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Repercusiones
culturales del fenómeno de Internet. Una aproximación desde la Antropología Javier Eloy Martínez Guirao Universidad Miguel Hernández, Elche RESUMEN En la
presente comunicación reflexionaremos desde una perspectiva antropológica sobre
la influencia de Internet en los diferentes grupos humanos y las modificaciones
culturales que puede provocar en ellos. En la historia reciente, las culturas
han entrado en contacto unas con otras, reduciendo las distancias en el tiempo,
hasta llegar a lo que actualmente se denomina la “aldea global”, fenómeno que
se ha acrecentado con la introducción de Internet. Por ello hemos de evaluar y
analizar desde la antropología aspectos como sociabilidad, identidad, conceptos
de tiempo y espacio, sexualidad, etc. y cómo influye la Red en ellos. De este
modo, debemos estudiar la ilimitada transmisión de las representaciones
ideológicas hegemónicas de la sociedad occidental a través de Internet y el etnocentrismo
y androcentrismo de su discurso. En definitiva, nos interesa todo lo que, desde
Internet, repercute en la cultura. SUMMARY In the present communication we will meditate from an
anthropological perspective on the influence of Internet in the different human
groups and the cultural modifications that it can cause in them. In the recent
history, the cultures have entered in contact some with other, reducing the
distances in the time, until arriving to that at the moment is denominated the
global village", phenomenon that has increased with the introduction of
Internet. For we must evaluate it and to analyze from the anthropology aspects
like sociability, identity, concepts of time and space, sexuality, etc. and how
it influences the Net in them. This way, we should study the limitless
transmission of the representations ideological of the western society through
Internet and the ethnocentrism and androcentrism of their speech. In
definitive, it interests us all that that, from Internet, it rebounds in the
culture. PALABRAS
CLAVE: Antropología, objeto de estudio, Internet,
globalización, transmisión de valores, aculturación. Introducción En la presente
comunicación reflexionaremos desde una perspectiva antropológica sobre la
influencia que Internet ejerce en los diferentes grupos humanos y las
modificaciones culturales que puede provocar en ellos. En la historia reciente
las culturas han ido entrando en contacto unas con otras reduciendo las
distancias en el tiempo, hasta llegar a lo que actualmente se denomina la
“aldea global”, fenómeno que se ha acrecentado con la introducción de Internet.
Cada vez es mayor el número de usuarios de la Red, y por ello hemos de evaluar
las posibles consecuencias y analizar desde la antropología procesos tales como
choque cultural, aculturación, socialización y difusionismo cultural. De este
modo, debemos estudiar la ilimitada transmisión de las representaciones
ideológicas hegemónicas de la sociedad occidental a través de Internet y el
etnocentrismo y androcentrismo de su discurso. Evolución del objeto de
estudio de la antropología. El nacimiento de la ciberantropología. Nos hallamos inmersos en
una época de cambio profundo en las estructuras socioculturales de las diversas
culturas. El actual fenómeno de la globalización contribuye firmemente a ello,
llevándonos a una situación en la que los antropólogos, como en otras ocasiones
a lo largo de la historia de nuestra disciplina, se están replanteando
constantemente cuál es y cuál puede o debe ser su objeto de estudio. Ya es
extensa la bibliografía que aborda esta tesitura que algunos autores califican
como “crisis en la antropología”. Bien es cierto que hace
algún tiempo que pasó la que pudo ser la época dorada de la antropología, en la
que el estudio de los pueblos exóticos, lejanos y desconocidos impulsaron a
esta ciencia social. Cada vez son menos los que se aventuran a estudiar esos
lugares “perdidos” que la globalización ha acercado tanto a nosotros que ya nos
resultan familiares. Pero de la misma manera
que se cierran fronteras, se nos abren nuevos campos de estudio. En un primer
lugar se añadió a la “otredad lejana” la “otredad cercana”, comenzó entonces el
interés por los grupos socioculturales que habitaban en nuestro entorno, pero
que mantenían su propia cultura. Es en la última década
cuando se afianza un nuevo objeto que augura constituir una cultura alternativa
a la real, la llamada cultura virtual o cibercultura. Fue en 1992, durante la
conferencia anual de la American Anthropological Association cuando se
reconoció la ciberantropología como disciplina académica a la vez que se
afianzaron los conceptos de cibercultura y ciberespacio (Faura, 1998). Introducción
a la historia de Internet. Situación actual y perspectivas de futuro La idea original de Internet
surgió a principios de los años 60, en plena Guerra Fría, cuando los organismos
militares estadounidenses trataban de establecer medidas de seguridad ante un
hipotético ataque nuclear. Para ello diseñaron una
red que permitiera mantener las comunicaciones, Arpanet, antecesora de Internet
que nació a finales de la década. A lo largo de los años 70
se crearon diversas redes que, debido a que utilizaban lenguajes de trasmisión
de datos diferentes, no podían comunicarse entre ellas. Fue en 1974, cuando
este lenguaje se unificó, permitiendo a todas éstas conectarse a una misma red.
El nacimiento de Internet podemos situarlo en 1983, cuando Arpanet se separa de
la red militar. En unos años ya podremos
apreciar las primeras repercusiones culturales, con la formación de grupos
socioculturales derivados de la Red: “A finales de los ochenta
se publica "Cuckoo's Egg" de Clifford Stoll que relata la
historia real de un grupo de crackers alemanes que lograron acceder a varios
organismos estadounidenses, lo que quiere decir que se empieza hablar de
hackers, crackers y demás colectivos de gente relacionados con la Red.”[1]
Fue en 1990 cuando se
introdujo el concepto de página web en EEUU y en 1992 se reconoció desde la
antropología a la Red como un “espacio cultural”. Un año más tarde, en 1993, se
creó en España el primer servidor web. Podemos considerar 1995
como el nacimiento de la Internet comercial, con lo que los intereses
económicos por parte de las empresas significaron para la difusión de la misma.
Desde entonces el crecimiento de la Red ha sido imparable y la inclusión dentro
de las diferentes culturas, y como cultura propia ha sido muy explícita. Como todos sabemos “a
partir de aquí la escalada de tecnología es impresionante. Se desarrollan los
motores de búsqueda que rápidamente añaden búsquedas inteligentes en varios
idiomas. El lenguaje Java empieza a pegar fuerte y se desarrollan tecnologías
como entornos virtuales (VRML) o el teléfono por Internet, que permite la
conexión con todo el mundo a precio de llamada local. Se desarrolla de una
manera definitiva el comercio electrónico, para comprar productos y servicios a
través de Internet. Se pueden ver cientos de televisiones y escuchar radios de
todo el mundo en tiempo real. Los bancos se asientan en la Red y la gente
empieza a ceder en su miedo inicial, confiando en la seguridad que ofrecen los
servidores seguros. Aparecen los primeros virus de HTML (...).La tecnología de
telefonía móvil y la de Internet finalmente se unen para poder acceder desde
los teléfonos móviles a la red de redes. (...) el WAP Forum (...) hoy
agrupa al 90% de los fabricantes de teléfonos móviles y cubre unos 100 millones
de teléfonos en todo el mundo.”[2] En la actualidad podemos
encontrar en Internet más de 2.000 millones de páginas web, siendo el número de
usuarios en el mundo de 259 millones de personas (López. y Vargas,. 2000). Todo parece presagiar que
en los próximos años el número de usuarios de la Red se incrementará
considerablemente, de la misma forma que ésta seguirá evolucionando y
ofreciendo nuevas aplicaciones y posibilidades. Globalización
e Internet. Consecuencias Cuando los ya célebres
antropólogos de la escuela alemana basaron su marco teórico en el difusionismo
cultural, éste todavía se encontraba en cotas muy inferiores al existente en
nuestros días. Hemos de remontarnos a
siglos pasados si queremos observar cómo, los avances en los medios de
transporte, nos mostraban los primeros indicios de la actual globalización. Fue
con el descubrimiento de los medios de comunicación (teléfono, radio y
televisión) cuando los efectos de la misma se introdujeron en los propios
hogares de las gentes, efectos que se han visto notablemente acrecentados con
la aparición de Internet. En la actualidad
concebimos un mundo en el que las culturas están en contacto unas con otras,
las decisiones que toman algunos gobiernos repercuten directamente sobre la
vida y costumbres de los demás lugares del planeta, prácticamente no existen
culturas aisladas, viniendo a formar parte de lo que hoy en día se denomina
globalización o “aldea global”. Como sabemos, cada
sociedad posee un conjunto de normas, valores, creencias, costumbres,
prácticas, ideas, etc. que conforman su cultura. Cuando dos culturas entran en
contacto, se produce un choque cultural que se resuelve adoptando cada una de
ellas elementos de la otra como suyos. Cuando existe una pérdida de aspectos
culturales propios estaremos hablando de aculturación. El fenómeno de la
globalización, reflejado en estas líneas en la Red, ha puesto en contacto a
unas culturas con otras, haciendo manifiestos en ellas los procesos
anteriormente citados, provocando a su vez cambios en los patrones culturales.
Por ello “Internet y las comunicaciones mediadas por ordenador (CMO) han
alterado, en menos de un decenio, las costumbres comunicativas, expresivas,
lúdicas, laborales, económicas, políticas y culturales de un gran segmento de
la población (occidental)” (Mayans, 2002). Esto podría hacernos pensar en
Internet como una fuerza que tiende a homogeneizar al hombre y la cultura, bajo
la influencia del discurso dominante en la Red. Pero también hemos de tener
presente que ésta constituye un medio idóneo para que sectores desconocidos o
no dominantes, tanto de nuestra sociedad, como de las más remotas, nos hagan
llegar sus ideas y modos de pensar, y en consecuencia, su cultura. Si analizamos la Red podemos
entenderla como una macrocultura virtual que engloba a todas las culturas que
tienen acceso a la misma. Los elementos propios de cada una de ellas, que están
presentes en el mundo real, se darían, filtrados por las limitaciones de la
informática, en la Red. De este modo, encontramos en todo momento, dos culturas
en contacto, la real y la virtual, las cuales reciben influencias mutuas. Así,
“existe una rica y compleja dialéctica entre la sociedad real y la sociedad
virtual (...) una influye sobre la otra y viceversa” (Manrique, 1997). Por ello, la antropología
deberá estudiar tanto la sociedad virtual, que constituye un nuevo campo de
estudio, como la sociedad real y las repercusiones culturales de estas nuevas
estructuras. Como señala Téllez
(2002), “(...) hay que tener presente el mundo real de quienes estudiamos en el
mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios de Internet que
analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre ambos mundos
están difuminadas e interconectadas.” Para aproximarnos a las
consecuencias reales de este intercambio entre culturas, hemos de valorar qué o
quiénes tienen acceso a la Red, y cuál es el discurso predominante. El
discurso de Internet En un primer momento,
hemos de ser conscientes de que no todos los miembros de todas las culturas
tienen acceso a la Red. Hoy en día éste requiere un desembolso económico que no
está al alcance de muchos. Actualmente Estados Unidos encabeza el número de
cibernautas, siendo los denominados “países de tercer mundo” los que quedan más
rezagados. Lo mismo ocurre con las páginas web y recursos disponibles. Por
esto, gran parte de ellos podemos encontrarlos en lengua inglesa, con todas las
connotaciones que este sistema lingüístico implica y que son producto de su
cultura. Vemos pues que existe una transmisión de las representaciones
ideológicas hegemónicas de la sociedad occidental, bajo un discurso
fundamentalmente etnocéntrico. La
actitud etnocéntrica consiste en considerar las prácticas, creencias y costumbres
de la comunidad o cultura donde nos hemos formado como superiores a las de
culturas diferentes. Tal sentimiento de superioridad suele apoyarse en la
pretensión de que nuestros usos y costumbres son universales, de que nuestra
cultura ha merecido la preferencia de alguna divinidad o de que es agente de
algún destino histórico que la sitúa por encima de otras cuyas costumbres son
juzgadas, entonces, como equivocadas. Multitud
de textos, artículos, páginas web, conversaciones en chats, etc., nos muestran
este hecho, trasmiten los ideales occidentales como los únicos, criticando de
manera descontextualizada, en numerosas ocasiones, costumbres diferentes a las
nuestras. Junto al etnocentrismo,
hay que destacar el androcentrismo de los discursos de la Red, reflejo de las
representaciones dominantes que se dan en el mundo occidental “real”en relación
al género, que traducen la discriminación del sexo femenino de diversas formas
latentes e implícitas. Así, ya sea por la simple exclusión de lo femenino como
diferente, por la homogenización de género masculino o por el abundante sexismo
de páginas web, videojuegos, imágenes y publicidad, lo cierto es que Internet
continúa reproduciendo las desigualdades de sexo con un marcado discurso
androcéntrico, perpetuando que las diferencias nos hagan desiguales. Repercusiones
y aspectos culturales relacionadas con la Red Llegados a este punto,
vamos a exponer brevemente algunos de los múltiples aspectos culturales que se
ven afectados y modificados por la presencia de la Red o que ésta misma ha
introducido, aspectos todos ellos merecedores de un análisis antropológico
pormenorizado. Conceptos
de tiempo y espacio Cada cultura organiza y
concibe el tiempo y espacio de una manera propia. Así como nuestra cultura
estructura el tiempo en segundos y el espacio en metros, otras se guían por los
astros, por fenómenos y fronteras naturales, o simplemente por acontecimientos
que consideran importantes. Con la llegada de
Internet y con ella de un nuevo modo de acceso a la información, se han
reducido las distancias y aumentado (o reducido, según se mire) el tiempo, no
necesitamos apenas tiempo para llegar a un lugar remoto. Podríamos decir que
tenemos “el mundo al alcance de la mano”. Por ello “(...) el despliegue del
ciberespacio provoca profundos cambios en la percepción de cuestiones tan
elementales como son las nociones de tiempo y espacio” (Manrique, 1997). Pero, para poder
comprender de qué manera puede el ciberespacio interferir en estos conceptos
debemos estudiar cómo se dan en él. En primer lugar, tenemos
que preguntarnos si existe espacio en la Red. Cuando entramos en el cibermundo,
nos encontramos mirando hacia el monitor del ordenador, apreciando un conjunto
de imágenes impresas en la pantalla, una serie de habitaciones y lugares que
carecen de materia física. En ningún momento nos desplazamos del sillón
mientras visitamos diversos portales e interactuamos con otros cibernautas.
Tenemos un nuevo concepto de espacio denominado “espacio virtual” que posee una
serie de características: Se trata de un espacio
“fluido” y cambiante: casi a diario son registrados nuevos dominios y creadas
nuevas páginas web, mientras que otras desaparecen o son censuradas. De esta
manera, y a diferencia del espacio físico, aquél puede verse aumentado de
manera ilimitada. Distancias más pequeñas
que en el mundo real: Podemos desplazarnos de un lugar a otro del cibermundo,
en el que se nos ofrece información, relaciones sociales, comerciales, etc. con
un simple clic en el botón de nuestro ratón, sin percibir ninguna distancia
entre uno y otro. Lo mismo sucede con el
tiempo. A diferencia del mundo real, el tiempo en la Red no tiene principio ni
fin, metafóricamente se muere y resucita una y otra vez. Nacemos cuando
comenzamos a navegar, y fallecemos al salir de la Red. Mientras tanto el tiempo
sigue transcurriendo en ella independientemente de nuestra presencia, pero
siempre tenemos la posibilidad de volver a entrar y salir repetidamente. Cuando hablamos de la
Red, hablamos de una cultura global en la que no existe la noche y el día, no
existe el tiempo estructurado y los fenómenos naturales sólo son percibidos
desde fuera por el cibernauta. De esta forma opinamos
que cada cultura adopta un esquema espacio-temporal basado en su experiencia.
Cuando las distancias se perciben menores y el tiempo pierde su relevancia, ese
esquema se ve afectado. Nuevos valores Nuevos valores son
transmitidos dentro de la Red. Algunos de manera explícita, como en páginas
sobre religión, o pertenecientes a grupos espirituales o sectas, otros
implícitos en el discurso. Valores como el honor y
la justicia adoptan connotaciones características en diferentes tipos de juegos
y videojuegos. Ideales derivados de la
cultura japonesa de los samurais se ven reflejados en los videojuegos de lucha,
juegos de rol y películas de estilo manga japonés, mientras que
videojuegos de guerra americanos nos trasmiten valores propios de su discurso y
cultura. Sociabilidad.
Nuevas relaciones sociales Como señalan algunos
autores (Escalera, 2000) los estudios antropológicos sobre el campo de la
sociabilidad, escasamente abordado por lo demás, se han visto circunscritos
principalmente a los tiempos, lugares, actividades e instituciones que tienen
como rasgo común la puesta en contacto de los individuos, con lo que su
explicación se mantiene en la presunción de la existencia de un "homo
sociabilis" universal. Las manifestaciones de sociabilidad no son
consideradas como hechos sociales, sino como emanaciones diversas y espontáneas
de esa necesidad humana instintiva universal, que afectaría por igual a todos
los individuos, independientemente del sector y clase social, sexo, grupo de
edad a que pertenezcan, y que se expresaría en la frecuentación de bares y
cafés, en el gusto por las fiestas, en la participación en las asociaciones, en
la práctica de los deportes. Se hace precisa la delimitación del ámbito de la
sociabilidad y el establecimiento de postulados teóricos explicativos sobre la
misma que respondan a su naturaleza como aspecto de la realidad sociocultural. La Red constituye un
ámbito en el que se establecen numerosas relaciones sociales, que algunas veces
son extrapoladas y continuadas en el mundo real. Dentro del medio real los
cibercafés constituyen un elemento destacable, mientras que los chats, foros de
debate, grupos de intereses comunes, son un contexto virtual de sociabilidad. Así,
podemos establecer tres tipos de navegantes:
Grupos sociales en el ciberespacio. Comunidades
virtuales. Nuevas identidades En nuestra opinión, las
identidades, como construcciones sociales, juegan un papel central en el
desarrollo de los procesos socioculturales, con respecto a las cuales
entendemos que el campo de lo político se revela como elemento fundamental, en
una doble relación que hace a lo identitario un capital político de primera
magnitud, y a lo político un campo esencial para la comprensión del desarrollo
y cristalización de identidades e identificaciones (Escalera, 2000). La
identidad se construye a partir de la diferencia, involucrando procedimientos
de inclusión y exclusión. Esta lucha simbólica por imponer una determinada
visión del mundo, que se procesa en la vida cotidiana, está permanentemente en
función de la mirada del otro, la identidad del actor social es el resultado de
dos definiciones: la externa y la interna. Por un lado encontramos, pues, las
clasificaciones originadas en el "exterior" del grupo, que muestran
cómo el grupo es reconocido por los demás. Por otro lado, esta definición se
completa con la identidad que "parte" del interior del grupo; las
formas en que la identidad es simbólicamente representada por ese mismo grupo.
Estas dos direcciones que intervienen en la construcción de identidades
sociales, se articulan en forma compleja. La
difusión de la Red ha traído consigo el establecimiento de nuevas identidades
constitutivas de diferentes grupos socioculturales, algunos dentro del
ciberespacio, otros no. Llamaremos
comunidades virtuales a aquellos grupos cuyo espacio de interacción está
constituido dentro de la Red. Así pues, los hackers, los integrantes de foros
de discusión o grupos de intereses comunes, los participantes de los juegos de
rol y en línea serían ejemplos válidos. Del mismo modo, cuando
las distancias físicas no lo impiden, también se pueden establecer comunidades
con intereses comunes relativos a la informática o en el caso que nos ocupa a
Internet. De cualquier forma, todo
esto implica cambios en las relaciones sociales dentro del mundo “real” o
físico, donde los demás sentimientos de identidad o pertenencia al grupo podían
quedar modificados o, en algunos casos casi eclipsados, por lo acontecido en la
red. Así pues, “las
identidades de la sociedad virtual no son excluyentes frente a las de la
sociedad real, pero sin duda redefinirán profundamente la propia forma como se
construyen todas las identidades” (Manrique, 1997). Identidad
del “anonimato”, doble y múltiple identidad Hasta ahora, al menos en
nuestra cultura, cada ente cultural adoptaba una identidad dentro del grupo,
que definiría su posición en el mismo. Un nuevo concepto de
identidad surge implícito en la Red. Paralelamente al mundo real, resulta
posible la adopción de diferentes roles dentro de distintos grupos virtuales, o
incluso cambiarlos una y otra vez dentro de la misma comunidad. Esto es
factible debido a otro factor, hasta ahora inusitado, como es la identidad del
“anonimato”. El cibernauta, cuando
está navegando, se halla en un mundo que percibe independiente, donde su vida,
sus relaciones, sus intereses y todos los elementos que conformen su identidad
en el mundo real, se hallan aparentemente “a salvo”, y no pueden ser
descubiertos. Relaciones de sexo y género Los conceptos de
identidad del “anonimato”, doble y múltiple identidad, señalados en el punto
anterior, permiten que se vean, en algunas ocasiones suprimidas las diferencias
de sexo y género. El cibernauta puede adoptar el rol de sexo y género que más
le interese en cada momento. Sin embargo, el
androcentrismo del discurso dominante nos sugiere que las construcciones
occidentales del sexo y género son transmitidas. Comercio en Internet Nuevas formas de
distribución de la mercancía y diferentes servicios se abren ante nosotros. Numerosas tiendas que
ofrecen todo tipo de productos proliferan en la Red. Páginas que permiten a los
usuarios subastar sus propios artículos y comprar, páginas para realizar
inversiones en bolsa, casinos, el acceso mediante pago a páginas pornográficas,
la publicidad en Internet, etc., además de la posibilidad de realizar
operaciones bancarias a través de Internet, son algunos de los aspectos que
merecerían estudios en profundidad y que están modificando los hábitos
mercantiles tradicionales. Ocio y tiempo libre. Turismo Por un lado, la Red
constituye una poderosa fuente de ocio que los cibernautas utilizan para
disfrutar su tiempo libre. Juegos en red, conversaciones en chats, información
sobre curiosidades o temas que les pueden resultar de interés son algunos de
sus elementos. Por otro, es una fuente
de recursos a los que muchos acuden para planificar su tiempo de ocio y
vacaciones. Las agencias de viajes ofrecen paquetes turísticos en sus páginas
web, permitiendo la contratación del servicio desde los propios hogares. Se conforma pues una
nueva construcción cultural del ocio y el tiempo libre en, y a través, del
ciberespacio. Educación Una serie de recursos
didácticos proliferan continuamente en Internet, siendo adoptados en los
últimos tiempos por las instituciones educativas con la intención de mejorar la
calidad de la enseñanza. Paralelamente surgen titulaciones universitarias
impartidas por videoconferencia en la que la distancia física deja de ser óbice
para el acceso a las mismas. Comunicaciones. Ámbito privado. Ámbito público En el sector de las
comunicaciones, Internet se afirma cada vez más como una alternativa de las
tradicionales. El e-mail y las videoconferencias se han implantado
recientemente como elementos de uso habitual. Poco a poco el correo electrónico
se ha convertido en un serio competidor del correo ordinario. Éste, que implica
un gasto económico y un tiempo para trasladar la correspondencia, tiene como
competidor a un medio que no presenta tal coste y de resultados casi
inmediatos. Igualmente, el teléfono
por Internet, que permite realizar llamadas a cualquier parte del mundo a
precios muy reducidos, las videoconferencias, que ofrecen la posibilidad de la
imagen, etc. son algunos de los recursos que ofrece la Red y que resultan muy
útiles y sugerentes tanto para usuarios particulares como para empresas y
multinacionales. Por otro lado, las
televisiones y emisoras de radio de diversos lugares del mundo, que antes
resultaban inaccesibles, ahora se hallan presentes en cualquier ordenador
personal. La prensa digital gratuita, la posibilidad de consultar diversos
tipos de documentos están modificando el concepto de interacción social. Sexualidad Numerosas páginas web
orientadas a la pornografía, denotan las construcciones culturales occidentales
del erotismo y la sexualidad. Una vez más, la identidad
del “anonimato” permite al cibernauta navegar, dentro de su mundo privado, por
páginas pornográficas de su interés. Cabe
destacar que el mayor número de páginas de Internet están relacionadas
con la pornografía. La privacidad que
adquieren los navegantes, junto al número de páginas relacionadas con la
sexualidad, nos permiten intuir la construcción del sexo que, como tabú, se
sigue dando en la sociedad occidental. Nuevos dioses y demonios. La sacralización y demonización de la Red Siempre que sucede un
acontecimiento de suficiente magnitud como para modificar las estructuras
culturales de un grupo, surgen todo tipo de juicios cuestionando los efectos
que éste provoca. Lo mismo ha acontecido con Internet. La posibilidad de obtener
información ilimitada, de contactar con personas lejanas en el espacio, de
comerciar, etc. confieren a la Red, para algunos un estatus ideal. Estatus que
se ve degradado cuando concebimos Internet como fuerza destructora de la
cultura, homogeneizadora, como sustituto del mundo real en las relaciones
sociales, etc. De esta forma, la Red suscita reacciones paradójicas, tanto de
idolatría como de condena. Nuevas adicciones. Adicción a Internet Como ya hemos señalado
anteriormente, la adopción de un rol virtual demasiado sugerente puede eclipsar
o en algunos casos anular las relaciones sociales dentro del mundo real. Por
ello aparece un nuevo fenómeno consistente en la adicción a ese mundo virtual,
más gratificante (para algunos cibernautas) que el primero. Por otro lado, muchos de
los usuales usuarios de la Red, se han habituado a leer cotidianamente el
correo electrónico casi de forma compulsiva o a consultar la información
ofrecida por los diarios digitales, entre otros ejemplos, hasta el punto de que
el acceso a éstas tecnologías puede presentarse, para algunos, como una
necesidad ineludible. Estos comportamientos dependientes de la Red inducen a
ser calificados de adictivos. Nuevos miedos. Virus y terrorismo en la red, pérdida de la privacidad La garantía de anonimato
con la que los cibernautas se aventuran en su travesía, no es más que un mero
espejismo. En su mente puede aparecer la imagen de piratas informáticos que se
lanzan al acecho de nuevos botines, en forma de información sobre los
navegantes. En los últimos años, importantes empresas han sido atacadas,
quedando en entredicho sus “invulnerables” sistemas de seguridad. El miedo a que alguno de
los temidos virus se introduzca en su ordenador se hace patente. Sistemas de
seguridad, antivirus y otras armas son utilizados como defensa en un terrorismo
sin policía. Conclusiones Múltiples son los
aspectos que hemos tratado, y mucho más numerosos los que hemos dejado a un
lado y merecen ser objeto de estudio antropológico.(como por ejemplo la
realidad de la libertad en Internet, las nuevas manifestaciones artísticas a
través de la red (art-net), teletrabajo y e-trabajo, medicina y cirugía en la
Red, la guerra, política, etc). Como vemos, un campo casi
ilimitado de estudio, que a su vez presenta notables repercusiones en la
cultura humana, se ha abierto ante los ojos de los antropólogos. La progresión
casi imparable de Internet están situando a la sociedad occidental en el
comienzo de una nueva Era que está modificando los usos y hábitos de muchos
grupos culturales. Ello nos obliga a
realizar un exhaustivo estudio de la Red como estructura cultural reciente y de
las culturas que se encuentran en contacto con la misma. Hemos visto que son
numerosos los aspectos culturales que el antropólogo debe estudiar, y que nos
permiten presagiar, que Internet, a partir de ahora redefinirá, constituyéndose
como fundamental objeto de estudio, el futuro de la antropología. [1] http://internet.fiestras.com/servlet/ContentServer?pagename=R&c=Articulo&cid=983560533438&pubid=982158432634.
Página consultada el 3 de julio de 2002. [2] http://internet.fiestras.com/servlet/ContentServer?pagename=OpenMarket/Xcelerate/Render&inifile=futuretense.ini&c=Articulo&cid=982960573623.
Página consultada el 3 de julio de 2002. BIBLIOGRAFÍA Buxó,
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en proceso de publicación en la revista Quaderns de l'ICA.
http://www.cibersociedad.net/mayans Mayans, J. (2002, en
prensa) “Metáforas Ciborg. Narrativas y fábulas de las nuevas tecnologías como
espacio de reflexión social”. Comunicación presentada en el I Congrés de l'Institut de Tecno-ètica y
en proceso de publicación en las correspondientes Actas del evento. http://www.cibersociedad.net/mayans Miller, D. y Slater, D. (2000) The Internet: An
Ethnographic Approach, London: Sage Téllez, A. (2002) “Nuevas etnografías y
ciberespacio: reformulaciones metodológicas”, Actas del IX Congreso Nacional de
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Identity in the age of Internet, New York: Touchstone
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