La Brecha Digital y la Confianza
Autor/-a: Beatriz Martínez Cándano
Artículo Original
Si buscamos la definición de BRECHA DIGITAL vemos que, en la mayoría de las enciclopedias, se dice que ésta supone una línea divisoria entre las personas que usan las nuevas tecnologías y aquellas que no tienen acceso o no saben cómo utilizarlas.
Estamos ante la era de la cibersocialización. Hasta ahora las nuevas tecnologías mejoraban o agilizaban ciertos procesos de nuestras vidas; ahora forman parte de ellas. Pueden llegar hasta cualquier sitio e implantarse sin necesidad de infraestructuras complicadas. Casi todos tenemos acceso a ellas y los que no lo tienen, están en vías de conseguirlo. La alfabetización digital es ya una realidad y su avance es necesario en nuestra sociedad.
Es innegable que las nuevas tecnologías agilizan muchos procesos de nuestro trabajo, nos conectan en tiempo real con parientes con los que hace tiempo que no conversábamos y nos permiten acceder a información instantánea.
Dentro del mundo rural, cuyo entorno está sufriendo una importante deslocalización, podemos pensar que el incluir las nuevas tecnologías en un medio así puede llevar automáticamente a que sus habitantes tengan similares medios y oportunidades que podría tener una empresa radicada en una capital de provincia. El teletrabajo es una de las opciones que más cotas está alcanzando dentro del mundo laboral. Si a cualquiera de nosotros nos dan la opción de poder trabajar o bien desde nuestra oficina ó cómodamente desde una aldea rural al lado del mar, teniendo el mismo acceso y las mismas metas, ¿Quién sería el que escoge la primera opción en vez de la segunda? Los urbanitas, quizás.
De todos es sabido no obstante que el crecimiento de la presencia de las nuevas tecnologías no ha hecho otra cosa que incrementar la Brecha Digital entre el medio rural y el urbano. El cerrar esta brecha es una tarea ardua para nuestros dirigentes ya que, se deben de conjugar tanto aspectos humanos como institucionales. Es decir, no es necesario tan sólo disponer de la tecnología al alcance de la mano, sino sobretodo el saber utilizarla y sacarle el máximo partido.
Según un informe de la FAO de septiembre de 2003, "Existe una brecha digital que separa al mundo rural, y cerrarla no sólo es un problema de tecnología y de proporcionar más computadoras, radios y teléfonos móviles. Tratar de hacer más accesible la información es una cuestión política, y requiere voluntad política, educación y fondos".
Existe ya mucha teoría y proyectos en curso que pretenden cerrar o reducir la Brecha Digital, pero la realidad es que no disponemos aún de datos estadísticos que nos permitan hacernos una composición de lugar acerca de si todos estos esfuerzos de las instituciones están obteniendo todos los frutos necesarios para acortar distancias.
Aunque, sin números en la mano, podemos llegar a la conclusión de que de nada sirve el tener las mejores herramientas al alcance de la mano la sociedad a quien van dirigidas no se esfuerza en utilizarlas convenientemente. Las preocupaciones de las administraciones por poner en manos todo el mundo y sin diferencias las mejores herramientas TIC no tendrán sus frutos si no se forma a los destinatarios en su mejor aprovechamiento y a utilizarlas como un activo más de sus negocios o sus vidas.
El resultado de todo esto es que las diferencias seguirán estando marcadas en igualdad de oportunidades.
Tan importante como la formación o concienciación será además el crear confianza, no ya en las nuevas tecnologías puesto que es de probado cumplimiento su eficacia, sino en las posibilidades que pueden llegar a abrirse a través de ellas y sobre todo en el factor igualitario que introducen en nuestra sociedad. Para ello será necesario mostrar a las gentes que forman parte de nuestro entorno rural las posibilidades que pueden llegar a abrirse para cada uno y las experiencias provechosas de otras zonas de similares características, con el fin de eliminar de raíz el complejo de inferioridad que se percibe en muchas ocasiones.
Si la mayor parte de nuestros gobiernos se hayan inmersos en dotar planes de alfabetización digital y penetración de las TIC y muchos de ellos lo están consiguiendo, ya tenemos la mitad del camino andado; la otra mitad corresponde a la motivación personal y a las ganas de superarse. No mostremos tan sólo en los programas de formación cómo utilizar el messenger o el explorer. Creemos la base de una nueva economía común y accesible a todos.
Un caso interesante a considerar para ilustrar este razonamiento es Finlandia, un país marginal en términos geográficos y de importancia económica (desarrollo industrial en base a materias primas como el forestal en su caso), que fue arrastrado por la caída de su principal socio, la ex URSS. Durante la debacle y los primeros años de la reconstrucción, nacieron la mayoría de sus políticas previsoras con metas específicas que aún siguen vigentes.
Desburocratizar el Estado para ganar capacidad de reacción de las instituciones ante nuevos escenarios fue uno de los puntos fuertes de la reforma, en la que públicos y privados trabajaron juntos. A la hora de buscar nuevos clientes, el gobierno finlandés apuntó a los líderes: EE.UU. y Japón. Y para no fallar invirtió en la creación de
Tekes, un centro de desarrollo tecnológico cuyo único fin fue (y sigue siendo) organizar y ejecutar las políticas gubernamentales en lo referido a la tecnología, ya que el Tekes es la dependencia del Ministerio de Industria cuyo objetivo es promover la competitividad de la industria por medios tecnológicos, además de diversificar y aumentar la producción según demanden las exportaciones para crear empleo y bienestar social.
En este marco nació la
e-universidad, un proyecto común de 20 entidades finlandesas dedicadas a investigar las posibilidades de e-aprendizaje y ofrecer a los alumnos una mayor flexibilidad para que puedan completar sus estudios. La suma de estrategia fue tan acertada y resultó tan exitosa que, a pesar de la difícil situación que debieron afrontar, Finlandia es el país más informatizado del mundo, y lo que verdaderamente llama la atención es que no estaba entre los candidatos al puesto. Después de todo, es una pequeña nación cuya escasa población vive cultural, idiomática y climatológicamente en la periferia de Europa.
Las barreras físicas ya no son un inconveniente para reducir la brecha digital; en muchas ocasiones, como hemos podido ver en el caso de Finlandia, son un motivo más para agudizar el ingenio e intentar aprovechar los puntos fuertes de una sociedad y atenuar los débiles. Es necesario por tanto reducir también la `otra brecha´ y concienciar al mundo rural que puede llegar a las mismas conclusiones, acometer los mismos proyectos y conseguir las mismas metas que cualquiera que trabaje en una empresa desde un edificio de 8 plantas. Si a todo ello unimos la calidad de vida insuperable que se consigue en un pequeño pueblo de la costa o montaña, la motivación estará asegurada.
Bibliografía:
- Informes anuales de la FAO (2002-2003)
- La Sociedad de la Información y la brecha digital en lo social y lo económico: Una oportunidad para Córdoba - Manuel Frascaroli (2003)

Los artículos publicados en la sección Divulgación OCS son una contribución colaborativa voluntaria al Observatorio para la CiberSociedad. La responsabilidad de las afirmaciones, opiniones y contenidos expuestos en esta sección, así como todo su mérito, recae, en este caso, en Beatriz Martínez Cándano. El Observatorio para la CiberSociedad permite la reproducción de estos contenidos siempre y cuando se cite correctamente la fuente de procedencia y el autor/-a haya sido informado de ello y lo haya aceptado previamente y de modo expreso.
(c) Beatriz Martínez Cándano, 12/07/2004