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Palabras clave:

ciberespazo
virtual
retórica
creatividade
narrativa
 

Autor(-a/s):

Carlota Fernández-Jáuregui Rojas
 
 
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Abstract:

El elemento temporal se caracteriza en los hipertextos por la no-linealidad. Pero este rasgo entra en contradicción con la naturaleza sucesiva del lenguaje, por lo que este trabajo es un intento de establecer una Retórica del hipertexto narrativo basada en la lectura y el enlace. En este modelo retórico, las operaciones de inventio-dispositio-elocutio se darán simultáneamente, pues el lector selecciona los elementos, organiza las partes y el discurso en un mismo momento. El problema de establecer un final o un desenlace vendrá dado porque si el texto impreso se caracteriza por encerrar en el discurso la totalidad de la fábula debido a su fisicidad; la ficción hipertextual se caracterizará, al contrario, por ser una probabilidad más, donde el tiempo realiza la función de cortar el discurso, convirtiéndose en un “tiempo-soporte”, alejado del “tiempo-argumental” del texto impreso. La visión espacial ha sido privilegiada en los estudios sobre hipertextualidad; intentaremos esbozar aquí las relaciones entre la duración, el discurso y la lectura en el hipertexto a partir del elemento temporal.

 
 
 

Texto de la comunicación:

Retórica del enlace y del desenlace en la escritura hipertextual


Entendemos, de manera natural, que una narración comienza por el principio. En la cultura escrita a la que pertenecemos, aunque una narración no comience por el principio de la historia, el principio del discurso será siempre la primera página de un libro cerrado (ya cosido, ya pegado), que acaba inevitablemente en la última. La narración, que podrá ser contada de varias maneras, es decir, en órdenes temporales distintos, será un único discurso temporalmente sucesivo. La creación del sentido y de la toma de referencia surgirán del anclaje del discurso al soporte cerrado del libro; el "aquí-ahora" referencial del discurso se materializará por la relación entre el discurso y la narración, y la misma relación entre Retórica, Realidad y Soporte tendrá lugar en el hipertexto pues el sentido depende del soporte, o, a la manera de McLuhan, el medio es el mensaje. Trataremos de ver cómo la relación entre el tiempo, la retórica y el sentido se modifica en el medio abierto de los hipertextos narrativos, pues como advierte Gunnar Liestol, "al reflexionar sobre problemas relacionados con la dicotomía lineal-no lineal, se llega inevitablemente a la curiosa relación entre las dimensiones espacial y temporal" (LIESTOL,1997, p.127).

Cuando hablamos de un texto progresivo, regresivo, circular, lineal… estamos en realidad relacionando el tiempo formal del discurso con el tiempo exterior de la fábula que tomamos por referente temporal. Y, aunque los dos "tiempos" no se identifiquen en su forma punto por punto, el tiempo de afuera (el de la narración) será la medida del tiempo del interior del discurso, pues su organización dependerá de esta relación.

Pero mientras que en el texto impreso la ficción queda encerrada en el discurso al que pertenece y, por tanto, el tiempo es sometido a esa trama, ordenando el discurso a modo de relación aristotélica entre tiempo y fábula; en el hipertexto, el elemento temporal, paradójicamente, no tiene principio. En la esencia diferenciadora del hipertexto narrativo encontramos que en éste la ficción que el escri-lector crea es un ejercicio de decisión y de descarte. El escri-lector va decidiendo sobre la marcha qué camino es el que quiere seguir mediante los enlaces que selecciona, y, por esto, este ejercicio de decisión, y por tanto de discriminación de otros probables caminos para la ficción, convierten el texto resultante o discurso discurrido (Liestol) en un sólo resto de la historia que hay "afuera" en forma de probabilidad, convirtiéndose el tiempo narrativo en el medio que delimite esa trama, al cortarla en un determinado momento. En la lectura del hipertexto se ejecuta el cierre de la ficción en el momento del cese de la lectura, pero a diferencia del libro, ese final no es la última página, sino uno de los finales probables en el tiempo, mientras que la narración continúa fuera del discurso. Esta información que queda fuera del discurso se pierde en la propia decisión del lector, y esta pérdida, esta diferencia en la duración, es precisamente la condición necesaria para que la narración avance en el tiempo.

Por tanto, el factor tiempo será un elemento fundamental para una retórica hipertextual, pues se convertirá en un "tiempo-marco" o un "tiempo-soporte" además de un "tiempo-argumental". Esta relación del "tiempo marco" con el "tiempo-argumental" facilitará las ficciones dentro de las ficciones y todos los juegos que el texto sea capaz de establecer con el tiempo externo pues el discurso será un paréntesis (uno de los probables) de la velocidad del tiempo externo, delimitado por el cierre de la lectura (en uno de los probables momentos). El texto impreso será una totalidad y el hipertexto un fragmento más de las historias probables. El hecho de que el hipertexto sea una posibilidad más de la historia que queda afuera (que continúa afuera), lo pone en relación con las poéticas postestructuralistas como ya advirtió Landow, pues el tiempo argumental no será el esencial absoluto portador de la verdad absoluta, sino que el tiempo y la historia serán un resto, una posibilidad más de la historia que hay afuera; y el texto probable será la ausencia que indique la presencia de la historia que continúa afuera como probabilidad, porque en el mismo acto de seleccionar el texto en sus bifurcaciones se produce el desplazamiento del sentido de un bloque textual a otro.

En el texto impreso, el sentido en buena medida viene determinado por las partes del conjunto, así como la llegada del final y la consumación del sentido. El ritmo actúa sobre la estructura narrativa mediante la articulación de las partes del discurso; así por ejemplo, la tensión que se produce en el sentido puede venir determinada por una aceleración o una deceleración del ritmo narrativo: el tiempo avanza sobre el discurso, y según la velocidad a la que fluyan las imágenes, avanza el sentido. Pero en el hipertexto narrativo, los ritmos son aleatorios y dependerán de la densidad de las secuencias y del número de enlaces:

Los factores que determinan las tendencias rítmicas inherentes son la longitud de los recorridos y la densidad de enlaces antes que el hecho de que la estructura forme bucles, contrapuntos o uniones y separaciones múltiples. El ritmo debe, pues, tomarse en consideración para entender las diferencias entre las estructuras hipertextuales (KENDALL, ROBERT, 2003, p. 186)


Esta estructura rítmica tan caprichosa propia del hipertexto necesita de un sentido que vaya explicando dichas alteraciones, de la misma manera que requiere de un sentido de final que concluya el texto, ya que, como dijimos más arriba, el sentido será el que sustituya al soporte físico, mediante la discriminación de otros probables sentidos, a no ser que queramos ser lectores eternos de un hipertexto que no se cierra nunca.

Mientras que en el texto impreso somos conocedores de estar en el principio, medio o final de la trama, en el hipertexto narrativo, sólo podemos hacer esa división macroestructural al final de la lectura. El no saber en qué parte de la narración estamos, impide un análisis retórico de escritura y de lectura desde la macroestructura del texto, y permite un análisis microestructural desde el propio entramado o tejido del texto, esto es, desde el enlace, como luego veremos.

Las formas caprichosas, enlazadas, arabescas, no sujetas a una intencionalidad previa, van ligadas necesariamente a la contemplación del texto como un enigma por resolver.

Desde el punto de vista visual, el hecho de que algunas palabras, frases o imágenes estén destacadas como enlaces en el texto, en forma de negrita o de subrayado, hace que volquemos mayor atención en esas palabras y que las tomemos como símbolos de otra magnitud mayor o como imágenes mentales de sentido que explicarán la articulación caprichosa de las partes a lo largo de la lectura, así como su consumación en el final de la lectura. Estos elementos van creando en nuestra mente mapas simbólicos en el plano tanto del contenido como de la expresión, pues ponen en contacto la palabra con la imagen poética.

Este carácter visual del hipertexto, y por tanto físico, hace que el soporte sea el creador del sentido, que se articula en dos niveles, uno estructural y otro simbólico:

En un nivel más general, el enlace entre dos bloques de información indica que existen unas relaciones que deben ser completadas semánticamente por el lector para alcanzar un sentido, y que vienen determinadas por la misteriosa relación que guarda en su seno el enlace. Este fenómeno "extiende la trama linealmente", es decir, argumental o temporalmente a lo largo de un plano.

Y ya en el seno de la metáfora, la imagen vendrá determinada por un dentro-fuera, que potencia una consideración de profundidad y de espacio propio del hipertexto. Este fenómeno, en cambio, "dilata la imagen poética en profundidad", como la penetración en el espacio.

El final del hipertexto vendrá dado por estos dos planos, pues será la consumación del sentido en el tiempo y en el espacio.

La existencia de esta profundidad tanto en el enlace como en el símbolo, mediada por la convivencia de un plano interior y otro superior, es debida a la existencia de las dos duraciones a las que nos referíamos al principio: la del discurso ejecutado y la de los discursos discriminados; y es por ésta relación de asociaciones, que el lector entiende como enigmática por encerrar un sentido, por la que de la misma manera que la imagen puede ser tomada como real, la realidad puede volverse virtual o simulacro. Es quizá esta una de las causas de la dificultad de poner fin a una narración hipertextual. El final de la lectura es el elemento que determina al menos dos recorridos básicos que pueden realizarse en un hipertexto: si el lector del hipertexto tiende a encontrar diversas líneas argumentales aparentemente no relacionadas entre sí, tenderá a verlas como "variaciones de sentido", que potencian la interpretación del texto como linealidad argumental, como "sucesividad temporal", pues son las distintas vías argumentales que pueden tomarse desde el mismo punto de partida, caracterizadas por el hallazgo de elementos nuevos, es decir, las diversas historias que pueden desenlazarse y que tienen en común el origen que les da sentido; pero si el lector, en un momento ya avanzado de la lectura, comienza a encontrar elementos reincidentes, creerá volver al inicio que otorgó el sentido al texto, potenciando un "círculo de sentido" que potencia en la visión la "simultaneidad espacial", pues el espacio narrativo será como una cartografía a través de la imagen, y no del argumento, ya que el texto volverá hacia sí mismo mediante la repetición de escenas. Pongamos un ejemplo tomado del Romanticismo alemán para iluminar este doble funcionamiento temporal y espacial en la lectura del hipertexto, pues a nuestra manera de ver, es uno de los movimientos literarios basados en la no secuencialidad. Dice Novalis en Enrique de Ofterdingen, aludiendo a la búsqueda laberíntica del sentido:

Me parece como si hubiera dos caminos para llegar a la ciencia de la historia humana: uno, penoso, interminable y lleno de rodeos, el camino de la experiencia, y otro, que es casi un salto, el camino de la contemplación interior. El que recorre el primero tiene que ir encontrando las cosas unas dentro de otras en un cálculo largo y aburrido; el que recorre el segundo, en cambio, tiene una visión directa de la naturaleza de todos los acontecimientos y de todas las realidades, es capaz de observarlas en sus múltiples relaciones y de compararlas con los demás objetos como si fueran figuras pintadas en un cuadro. (NOVALIS, 1992)


Podemos identificar la primera de las vías como definición del pensamiento deductivo, y la segunda como representación del pensamiento asociativo que se da en los hipertextos y en la memoria colectiva de Internet (Vannevar Bush, 2001), pues el enlace necesita inevitablemente de la memoria. Volviendo a las dos maneras de asociación hipertextual que mencionábamos, entendemos que mientras que la "sucesividad temporal" de los enlaces, que conectan dos planos en los que el último contiene siempre al primero y así sucesivamente, establece una jerarquía entre los elementos narrativos, y estructura el sentido por el tiempo de la narración argumental; en la "simultaneidad espacial", sin embargo, todos los elementos se encuentran a la misma altura, como en una pintura, en la que tenemos la visión directa y no jerárquica de los elementos. Es el argumento en el primer caso, y la imagen en el segundo, el elemento que dota de sentido al hipertexto. Pero tanto en un caso como en otro el lector se sirve de la imaginación de un significado previo a la totalidad de la lectura, pues en su doble condición de lector y de escritor, crea un sentido en el que articular las redes argumentales del texto que dotan de carácter simbólico a los enlaces. Por ello podemos decir con J. Yellowlees Douglas que en el hipertexto no se crea una red de metonimias que al final hacen comprender el texto como un todo, como ocurre en el texto impreso, sino que:

En lugar de esa lectura argumental que se desplaza metonímicamente por el texto, los lectores de Forking Paths habían intentado dotar de sentido argumental a cada secuencia de otro modo, a saber: postulando un diseño general y unitario que les permitiera luego conferir significado a cada uno de los nodos individuales que lo componen. Es lo que Moulthrop llama la composición de un espacio cartográfico. (YELLOWLEES DOUGLAS, J, 2003, p.173).


Esta condición propia del escri-lector configura el hipertexto en su naturaleza de fragmento: el hipertexto es un fragmento más de la unidad de sentido, que detiene uno de los posibles discursos, pues el texto pertenece a un Todo inabarcable; y la tarea del escri-lector es la de descubrir sus relaciones ocultas. No sólo esto es así por esta doble condición del lector, sino por la necesidad que tienen los hipertextos de anclar su significado en un final temporal y causal que no viene dado por el soporte como ocurre en el libro impreso. Es decir, el hipertexto será un fragmento, a nuestro juicio, por tres motivos: porque el lector debe completar su significado mediante relaciones semánticas que vayan más allá del significante; por la necesidad de establecer un final, al acotar uno de los significados posibles; y porque el hipertexto es un conjunto de formas libres que necesitan de una coherencia entre ellas para convertirse en narración. Este último aspecto convierte al hipertexto en un signo que se completa simbólicamente en su relación con el exterior: la libertad de formas y la estructura abierta de la narración hipertextual, es decir, su condición laberíntica o "arabesca", está directamente relacionada con su capacidad de signo enigmático; de la misma manera que si existe un laberinto es porque existe una salida, el lector de hipertextos interpreta que si existen los márgenes o las redes hipertextuales es porque existe un centro de significado oculto. Entendemos ahora que el ejemplo que de Novalis hemos tomado no es gratuito, porque en el Romanticismo alemán, la existencia es un fragmento de un Todo superior que le da sentido mediante el enigma, y el texto es como un organismo que se define por sus propias relaciones, por sus propios enlaces. De la misma manera, la lectura hipertextual responde a la búsqueda de un sentido que hay que des-velar entre el texto y el macrocosmos narrativo hacia el que el texto apunta mediante los enlaces. El hipertexto es tan sólo la punta del iceberg que esconde bajo la superficie sus relaciones de asociación. Sirvámonos ahora, como curiosidad, de la definición de "lo arabesco" que adelanta Kant, con el fin de entender la naturaleza orgánica, fragmentaria y libre de los hipertextos que influirá en las literaturas no secuenciales, es decir, aquellas basadas en la imagen:

Muchos pájaros (…) son bellezas en sí que no pertenecen a ningún objeto determinado por conceptos en consideración de su fin, sino que placen libremente y por sí. Así, los dibujos à la guecque, la hojarasca para marcos o papeles pintados, etc…, no significan nada por sí, no representan ningún objeto, bajo un concepto determinado, y son bellezas libres. (KANT:1989, p.129)


Los textos vienen definidos por la asociación de sentido que entre ellos se produce, al dejar de ser signos para convertirse en símbolos. Estoy de acuerdo con Moulthrop en que en el texto impreso, el lector, desde un medio lineal y sucesivo, puede imaginar diversas interpretaciones; pero en el hipertexto esta relación se invierte, pues es desde un medio múltiple, que contiene diversas probabilidades interpretativas y argumentales, desde donde el cual "los lectores afrontan la tarea de reducir todas estas posibilidades de forma racional y de acuerdo con su propia relación con el texto" (MOULTHROP: 2003, p.25). El hipertexto necesita de la creación de un sentido que dote al escri-lector de la capacidad de seleccionar y discriminar los elementos que va encontrando a su paso. La sucesividad del lenguaje impone la necesidad de crear una sensación de final que resuelva el enigma que el enlace provoca entre los dos bloques de información:

El sentido (o la ilusión de construirlo) va desplazándose de nodo en nodo de forma sucesiva hasta encerrar al lector en una trampa que le impide conocer el misterio, que aparece siempre al otro lado. Y es precisamente lo que permanece oculto lo que provoca el movimiento entero de la lectura. (ROTGER, NEUS, 2003, p. 209)


El discurso va haciéndose en esta escri-lectura sobre la marcha; la máquina narrativa está en pleno movimiento, y hasta el cierre de la lectura, no conocemos el texto. Por tanto, la retórica que el hipertexto exige, deberá ser una retórica de la lectura; no podrá detenerse en las partes del discurso como bloques fijos y estáticos, pues el orden de la composición no estará predeterminado, ni el sentido concluido. Bajo esta óptica, la retórica habrá de considerar el texto como microestructura de la semántica (en el contenido) y de la sintaxis (en la organización), valorando más la expresión y las figuras que las partes dispositivas del discurso, pues sólo al final, y derivado de los enlaces caprichosos que el lector selecciona, el hipertexto será concluido en el discurso como macroestructura de la temática (en el contenido), y de la construcción (en la organización). La retórica hipertextual se detiene en este nivel frástico, pues la expresividad y el sentido se construyen sobre el enlace hipertextual y no sobre las partes de la argumentación. Este hecho hermanará la concepción del hipertexto con la Crítica lingüística y las Gramáticas textuales; de hecho, el hipertexto agradece el análisis de los niveles semióticos o lingüísticos en su comportamiento fono-acústico, fundamentalmente mediante el recurso de las recurrencias en la repetición de los fragmentos y en las isotopías o convergencias que se dan entre los dos textos enlazados; en su comportamiento gramatical, podemos hablar de encabalgamientos en los hipertextos, pues la lógica argumental encuentra su explicación en el ritmo del discurso; y el comportamiento semántico del hipertexto lo realiza el lector desde el pacto narrativo inicial, y a cada paso de la lectura. Incluso los bloques de información que son enlazados por el enlace podemos identificarlos con el bloque de información resultante (el Text Ω) que queda actualizado desde la lectura como resultado de la relación entre la estructura intencional y la representación textual semántica, pues la lectura re-actualiza la expresión a la luz de la expresividad y el sentido, fruto de una coherencia global que se consigue mediante la aplicación de las operaciones retóricas en todos los pasos de la construcción del texto.

Los hipertextos tienen la peculiaridad de que en ellos el lector selecciona el material narrativo a la vez que van componiéndose las partes del discurso; es decir, la selección (inventio) vendrá dada en la decisión del lector por un enlace, pero a su vez estará organizando el discurso (dispositio) en función de esa selección. Es decir, las operaciones retóricas no se dan sucesivamente sino simultáneamente, y de este factor se deriva el carácter espacial del texto, pues simultáneo también a la inventio y a la dispositio, operará la elocutio, en el sentido material (casi físico) propio del hipertexto, que permitirá diseñar las cartografías del sentido.

Tanto la inventio como la dispositio y la elocutio se darán a la vez en la lectura-creación del hipertexto cada vez que el escri-lector seleccione un enlace que una dos bloques de información. El texto resultante se concluirá en la última selección (en la última operación de inventio-dispositio-elocutio), una vez conseguido el sentido global del texto. El tiempo en el hipertexto es pues, a la vez, sucesivo y lineal en el sentido de que el lenguaje y la lectura también lo son; y simultáneo-espacial, al realizarse las operaciones de creación a la par que la configuración de un discurso que va dibujándose en el espacio de la pantalla mediante las bifurcaciones que el lector crea. Como dice Philippe Quéau:

La escritura del hipertexto ofrece un caos aparente porque ofrece la impresión de que todo es simultáneo, de que adquiere un carácter espacial y que no se somete a la secuencialidad típica de las lecturas tradicionales. Sin embargo, esto no es sino una apariencia causada por la simultaneidad de información ofrecida (QUÉAU, PHILIPPE: 1995, p. 67)


Las relaciones espacio-temporales del enlace se identifican principalmente con las figuras retóricas de metáfora y antítesis, pues son el producto de las relaciones de relación o diferencia del sentido entre los dos bloques de información o textos ligados. La metáfora hipertextual de este modo funciona tanto en el ordenamiento temporal del discurso como en su carácter espacial, que como señala Aristóteles es "trasladar a una cosa el nombre de otra" (ARISTÓTELES, Poética, 1457b). Y, finalmente, es el enlace la materialización del sentido que el escri-lector está diseñando en su texto, pues si como dice Ricoeur en La metáfora viva "es necesario que algo sea para que algo sea dicho", cuando el sentido sea completado, y las expectativas iniciales satisfechas, el escri-lector cerrará el texto poniéndole fin: Podemos decir, siguiendo con Ricoeur, que la conclusión da a la historia un "punto final" que a su vez se convierte en el punto de vista desde el cual la historia puede percibirse como un todo.

Fragmento o paréntesis, en los hipertextos el referente está en movimiento, pues un texto contiene en su seno al texto anterior. La lucha de los escritores de hipertextos será con el lenguaje porque las palabras no pueden ser fieles a la velocidad de las cosas, al tomar su referente de distintos espacios que el hombre moderno ha creado artificialmente: teléfono, trasporte, Internet…Telépolis, es decir, maneras de moverse en espacios en los que es imposible estar a la vez. El enlace es el único medio de unir los espacios, pues al imponer la causalidad temporal entre ellos nos crea la sensación de estar en todas partes a la vez, cuando en realidad no se está en ninguna; crea la sensación de final y de sentido, cuando éstos son tan solo "un" final y "un" sentido. El hipertexto acota el sentido porque aunque "Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es", como advierte Borges en El Aleph, el hipertexto aísla una de las historias de las que quedan fuera de ese paréntesis narrativo para poder abarcarla: "Algo, sin embargo, recogeré.", dice después (BORGES, 1972, p.169)

Este es el conflicto que plantea el lenguaje con respecto al tiempo, y por tanto, respecto a la narración: la simultaneidad de tiempos, sumada a la velocidad de movimiento en los espacios es imposible de ser captada por el lenguaje. Sin embargo, los hipertextos, al utilizar una máquina narrativa en movimiento mediante los enlaces, crean la sensación virtual y ficcional, de que el sujeto lector pueda estar en dos espacios a la vez y más allá de la narración que está leyendo. Si, como dice Bergson, la forma es una instantánea tomada por una transición, podemos esperar que en el tiempo del espacio hipertextual no haya límite de duración, y que en la forma del hipertexto exista la posibilidad de alcanzar un final del discurso sin que, a diferencia del texto impreso, la fábula finalice.

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