MATTELART, Armand, 2002, Historia de la sociedad de la información.
Barcelona: Paidós
Autor/-a de la reseña: Fernando Garrido Ferradanes
Otra sociedad de la información es posible
La Sociedad de la Información es uno de tantos conceptos, al igual que sucedió con Postindustrial, Globalización o Sociedad del Conocimiento, que han sido pervertidos por un uso político y mediático. Estos conceptos se han convertido en un cajón de sastre, del que cada uno toma el significado que más le conviene, por ello, Mattelart cree imprescindible una reapropiación del lenguaje, de estos conceptos aparentemente semánticamente neutros por medio de una visión crítica a la vez que constructiva. Ya advierte en el prólogo de su obra que el concepto de Sociedad Global de la Información es el resultado de una construcción geopolítica y que una ideología que no dice su nombre se ha naturalizado y se ha visto propulsada al rango de paradigma dominante del cambio.
Con la intención de realizar una Genealogía de la Sociedad de la Información, pero no solo del concepto (
algo no existe hasta que no es nombrado, Thomas) sino también de las características del concepto, Mattelart se remonta a la Ilustración en busca de signos distintivos, de
anomalías (Kuhn) que indiquen la aparición de un nuevo paradigma. Los pensadores que conocemos como
ilustrados tomaron el
culto al número de la escuela pitagórica, que derivaría en la centralidad que la lógica binaria tiene en la tecnología, pero también toda una serie de teorizaciones entorno a la necesidad de una lengua universal, la construcción del
Método científico o la construcción de un sistema métrico universal. De ahí que en la obra que estamos estudiando se les sitúe como primer punto en la historia de donde arrancan algunas de las características de la Sociedad de la Información
Por su parte, Saint-Simon supone el primer sistematizador que emplea la metáfora de la red, aplicada en este caso a la organización (
El organismo social de la era positiva o industrial tiene por principio estructural a la jerarquía de funciones. La red, ya sea material o inmaterial, de transporte, bancaria o vector de símbolos, es el arquetipo de la organización). Será poco después de la muerte de Saint-Simon y en plena Revolución Industrial cuando Charles Babbage extienda las operaciones de la inteligencia al concepto de división del trabajo, que luego le serviría como base de un proyecto de construcción de un prototipo de máquina de calcular. Años después tiene lugar el Primer Congreso de Estadística, que servirá por un lado a armonizar los criterios empleados en esta ciencia, pero también para crear la primera y primitiva red de intercambios científicos.
Poco a poco se van produciendo avances, como la creación de una ficha normalizada, hasta que en 1910 se crea la Oficina Central de la Unión de Asociaciones Internacionales, con la finalidad de agrupar en red a las instituciones, federaciones, ligas, congresos, institutos, comisiones.etc con el fin de garantizar la cooperación y la coordinación. De aquí derivaría el proyecto de la Sociedad Intelectual de Naciones, que paliaría las deficiencias de la Sociedad de Naciones. Por primera vez se introduce, en este contexto, el concepto de
mundialismo (creado por Otlet) para destacar mejor la simbiosis con un pensamiento de la red universal, técnico y a la vez social. Con toda esta enumeración y con esta propia Genealogía, Mattelart pretende significar que la representación reticular del planeta es muy anterior a lo que se ha convenido en llamar
revolución de la información, (sic) contrariamente a lo que la fascinación por la sociedad de redes se afana en hacer creer.
El autor continúa con el análisis del mundo bipolar y de la escalada técnica motivada por la automatización del campo de batalla, algo que creo es de todos conocido y en lo que no nos detendremos. Lo que sí creemos relevante para este espacio es la gestación de una
medida de la información, algo que toma su impulso con el encargo del gobierno de los Estados Unidos al economista M. U. Poriat en 1977. Poco después la OCDE lo invitará a que cree un modelo de clasificación de los diferentes países en la escala que conduce hacia la sociedad de la información, es decir, la política comienza a plantearse seriamente la
sociedad de la información como el punto hacia el que hay que converger.
Toffler y las olas; Touraine y las sociedades postindustriales; Bell con el fin de las ideologías y la sociedad postindustrial; Brzezinski y la tecnotrónica; Etzioni y el tecnocomunitarismo; Rostow y las etapas del crecimiento... son toda una serie de teorías que Mattelart analiza criticamente sin entrar en muchos detalles, algo que convierten a su libro en un buen manual de iniciación para los profanos a la teoría social surgida en la a partir de los 50, pero también atractivo para los que ya nos hemos leído a estos autores. Atractivo por las relación que aporta entre ellos y por sus brillantes comentarios críticos hacia estas conceptualizaciones.
Por último, los capítulos finales del libro son dedicados a radiografiar la situación actual desde la perspectiva de un experto en comunicación a la vez que de un crítico con el sistema. En primer lugar una pregunta que parece reaparecer en el universo mediático con la publicación del reciente libro de Manuel Castells y Pekka Himmanen en el que analizan el modelo finlandés de Sociedad de la Información, y donde ponen de manifiesto la importancia que ha tenido el Estado en la creación y desarrollo de la misma. (Algo que Castells ya había sostenido en su análisis de la sociedad japonesa en el tercer volumen de su famosa trilogía), a saber: ¿sigue siendo pertinente el perímetro del Estado-Nación para pensar en el desarrollo de las tecnologías o por el contrario debe abandonarse este dilema a
las reglas del mercado? Para responder a esta pregunta, el autor analiza la sociedad nipona, el caso francés y el modelo norteamericano, todo ello en el contexto de globalización capitalista en el que estamos sumergidos, en el que las macrofusiones de gigantes de la comunicación y la tecnología dan lugar aún mayores colosos que en muchos casos dificultan la propia difusión de la sociedad de la información.
La obra concluye apuntando el peligro que supone caer en el discurso de la Sociedad de la información sin un talante crítico, ya que la sociedad de la información que se ha popularizado se refiere a un proyecto que no beneficia a la mayoría, sino que se ha construido sobre el mito de que va a beneficiar a la mayoría (sic), es decir, tiene una fuerte carga ideológica que es la misma que rige el mercado. Por lo tanto la sitúa en la órbita de la construcción neoliberal del mundo. Para construir una alternativa, Mattelart llama a convocar a los Estados Generales y por medio de una reapropiación de las tecnologías, pensar, decidir y construir una Sociedad de la Información al servicio de la humanidad, los Ciudadanos.
Armand Mattelart es Profesor en la Universidad de Paris-VIII. Conocido y reconocido en todo el mundo por obras como Para leer el Pato Donald, Historia de la utopía planetaria, la publicidad, historia de las teorías de la comunicación... etc.