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Hacia una tesis contextualizada
para la integración telemática en los países emergentes: Un enfoque desde la experiencia
mexicana Dr. Djamel Toudert Instituto de Investigaciones Sociales Universidad Autónoma de Baja California Resumen Frente
al creciente papel de la telemática en la reorganización territorial, se
desarrolla en la actualidad un debate alrededor de la integración de los
diferentes espacios nacionales a las redes globales de información. El
contenido, la adopción y la difusión de las tesis dominantes enfatizadas en los
países desarrollados se encuentran en un contexto diferente una vez trasladadas
linealmente hacia los países emergentes. Mas allá de las diferencias de
desarrollo y de integración territorial entre estos dos grupos de países, la
reestructuración de las transnacionales en una visión expansionista y la
adopción de la telemática como enlace público y corporativo nos lleva a
preguntarnos sobre las lógicas de desarrollo que este autoriza. México como
país emergente implicado en la globalización, ofrece una plataforma de
predilección para la investigación del modelo de integración telemático global
desde un enfoque local relacionado a la intervención pública en el rescate
socio-territorial. La problemática del desarrollo telemático en la planeación a
parte de ser casi ignorada en nuestros países, cobra desde luego un nuevo campo
de enfrentamiento entre lógicas de interés y lógicas de valores sobre un
trasfondo de búsqueda de soluciones que se apuntan como difíciles de encontrar
en los viejos instrumentos centrales.
Abstact
In front to the growing telematic issue in the territorial
reorganization, we assist to developed debates around the integration from the
different national spaces to the global information nets. The content, the
diffusion and the adoption of the dominants theses generated in the developed
countries are transferred lineally toward the emergent countries. Among the
development differences in the territorial integration in these two groups of
countries, the transnational corporation restructuring in an expansionary
vision and the adoption of the telemetric ace public and corporate information
nets it takes us to look for the development logics that this form authorize.
Mexico like emergent country implied in the globalization, offer a good
platform to investigates the global telematic integration pattern from to local
focus related to the public intervention in the socio-territorial rescue. The telematic development in the
regional planning almost unknown in our countries, it constitutes a new
confrontation field between the logics of interest and values in an environment
of solutions that appear difficult to find in the old central instruments. Introducción: La comprensión de las
lógicas del desarrollo telemático constituye en la actualidad una necesidad de
peso para el análisis de los mecanismos puestos en marcha en los estados
naciones para conseguir su entrada en las nuevas alternativas de la economía
global. En nuestros países emergentes, por lo general, el discurso dominante
proporciona en la actualidad una posición transcendente para las tecnologías de
comunicación que son convenidas cada vez más como una condición para el
despegué económico y un factor para alcanzar el bienestar social. En el marco
de esta dinámica optimista, se perfila el regreso del estado a la inversión y
la administración de la infraestructura telemática en las regiones y zonas
marginales como un imperativo para asegurar una repartición equitativa de las
expectativas de desarrollo y de integración social. Más allá del lado atractivo y quizás generoso de las
promesas del discurso dominante con relación a las nuevas incursiones del
estado en el sector, con está contribución, queremos enfocarnos al análisis de
algunos aspectos de la intervención pública a través de una política de "masificación"
de usos en tecnologías de comunicación e información para el rescate de las
zonas marginadas.
Antes de entrar
de lleno en nuestro tema de interés, será quizás de suma importancia para el
entendimiento de los acontecimientos relacionados con el desarrollo de la
telemática pasar revista a algunas formulaciones que estructuran las
dimensiones actuales del conocimiento científico sobre la temática en cuestión.
A través de este dispositivo reflexivo, trataremos de atraer la atención de los
lectores sobre la incompatibilidad de las condiciones de crecimiento del
fenómeno telemático en los países desarrollados con la realidad y las
exigencias de la reconversión económica en los países emergentes en donde urge,
por cierto, llegar a conformar marcos conceptuales mucho más
contextualizados. La falta de
marcos conceptuales estrechamente relacionados con la naturaleza de la
reestructuración económica global y el tipo de desarrollo telemático que esta
última autoriza en países como el nuestro, genera una verdadera confusión sobre
el papel que puede tomar la intervención pública para combatir lo que considera
el discurso oficial: “brechas digitales” en las regiones y zonas periféricas.
Bajo esta óptica, el desarrollo telemático es visto como un ejercicio meramente
centralizado y técnico que consiste globalmente en igualar la penetración de
servicios exhibida en los países en desarrollo independidamente del nivel de
involucramiento social y territorial en las dinámicas de integración
global-local. De cara a la posición forjada en
el determinismo y la trascendencia de las tecnologías de información que parece
tomar paulatinamente la intervención del estado en el sector, apoyados con los
datos disponibles, ponderemos en relieve algunas incoherencias que tratan de
“pasar por alto” la naturaleza estructural de las desigualdades en el acceso a
los vínculos y artefactos tecnológicos para llevar acabo los supuestos procesos
de interactividad de masa. Conforme al
estado actual de la oferta, la difusión y adopción de la tecnología de
información, el presente ensayo considera el acceso a la telefonía y la
computadora como una condición sin
equanon para los procesos de integración a las redes telemáticas. La
búsqueda de los factores de desarrollo telemático para la satisfacción de las
condiciones de interconexión no parece disponer de las ventajas deterministas
de los planteamientos voluntaristas en el desarrollo de otras redes de servicio
universal (como en el caso del agua y electricidad). Por lo tanto, la idea de disociar
el crecimiento telemático de otras preocupaciones del desarrollo
socio-territorial no parece resistir tampoco a la realidad de las evidencias
empiricas disponibles hasta el momento. La pertinencia de un análisis contextualizado en el
caso de los países emergentes La difusión exponencial del
uso de la telemática es prevista globalmente como un ingrediente estructural de
la mundialización del capitalismo y la reestructuración económica en una
perspectiva de expansión territorial (Graham y Marvin, 1996). Dentro de este
movimiento, orquestado en la mayoría de su contenido por las transnacionales,
las tecnologías de información constituyen los enlaces organizacionales entre
los centros de decisión y un conjunto de actividades corporativas esparcidas alrededor
del planeta (Camilleri y Falk, 1992; Graham, 1998). La reestructuración de las
transnacionales hacia nuevos esquemas organizacionales y productivos durante la
década de los 80, encuentra en la deslocalización de sus segmentos productivos
hacia los países emergentes una solución para mejorar su productividad y
expendir sus mercados. La nueva lógica de organización postfordista se vió
posibilitada entre otros con la privatización de las telecomunicaciones, la
inversión en las tecnologías de información y una rápida difusión de la
telemática (Robin y Gillespie,1992). Las primeras
evidencias del creciente papel de la telemática en la reconfiguración
territorial y urbana dejan ver un franco desacuerdo con el discurso entusiasta
sustentado en las tesis deterministas de la transcendencia de las nuevas
tecnologías de comunicación y su substitución al espacio real (Moss y Townsend,
1998; Kellerman, 2000). Después de una fuerte confusión conceptual nutrida por
la falta del arbitraje empírico y un interés superficial de la comunidad
académica, los estudios llevados acabo en los países desarrollado, puntualizan
de una manera magistral que el desarrollo telemático actual no constituye un
antídoto a la desmovilización territorial de los actores, ni tampoco un medio de
integración en el marco de la fórmula eslogan de la "segunda
oportunidad" (Moss y Townsend, 2000).
Las redes de comunicación corporativas y públicas promovidas como
instrumentos para romper con las viejas jerarquías territoriales polarizadas y
tramas urbanas demasiado centralizadas, convergen según la evidencias empíricas
a sustentar una lógica de interés conformada en la concentración metropolitana
alrededor de un rosario de ciudades mundiales (Sussman, 1997; Moss y Townsend,
1997; Barney, 2001). De ciudades
meramente industriales, la reestructuración de las bases productivas y
organizacionales está convirtiendo algunos centros urbanos y metrópolis del
mundo desarrollado en dominantes y complejos nodos de decisiones en una red de
gran alcance territorial (Brenner,1998). La nueva generación de ciudades
controladoras de los Hub y Spoke mundiales, lejos de ser un
producto del nuevo boom de las telecomunicaciones, son en casi la mayoría de
los casos la expresión de una consolidación de viejos liderazgos adquiridos en
la industria informática del software y los multimedios (Graham, 1999). El crecimiento de un sector
"cuaternario" dedicado al análisis y el tratamiento de flujos
tendidos de información suministrados a los "obsequiadores de
órdenes" enlazados a una armada de prestadores de servicios, unidades de
producción y atención al consumidor, convierte a las ciudades mundiales en
perfectas candidatas a una reconfiguración de sus espacios funcionales urbanos
y metropolitanos. Sin caer en la retórica de la ideología tecnológica, la
literatura enfocada al estudio de la relación entre tecnologías de comunicación
y desarrollo urbano y regional, revela en los países desarrollados varios
indicios de un encaminamiento hacia nuevos esquemas territoriales posibilitados
y aveces impulsados por el creciente uso de la telemática (Lamberton, 1995;
Stephen, 2000; Townsend, 2001). Frente a estos cambios, nos preguntamos sobre
las implicaciones de la inserción de nuestras ciudades y metrópolis en las
redes telemáticas y el tipo de desarrollo que estas últimas autorizan. De entrada hay
que destacar que los acontecimientos anteriormente expuestos para el caso de
los países desarrollados no son trasladables simple y linealmente a nuestros
contextos territoriales (Toudert, 2000a). La reestructuración de las
transnacionales no aparece como un proceso de homogenización de sus filiales,
sino más bien como una expansión de los negocios acompañada de la
deslocalización de sus segmentos de alto consumo laboral hacia los países emergentes.
Por lo tanto, las lógicas y las esperas de integración a las redes corporativas
y públicas globales no contemplan alejarse demasiado de las estrategias
establecidas por las matrices. Dicho de otra forma, La posición funcional en el
conglomerado corporativo traduce en gran medida el tipo de interacción dentro
de una jerarquía de deberes y derechos otorgados para el cumplimiento de una
sucesión de eventos orquestados. En este sentido, la comprensión de los
mecanismos interactivos intra e intercorporativos parece ofrecer una mejor
perspectiva de entendimiento de los acontecimientos actuales en el desarrollo y
la difusión de la telemática en los países emergentes. Por lo general,
en nuestros países en desarrollo se ha dado una importancia primordial a lo que
podemos llamar: indicios del
subdesarrollo para explicar el supuesto "ciber-retraso", traducido
concretamente en bajas tasas de accesibilidad y producción de contenido en las
redes telemáticas (Toudert, 2000 b). Desde este enfoque, las condiciones de
difusión y de adopción de las tecnologías de comunicación parecen superables
con decretos e inversiones voluntaristas, llamando con todo los buenos deseos
una mediación expresa del estado[1].
La ecuación de un regreso del estado en
el debate dominante no esta vista en una perspectiva crítica de las condiciones
que han gobernado su retiro en los 80´s, pero como un estado providencial
detonador de externalidades llevando mas ciudadanos a la red. Eso explica en un
clima de creciente confusión entre lógicas de interés y lógicas de valores la
convergencia de sectores tradicionalmente opuestos a la intervención del estado
en otros dominios del ordenamiento territorial. En efecto, mas allá del lado
integrador y generoso del discurso dominante actual, nos preguntamos dentro de
esta contribución que tanto es legítima y eficaz la intervención pública en el
rescate telemático-territorial, en lo general a contra corriente de un modelo
de desarrollo estructurado dentro de una articulación global-local. Crónica de un poder de planeación perdido: idas y
vueltas del estado La decisión tomada por el
presidente Echeverría en 1972 de la estatización del 51% de las acciones de
Teléfonos de México se concretiza con la transferencia de la presidencia del
consejo de administración al secretario de comunicación y transporte en un
ambiente internacional marcado por una creciente presión para la apertura de
los monopolios estatales conocidos por los PTT nacionales (Postal Telegraph and Telephone). La reestructuración económica en los
países desarrollados en los principios de los 80 y la aceleración de la
globalización de las transnacionales, lleva a estos países a “tronar” los
monopolios abriendo las telecomunicaciones a la inversión y la competición
internacional previstos como una condición sin
equanon para acompañar el despliegue económico postindustrial (Hammer y
Champy, 1993; Smith, 1994). En México, después de haber conocido un crecimiento
de la red telefónica del 12 % anual en los 70, la crisis de 1982 confirma entre
otras cosas la incapacidad del estado a aportar la inversión necesaria que se
tradujo concretamente en la mitad del crecimiento anual de la red telefónica
durante la década anterior (Székely y Palacio, 1995). Con casi una década de
retraso, en 1989, el gobierno se retira precipitadamente vendiendo su
participación en Teléfonos de México después de haber elaborado marcos de
concesión a través de los cuales se fijaron objetivos de una macro-planeación
condicional en manos de la triada ganadora de la licitación[2].
La crisis financiera de 1995, motivó en gran medida una nueva reestructuración
a través de la reforma del 28 constitucional, la adopción de la Ley Federal de
Comunicación que dio paso a la creación de la Comisión Federal de
Telecomunicación (COFETEL). En su mayoría, las nuevas disposiciones fueron
concebidas para dar paso a la apertura gradual del sector a la inversión
extranjera y también para inducir nuevos órganos públicos a los mandos de la
regulación y la normalización. Con estas medidas, el estado siguió en el
planteamiento de provocar el desarrollo telefónico con las "manos fuera
del juego", pero esta vez, estaba convencido que debía asumir el papel de
árbitro; y en un sector que aún representaba al 1.74 % del PIB en 1994, se
necesitaba mas de los 10 mil millones de dólares arduamente invertidos por
Telmex durante el quinquenio1990-1995 (Cofetel, 2000). Que sea antes o
después de la privatización, en el caso que el poder central manifestó varios
perfiles regulados por la sucesión de los modelos de desarrollo, los poderes
subsecuentes (municipios y gobiernos urbanos..etc) fueron descartados del
ordenamiento telecomunicativo. A pesar del creciente rol de la telefonía y la
telemática en la integracion de los espacios locales y regionales, se destaca
todavía a una escala global "la moda" de llevar los expedientes del
sector desde una perspectiva central con la delegación de la planeación a los
prestadores de servicio. Para retomar lo que Graham y Marvin (1996) calificaron
de una planeación totalmente abandonada a las empresas de telefonía y
proveedores del servicio telemático, las evidencias arrojan entidades
empresariales poco sensibles a la noción del servicio universal y los riesgos
de llegar a zonas y estratos sociales desconectados son reales (Thrift, 1995;
Castells, 1996; Amin y Graham, 1999). Quizás el lugar ocupado por la red de
telefonía en el imaginario sociopolítico de los encargados de la planeación
local y regional sea de menos importancia frente a redes de agua, electricidad
y transporte, sin embargo, la inmaterialidad de los flujos y la invisibilidad
de su sustento físico no son sinónimos de un papel de bajo perfil en la nueva
interacción socio-territorial (Hillis, 1998). Los ajustes
estructurales enfatizados en la Ley Federal de Telecomunicaciones y el programa
de Desarrollo del Sector Comunicación y Transportes (1995-2000) a través de una
serie de planes y reglas[3]
clarifica el sentido de la intervención central en el sexenio pasado. En
efecto, la reestructuración de las telecomunicaciones mexicanas en el caso en
que se operó en un ambiente sospechoso de la capacidad desarrolladora de los
actores locales, la línea directora siguió convencida de un despliegue seguro
en un mercado libre y normalizado sustentado en la inversión extranjera. En
términos prácticos, lo que se contempla para romper con el rezago telefónico
consiste en seguir sacando provecho a los "subsidios cruzados" del
momento en que la aplicación del fondo de servicio universal considerado como
la medicina adecuada para una compensación territorial equitativa no pasó mas
allá de los deseos y la competencia en el servicio local a la cual fué
condicionado no tuvo todavía una participación significativa[4].
En el fondo, y como se puede esperar, la integración centro-periferia de un
supuesto contexto de entidades estáticas con roles equilibrados dentro de una
relación de transferencia lineal por no decir de solidaridad natural no podía
“dar el ancho” a una política casi obsesional de la masificación del acceso a
la telefonía del pasado sexenio. Bajo estas limitaciones, el gobierno central
se hizo cargo casi solo metiendo las "manos en el juego" [5]
para llevar el servicio a casi 1/10 de la población nacional marginada por la
red telefónica[6]. En un
ambiente político en el cual el tema de la marginación pasó de la
estigmatización a una cuestión emblemática y aveces fundamentalista, nos
preguntamos sobre los verdaderos motivos de esta súbita intervención y si la
Secretaria de Comunicaciones y Transportes (SCT) seguirá haciéndose cargo de su
inversión en el caso en que no habrá concesionarios para dar seguimiento al
servicio. Mas allá de
buscar una justificación objetiva ó ética a la intervención central, nos llaman
la atención cuatro acontecimientos contradictorios que destacan el
desenvolvimiento gubernamental en la nueva política de comunicación hacia las
zonas marginadas: a) Entrar en la
arena de la inversión y el manejo en localidades rurales marginadas por las
concesionarias puede convertirse en un precedente para dejar al estado la
marginalidad urbana restante a un momento en que la equidad y la eficacia que
llevaron a su salida en la década pasada no fueron del todo resueltas. b) Sacrificar la
universalidad y la equidad frente a la accesibilidad haciendo énfasis en el uso
de la tecnología inalámbrica (celular, radio, satelital) que por cierto reduce
drásticamente los niveles de la inversión gubernamental pero genera costos y
condiciones de uso bastantes desiguales frente las que se dan con usuarios de
las líneas fijas en vivienda. c) Actuar con
lógicas de desarrollo semejantes a las que se dieron en otras redes de
servicios (agua, electricidad, carreteras) en una red en donde las
interacciones, los productos vinculados y el valor agregado son de otro tipo. d) Favorizar
lógicas de desarrollo sustentadas en una política de números y metas
cuantitativas en una planeación central y temporal con un fuerte contenido de
incertidumbre sobre la posibilidad de integración territorial a la red nacional
en el mediano plazo. La entrada en
función del gobierno actual aunque es todavía muy pronto para analizar su
proyecto en telecomunicaciones, sobresale a primera vista el expediente
"nueva era" del programa E-México que consiste según el secretario de
la SCT en:"... cerrar la brecha digital entre los gobiernos, las empresas,
los hogares y las personas. Brechas entre quienes tienen acceso a diversos
servicios sobre la plataforma tecnológica y los que aún no se benefician del
acceso a las redes de la información, ó simplemente del manejo de una
computadora."[7]. Bajo este
enfoque, se contempla enlazar en una primera etapa a 2 mil 470 municipios
alrededor de un contenido de gobierno, salud, educación y comercio sobre el
cual labora una comisión mixta del gobierno federal con las empresas
concesionarias[8]. Estos
nuevos acontecimientos, dejen ver una continuidad en la intervención federal
iniciada en el sexenio pasado, la confirmación de la tendencia a la
centralización y una firme convicción en seguir la obsesión de la masificación
del acceso a los servicios al menos telemáticos. Aquí hay que subrayar que
proyectos como E-México no son una invención típicamente nacional, en estos
rubros, algunos países experimentaron en un momento u otro de la década pasada
políticas semejantes conocidas bajo la denominación de "negociaciones para
llevarse la cereza del pastel"[9].
En efecto, no se podía esperar del discurso dominante de los tecno-entusiastas
y los activistas sociales un resultado diferente a una mezcla entre las lógicas
de interés y lógicas de valores (Wolton, 1999). Desde la proposición de Al Gore
en 1993 de una super carretera de información a la proclamación de Clinton en
1998 en el sentido de llevar la Internet a cada escuela y hasta la puesta en
marcha del autodiagnóstico de salud en línea por Tony Blair en 1999, asistimos
paulatinamente al nacimiento del "ciber-gobierno" sustentado en un
conjunto de "ciber-soluciones" manejadas desde lo que se perfila para
llamarse quizás "E-minister" (Turner et al, 2000). Sin embargo, la mecánica de estos nuevos arreglos
centrales y el alcance del discurso de un "gobierno inteligente" mas
cerca de los ciudadanos, esconden como se puede imaginar negocios millonarios:
La NIIAC (National information
infrastructure advisory council) y la misma acta de telecomunicaciones de
1996 en Estados Unidos se transformaron en una arena en donde el deseo de la
universalidad y la equidad fueron superados por los intereses empresariales de
los participantes (Sanyal, 2000). En varias intervenciones del estado alrededor
del planeta que conforman en la
actualidad "casos de escuela", aunque el balance integral siguió
siendo difícil a evaluarse objetivamente, existen evidencias que permiten
adelantar un juicio honesto para algunos de ellos. El caso francés del "Minitel" y "le plân câble"
fue un total fracaso, las muy sofisticadas redes francesas del conjunto
"Renater" y las americanas "Bitnet" y "Nsfnet"
son catedrales en el desierto; finalmente, el programa japonés
"Teletopía", y el proyecto "Tradnet" en Singapur demuestran
magistralmente que redes nacionales eficaces se pueden desarrollar siempre y
cuando haya una visión global e integral realista sustentada en la actividad y
el involucramiento de los actores (Graham y Marvin, 1996). El proyecto E-México
es quizás el único proyecto en un país emergente francamente en dirección de la
población históricamente expulsada del “club” de la telefonía y la telemática,
sin embargo, la nobleza del objetivo no debe eclipsar el fondo de la
problemática en contextos en que los fracasos se vuelven frenos para verdaderos
proyectos en el futuro. La ida y vuelta
en nuestro país del poder central como actor activo en el desarrollo de
tecnologías de comunicación, para el caso que no percibimos aún los beneficios
de su intervención, estamos por lo contrario seguros que las condiciones que llevaron
a su pasada jubilación no están agotadas. La obsesión de la accesibilidad en
los segmentos sociales marginados y la tentación en querer superar la pobreza
con los medios tecnológicos, no se puede tomar como un argumento para hacer la
economía de un verdadero debate sobre la integración territorial y mucho menos
para pretender a una supuesta universalidad desarrollando una red a varias
velocidades: una por los pobres y otra por los que puedan pagar. La carrera hacia la accesibilidad:
Una obsesión peligrosa Como lo hemos mencionado
anteriormente, la carrera frenética hacia la accesibilidad de masa a la
telefonía y la telemática constituye en la actualidad un dato trascendente en
el discurso dominante enfocado al desarrollo y la integración territorial.
Podemos repetir aquí también, que en el caso de que se sospeche un binomio
complejo causa efecto entre la telefonía y la telemática, la relación está muy
lejos de asemejarse a una simple pasarela (Toudert, 2000 b). Bajo varias
apreciaciones, en el estado actual de difusión de las tecnologías de
comunicación, la disponibilidad de la conexión física al teléfono parece
primordial al desarrollo telemático del momento que otras modalidades de
conexión (celulares, red de cable de televisión...etc) son incapaces de ofrecer
todavía una plataforma de interconexión a bajo costo y espacialmente disponible[10].
El uso de la computadora como artefacto de interconectividad parece también
configurar el perfil de los usuarios de la telemática en el sentido en que las
terminales además de su desenvolvimiento en la red cumplan tareas de un puesto
de trabajo corporativo o de maquina familiar (Gille y Mathonnet, 1994; Dodge y
Shiode, 2000). Por lo dicho anterioramente, una política de fomento telemático
de masa parece concebirse solo en el marco de un crecimiento de las conexiones
físicas a la telefonía y a través del uso de la computadora. En este sentido,
podemos visualizar una polarización en la modalidad de acceso no físico
(Telefonía celular, radio telefonía, teléfonos públicos...etc) y no particular
en la actualidad como un factor desalentador del crecimiento hacia la
telemática. Por varias
razones todavía no muy claras, el universo de los que disponen de una conexión
fija a la telefonía y de una computadora no es totalmente trasladable a los
medios telemáticos, En este sentido, se sospecha la presencia de un campo
individual y/o social de capacidades, intereses, juicios y valores regulando el
acceso a la telemática (Toudert, 2000b; Zook, 2000). El campo en cuestión, no
es solo un complejo abstracto de construcciones individuales y/o sociales es
también en cierta medida, un reflejo de la oposición entre el consumidor y el
ciudadano, el ser todavía territorial y el ejecutivo nómada de los tiempos
modernos (Wolton, 1999). Según donde estemos y a que grupo social pertenecemos,
en que tipo de empresa trabajamos, hasta el idioma que hablamos, estructuran
quizás sin darnos cuenta nuestra presencia en las redes públicas y
corporativas: Estar dentro o fuera del “club” telemático no es solamente una
cuestión de disponibilidad física del acceso a la red[11]. La traducción
del impacto de lo dicho anterior en el medio de la planeación puede tomar dos
vertientes. En primer lugar, la subestimación del potencial de desarrollo
traducido por un congestionamiento como consecuencia de estructuras virtuales
obsoletas frente al dinamismo de los actores y sus ideales de expansión. En
segundo lugar, podemos imaginar también
una sobre estimación que puede traducirse por una substitución de estructuras
aunque arcáicas pero dinámicas por nuevas lógicas virtuales vacías que implican
en el fondo la desaparición del servicio real[12].
El ejercicio de la planeación en estos términos lleva consigo un profundo
conocimiento de las dinámicas locales, sus esferas de interación territorial y
un sentido de percepción del potencial de implicación de los actores, y de cara
a estos parámetros, nos preguntamos si los órganos centrales son los mas
adecuados y preparados para percibir estos detalles[13]. El examen de la situación
de la densidad telefónica nacional tomada desde un enfoque diacrónico de la
evolución de los coeficientes de variación interestatales[14],
arroja una correlación con los niveles de ingresos altos y PIB per capita, sin
embargo, la teledensidad telefónica domina el eje de la más grande desigualdad
interestatal (vea gráfica. 1). Dicho de otro modo, los estados de la república
son más homogéneos considerando los ingresos altos y la riqueza generada per
capita que la distribución de la densidad telefónica. La teledensidad en este
sentido, sobre sale como una problemática de escala cuyas efectos de estructura
están muy lejos de ser discriminados totalmente y quizás significativamente
desde un enfoque relacionado a la riqueza y los ingresos. La estructura de la
teledensidad obedece a padrones espaciales desiguales y los indicadores de una
baja teledensidad estatal pueden esconder densidades aun más bajas al momento
de operar una exploración de las unidades territoriales inferiores. Los
estudios empíricos enfocados a la repartición espacial de la teledensidad en
los países desarrollados ponen en evidencia la existencia de significativos
intervalos de variación al momento de pasar de las pequeñas escalas hacia las
grandes[15].
En estos términos y tomando en cuenta el nivel nacional de integración
telefónica, la probabilidad de que la red de telecomunicación sea más expulsora
cada vez que nos dirigimos a los nodos inferiores es mas alta. Mas que hablar
de nivel de riqueza y de capacidad financiera como variables determinantes para
la contratación del servicio telefónico, seria más realista exponer la
problemática en un enfoque de integración territorial a la red, porque a pasar
de todo, la decisión de estar adentro o fuera del “club” de la telefonía es
condicionada al menos a la importancia de los espacios vividos dentro de la
jerarquía de los enlaces establecidos por la red física. Gráfica
1: Evolución de la disparidad de
algunos indicios interestatales[16]
La noción del
espacio vivido como una dimensión que abarca un conjunto de espacios
relacionados por los eventos, restituye de una manera, por cierto, compleja la
interacción desarrollada por los individuos vía la telefonía en la búsqueda de
una flexibilización en el binomio tiempo-espacio (Neumann y Uhlenkueken, 2001).
La accesibilidad a la red telefónica en su modalidad fija apesar de su estricta
relación a la disponibilidad del servicio, depende también de los niveles de
organización humana y/o tecnológica para llevar a cabo los "rituales"
de la comunicación. En el cruce cotidiano del espacio vivido, la mayoría de los
activos aunque dedican un tiempo de tránsito proporcional al tamaño de las
ciudades en que están involucrados, en lo general la probabilidad de
encontrarlos físicamente en el trabajo o en la casa es más importante. En estos
términos, sería interesante desglosar la teledensidad fija en sus componentes
interestatales residenciales y no residenciales para averiguar como evoluciona
cada una de ellas y que tanto pueden ser complementarias. La gráfica 2,
muestra una evolución del coeficiente de variación interestatal de la
teledensidad y sus componentes residenciales y no residenciales. En primer
lugar, hay que destacar una similitud en las tendencias de evolución acompañada
de una fuerte amplitud de desigualdades interestatales en el componente no
residencial frente a la teledensidad total y el componente residencial. En el
segundo lugar, la teledensidad total es atraída mucho mas por el componente
residencial que esta, entre otros, sujetada menos el ambiente de crisis
(1996-1997) característico de una época propicia al crecimiento de las
desigualdades interestatales[17]. Dado esta situación, y como podemos
sospecharlo con anticipación, los dos sectores de líneas fijas no están
sustentados por la misma lógica de desarrollo, las líneas residenciales pueden
estar mucho más ligadas al nivel de integración socioterritorial y las no
residenciales al número de empresas y el grado de su inserción en la economía
local, regional o global. En el primer sector, el promedio nacional es de casi
una línea por 3 viviendas habitadas[18]
y en el segundo sector el promedio nacional es un poco mas de una línea por 2
unidades económicas[19]. Estos dos últimos indicadores brindan quizás
una mejor apreciación del grado de accesibilidad telefónica frente al clásico
indicador de la teledensidad por 100 habitantes y los dos arrojan una lectura
promedio mas realista y menos alarmista del estado de la penetración telefónica
al nivel nacional. Sin embargo, aquí también los promedios nacionales están
lejos de reflejar una repartición territorial homogénea, en efecto, en el
sector residencial el coeficiente de variación es del 0.42 y en el sector no
residencial es del 0.55. La marginación por el teléfono en nuestro país parece
como un dato territorialmente diferencial y estructural que traduce en gran
medida los patrones del desarrollo local y regional vigentes. De cara a estas
características, el conjunto planeación federal y estrategias de las
concesionarias parece estar compuesto de un fuerte componente contradictorio.
Una lógica empresarial de interés forjada en la expansión y la dominación del
mercado y una lógica gubernamental de valores hacia la integración de los
marginados: Nos preguntamos hasta donde estas dos lógicas centralizadas se
pueden considerar como complementarias y si son la combinación adecuada para
lidiar con la marginación estructural. Gráfica 2: Dinámica y estructura interestatal de las líneas
fijas[20]
Como
continuación al ejercicio de prospección de las condiciones del desarrollo
telemático, el universo de la accesibilidad al uso de la computadora se da en
9.3 % de las viviendas habitadas (INEGI, 2001) y solo el 27% del total de las
empresas nacionales disponen de una computadora en el 2000 (Select-IDC, 2001).
Dentro del universo doméstico, la lectura de la disponibilidad de la
computadora en el mapa.1 deja ver como en el caso de la teledensidad una
repartición interestatal fuertemente desigual. Los estados con teledensidad
altas presentan también fuertes tasas de disponibilidad de la computadora en en
vivienda, el binomio teléfono-computadora al nivel interestatal en el caso en
que muestra algunos signos de una evolución dual de conjunto, esta posible
relación no implica la totalidad de los estados. La gran variación interestatal
alrededor del promedio nacional de accesibilidad a la computadora parece
sugerir a demás de la necesidad de una política central de incentivos y
subsidios, una verdadera participación local y regional en los esfuerzos de
promoción. Sin embargo, aquí también, dotar cada hogar con una computadora no
garantiza por si solo el acceso para todos a la telemática, será quizás
pertinente mencionar que nuestra tasa de disponibilidad en computadoras es
similar al nivel alcanzado por Francia e Italia en 1994 a pesar de que la
diversificación actual de nuestra economía y el nivel de difusión de las
tecnologías de comunicación en general es bajo a lo alcanzado por los países
citados a la fecha mencionada[21].
A menos que lo que se pretende para el desarrollo telemático nacional sea un
sector atraído mucho más por la industria del entretenimiento, la fuerza de
nuestra economía no parece reflejar un estrés a la altura del discurso
alarmista dominante[22].
Sería quizás una aberración “aferrarse” en añadir costos tecnológicos a un
acontecimiento productivo o familiar que no contempla suavizar otras cargas con
el instrumento telemático, la afirmación anterior sigue válida si tomamos en
cuenta el fracaso presencial de la ideología tecnológica a generar hasta el
momento un bienestar social o un desarrollo humano a la altura de lo prometido.
Mapa.1: La disponibilidad del teléfono y la
computadora al nivel de las viviendas
Minorías vs mayorías: Una nueva contradicción del
desarrollo social y territorial Uno de los problemas agudos
que enfrentan los estados "post-modernos" consiste quizás en la
incorporación de varios tipos y perfiles de comunidades y minorías hacia lo que
se puede llamar: Niveles mínimos de integración. El relativo fracaso de las
políticas públicas de integración fomentadas en la época de gloria kynesiana,
llevó a los países desarrollados a partir de los 80´s a una crisis de identidad
que llegó en su auge hasta responsabilizar dichas políticas de generar altos
costos sociales. La reestructuración y la reorganización de los servicios
sociales en el caso que llegaron a solventar algunas cuentas de funcionamiento,
las nuevas reformas no han podido solucionar las desigualdades ni reconciliar
la equidad con la eficiencia de los aparatos estatales. En efecto, los estados
son llamados en lo general a operar una complicada y costosa burocracia para
llevar acabo una misión de redistribución en donde la marginación es
considerada cuantitativamente como un "fenómeno marginal". En nuestros
países en desarrollo, la misma problemática toma un lado totalmente opuesto, la
proporción de la población históricamente expulsadas del desarrollo en casi
todos los casos es mayoritaria y los que están totalmente fuera del espectro de
la marginación son minoría. En términos de desarrollo de tecnologías de
información, la problemática es aún más compleja, la minoría que tiene acceso
requiere cada vez de mas inversión en infraestructura e infoestructura
colectiva para optimizar el aprovechamiento de los flujos que transitan en unas
estructuras con una vida útil efímera perpetuamente en proceso de quedarse
obsoletas. Frente a las limitaciones para expandir la red a nuevos usuarios y
generar externalidades de un tamaño adecuado para asegurar un desarrollo
“natural” por la fuerza del mercado, se perfilan tres posibilidades: a) la primera
consiste en operar con costos a la altura de las inversiones manteniendo una
red cada vez mas elitista hasta el punto de ruptura, lo que no es factible en
un mercado abierto y competitivo; b) la segunda
consiste en atraer al estado para invertir en la sección mas deprimida del
negocio afin de fomentar un nuevo consumo, lo que no es factible a mediano y
largo plazo si no hay dividendos ni un respaldo de uso en los estratos sociales
para los cuales se pretendió la inversión; c) la tercera
consiste en operar transferencias de escala con la transnacionalización en el
área cultural, el fomento de la interconexión de redes nacionales y el
establecimiento de una planeación regional vertical, lo que puede llevar a
mediano plazo a la desaparición de las concesionarias de menor peso y quizás al
regreso a una situación de monopolio. Estas tres
posibilidades que parecen funcionar al mismo tiempo y a diferentes grados en
México, estructuran un amplio campo en la administración centralizada de las
tecnologías de comunicación que destaca un clima de incertidumbre sustentado en
la creciente incapacidad de las concesionarias para asegurar un desarrollo
tendido y territorialmente homogéneo en un mercado nacional bastante diferente
a las cuencas sobre las cuales operan sus competidores directos. Bajo esta
perspectiva contextualizada, la intervención del estado parece ajustarse mucho
mas a un nuevo dominio original que haya aprendido lo suficiente de los errores
cometidos en los países desarrollados. En este sentido, el error más común es
querer transferir lo observado en otras redes de servicio universal y tratar de
plasmarlo en la telemática por un lado, y por otro, tomar la franca tendencia
hacia la metropolización de los medios y de los usos telemáticos como un
fenómeno reversible únicamente con la generosidad gubernamental (Toudert,
2000b). Con muy pocos recursos a repartir, el dilema consiste en consolidar la
posición en la red telemática de nuestras grandes metrópolis o tratar de llevar
a todos hacia la metrópolis, dicho de otro modo, es bastante difícil escapar
del modelo de integración global y el tipo de desarrollo local o regional que
este autoriza. Conclusión: Hacia un enfoque
contextualizado En el transcurso de este
ensayo hemos tratado de poner en el debate actual alrededor del desarrollo de
la telemática en México algunas contradicciones que nos parecen de importancia
para el entendimiento de la problemática de la difusión de las tecnologías de
comunicación en nuestro país. Mas allá del lado crítico, destacamos aquí la
necesidad de retomar la problemática desde unos enfoques diferentes a los
cuales estamos acostumbrados y a veces condicionados por el bombardeo
publicitario y la retórica posmodernista. En la actualidad
esta cada vez mas claro que el desarrollo telemático en el caso en que está
condicionado al perfil de la accesibilidad a la telefonía fija, la mecánica
para pasar de uno a otro es bastante compleja y depende en gran medida de la
posición en los esquemas de integración global-local. La telemática según las
evidencias actuales no parece conformase como un instrumento eficaz para
procurar una segunda oportunidad de desarrollo a los cuales “dió la espalda” la
reestructuración territorial de la actividad económica y en donde el
entendimiento de los mecanismos de integración y el deseo de inserción parecen
ausentes en la acción de algunos poderes moribundos locales y regionales.
Aunque la telemática esta vista en el discurso dominante como un paso hacia la
liberación de la frontera del espacio y del tiempo, no tenemos todavía el
reporte de ningún polo generado desde un desarrollo telemático inicial, la
concentración y la metropolización de los medios tecnológicos y de los usos
demuestra que el papel de la ubicación sigue siendo importante y quizás
realzado con las tecnologías de información. A estas alturas del desarrollo
telemático, explicar porque las redes de fibra óptica pasen cerca de una aldea,
una ciudad o un barrio sin proporcionar el servicio no puede reducirse a una
argumentación fundamentada solo en los indicadores del bienestar social y el
potencial de la accesibilidad individual o colectiva a las redes de
información. En efecto, en el despliegue actual de las tecnologías de
información, dos lógicas con un relativo componente supranacional parecen
dibujar los nuevos alcances sociales y territoriales de la producción y la
circulación de la información electrónica: Una logica de integración económica
en su sentido más amplio, sustentada en la dinámica de las grandes
corporaciones por una parte, y por otra, una lógica de expansión de mercados en
telecomunicaciones, en prestación de servicios y la elaboración de artefactos
tecnológicos. Frente a estas dos lógicas fundamentalmente de interés, para
suavizar las aberraciones de un desarrollo "expulsador", el discurso
dominante trata de involucrar los estados en una lógica de valores. El estado
después de haber sido relegado hasta los últimos rincones de sus funciones de
regalía, parece descubrir en la legitimización del determinismo y la
transcendencia de las tecnologías de información una oportunidad de regreso a
la arena empresarial, que por cierto, esta vez, su eminente retorno responde a
los llamados de auxilio de los actores del sector que han fracasado rotundamente
en llevar la integración telefónica y telemática hacia las poblaciones
marginadas. La obsesión de la masificación de los usos en tecnologías de
comunicación, traducida en metas cuantitativas puestas en marcha desde los
órganos centrales, genera nuevos campos de confusión entre
accesibilidad-universalidad-equidad en un transfondo de supuestos y
especulaciones que tratan de dibujar un papel transcendente a la tecnología en
la recuperación social y territorial. Mas allá de los buenos deseos del
discurso oficial, la disparidad estructural y territorial de la telefonía fija
y su incidencia en la difusión de la telemática aparece como rezago
difícilmente superable desde una planeación centralizada que omite los
contextos locales y regionales de integración a las nuevas oportunidades
globales. Desde un enfoque
contextualizado, la red en el marco del modelo de desarrollo de la telemática
mundial, no parece envolverse como un instrumento universal cuya necesidad es
trascendente para el ciudadano común y corriente, pero como un medio eficaz
para la reorganización y la flexibilización de la actividad económica y humana
en una dinámica global-local. De ahí, es necesario no exagerar el universo de
los que quieren, pueden y necesitan estar dentro del “club” telemático creando
falsas expectativas y nutriendo un subsidio moral aprovechado por las empresas
de tecnología para estimular sus ventas más allá de la demanda real. Dentro las
opciones, afirmaciones y preguntas formuladas en la presente contribución, se
destaca la necesidad de una agenda de investigación para mejorar nuestro
conocimiento sobre el desarrollo telemático en los países emergentes. Bajo esta
perspectiva, pensamos urgente iniciar la reflexión alrededor de tres ejes de
investigación: 1.- La
pertinencia y el valor informativo de los indicadores de penetración de las
tecnologías de información que son diseñados en lo general para un tipo de
accesibilidad que traduce un contexto socio-profesional diferente al nuestro; 2.- La
integración de la variable telecomunicación y tecnologías de información en la
planeación del desarrollo y el ordenamiento territorial; 3.- La relación
del estado con el sector telecomunicación y su papel dentro de las nuevas
lógicas de desarrollo en tecnologías de información. La naturaleza de
las problemáticas anteriormente expuestas, como lo hemos visto, en el caso que
pone en relieve hasta cierto punto un desarrollo semejante a los países
desarrollados, se está volviendo cada vez mas claro que el nivel de inserción
en la economía global y los niveles históricos de integración social conforman
padrones de desarrollo y una interacción distinta con los medios telemáticos. Ciertamente,
encaminar hacia el desarrollo telemático nacional no puede tomar la perspectiva
y todo el contenido social que ha caracterizado las épocas de integración en
redes de servicios básicos. La naturaleza de los flujos telemáticos y sus
correlaciones con el tipo, el contenido de la actividad humana y su ubicación
en territorios elegidos por lógicas supranacionales convierte al ejercicio de
la planeación en un acontecimiento original. Bibliografía Amin, A. y Graham. S. (1999) Cities of
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pp.411-426. NOTAS [1] Los encuentros de líderes del nuevo milenio en
América Latina organizados por la cadena de televisión CNN en finales del año
2000, se destacaron los "E-empresarios" latinos por su llamado de
auxilio para que el estado intervenga en el fomento de la actividad telemática.
La mayoría de las empresas participantes dejaron de existir poco tiempo después
víctimas de la misma burbuja bursátil que les permitió en el pasado un
crecimiento bastante exagerado. [2] El nuevo consejo de administración se conformo por 9
consejeros del grupo Garza, 3 de France Telecom, 4 de Southwestern Bell, 2
representantes de los accionistas de la seria "L" y solo un
representante por un periodo de 3 años del gobierno federal (Székely y Palacio,
1995). [3] Plan técnico fundamental de numeración (1996), plan
técnico fundamental de señalización (1996), reglas del servicio de larga
distancia (1996), reglas del servicio de larga distancia internacional (1996),
reglamento del servicio de telefonía publica (1996), reglamento de comunicación
vía satélite, reglas del servicio local (1997), reglamento de televisión y
audio restringido (2000). [4] Pagina 34, informe de labores, 2000. SCT. 2001 [5] En el programa de desarrollo sectorial 1995-2000
(SCT, 1996), se establecieron prioridades de intervención social y rural con
los dos primeros niveles del gobierno en dirección de las comunidades
marginadas por la red pública que suman 27700 localidades de menos de 500
habitantes sin servicio. Según el programa de trabajo 2000 (SCT, 2001), se
planeo en el marco del programa de telefonía rural comunicar antes del fin del
año con al menos un aparato telefónico a 31083 localidades de entre 100 y 500
habitantes entre ellas 8020 localidades con tecnología celular y satélital. [6] Programa de trabajo 2000. SCT, 2001 [7] Versión estenográfica de la conferencia magistral del
arquitecto Pedro Cerisola y Weber, Secretario de Comunicaciones y Transportes,
titulada El Rumbo de las Telecomunicaciones en México. World Trade Center
México, Expo Comm México 2001. SCT, 2001. [8] Axtel, Alestra, Unefon, Pegaso, Iusacell, Telcel,
Avantel, Bestel, Telmex, Centro Nacional de Desarrollo Municipal y del Sistema
Nacional de Información Municipal (Secretaría de Gobernación), y funcionarios
del Sector Comunicaciones y Transportes. Boletín de prensa del 5 de enero del
2001, SCT, 2001. [9] Para el caso de Estados-unidos véase el trabajo de B.
Sanyal. 2000. From dirt road to
information superhighway. Advanced information technology and the futur of the
urban poor. In Cities in the telecommunications age. The fracturing of
geographies. J.O. Weeler; Y. Aoyama; B. Warf editors. Routledge. pp: 143-157. [10] La ciudad de Tijuana esta posicionada por varios
estudios y tipologías dentro de los primeros rangos nacionales de bienestar
(Ranfla et al, 2001), su red de fibra
óptica tendida por la concesionaria de televisión por cable generó en el
2001alrededor de 500 contratos de cable visión
y solo 20 conexiones a la Internet por cada kilómetro de cable (Zeta,
28-04/10/2001, pagina 34-A). Este ejemplo ilustra de manera clara que aunque
existe la infraestructura y un potencial de adquisición del servicio, la
adopción de la Internet en general y las plataformas alternas en particular
puede ser muy baja. [11] Los estudios enfocados a las barreras en
telecomunicación ponen en relieve varios aspectos relacionados a la pertinencia
étnica, socioprofesional y territorial como factores determinantes en al acceso
a las nuevas tecnologías de información, varios censos y encuestas, reflejan de
manera bastante contrastante estas diferencias (Button y Rossera, 1990; Zook,
1998 y 1999; Kellerman, 2000) [12] Algunos ejemplos documentados en Graham y Marvin
(1996) describen en algunos casos de prestadores de servicio como los bancos
una estrategia a reducir su presencia en el mundo real fortaleciendola en las
redes telemáticas, generando así una reorganización de los espacios urbanos
acompañada de una deserción de los barrios pobres o mal integrados a la
ciudad. [13] Una evaluación europea de 25 proyectos de desarrollo
en el marco del programa ORA (opportunities
for rural area) que se llevaron a cabo en 8 países al norte y al sur de
Europa apunta en el diagnostico de éxito o fracaso de la iniciativa hacia
parámetros sociales, económicos y organizacionales, así como aspectos
relacionados con los efectos de la tecnología relacionada a su contexto de
aplicación (Véase la publicación de N. Bertrand, 2001). [14] El coeficiente de variación es un índice para la
medición de la heterogeneidad espacial dentro de un conjunto de individuos (en
nuestro caso los 32 estados de la republica mexicana) a partir de la relación
de la desviación estándar a la media ( [15] Bowie (1990), encontro que frente a la tasa casi
universal del 93 % de penetración del teléfono en viviendas de Estados-unidos,
la tasa para los hispanos y negros es del 81% y solo 71% para los negros de la
área rural. Graham y Marvin (1996) mencionan una serie de estudios que muestran
en el Reino Unido diferencias regionales de las tasas de penetración de la
telefonía oscilando entre 74% y 89%, al nivel de los newcastle la diferencia varia del 55% al 91% y adentro de un newcastle council state se encontró una
tasa del 26%. [16] La teledensidad fué calculada con datos de la COFETEL
(Informe de labores, 2001) y la proyección retrospectiva de la población a
partir de datos del INEGI: Censo XI de población y vivienda de 1990, conteo de
población y vivienda de 1995, encuesta nacional de la dinámica demográfica
1997, XII censo de población y vivienda 2000 (muestra censal). Los ingresos en
salarios mínimos fueron proyectados a partir de las mismas fuentes y fechas
utilizadas para la estimación de población. El dato del PIB en Pesos de 1993
fue tomado para 1993 hasta 1999 de la publicación "Producto interno bruto
por entidad federativa (INEGI, 2001), por otros años el PIB fue estimado a
partir de sus valores en las fechas disponibles. [17] El promedio de la teledensidad residencial nacional
pasó de 5.08 líneas por 100 habitantes en 1992 a 7.56 en 1999, en el sector no
residencial, se registró una teledensidad promedio de 1.98 en 1992 que no
creció mas allá de 2.70 en 1999. [18] El Censo de población y vivienda del 2000 (muestra
censal, 2001), menciona un porcentaje del 36.21% de viviendas habitadas con
acceso al teléfono. [19] Promedio nacional de líneas residenciales por
vivienda habitada es calculado con el número de líneas en 1999 (COFETEL) y el
número de viviendas habitadas en del XII censo de población y vivienda del 2000
(Muestra censal, 2001). El promedio nacional de líneas no residenciales por
unidad económica es calculado con el número de líneas no residenciales de 1998
(Cofetel, 2001) y el número de unidades económicas del censo económico relativo
el periodo 1998 (Inegi, 1999). En el segundo cálculo, no se tomó en cuenta las
unidades de producción agrícola. [20] La teledensidad fue calculada con datos de la COFETEL
(Informe de labores, 2001) y la proyección retrospectiva de la población a
partir de datos del INEGI: Censo XI de población y vivienda de 1990, conteo de
población y vivienda de 1995, encuesta nacional de la dinámica demográfica
1997, XII censo de población y vivienda 2000 (muestra censal). [21] Banister. N. 1994. Go-slow on the european multimedia
superhighway. The Guardian, 26 october. [22] El caso americano se caracteriza por la penetración
residencial más alta de computadoras y destaca en 1997 una masa de 21 millones
de activos que han hecho al mínimo una parte de su trabajo en casa y casi la
mitad de ellos usaron la computadora para hacerlo (Work at home in 1997, United
States Department of Labor. 1998).
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