CONTRERAS TRILLO, Pau, 2004, Me llamo Kohfam. Una aproximación antropológica a la identidad hacker.
Barcelona: Gedisa, 166 pags.
Autor/-a de la reseña: Joan Mayans i Planells
Que el mundo ya no es lo que era, parece obvio. Que ya no vivimos sólo aquí y ahora, que no somos sólo quién aparentamos ser y que ni siquiera lo aparentamos del mismo modo en diversos lugares. Que nuestros vínculos sociales y vitales van más allá de nuestro entorno físico. Que vivimos con un pie hincado profundamente en un espacio fluctuante, inestable e inabarcable. Que nuestra cotidianidad se ha visto asaltada y enriquecida por esta otra dimensión, hasta el punto de convertirse en parte natural de nuestra vida social.
Este mundo al que se llama
tecnificado, esta sociedad a la que se define como
tecnológica, estos entornos a los que denominan
sociotécnicos requieren y reclaman un tipo de aproximación tan híbrida como la misma naturaleza de estas expresiones. El ensayo que tenemos entre manos refleja y demuestra a la vez cuál es el camino a seguir para analizar de un modo holístico y compensado los fenómenos de la
cibersociedad: una mezcla ponderada de conocimientos técnicos y sociológicos.
El antropólogo y colaborador del
Observatorio para la CiberSociedad, profesor de
Knowledge Management de ESADE y directivo, desde hace años, de la
Oracle Corporation,
Pau Contreras Trillo, nos proporciona esa perspectiva híbrida y compleja que se nos hace imprescindible. Desde la
experticia técnica, se permite desmitificar lo tecnológico y entederlo y explicarlo en clave social. Una perspectiva que, desde un planteamiento sociológico y sociocéntrico, sin embargo, comprende hasta qué punto lo tecnológico es un elemento fundamental e imprescindible para comprender esta tecnorealidad nuestra de cada día. No resulta fácil realizar esta ponderación de perspectivas y quizá sea éste el principal de los méritos de este texto, independientemente de sus contenidos y temáticas concretas.
Centrándonos ya en temáticas y contenidos, el autor centra el libro en un estudio de caso etnográfico: grupos
hackers dedicados especialmente al
crackeo de las codificaciones de seguridad de las tarjetas de televisión digital de pago y a la construcción física de los aparatos que sirvan a este fin. Se trata de un tema ciertamente críptico y de difícil acceso –por varias razones- sobre el que el autor es capaz de arrojar la suficiente luz como para hacerlo accesible y comprensible para cualquier lector.
El texto subraya especialmente las dinámicas sociales que pueden encontrarse en estos grupos, tomando como referencia trabajos, referencias y materiales sobre la
ética hacker. Otro mérito del libro, en este sentido, es realizar esta explicación y esta contextualización de un modo realista, huyendo de estereotipos, alegatos, mistificaciones y tópicos, buscando y mostrando un fundamento etnográfico para cada una de las afirmaciones que realiza. Así, el autor se aleja decididamente de los discursos mediáticos predominantes que criminalizan lo
hacker pero, a la vez, guarda las necesarias distancias con las proféticas proclamas que durante los últimos años lo vienen acompañando, desde círculos más reducidos pero, a la vez, más
stylish.
Alrededor de este tema central, son diversos los temas que el autor va desgranando y poniendo sobre el tapete. Podríamos identificar dos de estos temas secundarios de especial interés: en primer lugar, el autor, desde su formación antropológica, se ve obligado a improvisar y experimentar metodológicamente. Lo cibersocial como objeto y contexto de estudio –aún- no aparece en los manuales etnográficos y cualquier investigador se ve forzado a elaborar una especie de metodología
ad hoc. De modo especial, el autor muestra el proceso de fragmentación y multiplicación de su propia identidad
en el campo. El proceso, mostrado ya por otros autores, tiene aquí mayor relevancia al ser usado para reflejar, en un ejercicio de paralelismo, los procesos identitarios que viven sus sujetos de estudio y, por extensión, las dinámicas identitarias a los que la cotidianización del ciberespacio nos conduce.
En segundo lugar, a partir del grupo estudiado, el autor dirige sus reflexiones e hipótesis más jugosas a la disciplina de la llamada
Gestión del Conocimiento. Su experiencia profesional se contrasta aquí con la investigación etnográfica y da como resultado un planteamiento crítico de esta disciplina, tan de moda en el ámbito empresarial y corporativo durante los últimos años. Así, destaca el factor del tecnocentrismo como una de las explicaciones para la mayoría de los fracasos en materia de Gestión del Conocimiento. Ante éstos, el texto propone un modelo sociocéntrico en el que los grupos
hackers, auténticos núcleos de
creación de conocimiento, son puestos como ejemplo. El autor elabora el concepto de
inteligencia-red para describir el proceso de investigación colaborativa que se desarrolla en los grupos hackers. Sin embargo, a la hora de hacerlo aplicable directamente a otros grupos, los clientes putativos habituales de los programas y proyectos de Gestión del Conocimiento, muestra las posibles contradicciones que una aplicación más o menos mimética podría suponer.
En resumen, un aportación inteligente, refrescante y politemática a la que la mayor crítica que podríamos hacer es su reducido volumen. Cada uno de los temas que se desplegan en él merecerían mayor detalle y posiblemente más de un lector se quede con las ganas de profundizar un poco más en cualquiera de ellos.