Conocimiento Abierto, Sociedad Libre - III Congreso ONLINE - Observatorio para la CiberSociedad
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Eje temático E. Crítica e innovación:

E-14. Etnografías de lo digital:

Exploración del espacios y lugares digitales a través de la observación flotante. Una Propuesta Metodológica.

IV Congreso CiberSociedad

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Palabras clave:

etnografía / método etnográfico / etnografía virtual
metodología
ciudades digitales
estudios ciencia-tecnología-sociedad
cibersociedad
 

Autor(-a/s):

Eduardo Neve
 
 
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Abstract:

Desde una concepción dinámica de la producción y transformación de sentido en las redes digitales, se identifican algunas similitudes entre las redes digitales (particularmente el Internet) y las ciudades contemporáneas. Partiendo de bases teóricas de la geografía humana, de la antropología urbana y de recientes estudios sociales de lo digital se propone una manera de estudiar medios dinámicos desde una aproximación fenomenológico-hermenéutica, concentrándose en la fase de la observación, que no ha recibido tanta atención como otras fases de las etnografías de lo digital. Se analizan algunas categorías conceptuales como el ciberespacio y el ciberlugar, y se desarrolla una reflexión en torno a posibles diferencias entre los espacios y procesos sociales digitalizados y los no digitalizados, tomando en cuenta que las relaciones sociales no están dicotomizadas entre lo digital o lo analógico, sino desplegadas en el cruce de ambos. Se propone la adaptación de la observación flotante (una metodología proveniente de la antropología urbana) a medios digitales, específicamente al Internet y se analizan algunas posibles vertientes de este tipo de aproximación metodológica.

 
 
 

Texto de la comunicación:

Parece haber sorprendentes similitudes entre las representaciones de espacios digitales y espacios analógicos, como si hubiera cierta estructura espacial independiente de su status físico. Así, ADAMS (1998) identifica un conjunto de metáforas de lo digital que hacen referencia a espacialidades preexistentes, como supercarreteras (de la información), portales, sitios de Internet. Otra de esas metáforas es la del navegar en Internet:

Internet es un gran mar donde navegar es apasionante [...] pero un mar que, después de una pequeña travesía de algunos días, preferimos contemplarlo sin movernos del puerto" (Lepri 1996: 22, en SARTORI, 1997:59)



Se ha venido hablando entonces de la cybernavegación (SARTORI, 1997; JAMET, 2002) que consiste en el desplazamiento digital de una red a otra, de una parte del ciberespacio a otra. Sin embargo el desplazamiento digital tiene importantes diferencias respecto al desplazamiento analógico, comenzando por que para desplazarse digitalmente no hace falta mover las piernas ni subirse a una carreta, a un automóvil, a un velero o a un avión, sino en todo caso mover el mouse ó apretar alguna tecla de un teclado (1). Han sido numerosas las voces que destacan que la vida en Internet no puede ser igual a la vida offline, comenzando porque no hay contacto cara a cara (2) (DICKS & MASON, 1998; ZURAWSKI, 1999; GUBERN, 2000; entre otros).

En este trabajo se presenta una reflexión en torno a algunas relaciones, interconexiones y diferencias entre los espacios y lugares digitales y sus contrapartes analógicas, desde un punto de vista metodológico: ¿Se puede hacer investigación social recorriendo ó navegando en Internet de la misma manera que se recorren las ciudades? Para abordar esta pregunta, el trabajo toma en cuenta algunas bases teóricas de la Geografía humana, de la Antropología urbana y de recientes estudios sociales de lo digital para proponer una manera de estudiar medios dinámicos desde una aproximación fenomenológica y hermenéutica, concentrándose en la fase de la observación, que no ha recibido tanta atención como otras fases de investigación en las etnografías de lo digital. A grandes rasgos el trabajo consta de dos partes. La primera aborda el tema de la espacialidad digital, analizando conceptos que puedan resultar pertinentes para desarrollar una propuesta metodológica de observación en Internet (la misma idea de campo o "campo virtual" tiene connotaciones espaciales). La segunda parte consiste en la propuesta de la adaptación de la observación flotante (una metodología proveniente de la antropología urbana) a medios digitales, específicamente al Internet. A lo largo del trabajo se hace énfasis en las posibles diferencias metodológicas entre el estudio de lo social en medios digitales y en medios analógicos, analizando la manera en la que el límite entre lo digital y lo analógico puede ser más bien difuso.

Ciberespacio y ciberlugar

Es relevante que al Internet se le llame ciberespacio y no ciberlugar. Es lo suficientemente amplio y lo insuficientemente delimitado para que se piense al Internet más como un espacio que como un lugar. La representación del Internet como un mar para navegar (naviguer en francés) o para surfear (en inglés: surf the web) me hace recordar las observaciones respecto al mar como un espacio amplio y abierto por antonomasia (Baudelaire, 1875; Reclus, 1905:171; Dardel 1952:52-53; Tuan, 1977:16; Howard, 2005). Pero aunque el Internet suele verse más como un gran espacio abierto, puede estar compuesto de lugares. A este respecto, MASON (1999:67) comenta que el Internet no es todo una frontera vaga y salvaje, pues los usuarios crean sus propios "locales" al reconstruir y representar porciones del Internet para que otros lo puedan ver. Si pensamos al lugar como una porción significada del espacio (TUAN, 1974:136; CRESSWELL, 2004) vemos que puede haber porciones o partes del Internet que son reconfiguradas como lugares por los usuarios en la construcción de significado en torno a ciertas redes o porciones de red. El lugar existe a diferentes escalas, «en un extremo un sillón favorito puede ser un lugar, y en otro extremo toda la tierra puede verse como un lugar» (TUAN, 1974:149). Incluso el mar puede llegarse a ver como un lugar por los navegadores frecuentes que en su navegar se familiarizan con la gran extensión del mar (Ibíd.:80-84). El Internet en su conjunto puede llegar a pensarse como un lugar al que se entra, especialmente cuando se ha estado mucho tiempo alejado de él (3). Sin embargo, estaría cerca de lo imposible decir que alguien está familiarizado con todas las redes del Internet. El Internet sigue siendo algo más bien abierto, en constante crecimiento y dinamismo, por lo que para la gran mayoría el Internet representa un (el) ciberespacio, que a su vez puede estar conformado por sitios, portales, home pages, es decir el equivalente a lugares en las ciudades. Esto nos lleva a pensar en que también hay metáforas que llevan a pensar al Internet como una gran ciudad (JAMET, 2002).

El ciberespacio como ciudad

Suele decirse que se navega o se surfea en las supercarreteras de la información (informationhighway; motorways of information) más que en el mar de la información. (ADAMS, 1998; JAMET, 2002) La supercarretera de la información lleva la metáfora del Internet a contextos urbanos. Así, con la "navegación en línea" se puede estar metaforizando a la navegación en altamar, o también a la navegación urbana. La navegación urbana puede entenderse como el desplazamiento de las personas en las ciudades, generalmente a pie, en cierta dirección, siguiendo rutas ya trazadas o por trazar (DE CASTRO, 1997:17-18; 1999). Aunque se habla de supercarreteras de la información, a nivel de la experiencia personal, el recorrer el ciberespacio parece estar relacionado con los paseos, los recorridos, el deambular, el vagar (SETTEKORN, 2001). Así, SARTORI (1997:60) piensa que el Internet puede verse como un instrumento práctico, como un paseo a un mercadillo callejero o como un recorrido por nuestros más variados hobbies. Pero si la navegación en Internet casi no requiere de movimiento físico podríamos preguntarnos porqué hay una constante utilización de metáforas que aluden a movimientos incluso corporales: pasear, recorrer, vagar, surfear. A este respecto podemos pensar que ciertas topologías redes virtuales reproducen y transforman características de los lugares físicos y familiares (ADAMS, 1998) como el proyecto Alpha World (de Active Worlds), creado desde 1997 como un espacio 3D de Internet para la interacción social en tiempo real donde sus habitantes (avatares) deambulan por ahí como turistas o residentes, como un ciudadano virtual en la ciudad virtual. (MENDIVELSO, 2002). Aunque en un inicio el Internet fue diseñado para intercambiar información específica sin el intento de crear espacios virtuales de interacción social, conforme se fue popularizando su uso comenzó a convertirse en un espacio construido por gente cuya experiencia de recorrer la ciudad pudo haber influido entonces en la configuración de los recorridos digitales, agregándole el aderezo de la fantasía y la utopía. Así, la experiencia del movimiento que ya ha sido aprehendida en los recorridos cotidianos, se reproduce en Internet, aunque no a un nivel físico (no tenemos que movernos de la silla para ir de un sitio de Internet a otro) sí a un nivel fenomenológico. Para tener la sensación del movimiento basta con que nuestro sistema de referencia visual esté en un estado cinético diferente al nuestro, como cuando estamos al centro de un carrusel y todo nuestro rededor se mueve.

Así como los desplazamientos en entornos analógicos han influido en la construcción del movimiento en entornos digitales, éstos últimos han también repercutido en los desplazamientos analógicos. Así, los mapas e imágenes satelitales en línea son apropiados por varios usuarios e incorporados en sus dispositivos mentales de referencia espacial, de manera que pueden aprender cómo ir de un lugar a otro sin haber estado previamente en esos lugares (4). De hecho, algunos autores (GUBERN, 2000:20; VERDÚ:2003) sostienen que el relativo declive de la frecuentación de los espacios públicos físicos ha venido acompañado de una mayor frecuentación de espacios digitales. Los recorridos virtuales en museos en línea, lugares 3D reproducidos en sitios de Internet o incluso en formas de terreno de difícil acceso en la realidad física (MENDIVELSO, 2002; SETTEKORN, 2001) han llevado a que los espacios digitalizados formen parte cada vez más considerable de la espacialidad vivida y por lo tanto incidan en el espacio social. Esto ocurre también con discursos, percepciones y representaciones sociales, que llevan la interacción social a desplegarse en tramas de transtextualidad entre lo analógico y lo digital (AGGER, 1999; RUTTER & SMITH, 1999).

Me parece que en vez de pensar a la realidad física y la realidad virtual, a la analógica y a la digital, como dos realidades disconexas y en disputa (la idea de que la realidad virtual pretende sustituir a la realidad física) es más sugerente ver su mezcla y complementariedad. La realidad que se piensa física está virtualizada, pues está caracterizada por discursos construidos desde lo virtual (RIVIERÉ, 1998) y la que se piensa virtual está anclada a referencias espaciales físicas y concretas (HIERNAUX, 1999; MILLER & SLATTER, 2000, CASTELLS, 2001). Por ejemplo, de los 13 servidores raíz que sostienen las direcciones de Internet a nivel mundial (.edu,. org,. com,. net; etc.) 10 de ellos están concentrados en los estados de California, Virginia y Massachussets, Estados Unidos; donde el tema de la seguridad en los edificios donde se encuentran estos servidores es de gran relevancia (ROBERTS-ICANN, 2001) (5). Habría que pensar entonces en una perspectiva recombinacional en la que se ven de manera relacional los vínculos entre tecnología, tiempo, espacio y vida social (GRAHAM, 1998: 167) por lo que más que una sustitución hay una suerte de híbridos sociotécnicos donde la vida virtual se encuentra en una constante combinación de nuevos conjuntos de espacios y tiempos contingentes e imposibles de generalizar (Ibíd.).

Internet, una red de redes dinámicas

Así como la ciudad se ha visto como una red compleja (HANNERZ, 1986:227), las redes computacionales se han visto como ciudades (ADAMS, 1998; MENDIVELSO, 2002). La arquitectura de redes es lo que parece conectar a las ciudades con el ciberespacio. En el ciberespacio hay subredes que concentran más información y actividad que otras, pero debido a que las distancias entre las subredes están reducidas a un mínimo, puede pensarse al ciberespacio como una gran ciudad cosmopolita donde las distancias son mínimas. El aumento sin precedentes de la velocidad social (SOTO, 2002) ha llevado al Internet a ser como una fase de culminación de la fugacidad que caracteriza a las ciudades contemporáneas (HIERNAUX, 2005), por lo que hay que considerar que la producción de sentido en y a través de lo digital está caracterizada por un alto nivel de dinamismo.

¿Qué pasa con el campo como lugar de investigación en un contexto de tanto dinamismo y de constante reconfiguración? El cibercampo o el campo en Internet no puede pensarse como el campo de Malinowski (ZURAWSKI, 1999) que ya resultaba insuficiente para estudiar contextos contemporáneos como los de las ciudades (DICKS & MASON, 1998). La interacción cara a cara, de importancia tradicional en la etnografía desaparece o se desdibuja en los contextos digitalizados, añadiendo complejidad a la investigación social en y a través de lo digital. Sin embargo, tomando en cuenta que una parte considerable de la socialización comunicativa de la vida contemporánea no se da cara a cara, el ciberespacio surge como un ángulo interesante desde el cual reinterpretar a la sociedad. Para ello, deben incorporarse herramientas teórico-metodológicas que tomen en cuenta la rapidez y dinamismo de sus procesos.

Ahora, el que el Internet esté caracterizado por redes en constante movimiento y transformación, ello no implica, como ya se mencionaba anteriormente, que se generen ciberlugares hasta cierto punto delimitados. Si pensamos al lugar no como algo fijo y homogéneo, como lo piensa Michel de Certeau (DELGADO, 1999), sino desde una perspectiva más dinamista, vemos que «a pesar de que el lugar alude a un espacio con límites, dichos límites se extienden hasta donde lo hace el contenido simbólico de los elementos objetivados en él y que pueden ampliarse a través de redes y relaciones de sentido» (LINDÓN, HIERNAUX & AGUILAR, 2006:13), por lo que el ciberespacio pudiese aniquilar la distancia, pero no así el lugar (WALMSLEY, 2000). Se puede pensar entonces en lugares en línea, que a pesar de ser visitados por personas espacialmente dispersas, dan lugar a relaciones sociales que los configuran y los transforman (ADAMS, 1998, ITO, 1999). Así, JONES (1997) piensa que cuando hay un nivel mínimo de interactividad, una variedad de comunicadores, y un mínimo de miembros continuos en un espacio virtual público puede hablarse de un ciber-lugar o un asentamiento virtual. Partiendo de estas ideas, EPHIMOBA & HENDRICK (2005) sostienen que los weblogs pueden considerarse como ciberlugares cuyos límites se van construyendo simbólicamente por las comunidades en línea que los configuran (además de los límites ya informáticos, como la capacidad de almacenamiento de la que dispone un weblog). Para algunos autores (RHEINGOLD, 1993; FORSTER, 2001) la interconectividad de redes y los efectivos algoritmos de los motores de búsqueda en Internet han facilitado que gente que comparte intereses, pero que se encuentra distribuida en lugares distantes entre sí, construya un fuerte sentido de comunidad que anteriormente no tenía.

Vemos entonces que aunque los lugares en línea no son estáticos sino son sistemas dinámicos de conexiones (MENDIVELSO, 2002) al haber construcción de significado en las tramas de subjetividad compartida digitalmente, no todos los ciberlugares son igualmente accesibles a distintos horizontes de comprensión, por lo que sigue vigente la figura del forastero planteada por Alfred SCHUTZ (1944:449), aquella persona que busca interpretar las pautas culturales de un grupo social al que se acerca para orientarse dentro de él. Es decir, no todo investigador que usa el Internet es ya un nativo en todos los ciberlugares. Puede tener acceso a muchos ciberlugares sin las dificultades que a veces conlleva el entrar a lugares no digitales (se puede entrar al blog de un grupo de amigos que quizá no permitirían el acercamiento de otra persona en un parque, o se puede entrar a un foro de mercado negro con una mayor facilidad inicial que entrar a un callejón escondido donde se venden artículos robados) pero ello no garantiza la inmediata interpretación exitosa de los marcos de sentido construidos en esos ciberlugares, de manera que aunque el investigador pase desapercibido, puede seguir estando fuera de lugar.

El que haya una gran disponibilidad de discursos en distintos formatos ampliamente distribuidos en Internet ha propiciado la idea de que la información ya está ahí y no hay que producirla, evitando así por ejemplo el trabajo de introducir y negociar la grabadora en una entrevista, lo cual ha venido acompañado también de una pérdida del valor añadido de la trascripción de la entrevista (BEAULIEAU, 2004:154). Surge la posibilidad de hacer análisis estadístico de los textos del Internet, y observar correlaciones, patrones, tendencias, etc. Así, por ejemplo se han encontrado ciertas regularidades en la navegación en línea en la secuencias que llevan a las personas de una página web a otra (CATLEDGE & PITKOW, 1995; HUBERMAN, et.al., 1998). Aunque estos estudios pueden aportar información de interés para tener una idea de procesos que ocurren a escalas macro en Internet, no pueden aportar vías de interpretación de sentido y significado social. Voy a dar un ejemplo quizá un tanto caricaturesco pero ilustrativo. Haciendo una búsqueda en Google, la palabra "home" aparece aproximadamente 6.12 veces más que la palabra "family". Sin embargo, esto no puede llevarnos a argumentar que para la sociedad internauta angloparlante actual la casa aparece con más frecuencia en su universo simbólico que la familia; ambas palabras son ampliamente multívocas y polisémicas. La palabra "home" por ejemplo aparece seguido como indexicalizadora, en el sentido informático: "/home.html". Para comprender cómo ciertos grupos sociales podrían estar significando la casa a partir del Internet sería por lo tanto una aproximación muy pobre hacer un amplio cruce de variables obtenidas del ciberespacio. Hay que pensar por lo tanto en metodologías que hagan énfasis en la interpretación de plexos de sentido de redes sociales digitalizadas que se encuentran en el constante dinamismo que caracteriza al ciberespacio.

La observación flotante. Una propuesta metodológica.

Desde inicios de la década de 1980 comenzó a haber desde la antropología urbana una particular preocupación por hacer una renovación metodológica que permitiera estudiar los procesos dinámicos de la vida en las ciudades. La movilidad de las relaciones sociales y la fugacidad de las relaciones de tránsito llevó a pensar a las ciudades en términos de fluidez (HANNERZ, 1986:300-308). Colette Pétonnet propone una forma de observar la ciudad que fuera compatible con el movimiento incesante, la circulación incontrolable y el anonimato característicos de las ciudades. Se trata de la "observación flotante", que consiste en estar bajo toda circunstancia vacante y disponible, no enfocar la atención en un objeto preciso, sino dejarla "flotar" para que no haya filtro, que no haya a-priori, hasta que aparezcan algunos puntos de referencia y de convergencia, en los que uno llegue a encontrar ciertas reglas subyacentes (PÉTONNET, 1983:39). Posteriormente, Manuel DELGADO (1999:49) retoma y amplía esta propuesta para estudiar lo resbaladizo, lo que se escabulle, invitando a diluirse en relaciones complejas, admitir que «[los] objetos potenciales de estudio están en una tupida red de fluidos que se fusionan y licuan, o que se fisionan o se escinden, un espacio de dispersiones e intermitencias», donde los individuos y colectividades se la pasan transitando, circulando, en movilidades, transbordos, correspondencias, con traspiés e interferencias (Íbid:45). Para hacer las anotaciones de la observación, Delgado propone un nuevo lenguaje literario que registre lo fragmentario y lo fugitivo, una percepción aguda y atenta, una paseología, siguiendo a Lucius Burckhart, como aquella ciencia que estudia los paisajes recorridos a pie, dejándose llevar más por los sentidos que por las piernas (Íbid:52-53). Como desde las etnografías de lo digital también ha habido una exhortación a pensar en metodologías que tomen en cuenta la fluidez, la multiplicidad, conectividad y segmentatividad de los fenómenos sociales en línea (ESCOBAR, 1994; DICKS Y MASON, 1998) me parece que la observación flotante es una aproximación metodológica que aunque fue diseñada para la investigación en las ciudades, debido a la flexibilidad a la que apela, puede ser de gran utilidad para las etnografías digitales.

¿Cómo observar de manera flotante en el ciberespacio?

Hay que tomar en cuenta algunas posibles diferencias entre la observación flotante en entornos digitales y en los no digitales. Dado que la mayoría de la gente accede al Internet a través de pantallas y no a través de interfaces 3D en 360º, tendemos más a focalizar la mirada sobre una parte de la pantalla, particularmente en aquellos sitios donde el contenido predominante es el texto escrito. Leer implica cierta direccionalidad, ir de izquierda a derecha, por ejemplo, lo cual no es necesario para ver gente caminando por una plaza. Sin embargo la no focalización de la mirada es importante porque tendemos a concentrarnos en ciertos elementos del espacio, el ciberespacio, la sociedad; filtrando con nuestra cultura y nuestro sistema de valores lo que percibimos (QUINN, 1980:200, REGUILLO, 1998, P. 26). Ante esta situación pueden plantearse aquí dos alternativas. Una es, como primera aproximación, leer de manera no direccionada, es decir, no empezar necesariamente por el principio del texto, sino con cierta libertad. Si estamos en un foro de discusión en línea podemos leer fragmentos de algunas contribuciones, subir y bajar la página, ver distintos comentarios con cierta simultaneidad e irse apropiando de ciertos fragmentos de texto. Eso sería el equivalente a echarse un clavado a un mar de discursos para darse una idea de su temperatura y de su acuosidad. Sin embargo, para poder interpretar el discurso de manera cercana a como el comunicador lo quiso (y no lo quiso) dar a entender hay que plantearse otra aproximación puede ser leer el texto con direccionalidad, atendiendo a posibles polisemias en el discurso, y con sensibilidad, para encontrar en el texto lugares donde podamos practicar esa observación flotante. Para ello puede sernos de ayuda los trabajos ya existentes de semiótica y de geografía literaria, pues así como los lugares se han visto como un texto (DUNCAN, 1990) puede pensarse en ver al texto como un lugar (POCKOCK, 1981; NOBLE & DHUSSA, 1990). Así, para MEREDITH (1999:127) «la licencia poética puede llevarnos más allá de los límites de la realidad objetiva, dando cabida a una objetividad más completa que no incluye únicamente al medio físico, sino también al clima social, psicológico e histórico».

Recordemos aquellas ocasiones en las que hemos leído una novela que nos atrapa, nos sumergimos en ella, nos imaginamos los lugares que describe e incluso podemos olvidarnos del lugar físico en el que nos encontrábamos. La experiencia fenomenológica del lugar podemos encontrarla también en la literatura, y llega a ser tan intensa que buscamos su referente en los espacios reales correspondientes. Por ejemplo, la obra de Romeo y Julieta de Shakespeare llevó a que se revaloraran ciertas casas de Verona (la casa del balcón de Julieta), cuando originalmente esos lugares habían aparecido como tal en un espacio literario. Uno de los trabajos que han estudiado la manera en la que lugares representacionales inciden en lugares reales es el de Didia DeLYSER (2003), quien estudió la manera en la que la novela Ramona (1884) de Helen Hunt Jackson, ha influido en la transformación del paisaje del sur de California, con la construcción de atracciones turísticas relacionadas con la historia de Ramona (lugares como la casa de Ramona, o el lugar donde se casó) inspirando un falso pasado romanizado de la región.

Sin embargo, en aquellas novelas atrapadoras, nuestra lectura era ingenua y el autor debía tener cierta habilidad para hacer esos espacios descritos algo vívido para nosotros. Cuando entramos al Internet a explorar lugares en discursos digitalizados no podemos tener la actitud ingenua que llegamos a tener frente a las novelas. Hay que hacer un esfuerzo particular por adentrarse a aquellos lugares literarios en los que a primera vista pueda parecer difícil ingresar, lugares literarios no narrados por literatos famosos. Si las obras literarias pueden verse como un medio de exploración de matices de la experiencia y de los sistemas de valores y significados del espacio y de la sociedad (KONG & TAY, 1998:2, haciendo referencia a Teather, 1990) me parece que otros discursos de lo cotidiano pueden verse de manera parecida, pues no únicamente son las obras literarias consideradas como artísticas las que resignifican los lugares y los procesos sociales. Nos encontramos, por ejemplo, con discursos cotidianos, como leyendas urbanas, que narran lugares a nivel representacional y que influyen también en los lugares reales, como fue el caso de la idea del slum de Nueva York del siglo XIX, que sigue estando vigente hasta los inicios de este siglo XXI (RECKNER, 2002). Haciendo estudios de caso de ciertos sitios de marketing turístico en Internet, RITA (2000) encontró que la información disponible en torno a ciertos lugares de destino turístico era decisiva en las decisiones de viaje de las personas, teniendo una incidencia importante en la industria turística mundial. Si tomamos en cuenta que una parte considerable de la información turística disponible en Internet puede provenir de comentarios y reseñas de usuarios, vemos que en efecto tanto los discursos comerciales como los discursos de personas particulares (o grupos de personas) son lugares interesantes de exploración.

Otra diferencia con la observación flotante originalmente propuesta por Pétonnet es que en los espacios digitales no se ve a las otras personas mas que cuando se exteriorizan a través de discursos digitalizados: textos escritos, imágenes, videos, sonidos. Por lo tanto, tenemos que prestar particular atención a lo invisible. Incluso en espacios no digitales los paisajes son significados de manera distinta por sujetos distintos, por lo que surge la pregunta de «para quién es invisible lo que puede ser visible para otros» (LINDÓN, 2005:3). Cuando observamos de manera flotante los discursos del Internet hay que prestar especial atención a las palabras que no aparecen. Puede resultar atractivo empezar por teclear en un motor de búsqueda ciertas palabras claves relacionadas con el tema de investigación para a partir de esa búsqueda llegar a un weblog o un foro de discusión determinado en el que se discutan temas de interés para nuestra investigación. Sin embargo eso llevaría ya un sesgo, habríamos focalizado la mirada desde el momento que ingresamos los términos al motor de búsqueda. Con una aproximación de observación flotante, hay que atender las letras pequeñas al final de la página, explorar los links fuera de servicio, atender incluso aquellas palabras tan pequeñas o tan grandes que no pueden verse en la pantalla, pues una parte importante de la construcción de significado no es visible, no aparece en los motores de búsqueda del Internet. «Lo que se ve oculta lo que no se ve: cuando se contempla algo acabado, no es posible ver las condiciones sociales de su elaboración» (BOURDIEU, 1996:46-47). Aproximarse a lo invisible requiere de un gran esfuerzo interpretativo, requiere romper con esquemas metodológicos tradicionales para abordarlo desde una "psicología de lo borroso", «otro orden explicativo (...) conceptos borrosos, correlaciones débiles, metáforas que conecten lo descriptible con lo indescriptible» una aproximación más plástica que vuelva relevante lo irrelevante (SOTO, 1999).

También hay que tomar en cuenta que en estos años del siglo XXI ha venido aumentando la cantidad de discursos no restringidos a lo escrito. Los foros y los weblogs presentan cada vez más imágenes, han proliferado los discursos sonoros y auditivos con la difusión de los podcasts y más recientemente comienza a verse una explosión de los vodcasts, discursos fílmicos y de video. Con las redes interactivas de imágenes compartidas (6), o de videos compartidos (7) que hacen representaciones de lo cotidiano en contextos frecuentemente domésticos, le da el acceso al investigador la posibilidad de practicar observación flotante de contextos domésticos digitalizados. Esto debe llevar a reformular algunas cuestiones de la observación flotante, ya que ésta fue planteada para espacios públicos. Aunque justamente con tecnologías como el Internet llevan a que lo público y lo doméstico o privado tengan límites cada vez menos definidos, debemos repensar si quizá la observación flotante de contextos domésticos digitalizados debería incorporar también cierta tranquilidad. Por ejemplo, al analizar un discurso audiovisual de una persona tomando una taza de té en su casa, con la vista perdida, quizá podría resultar pertinente fijar la mirada en algún punto, intentando conseguir que nuestro horizonte alcance cierta fusión con el de la persona (o las personas) representadas en los discursos audiovisuales. De cualquier manera hay que recordar que incluso la propuesta original de Pétonnet no apunta a una observación de incansable movimiento, sino que en el momento que encontramos tramas de sentido que podemos ir desdoblando e interpretando, nuestra mirada (y todos nuestros sentidos) pueden irse enfocando hacia ciertas subredes.

Desde las etnografías digitales se ha sugerido una postura metodológica similar a la de la observación flotante. Se trata de la figura del lurker, aquella persona que visita foros, weblogs, chatrooms, y sitios de Internet sin participar en las discusiones, pasando desapercibido y manteniendo su anonimato (8). GARRIDO (2003) ha sugerido que el proceso de ser lurker puede ser una fase previa a la observación participante plena, y conllevaría una observación diferida que interprete y negocie los sistemas de significado. Por otro lado, se ha criticado que el lurker por lo general adopta una actitud pasiva y que debe ser activo para ser reconocido y realmente poder observar e interpretar las tramas de construcción de sentido (HINE, 2000; BEAULIEAU, 2004). Nos encontramos con muchos ciberlugares cuyo acceso está restringido a usuarios registrados simulando con una contraseña las barreras virtuales de un espacio digital privado (MASON, 1996:5). La observación flotante se propone como una aproximación activa y crítica, que aunque no focaliza de inicio la mirada, está atenta a las dinámicas de interacción, de manera que orienta al investigador a participar en los contextos digitales de distintas maneras, le permite acceder a espacios virtuales con cierto nivel de privacidad, donde surgen cuestiones éticas que implican prestar mayor atención al establecimiento de contratos de investigación (Bromseth, 2000, en BEAULIEAU, 2004:147).

Una propuesta abierta

A lo largo del trabajo se fue sosteniendo que los lugares digitales están interconectados con los analógicos en tramas sociales de producción y transformación de sentido, por lo que el estudio de lo social en y a través de lo digital tiene cada vez mayor capacidad de contribución a la teoría social contemporánea. Sería limitado ver al Internet, en términos etnográficos, como medio de hacer entrevistas o encuestas únicamente (pues así sería únicamente una versión más sofisticada que el teléfono). El Internet puede abordarse desde todos los momentos de la investigación. Vimos que curiosamente, el Internet se parece más a la ciudad que al campo, sin embargo, como espacio de investigación suele pensarse como "campo virtual", más que como "ciudad virtual". Los parecidos que tiene con las ciudades, como una red de redes en constante interacción donde se producen y transforman significados, pueden apuntar a vetas metodológicas provenientes de estudios urbanos, que sin embargo deben de repensarse para los contextos digitales. Así, la observación flotante es vista como una metodología que dada su apertura a la fluidez y dinamismo, puede ser una aproximación interpretativa relevante en los estudios de lo digital.

La observación de lo social a través de lo digital podría llevar a la posibilidad de un regreso a la oficina. Sin embargo, como se ha planteado a lo largo del trabajo, los lugares digitales toman ciertos elementos de los lugares no digitales, por lo que la sensibilización metodológica en la exploración de lugares analógicos puede ayudar a la exploración de ciberlugares, aunque estos requieren además de la apropiación de ciertos plexos de sentido adicionales que deben considerarse. Me parece que por lo tanto, en vez de limitar la observación a medios analógicos o digitales, parece más completo llevarla a cabo en el cruce de ambos.

Me gustaría terminar este trabajo diciendo que la observación flotante de lo digital (concretamente del ciberespacio) que aquí propongo, es una propuesta flotante y transformable. Si lo efímero y lo fugaz caracterizan a la vida social contemporánea (HIERNAUX, 2005; SOTO, 2002) me parece que las etnografías y metodologías de investigación social deben tomar en cuenta el dinamismo dentro de sus formulaciones prácticas, pero también en todo su cuerpo metodológico, estando abiertas al cambio y a la modificación. La consideración de Jesús Ibáñez de que «la esencia de la técnica es nómada» (citado en REGUILLO, 1998:26) me parece apropiada en el sentido más amplio. Cabe la posibilidad de que en el Internet se encuentren ritmos de vida más pausados que los que se viven offline, por lo que puede plantearse en ciertos contextos una observación flotante adagio o incluso lento. Otras consideraciones al respecto pueden ir surgiendo desde otros contextos de investigación, por lo que les invito a intentar realizar una observación flotante de lo digital y que me hagan llegar sus comentarios respecto a algunos posibles ajustes y transformaciones a esta propuesta, para seguir interpretando a la sociedad en sus nuevas configuraciones de lo digital.



Bibliografía


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      [ 1] Aunque hay que tomar en cuenta que frecuentemente para desplazarse en medios digitales hubo que haberse desplazado en medios analógicos para tener acceso a las tecnologías digitales, que no se encuentran en cualquier lugar.
     [2] A pesar de que haya contacto visual a través de las webcams, se pierden varios elementos situacionales como el olor, la iluminación, los sonidos ambientales y el conjunto de sensaciones y percepciones que caracterizan un lugar.
     [ 3] Hay un grupo (estadísticamente no representativo, pero hermenéuticamente significativo) de personas con las que he hablado que me han comentado que cuando llegan a salir de viaje y no tienen acceso al Internet, lo extrañan. Extrañar algo implica otorgarle significado, y cuando ese significado se construye con referencias espaciales se construye un lugar a nivel de la representación.
     [4] Lo cual no es algo tan novedoso, pues instrucciones de desplazamiento que comparten las personas configuran una parte importante de sus referencias espaciales cognitivas.
     [ 5] Los otros 3 servidores se encuentran en Estocolmo, Londres y Tokio. (ROBERTS, ICANN, 2001)
    notatxt=6]Como Flickr
     [7] Como YouTube o GoogleVideo
     [8] El anonimato en Internet es relativo. Se puede saber la dirección IP de la persona que visitó un sitio en Interne (y por lo tanto es posible rastrear el lugar exacto desde el que ingresó al sitio), la hora a la que entró, el tipo de software que utilizó para visualizar la página, la configuración de su monitor, cuál fue la página anterior desde la que entró al sitio, etc; aunque esto no está abierto a todo el público. Por ello se ha encontrado un nicho de mercado al que se ofrece "navegación por Internet anónima" (anonuymus websurfing)

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