IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Grupo de trabajo B-9: Internet, tecnologías digitales y estilos de vida

Culturas digitales y narrativas tecnológicas: Nuevas mediaciones para las comunidades

Ponente/s


Resumen

Resumen.
El encuadre profesional del comunicador social está cruzado por las nuevas tecnologías de información y comunicación. La redefinición de campos, medios y procedimientos de validación de 'lo informado', es la nueva frontera de la comunicación en el mapa global de la información. En este panorama desolado, entre los medios masivos y las torres de marfil, surgen posibilidades de identidad para dar una mano a las comunidades y a los comunicadores en la creación de sus nuevos nexos, de sus nuevas metáforas para lo social: las tecnometáforas. El papel de la formación en comunicación está mediado, ahora, por las necesidades de las comunidades, sus integrantes y las instituciones educativas que actúan como garantes en el proceso de creación de la identidad del nuevo comunicador.
Palabras claves: comunicación social, periodismo, Internet, blogging, cibercultura.

Contenido de la comunicación

Las nuevas tecnologías informáticas de intercambio de información (Internet, teléfono, radio y televisión digitales) y de producción de información (software de vídeo y audio, medios físicos de almacenamiento) han tenido un impacto crucial y directo en cómo se entienden y manejan los medios de comunicación modernos, también han influido indirectamente en la creación de la identidad en las comunidades de información (gremios de la comunicación social, editores, cadenas). Esta influencia es una constante contemporánea que no puede pasarse por alto en los estudios académicos, en las políticas institucionales y, mucho menos, en los proyectos de comunicación masiva; llámense cursos, web sites, carreras profesionales o radio y televisión comunitarias.

Las imbricaciones socioculturales que suscitan las TICs al interior de los grupos humanos, redefiniendo discursos disciplinares (educación on-line, bloging como nuevo periodismo, cyberarte), políticoadministrativos (conectividad, descentralización y administración virtual) e ideológicos (corresponsabilidad, coadministración o contenidos libres en Lessig, 2004), ofrecen el sustrato para nuevas redes de sociabilidad que permanecen aún poco estudiadas y, por tanto, difícilmente replicadas en contextos distintos donde podrían ser útiles; de aquí, la importante labor de la investigación pionera en estos nuevos territorios, en sus discursos, en sus mediaciones, en su forma particular de describir su naturaleza y la de sus participantes.

Muchas de las agendas para el avance informacional e informático, como la presentada en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información - Túnez 2005 (Sala de prensa CMSI, 2005) no muestran la comunicación social o el periodismo como un interés de acción particular, así como sí lo hacen efectivamente con aspectos económicos, sociales, culturales o gubernamentales. Nadie que conozca los procesos profundos de la comunicación social puede pensar en que esta omisión en las agendas informacionales globales sea un olvido no intencionado, ni mucho menos, una eliminación adrede; sin embargo, para los aspirantes a títulos universitarios de comunicador y los entusiastas del periodismo aficionado, se crea una atmósfera de incertidumbre ante el trabajo del comunicador y su campo de acción laboral, investigativo y social. Este temor a la disolución de la identidad laboral del comunicador social va ser una bomba de tiempo si no se superan los límites disciplinares y se amplía el horizonte del quehacer social del comunicador que, antes que detentador del poder de 'hacer el discurso para la difusión', es quien tiene el conocimiento para 'entender el discurso para la difusión'. Así como todos los miembros de una comunidad son transmisores, fuentes o creadores de noticias, el comunicador social es quien conoce verdaderamente la extensión del mensaje noticioso, sus procedimientos, su ética y sus posibles alcances y, por ende, es el miembro más capacitado en la sociedad con el deber de preparar y difundir correctamente la información y - en el caso de conocer alguna irregularidad - denunciarla abiertamente haciendo uso de todos los medios a su alcance.

Las metáforas mediáticas en el imaginario social contemporáneo.

Los grandes grupos sociales modernos crean sus saberes desde las narraciones hechas por los medios masivos de comunicación. Sería absurdo y reduccionista pensar que en la actualidad los imaginarios sociales y las mentalidades de un colectivo se generan exclusivamente en los medios masivos, no obstante, su influencia en las estructuras mentales sociales es indiscutible y, sin reducir las fuentes significativas para los imaginarios, se puede hablar de metáforas mediáticas que alimentan los saberes socioculturales modernos en distintas comunidades al rededor del mundo. Narrativas mediáticas como el terrorismo y la nueva era crean iconos tan identificables como el fedayin musulmán y el gurú televisivo; así mismo, permiten la invención de argumentos que pueden ser transcritos a diferentes contextos y culturas, haciendo posible la globalización de los discursos y la simbolización de las realidades en nuevas metáforas sociales. Estas metáforas mediáticas no son estáticas ni mucho menos novedosas, han existido desde la institución del periodismo, y el concepto de mass media, en las sociedades modernas, y se han anclado en la mentalidad de algunas culturas; baste ver el ejemplo del 'american dream' o 'Hollywood or burst': el ideal de tener dinero, mujeres y fama se puede ver en cualquier parte del mundo gracias al bombardeo continuo de mensajes durante décadas de cine, radio y televisión norteamericanas. Las metáforas mediáticas inspiradas en las narraciones de las culturas hegemónicas, 'productoras de información' para los medios, se instalaron como el modelo y la medida de la realidad para los consumidores de medios.

El crecimiento del público para los medios en los últimos años del siglo XX permitió un despliegue de nuevos discursos: publicidad, política, ciencia, religión, deporte. Al tiempo que se repetían antiguas metáforas mediáticas se hicieron visibles también discursos distintos de comunidades identitarias quienes, gracias a la televisión por cable o a la radio o a la tecnología de transmisión de datos que hicieron posible el aumento de la venta de canales y programas de las grandes cadenas, tramaron sus propias redes y usos colectivos de los medios desde Internet hasta la televisión y la radio comunitarias. Estas comunidades, autónomas e identificadas, empezaron a poner en cada mensaje su sello particular: los creadores de música electrónica se conectaron por Internet y ahí establecieron sus sociabilidades, compartieron sus obras, se dieron normas para compartirlas y promovieron su trabajo artístico muy lejos de las grandes productoras comerciales de música. Con este impulso y empoderamiento tecnológicos, las mediaciones en las comunidades se llenaron con otros sentidos y, en el interin, crearon imaginarios desde sus nuevas tecnologías que, de alguna forma, dieron un lugar especial a metáforas que no estaban ya basadas en los hechos sociales o culturales externos y que, poco a poco, nacían en ese territorio imaginario único de una tecnología que no era ya más propiedad exclusiva de los monopolios.

Las tecnometáforas: alternativa en la creación de la identidad en las culturas tecnológicas.

Las metáforas tecnológicas en el contexto mediático son tremendamente más sutiles que las metáforas basadas en lo social. Las tecnometáforas se ven apenas reflejadas en las artes y, quizá por lo especializado de su codificación, no son perceptibles fácilmente en otros contextos; no es aún claro el resultado simbólico de los juegos de ajedrez de 1996 entre Gary Kasparov y la IBM Deep Blue pero, siguiendo un rizoma memético, es indudable el rastro de esta idea tecnofóbica en el guión de películas como Terminator (1980) o Matrix (1999) e, incluso, en las reacciones antitecnológicas de los Talibán en la década de los noventa. El proceso metafórico de los referentes tecnológicos es tan complejo que las metáforas tecnológicas se convierten en la imagen de la tecnología misma: el icono del hacker es la imagen del 'ser social' de Internet, así como el símbolo de arroba es ahora la imagen de la tecnología informática moderna. La sustitución simbólica de la realidad hace que la metáfora se perciba como la realidad misma - en términos de Baudrillard, lo que realmente veríamos es el simulacro - La cobertura televisiva de la guerra es la narración mediática de la guerra hoy, bien sean los relámpagos en el cielo de Bagdad, las imágenes de visión nocturna de una pista ilegal bombardeada en el Casanare o las bolsas negras con cuerpos anónimos que acompañan un comentario editorial. Así es como la tecnometáfora mediática esconde también el peligroso engaño del chivo expiatorio donde la bomba 'ahora es inteligente' y asume, en el imaginario, la culpa de la tragedia irracional de la guerra: la falla ya no es más de hombres, es de inteligencias (militares) y de informaciones (mediáticas). La cámara de vídeo en el misil, hábilmente descrita por John Broughton (Aronowitz, 1998. 169 y ss), cuenta una historia de guerra quirúrgica, aséptica, sin audio molesto, sin fraternizar con el rostro del enemigo, sin sangre y sin prologo; el paso del televidente por la guerra va desde el fogonazo del lanzamiento hasta el apagón del impacto, y ya.

El contexto de las nuevas tecnologías permite también otras metáforas absolutamente más creativas que, poco a poco, van ganando espacio en los territorios imaginarios; tecnometáforas incluyentes que propician un cambio en los grupos sociales y en sus estrategias comunicativas. Aunque encuadrado teleológicamente en un juicio de valor evidente, la idea del mutante que Donna Haraway llama cyborg (Aronowitz, 1998. 25) - un resultado simbiótico del hombre moderno y las tecnologías - estructuralmente describe a un organismo cibernético que no es un simple usuario de la tecnología; no la usa como una extensión instrumental de sí mismo sino que interactúa, en y con ella, permitiendo mejoras mutuas (Lickleader, 1990. 4). El cyborg es una tecnometáfora por excelencia gracias a su capacidad para acoger las más diversas expresiones simbióticas hombre - tecnología; desde un paciente trasplantado hasta un periodista blogger. El ciudadano participante, quien hace uso continuo de Internet para sus actividades comerciales o sociales, aunque no sea un desarrollador de software o un webmaster, tiene una gran capacidad de retroalimentación con el sistema y la comunidad que lo comparte; aún así, tiene que ser un ciudadano consiente de su simbiosis o no va a ser más que un usuario esporádico, anónimo y anómico, en la red. Ya sea por facilidad, por obligación o por decisión, el ciudadano que se ve lanzado al uso constante de las tecnologías empieza a establecer los vínculos simbióticos que le ayudan, simultáneamente, a mejorar su interacción y a establecer lazos con otros simbiontes en iguales condiciones, así como a compartir las necesidades de información y procedimientos de la comunidad interconectada (Rodríguez, 2004).

La idea de estos cyborgs mediáticos es apenas una hipótesis; sus procesos, sus afiliaciones y sus identificaciones son elementos que hay que estudiar con gran detenimiento para poner a prueba sus acciones y mejorarlas. Tanto los cyborgs mediáticos como otras tecnometáforas son propuestas para nuevos diálogos entre profesionales consientes de la complejidad de los medios masivos de comunicación, para comunidades mediáticas que crecen y tienden sus redes de información en un nuevo mundo de retos y temores.

Más allá de la incertidumbre.

Jody Berland (Aronowitz, 1998. 145) dice que nuestros antepasados miraban hacia arriba para buscar respuestas en las estrellas y que ahora, nosotros miramos hacia abajo - desde satélites - para ver nuestro mundo que, por simple perspectiva, queda imaginariamente reducido. En los últimos años en Colombia se empieza a celebrar el año nuevo desde el mediodía del 31 de diciembre con la transmisión en directo de los fuegos artificiales en la bahía de Sydney, pasando con las horas a través de toda Asía y Europa. El atentado contra las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York en septiembre 11 de 2001 fue visto en tiempo real por millones de espectadores en todo el mundo. Sin embargo, las noticias de nuestro vecindario, de las poblaciones cercanas a las capitales informáticas no se conocen hasta mucho tiempo después de sucedidas y, en muchas ocasiones, no son más que una estadística en las grandes narraciones de los medios. Poco a poco, estas pequeñas historias también van ganando su lugar en el panorama actual y sus narradores van luchando por tener dominio sobre sus medios ya sea por derecho o por apropiación.

Los nuevos agentes de la comunicación ya no están más en las nóminas de las grandes cadenas noticiosas, se forjan y crecen en las comunidades, conociendo los problemas sociales, políticos y culturales desde adentro. Las industrias mediáticas se transforman en herramientas comunitarias para el bienestar y el desarrollo, son mediadoras entre la comunidad y el estado, la empresa privada, los grandes monopolios informacionales y las otras comunidades de información autónomas, cada cual con su propia retórica y sus formatos dominantes, sus comportamientos incluyentes o excluyentes y sus estrategias de identidad. El espíritu de transparencia que se proyecta en los nuevos discursos al interior de las comunidades de información es parte del ejemplo que portan las tecnometáforas: la coadministración, la corresponsabilidad y la colaboración solidaria (Rodríguez, 2003). La eficacia de las comunicaciones se va a medir en cuanto la calidad de la información y su coherencia con la capacidad de su difusión; el refinamiento del proceso va a depender más de la sincronía entre emisores y receptores que del bombardeo informacional típico de la publicidad unidimensional; un proceso comunicacional eficiente va a concentrarse en conocer la efectividad del mensaje por retroalimentación directa de quien es informado más que por sondeo de mercado. Pero estas herramientas sólo se pueden afinar con un concienzudo estudio del proceso de las tecnometáforas mediáticas, sus narrativas y sus cocreadores cyborg.

Las instituciones creadoras del discurso teórico de la comunicación social (facultades, asociaciones gremiales, redes de noticias o bloggers) son claves en esta nueva conciencia que alienta la vida diaria de las comunidades y presenta inexploradas posibilidades de hacer sociedad en y con los nuevos medios. El desarrollo de investigaciones, el establecimiento de cátedras y seminarios que discutan el quehacer del comunicador en distintos contextos sociales, la flexibilización de los currículos que permitan un tránsito efectivo del estudiante de Comunicación Social en otras instituciones educativas y en industrias mediáticas, el empoderamiento gremial de los comunicadores instituido en imaginarios actuales de inclusión para el futuro profesional, la participación y la inserción de los comunicadores en las comunidades como miembros dinámicos de crucial importancia en la vida cultural, social y política. Son los comunicadores quienes tienen el deber de pensar las estrategias para los nuevos horizontes y preparar los espacios, reales e imaginarios, para los discursos de la nueva sociabilidad red en el mundo moderno.

Bibliografía/Referencias


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