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La realidad de lo virtual y la virtualidad de lo real en la Educación Luis Fernando Correa
Calle Universidad Nacional de
Colombia “Todo eso no puede decirse, pero el hombre está para insistir en
decirlo; el poeta, en todo caso, el
pintor y a veces el loco.” Julio Cortázar. La vuelta al día
en ochenta mundos. Introducción En las últimas décadas, y particularmente en los
años transcurridos de la actual, los avances tecnológicos alcanzados en los
campos de la informática y las comunicaciones, han despertado un entusiasmo
inusitado y un afán por obtener provecho de aquellos, en todos los sectores del
que hacer humano. Poner en duda la utilidad de la tecnología
informática en su estado actual, sería un absurdo, como lo sería también
desconocer su capacidad de transformación de la realidad social, económica y
cultural. En cuanto al primer aspecto, no es posible negar que hoy día, gracias
a esta tecnología, existen grandes facilidades para la realización de lo que en
otro tiempo (en un pasado bastante cercano), representaban dispendiosas tareas,
o simplemente pertenecían al mundo de la ficción. En cuanto al segundo aspecto,
el de su capacidad de transformación, es claro que su aplicación ha inundado
todo el entorno más inmediato de las personas provocando cambios en sus
costumbres y tradiciones, sus prioridades y formas de realizar diferentes
actividades, “desplazando el concepto de realidad”[1].
Sin embargo, la aceptación de estos hechos no debe implicar, por ningún motivo,
la aplicación irreflexiva de la tecnología por si misma, sin que medie una
evaluación de su potencial frente a una realidad específica y un “rediseño” de
los métodos y formas de intervenir dicha realidad. Esta advertencia se hace
considerando que usualmente en cada una de las áreas en que se ha dado
aplicación de esta tecnología, se ha comenzado por emplear los instrumentos
tecnológicos en actividades específicas, como sustitutos de personas, pero
obedeciendo al tradicional modelo de efectuar las labores. Este esquema de
aplicación de la tecnología informática no permite aprovechar su verdadero
potencial, y en ocasiones conduce a que el poco beneficio obtenido por su uso,
se vea opacado por los problemas o los costos que se derivan de él. En el mundo empresarial, existe una preocupación
permanente por obtener el máximo provecho de las innovaciones y por lograr que
su uso se traduzca en eficiencia y efectividad en el menor plazo posible, por
esto muchas empresas han comprendido que los avances tecnológicos en la
informática y las telecomunicaciones conducen a cambios radicales en el “ser” y
el modo de “hacer” de las organizaciones, y no simplemente a ayudar a hacer de
manera más sencilla actividades convencionales. En la educación, donde el tiempo parece transcurrir
a un ritmo menos apresurado que en las empresas, y donde parece no existir un
interés por los conceptos de eficiencia, eficacia y efectividad (al menos en
los procesos educativos mismos, porque en los procesos administrativos sí se
manifiesta este interés, aunque aislado de su función esencial), se siguen
haciendo moderados intentos de aprovechamiento de los avances tecnológicos, un
ejemplo de esto es el empleo que se hace, para algunos temas específicos de
aplicaciones de "software educativo" como tutores, simuladores y entrenadores,
incluyéndolos dentro de las actividades de unas pocas asignaturas, obedeciendo
más a su disponibilidad que a criterios pedagógicos. "Si las empresas de
hoy no asumen un planteamiento de sus sistemas informáticos como Sistemas de
Información (SI), es decir, más allá de un mero software de soporte de
funciones administrativas, y no aprovechan su verdadero potencial como
generadores de ventajas competitivas desde una perspectiva de apoyo a la
estrategia de la organización, sin duda su posicionamiento en el sector se verá
perjudicado con el tiempo"[2]. Esta situación de la educación en contraposición con
las organizaciones empresariales, en particular, se ve reflejada también en su
lenta adaptación frente a las necesidades de la sociedad, en un ámbito más
general como lo advierte de manera contundente Julián De Zubiría: "La
sociedad ha cambiado y ya la escuela actual no responde a sus
expectativas"[3], advirtiendo
que el cambio experimentado por la sociedad no ha sido motivado exclusivamente
por las fuerzas del cambio tecnológico sino también por las fuerzas sociales
mismas. En alguna discusión sobre el estancamiento de la
educación frente a la evolución de su entorno social, se escuchó la siguiente
reflexión: "Si alguno de nuestros antepasados de por lo menos dos
generaciones hacia atrás, tuviera la oportunidad de presenciar el mundo actual,
se sorprendería bastante observando todos los cambios sufridos por la sociedad,
sus modos de hacer y sus medios, quizá uno de los pocos lugares que hallaría
igual sería el aula de clase, donde encontraría a un profesor dictando una
clase de la misma manera en que se hacía en su tiempo". Porque a pesar de
los cambios de la sociedad, de sus necesidades y de sus intereses, y de la
evolución de los medios e instrumentos que hacen parte de su hacer cotidiano,
la educación se ha quedado anclada en el viejo esquema “transmisionista” en el
que se da prioridad a la memorización de información por encima del
pensamiento. No obstante se pretende evidenciar su evolución mediante el uso
marginal de tecnología y la inserción de términos acuñados en otras instancias
pero que no corresponden a los moderados y poco substanciales cambios asumidos.
El término "virtual" es uno de los que han sido acogidos con más
entusiasmo, pretendiendo con él reflejar una verdadera revolución educativa,
pero que en la práctica solo consiste en el uso de sofisticados sistemas de
telecomunicaciones para sustituir la presencia del docente magistral por una
pantalla de televisión y facilitar la realización de evaluaciones, en
consideración de la distancia física existente entre el docente y el
estudiante. En lo que corresponde al uso de los avances
tecnológicos, se puede decir que la educación se permite lujos inadmisibles, en
la medida que asume los costos adicionales que su utilización encierra, sin
exigir de ella un incremento de los indicadores de calidad, cobertura e impacto
en el desarrollo social. Parece ser que se privilegia la innovación por si
misma, o más bien la "novedad" como elemento atractivo para el
cliente potencial, y es por eso que los elementos tecnológicos se
"insertan" dentro del modelo educativo tradicional, sustituyendo
roles y funciones desempeñados habitualmente por otros actores y elementos, sin
que se realice un replanteamiento del modelo y sin que medie interés alguno de
solución de la problemática de la educación tradicional (altamente
cuestionada), o una reflexión acerca de las necesidades explícitas de la
sociedad a la que pertenece. Esta posición es aún más criticable cuando se presenta
en un país inmerso dentro de la problemática del “tercer mundo”, donde se suman
a la deficiencia de calidad, otros problemas educativos tales como la poca
cobertura, la falta de pertinencia y el incremento gradual de los costos de la
educación pública[4]. Acerca de lo virtual Los últimos desarrollos tecnológicos en el campo de
la informática y las telecomunicaciones han propiciado el uso desmedido del
término virtual. Quizás la expresión
más utilizada ha sido la de realidad
virtual, con ella se quiere hacer referencia al estímulo de los sentidos
mediante el uso de dispositivos computacionales (hardware y software) con el
fin de provocar en la persona la sensación de una realidad inexistente, es
decir, indica la simulación de una realidad mediante un conjunto de artificios
facilitados por elementos tecnológicos[5].
Pero son muchas otras las palabras que se han acompañado del vocablo virtual para expresar la sustitución de
elementos físicos por otros cuya existencia sólo se evidencia a través de
manifestaciones factuales; tal es el caso de la expresión oficina virtual, la cual hace referencia a la posibilidad de
desempeñar las labores y actividades reales que usualmente se efectúan en el
lugar denominado oficina, sin que éste exista físicamente como tal[6].
De manera semejante se emplean expresiones como supermercado virtual[7],
ventanilla virtual[8],
Bolsa de valores virtual[9],
entre otras. Las dos connotaciones dadas al concepto de
virtualidad implican el uso de un artificio que simula la existencia de objetos
o la ocurrencia de hechos irreales o ficticios, o que posibilita la presencia
de personas reales pero distantes, en sitios y momentos en los que suceden
eventos reales. Joyanes lo expone del siguiente modo[10]: “Podrían clasificarse los mundos virtuales en dos
grandes grupos: Simulación virtual, que implica sistemas que procuran dar la
ilusión más convincente posible de inmersión funcional dentro de un mundo
sintético. Televirtualidad, implica sistemas que
representan situaciones reales, alejadas o inaccesibles; son las aplicaciones
de telemedicina, teleeducación, aula virtual, casa virtual, etc., agrupadas
bajo el rótulo de «telepresencia».” En la actualidad, son varios los artificios o medios
tecnológicos que posibilitan la existencia de ambientes virtuales: Las redes de
computadores, particularmente Internet
con todos sus servicios asociados (teleconferencia, charlas interactivas,
correo electrónico, ejecución remota de programas, etc.), los sistemas
multimediales, las hiperimágenes (Imágenes que poseen varios niveles distintos
de realidad y simulación, los cuales pueden estar yuxtapuestos, relacionados o
fusionados[11]), etc. Lo real de la Educación Dentro del proceso evolutivo de la humanidad, la
educación ha desempeñado un papel importante como medio de preparación de
nuevos individuos para su incorporación al grupo social; ha permitido difundir,
preservar y, en ocasiones, transformar el "saber social" (valores,
normas de comportamiento, tradiciones, prácticas, etc., de carácter colectivo);
y en algunas otras oportunidades, menos afortunadas quizás, ha sido empleada de
manera intencional como instrumento de control de la colectividad. Si bien en un principio, la capacidad y
responsabilidad de la educación podía ser asumida por individuos
"sabios", en la medida en que los conocimientos se han hecho más
complejos y abstractos, el proceso educativo ha requerido la intervención de
diversas personas "expertas" en áreas específicas, organizadas dentro
de lo que son hoy en día las instituciones educativas[12].
Éstas, se encargan de disponer todos los medios físicos, técnicos y logísticos,
para que el proceso educativo pueda llegar a un conjunto de individuos,
orientado por un grupo de expertos temáticos. La institucionalización
de la educación, se ve manifiesta, no en la proliferación de organizaciones
dedicadas a ella, si no en el hecho de que social y legalmente solo es avalable (certificable) aquel conocimiento adquirido dentro de alguna
institución educativa. Es decir cualquier conocimiento adquirido de forma individual
y por interés personal, o por medios no institucionales, sin importar su
naturaleza, no es reconocido per se. De allí la gran responsabilidad que la
sociedad ha delegado en las instituciones educativas. Retomando el título de este aparte, vale anotar que
lo que se denomina aquí "lo real de la educación" no es otra cosa que
la caracterización de lo que en la práctica ocurre al interior de las
instituciones educativas dentro del contexto colombiano. Posiblemente algunas
de las características que aquí se destacan sean comunes a sistemas educativos
de otros ámbitos geográficos más amplios o distintos, pero se podría caer en
generalizaciones peligrosas y poco fundamentadas. Para efectos de la discusión
que se quiere plantear, se destacan a continuación algunas de éstas: Mayor preocupación por la
enseñanza que por el aprendizaje:
Aunque aparentemente estos dos conceptos presentan una estrecha relación de
causa-efecto, no necesariamente la una es consecuencia de la otra. Una frase un
poco humorística puede ayudar a entender esto: "enseñé a silbar a mi
perro, pero..., el no aprendió". Las instituciones educativas mantienen
una gran preocupación por poseer y emplear los mejores medios y recursos para
apoyar los procesos educativos, de hecho las evaluaciones institucionales se
basan en la cuantificación y cualificación de los métodos y medios utilizados
para la enseñanza. Mientras que presentan poca preocupación por el aprendizaje:
Cuando uno o varios estudiantes pierden una asignatura, la única consecuencia
de ello es la obligación de repetirla. Además, si un estudiante reincide o
pierde varias materias, simplemente es expulsado de la institución sin que
medie en ella análisis alguno de lo ocurrido ni se indague por las condiciones
que pudieron afectar el aprendizaje, es decir se parte de la certeza de que
como el proceso de enseñanza se realizó de manera adecuada, el no aprendizaje
deja de ser responsabilidad de la institución. Sin embargo el problema es más
complejo puesto que la enseñanza es de carácter colectivo, mientras que el
aprendizaje es individual; para una institución educativa con un esquema
organizativo como el actual, es difícil y costoso administrar procesos
educativos que consideren la forma y el ritmo más adecuados de aprendizaje de
cada individuo, y en tanto asume que todos los estudiantes deben aprender un
conjunto de conocimientos a partir de una única estrategia pedagógica en el
mismo tiempo. Frente a este planteamiento hay quienes pretenden emplear como
argumento el hecho de que el estudiante tiene la posibilidad de repetir un
número determinado de veces la materia que ha reprobado, y que de esta forma se
considera su ritmo de aprendizaje; pero ese planteamiento no es válido puesto
que la repetición de una materia no es otra cosa que la replicación del mismo
proceso, generalmente mediante el mismo método de enseñanza, abordando cada
tema de manera similar y durante períodos de tiempo semejantes, sin tener en
cuenta que es muy posible que algunos temas hayan sido asimilados por el estudiante
desde la primera vez, mientras que otros sigan presentando para él mayor
dificultad y por tanto requiera mayor orientación y trabajo sobre ellos. En
consecuencia, al repetir una materia completa, el estudiante no sólo no tiene
mejores condiciones para comprender los temas que no aprendió la primera vez
que la cursó, si no que además puede perder interés y motivación por tener que
volver a trabajar sobre los temas que ya sabe. La temporalidad limitada del
proceso educativo: Las
prácticas educativas están delimitadas en tiempo. Los programas curriculares
que se ofrecen tienen una duración total fija y se desarrollan en fracciones de
tiempo fijos (cuatrimestres, semestres, años). Esto conduce a que los
profesores se apresuren por cumplir con un contenido, sin importar el grado de
aprendizaje logrado por los estudiantes[13].
Un grupo de estudiantes debe cursar una materia durante un período de tiempo
fijo, sin que importe la rapidez con que cada individuo la aprenda. La
reprobación de un área temática o una materia, implica la repetición durante un
período fijo de un proceso pre-establecido y pre-programado por la institución
sin importar cuáles son los conceptos o la parte del contenido que un
estudiante no ha aprendido. Esto significa que dos estudiantes que han
reprobado una materia por tener vacíos conceptuales diferentes, son sometidos
exactamente al mismo proceso (repetición de la materia) y durante un período de
tiempo igual. El carácter temporal del ejercicio educativo está también
manifiesto en los horarios de clase. El estudiante está obligado a cumplir con
un horario fijo de eventos educativos, el no-cumplimiento de estos lo condena
al no-reconocimiento de su aprendizaje, según lo contempla la casi totalidad de
los reglamentos institucionales. Cuando un estudiante ha dejado de asistir a un
determinado porcentaje (entre el 10% y el 20% generalmente) de las actividades
académicas programadas por 1a institución para una asignatura dada, de manera
automática y sin importar el conocimiento que el estudiante tenga de la misma,
queda marginado de la posibilidad de ser evaluado y, por ende, de aprobarla. La espacialidad restringida del
proceso educativo:
Desde el momento en que ingresa a una institución educativa y durante cada
período académico, al estudiante se le informa de manera explícita cuáles son
los lugares en los que es posible el aprendizaje y en cuales no. Para todo
estudiante y, en general para todos los docentes y administradores de las
instituciones educativas, es claro que el aula de clase y los laboratorios, son
los sitios en los cuales el aprendizaje es posible, difícilmente alguno de
ellos puede aceptar que una cafetería, un bus, una discoteca o un supermercado,
son lugares en los cuales es viable aprender, sin embargo estos últimos son
lugares reales donde suceden hechos reales y hacen parte de esa realidad para
la cual el estudiante se está preparando. Por esa concepción limitada de los
espacios de aprendizaje, el estudiante puede estar desperdiciando esa
oportunidad de aprender conscientemente de lo que ocurre directamente en la
realidad que lo rodea. La unidireccionalidad del
proceso educativo: Las
instituciones educativas tienen bien definidos los roles que desempeñan sus
actores, unos son los que enseñan, mientras que otros son los que aprenden, es
decir, hay unos que saben y otros que no, y la consecuencia es que no puede
haber ningún otro sentido de flujo del conocimiento. En este esquema no existe
un verdadero espacio de discusión acerca del conocimiento, porque fácilmente se
puede llegar a conocimientos que yacen fuera del dominio del docente (el que
enseña) y este “perdería” autoridad frente a los alumnos (los que aprenden).
Este modelo cierra en parte la posibilidad de existencia de espacios
investigativos dentro de la institución educativa y limita la posibilidad de
aprendizaje de los orientadores de los procesos educativos como de la misma
institución, como lo señala Peter Senge: “No es accidental que la mayoría de las
organizaciones aprendan mal. El modo en que están diseñadas y administradas, el
modo en que definen las tareas de la gente y, sobre todo, el modo en que nos
han enseñado a pensar e interactuar (no sólo en organizaciones sino en general)
crean problemas fundamentales de aprendizaje”[14] La enseñanza orientada a
solución de problemas: Uno
de los medios más utilizados para la enseñanza es la solución de problemas, con
estos se busca afianzar y verificar la adquisición del conocimiento por parte
de los estudiantes. Los problemas sobre los que se trabaja le son planteados al
estudiante, tanto cuando se le enseña como cuando se le evalúa, mediante
enunciados precisos que contienen toda o casi toda la información que se
requiere (en ocasiones se suministra incluso más información de la requerida);
pero en la realidad, nunca los problemas aparecen definidos ni acompañados de
la información que se requiere para su solución, por el contrario, es necesario
identificarlos y definirlos de manera precisa antes de poder pensar en su
solución, y requieren además un proceso cuidadoso de búsqueda, obtención,
selección y análisis de la información pertinente, siendo estas labores más
arduas y difíciles, debido a que la realidad es bastante compleja y a que estos
se encuentran ocultos detrás de complejos sistemas de causa y efecto. Ante la
existencia de las restricciones de tiempo y espacio ya mencionadas, se trabaja
sobre problemas mucho más simples que los existentes en la realidad, algunos de
ellos considerados bajo condiciones ideales, con un alto grado de abstracción y
por fuera de su contexto real. Esta situación no solo tiene efecto sobre la
pertinencia y aplicabilidad del conocimiento adquirido, si no que también
limita las posibilidades de plantear, al interior del proceso educativo, nuevos
interrogantes que conduzcan a desarrollar una actitud investigativa en los
actores de este proceso. Secuencialidad temática: La educación se planea como una secuencia
ordenada de temas que avanzan de lo simple a lo complejo. De esta manera, el
análisis de una situación problemática determinada la realiza el estudiante en
forma desagregada y fragmentaria, desde el punto de vista de la asignatura que
cursa en un momento dado: “A los alumnos se les enseña por lo general una cosa
por vez. Descontextualizadamente y en una secuencia predeterminada, con la falsa
expectativa de que esto los llevará a ser lectores y escritores expertos”[15].
Cuando el estudiante se enfrenta luego a un problema real, tiene que esforzarse
bastante en articular de nuevo el conocimiento que sus educadores se empeñaron
en desagregar e independizar. Además de esto, la solución de los problemas
utilizados en la enseñanza siempre se aborda desde la perspectiva de la
disciplina a la cual pertenecen el estudiante y el profesor, pero no se
promueve, es más, no se posibilita el trabajo interdisciplinario y en equipo.
En el mejor de los casos se admite la realización de trabajos en grupo, pero no
se orienta acerca de como trabajar en equipo, ni se hace un seguimiento del
proceso del trabajo en equipo: “El aprendizaje, además, rara vez es cooperativo:
por lo general se da por sentado que cada niño trabaja para sí mismo, y la
cooperación es mirada como una dilapidación de esfuerzos, cuando no como un
fraude. (He descubierto que alumnos de todas las edades, desde la escuela
primaria hasta los posgrados, son renuentes a trabajar en equipo en las tareas
encomendadas cuando se les indica que lo hagan. Temen que perderán algo.”[16] La virtualidad de lo real en la educación Retomando el concepto de virtual planteado en un
aparte anterior, se puede llegar a la conclusión que la educación que se
practica actualmente en el país (aquí denominado como lo real tiene un carácter virtual, en la medida en que se apoya en
una serie de artificios que simulan la realidad. Estos artificios son los que
conforman el ambiente de aprendizaje existente en un aula de clase: Los
problemas sobre los que se trabaja son ficticios; éstos además se presentan
dentro del aula de clase ya enunciados, definidos y aislados de otros, lo que
no ocurre en la realidad; el tiempo designado para su solución tiene las
restricciones propias de la programación curricular mas no las que se presentan
en su contexto real. El espacio en el que se desarrollan los trabajos prácticos
es una abstracción idealizada de la realidad. En síntesis, las instituciones y, específicamente,
las aulas en las que se llevan a cabo los procesos educativos actuales,
constituyen una realidad virtual que
en ocasiones dista bastante de la del entorno vital de los estudiantes, pero
que de acuerdo con los esquemas organizativos existentes de las instituciones
educativas, es fácil de administrar. No tanto por su condición de virtual, si no más bien
por su distancia con la realidad, el tipo de educación que se viene practicando
puede ser poco adecuada por las siguientes razones: No prepara al individuo
para la realidad, porque lo hace de manera descontextualizada al margen de la
realidad misma. Considera al estudiante como un actor pasivo en el proceso
educativo, no le permite tener iniciativa, ni salirse de los límites de la estructura
espacio-temporal-curricular en la que se sustenta. No considera los intereses
de los estudiantes ni su entorno significativo inmediato. No incentiva
actitudes creativas ni la indagación como base de la obtención de nuevo
conocimiento. La realidad de lo virtual en la educación Hay una breve historia que se parece bastante a lo
que está ocurriendo con el uso de la palabra virtual en la educación: Se trata
de dos hombres que se encuentran pescando a la orilla de un río, de pronto pasa
volando un elefante, los hombres un poco sorprendidos se miran pero sin decir
nada continúan en su tarea. Más tarde, pasan volando dos elefantes, los hombres
se miran pero sin hacer ningún gesto ni hablar. Rato después, pasan cinco
elefantes volando, entonces un pescador comenta -deben tener el nido cerca de
aquí. Al igual que en esta historia, el uso de la
expresión educación virtual se ha ido
generalizando sin que haya despertado asombro ni inquietud, y sin una reflexión
seria sobre lo que eso significa. Es cierto que el uso de la tecnología
informática y de telecomunicaciones en la educación ha abierto un horizonte
promisorio frente a las dificultades o limitaciones que esta última presenta.
Las instituciones educativas no consideran la utilización de esta tecnología como
una opción sino como un imperativo. Pero en el afán de éstas por tomar la
delantera tecnológica, se ha caído en una simple sustitución de roles sin
pensar en una reestructuración completa del proceso educativo que resuelva sus
problemas actuales y que aproveche el verdadero potencial de la tecnología. En el mundo, existe un número considerable de
instituciones educativas que, con el nombre de educación virtual, ofrecen hoy en día programas educativos bajo
esquemas muy convencionales pero con el uso de alta tecnología, entre ellos se
pueden destacar las siguientes[17]:
The New York Institute of Technology, Nova University (Florida), San Diego
University, Edison College New Yersey), el Sistema Estatal de Oregon de
educación Superior, el sistema de Educación Superior de West Virginia, Open
Forum (Inglaterra), la asociación de Televisión Educativa Iberoamericana
(ATEI), el Instituto Tecnológico de Monterrey. Todos ellos basan su modelo
educativo en videoconferencias en las cuales la presencia del profesor se sustituye
por pantallas que presentan su imagen y sus palabras, algunos de ellos cuentan
con un sistema de comunicaciones que permiten diálogos interactivos entre el
profesor y los estudiantes, sin embargo existe la obligación, por parte de los
estudiantes de cumplir el horario en el que se orientan las clases, aunque
existe la posibilidad para quienes no pueden asistir a una clase, observar
posteriormente el video de la misma, ya sin la opción de la interactividad.
Para la comunicación entre estudiantes, profesores y la institución se utiliza
el servicio de correo electrónico de Internet o de redes de área ancha (WAN) de
carácter público o privado. Los modelos denominados de educación virtual que hoy
en día se están utilizando, conservan muchas de las características de la
educación tradicional: La temporalidad
limitada, la espacialidad restringida, la unidireccionalidad del proceso
educativo, la enseñanza orientada a la solución de problemas la secuencialidad
temática y además mantienen el mismo carácter virtual de la educación
tradicional señalado anteriormente. De manera equívoca, en estos modelos se
denomina aula virtual a un espacio
físico completamente real y al cual deben asistir los estudiantes en un horario
preestablecido, allí lo realmente virtual
es el profesor, de quien se logra una presencia a través de medios
tecnológicos. El concepto de Institución
educativa virtual (ya sea Colegio
virtual o Universidad virtual)
podría ser válido, siempre y cuando hiciera referencia a una institución sin
una existencia física real (o por lo menos no con un campus como existe hoy en
día), pero capaz de generar procesos educativos reales y efectivos. Para
alcanzar tal carácter se requiere construir y validar un modelo pedagógico
adecuado, que se apoye en una estructura completa de los medios tecnológicos en
los que se soportaría y, diseñar como complemento un modelo administrativo
propio. Conclusión El estado del arte de la tecnología informática y de
comunicaciones, ofrece instrumentos de mucha utilidad para enfrentar la
problemática actual de la educación. Sin embargo, su utilización dentro de los
esquemas educativos actuales, no permite el aprovechamiento real de todo su
potencial, ni la solución de los problemas existentes. Muchas instituciones
educativas han mostrado más interés en ser pioneros en el uso de la tecnología,
que en investigar acerca como emplearla de la mejor manera dentro del proceso
educativo. En consecuencia, se hace indispensable la
elaboración de propuestas concretas de modelos pedagógicos articulados con los
modelos administrativos correspondientes de instituciones educativas, que
permitan un mayor aprovechamiento de los recursos tecnológicos y den solución a
la problemática de la educación. Los modelos propuestos deben someterse a
investigaciones rigurosas pero ágiles que permitan verificar su validez y
aplicabilidad en nuestro medio. [1] JOYANES AGUILAR, Luis. Cibersociedad : Los retos sociales ante un
nuevo mundo digital. Madrid, McGraw-Hill, 1997, p.3. [2] GIL PECHUÁN, Ignacio. Sistemas
y tecnologías de información para la gestión. Madrid, McGraw-Hill,1997, p.19. [3] DE ZUBIRIA S. Julián. Los Modelos Pedagógicos. Santafé de
Bogotá, D.C., FAMDI, 1994, p. 97. [4] ROSENTHAL, Gert. Algunas dimensiones de la
educación para la democracia en el pensamiento de la CEPAL. Internet :
www.eclac.cl/espanol/portada/ASUNCIONESP.html, 1997, p.2. [5] GATES, Bill. Camino al futuro. Santafé de
Bogotá D.C.: McGraw-Hill Interamericana, 1995, p. 132-135. [6] JOYANES, Luis. op.
cit., 1997, p. 9-10. [7] Ibid.
p. 10. [8] INTERNET LA ventanilla virtual. En: Clase
Empresarial. No:47(mayo 1997); p. 58-61. [9] EMPRESA VIRTUAL la bolsa en casa. En: Clase
Empresarial. No. 39 (septiembre 1996); p. 62-63. [10] JOYANES, Luis. op.
cit., 1997, p. 80. [11] Ibid. p. 82. [12] SAVATER, Fernando. El valor de
educar. Santafé
de Bogotá D.C. : Ariel S.A.,1991, p.41-46. [13] GÓMEZ, Pedro. Profesor:
no entiendo. Santafé de Bogotá D.C.: Universidad de los Andes, 1992, p.
136. [14] SENGE, Peter M. La Quinta Disciplina. Barcelona: Juan
Granica S.A., 1996, p. 29. [15] SMITH, Frank. De cómo
la educación apostó al caballo equivocado. Buenos Aires: Aique grupo editor
S.A., 1994. P. 117. [16] Ibid,
p. 25. [17]
EXPERIENCIAS EN Universidad Virtual. En: Internet:
200.21.228.34/uvirtual/experien.htm. (noviembre de 1997)
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