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Eje temático C. Comunicación y cultura:

C-9. Arte, creación y nuevas tecnologías:

Manifestaciones en torno al sida. Un arte para la acción

IV Congreso CiberSociedad

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Palabras clave:

arte/bellas artes
fotografia digital / fotocreación / portales de fotografías
infancia
sanidad
net.art
 

Autor(-a/s):

Rut Martín Hernández
 
 
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Abstract:

La enfermedad del sida es un gran problema en el mundo actual y el estigma que recae sobre los enfermos infectados por VIH está todavía patente en muchos sectores de la sociedad. La evolución actual de la epidemia pone de relieve la impotencia de las minorías ante las adversidades. El materialismo y las grandes diferencias sociales en mundo contemporáneo demuestran que, tanto los países subdesarrollados como las minorías más pobres y marginadas de occidente se encuentran desprotegidas ante una enfermedad que la sociedad todavía no asimila como parte de sí misma. El arte contemporáneo como reflejo de la realidad y a la vez como vehículo de información puede ser de gran utilidad. Cabe destacar el papel que juegan las nuevas tecnologías aplicadas, no solo al proceso creativo, sino también a los canales de distribución que posibilitan la difusión de unas obras que encuentran dificultades en su fase de exhibición pública. La investigación de las características específicas se convierte así en un campo de estudio con grandes posibilidades tanto a nivel plástico como social

 
 
 

Texto de la comunicación:

Las enfermedades, sobre todo aquellas que han tenido efectos epidemiológicos, han supuesto claros puntos de inflexión dentro de la historia de la humanidad. Las consecuencias que han traído consigo a nivel político, económico y social las han convertido en tema de estudio en distintos ámbitos, desde el clínico-sanitario hasta el sociológico, pasando por el económico o el filosófico. Dichos estudios ponen de manifiesto la importancia de un tema de gran vigencia debido, en gran medida, al hecho de que la enfermedad es una característica inherente al ser humano. A pesar de los indudables avances científicos alcanzados en la era actual las enfermedades incurables siguen existiendo y causando efectos incuestionables. Una de las enfermedades que ha afectado de una manera radical a la sociedad actual ha sido el SIDA. Su condición de epidemia creó, sobre todo al principio, un miedo generalizado que desbordó el ámbito sanitario para convertirse en un cuestionamiento social. Esta alarma que se asocia de manera directa a otras epidemias pasadas, como por ejemplo la peste, y que creímos desterrada de la mentalidad contemporánea surge, de nuevo, para demostrarnos lo importante que es analizar y cuestionar los mecanismos que rigen esta serie de comportamientos con el fin de objetivarlos y racionalizarlos para permitir la máxima eficacia de las campañas de prevención y educación, hoy por hoy, la única manera real de controlar la epidemia. No cabe duda que el sida ha actuado como reflejo de una época y ha marcado enormemente las costumbres y la cultura transformando comportamientos, acabando con ciertas libertadas conquistadas en décadas pasadas y cuestionando los límites de nuestro cuerpo en el contacto con los demás.

La magnitud que ha alcanzado pone de manifiesto la necesidad ética de no mantenerse al margen. La enfermedad que ha matado a millones de personas y que sigue teniendo efectos desastrosos a nivel mundial pide una atención especial. El arte, desde siempre, ha sido un instrumento de interpretación del entorno, una manera de transmitir la situación social, económica y política del momento. De ese modo, las manifestaciones plásticas relacionadas con el sida actúan como reflejo de esa realidad analizándola, cuestionándola y convirtiéndose en un vehículo para llegar dónde no llegan las palabras, para mostrar la otra cara de la enfermedad que no se refleja en las estadísticas y que vive en cada unos de los enfermos que la sufren.

Esta investigación centra sus objetivos en analizar cómo el arte ésta respondiendo a la crisis que el sida ha abierto en la sociedad así como las características que configuran unas manifestaciones plásticas con un carácter especial. Por otro lado, resulta un punto de partida interesante la dicotomía que se establece entre un hecho físico cómo es la enfermedad y algo más metafísico como es la representación artística del mismo. El carácter científico alejado, en principio, del proceso plástico muchas veces resulta enriquecedor y complementario al hablar de un tema como éste. Es importante plantear la gran capacidad que tiene el arte para crear una riqueza enorme de respuestas ante una problemática común, intentando analizar la gran diversidad de soluciones a todos los niveles. La multitud de puntos de vista tanto técnicos como formales asociados a una serie de constantes conceptuales pone en evidencia las posibilidades que ofrece un lenguaje creativo a favor de otros modos de expresión menos autónomos así como el alcance de las conclusiones que se pueden derivar de su estudio y análisis. Partiendo del hecho de que la representación del sida se ha convertido en una construcción social que ha puesto de manifiesto miedos y prejuicios, se trata de estudiar cómo responde el arte cuando se interfiere el orden establecido y cómo puede romper esas barreras irracionales para fomentar la reflexión constructiva, cambiar posturas arraigadas que parten de los segmentos más conservadores de la sociedad y modificar conductas. La investigación de los mecanismos artísticos que favorecen este tipo de transformaciones tiene una gran aplicación práctica sobre todo, a nivel de educación y campañas de prevención, favoreciendo la difusión de información y catalizando el proceso por el cuál dicha información es más efectiva en sus destinatarios. Otro de los puntos a considerar es la capacidad terapéutica del arte. La impotencia que sienten los enfermos influye a la hora de plantear métodos alternativos que mejoren tanto el estado físico como psíquico de estas personas ayudándoles a tener más sentido de control sobre su enfermedad.

A nivel metodológico es importante reseñar que esta investigación se está viendo muy influenciada por el hecho de que el sida es una enfermedad "nueva" en la sociedad. Los estudios científicos, aunque han logrado importantes avances, sólo tienen veinticinco años de experiencia. Este concepto de novedad es importante ya que permite que el discurso sobre el sida esté en revisión constante, en un cambio permanente. Es por esto, por lo que las nuevas tecnologías son un recurso imprescindible. La posibilidad de actualización de este medio es mayor que la de los textos impresos convirtiéndose así en un complemento de gran utilidad. Es cierto, que el componente tecnológico no sólo va ser un método fundamental en este estudio sino que también tiene una vertiente plástica fundamental.

Las fuentes visuales son el centro de la investigación ya que se consideran como el último escalón de razonamiento. Estas representaciones que se relacionan con el sida no son muy conocidas ya que su nivel de difusión es, de algún modo, escaso. Así mismo, la contemporaneidad de las obras relacionadas con el sida permite crear un discurso sobre las manifestaciones artísticas más actuales, novedosas, y en muchos casos, arriesgadas que están surgiendo en estos momentos en el panorama del arte contemporáneo. Las relaciones que establecen estas obras con las nuevas tecnologías tienen una doble vertiente a nivel plástico, por un lado, son un instrumento de creación a partir del cuál se conciben y se desarrollan muchas de ellas y, por otro, el soporte virtual se convierte en el medio ideal para su difusión y distribución. El SIDA conlleva, desgraciadamente, muchas connotaciones de índole moral que van más allá de los efectos fisiológicos que produce y la crudeza de su realidad se impone en una sociedad que está muy lejos de aceptarla o interiorizarla bajo perspectivas propiamente médicas. Esta característica que convierte muchas de las obras que tratan del VIH en ejercicios de desgarrada sinceridad y que les otorga una cualidad añadida también actúa en su contra, recortando y censurando su difusión y exhibición que, desde las mentalidades más reaccionarias, es entendida como una amenaza. Hoy día, la red constituye un lugar privilegiado dónde, probablemente no por mucho tiempo, encontrar un pequeño margen de libertad. Sería ingenuo no entender que los estamentos de poder que articulan todas las relaciones construyen un complejo entramado que condicionan cualquier difusión de información pero también es cierto que probablemente sea el canal más democrático con el que podemos encontrarnos en estos momentos. Es por esto por lo que Internet permite dar voz a unas propuestas que gritan por ser vistas y que de otro modo quedarían en el más absoluto silencio. Uno de los objetivos principales del arte sobre el sida es su carácter de difusión ya que, más allá de sus logros estéticos, sirve como vehículo para la información. Esta característica pone de manifiesto la "utilidad" del arte fomentando respuestas didácticas y sociales que ayudan mucho a los esfuerzos de prevención. A través de una difusión suficientemente amplia se puede fomentar y reforzar la necesidad de acción, la posibilidad de luchar contra las normas e impedimentos sociales. El arte usado como herramienta de comunicación y como poder de desafío tiene grandes posibilidades y, además, permite "socializarse", llegar a un público más amplio que normalmente está fuera de los circuitos artísticos más convencionales. Esa ampliación de los limites tradicionales del arte afecta también de un modo formal ya que, en múltiples ocasiones, se establece una unión entre mundo del arte y comunicación con el fin de lograr obras más comunicativas, de lectura más simple y más efectivas en su papel de impacto visual.

Los miedos y aprensiones que ha generado la falta de control de la enfermedad y la incapacidad de encontrar un tratamiento efectivo han provocado una serie de condicionamientos ajenos a la enfermedad misma que la han convertido en una enfermedad tabú, en una enfermedad maldita. Dos aspectos fundamentales han influido, por un lado, se trata de una enfermedad de transmisión sexual y por otro, se relaciona con gente que ya de por sí padecía marginación social (homosexuales, drogadictos, prostitutas...). A estas consideraciones hay que unirle el hecho de que es una enfermedad que afecta de manera considerable a la fisonomía de las personas que la padecen, desfigurando el cuerpo y provocando una serie de marcas identificativas. El sida está siendo una referencia fundamental dentro del arte. En la era de la cultura visual, la presencia de imágenes tiene una gran fuerza y capacidad para formar respuestas sociales y cuestionar la moral dominante aportando multitud de soluciones para transformar la situación de estigma social. Por otra parte, la incidencia de la enfermedad en la comunidad artística ha sido bastante alta y muchos artistas han tenido la necesidad de asumir una serie de compromisos artísticos y políticos. Artistas como Robert Mapplethorpe, David Wojnarowic, Félix González Torres, Keith Haring, Nan Goldin, Pepe Espaliú, Robert Gober, y grupos como Gran Fury y The Carrying Society han demostrado a través de sus obras cómo puede el arte luchar contra el sida. De modo paralelo, muchos de estos artitas han llevado a cabo una gran labor de información, fomentando la reflexión y educación sobre el tema. Estos artistas citados son, de alguna manera, los más emblemáticos pero este estudio pretende presentar la obra de otros artistas, probablemente menos conocidos, que han utilizado preferentemente como canal de difusión de sus obras la red. Esta elección condiciona también la factura conceptual, técnica y formal de dichas manifestaciones.

Temas como el amor y la muerte, el dolor y la pérdida, la esperanza y la desesperación, el esfuerzo y la lucha, la rabia y el abandono, la sexualidad, el cuerpo como límite de expresión individual y la solidaridad, se convierten en puntos clave de estas piezas. Lo más interesante es que, a pesar de tener en común preocupaciones muy similares, no hay una única respuesta a los interrogantes, no se encuentran soluciones preconcebidas sino que hay una gran diversidad de estilos y alternativas que son capaces de romper fronteras disciplinarias, geográficas y raciales. Este tipo de temáticas no son sencillas de ver y de comprender. Las reflexiones que suscitan, incomodan porque no son "socialmente correctas" y porque ponen en discusión aspectos que no son nada fáciles de tratar. La representación del cuerpo y de la homosexualidad son cuestiones que la sociedad, todavía, acepta con dificultad.

Dentro de esta generación de creadores se encuentra Rebecca Guberman. Su obra, en la que se entremezclan distintos lenguajes plásticos, pone de relieve los sentimientos intensos a los que se enfrentan los enfermos de sida. Inquietantes y conmovedoras, llaman la atención sobre los límites físicos y sobre la mortalidad compartida. Utiliza notas detalladas de expedientes médicos y de imágenes microscópicas para hacer una comparación entre la historia formal y clínica de la enfermedad y la experiencia vivida. La fotografía y las nuevas tecnologías de transformación de imagen realizan una función de elemento unificador que transmite gran coherencia. La atmosférica belleza formal se llena de significados para poder denunciar la necesidad de identidad, la expresión libre y los estigmas sociales. En su serie "Birds" utiliza porciones de pájaros a través de los cuales intenta reflexionar cómo, al igual que muchos pájaros no se adaptan bien a la vida en la ciudad, los humanos tenemos que adaptarnos a ella mediante una interrelación que, en ocasiones, nos margina y nos rechaza como pájaros heridos por las agresiones de un ámbito antinatural. La pieza audiovisual "Blood Lines" que ha dirigido junto con Jennifer Jake es la obra que, quizás, tenga una relación más explícita con su estado seropositivo. En ella se pueden observar las constantes formales de Gubberman y ese lirismo que emana de toda su obra conjugado con una manifiesta intención pedagógica. De hecho, esta pieza va acompañada de una guía educativa y ha sido distribuida en diversos High School y organizaciones juveniles norteamericanas como un documental didáctico sobre el VIH. Al igual que Gubberman otros artistas como Ron Athey, Barton Lidice Benes y Valerie Caris utilizan fluidos corporales, las cenizas humanas incineradas y los historiales médicos para crear un discurso desafiador que lleva la representación del cuerpo a su extremo poniendo a prueba los límites del espectador y de las normas sociales.

Llaman también la atención las obras de Per Eidepjeld y Stephen Andrews. El primero utiliza el montaje fotográfico y la manipulación digital para crear originales formas víricas que aluden de manera directa al VIH. Con una base de ironía estos cuerpos deconstruidos del Eikepjeld que componen nuevas formas orgánicas nos proponen cuestionarnos la escala de lo que estamos viendo. Estos virus y porciones de DNA ya no pertenecen al mundo microscópico, salen de ese reducido objetivo óptico para tomar escala humana. El virus no coloniza las células del cuerpo sino que es el mismo cuerpo el que se transforma en virus. Como una vuelta de tuerca, nos plantea como la diagnosis de sida se convierte en algo que fragmenta y vertebra totalmente las vidas de los enfermos que la padecen. Las obras de Andrews son también imágenes derivadas de las fotografías transformadas por técnicas digitales. Andrews intenta conjugar la idea de "verdad" que emana de la imagen fotográfica con las marcas autográficas asociadas al acto de pintar. Sus trabajos evocan, de una manera un poco nostálgica, el tejido de las relaciones personales vividas y recordadas y la búsqueda, a través de ellas, de la propia identidad.

Por otro lado, los artistas enfermos han podido utilizar el arte para exteriorizar lo que se siente siendo portador del VIH. Les ha servido como terapia y como un modo de permanecer vivos. Preston McGovern dice que "si algo bueno ha venido de mi diagnosis de sida, ha sido mi arte. Cuanto más baja es la cuenta de mis células T más alta es la salida curativa de la expresión artística….es una experiencia intensa. Antes, pedí pintar, ahora tengo que pintar. Estoy presente al pintar" (MCGOVERN, Preston, 2000, "Art = Live" en Body Positive Magazine, Vol. XIII, nº7, July).

Es importante observar cómo a través de las manifestaciones plásticas de la población no occidental se ha transmitido la dura realidad que se vive en estos países. El arte ha logrado abrir fronteras políticas para que occidente pueda observar cómo la epidemia es muy diferente en estos lugares a la idea que se tiene de ella en los países desarrollados. Dentro de estas manifestaciones artísticas de procedencia africana cabe destacar las obras de pintores del Zaire como Cheri Zomba. Estos pintores recurren a un lenguaje popular / tradicional de figuración inmediata en el que a través de la ironía denuncian las precarias condiciones de vida en estos países. Por otro parte, Zweletu Mthwua retrata a través de fotografías de técnica refinada la realidad cotidiana de la población emigrada desde los campos y la periferia de las grandes ciudades. Otra interesante perspectiva es la del surafricano Gary Scheineider que fue invitado por Nan Goldin a participar en la exposición del año 1991 "From Desire: a Queer Diary". Su serie "Anemone" tipifica la combinación de la poética con el impulso científico y es inseparable de los primeros años de la epidemia. Nan Goldin escribió refiriéndose a Scheineider "El arte ha sido una fuerza obligatoria, una unificación del formato, una protesta y un arsenal" (TREVOR Fairbrother, 2005, "Gary Schenider: Facing Time" en Art in America, February, pag. 114). Cambiando de continente, el asiático Alan H. Cheung utiliza las tradiciones de la pintura china para explorar normas que diferencian el amor de la expresión sexual. Sus obras muestran los componentes eróticos que inundan los distintos aspectos de la vida destacando, a veces de manera irónica, la estrecha relación entre lo mundano y lo sensual. Acoge las tradiciones más antiguas del arte erótico y las sitúa en un contexto totalmente moderno. Por su parte, Masami Teraoka realiza una reflexión en su serie "AIDS" sobre cómo el sida está afectando a la sociedad. En 1896, mientras visitaba a un amigo en Nueva York, se enteró de que su hijo recién nacido había contraído el sida a través de una transfusión y decidió empezar a realizar su serie para satirizar los peligros de una sociedad hipócrita que no es capaz de asimilar el devastamiento que estaba causando una catástrofe natural de tales dimensiones.

Cabe destacar que a través del análisis de las obras estudiadas se puede observar que el compromiso social y las dificultades a las que se enfrentan los artistas, tanto a la hora de la realización de su obra como a la de su difusión, multiplica, de manera indirecta, las soluciones plásticas encontradas fomentando un avance conceptual y formal. Este hecho plantea y demuestra la capacidad del arte para responder y conquistar nuevas vías de expresión en presencia de dificultades, limitaciones e impedimentos. Una vez más, las censuras impuestas desde los ámbitos menos comprometidos y, a pesar de su finalidad excluyente, se convierten en barreras que limitan pero que no son lo suficientemente válidas como para acabar con la libertad de expresión de las causas en las que el beneficio social va más allá que los intereses políticos y económicos que las imponen. Al mismo tiempo, no es suficiente que sólo las personas que desgraciadamente han tenido un contacto personal con el sida plasmen sus inquietudes en obras de arte o escriban sobre él. Tampoco basta con que el sida sea sólo objeto de conversación en círculos reducidos al margen de los conductos oficiales. Resulta así fundamental crear una conciencia global que contribuya a generar un clima de información y tolerancia propio de una sociedad madura y democrática.

Según Tomas Skoloski "El movimiento del sida está buscando una nueva voz para hablar sobre una crisis que no ha terminado, que simplemente se ha transformado en algo más. Mientras que el arte no puede encontrar la curación, puede ayudar al resto de nosotros a vivir" (CODOTA, Steven, 1999, "Virtual Gallery" en Body Positive Magazine, Vol. XII, nº12, December). Las manifestaciones artísticas tienen capacidad para movilizar conciencias, crear opinión y fomentar reflexiones en torno al tema. El camino abierto por estas obras es más que un intento de crear una cultura global y comprometida que debe interesar tanto por las innovaciones plásticas que consigue como por el trasfondo social que plantea.

BIBLIOGRAFÍA



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