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Elementos para una etnografía virtual de las prácticas científicas en la era digital

Autor/-a: Alvaro Cuadra


INEDITO


Este artículo se propone una aproximación de inspiración etnográfica virtual a la llamada e-Ciencia. Tal empresa no es posible sin atender antes a las condiciones de posibilidad que configuran este momento histórico, a saber la convergencia tecnocientífica de la logística, las telecomunicaciones y los lenguajes multimediales que se materializan en la CMC (Comunicación Mediada por Computador). Las mutaciones en curso reconfiguran tanto la dimensión epistemológica como política del quehacer científico en el siglo XXI.

Antes de emprender cualquier análisis comunicacional de cualquier índole, es imprescindible esclarecer algunas de las mutaciones epistemológicas verificadas en este campo disciplinario. Pensar los fenómenos comunicacionales exige una revisión crítica de los supuestos y modelos al uso, poniendo en evidencia sus límites e inconsistencias.

La cuestión puede ser planteada en toda su radicalidad si atendemos a la irrupción de nuevos soportes tecnológicos que han abierto un extenso campo de reflexión. En efecto, la llamada CMC (Computer Mediated Communication) es el objeto de estudio de la llamada “Etnografía Virtual” que ha venido desarrollándose desde hace algunos años en Gran Bretaña y otras partes del mundo.

Una de las paradojas teóricas de nuestro tiempo, radica en el hecho de que junto a las grandes mutaciones tecnocientíficas que redefinen el fenómeno de la comunicación, los modelos que pretenden explicarlo son de inspiración logocéntrico y literaria. Este déficit teórico ha sido advertido por autores como Jameson , por ejemplo. Es claro que este desajuste es un peso a la hora de pensar lo comunicacional, pues como muy bien nos lo recuerda Vilches: “El nuevo orden social y cultural que ha comenzado a instalarse en el siglo XXI obligará a revisar las teorías de la recepción y de la mediación que ponen el acento en conceptos como identidad cultural, resistencia de los espectadores, hibridación cultural, etc. La nueva realidad de migraciones de las empresas de telecomunicaciones hacen cada vez más difícil sostener los discursos de integración de las audiencias con su realidad nacional y cultural”

El fenómeno comunicacional ya no resulta aprehensible desde los modelos al uso, pues éstos, como todo constructo teórico es un producto histórico. De hecho, la concepción misma de la noción de “modelo” es histórica en cuanto ha sido definida en diversos momentos del desarrollo epistemológico de las ciencias sociales. Hoy se entiende por modelo, toda estructura funcionalmente semejante e isomorfa respecto del fenómeno estudiado: habría que decir entonces que los modelos actuales ya no son funcionalmente semejantes ni isomorfos respecto del fenómeno comunicacional tal como se verifica hoy.

De un modo u otro, hoy se anuncia el advenimiento de una nueva civilización cuyas vigas maestras no son sino la comunicación y el consumo. Lo comunicacional emerge así como uno de los ejes en cualquier consideración en torno a la sociedad, la ciencia y la cultura, lo que se ha traducido en las ciencias humanas en el llamado “giro lingüístico”. Así, la lingüística se convirtió en ciencia pionera de la antropología primero y de todas las ciencias sociales, más tarde . Sin embargo, tal preeminencia de lo comunicacional ha sido, en rigor, una preeminencia logocéntrica. Este diagnóstico se hace evidente en la tradición francesa, donde se verifica una estrecha relación de los aportes estructuralistas y la lingüística de Ferdinand de Saussure. Lo mismo, empero, puede detectarse en los desarrollos de Austin en la llamada filosofía del lenguaje, y los aportes ulteriores, que ponen de manifiesto su raigambre pragmática lingüística en la taxonomía de los speech acts La langue y la parole han sido las categorías fundamentales de cualquier reflexión en torno a la comunicación humana.

Tomaremos como modelos de referencia dos aportes teórico comunicacionales relativamente recientes, a saber: el llamado modelo lingüístico de Roman Jakobson y la Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas. Ambos modelos señalan lo que a nuestro entender han sido los vectores para pensar la comunicación: Los modelos psicogenéticos y las teorías comunicativas sociogenéticas.

Nuestra hipótesis de trabajo se instala en un nuevo vector para pensar el fenómeno comunicacional: una teoría comunicacional en red de índole tecnogenética. Con ello queremos subrayar el papel constitutivo de la tekhné en la fenomenología comunicacional. Sostenemos que la actual convergencia tecnocientífica, tanto logística como de transmisión, ha transformado no sólo los códigos y lenguajes de la comunicación sino el fenómeno mismo de la comunicación, en su dimensión psíquica y social.

Se impone una advertencia: no nos anima ninguna tentación “mediológica” , ni mucho menos un paradigma sistémico performativo. Desde un punto de vista teórico, nuestro horizonte es menos ambicioso, queremos describir el papel cada vez más preponderante de las tecnologías en el ámbito comunicacional, al punto de transformar las dimensiones propiamente psicogenéticas del fenómeno así como las prácticas e interacciones sociales asociadas a él.


1.2.- Comunicación y memoria: el usuario

En el modelo comunicacional de Jakobson, la noción de “memoria” aparece de modo tácito asociado al código lingüístico Se trata, por cierto de una memoria inmanente al hablante, es decir, al psiquismo humano. Tanto es así que la “langue” se define en la lingüística descriptiva como de naturaleza psíquica, mientras que el habla se entiende como de naturaleza psicofísica. La memoria a la que remite Jakobson es, en última instancia, una memoria psíquica.

Hagamos notar que la oposición entre “paradigma” y “sintagma” remite a una concepción mecánica en cuanto un “archivo” o “kardex” clasificatorio permitiría la selección y elaboración de secuencias lineales o cadenas que se despliegan temporalmente. Ha sido esta concepción la que de un modo u otro ha inspirado los desarrollos posteriores en las nuevas teorías o gramáticas textuales hasta el presente. Si bien constituyó un invaluable punto de partida, en la actualidad resulta más que problemático pensar los “hipermedios” desde esta matriz.

En el modelo comunicacional de Habermas, hay por lo menos tres condiciones de posibilidad para la comunicación, estas son: el lebenswelt o mundo de la vida, la cultura toda y el lenguaje. De algún modo, se extiende la noción básica de código, ya no basta el saber de diccionario, es decir el conjunto de competencias lingüísticas sino que es imprescindible considerar el saber enciclopédico, esto es, las competencias histórico-culturales que hacen posible la interacción. El portador de este saber es, desde luego, un “actor social” capaz de ejecutar actos comunicativos. Este actor social es pues el portador de una memoria lingüística y cultural, una memoria psíquica que se expresa socialmente mediante un tramado de acciones comunicativas cuyo fundamento se encuentra en el habla. La memoria psíquica se actualiza como habla, es decir como realidad psicofísica que redunda en actos de habla. Estos actos bien pueden ser de carácter dramatúrgico, normativo o conversacional, según sea el nivel de referencialidad al que remitan. Así, las acciones dramatúrgicas remiten al mundo subjetivo, las acciones normativas al mundo social y las conversaciones al mundo objetivo.

La memoria en el modelo comunicacional de Habermas posee dos dimensiones: por una parte, es memoria psíquica inmanente al lenguaje y por otra, es cultura, es decir “registro”: psíquica y social al mismo tiempo. La comunicación en este modelo se concibe como un juego constante de actos de habla. Así entonces, lo social queda definido como todo acto mediado por el lenguaje. El lenguaje, a su vez, es memoria psíquica y condición de cualquier forma de memoria social.

Sea que concibamos al “emisor” como origen y fuente de carácter humano o como “actor” en un tramado de juegos de lenguaje, la memoria aparece como una facultad humana inmanente al psiquismo. Tal concepción aparece problemática a la hora de pensar la comunicación en red.

Lo primero que llama la atención es la mutación que sufre el supuesto sujeto de la comunicación que ha devenido, hoy por hoy, “usuario”. Esta noción sólo es concebible como una función de sistema red, es decir, parte constitutiva de una red de flujos interactivos y multidireccionales. Usuario quiere decir “ser parte activa de” la red, sea como emisor, sea como receptor, sea como actor o como mero espectador. Como nuevos Ulises del siglo XXI, los “internautas” navegan por este océano virtual, siendo red, un modo oblicuo de decir: siendo, “nadie”.

Cualquier modelo comunicacional en red debe hacerse cargo del usuario-nodo, portador no sólo de una memoria psíquica y social sino que de una tecno – memoria propia de su entorno. Esta nueva mnemotecnología existe hace más de medio siglo y se llama, en concreto, disco duro y ha modificado radicalmente la logística de las comunicaciones, es decir su capacidad de almacenamiento, mediante los así llamados”sistemas retencionales terciarios”. Cada disco de una PC es el reservorio tecnológico de una memoria potencial extendida al conjunto de usuarios a nivel planetario. Es evidente que no todas las memorias son de libre acceso, no obstante, el conjunto de datos almacenados en cada disco es, en rigor, una memoria red que puede actualizarse en algún momento. Existe, no obstante, una red especializada en la función logística, son aquellos nodos que ofrecen diversas Bases de Datos, sea bajo la forma de bibliotecas virtuales u otras.

El usuario, en cuanto dispositivo funcional del sistema red no sólo lo es en cuanto nodo interactivo en una red de telecomunicaciones sino también en cuanto reserva de datos. Esta realidad se ha tornado más evidente con la irrupción de los llamados blogs. Así, la noción de usuario es el eje de cualquier examen informático o telecomunicacional.

La “memoria local” (A’), contenida en un equipo-usuario (A) resulta ser un sistema retencional terciario de dos dimensiones: un código base (código binario) y un repertorio de lenguajes que incluye escritura alfanumérica, imágenes fijas, imágenes en movimiento y sonido. Las posibilidades de lenguaje están condicionadas por la “inteligencia” del equipo, mientras que las posibilidades de comunicación están condicionadas por la calidad de la conexión a la red de telecomunicaciones. Hagamos notar que si bien la “inteligencia” del equipo es propia del PC, ésta es patrimonio de la red en cuanto ella hace posible los “lenguajes de equivalencia”, es decir la transmisibilidad (emisión/recepción) y traducibilidad de los mensajes. En pocas palabras, la “memoria local” no es sino una manifestación de la memoria red, desde todo punto de vista ésta ha sido concebida como un “caso” de la memoria red. Por ello, un Modelo Comunicacional en Red, sólo es concebible como una totalidad multipolar de nodos integrados entre los cuales se verifican los flujos mensaje, como paquetes de información, según los códigos y lenguajes patrimonio de la red.


1.3.- Referencialidad: contextos y transcontextos

En el modelo lingüístico de Jakobson, se entiende el contexto comunicacional como el asunto, tema del que trata un mensaje dado . Se asocia a la función referencial en cuanto uso denotativo y cognitivo del lenguaje. Todo mensaje porta, por tanto su referencia. El referente es el objeto extralingüístico que se quiere designar. Es claro que la asociación entre significado y referencia es bastante opaca, al punto de que algunos autores redefinen la referencia como un “contenido cultural”.

El modelo de la acción comunicativa, discrimina con mayor sutileza los diversos niveles de referencia posibles. En este punto el modelo apela a las tesis de Kart Popper y Jarvie, proponiendo tres mundos de referencia: el mundo subjetivo, el mundo social y el mundo objetivo. De manera tal que los distintos actos de habla van a actualizar, estatuyendo su validez. Por ejemplo, los “actos de habla representativos”, aquellos susceptibles de ser verdaderos o falsos, adquieren legitimidad en el mundo objetivo, estatuyendo su pretensión de validez en la “verdad”, es decir en la conformidad o disconformidad de un enunciado respecto a la referencia.

Las nuevas condiciones creadas por un nuevo sistema mnemotécnico en red, la llamada e – Comunicación, ponen en cuestión la noción misma de referencialidad. Basta pensar en entidades virtuales metafísicamente substantivadas, sea que los llamemos simulacros o realidades virtuales En el contexto histórico y cultural de la hiperreproducibilidad digital y, por ende, de una hiperindustrialización de la cultura, la videomorfización ha hecho posible la irrupción de imágenes anopticas y arreferenciales que, no obstante, constituyen contenidos culturales hipermasivos. La noción de referencialidad o contexto es desplazada por la noción de “transcontextos virtuales”, esto es: constructos digitales que operan como dispositivos en el espacio comunicacional. Al igual que el arte de las vanguardias, la virtualidad emancipa al signo del lastre referencial, sin embargo, tal emancipación no constituye la abolición de los contenidos culturales.

La cultura en red que adviene con el presente siglo ya no establece una relación entre una serie sígnica y una serie fáctica admitida como real. Estaríamos más bien ante una serie sígnica relativamente autónoma respecto de cualquier realidad. Los transcontextos virtuales, inmanentes a la CMC, se instalan más allá del devenir, entendido como calendariedad y cardinalidad: estamos ante un espacio ahistórico y desterritorializado. El actual estadio de nuestro desarrollo cultural escinde la serie sígnica, es decir el universo de los discursos, de la serie fáctica, entendida como devenir.

La desestabilización de los sistemas retencionales tiene como consecuencia una mutación en nuestra relación con los signos, una alteración de nuestra concepción básica del espacio y del tiempo y una crisis profunda de nuestra noción de representación. En suma, asistimos a la más radical revolución de nuestro régimen de significación, tanto en su dimensión económico-cultural como en los modos de significación.
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Este fenómeno tiene impensadas consecuencias en el mundo contemporáneo. Pensemos, por ejemplo, en los verosímiles hipermediáticos que construyen héroes y villanos alrededor del mundo, justificando o condenando guerras por doquier. Pareciera que habitamos, ineluctablemente, realidades transcontextuales, sin poder inteligir jamás contextos. Esta desrealización de lo real opera a diferentes niveles y escalas, desde la intimidad de la vida cotidiana, programada por la publicidad, hasta nuestros comportamientos y concepciones frente a fenómenos planetarios, programado por una hiperindustria cultural. Esta suerte de neocolonialismo mediático representa una regresión política y moral de la humanidad, cuyo amenazante horizonte no podría ser sino la desestabilización de lo que hemos llamado cultura, acaso la antesala a la barbarie.


1.4.- Complejidad, convergencia e interdisciplinariedad

Al considerar el protagonismo de las comunicaciones, tanto en el campo teórico de las ciencias sociales como en el decurso histórico de la llamada “sociedad de la información”, tanto mayor parece el desafío por revisar algunos modelos y conceptos cristalizados por la tradición académica hasta hoy.

Los modelos vigentes hoy en los estudios comunicacionales muestran sus deficiencias al ser contrastados con una serie de fenómenos inéditos que irrumpen gracias a un acelerado sistema mnemotecnológico de base tecnocientífica inherente al tardocapitalismo mundializado.

En la era de una hiperindustrialización de la cultura, en que la hiperreproducibilidad digital se ha tornado en una práctica social generalizada, los fenómenos comunicacionales adquieren un nivel de complejidad y alcance inimaginable hace algunas décadas, las nociones básicas como “usuario” o “hipermedia”, son apenas los primeros términos de un léxico que se incorpora día a día al uso cotidiano. La cuestión central es, pues, hacer de dicha terminología un reticulado categorial que nos permita pensar el fenómeno de la e-comunicación en el presente siglo.

Durante el siglo XX, algunos pensadores heterodoxos ya abrieron caminos. En efecto, se ha producido una aproximación entre ciertos estudios teóricos del signo y los creadores de la tecnología digital. Como muy certeramente nos advierte Landow: “Cuando los diseñadores de programas informáticos examinan las páginas de Glas o de Of Grammatology (De la gramatología), se encuentran con un Derrida digitalizado e hipertextual; y, cuando los teóricos literarios hojean Literary Machines, se encuentran con un Nelson posestructuralista o desconstruccionista. Estos encuentros chocantes pueden darse porque durante las últimas décadas han ido convergiendo dos campos del saber, aparentemente sin conexión alguna: la teoría de la literatura y el hipertexto informático. Las declaraciones de los teóricos en literatura y del hipertexto han ido convergiendo en un grado notable. Trabajando a menudo, aunque no siempre, en completo desconocimiento unos de otros, los pensadores de ambos campos nos dan indicaciones que nos guían, en medio de los importantes cambios que están ocurriendo, hasta el episteme contemporáneo. Me atrevería a decir que se está produciendo un cambio de paradigma en los escritos de Jacques Derrida y de Theodor Nelson, y los de Roland Barthes y de Andries van Dam. Supongo que al menos un nombre de cada pareja le resultará desconocido al lector. Los que trabajan en el campo de los ordenadores conocerán bien las ideas de Nelson y de van Dam; y los que se dedican a la teoría cultural estarán familiarizados con las ideas de Derrida y de Barthes Los cuatro, como otros muchos especialistas en hipertexto y teoría cultural, postulan que deben abandonarse los actuales sistemas conceptuales basados en nociones como centro, margen, jerarquía y linealidad y sustituirlos por otras de multilinealidad, nodos, nexos y redes”

La convergencia entre los enfoques psicogenéticos, sociogenéticos y tecnogenéticos da cuenta del papel constitutivo de la tekhné, ya no como una mera reificación sino como sustrato de la conciencia contemporánea. De este modo, el espacio fenoménico de la comunicación se abre a la complejidad antropológica que trae consigo la era digital.

Cualquier consideración sobre la noción de “ciberespacio” debe considerar dos aspectos fundamentales, su materialidad en cuanto conjunto de datos almacenados en discos y su objetivación perceptual, es decir, como intuición de un espacio tridimensional, abstracto o figurativo. Dicho en otros términos, la CMC y el ciberespacio cristalizan un nuevo “régimen de significación", en cuanto disponen datos transferibles que determinan la producción, la distribución y el eventual consumo simbólico, es decir, reconfigura la economía cultural de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, sin embargo, el ciberespacio modifica los modos de significación, transformando el “sensorium” y la experiencia perceptual de sus usuarios. Este carácter peculiar del espacio virtual lo instala como un “espacio atópico”, lo que se traduce en una de sus características más evidentes: la “desterritorialización” y el “Jetzeit” de la experiencia..

La espacialidad atópica se nos presenta al mismo tiempo como una serie potencialmente infinita de “paisajes” virtuales, bajo formas visuales o audiovisuales, estáticas o en movimiento. En rigor, aquello que llamamos “espacio virtual” es un “holos” del cual sólo aprehendemos “destellos”. En este sentido, la virtualidad se nos ofrece como una experiencia del fragmento y de la discontinuidad. La condición atópica y discontinua de la virtualidad la convierten en una compleja singularidad teórica, acaso un desafío que reclama una epistemocrítica.

Los nuevos horizontes de comprensión de lo comunicacional no sólo se abren a la multiplicidad de culturas sino a las inteligencias no humanas. Estos horizontes plantean nuevas exigencias a la imaginación teórica, acaso una nueva episteme. Las teorías y modelos comunicacionales en la era digital no podrían ser sino teorías y modelos convergentes e interdisciplinarios, otra manera de nombrar la complejidad. Las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la información (NTIC) no hacen sino exteriorizar la convergencia tecnocientífica de los aspectos logísticos, telecomunicacionales y de lenguaje que se advierten hoy. El desplazamiento hacia la videósfera, el aumento en la capacidad de memoria y la expansión del ancho de banda en las transmisiones marcan un momento histórico que pone en jaque treinta siglos de comunicación alfabética, constituyendo la mayor mutación civilizacional de la actualidad, cuyo alcance político apenas comenzamos a barruntar.


2.- La e-Ciencia: Límites epistemológicos y políticos

2.1.- Tekhné y Saber

Pensar la e-Ciencia es pensar un presente histórico inmediato que, no obstante, contiene en sí un a-presente en que el ahora nos muestra los ecos de un otrora, convirtiendo el presente en el vértice de un cono temporal que se abre a los posibles del porvenir. Lo arcaico y lo utópico de conjugan en una relación reflexiva que cristaliza en una dialéctica de proyección y retrospección. Como suele ocurrir con todos los conceptos, cuanto más de cerca los examinamos, de mayor distancia nos llegan los ecos de su pasado: “La propia verdad científica es histórica”.

Las nuevas tecnologías no constituyen, ciertamente, una herramienta más en la historia humana. Ellas nos obligan a repensar la tekhné en toda su radicalidad que sólo la incuria de los filósofos ha desplazado a un segundo lugar. La tekhné, insistamos, no puede ser pensada ya como “un elemento reificante y desnaturalizador sino como sustrato constitutivo de la conciencia”

La e-Ciencia ha sido definida por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) como: “…las actividades científicas a muy gran escala que deberán desarrollarse cada vez más mediante colaboraciones globales distribuidas y accesibles a través de Internet. Este tipo de actividad científica cooperativa requerirá acceso a bancos de datos muy voluminosos y a recursos de computación de muy gran escala, además de prestaciones de visualización de alta calidad y otro tipo de herramientas"

La e-Ciencia es susceptible de ser entendida, en efecto, como el conjunto de prácticas científicas en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC). Retomando el clásico concepto de Thomas Kuhn, se trataría, entonces, de un nuevo “paradigma” en que se desenvuelve la ciencia.. Esto es lo que nos explica Jordi Vallverdú cuando escribe: “En el caso de la biología in silico, no siempre se parte de un laboratorio, sino que se realizan experimentos virtuales con la información existente en las bases de datos, a los que se aplican análisis computacionales, de manera que todo el proceso es virtual: los datos y las herramientas son bits de un espacio electrónico. Más fácil, más rápido, más barato. Por estas tres razones, situadas en su correcto contexto, la e-ciencia es el nuevo paradigma”
La e-Ciencia resulta ser una forma inédita de crear, gestionar, evaluar y difundir el conocimiento nuevo, es decir, se trata de un conjunto de prácticas científicas asentadas en una infraestructura digital. Esta nueva realidad lleva a algunos teóricos a celebrar el momento actual como nuevas formas de trabajo cooperativo: “Las tecnologías de la información y computación están modificando el modo de producir conocimiento, al mismo tiempo que ofrecen nuevas formas de trabajo cooperativo (trabajo en red a distancia, instrumentos virtuales, computación distribuida, middleware...). En suma: están desarrollando un papel fundamental en los procesos actuales de dinámica científica, en los que la sociedad civil quiere y desea participar cada vez con más intensidad. Gracias al cambio en el paradigma informacional y los modelos comunicativos, esto es ya posible”.

Si bien resulta del todo evidente que la tecno – lógica ha transformado las prácticas científicas en todos sus aspectos, este fenómeno nos lleva a una cuestión histórica de fondo, la convergencia tecnocientífica que se ha verificado a lo largo del siglo XX. Podríamos sintetizar la situación señalando que el desarrollo de las fuerzas productivas en el tardocapitalismo ha abolido toda noción de ciencia, a favor de un vector inédito: la tecnociencia.

Esto significa que la nueva condición del saber en las sociedades hipermodernas ya no le atribuye a éste una finalidad emancipadora, sino más bien reclama una legitimación por la performatividad, forma de legitimación estatuido por el capital y por el poder. Ya no se trata de la normatividad de ciertas leyes sino el control de los contextos, la eficiencia, la consecución del efecto buscado, la performatividad de las actuaciones. Dicho en términos concretos: “El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: en la discusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el poder. No se compran savants, técnicos y aparatos para saber la verdad, sino para incrementar el poder”.

Por esta razón, grandes corporaciones como Monsanto, por ejemplo, contrata expertos y despliega la más alta tecnología al servicio de la investigación biotecnológica, buscando la eficacia y eficiencia para sus polémicos propósitos comerciales.


2.2.- Imagen: Mediación y Modelo

La irrupción de la imagen anóptica, mediación y modelo al mismo tiempo, constituye una nueva relación perceptual con el conocimiento, un saber virtual. El saber virtual, a nuestro entender, se funda precisamente sobre un modo de significación tal en que lo sensible y lo inteligible se funden, la imagen se hace modelo o, como afirma Martín Barbero : “La visibilidad de la imagen deviene legibilidad, permitiéndole pasar del estatuto de “obstáculo epistemológico” al de mediación discursiva de la fluidez (flujo) de la información y del poder virtual de lo mental” Este punto nos parece crucial, pues junto a su nueva condición de modelo y, por ende, susceptible de legibilidad, la imagen digital conjuga no sólo la espacialidad sino la temporalidad, superando el orden lógico sintagmático del discurso. Si esta nueva condición se agrega la conjunción de lenguajes diversos (audiovisuales) y la posibilidad cierta de trabajar interactivamente en arborizaciones hipertextuales, se inaugura un universo en que los significantes, las superficies perceptuales, reconfiguran la intelección misma. Lo lineal, sintagmático fundado en una lógica causal y temporal cede su primacía a una lógica espacial y vincular en que lo lineal es desplazado por una nueva topología reticular. En pocas palabras: “Al trabajar interactivamente con sonidos, imágenes y textos escritos, el hipertexto híbrida la densidad simbólica con la abstracción numérica haciendo reencontrarse las dos, hasta ahora “opuestas”, partes del cerebro. De ahí que de mediador universal del saber, el número esté pasando a ser mediación técnica del hacer estético, lo que a su vez revela el paso de la primacía sensorio-motriz a la sensorio simbólica”

La imagen 3D y la videomorfización han permitido fundir lo inteligible y lo sensible, de suerte que se puede transmitir íntegramente un modelo. La imagen ha alcanzado un nivel de complejidad, fineza y precisión que bien puede ser entendido como una nueva “figura de la razón” , en los términos Martín Barbero: “Estamos ante la emergencia de otra figura de la razón que exige pensar la imagen, de una parte, desde su nueva configuración sociotécnica: la computadora no es un instrumento con el que se producen objetos, sino un nuevo tipo de tecnicidad que posibilita el procesamiento de informaciones, y cuya materia prima son abstracciones y símbolos” Esta tecnicidad a la que alude nuestro autor ya no se enmarca en una pura relación instrumental sino que instala una inmediatez psíquica y perceptual que redunda en lo que hemos llamado nuevos modos de significación.

La e-Ciencia utiliza las simulaciones funcionales para visualizar fenómenos a escala nanométrica. Como sostiene Vallverdú:” Aunque pueda parecer paradójico lo que voy a decir, la incesante computarización de la ciencia y, por inclusión, de la biología, ha supuesto una humanización de la misma. Diseñamos estas herramientas para que sean sustitutos de nuestros sentidos más directos, y propiciamos la creación de simulaciones que nos permiten 'ver' el micromundo para pensarlo mejor. Somos una especie basada en la visión, primero, y en el lenguaje simbólico, después”.

La e-Ciencia, en tanto práctica científica en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC), estatuye una “comunidad científica” extensa o global, capaz, al mismo tiempo, de poner a disposición de millones de usuarios algunos de sus hallazgos y teorías. Las revistas científicas electrónicas logran de este modo diseminar, parcialmente, el conocimiento. Como advierte con lucidez Jesús Martín Barbero:“La diseminación nombra entonces el poderoso movimiento de difuminación que desdibuja muchas de las modernas demarcaciones que el racionalismo primero, la política académica después y la permanente necesidad de legitimación del aparato escolar, fueron acumulando a lo largo de más de dos siglos”.

Cabe introducir algunos matices y consideraciones a lo que sostiene este autor, pues, si bien es indudable que el caudal de información se ha acrecentado a límites inimaginables hace pocos años, no es menos cierto que una cosa es la información disponible y otra muy distinta es el conocimiento posible de alcanzar con ella. Entre información y conocimiento se establece un hiato determinado por las prácticas sociales asociadas a las políticas educacionales y, ciertamente, a las políticas de investigación científica y tecnológica de los diversos Estados. La creación de nuevo conocimiento responde en última instancia a decisiones políticas concretas en contextos históricos determinados. Sólo de este modo se puede establecer una correlación dialéctica entre las nociones de información, conocimiento y acción. Esta tríada resume muy bien la encrucijada actual en que se encuentran los países latinoamericanos, esto es, cómo articular decisiones políticas en este momento histórico para transformar el cúmulo de información disponible en un nuevo conocimiento científico y tecnológico para nuestros pueblos, un conocimiento para la acción en el seno de nuestras sociedades. Esto es de particular relevancia en el ámbito educacional, pues las nuevas tecnologías están transformando muy profundamente el proceso enseñanza –aprendizaje.


2.3.- América Latina: Educación Ciencia y Tecnología

De manera silenciosa, casi inadvertida, la enseñanza tradicional va cediendo su lugar ante la irrupción de las TICE: Tecnologías de la Información para la Enseñanza. Las nuevas generaciones de estudiantes, verdaderos digital natives, según la feliz expresión de M. Prensky, están familiarizados con las tecnologías numéricas desde la primera infancia. La cuestión es cómo enseñar geografía después de Google Earth.

Es claro que las paredes que encerraban el aula y la escuela se han tornado transparentes. Las redes digitales llevan el mundo a la pantalla de un computador. Resulta evidente, también, que la Información, otrora patrimonio y fuente de autoridad del profesor, hoy está disponible en forma de D-Base en la red, lo que pone en jaque el estatuto mismo de los maestros. Ya no se puede concebir la figura de un profesor de aula como el portador exclusivo de una cantidad de información sino más bien, debemos pensarlo como alguien que guía la búsqueda de fuentes confiables y desarrolla el espíritu crítico frente al cúmulo de datos de que se dispone. Al profesor le corresponde, precisamente, la delicada alquimia que transforma la información en conocimiento y éste en acción.

La figura del profesor ha mutado esta última década, ello significa que es imprescindible revisar una serie de conceptos asentados durante dos siglos de práctica pedagógica. El problema puede ser planteado en toda su radicalidad al tratar de conceptualizar lo que se entiende en la actualidad por “hacer una clase”, y más todavía al tratar de explicarnos qué es la “escuela” y la “enseñanza” cuando el aula se extiende al mundo entero gracias a los Entornos Numéricos de Trabajo (ENT).

El desarrollo científico y tecnológico en América Latina ha debido enfrentar la era de la e-Ciencia de modos diversos. Sea que se privilegie el Estado o el Mercado, lo cierto es que nuestra situación está signada por una creciente brecha respecto de los países más avanzados. En su aspecto positivo, la e-Ciencia abre la posibilidad de un contacto más próximo y rápido con la comunidad científica virtualizada, las revistas científicas digitales y el periodismo científico facilitan el acceso a información relevante. Sin embargo, bien lo sabemos, disponer de una gran cantidad de información no implica, de buenas a primeras, acceder al conocimiento.

La e- Ciencia plantea a todos los países de la región una serie de inquietantes cuestiones. Por de pronto, cabe plantear la interrogante acerca del tipo de ciencia que se requiere para nuestros pueblos, sumidos en la pobreza con toda su secuela de problemas médicos, nutricionales, energéticos y medioambientales sólo por mencionar los más urgentes. El nuevo estadio histórico caracterizado por la e-Comunicación y la e-Ciencia bien puede acrecentar la distancia respecto de los desarrollos en los países ricos, transformando el concepto de “subdesarrollo” en una “dependencia en red”.

La actual coyuntura histórica y política latinoamericana es particularmente compleja en un escenario de crisis global del capitalismo. La e-Ciencia responde a tecnologías desarrolladas en otras latitudes, cuya racionalidad inmanente nos resulta muchas veces ajena. Como se ha señalado tantas veces: “Los sistemas racionales de conocimiento tecnocientífico fueron legitimados desde el punto de vista moral y político porque su finalidad era contribuir con el desarrollo humano. Al discurso del progreso y los valores de la civilización que estimularon los adelantos de la ciencia, se adhirió el signo de una catástrofe universal representada por la degradación a gran escala de la biósfera, incremento de la desigualdad social, empobrecimiento masivo y militarización global de los conflictos derivados de estrategias económicas de expansión. Por cierto, esta militarización está basada no sólo en el desarrollo y uso de un arsenal tecnológico convencional, sino también bioquímico y nuclear desplegado por la ciencia, y que superó las capacidades reales de control de quienes los administran” .

Hasta la fecha, América Latina no ha sido capaz de generar una red científica regional significativa con una infraestructura propia que propenda a la generación de nuevos conocimientos para nuestro desarrollo. Fenómenos como la creciente privatización y la baja calidad de nuestros centros de educación superior y de postgrados, la escasa inversión de los gobiernos regionales en investigación, la falta de expertos de alto nivel y de una tradición en diversas disciplinas empobrece las prácticas científicas latinoamericanas, generalmente asociadas a programas de investigación en Europa o los Estados Unidos.

Esta realidad no es nueva, pero se ve agravada por una crisis económica y por el advenimiento de las redes digitalizadas como nueva modalidad de las prácticas científicas. Las sociedades latinoamericanas acceden de manera muy parcial a las nuevas tecnologías, con un promedio regional no superior al 22%, mientras en los países desarrollados las cifras de penetración bordean o superan el 50%.

Se ha detectado, recientemente, una brecha digital aún más sutil, en torno al ancho de banda que determina la calidad de las conexiones. A todo esto se agrega un uso muy discreto de las nuevas tecnologías, cuyo impacto en el PIB de los países latinoamericanos es todavía muy marginal. La e-Ciencia en América Latina se practica todavía en centros de elite asociados a programas internacionales de investigación financiados, en muchos casos, con fondos internacionales provenientes de países desarrollados. América Latina está muy lejos todavía de aproximarse a un nivel de desarrollo científico y tecnológico a la altura de sus necesidades.

Esta realidad histórica inédita no sólo exige una revisión epistemológica como marco conceptual para la legitimación y validación de las prácticas científicas sino, y muy especialmente, una revisión de los supuestos políticos en que tales prácticas se inscriben y se tornan legítimas en nuestro continente. De este modo, nociones tan asentadas en el pensamiento europeo como “universalismo”, “progreso” y, en particular, el concepto de “civilización” reclaman, por lo menos, una discusión en nuestras sociedades. Pues, como ha escrito Immanuel Wallerstein: “Civilización hace referencia a una serie de características sociales que son contrastadas con el primitivismo y la barbarie. Europa Moderna se consideró más que una simple “civilización” entre diversas; se consideró —excepcionalmente o al menos especialmente— “civilizada”. Lo que caracterizó este estado de “civilización” no es algo sobre lo que haya un consenso obvio, incluso entre los europeos. Para algunos, la civilización estaba englobada en la “modernidad”, es decir, en el avance de la tecnología y el aumento de la productividad, además de la creencia cultural en la existencia del desarrollo histórico y del progreso. Para otros, significó la autonomía creciente de lo “individual” con respecto a todos los otros actores sociales —la familia, la comunidad, el Estado, las instituciones religiosas… Cuando los colonizadores franceses en el siglo diecinueve hablaron de la “mission civilisatrice”, quisieron decir que, por medio de la conquista colonial, Francia —o para ser más general Europa— impondría sobre los pueblos no-europeos los valores y normas que fueron abarcadas por estas definiciones de civilización. En nombre de tales valores, varios grupos en los países occidentales hablaron, en los ‘90, del “derecho a intervenir” en situaciones políticas en diversas partes del mundo, y casi siempre en las partes no-occidentales”

La e-Ciencia constituye una reconfiguración de las prácticas científicas en un nuevo régimen de significación que entraña no sólo una nueva economía científico – cultural (formas de producción, gestión, distribución y consumo de saberes) sino además, una mutación mayor en el ámbito de los modos de significación. Se trata de la mayor mutación científico técnica en la historia de la humanidad que ha creado las condiciones para la e-Comunicación, inaugurando con ello un nuevo momento histórico para las prácticas científicas de los próximos siglos. La e-Ciencia plantea, empero, a los latinoamericanos una tarea mayúscula, la de construir los fundamentos epistemológicos y políticos que definan la validez y legitimidad de su quehacer científico y tecnológico en los años venideros como uno de los pilares de su propio sentido histórico en un mundo cada día más interdependiente y complejo.

Si el presente establece una relación temporal respecto de nuestro pasado y nuestro futuro, no podemos olvidar que el ahora establece relaciones históricas respecto del otrora y del porvenir. Cuanto más nos acercamos al concepto de e-Ciencia, surge de inmediato la imagen fantasma de la brecha digital, término tan nuevo como equívoco para designar siglos de pobreza y de desigualdad. Lo epistemológico y lo político se dan cita en el ahora de América Latina frente a la irrupción de un nuevo régimen de significación que nos convoca, por cierto, a una profunda reflexión, pero sobre todo a la acción. Si es cierto que la propia verdad científica es histórica, quizás ha llegado el tiempo de volver nuestra mirada a nuestra propia historia.


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(c) Alvaro Cuadra, 30/03/2010