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Las Tecnologías de la Información y la metodología de la enseñanza: dos elementos de un modelo didáctico Cristina Sales Arasa Licenciada en Ciencias de la Educación Dafne González Chávez Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela José Peirats Chacón Licenciado en Ciencias de la Educación
Actualmente
doctorandos del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la
Universidad de Valencia. ResumenLas Tecnologías de la
Información plantean un desafío
metodológico en la enseñanza obligatoria. Estimamos oportuno situar este
desafío en el marco de los modelos didácticos y, por ello, analizamos el lugar
que ocupan tanto las TI como la metodología de enseñanza en los modelos
tecnocrático y práctico. Las conclusiones de algunas investigaciones que hemos
realizado recientemente, indican que las prácticas con TI responden más bien al
primero de ellos, y ante esto nos preguntamos: ¿Es esa la integración que
queremos? En esta tesitura, planteamos la necesidad de que el discurso
pedagógico se pronuncie al respecto, y creemos que el modelo didáctico práctico
puede ser un pilar fundamental en el necesario replanteamiento de las prácticas
en los centros educativos. Abstract
The new informational technologies
present a methodological challenge to the teaching-learning process . We
analyze this challenge in the framework of two didactic models: the
technocratic and the practical model. After a few theoretical considerations,
we present the conclusions of two research
carried in this area. These preliminary results indicate that the teaching
practices mostly respond to the first model, which led us to ask ourselves: Is
that the technological integration that we want? Despite the fact that the
repercussions of these technologies in the educational field seem to delineate
a new didactic model, we believe that the practical model could provide the
starting point to rethink the current
practices. In this crossroad of didactic models, we see the need of a deep
discussion among educators to set the ground for the best implementation of these technologies in the
classroom. 1. INTRODUCCIÓN Actualmente se acepta que las Tecnologías de la
Información (TI) significan un desafío a la manera de enseñar y que el profesor
es el protagonista de esta tarea de renovación metodológica; se le está
exigiendo que se forme en el uso de TI, que cambie su manera de enseñar, para
utilizar e integrar estos artefactos en sus estrategias de enseñanza . Las TI suponen un nuevo reto para el
docente. Ahora bien, no es un reto que incida únicamente en la figura del
profesor, sino que se extiende a la educación institucionalizada en su
conjunto. La integración de las TI en la metodología de enseñanza, trasciende
los límites del aula, abarcando mucho más que las estrategias concretas que el
profesor pone en práctica en el aula, aunque también incluya a éstas. Creemos que es un reduccionismo abordar la
integración de las TI en la enseñanza fijándonos únicamente en la actuación del
profesor en el aula donde se utiliza
alguna tecnología. Una de las vías de superarlo es situar el estudio de esta
relación TI-metodología de enseñanza en el marco de los modelos didácticos.
Éstos constituyen esquemas representativos de la realidad, que desde fuera de
la práctica, sirven para comprenderla y explicarla. Ahora bien, al no existir
una única manera de representar la realidad,
nos encontramos ante diferentes modelos didácticos. En esta comunicación presentamos cómo se
conciben las TI y la metodología de enseñanza a través de un modelo didáctico
eminentemente tecnocrático y otro denominado de proceso. Desde esta óptica
retomamos algunos de los resultados obtenidos en dos investigaciones realizadas
recientemente acerca del uso de las TI en la enseñanza. Tras lo cual concluimos
que urge un planteamiento serio que guíe hacia una metodología donde las TI
sean utilizadas no como un fin en sí mismas sino como unos recursos integrados
en un proyecto educativo y el modelo de proceso podría indicarnos el camino a
seguir. 2. TI Y METODOLOGÍA DE ENSEÑANZA: DOS ELEMENTOS DE UN
MODELO DIDÁCTICO Un modelo ocupa un lugar
intermedio entre la teoría y la práctica, y constituye un elemento mediador que
facilita el entendimiento de la práctica desde unos supuestos teóricos.
Escudero (1981: 11) define el modelo didáctico como: Una construcción que representa de forma simplificada una realidad o fenómeno con la finalidad de delimitar algunas de sus dimensiones (variables), que permite una visión aproximativa, a veces intuitiva, orienta estrategias de investigación para la verificación de relaciones entre variables y aporta datos a la progresiva elaboración de teorías. Así, no sólo se
representa la realidad sino que se la interpreta; es un esquema en el que se
han seleccionado las variables supuestamente relevantes en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Esta
selección trae consigo no sólo la parcialidad en la representación de algo
complejo por naturaleza sino también la asunción de unos determinados supuestos
teóricos. El hecho de que se consideren unos aspectos como relevantes en el
proceso de enseñanza y se desprecien otros significa que se parte de un
pensamiento acerca de ese proceso. Por tanto, existen diferentes modelos
didácticos en función del tipo de aproximación a la realidad representada. Como
dice Gimeno (1998: 115) Tanto desde el punto de
vista histórico como en el panorama actual, cabe hablar de tradiciones o de
modelos educativos como cuerpos consistentes de pensamiento y de práctica vinculados con determinados valores. De este modo, tanto los
materiales utilizados en la enseñanza como la metodología de enseñanza
constituyen dos aspectos de la realidad educativa que se conciben de diferente
manera, en función de cual sea el modelo didáctico desde el que se aborde dicha
realidad. No intentamos aquí revisar los diferentes modelos didácticos que se
han planteado a lo largo de la historia, sin embargo, nos detendremos
primeramente, en el modelo didáctico tecnocrático y, posteriormente, en el
modelo de proceso; analizando cómo se piensan
los medios y la metodología de enseñanza dentro de estos modelos tan
diferentes. 2.1. Las TI y la metodología en un modelo tecnocrático A este modelo se le ha
denominado Tecnología Educativa, enfoque
tecnológico o perspectiva tecnocrática. Se trata de una corriente de pensamiento
que surge aproximadamente en los años 70 como una propuesta pedagógica que representa una determinada manera de
explicar el proceso de enseñanza-aprendizaje, una forma de comprenderlo basado
en la racionalidad instrumental. Esta racionalidad impregna tanto la concepción
del método didáctico como la de las TI. En
cuanto a su manera de entender el método de enseñanza, hay que situarla dentro
de los supuestos generales de este modelo. Si los elementos principales de este
modelo tecnológico son: el objetivo a alcanzar, el estado inicial, los medios
adecuados para alcanzar ese fin y el resultado obtenido, sería lógico pensar que en la consideración
de los medios para alcanzar el fin se toma en cuenta la metodología de
enseñanza. Sin embargo, es destacable que este enfoque “reduce el método y el
proceso de aprendizaje a procesos muy esquemáticos” (Gimeno, 1982: 74).
Partiendo de unos objetivos formulados claramente, expresados en forma de
conductas terminales y observables que se esperan de un alumno, se busca el
método más efectivo y eficiente, el que logre que el resultado que se obtenga
sea el que se había previsto. La eficacia del método, así entendido, se
comprueba cuando el alumno supera una prueba de evaluación en la que debe
obtener unos resultados previamente determinados como valor de logro. La
concepción de la metodología de enseñanza está en consonancia con estos
planteamientos, de modo que se entiende que lo que el profesor haga en el aula
tiene sentido sólo en la medida en que logre que sus alumnos alcancen unos
resultados; un producto. Se trocean las estrategias de enseñar sobre la base de
los objetivos de aprendizaje establecidos y así se constituye el método
didáctico. Se identifica la estrategia de enseñanza con el proceso de aprendizaje,
por tanto basta con estudiar el proceso de aprendizaje seguido por el alumno
para alcanzar el objetivo. "Lo que acontece en el aula” adquiere sentido cuando satisface esos
objetivos determinados desde el exterior, sin la participación del profesor.
Además, la existencia de estos objetivos prefijados supone la idea de
resultados esperados, previstos y por tanto desatiende la ambigüedad, la
posibilidad de cambio, la interpretación, etc. Esto hace que sea un modelo
reproductor, en el que el profesor es alguien pasivo que aplica unas técnicas
para conseguir resultados eficientes. Si admitimos entre otras cosas, la
existencia de otro tipo de objetivos, más allá de los medibles y observables,
este modelo resulta insuficiente. Creemos que la relación entre objetivos y
actividades para conseguirlos no es tan sencilla y unívoca como se pretende, el
formular detalladamente los objetivos no significa que el profesor sepa cuáles,
de las estrategias que dispone, son las más adecuadas. Si este
modelo conlleva una visión como la expuesta de la actuación del profesor ¿cómo
encajan en ella las TI? Las
tecnologías se presentan como un instrumento neutral, no sujetas a ningún
interés determinado. Se hace mayor hincapié en los resultados que con ellas se
consiguen que en el proceso en el que se integran. Las tecnologías son recursos
para conseguir unos fines determinados, meros transmisores de información,
recayendo el énfasis sobre sus características técnicas, frente a lo que se
haga con ellas. Por otra
parte, los contenidos que se transmiten con ellas están elaborados en estancias
alejadas del aula y del centro escolar (software comerciales, por ejemplo) y
esto es algo que propicia la desprofesionalización del profesor: se ejerce
sobre él un control técnico y desde fuera. Se le contempla como “un simple
ejecutor al que hay que equipar de competencias y habilidades para aumentar su
eficacia por medio de los recursos” (Salinas, 1999: 119). Además, estos
contenidos configuran también unas ideas, unas creencias, una visión de la
sociedad, en función de quien las ha seleccionado y organizado, sin considerar
los significados que los sujetos pueden dar a esos contenidos, es decir, sin
tener en cuenta los marcos interpretativos que caracterizan la práctica
educativa. Lo que
se enfatiza en la escuela es el conocimiento de los aspectos técnicos de los
artefactos tecnológicos; de esta manera, la elección y utilización de las
tecnologías no están en función de unos principios educativos acordes con la
realidad contextual, sino en función de su eficacia instrumental para lograr
unos resultados de aprendizaje observables. Estos planteamientos responden a lo
que Romano (1998: 22) denomina “cultura de la razón pervertida” o “pensamiento
que convierte todo lo cualitativo en criterios de eficacia, esto es,
rentabilidad económica, en vez de traducirlo a categorías de sentido y de
valor, de rentabilidad social”. Frente a
esta manera de entender tanto la metodología de enseñanza como las TI, podemos
pensar en otro modelo didáctico: el modelo de proceso, desde el que estos
aspectos se conciben de manera distinta. 2.2 Las TI y la
metodología de enseñanza en un modelo de proceso La enseñanza pasa a ser
vista como un arte en el que los problemas que surgen son problemas prácticos
cuya solución requiere de una reflexión, una deliberación entre los
participantes en los procesos educativos. El profesor ya no es un técnico sino
un profesional reflexivo. Además,
frente al modelo anterior, donde la importancia recae en la selección de
contenidos que contribuyan al logro de un objetivo final, el modelo de proceso
hace hincapié en la selección y realización de actividades valiosas en sí
mismas; es fundamental la justificación intrínseca de lo que se hace. Los
fines no se entienden como resultados finales de comportamiento formulados en
términos de objetivos, sino como una manera concreta de hacer las cosas. De
aquí se derivan criterios o principios de actuación a través de los cuales se
delinea qué es lo que se permite o legitima en las prácticas educativas. Son
principios que impregnan toda la actividad de enseñanza. De este modo, no sólo
se plasman en las estrategias del docente en la fase interactiva de la
enseñanza, sino en otros aspectos como, por ejemplo, la planificación; la cual Supone el establecimiento
progresivo, y colectivo de principios justificados para actuar de una manera y
no de otra. Y esos principios ni son conductas de los alumnos, ni son
principios relativos a cómo los niños aprenden, son principios de carácter
pedagógico relativos a cuestiones de valor sobre lo que se puede, o no se debe,
hacer en el aula (Salinas, 1994: 156). Por todo ello, la
relación entre los medios y los fines no se entiende como causa-efecto sino
como dos componentes imbricados de tal manera que cada acción educativa es el
fin mismo, siempre que sea coherente con unos criterios de actuación aceptados
por los docentes. Se
analiza la relevancia de “lo que ocurre en el aula” en función de dichos
criterios, y al estar éstos abiertos al debate, se está admitiendo la necesidad
de una discusión en torno a los valores que subyacen a las prácticas. Se
evitan así los consensos que, desde una
perspectiva tecnológica, neutralizan el debate sobre los problemas educativos,
y justifican los fines y los medios en función de un conocimiento científico de
los fenómenos educativos que, en nuestra opinión, no sirve para comprender la
enseñanza, ya que, como plantea Angulo (1994: 123), La acción educativa no es
un medio para alcanzar o lograr un fin, sino que cada acción es elegida y
realizada en razón de que venga o pueda ser justificada por su coherencia con
los principios de procedimiento y, por lo tanto, materialice efectivamente el
sustrato ético del fin educativo. Ahora bien, ¿cómo se
procede a la hora de elegir dichas acciones? Desde los presupuestos de este
modelo, la única manera de decidirlo es a través de la reflexión y de la
discusión razonada entre los participantes, que permitan alcanzar un acuerdo. A
su vez, este proceso de deliberación se traslada a la práctica, de manera que
los compromisos tomados se reflejan en la acción. Después
de todo lo dicho, es fácil comprender que los recursos son, desde este enfoque,
un componente didáctico que se inserta en un proyecto educativo, enmarcado éste
en un contexto específico. Son un elemento curricular más que establece
relaciones con el resto, por tanto lo que podamos hacer con él no depende
únicamente de sus características técnicas, como se creía en el modelo
tecnocrático, sino del contexto en el que se integre y de las actuaciones que
se hagan sobre él. No sólo se utilizan, como desde una perspectiva
tecnocrática, para transmitir contenidos, sino para desarrollar proyectos de
trabajo. Como dice San Martín (1994: 67) El valor
instrumental no está en los propios medios, sino en cómo se integran en la
actividad didáctica, en cómo se insertan en el método porque es éste el que los
articula y da un sentido en el desarrollo de la acción. Lo que importa no son los
resultados que se pueden conseguir cuando se incorporan las tecnologías a la
práctica, sino los procesos a que dan lugar. Y, en ese proceso, el profesor ya
no es únicamente un técnico sino “un profesional dotado de capacidad de
decisión y juicio y capaz de reconstruir su propia práctica críticamente y de
incluir los medios de un modo creativo” (Salinas, 1999: 119) El uso
que se hace de los medios responde y hace posible la materialización de los
principios ético-morales que guían la acción educativa, principios de acción
que han surgido de la reflexión y deliberación de los miembros de la comunidad
escolar y que son los que rigen el uso de los medios en el aula. Éstos se
plasman en actividades-marco, actividades generales con sentido en las que se
integran las tecnologías. Es decir, el método didáctico es el que permite desarrollar
una práctica en torno a unas actividades globales y es en estas actividades
donde tiene sentido incorporar las tecnologías. Las tareas puntuales realizadas
con TI cobran valor educativo al integrarse en una actividad general,
consecuente con los principios de procedimiento que refleja el fin educativo. Aunque
de manera breve, hemos inscrito la relación TI-metodología de enseñanza en dos
de los principales modelos didácticos. Seguidamente presentamos unos estudios
concretos sobre la realidad de las prácticas educativas. 3. MODELO EN QUE SE INSCRIBEN LAS PRÁCTICAS ACTUALES En una investigación
recientemente realizada (Sales, González y Peirats, 2002), estudiamos las
relaciones entre la metodología didáctica y las TI en el contexto de un
instituto de enseñanza secundaria. En ella planteamos un estudio de casos y nos
fijamos en la Etapa de enseñanza secundaria obligatoria (ESO). El objeto
principal de la investigación era la relación de las TI con el método
didáctico, entendiendo que éste se conformaba a la luz de una multitud de
factores y no sólo de las estrategias de enseñanza observables en el aula. Nos
parece conveniente retomar algunas de las primeras conclusiones extraídas, por
su relación con los argumentos propuestos en esta comunicación. En el
caso estudiado, podemos decir que ni el centro ni los docentes han replanteado la manera de enseñar como
consecuencia de la llegada de TI, y por ende, tampoco se ha desarrollado un
proyecto educativo alrededor de las TI. El método didáctico se concibe entre
los profesores únicamente como las estrategias puestas en práctica en el
aula, sin tomar en cuenta otros
aspectos como para qué utilizar estas tecnologías, en qué actividades, etc. Alrededor
de las TI se articulan unas estrategias técnicas pero no hay unos principios de
actuación consensuados por el personal docente del centro. Las TI se integran
en tareas puntuales que no se relacionan con el trabajo diario en clase, es
decir, se utilizan como algo extraordinario, para recompensar a los alumnos, o para
apoyar algo que se ha aprendido sobre el libro de texto. Además, muchos
profesores no las utilizan por cuestiones organizativas como por ejemplo, la
dificultad de utilizar el aula de informática. Por otro lado, es un principio
implícito que un profesor no tiene por que reflexionar con nadie sobre el modo
de utilizar una tecnología, de la misma forma que no lo hace sobre el modo en
que se produce la enseñanza-aprendizaje en sus clases. En la
práctica observamos que, cuando se piensa en el cambio metodológico que pueden
suponer las TI, se pone la mirada en la actuación individual del profesor, sin
pasar a una reflexión más global que tenga en cuenta que las TI no sólo
interaccionan con las estrategias concretas que el profesor desarrolla en el
aula sino, también, con otros aspectos que conforman un contexto metodológico:
la cultura docente, la organización escolar, las prácticas sociales con TI,
etc. En otro
trabajo (González, Sales y Peirats, 2001) sobre el uso que hacen los profesores
de las TI en la enseñanza y evaluación del aprendizaje del inglés a nivel
universitario, se pudo apreciar que a pesar de que la enseñanza de idiomas es
una de las áreas donde las TI son más rápidamente acogidas, los métodos
utilizados por los profesores y, los que se reflejan en los paquetes
comerciales de software más conocidos, parecieran acercarse más al modelo
tecnocrático, aunque el discurso de los docentes y el de comercialización de
los software quieran dar a entender algo diferente. Las prácticas docentes
siguen los esquemas conductistas y, la evaluación del aprendizaje es su más
fiel reflejo. En el proceso de la evaluación se manifiesta claramente el tipo
de filosofía que subyace bajo las prácticas que se llevan a cabo en el
aula. Se observa, a través de este
estudio, que todavía permanecen los esquemas de la evaluación como control,
como medición, como producto, los cuales son elementos característicos del
modelo tecnocrático. En suma,
podríamos decir que la integración de las TI en los casos estudiados está
parece abordarse con una tendencia hacia los presupuestos tecnocráticos. No
vamos a analizar las razones por las que, no sólo en estos casos sino también
en muchos otros, esto ocurre así; sin embargo sí que apuntamos que muchas de
las condiciones presentes en las instituciones educativas favorecen estas
prácticas. Por ejemplo, si los profesores nunca han aprendido a reflexionar
sobre la manera de enseñar o sobre los principios de actuación, ¿por qué
deberían hacerlo ante la llegada de unos materiales más? Si el profesor se
encuentra bajo la presión de trabajar un conjunto amplio de contenidos, que
aparecen desarrollados en el libro de texto, también es lógico que le parezca
más cómodo abordar estos contenidos en clase sin ninguna TI, y utilice éstas, en el mejor de los
casos, como un apoyo a ese trabajo. Por todo ello somos conscientes de la
dificultad de adoptar un modelo de proceso en la integración de las TI en la
enseñanza. Quizá por toda esta
situación en las instituciones docentes, que muchos calificarían de fracaso por
parte del sistema educativo para
adoptar y adaptar las TI, cada vez son más las voces que claman por la
búsqueda de nuevos modelos didácticos Ante este panorama es urgente que el
discurso educativo se defina al respecto y creemos, como docentes usuarios de
las TI, que un modelo didáctico alejado
de los presupuestos tecnocráticos será el pilar fundamental en esta toma de
posición. 4. INTERROGANTES PLANTEADOS EN LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA ¿Existe una respuesta
desde el ámbito educativo que rija u organice este nuevo cambio que representan
las TI? ¿Están entrando en la escuela aunque no se sepa muy bien para qué y
cómo utilizarlas? Es fundamental que desde el sector educativo asumamos este
desafío. No podemos acoger las TI sin un replanteamiento de la función de la
educación, sin una revisión de la metodología de enseñanza, en aras de mantener
su identidad frente a la "presión" tecnológica exterior. Es decir, el
conocimiento pedagógico debe analizar el impacto de este componente foráneo,
por cuanto influye no sólo en las prácticas de enseñanza en las aulas cuando de
una manera inevitable las tecnologías se incorporan en ellas sino, y lo que es
más importante, en la concepción de la educación, de sus fines, de la institucionalización de la enseñanza. Si
esto no ocurre, la revolución metodológica que supuestamente representan las TI
se reduce a un mínimo cambio en las estrategias de enseñanza del docente, que
no afecta para nada al estado actual de la enseñanza. En
opinión de Aviram (2002: 7) hasta el momento no se ha planteado un pensamiento
estratégico en el enfoque de nuestra sociedad y el sistema educativo en
relación a las TI; pensamiento que debería, por un lado, abordar los objetivos
de la educación para "ayudar a los jóvenes a dominar a las TI" y por otro, "tratar los medios o las
estructuras que la educación debe adoptar para sobrevivir con éxito a la
generación digital y lograr sus objetivos productivamente". Esta propuesta
está en la línea de lograr que las TI estén al servicio de unos objetivos
educativos, dentro de un proyecto educativo en el que priman unos fines, unos
valores sobre otros. Esta idea de proyecto, de fines, de valores, entre otros,
nos recuerda lo que decíamos anteriormente, al presentar el modelo de proceso.
En esa medida, creemos que un replanteamiento de las relaciones entre escuela y
TI debería tener en cuenta este modelo. A pesar
de que estimamos adecuado el modelo didáctico de proceso al pensar en la
integración de las TI en la metodología de enseñanza, desde diversos ámbitos se está demandando un nuevo modelo
didáctico, modelo en el que la escuela, tal como la conocemos, no adquiere
papel muy protagonista. No son pocos los autores que se mostrarían de acuerdo
con esto. En este sentido, Dondi (2002) señala
tres direcciones a las que apuntan los cambios provocados en el sistema
educativo a consecuencia de las TI: un movimiento hacia la
desinstitucionalización y "comercialización" de la educación, según
el cual no se está contemplando una mayor autonomía para el estudiante; un
acercamiento a la filosofía del aprendizaje
a lo largo de la vida, así como a enfoques de enseñanza centrados en el
aprendizaje, en la autonomía del alumno; y por último, una inercia de los sistemas educativos a
absorber innovaciones tecnológicas sin cambiar su modo de trabajar, siendo esta
última la dirección que consideramos está siguiendo la mayor parte del sistema
educativo. En suma,
el desafío de las TI a la enseñanza institucionalizada y las respuestas que se
le están dando parecen venir más ligadas a las tecnologías mismas que a unos
argumentos educativos. Creemos pues, que urge que los docentes que trabajamos
con la tecnología nos alejemos de una visión tecnocrática tanto del proceso
educativo como de la integración en él de las TI. 5. CONCLUSIONES En esta comunicación
hemos intentado situar la relación entre las TI y la metodología de enseñanza
en el marco de los modelos tecnocrático y de proceso. A pesar de que ninguna realidad puede encasillarse de manera inequívoca
en un modelo determinado, hemos observado que dicha relación se se acerca más
al modelo tecnocrático. Creemos, que la integración real de las TI en la
metodología de enseñanza necesita de un replanteamiento de la práctica desde la
óptica de un modelo de proceso, el cual, no tiene por qué desdeñar, los
elementos cuya importancia señalan ciertos autores para la creación de un nuevo
modelo didáctico: el aprendizaje es individual y a lo largo de toda la vida, no
deben haber barreras espacio-temporales en el aprendizaje, etc. Estos
planteamientos tienen cabida en el modelo de proceso bajo el cual, el uso de la
reflexión en el proceso enseñanza-aprendizaje, la promoción de la autonomía del
aprendiz, los enfoques centrados en el aprendizaje, llevarán al alumno a poder
seguir su proceso de aprendizaje a lo largo de la vida, sin necesidad de crear
nuevos modelos. Lo que
reportamos en los estudios mencionados parece indicarnos que la aparición de
las TI en la educación no ha variado el método derivado de las perspectivas
racionalistas del aprendizaje, que ha venido guiando las prácticas educativas. ¿Es por
ello que se califica como fracaso la adopción de las TI por parte de la
escuela? ¿Es un modelo didáctico legitimado desde el discurso pedagógico o
desde el ámbito tecnológico? ¿Cuál es el cambio que queremos? Dejamos las
preguntas abiertas en aras de iniciar un debate al respecto. 6.
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Horsori. [DG1] Esto es redundante, quitémoslo
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