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Las TIC en los indicadores de evaluación
universitaria. Elementos para un análisis Miren Barrenetxea Ayesta Antonio Cardona Rodríguez Universidad del País Vasco / Euskal Herriko
Unibertsitatea RESUMEN
Las universidades españolas están inmersas en un proceso de evaluación institucional. La utilización de un adecuado catálogo de indicadores es una parte fundamental del proceso evaluador. Por otra parte las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han irrumpido en la sociedad y existe un consenso generalizado sobre la necesidad de incorporarlas en todos los niveles de la educación. En este trabajo recogemos algunos elementos
para el análisis del catálogo de indicadores propuesto por el Consejo de
Coordinación Universitaria en relación con su capacidad para medir la
incorporación de las TIC en las aulas universitarias. ABSTRACT
Spanish universities are
immersed in a process of institutional assessment. The use of a suitable
catalogue of indicators is a fundamental part of the assessment process. On the
other hand the Information and Communication Technologies (ICT) have burst into
the society and there exists a widespread consensus on the need to incorporate
them in all educational levels. In this paper we gather some elements for the
analysis of the catalogue of indicators proposed by the Council of University
Co-ordination in relation with its aptitude to measure the incorporation of ICT
in the university classrooms. INTRODUCCIÓN Las universidades de la mayoría de los países
occidentales se han convertido, en las últimas décadas, en instituciones
abiertas a su entorno social, en las que se forman capas cada vez más amplias
de la población. En esta situación empieza a plantearse el problema de la
calidad, y con él, el del cambio necesario para alcanzarla. En estos últimos años se ha acentuado la
percepción del agotamiento del sistema clásico de enseñanza universitaria. Y
con esa percepción aparece la demanda de cambios radicales; entre ellos la
introducción de las llamadas nuevas tecnologías y la búsqueda de la calidad
como objetivo final. "Calidad" es un término
omnipresente en la enseñanza actual. Por desgracia, no siempre significa lo
mismo, ni existe un consenso sobre cómo medir la calidad, aunque existe cierta
tendencia a hacerlo en función de la facilidad de incorporación de los
titulados al mercado laboral. Junto a la calidad aparece la evaluación,
como requisito previo para avanzar. De manera que calidad y evaluación se
convierten en términos de moda. Y se constata una presión social, o al menos
mediática para que todo el mundo se suba a estos carros. Algo parecido podría
decirse de la incorporación de las TIC. Se ha hecho imprescindible proclamar su
necesidad y su uso en la educación, y en no pocas ocasiones vemos asociadas TIC
y calidad. Muchas universidades usan como reclamo el
uso de las TIC tanto por parte de los alumnos como por parte de los docentes. Y
muchas veces son parte del escaparate en el que se venden las enseñanzas. Tecnologías
de la Información y la Comunicación La irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en nuestra sociedad
ha sido espectacular, y desde el mundo educativo, no podemos ser ajenos a ello.
Hay muchas cosas que se pueden hacer desde las aulas universitarias para
aprovechar esas tecnologías y para integrarlas en la vida cotidiana del alumno
y ciudadano. Desde todos los sectores se promueve la
extensión de las TIC, y en particular a la educación. Desde la Unión Europea,
desde los estados, desde las propias universidades. Así, leemos entre los
objetivos del Plan de Acción eLearning
para la Unión Europea: "Impartir una formación adecuada a todos los
profesores; adaptar los programas de formación de los profesores y prever
medidas de incentivación para que los profesores utilicen realmente las
tecnologías digitales en su enseñanza, de aquí a finales de 2002."
(COMISIÓN EUROPEA, 2001c, 4). Todos abogan por la incorporación de las TIC
en la educación. Y a la vez, defienden que las TIC favorecen mejores resultados
académicos. En este sentido, "el tema de la penetración de las TIC dentro de la
educación y la formación representa la “llaga” del debate sobre los aspectos
futuros de los sistemas educativos." (DONDI, 2002, 5). Pero tampoco faltan voces críticas sobre el
estado actual de la cuestión: "todas las indicaciones que tenemos apuntan
al hecho de que, en la educación, los esfuerzos bastante parciales y dubitativos
para integrar educación y TIC, a pesar de ser muy caros no han tenido
éxito" (AVIRAM, 2002, 2). Consideramos que una parte del problema se
debe a una falta de reflexión sobre el cómo y para qué introducir las TIC en la
enseñanza. Se están introduciendo como nuevas herramientas con viejos métodos y
sin pararse a pensar y realizar una apuesta clara para reformar los objetivos
de la educación y el papel del profesor y el alumno en la misma. Los alumnos están acostumbrados a jugar un
papel pasivo en las aulas, siendo el profesor el que "enseña" y ellos
unos meros receptores de esas enseñanzas que no las ponen en tela de juicio en
ningún momento sino que las intentan memorizar o retener. El sistema educativo
en general y la universidad en particular, no está capacitando a los alumnos
con unas habilidades básicas como son la búsqueda y selección de información,
el análisis crítico y el
autoaprendizaje para aprovechar las potencialidades que ofrecen los productos
digitales. Con lo cual no es extraño que "la unión entre las TIC y la
educación aún no ha dado ni siquiera los modestos resultados que se preveían
(mejorar el rendimiento de los estudiantes o su habilidad para aprender
activamente)" (AVIRAM, 2002, 4). Centrándonos en nuestro sistema
universitario, en los informes anuales del Consejo
de Universidades[1] se
constata la necesidad de potenciar el uso de las nuevas tecnologías de la
información como vehículo de formación, como apoyo en la orientación y
asesoramiento de los estudiantes, en el acceso a la bibliografía y en la
participación en la vida universitaria. La universidad es una institución que se
mueve despacio, habitualmente de forma reactiva, sin anticiparse a las demandas
y necesidades sociales, sino presionado por las mismas. Así, "debemos considerar la poderosa fuerza de la inercia de los sistemas de
educación y formación, que con frecuencia han absorbido algunas innovaciones
tecnológicas en el pasado sin cambiar substancialmente su modo de
trabajar" (DONDI, 2002, 6). Estamos en un momento en el que es necesario
reflexionar sobre dónde estamos y hacia dónde queremos ir; para ello sería
interesante tener, al menos, una foto fija sobre la situación de las distintas
universidades en la aplicación de las TIC a la docencia. Y eso nos lo puede
proporcionar la evaluación institucional. EVALUACIÓN DE LAS UNIVERSIDADES En la década de los ochenta, en España se elaboró un
marco jurídico para el desarrollo de la autonomía universitaria, considerando
ésta como instrumento decisivo para el logro de objetivos de calidad educativa.
La contrapartida exigida por el gobierno ha sido la exigencia progresiva de una
rendición de cuentas. No hay que olvidar que la universidad
española es una universidad bastante burocratizada, sometida a una detallada
regulación estatal, con profesorado funcionario público y caracterizada por su
escasa transparencia. Sin embargo, los mecanismos reguladores han hecho que no
haya grandes diferencias aparentes de calidad entre las distintas
universidades. Como efecto negativo, las universidades "tienen poco
desarrollados los mecanismos de rendición de cuentas, los sistemas para ofrecer
información a los ciudadanos, o los mecanismos para atraer
"clientes"" (MORA, 2002, 3). Se argumenta que la sociedad no está
dispuesta a seguir aceptando que las universidades se autojustifiquen y desea
conocer las actividades que desarrollan. Otros factores adicionales que se
señalan por el Consejo de Coordinación
Universitaria para justificar la necesidad de desarrollar procesos de
evaluación son las restricciones presupuestarias unidas a un aumento de los
costes, el derecho de los usuarios a conocer datos sobre la calidad ofrecida
por su universidad y cierta exigencia social hacia las universidades para que
realicen una mayor aportación al desarrollo nacional. "La evaluación de las universidades ha
de permitir que conozcamos mejor la realidad de dichas instituciones y su
funcionamiento, lo que son; y, también, facilitar un juicio de valor desde la
perspectiva de lo que deberían ser. En estos dos ámbitos, la evaluación ha de
ser formativa, es decir, debe permitir aprender a conocer los objetivos y el
funcionamiento efectivo de las instituciones y, así, favorecer la mejora."
(PÉREZ, 1998, 114). Pero no hemos de olvidar que "la evaluación no es una
actividad neutral, ni pretendidamente "objetiva", siempre deberemos
pensar a quién sirve" (BENEDITO, FERRER y FERRERES, 1995, 199). En España, las actividades de evaluación
institucional para la mejora empezaron a principios de los noventa, con el Programa Experimental de Evaluación de la
Calidad del Sistema Universitario (1992-1994), en el cual se ensayó la
metodología típica de evaluación. Le siguió el Proyecto Piloto Europeo para la Evaluación de la Enseñanza (1994-1995).
Esas experiencias confirmaron la idoneidad de la metodología utilizada, y
establecieron el I Plan de Evaluación de
la Calidad de las Universidades PNECU (1995-2000). En abril de 2001 se puso
en marcha el II Plan de Calidad de las
Universidades PCU (2001-2006). Entre los objetivos del PCU se establece: "Implantar
un sistema de información a las universidades, a las administraciones públicas
y a la sociedad, basado en la evaluación por resultados y apoyado en un
catálogo de indicadores, que pueda servir de base para la toma de decisiones en
el ámbito de sus respectivas competencias." (CONSEJO DE COORDINACIÓN
UNIVERSITARIA, 2002a, 6). En la actualidad existe un Borrador del Catálogo de Indicadores del Sistema Universitario Público
Español, (CONSEJO DE COORDINACIÓN UNIVERSITARIA, 2002c) que es en el que nos hemos basado para este trabajo. No apostamos por el uso exclusivo de
indicadores para realizar la evaluación institucional; pero estamos de acuerdo
con Escudero en que "no basta
con ofrecer información, del tipo que sea, sobre la calidad institucional; es
preciso contar con referentes para su contraste. Se necesitan criterios para
poder decir si la información que se nos ofrece demuestra que la universidad
que se juzga es mejor o peor que lo que era en el pasado, es mejor o peor que
otras instituciones similares y si ha cumplido o no tales o cuales objetivos
que se había propuesto como meta." (ESCUDERO, 2002, 179). Entre los objetivos del catálogo de indicadores se
recogen el de facilitar el diagnóstico del sistema y de sus instituciones y
ayudar en la toma de decisiones sobre la mejora. Tanto el diagnóstico como las
posibles propuestas de mejora deben incluir el uso de las TIC. Aquí surgen las
preguntas: ¿recoge el catálogo de indicadores para la evaluación de las
universidades propuesto por el Consejo de Coordinación Universitaria la
incidencia de las TIC en la educación superior?, ¿nos proporciona una visión de
la situación de las TIC en la enseñanza universitaria? En este trabajo recogemos algunos elementos para el
análisis del catálogo de indicadores, en relación con su capacidad para medir
la incorporación de las TIC y sugerimos algunas ideas para mejorar dicha
capacidad, a la vez que esbozamos algunas de las posibles repercusiones que una
mayor incorporación de las TIC tendrían en el valor de algunos de los
indicadores, especialmente los relativos a los resultados. ANÁLISIS DEL BORRADOR DEL
CATÁLOGO DE INDICADORES En una primera visión del borrador, si tomamos los
45 indicadores tal como se explican en éste, únicamente el referido a
"puestos de informática" nos daría algún tipo de información sobre el
nivel de introducción de las TIC en las universidades; y además lo hace de una
forma meramente instrumental o de recursos. Esto nos hace pensar que, a pesar
de cuanto se dice sobre la importancia de las TIC aún no existe un consenso
claro sobre la necesidad de medir su influencia en la enseñanza universitaria. Consideramos que las universidades y el
sistema educativo en general están realizando grandes inversiones en recursos
informáticos y creemos que estamos en un momento en el que se ha de reflexionar
sobre la finalidad y el nivel de utilización de las mismas en la docencia. El catálogo de indicadores se organiza en
siete bloques: oferta universitaria, demanda universitaria, recursos humanos, recursos financieros, recursos
físicos, proceso y resultados (CONSEJO DE COORDINACIÓN UNIVERSITARIA, 2002c). Cada uno de los bloques agrupa varios
indicadores. Nuestra aportación consiste en tomar, de
forma ordenada siguiendo los mismos bloques de indicadores que establece el
catálogo, algunos indicadores que con pequeñas modificaciones o introduciendo
algunos indicadores complementarios de fácil cálculo, permitan ofrecer una
primera foto sobre el uso de las TIC en las aulas universitarias, aunque ésta
sea borrosa y haya que retocarla contextualizando cada uno de los mismos. I. OFERTA UNIVERSITARIA Los
indicadores son: 1.
Distribución interna de la oferta de titulaciones. 2.
Distribución porcentual de la oferta de titulaciones. 3.
Adecuación de la oferta de estudios con relación al entorno. En
este primer bloque, los dos primeros indicadores podrían modificarse obteniendo
información mas detallada. Sería interesante ver cuáles de esas titulaciones se
ofrecen de forma virtual, es decir diferenciar entre titulaciones ofrecidas de
forma presencial y las virtuales. La ventaja de separar de esta forma la
información nos permite ver cuál es la prioridad de las distintas universidades
y si éstas están haciendo una apuesta por las posibilidades que ofrecen las
TIC. También nos permite ver qué tipo de estudios son los punteros en este
campo. Además esta información está fácilmente disponible en las universidades.
Como desventaja habría que citar que no siempre la existencia de campus virtual
nos indica una utilización innovadora de las TIC, a veces se limitan a ser un
escaparate, una imagen que cuidar, algo que todos quieren tener porque está de
moda y eso vende. Habría que tener cuidado en su construcción e incluir como
virtuales sólo aquellas titulaciones que ofrecen algo más que unos apuntes
colgados en la red. II. DEMANDA UNIVERSITARIA Los
indicadores son: 1.
Preinscritos en 1ª opción sobre la oferta de plazas. 2. Nuevo
ingreso en 1ª opción sobre el total de nuevo ingreso. 3.1. Nota
media de acceso del 20% superior. 3.2. Nota
media de acceso. 4.
Movilidad interautonómica de alumnos. 5.
Movilidad Internacional de alumnos. En
cuanto a la movilidad, las TIC tienen una función informativa, de facilitar el
contacto y también de permitir al alumno, en algunos casos, seguir los estudios
en caso de desplazamientos. En este sentido, la movilidad podría ser aumentada
(y con ella el valor del indicador) con una mejora de la información disponible
en Internet, a través de la web de la universidad, y de las webs de los
organismos rectores de la educación (Ministerios, Consejerías Autonómicas,
....), ya que la red es cada vez más la primera fuente de información a la que
se acude. Además, la posibilidad de usar el correo electrónico, y la de seguir
parte de los estudios a través de campus virtuales, facilita también esa
movilidad. De ahí que volvamos a incidir en la conveniencia de recoger en algún
indicador la utilización de los campus virtuales, el uso del correo
electrónico, o la información vía web. Las TIC pueden fomentar esa movilidad de alumnos tanto
presenciales como virtuales. Sería interesante introducir un indicador que
recogiese la "captación" de alumnos virtuales provenientes de otras
comunidades autónomas. Según se vayan extendiendo las titulaciones virtuales, este
nuevo indicador podría indicar cuáles son las universidades que ofrecen una
formación virtual de calidad, ya que a diferencia de la movilidad presencial,
la virtualidad no tiene costes de desplazamiento añadidos para el estudiante. Todo lo dicho es aplicable tanto a la movilidad
interautonómica como a la internacional, pero en esta última, las distancias y
los costes de desplazamiento serán, por lo general mayores. Por otra parte, es
más importante la labor de las TIC como medio de captación de estudiantes, ya
que muchos de los contactos iniciales se harán a través de la red. Bien por
medio de páginas web de la universidad, bien a través del correo electrónico.
Internet añade transparencia: todos podemos saber lo que se hace en otras
universidades. Los 3 primeros indicadores no recogen la influencia de
las TIC en la docencia, aunque puede ser alterado su valor con el uso de las
TIC como medio que permita acercar la información referente a las universidades
a los potenciales alumnos de las mismas y ampliar su ámbito de influencia. III. RECURSOS HUMANOS (P.D.I. y
P.A.S.)[2]. Los
indicadores son: 1. P.D.I.
a tiempo completo. 2. P.D.I.
doctores . 3. P.D.I.
funcionario. 4.1.
P.A.S./P.D.I. 4.2.
P.A.S./P.D. I. a tiempo completo. El desglose, tan habitual, según categorías y
dedicación, no aporta ninguna información para nuestro tema. Con alguna
modificación en los indicadores 4.1 y 4.2, se podría tener una visión más clara
de la situación. Sería interesante que estos indicadores 4.1 y 4.2
estuviesen desglosados o existiesen otros indicadores complementarios que
recogiesen el PAS dedicado a "apoyo técnico a la utilización de las TIC en
la docencia" y también aquél dedicado a "apoyo pedagógico a la
utilización de las TIC en la docencia". Una de las ventajas de estos
indicadores complementarios es que nos indicarían de forma más clara si las
universidades se están tomando en serio el uso de las TIC en la docencia
planteándose métodos innovadores. También nos indicarían si se trata sólo de un
interés meramente de uso como herramienta técnica o con un soporte pedagógico. IV. RECURSOS FINANCIEROS Los
indicadores son: 1.
Transferencias corrientes de las Administraciones Públicas sobre el total de
ingresos corrientes. 2. Precios
públicos de enseñanzas de grado sobre el total de ingresos corrientes. 3.1.
Ingresos generados por prestación de servicios sobre el total de ingresos
corrientes. 3.2.
Ingresos generados por la actividad investigadora sobre el total de ingresos no
financieros. 4. Gastos
de personal sobre el total de gastos corrientes. 5. Gastos
de mantenimiento y conservación sobre el total de gastos corrientes. 6.1. Gasto
corriente por alumno matriculado. 6.2. Gasto
corriente por alumno matriculado corregido por la experimentalidad. Sería
interesante dar mayor relevancia a la financiación que las universidades
dedican a proyectos de innovación docente y elevarlo a la categoría de
indicador. Estos datos ya se recogen en las tablas que han de rellenar los
centros para la evaluación de la titulación, así que no generaría una
dificultad añadida. Sencillamente sería una forma de introducir en los
indicadores el interés que se muestra por la docencia. Aún serían más útiles si pudiera desglosarse
la financiación para las TIC. Tal y como están planteados podrían usarse en combinación
con otros indicadores sobre TIC, para analizar relaciones entre el uso de éstas
y los recursos financieros. Surgirían preguntas del tipo de ¿usan más las TIC
las universidades con más recursos?, ¿las TIC suponen más inversiones, o más
gasto corriente? V. RECURSOS FÍSICOS Los
indicadores son: 1. Puestos
en aulas. 2. Puestos
en laboratorios. 3. Puestos
en bibliotecas. 4. Puestos
de informática. En estos indicadores hay que analizar cómo se tratan
las TIC, ¿existe interdependencia entre los indicadores?, ¿más acceso a
Internet supone menos puestos en biblioteca?, ¿la biblioteca es un punto de
acceso a Internet?, ¿están las bibliotecas conectadas?, ¿cómo se realizan las
búsquedas bibliográficas?, ¿y los préstamos? Se debe recoger en estos indicadores los
puestos con conexión a Internet para los alumnos, y el uso que se hace de
ellos. En algunos casos, los laboratorios reales se pueden sustituir por
laboratorios virtuales, y también esto debe recogerse. Sería interesante diferenciar entre aulas con conexiones
a Internet y aquellas que no lo tienen. Lo mismo habría que hacer entre las que
poseen infraestructura multimedia y las que no la tienen. La ventaja de recoger
esta diferenciación nos indica el tipo de adaptación a los requisitos de la
sociedad de la información y el ritmo al que las universidades lo están
haciendo. En lo relativo a los laboratorios se podría completar la
información con un indicador complementario que recoja la utilización de
"laboratorios virtuales". El indicador sobre puestos de bibliotecas se podría
complementar con otro en el que se recojan los puntos de conexión a la red y/o
ordenadores de consulta para acceder al catálogo de la biblioteca y a otras
bases de datos. Creemos que es necesario ver la biblioteca como espacio de
consulta e investigación, y en este aspecto, las TIC tienen mucho que ofrecer. Y en cuanto a los puestos de informática, vemos
necesario la introducción de varios indicadores complementarios que nos
permitan conocer la situación real de las universidades: Diferenciar entre aulas de informática o puestos en la
sala de ordenadores dedicados única y exclusivamente a la docencia de las que
están a libre disposición de los alumnos. La primera nos indicaría el uso real
que se hace en las diversas asignaturas de los soportes TIC. Los centros
disponen de esta información en la planificación del centro y en la asignación
de aulas, por lo que no sería difícil obtener los datos. Recoger el número de ordenadores conectados y las horas
de uso del ordenador por estudiante y semana, tal y como se propuso para el
seguimiento del Plan eEurope (CONSEJO
DE LA UNIÓN EUROPEA, 2000). La ventaja de
estos dos indicadores es que nos dan una visión más clara de la situación de
los centros, el inconveniente sobre todo del segundo de ellos es que los
centros tendrían que establecer mecanismos de control de las aulas de
informática usadas por los alumnos de forma libre. El propio Consejo
de Universidades señala que "todavía se hace escaso uso de las
tecnologías de la información como recurso de apoyo a la docencia. (...) es
preciso que las titulaciones planifiquen las necesidades de prácticas con
nuevas tecnologías y que éstas tengan prioridad frente a otros usos de las
aulas informáticas" (CONSEJO DE UNIVERSIDADES, 2002, 20). Sería interesante
ver si hay diferencias entre las universidades al respecto y tomar como modelos
aquellas prácticas o experiencias más adecuadas. VI. PROCESO Los
indicadores son: 1.
Dedicación lectiva del alumnado en Créditos. 2.
Prácticas requeridas. 3.1 Optatividad
requerida de la titulación. 3.2 Oferta
de Optatividad de la titulación. 4.
Prácticas en empresa del plan de estudios. 5.1.
Grupos grandes de teoría. 5.2.
Grupos pequeños de teoría. 6.
Dedicación del Profesorado doctor funcionario al 1º curso del 1 Ciclo. 7.
Estudiantes por profesor. Habría
que introducir un indicador que nos recogiese el uso de las TIC en la parte
práctica y en cuanto a las prácticas de laboratorio indicar si son prácticas
reales o virtuales. En cuanto al tema de las prácticas en empresas,
¿sería muy aventurado pensar que es ahí donde muchos alumnos empiezan a ser
verdaderamente conscientes de la importancia de un buen uso de las TIC? Si es
así, esto provocaría que el alumno reclamara una mayor formación en TIC. Sin
embargo, los indicadores por sí solos no nos dan información relevante. En
aquellos estudios en que las prácticas en empresas son abundantes, se puede
recoger información sobre el uso de las TIC y el nivel de satisfacción del
alumno con su formación en ellas, así como la percepción de alumnos y empresas
sobre la importancia de las TIC. El uso de las TIC puede relacionarse con el
tamaño de los grupos. Al no disponer de indicadores sobre las TIC, es difícil
establecer esa relación. Pero parece claro que un adecuado uso de las TIC exige
que existan grupos no muy grandes. Aunque por otra parte, esas mismas TIC
pueden atenuar algunas de las desventajas de los grupos grandes: el correo
electrónico o el uso de páginas web puede facilitar la comunicación, el hecho
de tener la información disponible puede facilitar la labor del profesor, es
más fácil la formación de grupos, lo que puede reducir el número de
interlocutores directos con el profesor. Para que los indicadores sobre tamaño de los grupos nos
diesen información sobre si con los grupos pequeños se usan métodos más
innovadores de uso de las TIC, habría que introducir un indicador adicional que
nos recogiese el "porcentaje de docentes que utilizan periódicamente
Internet con fines de enseñanza, salvo la de la informática" (CONSEJO
DE LA UNIÓN EUROPEA, 2000, 7). El número de estudiantes por profesor, junto con el
indicador propuesto anteriormente, puede ser interesante para medir la
posibilidad de uso innovador de las TIC, pasando el papel del profesor de
transmisor de conocimientos a orientador y tutor, con lo que ello supone de
atención personalizada al alumno y de tiempo dedicado a dicha función. VII. RESULTADOS Los
indicadores son: 1. Tasa de
abandono (interrupción de estudios). 2. Tasa de
rendimiento. 3. Tasa de
éxito. 4. Tasa de
graduación. 5.1.
Duración media de los estudios. 5.2. Tasa
de progreso normalizado. 6.
Satisfacción con los estudios. 7.
Satisfacción con el empleo. 8. Tasa de
participación en proyectos de investigación. 9.
Proporción de sexenios. 10. Producción
de doctores. Estos indicadores no nos dan información sobre el
uso de las TIC. Sin embargo, parece claro que la incorporación de nuevos
métodos puede influir en los resultados si se hace de forma adecuada, con el
consiguiente cambio del modo de evaluación. Deberían hacerse estudios más
completos sobre el efecto de la introducción de las TIC en los resultados.
Aunque existen estudios parciales, no existe un estudio general, y nos parece
difícil de hacer, ya que habría que analizar temas como el tamaño de los
grupos, tipo de evaluación, optatividad u obligatoriedad del sistema (tanto por
parte de alumno como de profesores). Y por supuesto no podemos comparar
universidades o estudios presenciales, con estudios puramente virtuales. En principio, aunque estos indicadores de
resultados no dan información sobre TIC, podrían desglosarse en el caso de que
existieran estudios virtuales. De esta forma podrían compararse con los
presenciales; aunque por el momento hay pocas universidades que tengan
enseñanzas virtuales completas. Sí que resultarían útiles estos indicadores
en combinación con otros, como los que hemos mencionado en otros apartados, que
recogieran el uso de las TIC, para comparar y tratar de deducir la influencia
de las TIC en los resultados. Es decir, ayudarían a encontrar la respuesta a
preguntas del tipo de ¿mejoran las TIC los resultados?, ¿en qué condiciones es
relevante el uso de las TIC en los resultados? REFLEXIONES FINALES Las TIC son usadas como escaparate por las
universidades para vender sus enseñanzas sin que exista un apoyo real en datos
sobre la verdadera utilización de las mismas en la docencia. Se habla mucho de la necesidad de usar las
TIC en la docencia universitaria pero no se impulsa la recogida de datos
homogéneos para medir ese uso. Esa falta de información sobre el uso de las TIC
impide estudiar sus efectos reales en los resultados. La simple lectura de los valores de los
indicadores actuales en distintas universidades no nos permitiría comparar la
situación de las mismas en cuanto al uso de las TIC en educación. Una
universidad puntera en TIC no vería esto recogido con los actuales indicadores. BIBLIOGRAFÍA APODACA, Pedro M., 2001, "Calidad y evaluación
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Cuba. [CD-ROM] RODRÍGUEZ ESPINAR, Sebastián, 2001, "Algunas
cuestiones ante nuevas iniciativas evaluadoras", en Revista de
Investigación Educativa, 19 (2), pp. 401-409. [1] Este
órgano ha sido sustituido recientemente por el Consejo de Coordinación Universitaria. [2] P.D.I.:
Personal docente e investigador. P.A.S.: Personal de administración y
servicios.
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