicación personal con respecto a lo enunciado. La autora del mensaje se posiciona a ella misma como alguien con una opinión muy formada sobre el tema, pero siempre atravesada por su visión emocional y personal sobre la temática. El efecto de este primer grupo de posicionamientos era mantener cierta actividad, alimentar el foro, buscar la participación, generar polémica y discusión, en definitiva hacer del foro algo vivo, activo, en movimiento. Sin embargo, como acabamos de ver, pudimos observar dos dinámicas diferentes, relacionadas cada una de ellas a una posición de género. Las mujeres se posicionaban bajo una dimensión subjetiva e intimista, mientras que los hombres mantenían cierta distancia y lejanía respecto a los temas que exponían.
Posicionamientos socioemocionales Desde este grupo de posicionamientos se buscaba velar por las buenas relaciones entre los miembros del foro, por el mantenimiento de los vínculos afectivos entre sus miembros más visibles. Esta posición de sujeto era mantenida mayoritariamente por las mujeres (aunque no únicamente) y aparecía siguiendo dos variantes claramente diferenciadas, la reforzadora-refortalecedora y la emotivo-mediadora. En la primera variante, la que hemos llamado “dinámica reforzadora-refortalecedora” la persona se posicionaba desde una superioridad moral que le concedía el privilegio de evaluar a los y las demás, normalmente de forma positiva con el fin de fortalecerlos. El hecho de posicionar a otro de forma deliberada, lo colocaba en una relación asimétrica. Esta dinámica estaba representada tanto por hombres como por mujeres. Esta dinámica actuaba de dos formas: § Como recompensa positiva a las intervenciones de los compañeros y compañeras que participaban en el foro pero con afecto y desde una vertiente emocional. § Valorando los aspectos positivos y negativos de la dinámica participativa en el foro, haciendo manifiesto que seguían con interés las diferentes aportaciones de los compañeros y compañeras. En el siguiente ejemplo podemos observar algunos de los procesos que acabamos de mencionar. ---------------------------------------------------------------------------
Tema: RE: Voltes episòdiques --------------------------------------------------------------------------- Ben
trobats a totes/tots Enric En la segunda variante, “la dinámica emotivo-mediadora”, la persona se posicionaba respecto del otro como un mediador entre las relaciones, como alguien que gestiona las emociones para que el clima socio-afectivo se siga manteniendo estable en el interior del foro. Esta dinámica actuaba de dos formas: §A través de la mediación en los conflictos entre los y las participantes, intentando poner de acuerdo y minimizar los posibles problemas. § A través de la puesta en relación de las diferentes personas que participan en el foro, de esta forma se reúne a todos los participantes dentro de un mismo mensaje en la forma de un todo relacionado. --------------------------------------------------------------------------- Tema: Frenetic --------------------------------------------------------------------------- He
sobreviscut les PACs i el ritme laboral. Sóc aquí de nou.
Esta posición de sujeto se presentaba como una mediación en las relaciones y vínculos entre los diferentes participantes en el foro, actuando a su vez como elemento cohesionador de la comunidad. Cuando esta posición era ocupada por mujeres, el “yo” se configuraba como protector emocional y afectivo del “otro”, y simultáneamente el otro aparecía como objeto, receptor de esta atención emocio-afectiva. Cuando era ocupada por hombres (en muy pocas ocasiones), sobresalían las connotaciones evaluativas, aunque el objetivo que se perseguía mantener era un buen clima socio-afectivo.
Posicionamientos de acción socialDesde estas posiciones de sujeto que hemos denominado de “acción social” se construía el foro como un espacio para la acción social. Estas posiciones demandaban participantes activos en la definición de ellos y ellas mismas y de la sociedad, de “la vida real”. De esta manera, el foro virtual se definía no como un espacio donde se trataban temas banales o gratuitos, sino como espacio político, donde sus integrantes manifestaban su implicación en temas de relevancia social y política. Las subjetividades que emergían lo hacían en el marco de determinados derechos y obligaciones morales que los capacitaban y los legitimaban para la acción social. La relación que se establecía entre el “yo” y el “otro” era más compleja que en los casos que acabamos de describir: entre el “yo” y el “otro” se generaba una especie de complicidad y ambos se erigían en jueces de un acontecimiento histórico, social, político, etc. Sin embargo, la evaluación moral de estos fenómenos se realizaba mediante la construcción de un segundo “otro” localizado fuera del foro y que asumía las funciones de “cabeza de turco”, es decir, de culpable de los hechos evaluados. Los posicionamientos de acción social, al igual que los anteriores, presentaban un par de variantes: la racional-formal y la experiencia-espontánea. La primera de ellas, la “racional-formal” venía a ser una posición de sujeto erudito, caracterizado básicamente por su racionalidad y formalidad, al estilo de ‘sentar cátedra’ ante los demás. El efecto que producía sobre el foro y sus participantes era establecer las bases a partir de las cuales debería girar la conversación futura. Para ello, los participantes usaron determinadas tácticas: ofrecer datos históricos, exhibir conocimientos enciclopédicos, mostrar señales sólo conocidas por los expertos y expertas, etc. El estilo discursivo utilizado era aséptico, desprovisto de cualquier señal de emocionalidad o de indicios que impliquen la participación del sujeto en aquello que se describe. Los hechos se presentaban como acontecimientos sin sujeto, esta posición de sujeto se presenta como pura mediación con el mundo. Las características de esta variante se pueden observar en el siguiente ejemplo. --------------------------------------------------------------------------- Tema: Platges --------------------------------------------------------------------------- Sé
què vol dir el nostre bon amic Miquel, i per això li prego que
La segunda de ellas, la Dinámica experiencial-espontánea, funcionaba de forma diferente a como lo hacía la anterior. Se presentaba bajo la forma de narraciones experienciales y de adhesión espontánea a una determinada enunciación. En el siguiente mensaje encontramos alguna de sus principales características. --------------------------------------------------------------------------- Tema: Francotorrecollons --------------------------------------------------------------------------- Si,
si, els franços ving a revolucionar i nmosaltres vinga a xxx xxx xxxxxxx xxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxxxx xxxxxxxxxxx xxxxxxx xxx x
Esta dimensión era sustentada básicamente por mujeres. El estilo comunicacional utilizado estaba completamente impregnado de señales emocionales, de indicadores que implican de forma completa a la persona enunciadora en aquello que se explica o describe. Los hechos tenían sentido en función de cómo la persona los vivió en su momento y en cómo los vivía en el presente. No estaríamos hablando de la historia como legitimadora de la verdad de los hechos, sino de una legitimación del discurso a partir de experiencias y narraciones en clave personal. Ambas dinámicas, la racional-formal y la experiencial-espontánea daban forma al posicionamiento de acción social. Este posicionamiento construyó el foro, por momentos, como un espacio de reivindicación de justicia social, de queja y de protesta, lo de menos era el contenido, lo importante era la objeción. En estos días, resultaba extremadamente fácil para los y las participantes aglutinarse en un único frente, el frente de denuncia y reivindicación. Eran momentos de fuerte cohesión entre los diferentes miembros y de reforzamiento y consolidación de los vínculos que unían a los integrantes más activos del grupo. Pero hombres y mujeres lo llevaron a cabo de forma distinta con efectos claros sobre el prestigio de quien lo sustentaba, como comentaremos a continuación.
Comentarios finalesLas dinámicas interactivas de género que se produjeron en el periodo estudiado en el foro de Humanidades y de Filología se caracterizaron básicamente por su dinamismo y variabilidad. Los y las participantes del foro podían desarrollar diferentes posiciones de sujeto e incluso contradictorias entre sí. Esto apoya nuestra concepción de feminidad y masculinidad como algo plural, heterogéneo, múltiple y como espacio de cambio y fluctuación. En el foro estudiado resultaba imposible mantener estable en el tiempo cualquier tipo de expectativa global con relación a los posicionamientos que iban surgiendo. Como acabamos de mostrar, éstos se transformaban, desaparecían, evolucionaban, se transfiguraban. Es decir, los posicionamientos emergían como productos inacabados, y sobre todo, como elementos inmanentes a las interacciones locales. En este sentido, ya anunciamos que la noción de rol perdía todo su sentido para el estudio de espacios sociales electrónicos como es un foro virtual. Sin embargo, las interacciones locales que hemos estudiado junto con los posicionamientos de sujeto que hemos ido viendo no pueden ser interpretados, en cuanto a su sentido y efectos, sin tener en cuenta el contexto más amplio donde se ubica el foro. En efecto, podría haberse tratado de un foro perteneciente a un partido político, o de un programa televisivo tipo ‘Gran Hermano’, y con toda probabilidad, las posiciones de sujeto en caso de tener algún parecido con las que hemos descrito para el foro de Humanidades y de Filología, conllevarían efectos de sentido y de poder no equiparables. Con esto queremos decir, que para nuestro propósito fundamental, el hecho de que el foro pertenezca a una comunidad universitaria es fundamental para acceder a la construcción de las relaciones de género como forma de expresión de determinadas relaciones de poder y de discriminación. En este entorno, el poder y la discriminación debe leerse en clave de prestigio o desprestigio. La distribución de las cuotas de prestigio es un efecto de las posiciones de sujeto que van asociadas a una valoración social dependiente del contexto en el que nos encontrábamos. Así, resumiendo, los resultados que hemos encontrado en nuestro análisis indican que las mujeres se posicionaban del lado de la afectividad, de la subjetividad y de la sociabilidad. Cuando participaban en debates intelectuales, éstas eran menos ‘pedantes’ y menos pretendidamente ‘eruditas’ que los hombres en posiciones de sujeto que buscaban un mismo efecto global sobre el foro (como por ejemplo, mantenerlo vivo, convertirlo en un espacio de intercambio intelectual de alto nivel…) En este foro electrónico concreto se había ido creando un cierto compromiso creativo con la escritura de los mensajes, con la manera de estructurarlos y presentarlos. En este sentido, se valoraba el estilo cuidado, elaborado y erudito junto con cierto tono lúdico y de ironía “inteligente”. Los resultados de nuestro análisis muestran que son los hombres los que se situaron más veces en las posiciones de sujeto que conllevan, en este entorno, más prestigio. O dicho de otra manera, los posicionamientos que desplegaron los hombres durante la época estudiada se correspondían con las expectativas que en un entorno universitario se considera o es evaluado como prestigioso. Sin embargo, debemos tener una precaución fundamental con estos resultados, el hecho de que determinadas posiciones de sujeto tengan prestigio o no lo tengan, y por lo tanto que detenten más o menos poder sobre las futuras dinámicas del foro, depende, en gran medida, del contexto particular en el que dicho foro se inserta. Es decir, la cuestión del prestigio está ligada al hecho de que nuestro foro esté adscrito a una facultad, y no a un portal comercial, por ejemplo.
Bibliografía. Braidotti, R. (1996). Between monsters, goddesses and cyborgs feminist confrontations with science, medicine and cyberspace. London: Zed Books Danet,B. (1998) Text as Mask: Gender, Play and Performance in the Internet” en S.G. Jones (1998) Cybersociety 2.0. London. Sage. Davies, B. y Harré, R. (1990). Positioning: the discursive production of selves. Journal for the Theory of Social Behaviour, 20, pp. 43-63. Forsyth, D. R. (1990). Group Dynamics: Pacific Grove: Brooks/Cole. Hare, A. P. (1996). Roles and relationships, en A. P. Hare, H. H. Bumberg, M. F. Davies y M. V. Kent (eds): Small groups. An introduction, Wesport: Praeger. Harré, R., Langenhove, L. (1991). Varieties of Positioning. Journal for the Theory of Social Behaviour, 21:4, pp. 393-407. Harré, R., Langenhove, L. (1999).The Dynamics of Social Episodes. In H. Harré, Langenhove, L. (eds). Positioning Theory: Moral Contexts of Intentional Action. Oxford: Blackwell. Herring, S. (1996). Computer-mediated communication : linguistic, social, and cross-cultural perspectives. Amsterdam: Philadelphia John Benjamins. Hollway, W. (1984). Gender Difference and the Production of Subjectivity. In J. Henriques, W.Hollway, C.Urwin, L.Venn and V. Walkerdine (eds), Changing the Subject: Psychology, Social Regulation and Subjectivity. London: Methuen. Lakoff, R. (1995). El lenguaje y el lugar de la mujer. Bacelona: Hacer. Lynn, J., Harré,R. (2001). Gender Positioning: a Sixteenth/Seventeenth Century Example. Journal for the Theory of Social Behaviour, 31:3, pp. 331-338. Tannen, D. (1996). Género y Discurso. Barcelona: Paidós. Törronen, J. (2001). The Concept of Subject Position in Empirical Social Research. Journal for the Theory of Social Behaviour, 31:3, pp. 313-329. Turkle, S. (1995). La Vida en la pantalla: la construcción de la identidad en la era de Internet. Barcelona. Paidós. Zurcher, L. A. (1983). Social roles, Beverly Hills: Sage.
NOTAS [1] Recientemente, aunque de forma muy minoritaria, se ha introducido la imagen y la voz. Pero a nosotras no nos interesa ahora mismo investigar en esta dirección. [i] Como ya hemos comentado, se trata de un foro electrónico ubicado en la Universistat Oberta de Catalunya. El periodo estudiado comprendía las siguientes fechas: del 9 de agosto del 1998 hasta el 26 de enero del 1999. En total analizamos 696 mensajes electrónicos. Cabe destacar que se trata de una intranet donde se conoce siempre la identidad de los participantes.
|