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RESUMEN

Se espera que la agricultura alimente a una población humana en aumento, cuyo número se prevé de 8.000 millones de habitantes para el año 2020. Aunque el ritmo de crecimiento demográfico está disminuyendo progresivamente, el incremento del número absoluto de personas que hay que alimentar puede ser tal que, con la tecnología actual, podría alcanzarse pronto la capacidad de carga de las tierras agrícolas. Con una orientación apropiada –asegura la FAO–, nuevas tecnologías, como las biotecnologías, ofrecen una manera responsable de aumentar la productividad agropecuaria ahora y en el futuro.

¿Es pues, la biotecnología la panacea y el método que solucionará, entre otros, éste y otros problemas que se plantean desde organismos como la FAO? Sobre este tema se encuentran dos posiciones totalmente opuestas: hay quienes argumentan que es la mejor solución para paliar la hambruna mundial y quienes dicen que traerá más problemas que soluciones, haciendo referencia a la Revolución Verde de los años cincuenta-sesenta en Asia, ya que el impacto más significativo de la biotecnología es en la agricultura.



Según la FAO, se espera que la agricultura alimente a una población humana en aumento, cuyo número se prevé de 8.000 millones de habitantes para el año 2020. Aunque el ritmo de crecimiento demográfico está disminuyendo progresivamente, el incremento del número absoluto de personas que hay que alimentar puede ser tal que, con la tecnología actual, podría alcanzarse pronto la capacidad de carga de las tierras agrícolas. Con una orientación apropiada –asegura la FAO–, nuevas tecnologías, como las biotecnologías, ofrecen una manera responsable de aumentar la productividad agropecuaria ahora y en el futuro.

Se calcula que 840 millones de personas del planeta Tierra pasan hambre hoy en día. Alrededor de 1.300 millones de personas no tienen acceso al agua limpia, y un número similar, sobreviven con rentas de menos de un dólar al día. 

Parece ser que la biotecnología ofrece una posible solución a muchos problemas que afectan a la producción agropecuaria de los países en vías de desarrollo. Por ejemplo, las soluciones derivadas de la biotecnología, para las condiciones adversas bióticas y abióticas que se incorporen al genotipo de las plantas, pueden reducir la utilización de productos agroquímicos y de agua, y promover así un rendimiento sostenible. Con todo, la FAO considera que los programas nacionales deben asegurar que la biotecnología beneficie a todos los sectores, incluida la población rural de escasos recursos, sobre todo, en las zonas marginales donde el aumento de la productividad será más difícil de conseguir (http://www.fao.org/ag/esp/revista/9901sp1.htm).

Según Luis Lemkow, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Sociología ambiental: «Los avances espectaculares que han experimentado durante las dos últimas décadas la biotecnología en general y la ingeniería genética en particular son responsables, en parte, del intenso debate público sobre las implicaciones éticas, ambientales, sanitarias, sociales y económicas de las modificaciones realizadas por los científicos en el material genético de microorganismos, plantas y animales» (http://www.catunesco.upc.es/revista/Numero2/lemkow.htm).

Ciertamente es un debate que está a la orden del día, cuando son miles de personas las que aún mueren de hambre cada año.

¿Es pues, la biotecnología la panacea y el método que solucionará, entre otros, éste y otros problemas que se plantean desde organismos como la FAO? Sobre este tema se encuentran dos posiciones totalmente opuestas: hay quienes argumentan que es la mejor solución para paliar la hambruna mundial y quienes dicen que traerá más problemas que soluciones.

Biotecnología, transgénicos, ingeniería genética, clonación, y un largo etcétera de términos que tienen, entre otras características, unas profundas connotaciones científicas, socioculturales, éticas...

Lemkov, en su artículo «La sociedad ante los riesgos biotecnológicos», afirma que «la biotecnología se asocia en general con la noción de nuevas tecnologías (...) sin embargo, las biotecnologías datan de antiguo y se remontan muy atrás en la historia (e incluso a la prehistoria). La elaboración de cerveza, la fermentación del yogur y la elaboración de vino representan formas de biotecnología, si se definen a estas actividades como la "aplicación de principios científicos y de ingeniería a la transformación de materias por medio de agentes biológicos para producir bienes y servicios (Roberts, 1990)". Es decir, lo que la mayoría de personas conocemos como productos “naturales”».

 


Nuestro futuro post-humano

En mayo de este 2002, Francis Fukuyama publicaba un libro dedicado a la biotecnología. Se trata de Our post-human future. Consequences of the biotechnology revolution (http://www.enel.net/rumbo/2002/431/colindancias.asp). En él, el autor de El fin de la historia, propone que los gobiernos impongan su control sobre las investigaciones y promulguen legislaciones nacionales e internacionales. Para Fukuyama, «ni la industria ni los científicos deben asumir el control de una revolución que altere el concepto de lo humano y abra el camino más peligroso emprendido por la humanidad». Eso sí, hay que decir que Fukuyama parte de una visión de la biotecnología como algo diabólico y bendito, y afirma que, junto con la promesa de curar enfermedades o de proporcionar alimentos para erradicar el hambre, la biotecnología abre la puerta a la clonación humana, el diseño de niños, las superdrogas o la creación de híbridos entre humanos y animales.

En 1970, el Premio Nóbel de La Paz Norman Borlaug decía: «Los más grandes males que acechan a nuestra tierra son la ignorancia y la opresión, y no la ciencia, la tecnología o la industria, cuyos instrumentos, cuando se manejan adecuadamente, son herramientas indispensables para salvar la sobrepoblación, el hambre y las enfermedades mundiales» (http://www.catie.ac.cr/noticias/notas/nota30.htm).

«Adecuadamente», tal vez ésta puede ser la palabra de la discordia. Joaquim Gascón, médico especializado en medicina tropical y miembro de Medicus Mundi afirma en su artículo «Biotecnología y tercer mundo», que «Hay dos maneras de enfocar el debate sobre la biotecnología. Una es la discusión sobre las técnicas en sí mismas y el impacto que pueden tener sobre los seres vivos incluyendo al hombre; y la otra, es cómo estas técnicas se imbrican en las otras realidades sociales y las impacta». A Gascón le inquieta, dentro del proceso actual de la biotecnología, que ni los mismos científicos que la promueven y trabajan conocen a fondo los caminos que pisan ni los límites.

Un informe encargado por la Comisión Europea, y filtrado a Greenpeace, afirma que todos los agricultores se enfrentarían a un fuerte incremento de costes si los cultivos transgénicos se cultivaran a escala comercial en la Unión Europea. Señala también que la situación sería especialmente crítica en el caso de la producción ecológica de semilla de colza así como en el cultivo convencional de maíz (http://www.ecoportal.net/noti02/n192.htm).

Por otra parte, no es posible lograr el desarrollo agropecuario de muchos países, sobre todo, en vías de desarrollo y superar las condiciones de atraso, sin generar tecnologías que continuamente ayuden a mejorar la productividad, y que además estén al alcance de los agricultores y sean sensibles con el medio ambiente.

Un cambio cultural que se promueva desde occidente; ésta es una propuesta en donde se aprenda a vivir con la naturaleza y no en contra de ésta. Ciertamente, se afirma que la biotecnología ofrece muchas posibilidades. Eso sí, es importante cambiar las reglas de juego. Tal y como afirma Gascón, «Hemos de regirnos por unos criterios (económicos, legales, sociales, éticos...) diferentes de los empleados hasta ahora ya que es de temer que la biotecnología aumentará la polarización entre ricos y pobres y la dependencia que estos tendrán de los primeros». Concluye diciendo que si las prioridades de la biotecnología continúan siendo la rentabilidad y las ganancias inmediatas, ésta será otra manera de colonialismo –o globalización– del siglo XXI»
(http://www.ct.upc.es/catedraunesco/revista/Numero2/gascon.htm).

«La biotecnología es la expresión máxima del camino a la evolución», afirma Josep M. Esquirol, filósofo y director del Instituto de Tecnoética de Barcelona. «Biotecnología es una palabra llena de posibilidades y de riesgos, de esperanzas y de angustias... que nos convierte en autocreadores, es decir, en una especie de dioses».


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Bibliografía citada:

  • PUIGDOMÈNECH, P.; LEMKOW, L.; MUÑOZ, E.; HO, M.; SHIVA, V. SASSON, A.; ESQUIROL, J.; GASCÓN, J., 2000. “La Biotecnología”, Barcelona: Revista de la Càtedra UNESCO a la Universitat Politècnica de Catalunya en Tecnología, Desenvolupament Sostenible, Desequilibris i Canvi Global: Icaria Editorial. 
     
  • ROBERTS, E., 1989, “The Public and Biotechnology”, Dublin: European Foundation.
     
  • Fukuyama, F., 2002. “Our post-human future. Consequences of the biotechnology revolution”: Farrar Straus & Giroux.