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La Revista TEXTOS de la CiberSociedad es la publicación de contenidos exclusivos del OCS. Esta revista está pensada como espacio para la publicación de artículos de investigación que aborden la temática de lo cibersocial.
Índice del número 1
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Giovanni Alves
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Datos a partir del 20.11.2003. Artículo en el OCS desde el 1 de Diciembre de 2000


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Revista TEXTOS de la CiberSociedad
ISSN 1577-3760 · Número 1 · Temática Variada
Una dimensión de la cultura global. Internet como andamiaje mediático de la Era de la Financierización

Por: Giovanni Alves


Para citar este artículo: Alves, Giovanni, 2000, Una dimensión de la cultura global. Internet como andamiaje mediático de la Era de la Financierización, Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 1. Temática Variada. Disponible en http://www.cibersociedad.net




INTRODUCCIÓN / RESUMEN

En este artículo se exploran las relaciones entre globalización y nuevas tecnologías de la información y la comunicación en clave política y económica, utilizando algunos conceptos clave de la teoría marxista. El autor expone la hipótesis según la cual Internet constituye un arma para la globalización económica y cultural pero, a la vez, también puede servir a objetivos diametralmente opuestos a ésta.


El desarrollo del ciberespacio durante la última década del Siglo XX es uno de los resultados de la III Revolución Científico-Tecnológica. Se trata de un importante avance en el campo de la comunicación informatizada, o telemática, que a partir de los años 80 ha contribuido a impulsar la mundialización del capital. Una de nuestras hipótesis es que existe una ‘afinidad electiva’ entre el avance del ciberespacio y la lógica de la financierización, principal característica de la nueva etapa del capitalismo mundial. Internet se ha constituido en el andamiaje mediático de una nueva etapa del capitalismo mundial, cuya principal característica es el predominio de la financierización.

Cuando hablamos de financierización nos estamos refiriendo a la vigencia de la plutocracia cosmopolita, a la dominación de los mercados financieros, con su inmensa masa de dinero volátil, cuyo objetivo primordial es la rentabilidad inmediata a través de transacciones con papeles (Braga, 1993).

La lógica del ‘capitalismo-casino’ no es meramente obra de capitalistas ‘parasitarios’ que administran fondos de inversión y participaciones ‘especuladoras’ distantes de la esfera productiva de la economía capitalista, sino también de los propios capitalistas ‘productivos’, aquellos que organizan la producción de mercancías –bienes y servicios-, que tienden a plegarse a la lógica avasalladora de la rentabilidad ficticia. Por esta razón, uno de las mayores señales de la vigencia de la financierización se vislumbra en el hecho de que todas las corporaciones transnacionales, incluso las típicamente industriales, tienen, en sus implicaciones financieras de bienes invertidos o líquidos, un papel fundamental en el proceso de acumulación mundial de la riqueza. De este modo, los departamentos financieros de las corporaciones transnacionales han venido adquiriendo una importancia estratégica mayor que los de Investigación y Desarrollo (I+D), a punto de asumir un perfil de bancos no-bancos, internos a las empresas (Braga, 1993).

En realidad, ha surgido en las últimas décadas del siglo XX un nuevo modo de definir, gerenciar y realizar riqueza en el capitalismo. Se desarrolló un nuevo régimen de acumulación de capital, denominado "régimen de acumulación bajo la dominación del capital financiero" (Chesnais, 1996); o incluso, denominado por Harvey, "régimen de acumulación flexible" (Harvey, 1992).

La elevación estructural de la financierización como el nuevo espíritu del capitalismo tardío tiende a promover el imperio universal del dinero, con un impacto significativo en el plano socio-cultural. Se imponen, cada vez más, como un rasgo de la sociabilidad capitalista, la lógica usurera, las reglas del ‘capitalismo-casino’ (Kurz, 1997).

Existen escasos análisis sociológicos sobre el impacto del nuevo espíritu del capitalismo tardío –el espíritu de la financierización- sobre la dimensión de la cultura moderna (uno de los más brillantes, y especiales, es la aportación analítica de Harvey quien, en su libro La Condición Postmoderna, vinculó los cambios culturales que ocurren en nuestra época con un nuevo régimen de acumulación –la ‘acumulación flexible’).

Lo que intentaremos presentar en este breve ensayo es la vinculación lógica (y estructural) entre el nuevo régimen de acumulación capitalista bajo el mando del capital financiero y la constitución de un nuevo andamiaje mediático, Internet, con consecuencias interesantes en la esfera de la sociabilidad capitalista.

Nos interesa especialmente destacar los vínculos estructurales entre la lógica (y ontología) de la forma-dinero, que se impone, hoy en día, sobre todos nosotros, y la estructura lógica (y tecnológica) del nuevo andamiaje mediático del capitalismo mundial, Internet.

Bajo la era de la financierización, lo que tiende a prevalecer es la fórmula general del capital parasitario: D-D’ (el dinero se sobrevalora conservando la forma de dinero). En las últimas décadas del siglo XX, el capital financiero ha moldeado el mundo socio-cultural del capitalismo tardío a su imagen y semejanza. Por esta razón, consideramos que los que ha venido a denominarse "ciberespacio" puede ser considerado como un andamiaje mediático adecuado para la época de la financierización. Éste traduce, en el campo de la sociabilidad capitalista, los principales rasgos de la propia lógica de la forma-dinero. Consideramos que Internet expresa una afirmación, dentro del proceso civilizador capitalista, de la forma-dinero, tal y como fue caracterizada por Marx en sus obras clásicas (principalmente en las Grundrisse y en El Capital).


El ciberespacio como metáfora del dinero

El desarrollo de la informática y la telemática, es decir, de la comunicación informatizada, es una de las principales tendencias de la III Revolución Tecnológica, en marcha desde hace ya más de 25 años (ya en los años 60, como ha observado Pierre Lévy, pioneros como D. Englebart y J.C.R. Licklider habían previsto todo el potencial social de la comunicación por medio de una red de ordenadores) (Lévy, 1998).

El fenómeno de Internet es tan sólo la ‘punta del iceberg’ de una de las mayores revoluciones de la comunicación y de la informática que están teniendo lugar en las postrimerías del siglo XX. La explosión de lo multimedia proviene de un gran movimiento de fondo tecnológico que atañe a toda la esfera de la comunicación. Datos, textos, imágenes, sonidos, mensajes de todo tipo son digitalizados y, cada vez más, producidos bajo forma digital. Por otro lado, los instrumentos de tratamiento automático –y cibernético- de la información se aplican cada vez más a esos mensajes. El establecimiento de conexiones telefónicas entre terminales y memorias informatizadas así como la extensión de las redes digitales de transmisión amplían, día a día, un ciberespacio mundial en el qué todo elemento de información se encuentra en contacto virtual con todos y cada uno de los demás: "el actual ritmo de los acontecimientos está convergiendo en la consolidación de un nuevo modo comunicación, pensamiento y trabajo para las sociedades humanas" (Lévy, 1996).

En los últimos ochenta, la ‘explosión’ de la ‘financierización’ de la mano de la "extraordinaria abertura y transformación de los mercados financieros"(Harvey), los PCs -personal computer (ordenadores personales)- se han vuelto más potentes y fáciles de utilizar, extendiéndose cada vez más y diversificando su uso. Al mismo tiempo, hemos asistido a un proceso sin igual de interconexión de redes, que habían crecido inicialmente de forma aislada, y se ha manifestado un crecimiento exponencial de los usuarios de comunicación informatizada (Castells, 1999).

Es a partir de este punto que se constituyó lo que ha venido a ser denominado el ciberespacio, una expresión palpable de la "contracción espacio-tiempo" (Harvey). Surgió una cultura mediática que tendió a reproducir en sus estructuras lógicas (y tecnológicas), las propias características del ‘sujeto’ impulsor de la nueva etapa del capitalismo mundial –el capital-dinero.

Cierto investigador del MIT observó una vez que "Internet es la metáfora de Dios". Nosotros afirmamos, en cambio, que Internet es la mismísima metáfora del dinero. El ciberespacio aparece, de este modo, como el ‘medio’ técnico adecuado para una nueva cultura de la financierización cosmopolita. Una homología estructural entre entre los instrumentos mediáticos y una etapa de desaqrrollo capitalista puede ser verificada, por ejemplo, en una observación de Adorno y Horkheimer, en su Dialéctica de la Ilustración (1944), al respecto de la radio y el teléfono en el época del capitalismo liberal. De todos modos, la relación entre recursos tecnológicos y modos de producción surge en el análisis materialista de Marx, cuando vincula, en cierto modo, la máquina de vapor y el capitalismo industrial.


Ciberespacio y forma-dinero

A través de la fórmula general del capital presentada por Marx (D-M-D’) es posible percibir las peculiaridades más importantes del capital-mercancía y del capital-dinero. Mientras que el capital-mercancía (M) es un tipo de capital invertido en una determinada combinación de inversión-producto, con la intención de conseguir un lucro y significando, por lo tanto, concreción, rigidez y un estrechamiento o cierre de las opciones posibles; el capital-dinero (D) significa, por su parte, liquidez, flexibilidad y libertad de elección (Arrighi, 1993). Estas son las características constitutivas del capital-dinero. Pero lo son también del ciberespacio, de forma intrínseca.

El ciberespacio, como reflejo mediático de la era del capital financiero, incorpora los rasgos consituyentes (y constitutivos) del capital-dinero: es fluido, divisible y anónimo. Es la propia antítesis del territorio. Tal y como ocurre con el dinero, el ciberespacio no tiene olor (ningún usuario de Internet, por maloliente que sea, puede marcar el ciberespacio con su identidad o sus actos). Al igual que el dinero, el ciberespacio no tiene ninguna función económica positiva a no ser por el hecho de ser un medio privilegiado de circulación. Del mismo modo que el dinero, en el plano económico, el ciberespacio tiende a convertirse en el marcador, en el vector y regulador de las nuevas relaciones intersubjetivas (y económicas). Por todo esto, comprender la naturaleza de la forma-dinero, significa comprender, en cierto modo, a la propia naturaleza del ciberespacio.

Una homología lógico-estructural entre la forma-dinero y el ciberespacio puede ser percibida a través de las observaciones de Pierre Lévy, uno de los más importantes analistas del ciberespacio en nuestros días:

El dinero no es la riqueza, sino su virtualidad. Por paradójico que esto pueda parecer, éste es inapropiable, o mejor dicho, debido a su incesante circulación, transforma lo público en privado y lo privado en público, haciendo que cada uno, y que cada uno de modo diferente, participen de la inteligencia colectiva del mercado capitalista. El dinero puede ser, evidentemente, un apoyo para el poder y la dominación, pero cataliza igualmente fuerzas sociales desterritorializantes que no respetan ninguna jerarquía instituida. A través de las fronteras, a pesar de los antagonismos, el dinero contribuye, para lo mejor y para lo peor, a coordenar, a regular sin ninguna autoridad central infinitas actividades. Y lo hace arrastrando tras de sí los medios de transporte y de comunicación, siendo, de hecho, el dinero del mercado capitalista, en manos de miles de millones de seres humanos, quien teje actualmente la sociedad mundial" (Lévy, 1996).

Así pues, donde se lee dinero, ¿no podríamos leer ciberespacio (o Internet), el verdadero objeto de las reflexiones de Pierre Lévy?

En un autor como Marx, el análisis del dinero adquiere un estatus de casi obsesivo. Desde los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, donde traza interesantes consideraciones sobre el dinero, hasta su obra El Capital, de 1864, pasando por las Grundrisse, de 1857-1858, el análisis de la forma-dinero asume una importancia central en las reflexiones marxianas.

Por ejemplo, después de la I Sección de El Capital, antes de llegar a desvelar el mecanismo de acumulación capitalista, Marx coloca como tarea principal la resolución del engima del dinero, o, como él lo denomina, ‘la ofuscante forma-dinero’, considerada por él como la auténtica clave del ‘fetichismo de la mercancía’, dado que ‘el enigma del fetiche del dinero es, por tanto, tan sólo el enigma del fetiche de la mercancía, volviéndose visible u ofuscante’ (Marx, 1983). En el capítulo primero, ‘La Mercancía’, dentro de la sección titulada ‘La forma de valor o el valor de cambio’, Marx presenta una verdadera ontología de la sociabilidad capitalista, a través del proceso de cambio, donde el dinero posee una función fundamental y fundacional –ser la media, o el medio de circulación de la ‘inmensa colección de mercancías’, que caracteriza la riqueza en las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista.

En realidad, el dinero, la mercancía universal, la representación del universal-concreto, la única mercancía capaz de representar el papel de equivalente general dentro del mundo de las mercancías y convertirse en la encarnación directa de todo el trabajo humano, aparece –aunque ni tan sólo llega a aparecer- como el verdadero instaurador del ser humano-genérico, que surge, obviamente, ‘extrañado’ y sumergido en el mundo de las ‘cosas’.

El dinero representaría, en un nivel superior, la propia dimensión contradictoria del proceso civilizador: por una parte, materia de extrañamiento universal, obstáculo para la instauración de una verdadera generalidad humana; y por otro lado, vehículo del proceso civilizador capitalista, complejo y universal (la descripción del proceso civilizador del capital descrito por Marx en el Manifiesto Comunista es clásico).


La cara contradictoria del ciberespacio

¿No es posible pensar que el ciberespacio incorpora, en su forma mediática, la estructura lógica del dinero, como observa Lévy, no sólo su dimensión negativa –ser el portador del fetiche de la mercancía- sino también su dimensión positiva –ser el medio constitutivo de la sociabilidad universal-, aunque sea en una forma fetichizada?

En realidad, he aquí la dimensión contradictoria del proceso civilizador, intrínseca a la propia naturaleza del capital, que, según Marx, es la propia ‘contradicción viva’. El dinero, en la medida en que es el marcador, el vector del proceso de cambio, es el responsable del desarrollo de la sociabilidad humana, aún incluso en el caso que tal desarrollo humano-social ocurra en el plano de la ‘prehistoria’ (Fausto, 1989).

A raíz del desarrollo de la forma-dinero, el ser social tiende a adquirir nuevas percepciones del devenir humano. El impulso del comercio, por medio de los intercambios mercantiles a través de la moneda, contribuyó a impulsar un complejo de relaciones sociales y a dar una nueva dirección al proceso civilizador. Éste facilitó el desarrollo de una ‘sociabilidad cada vez más social’, a pesar de estar teniendo lugar de un modo extrañado (Luckáks, 1983).

El ciberespacio es el medio de comunicación social cuyo andamiaje se aproxima más a la estructura lógica de la forma-dinero, incorporando, así, sus posibilidades objetivas instauradoras de nuevos modos de sociabilidad, de intercambio humano-social. A través de éste, se pueden constituir nuevas –y más profundas- percepciones, tanto en el aspecto cuantitativo como cualitativo, de informaciones, prácticas sociales e, incluso, de relaciones intersubjetivas.

Uno de los principales ejemplos de la utilización del ciberespacio para nuevas prácticas de contestación social se encuentra en la resistencia social y política de las ONGs a las iniciativas neoliberales. Es por medio de Internet que se organizan los nuevos movimientos sociales de contestación a la globalización. La más conocida es ‘Acción Global de los Pueblos’ (People Global Action), que organizó, en la última reunión de la Organización Mundial del Comercio, en abril de 1998 en Ginebra, Suiza, una de las primeras protestas globales contra el nuevo orden capitalista (su ‘site’ es: http://www.agp.org).

La divulgación en Internet de los acuerdos casi secretos del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) de la OCDE (el club de los países capitalistas más industrializados), contribuyó, en 1998, para que no fuera aprobado. El AMI era, según algunos analistas, la ‘constitución de las corporaciones transnacionales a favor de la ganancia global y en detrimento de la soberanía de los Estados-Nación’. Gracias a las denuncias sobre los contenidos antidemocráticos y antipopulares del AMI, en Internet, las ONGs y el movimiento social organizado de varios países consiguieron sensibilizar la opinión pública mundial y demostraron que el ciberespacio puede ser un espacio para la constitución de un nuevo marco de solidaridad global (la utilización de Internet del EZLN –Ejército Zapatista de Liberación Nacional- supone otro ejemplo de utilización creativa del ciberespacio al servicio de nuevas prácticas de transformación social).

Por su parte, la proliferación de salas de conversación (chats) en el ciberespacio, supone un ejemplo flagrante de las nuevas posibilidades de relaciones intersubjetivas en Internet. Se están constituyendo nuevas percepciones de comunicación humano-social. Surgen nuevos canales de aproximación al otro, proyectando en el campo de la sociabilidad extrañada de la vida cotidiana, posibilidades nuevas –y no sólo posibilidades- en términos de percepción del componente humano-genérico de la comunicación entre hombres y mujeres.

Es evidente que el ciberespacio puede reproducir, bajo nuevos colores y con una intensidad impresionante, el ‘fetichismo del otro’, tal y como ocurre en las intersubjetividades cotidianas extrañada. No obstante, el establecimiento de nuevos nexos de relaciones sociales tiene a elevar la tensión humano-genérica, capaz de darnos una nueva conciencia cotidiana de la miseria psico-social de la vida humana bajo el mundo burgués.

Es por esto que consideramos que el ciberespacio tiene a abrir nuevos horizontes de percepción intercomunicativa, del mismo modo que el cine, uno de los media privilegiados de la Modernidad. Walter Benjamín, en su ensayo ‘La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica’, de 1937, ya advirtió que el cine nos abrió por primera vez la experiencia del inconsciente visual, del mismo modo como el psicoanálisis nos abrió la experiencia del inconsciente instintivo (Benjamín, 1997).

Así, nos preguntamos: ¿no nos está abriendo el ciberespacio la experiencia del inconsciente colectivo (o humano-genérico) mucha más que no una supuesta inteligencia colectiva? (Lévy).

En las salas de conversación que florecen en el ciberespacio, las subjetividades extrañadas tienden a ir más allá de sus capacidades, destilando sus fantasías, proyectando sus deseos, muchos de ellos inconscientes, ocultándose tras un apodo o nickname prosaico y singular.

¿No serían, pues, las salas de conversación virtual tan sólo la traducción mediática de una de las características ontológicas de la forma-dinero, o sea, su capacidad de transformar todas nuestras incapacidades en su opuesto?

La siguiente cita extensa de Marx que vamos a transcribir, expresa la peculiaridad ontológica de la forma-dinero, que, en cierto modo, se reproduce en el ciberespacio:

Aquello que mediante el dinero es para mí, lo que puedo pagar, o sea, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del propio dinero. Mi fuerza es tan grande como la forza del dinero. Las cualidades del dinero –cualidades y fuerzas esenciales- son mías, de su poseedor. Lo que yo soy y lo que yo puedo no se determinan en absoluto por mi individualidad. Puede que sea feo, pero puedo comprar a la mujer más bella. Por tanto, no soy feo, ya que el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Puede que mi individualidad diga que yo soy inválido, pero el dinero me proporciona veinticuatro pies, así que no soy un inválido. Puede que yo sea un hombre malvado, sin honra, sin carácter y sin espíritu, pero el dinero es honrado y el bien supremo, de modo que su poseedor también. El dinero es el bien supremo, así que su poseedor es bueno. El dinero me aleja de la posibilidad de ser deshonesto, de modo que me hace honesto. Puede que yo sea estúpido, pero el dinero es el espíritu real de todas las cosas; ¿cómo podría su poseedor ser un estúpido? Además de todo esto, su poseedor puede también comprar a las personas inteligentes, y quien tiene el poder sobre las personas inteligentes, ¿no es aún más inteligente que los inteligentes? Yo, que mediante el dinero puedo tener todo aquello a lo que el corazón humano aspira, ¿no poseo acaso todas las capacidades humanas? ¿No transforma, entonces, el dinero, todas mis incapacidades en todo lo contrario?"(Marx, 1983).

Así pues, nos preguntamos: ¿no es posible pensar que los canales de conversación en el ciberespacio poseen la posibilidad virtual, al igual que el dinero, de transformar todas nuestras incapacidades en su opuesto? ¿O, incluso, de proyectarnos, del mismo modo que el capital ficticio que predomina en la era de la financierización, a tipos de personalidades ‘ficticias’, ocultas bajo un nickname?

¿Mucho más que una mera posibilidad objetiva e irrealizable en las condiciones de la sociabilidad capitalista, no sería el ciberespacio una realidad efectiva, aunque infectada de fetichizaciones, capaz de instaurar nuevos vínculos contradictorios en la sociabilidad capitalista?

Cuando nos referimos al ciberespacio, lo hacemos refiriéndonos a un nuevo campo mediático donde se van a proyectar las contradicciones socio-humanas. Es absurdo caer en unilateralidades, ya sean del lado del optimismo tecnológico, ya sea del lado del pesimismo luddita.

El ciberespacio es un nuevo recurso socio-tecnológico capacitado para hacernos percibir las inmensas posibilidades de pérdida (y emancipación) humano-social provocadas por el proceso civilizador del capital.

Existen en el ciberespacio innumerables posibilidades (y prácticas efectivas) para la subversión de la lógica del valor de cambio. A pesar de que Internet se está utilizando cada vez más como un espacio de comercialización planetaria, podemos percibir, con la misma intensidad, un locus de subversión del valor de cambio –la piratería avasalladora (que es la propia negación de los derechos de autor, o del arte como mercancía), la invasión de los hackers (con el ciber-terrorismo) y una interfaz hiperdemocrática, tienden a ofrecer impresionantes posibilidades para que la modernidad mercantil vaya más allá de sí misma. Por esta razón, ¿no sería Internet uno de los campos mediáticos avanzados capaces de contener las posibilidades reales de "negación del sistema capitalista en el interior del propio sistema"? (Fausto, 1987).

Parece evidente que, ante la constatación del desarrollo del ciberespacio bajo la vigencia del capital financiero, su estructura mediática tiende a incorporar nuevos potenciales de fetichización, intrínsecos a la forma-dinero. Internet incorpora, de un modo ofuscante, los complejos de extrañamientos subjetivos vigentes en la sociedad capitalista.

El fetichismo de lo virtual es, por tanto, una expresión de la utilización de los recursos mediáticos para la consolidación del propio fetichismo de la mercancía, o el extrañamiento real intrínseco a la sociabilidad capitalista. Más aún: el ciberespacio podría expresar, reflejar y, en consonancia, dar una nueva dirección a la miríada de extrañamientos vigentes en la sociedad capitalista.

Es a partir de este campo mediático contradictorio que surgen, con la misma intensidad aunque en direcciones opuestas, por un lado, los optimistas utópicos de las nuevas tecnologías de la comunicación cibernética y, por otro, los críticos viscerales del ciberespacio, como Jean Baudrillard, quien afirma que "el mundo virtual no posee ningún sentido del otro. No hay espacio para la originalidad. Vivimos en un consenso total". O, incluso, que "mas que un espacio de conocimiento, se trata de un espacio de desaparición, una forma de perdica por exceso que nos sumerge" (Jean Baudrillard, en una entrevista publicada en Folha de São Paulo, el 19 de febrero de 1998).

Así, en tanto que andamiaje mediático, el ciberespacio tan sólo traduciría, en su estructura virtual, las miserias de la sociabilidad capitalista. No obstante, no es ‘el mundo virtual’ el que no posee el ningún sentido del otro, sino ‘el mundo real’, donde prolifera la sociabilidad capitalista. No es en Internet donde se da ‘un espacio de desaparición’, sino en el mismo mundo cotidiano extrañado de la sociedad burguesa. Por tanto, ¿por qué culpar al ciberespacio por ‘traducir’ algo que no es más que la naturaleza propia de las sociedades donde domina el podo de producción capitalista?

En Miseria de la Filosofía, (1847), Marx, cuando criticó a Proudhon por decir que el lenguaje del economista David Ricardo era cínico, observó:

"Ciertamente, el lenguaje de Ricardo no puede ser más que cínico. Situar en la misma línea los gastos de fabricación de sombreros y los gastos de manutención de un hombre significa transformar al hombre en sombrero. Pero no gritemos tanto contra el cinismo. El cinismo está en las cosas, y no en las palabras que exprimen las cosas" (Marx, s/d).

En realidad, el cinismo del ciberespacio no es diferente al cinismo de la sociedad burguesa. Internet tenderá a expresar, a través del nuevo andamiaje mediático, el vacío espiritual y cultural del mundo capitalista. Y no sólo éstos, sino también su vacío político.

Así, por ejemplo, ¿no sería una ‘broma"inocente como la del creativos internautas que construyen ‘países virtuales’ como el Global State of Waveland, o el ‘estado virtual’ de los ecologistas de Green Peace, con su ‘ciudadanía virtual’, un síntoma del desvanecimiento de la democracia real bajo las condiciones del capitalismo contemporáneo?

En realidad, la instauración de un recurso mediático como el ciberespacio, imagen y semejanza del ‘sujeto’ capital-dinero, tenderá a exponer en toda su crueldad las relaciones sociales vigentes bajo el capitalismo. Desvelará nuevos caminos para la crítica del extrañamiento cotidiano, proporcionándonos percepciones de posibilidades negadas por las relaciones capitalista de producción de vida material. Internet tenderá a anunciar las promesas no cumplidas –y frustradas- por el proceso civilizador del capital.

Así pues, parafraseando una vez más a Marx en la Crítica a la filosofía del Derecho de Hegel (1843), ¿no sería Internet una ‘fantástica realización de la esencia humana’, una esencia humano-genérica que surge mistificada por la naturaleza virtual, exaxtamente ‘porque la esencia humana no posee una verdadera realidad’?

Yendo aún más lejos, ¿no podríamos afirmar que Internet es, tal y como Marx calificó a la religión, una "teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica bajo una forma popular" (o, diríamos nosotros, bajo una forma tecnológica-cibernética)? O más aún, ¿no sería el supuesto cinismo de Internet, del mismo modo que la miseria religiosa, la expresión del cinismo y de la miseria real y, a la vez, una protesta contra éstas? Marx afirmó que "la religión es el suspiro de la criatura afligida, el estado de ánimo de un mundo sin coacción, porque es el espíritu de la situación sin espíritu" (Marx, 1977). ¿No podríamos decir lo mismo del ciberespacio?

Si el joven Marx partió de la crítica de la religión para llegar a la crítica de la economía política, como un importante paso para desvelar el enigma del dinero y, por tanto, de los mecanismos de acumulación del capital, un importante paso para nosotros, en la actualidad, sería partir de la crítica de la forma-mercancía, de la cual el propio dinero es su expresión universal, para desarrollar la crítica de la cultura tecnológica, donde, en el caso de Internet, tiende a incorporar y a convertirse en la forma-dinero -no sólo en todas sus manifestaciones negativas y fetichizantes, sino también en sus realidades y posibilidades de denuncia de la miseria capitalista y de realización, aunque sea incompleta, de la esencia genérica del ser humano.


Bibliografía citada

  • Adorno, Theodor & Horkheimer, Max, 1985, Dialética do Esclarecimento, Rio de Janeiro: Zahar Editores


  • Arrighi, Giovanni, 1996, O longo século XX, Rio de Janeiro: Contraponto & Ed. da UNESP


  • Benjamin, Walter, 1997, Obras Escolhidas, vol. 1, São Paulo: Editora Brasiliense


  • Braga, J.C., 1993, "A financeirizão da riqueza, en Economia e Sociedade, 2 (UNICAMP)


  • Castells, Manuel, 1999, A Sociedad em Rede, Rio de Janeiro: Paz e Terra


  • Chesnais, François, 1996, A Mundializão do Capital, São Paulo: Editora Xama


  • Fausto, R. 1987, "Marx – Lógica & Política", en Investigações para uma rexonstituição do sentido da dialética, tomo 1, São Paulo: Editora Brasiliense


  • Fausto, R. 1989, "A ‘Pos-Grande Indústria’ nos Grundisse (e para além deles)", en Lua Nova, 19 (CEDEC – São Paulo).


  • Harvey, David, 1992, A Condição Pós-Moderna – Uma Pesquisa sobre as Origens da Mudança Cultural, São Paulo: Editora Loyola


  • Kurz, Robert, 1997, Os Últimos Combates, Rio de Janeiro: Paz e Terra
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