IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Grupo de trabajo C-18: Movimientos sociales y redes tecnológicas

Globalización informativa y cibersociedad:Impactos sociopolíticos y culturales en los medios de difusión masiva en el México de los 90

Ponente/s


Resumen

Breve restrospectiva histórica de la globalización informativa y de la cibersociedad,así como su llegada a México en la primera mitad de los noventa.Se analizan algunos de sus impactos:tecnológicos en los medios de difusión masiva locales(periódicos,radio,tv,etc);sociopolíticos y culturales.particularmente el movimiento zapatista8índigena chiapaneco) y su líder histórico el comandante Marcos.Finalmente se plantea la democratización de las autopistas de la información.

Contenido de la comunicación

OBJETO DE ESTUDIO

I

Todo comenzó con una idea loca en un mundo en el que cada vez hay menos lugar para la improvisación. La idea fue la de reunir piezas que parecían inconexas y construir, a base de los ladrillos de un edificio que se hunde, otro completamente nuevo. S. Jobs fue, a la vez, creador, constructor y probador del invento. Y Apple se convirtió, por segunda vez en su historia, en su herramienta para conseguirlo.

A Jobs—nuevo gurú del ciberentretenimiento-- le gustan los retos difíciles: fue hijo adoptado. Apenas estuvo en la Universidad, porque su familia no podía pagarla y porque tampoco le interesaba. Un curso sobre tipografía le sirvió, no obstante para crear el entorno visual de sus Mac. Lo expulsaron de Apple (1985), su empresa. Compró Pixar, una marca periférica de George Lucas. Creó “Toy Story”. Volvió a Apple (primero como asesor en 1996 y luego como director ejecutivo en agosto de 1997). Es el hombre del iPod, de la tienda iTunes. En su blog escribió: ”Busco un edificio con buenos cimientos que necesite ser rehabilitado. Estoy dispuesto a derribar paredes, construir pasillos y encender hogueras. Tengo una gran experiencia, mucha energía, un poco de eso que se llama visión y no me asusta volver a empezar.”

Y tenía razón: descubrió que algo había cambiado para siempre en el mundo de las discográficas. Y que las canciones, ya en formato digital, podían grabarse en la memoria de un ordenador. Y se movió en tres líneas de acción: 1) Un programa informático, iTtunes, capaz de gestionar fácilmente colecciones musicales de miles de temas, de clasificarlos por fechas, autor, estilo, preferencia personal…;2) Una tienda de música, Apple Store. De música, y no de discos. Canciones sueltas, no en paquetes de quince, a menos de un euro cada una, todo legal. Descargar y listo; y 3)Un Reproductor portátil, el iPod, con el que transportar esa música.

La música no sólo es el producto de consumo más popular en el mundo industrializado, sino la llave de la economía digital”--sostiene John Kennedy, director ejecutivo de la industria discográfica (IFPI). Kennedy podría haber añadido sin equivocarse que esa llave gira esencialmente en torno de los inventos de Jobs: su reproductor digital iPod (32 millones de unidades vendidas hacia 2005), y la tienda de música (tres millones de canciones diarias descargadas, el 83% de la cuota mundial).

Del Walkman de Sony(1979) al iPod de Apple (2001),nuestro ocio ha cambiado tanto como para no reconocer el paisaje. Se han ido vaciando las estanterías, al mismo tiempo que el disco duro del ordenador rebosa música. Y sólo es el primer paso. El siguiente, el del cine y la televisión, ya ha asomado la nariz en las redes digitales. Millones de personas ven películas de estreno o series de televisión en su ordenador, o las graban en un CD con formato DVD. La mayoría de ellas son copias ilegales, pero en la tienda de Apple en Estados Unidos ya venden capítulos de “Mujeres Desesperadas” o “Perdidos” por 1,99 dólares, y la cadena juvenil MTV también se ha apuntado a la distribución de sus programas por este medio. Ahora llevamos música en el reproductor digital; en breve, llevaremos series y películas.

II

El negocio digital ha tocado su tercera etapa. La primera se remonta a 1985, con el uso generalizado de los ordenadores; La segunda, en 1995, con Internet; y la tercera, diez años después, hoy, con el cruce entre el Ocio y la Informática. En la primera y en la tercera fase de esa ruta, Jobs y su forma de ver la vida han sido fundamentales.

Con ese estilo, la nueva era parece no conocer límites: programas de tv y radio se digitalizan y se ofrecen en forma de suscripción digital. Nace el podcast, donde cualquier contenido, de empresa o de particulares, puede ser descargado a través de iTtunes y transportado en el iPod. Los últimos modelos, ya permiten almacenar, además de música, fotos y videos. Y verlos en alta calidad en cualquier parte. Es lo que Jobs llama “la vida digital”. Una visión, un sueño, una realidad.

Los circuitos mediáticos adquieren más peso que los tradicionales lugares en la transmisión de informaciones e imaginarios sobre la vida urbana, y en algunos casos ofrecen nuevas modalidades de encuentro y reconocimiento, desde la comunicación a través de radio y televisión, en programas participativos o de teléfono abierto, hasta la reunión en centros comerciales que reemplazan parcialmente a los espacios anteriores de cita y paseo. Además, muchas de estas ofertas culturales tienen la propiedad de vincular a grandes sectores de la población con experiencias macrourbanas y de otros países. Así cambia también el sentido de la ciudad como espacio público. No sólo estos medios favorecen una interacción más fluída de la capital con la vida nacional, sino con bienes y mensajes transnacionales; la megalópolis como lugar en el que se concentran informaciones y espectáculos internacionales, sucursales de grandes tiendas extranjeras, centros de gestión de capitales, innovaciones e imaginarios globalizados.”1

III

He propuesto llamar Telépolis—la ciudad global, la ciudad a distancia—a una nueva forma de interacción social que ha ido apareciendo a finales del siglo XX y tiende a expandirse por todo el planeta”—dice Javier Echeverría, para más adelante agregar que “no es sólo una sociedad de la información: estamos ante una transformación de mayor entidad. El avance de esta nueva forma social está modificando profundamente componentes básicos de la vida social, como la producción, el trabajo, el comercio, el dinero, la escritura, la identidad personal, la noción de territorio y la memoria, por no mencionar la política, la ciencia, la información y las comunicaciones…El nombre Telépolis viene a marcar la oposición entre las formas clásicas de organización social—(familias, etnias, pueblos, ciudades, naciones, Estados, etc), basadas en la territorialidad, la vecindad y la proximidad entre los seres humanos y la nueva ciudad, donde las interrelaciones humanas se producen a distancia”. 2

En este contexto, el pasado 4 de abril del 2009 fue aprobada por la Cámara de Diputados en México la Ley para el Desarrollo de la Sociedad de la Información, por lo que todos los habitantes del país entrarán—teóricamente hablando---a la era digital a través de su aplicación.

Con esta norma, México asume el reto de facilitar el acceso a personas, comunidades, empresas y los tres niveles de gobierno al uso de computadoras y la web en hogares, centros de trabajo, escuelas, parques y lugares públicos.

Entre las tareas que favorecerán las operatividad de la nueva legislación se encuentra el acceso inhalámbrico a Internet de manera irrestricta; la utilización de equipos electrónicos en procesos productivos en empresas de todo tamaño, así como la realización de trámites gubernamentales en línea.

Para cumplir los objetivos trazados, el gobierno federal tendrá que disponer de una Agenda Digital Nacional, con una prospectiva de 20 años para el desarrollo de la sociedad de la información.

Una comisión intersecretarial y un consejo de expertos y representantes de sectores se encargarán de impulsar el esfuerzo, el alcance de las metas y evaluar los planes. El acceso a este programa tendrá como condición garantizar la libre expresión, la transparencia y el alcance del conocimiento digital.3

IV

Frente al desafío del “Ser Digital”, se encuentra también la otra cara de la Modernidad: la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía. Lo que anima a los individuos a aventurarse dentro de la escena pública de la sociedad moderna no es tanto la búsqueda de causas comunes ni de los modos de negociar el significado del bien común y los principios de la vida en común, sino más bien una desesperada necesidad de interconectarse. Compartir intimidades, como bien señala Sennet, tiende a ser el método preferido, si no el único, de construcción de comunidad. Esta técnica de construcción sólo puede dar a luz comunidades frágiles y efímeras como emociones dispersas y erráticas que cambian de objetivos sin ton ni son, a la deriva en su búsqueda infructuosa de un puerto seguro: comunidades de preocupaciones compartidas, ansiedades compartidas u odios compartidos, reuniones momentáneas alrededor de un clavo en el que muchos individuos solitarios cuelgan sus miedos. Como anota Ulrich Beck: ”aquello que emerge de la disuelta norma social es un ego desnudo, atemorizado y agresivo en busca de amor y ayuda. En su búsqueda de sí mismo y del afecto social, se pierde con facilidad en la jungla del yo…Alguien que anda hurgueteando en la niebla del propio yo se vuelve incapaz de advertir que ese aislamiento, ese solitario confinamiento del ego, es una condena masiva4

Tres procesos incrementaron el volumen económico y el alcance geocomunicacional de la Video-Cultura en estos Nuevos Tiempos Modernos: I) La formación de mercados globales de bienes simbólicos por las innovaciones tecnológicas ocurridas de los años 60 a los 90/desarrollo y miniaturización de las computadoras, transmisión por satélite y cable, acoplamiento de las comunicaciones telefónicas e informáticas(a través de Internet y de la expansión en redes globales de servicios financieros, de ventas, información y entretenimiento); II)Reestructuración de la fragmentación política y económica del mundo desde la caída del sistema soviético, los acuerdos de libre comercio e integración regional en Europa, Norteamérica, Mercosur y Asia, así como la presión de las empresas multinacionales, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos para que todos los países redujeran las barreras aduanales; y III)La Integración Multimedia, que articula paquetes de comercialización audiovisual con películas y videos, los discos que difunden su música, los derechos de exhibición televisiva y la producción y venta de gadgets relacionados (camisetas, bebidas, juguetes).

Aquí se inscribe este Ensayo: “Globalización Informativa y Cibersociedad: impactos sociopolíticos y culturales en los medios de difusión masiva en el México de los 90”.

RELEVANCIA Y METODOLOGÍA

Partiendo de la consideración de que los consumidores se visualizan hoy día en función de patrones de comportamiento y estilos de vida similares, unas categorías de análisis que diluyen los vínculos entre zonas geográficas y facilitan los planos mundializados, esta investigación tiene como objetivo general: elaborar una radiografía teórica y empírica de la Globalización Informativa, poniendo énfasis en el México de los años noventa. Cómo se ve impactado el país—particularmente sus medios de difusión masiva-- en el plano tecnológico, cultural, político y económico, así como algunas posibles “rutas de escape” de ese oscuro túnel en que nos encontramos estacionados “temporalmente”.

Por otra parte, la hipótesis eje de este trabajo se plantea en los siguientes términos: Ante la profusión teleinformacional, buscar la estabilidad es algo anacrónico y hasta arriesgado, porque el lema vigente es lubricar la fuerza innovadora con renovaciones constantes. Así, la innovación se convierte en requisito valioso dentro del terreno competitivo, en el que los bienes disponibles comportan problemas y estorbos que sólo se resuelven mediante nuevas demandas y soluciones tecnológicas. Se instaura de esta forma un círculo vicioso: la cadena de descubrimientos, transferencias e imitaciones de tecnologías gravita alrededor de un número reducido de Corporaciones. Para conservar sus poderes monopólicos, estás recurrirán a dos estrategias de acción: la amplia centralización del capital, que busca dominar, a través del poder financiero y la ávida protección de las ventajas tecnológicas. La fórmula para escapar de lo obsoleto consiste en sustituir lo que acaba de ser lanzado y, simultáneamente, anunciar lo que será innovación dentro de cinco, diez o quince años. Una parte significativa de lo que se fabrica en exceso, en vez de aclarar confunde, al haber tantas mediaciones entrecruzadas en los recorridos comunicacionales. La evolución tecnológica debería ampliar el conocimiento de las sociedades y de los hombres que las habitan. Pero en la realidad se produce una terrible inversión: son las élites quienes se apropian de las técnicas más avanzadas en función de determinados objetivos.

Por tanto la fluidez informativa no representa un bien común. Grandes empresas e instituciones hegemónicas mantienen las prerrogativas de utilizarla en función de sus intereses particulares. Disponen del poder financiero, de la influencia política, de la capacidad industrial y de esquemas de distribución, todo ello facilitado por las desregulaciones neoliberales acaecidas en los últimos años. Si pretendemos romper la espiral de las exclusiones, el desafío será la construcción de alternativas comunicacionales que reivindiquen difusiones descentralizadas y dinámicas participativas.

V

Cuando los Hermanos Wachowski decidieron recrear un mundo paralelo al real, uno en el que las computadoras dominaran la tierra y alteraran la percepción de los seres humanos, tal vez no tenían idea del fenómeno que estaban gestando.

Hoy a diez años de distancia de que la primera entrega de la trilogía The Matrix llegara a las salas cinematográficas (31 de marzo de 1999), la distribuidora Warner Brothers anunció una nueva edición de la primera entrega de la saga que será editada en formato Blu-ray.

Considerada como la película de ciencia ficción número uno de los últimos 25 años por Entertainment Weekly, The Matrix logró recaudar, desde 1999 460 millones de dólares en todo el planeta.

La cinta protagonizada por Keanu Reeves y otros destacados actores, retrata la vida de Thomas Anderson, un experimentado hacker conocido en el mundo virtual como Neo, quien desconfía de los alcances de su mente e inicia la búsqueda de Morfeo, otro hacker famoso por conocer la verdad.

A partir de esa inquietud, Neo debe decidir entre permanecer en lo que él considera la vida real o apostar por expandir sus percepciones y de ese modo librarse de la Matrix, un programa generado por computadoras que dominan el planeta y que se alimentan de la energía de los seres humanos.

Al aceptar la invitación de Morfeo, Neo debe dejar atrás todo lo que conoce y ha creído real. El momento de la elección se presenta al decidir por una píldora roja que lo sacara de la Matrix y una píldora azul que lo regresará sin recordar nada.

Una vez fuera de la Matrix, Neo se da cuenta de la compleja situación en la que viven los seres humanos libres en 2199, perseguidos por máquinas que intentan terminar con los vestigios de civilización y que por ello se deben esconder en ciudades subterráneas.

Pero la libertad de Neo no fue un suceso aislado, responde a las esperanzas que Morfeo y los supervivientes tienen de él, a quien consideran el Elegido, aquel que los liberará del yugo de las computadoras, de acuerdo con una Profecía.

Para ello deberá dominar la Matrix para modificarla a su gusto y por ende vencer al agente Smith, un programa de cómputo encargado de terminar con las amenazas que se generen en el mundo virtual.

El mundo trazado por los Hermanos Wachowski (Matrix llegó a ser considerada como una biblia de la era digital) es la evidencia de que el imperativo de Rimbaud—“hay que ser absolutamente modernos”, se ha leído correctamente. Ser modernos, no obstante, no significa actualizar a toda costa la tecnología miniaturizada con la que convivimos cotidianamente, sino convertirnos en ciudadanos reales, con derechos y obligaciones, libres e independientes en cada una de nuestras preferencias.

En un mundo Globalizado, ciencia, tecnología y sociedad han dejado de operar armónicamente (como lo ejemplifica Matrix). Parecen más bien constituirse en los motores de una complejidad creciente y conflictiva. Conforman procesos emergentes que se realimentan entre sí, generando mundos interdependientes aunque diferenciados que consumen velozmente los recursos naturales.

Al igual que Castells, creemos que la Globalización Tecnológica

(Internet) es una creación cultual antes que técnica, surgida de una cultura libertaria que trata de construir redes de relación universales entre individuos libres, ”sin embargo, como la libertad siempre choca con los poderes políticos y los intentos de comercialización, la práctica del desarrollo de Internet es una continúa tensión entre el espacio social, el espacio comercial y la regulación política5

Sí en la actualidad, a través de la imaginación, la Globalización disciplina y controla a los ciudadanos modernos, sobre todo a través de los medios de difusión masiva, la imaginación también es la facultad a través de la cual emergen nuevos patrones colectivos de disenso y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana a través de la cual vemos emerger formas sociales nuevas y formas constructoras de nuevas convivencias humanas. Esta es nuestra apuesta, y esperamos contribuir a dicho fin.

DESARROLLO Y CONCLUSIONES

Globalización informativa y cibersociedad

Hablar de la globalización de las comunicaciones, remite de manera casi automática al análisis y reflexión sobre las nuevas tecnologías de la información y a sus implicaciones económicas. políticas, sociales y culturales.

Los medios de difusión masiva en el ámbito de la aldea global rompen o rebasan fronteras, culturas, idiomas, religiones, regímenes políticos, diversidades y desigualdades socioeconómi­cas, jerarquías raciales, de sexo y edad. Es tal su impacto que Mc Luhan vislumbra: “Más y más personas entrarán en el mercado de informaciones, perderán sus identidades privadas en este proceso, pero surgirán con capacidad para interactuar con cualquier persona de la faz del globo. Referéndums electrónicos masivos y espontáneos atravesarán continentes. El concepto del nacionalismo declinará y también los gobiernos regionales caerán como consecuencia po­lítica de la creación de un gobierno mundial por satélite artificial. El satélite será usado como el instrumento mundial más importante de propaganda en la guerra de los corazones y mentes de los seres humanos”. 6

En la actual ofensiva de “reordenamiento” mundial iniciada según los imperativos de los gran­des centros del capital, los medios de difusión ocupan un lugar destacado, puesto que de ellos dependen en gran medida los procesos de globalización de la economía, la política y la cultura. La reestructuración del escenario internacional no es posible en la óptica del capital transna­cional sin el concurso de la información y las comunicaciones también en una diversión global.

Los Orígenes de la Sociedad de la Información

Se alude nuevamente a la imagen de la aldea global de Marshall Mc Luhan. que resulta de la posibilidad de intercomunicarse con cualquier persona en cualquier lugar del planeta. Sin em­bargo, parece paradójico que se hable de dos metáforas tan distintas como la autopista y la de aldea al evocar a la sociedad de la información. En cierto sentido, ambas imágenes connotan a dos mundos totalmente diferentes. Las autopistas representan la velocidad, la anchura, la mo­dernidad, la libertad individual. Por el contrario, la aldea significa lentitud, lo pequeño, la cer­canía con la naturaleza, las relaciones sociales próximas al pasado.

El término sociedad de la información tiene sus orígenes en los sociólogos Alain Touraine —francés— y Daniel Bell —estadounidense— que ya en 1969 y 1973, respectivamente, publicaron sendas obras en las que hablaban de la mencionada sociedad post-industrial como estación termino de una evolución de la industria que se ha visto acompañada de transformaciones so­ciales específicas. Es decir, se puede considerar que teóricamente el concepto actual de socie­dad de la información tiene un cuarto de siglo de existencia.

La sociedad de la información comenzó a ser ampliamente estudiada a finales de los sesenta y además de los citados autores, fueron muchos los pensadores que estudiaron esa naciente sociedad.

Así, Marc Morat y Víctor Fuchs establecieron y divulgaron la base empírica que habría de sustentar los planteamientos de la sociedad informatizada. 7 Z. Brzezinsky, consejero del pre­ sidente Carter, publicó en 1970 su obra La era tecnofrónica; en ella afirma que, en la sociedad tecnotrónica la mano de obra industrial se traslada a los servicios, y la automatización y la cibernética reemplazan a los individuos que manejan a las máquinas.8

En 1976-1978 el presidente de la república francesa, V. Giscard D’Estaing, encargó a su ins­pector general de fmanzas se hiciera cargo de una misión de exploración, con el objeto de fo­mentar la reflexión sobre la forma de conducir la información de la sociedad. Resultado de lo anterior, lo constituye el informe Nora-Minc, el cual llevó a considerar que “a largo plazo, la informática será para bien o para mal, un ingrediente fundamental del equilibrio entre la autoridad del Estado y la libertad de la sociedad. De esta última depende el futuro de la democracia”. 9

Durante los últimos años de la década de los sesenta aumentaron los estudios y obras con im­pacto sobre la sociedad de la información. Así, James Martín publicó, en 1978, La Sociedad Interconectada, donde pronostica con gran exactitud la sociedad en la que vivimos actualmen­te; tiene el mérito de haberse referido a las “nuevas autopistas”, “las autopistas electrónicas”, presenta la utopía de la ciudad virtual y le presta gran atención a los medios de masas y a la televisión.10

Yonehi Mashuda, también en 1980, dio muestras de una excelente capacidad de predicción del futuro, al pronosticar que la computadora se aplicaría en una gama muy amplia de necesidades sociales. Así anticipó la creación de una red de conocimiento como núcleo de un nuevo tipo de educación que pondría el acento en capacidades individuales.11

Por último, vale la pena citar a A. Toffler, que publicó al final de la década todo un tratado utópico de la sociedad de la información, con un nivel de divulgación excelente. Su teoría del oleaje le lleva a considerar que los desastres, las crisis y las amenazas del mundo presente (segunda ola) se contraponen con las esperanzas y el optimismo de la tercera ola.12

Nuevos estudios, proyectos, publicaciones, etc., aparecieron durante todo este periodo. El na­cimiento de la computadora personal (PC) aceleró la creciente implantación de las redes de computadoras, así como la proliferación de programas de software muy populares y de gran aplicación personal o empresarial.

En esta perspectiva, en los años noventa el informe sobre la National Information Infraestruc­ture (NII) de Al Gore —vicepresidente de los Estados Unidos— publicado en 1993, es conside­rado como el inicio de un intenso debate cultural, tecnológico e intelectual sobre la actual so­ciedad de la información. En este informe se acuñó el término de autopistas de la información (information superhighway).

Durante 1994 se editó el Libro blanco de la Comisión Europea, que habla sobre “crecimiento, competitividad, empleo, retos y pistas para entrar al siglo XXI”, y donde se indican las medidas que se deben tomar para aprovechar el cambio socia] que se está produciendo con la intro­ducción de las tecnologías de información y de las comunicaciones en todos los ámbitos de actividad.

Como resultado de este libro, la Comisión Europea encarga un estudio posterior a un grupo de trabajo presidido por el comisario Bangemanm, que redacta en Bruselas —26 de mayo de 1994— el documento conocido como el Informe Bangemanm y cuyo nombre es Europa y la sociedad global de la información. Recomendaciones al Consejo de Europa.

Por lo tanto, entre 1993 y 1994 se comienza a utilizar el término autopista de la información, que integrará los servicios multimedia, realidad virtual, hipertexto, comunicaciones avanzadas (tales como satélites, fibra óptica), etcétera.

Los pasos siguientes con el advenimiento de la Cibersociedad o de la Nueva Sociedad Global de la Información, se producen en 1995. En este año se publican sendas obras de Nicholas Negroponte —columnista de Wired y director de Media Lab del MIT—. y de Bill Gates —presidente de Microsoft, la mayor empresa mundial del mundo software— donde Negroponte anuncia la aparición del nuevo mundo digital y muestra que hoy día los bits están sustituyendo a gran velocidad en los centros neurálgicos y cada vez más en los centros ordinarios, a los átomos.

De igual forma, Bill Gates, en su libro, sólo contempla hechos similares, presagiando fácil­mente las historias del futuro inmediato, todas ellas aglutinadas en torno a las autopistas dc la información, Internet y el fenómeno hipermedia como integración de la multimedia, la reali­dad virtual y el hipertexto.13

La presencia de la ciber-cultura, cibersexo. ciberdinero, cibereconomía y la configuración del mundo digital, se irá plasmando en la construcción de una nueva sociedad de la información, que bien podría denominarse cibersociedad.

Sin embargo, sea cual sea el nombre que se le asigne a este tipo de sociedad, siempre encontra­remos dos factores comunes y primordiales: la información como elemento aglutinador, y la innovación tecnológica, como instrumento para aproximarse a ella.

México 1998: el país como video-clip

Los medios de difusión masiva en nuestro país (especialmente la radio y el cine, y después la TV y la prensa escrita) contribuyeron en la primera mitad de este siglo a organizar los relatos de la identidad y el sentido ciudadano en las sociedades nacionales. Agregaron a las epopeyas de los héroes y los grandes acontecimientos colectivos, la crónica de las peripecias cotidianas: los hábitos de los gustos comunes, los modos de hablar y vestir, que diferenciaban a unos pueblos de otros. La difusión radiofónica ayudó a que grupos de diversas regiones de un mismo país, antes lejanos y desconectados, se reconocieran como parte de una totalidad.

Los medios fueron agentes de las innovaciones tecnológicas, sensibilizaron a la sociedad en el uso de aparatos electrónicos de la vida domestica, y liberalizaron las costumbres a un horizonte más cosmopolita; pero a la vez unificaron los patrones de consumo con una visión nacional. Como los medios eran predominantemente de capitales nacionales y se adherían a la ideología desarrollista, que confiaba la modernización a la sustitución de importaciones y al fortalecimiento industrial de cada país, aun los agentes más internacionalizados en ese momento, como la TV y la naciente publicidad, impulsaban a la comunidad a comprar productos nacionales y difundían el conocimiento de lo propio.14

Todo esto se fue desvaneciendo en los años ochenta hasta extinguirse en los noventa, la apertura de la economía nacional a los mercados globales y a procesos de integración regional fue reduciendo el papel de la cultura nacional.

La transnacionalización de las tecnologías, descrita anteriormente, y de la comercialización de bienes culturales, disminuyó la importancia de los referentes tradicionales de identidad. En las redes globalizadas de producción y circulación simbólica se establecieron las tendencias y los estilos de las artes, las líneas editoriales, la publicidad y la moda.

Globalización cultural: la pérdida de las identidades

Tenemos numerosas variaciones en la geografía, recursos naturales, costumbres y sobre todo en el tipo de vida de los mexicanos en las ciudades o el campo, en la costa o en el altiplano.

Sobre esta heterogeneidad, existe un factor de identificación cotidiana, alcanzado gracias a la globalización tecnológica, que es la recepción de las mismas señales de radio y televisión mexicanas: tanto en los municipios más apartados tras las montañas de Oaxaca, donde los niveles de vida se encuentran muy lejos del bienestar, que entre la próspera zona residencial de Garza García, en Nuevo León, donde existe la mayor concentración de antenas parabólicas que hay en el mundo entero.

Sin embargo, no puede afirmarse que la enorme cobertura alcanzada por la comunicación electrónica en México este sirviendo para mejorar la educación, ni los niveles de bienestar de los mexicanos.

Al contrario, salvo excepciones, la orientación de los medios tiende a la promoción del consumo y al fortalecimiento de la denominada cultura del video-clip, donde las imágenes de la realidad don alteradas y modificadas. “La imagen –dice Paul Virilio-, o mejor dicho la pantalla, es hoy en día omnipresente, junto a las telecomunicaciones, los transmisores, los sistemas informativos, prefiguran y ordenan una percepción del tiempo falsa. Cualquier acontecimiento se convierte en el doble transfigurado de él mismo. En realidad, poca importa que algo haya ocurrido efectivamente, con tal de ser computado, transformado en mensaje, inscrito en números e introducido en canales”.15 Sumado al engranaje de “esta cultura de video-clip, que resume quizá la idea de un intercambio valórico, de una concepción de la realidad vista como un video-clip, con música, imágenes atractivas, colores y efectos especiales”.16

El proceso que se comenzó a describir como impactos de la globalización en los medios y de éstos en la sociedad, puede resumirse como el pasaje de las identidades modernas a otras que podríamos nombrar, aunque el término sea cada vez más incómodo, como posmodernas.

Las identidades modernas eran territoriales y casi siempre monolingüísticas. Se fijaron subordinando a las regiones y etnias dentro de un espacio más o menos arbitrariamente definido, llamado nación, y oponiéndola a otras naciones.

En cambio las identidades posmodernas son transterritoriales y multilingüísticas, operan mediante la producción industrial de cultura, la comunicación tecnológica y el consumo diferido y segmentado de los bienes.

Las transformaciones constantes que ha traído la globalización con las nuevas tecnologías han impactado soberanamente a la cultura de masas, convirtiéndola en un proceso de ensamblado multinacional, una articulación flexible en partes, un montaje de rasgos que cualquier ciudadano puede leer y usar17

Al estudiar los impactos en el consumo cultural del México globalizado durante los últimos años, encontramos que la separación entre grupos hegemónicos y subalternos no se presenta ya principalmente como oposición entre lo propio y lo importado, o entre lo tradicional y lo mo­derno, sino como adhesión diferencial a subsistencias culturales con diversa complejidad de innovación: mientras unos siguen a Beethoven, U2, y Charles Bukowski, otros prefieren a Luis Miguel, Molotov y las telenovelas brasileñas.

Esta escisión no se produce únicamente en el consumo ligado al entretenimiento. Segmenta a los sectores sociales respecto de los bienes estratégicos necesarios para ubicarse en el mundo contemporáneo y ser capaz de tomar decisiones. Al mismo tiempo que el proceso de modernización tecnológica de la industria y los servicios exige mayor clasificación laboral, crece la deserción escolar y se limita el acceso de las capas medias (y por supuesto de las mayorías populares) a la información innovadora. El conocimiento de los datos e instrumentos que habi­tan para actuar en forma automática y creativa se reduce a quienes pueden suscribirse a servi­cios informáticos y redes exclusivas de televisión (antena parabólica, cable, cadenas repetido­ras de canales metropolitanos). Para el resto, se ofrece un modelo de comunicación masiva, concentrado en grandes monopolios, que se nutre con la programación standard norteamerica­na, más productos repetitivos de entretenimiento generados en cada país.

Las grandes mayorías de la sociedad mexicana han visto limitada su incorporación a la cultura global por el acceso exclusivo a la primera etapa de las industrias audiovisuales: los entrete­nimientos y la información que circulan en radio y televisión de acceso gratuito.18

Algunos grupos minoritarios de las clases medias y populares han podido actualizar y sofisti­car su información como ciudadanos, al participar en una segunda etapa del uso de medios comunicacionales, que abarca los circuitos por cable, la educación ambiental y sanitaria, la información política a través de videos, etcétera.

Sólo pequeñas franjas de las élites empresariales, políticas y académicas están conectadas a las modalidades más activas de la comunicación, es decir, a ese tercer sistema que incluye el fax, el correo electrónico, las antenas parabólicas, la información y el intercambio lúdico que se extiende desde la filmación de videos aficionados hasta la construcción de redes internaciona­les de tipo horizontal. En algunos casos, pequeños sectores populares participan de estos últi­mos circuitos a través de la producción de periódicos, radios y videos comunitarios.

Por otro lado, la normatividad que existe para los medios de difusión en México es obsoleta, tanto política como tecnológicamente. La Ley de Imprenta que data de 1917, está impregnada de un moralismo tan conservador que, si se cumpliera, centenares de revistas y periódicos no podrían circular. La Ley de Radio y Televisión de 1960, no toma en cuenta las novedades tec­nológicas enumeradas anteriormente, confiriendo al gobierno grandes atribuciones para revisar y censurar la programación de esos medios, así como para autorizar las concesiones para transmitir señales.19

Favorecer el acceso generalizado a las dos últimas modalidades de comunicación es una con­dición clave para desarrollar formas democráticas actuales de ciudadanía, o sea, vinculadas con la información internacional y con capacidad de intervenir significativamente en los pro­cesos de integración global y regionales.

La complejidad multinacional de problemas como los de contaminación ambiental, tráfico de drogas e innovaciones tecnológicas y culturales, quiere información que trascienda los espacios locales aun nacionales, acciones coordinadas en una esfera pública supranacional.20

Zapatismo en Internet: Todos somos Marcos

Uno de los hechos culturales de los años 90 ha sido el desvanecimiento de los espacios políti­cos de negociación: desilusionados de las burocracias estatales, partidarias y sindicales, los públicos acuden a la radio, la televisión y al Internet para lograr lo que las instituciones ciuda­danas no proporcionan servicios: justicia, reparaciones o simplemente atención. No es que los viejos sujetos y movimientos sociales —partidos; sindicatos, intelectuales, etc.— hayan sido reemplazados por los medios de difusión. La aparición súbita de éstos pone en evidencia una reestructuración general de las articulaciones entre lo público y lo privado, que se aprecia también en cl reordenamiento de la vida urbana, la declinación de las naciones como identidades contenedoras de lo social y la reorganización de las funciones de los actores políticos tradicionales.

El de enero de 1994 marca no sólo el inicio del conflicto armado en la región sur de Méxi­co. sino también el del surgimiento de nuevos protagonistas en los procesos socio-políticos de comunicación. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) cobra vida pública como movimiento político armado y salta al escenario de la comunicación masiva nacional e inter­nacional como un sujeto emisor de múltiples y certeros mensajes.

A la pregunta de la periodista Carmen Lira sobre dónde se libran hoy las guerras modernas, el suhcomandante Marcos no titubea y responde contundente: “En los medios de comunicación. No importa tanto la destrucción física del enemigo, que luego sale más cara, sino aparentar que lo destruyes”.21

La naturaleza y el sentido del zapatismo provienen de un actuar social y cultural (étnico) que no supone un repliegue comunitario ni un levantamiento armado, se proyectó a través de Inter­net en la escena política con un impacto planetario y universal “no a pesar de su propia identi­dad indígena, sino a causa de ésta, porque articula experiencias de comunidades heterogéneas, divididas y abiertas; la democracia nacional y el proyecto de una sociedad de sujetos, indivi­duales y colectivos, que se reconozcan y puedan respetarse en su diversidad; lucha por un mundo donde quepan muchos mundos, un mundo que sea uno y diverso.” 22

Se trata de una guerra insólita, que incluso llegó a ser trivializada por algunos de sus protago­nistas y por un segmento de los medios de difusión. Ha sido la de Chiapas y al menos hasta que se iniciaron las negociaciones para la paz, una guerra que se libró más en los medios que en la Selva Lacandona.

De esta manera, el primer poeta guerrillero del postcomunismo, dirigentes y simpatizantes del movimiento zapatista, incursionarán exitosamente en la Red Internet, en donde los insurgentes conquistarán un foro permanente que ofrece transcripciones en inglés y francés del subcomandante, logrando una presencia constante en importantes centros de opinión en el mundo entero.23

No es vano The Economist, llama guerrilla tecnológica al movimiento rebelde, describiendo así a su líder: “El subcomandante Marcos con su lap top conectado al encendedor de cigarros de su jeep, habla más de lo que combate. Sus mensajes se dirigen a simpatizantes específicos, a periódicos locales, las carteleras de todo género de redes de computación. Esto no es tan dramático como apoderarse de territorios, pero concede influencia”.24

Democratizar las autopistas de la información

El debate actual replantea las políticas de comunicación masiva tradicional al menos en tres puntos:

  1. Las relaciones entre lo nacional, lo continental y la globalización;

  2. La articulación entre los servicios públicos y los intereses privados; y

  3. La necesidad de reubicar cada industria cultural –cine, TV, video, etc.- en una política multimedia, que incluya también la publicidad y otras derivaciones comerciales de las prácticas simbólicas masivas.

Sólo es posible imaginar que los acuerdos de integración y libre comercio que se gestionan por todo el mundo sirvan para reactivar las industrias culturales si incluyen una política de regulación y promoción pública de la cultura latinoamericana. Para que estas cuestiones al menos entren en la agenda electoral y de negociaciones internacionales, sería necesaria la movilización coordinada de artistas, productores independientes y algo así como asociaciones de consumidores de cultura, por ejemplo de cinéfilos y televidentes, cuya inexistencia en América Latina es uno de los síntomas más alarmantes de nuestra desprotección como espectadores. Se trata de saber si aún es posible producir, crear, elegir como ciudadanos, o nos contentaremos con la modesta libertad el marketing.

Tiempos fulgurantes, acelerados, prósperos y sexuados. Sin sublevaciones se pugna por el éxito, la fama y el dinero. Se acrecienta la invasión de los objetos nómadas –ligeros, sin lazos, llevados por cada individuo-. La coyuntura tecnológica gobierna el tránsito de la información, reproduciendo las consecuencias autoritarias de un sistema de mensajes en donde unos pocos dicen muchas cosas a mucha gente. Símbolo de la tendencia unilateral de los medios globalizados que no se pueden definir como la comunicación sino de información.

Por esto y otros motivos, conviene civilizar a la sociedad de la información y pensarla en términos urbanos, y no simplemente circulatorios. Se trata de que los ciudadanos hoy por hoy pasivos y fascinados por las innovaciones tecnológicas, vayan siendo cada vez más activos, circulando libremente por las “tele-calles” sin tener que pagar derecho de paso, al menos en algunas televisa.25

O si se prefiere, hay que democratizar las autopistas de la información, imponiendo la construcción de todo un entramado urbanístico, complejo y plural, para la nueva sociedad, que posibilite una circulación libre con múltiples entradas y salidas. Todo ello con el fin de que no sólo circule información, sino también cultura y civilización,.

ENTRE LA UTOPÍA TECNOLÓGICA Y LA GLOBALIZACIÓN DEL RAITING

Durante las últimas décadas presenciamos un fuerte cambio en el paisaje de los medios. Cambio que se debe, no solamente a la innovación tecnológica en los propios instrumentos de mediación, sino también a la manera con que los usuarios eligieron apropiarse socialmente de los mismos y por consecuencia, como construyeron nuevos procesos de mediación.

Internet, la red de redes, fue creado en 1969 por el Pentágono con el nombre de Arpanet (Advanced Research Projects Agency + Net), durante la fase más crítica de la guerra de Vietnam, como una red de comunicación multidireccional entre ordenadores, para proteger el sistema científico-militar de un eventual sabotaje o de un ataque nuclear, conectando los ordenadores del Pentágono a los de laboratorios y universidades que trabajaban en proyectos de interés militar. Al haber surgido del imaginario castrense, el diseño de Internet ha sido tributario de una ideología de la invasión y de la ocupación total del espacio comunicativo por canales capilares(sistema “globalitario”, lo ha denominado Paul Virilio, combinando Globalización y Totalitario).Y con su estructura dio vida a la categoría telemática que los anglosajones abrevian CMC (Computer Mediated Communication),que desbordó su matriz militar y científica inicial para incorporar nuevos usos empresariales, financieros, profesionales, comerciales, proselitistas, recreativos y de todo tipo.

Anthony Giddens y Manuel Castells llaman la atención sobre el hecho de que mucho de lo que hemos presenciado a lo largo de los últimos años, es una consecuencia de la conexión en red de distintas tecnologías, es decir, las tecnologías de la información, comunicación y computación. Su apropiación económica y social proviene de una interesante relación entre el mercado y la democracia. Cuando se vive en un mundo donde las noticias tienen prácticamente una característica instantánea y en que la diversidad de contexto de información es la regla, tenemos que aceptar que la globalización significa también un cambio en los sistemas de comunicación. Este cambio transforma las vidas de la población local a la vez que altera la estructura económica de la propia vida--- anota Cardoso.

Internet no es, pues, un medio centrípeto y jerarquizado, sino un medio centrífugo, horizontal y ramificado capilarmente, según el principio de la ubicuidad de los flujos de información y de la equipoprobabilidad de las conexiones, que ha transformado la ilusión audiovisual—del cine y la tv—de viajar con la mirada en la realidad ,de viajar con el pensamiento, y cuando se piensa que la ubicuidad, la instantaneidad y la inmediatez son tres atributos que han definido tradicionalmente a la divinidad se entenderá que, para algunos, Internet sea visto como un megamedio con atributos míticos y casi divinos, que ha hecho del ciberespacio un nuevo continente virtual en el que se centra energía psíquica procedente de todos los países y posee por ello propiedades cuasimísticas, que enlazan con las propuestas visionarias de Timothy Leary.

Así el sociológo Manuel Castells,en su obra clásica La Era de la Información,ha acuñado las expresiones metafóricas Sociedad-Red y Estado-Red,entendiendo por este último un Estado caracterizado por compartir la autoridad a lo largo de una red.

Los medios en general tienen un doble papel a desempeñar en el mundo moderno. Por un lado son instrumentos de la democracia, como se puede observar en el papel desempeñado por los canales de televisión en las revoluciones de 1989 en la Europa del Este, el golpe de estado ruso contra Gorbachev y la subida al poder de Yeltsin, y más tarde, a través de la generalización de la Internet, la toma de conciencia dado el drama de la gente de Timor Leste en 1999.Por otro parte, medios como la televisión también tienden a subvertir los espacios que abren, persiguiendo retóricas de personalización y trivialidades, en un proceso de preocupación con la personalidad u lo trivial, algo que muchas veces tiene un efecto negativo en el dialogo social. Como resultado de esta dualidad, el tiempo presente es, por primera vez en la historia, un tiempo en que gobiernos y ciudadanos coexisten en el mismo ambiente de información, y eso pasa como resultado del cambio tecnológico, además de los otros desarrollos.

De modo que las redes informáticas, sistema nervioso de la sociedad de la comunicación, se convirtieron en el instrumento privilegiado al servicio de unas élites de poder nómada e inasible—por encima de las fronteras nacionales---,para ordenar transferencias de capitales, pedidos comerciales, cerrar alianzas oligopólicas, fijar precios, etc. Esta disposición del espacio físico tuvo su mejor metáfora lúdica en la ubicuidad virtual de los espacios sintéticos planetarios de algunos parques temáticos,en los que sólo diez pasos separan un templo budista del Tíbet del Empire State Building.

El rostro político de la sociedad cableada es el que representa el arraigo del mito de la democracia informática directa y participativa en tiempo real, mediante referendos y votaciones cableadas de los teleciudadanos ante cuestiones de interés público. Pero la llamada república electrónica o democracia directa plebiscitaria de flujo continuo ha sido también criticada con frecuencia por eludir la mediación racional de un debate reflexivo y por prestarse a manipulaciones incontroladas, que marginan las reglas garantes del juego democrático.

El nuevo modelo de comunicación en red, se refiere a un sistema de medios donde la interactividad forma su modelo organizacional. Un sistema de medios que ofrece dos nudos fundamentales, uno centrado en la baja interactividad, donde la TV domina, y otro donde la Internet esta en el centro, proporcionando alta interactividad. Estos distintos nudos de medios están conectados, sobretodo, a través de los medios interpersonales, que pueden también ser utilizados como más media, nombradamente los teléfonos móviles, el correo electrónico, Ipods y ofertas similares como el WiFi, etc.

La Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) en su Reporte 2008 sobre hábitos de los usuarios en México confirma lo anterior. De acuerdo con este: Internet ya es un medio accesible para todos los niveles socioeconómicos y en un futuro estará prácticamente en todos los hogares. Al menos esa tendencia se desprende por el crecimiento que ha tenido el número de usuarios en México, que en los últimos tres años aumentó en más de 10 millones, a 27.6 millones.

El estudio reporta que en entretenimiento los mexicanos ocupan Internet en 49% para bajar música, un alto porcentaje lo hace en forma gratuita. Le sigue, con 32% ver chistes o páginas web de humor, 30% juega online, 28% visita sitios deportivos, 20% lee su horóscopo mientras que debajo de 10% están quienes contestan encuestas, ven sitios para adultos, bajan podcast o reservan boletos de avión o paquetes para vacacionar. En 2009 ya hay 18 millones de computadoras personales en México, así que 3.5 de cada 10 hogares tiene una, 11 millones de ellas tienen acceso a Internet, cifra que se traduce en 62% del total de computadoras conectadas en la red.

Finalmente el tiempo promedio de conexión de los usuarios mexicanos es de 2.5 horas al día, y el de mayor tráfico en la red se registra en los llamados horarios de alto rafting en la TV,4-6 de la tarde y 9-10 de la noche, de lunes a viernes—concluye el Estudio.

La gran ágora informática, que algunos teóricos exaltan como la culminación del sueño político libertario de la expresión y comunicación universal sin trabas, como la plasmación gozosa de la “anarquía autogobernada”, tiene sus límites y controles.

En la medida en que Internet se ha convertido en el punto de encuentro del Utopismo Libertario y de los intereses del Neoliberalismo ha dado entrada arrolladora a los intereses económicos en los que este último se sustenta, para convertir a Internet en lo que Bill Gates ha llamado, con su utopismo social interesado ,”la calle comercial más larga del mundo”.O para decirlo más radicalmente (R.Gubern) se ha transitado velozmente del modelo académico y libertario al hegemonismo comercial (donde el rating es amo y señor),del ágora social al mercado público.

Hay que luchar contra el rating en nombre de la Democracia”—escribió Pierre Bourdieu. Esta frase encierra una verdad decisiva. Aunque muchas veces se asume como resultado de la voluntad popular, el rating suele derivar de una coacción del gusto ante la falta de opciones. La democracia exige variedad. Pasar del raiting como forma de la resignación---dice Villoro—al rating como coincidencia en la diversidad. Esa es la ruta a seguir…

NOTAS:

1 García Canclini, Nestor. La Globalización Imaginada.México. Paidós. 1999. p. 171.

2 Echeverría, Javier. Internet y el periodismo electrónico. Mimeo. Quinta Sesión-Lectura Básica de Curso para Profesores-DGAPA “Sociedad de la Información. Actualidad y Complejidad”—impartido por Raúl Trejo Delarbre en Fes-Aragón-enero-Feb-2006.

3 Arvizu, Juan y Merlos Andrea.”Por ley se debe masificar Internet en todo el país” en El Universal.México.D.F.4-Abril-2009.p.1.

4 Beck, Ulrich. Ecological enlightenment: Essays on the Politics of the Risk Society. Nueva Jersey, Humanity Press,1995,p.40.

5 Pascual, Mayte. En Qué Mundo Vivimos-Conversaciones con Manuel Castells. Madrid. Alianza Editorial, 2006. p.225.

6 Mc Luhan, Marshall y Poquers, Bruce, La aldea global: transformaciones en la vida y los medios de comunicación mundiales en el siglo XXI, México, Gedisa, 1991, p. 300

7 Porat, Marc, The information economy, London, Belhaven Press, 1989. p. 150.

- Fuch Víctnr. The Growing importace of service industries, London, Press, 1965, p. 200

8 Brzezinsky, Z., La era tecnotrónica, Buenos Aires, Paidós, 1979, p. 300.

9 Nora, Simón y Mi, Alain, La informatización de la sociedad, México, FCE, 1978, p. 200.

10Martín, James, Lo sociedad interconectada, Madrid, Tecnos, 1980, p. 300.

11Mashuda, Yoheni, La sociedad informatizada como sociedad post-industrial, Madrid, Fundesco, 1984, p. 300.

12Toffler, A., La tercera ola, Barcelona, Plaza y Janés, 1980, p. 350.

13 Negroponte, Nicolás. El mundo digital. Barcelona, Grijalbo, 995, p. 200.

-Gates, Bill. Camino al futuro, Madrid, Mc Graw- Hill, 1995, p. 200.

14 Martín Barbero, Jesús, Delos medios a la mediaciones, México, Edit. G Gilli, 1996, pp. 164-198.

15 Muñoz, Oswaldo, “Asistimos a un cambio radical de civilización”, en El País, Madrid, 12 de noviembre de 1994, p. 15.

16 García Calderón Carola, “Prólogo”, en La generación del videoclip, Hugo Sánchez Gudiño, México, AMIC-UNAM, 1995, p. 12.

17 García Canclini, Nestor, Consumidores y ciudadanos, México, Grijalbo, 1995, p 85

18 Silva, Armando, Imaginarios urbanos, Bogotá y Sao Paulo: cultura y comunicación urbana en América Latina, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1992, pp. 2005-208.

19 Trejo Delarbre, Raúl, Volver a los medios, México, Cal y Arena, 1997, pp. 245-250.

20 CEPAL, La industria cultural en la dinámica del desarrollo y la modernidad: nuevas lecturas para América Latina y el Caribe, México, CEPAL, 1994, p. 100.

21Lira, Carmen, “Entrevista a Marcos”, en La Jornada s/n , México, D. F. de agosto de 1995, p. 1.

22 Le Bot, Yvon, Subcomandante Marcos: el sueño zapatista, México, Plaza y Janés, 1997, pp. 21-22.

23 Porque hoy por hoy, pese a su aislamiento en el corazón de la Selva Lacandona, Marcos llena de textos las páginas literarias anglosajonas del The New York Review of Books y The New Yorker, las francesas de la talla de Liberation, las españolas como El País, y otras tantas de las tecnoindustrializados adherentes al Grupo de los Siete.

24 Jalife, Alfredo, “El SubMarcos y la Guerra de la Comunicación”, en Origine No. 29 México, D. F., octubre, 1995, p.11.

25 Echeverría, José. “La Telépolis del Furuto”, en El País, No. 331, Madrid, 21 de julo de 1994, p.8.

Bibliografía/Referencias


  • Arvizu, Juan y Merlos Andrea.”Por ley se debe masificar Internet en todo el país” en El Universal.México.D.F.4-Abril-2009.p.1.

  • Beck, Ulrich. Ecological enlightenment: Essays on the Politics of the Risk Society. Nueva Jersey, Humanity Press,1995,p.40.

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  • Porque hoy por hoy, pese a su aislamiento en el corazón de la Selva Lacandona, Marcos llena de textos las páginas literarias anglosajonas del The New York Review of Books y The New Yorker, las francesas de la talla de Liberation, las españolas como El País, y otras tantas de las tecnoindustrializados adherentes al Grupo de los Siete.

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