IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Ponente/s


Resumen

Esta comunicación presenta el libro del obispo madrileño Juan Caramuel Lobkowitz (1606- Vigevano, Italia, 1682) Quirología, que forma parte de su obra Trismegistus Theologicus (1679), y que ha sido traducida recientemente al español por el profesor Julián Velarde (2008).

La idea básica del libro es: "la mano es otra lengua, que bastaría, y a veces basta, para que los hombres hablen entre sí". Lenguaje básicamente universal, en parte se encuentra codificado en la "actio" retórica", aunque Caramuel va más lejos en su exploración de la gestualidad.

Muy interesante es el "breve thesauro" o colección de gestos de las manos, con "los principales movimientos de los dedos" y sus funciones. Distingue Caramuel entre gestos universales (o naturales) y gestos convencionales (o culturales, o arbitrarios).

Contenido de la comunicación

El obispo cisterciense Juan Caramuel Lóbkowitz (Madrid 1606-Vigevano, Italia, 1682), fue un hombre de muy amplios y variados saberes. Destacó como teólogo, matemático, geómetra, astrónomo, lingüista, musicólogo y arquitecto, entre otras cosas. Por si esto fuera poco, es el más importante tratadista de Métrica del Siglo de Oro, y el primero que realizó Métrica Comparada (Rítmica). Dominó 23 lenguas, no solamente occidentales (húngaro, alemán, francés, italiano, inglés, etc.), sino también amerindias, e incluso orientales (chino, p. ej.) Su enorme interés por la comunicación entre los hombres le llevó a examinar incluso una forma de comunicación poco frecuentada: la gestual. La disciplina que hoy llamamos Kinésica, el estudio del lenguaje corporal, rama del saber que se desarrolla a partir de las últimas décadas del siglo XX, cuenta a Juan Caramuel entre sus precursores.

Dentro del amplio mundo del lenguaje del cuerpo, Caramuel examina más concretamente el lenguaje de las manos. Lo hace en un libro titulado TRISMÉGISTUS THEOLOGICUS, LATINE TER-MAXIMUS (lo cual podríamos traducir libremente como: Tres Máximas Teológicas incontrovertibles[1]), 2 vols. (Vigevano, 1679), y concretamente en el Artículo XXI del Tomo I. Es, por tanto, un libro de vejez, escrito tres años antes de su muerte en su último destino: el obispado de Vigevano (Lombardía).

Este Artículo XXI del Tomo I se titula, con nombre griego, ΧEIΡOΛOΓIA. Ha aparecido en el 2008 como libro independiente, editado, prologado y traducido por Julián Velarde Lombraña. Su título es: QUIROLOGÍA. Sobre el modo de hablar de las manos (Madrid, Biblioteca Nueva, 2008, 179 págs.).

La frase-clave que resume la convicción de su autor, podría muy bien ser ésta (Secc. I, pág. 63): “la mano es otra lengua, que bastaría, y a veces basta, para que los hombres hablen entre sí.”

¿De dónde pudo extraer Caramuel sus conocimientos quirológicos? Pienso que su punto de partida fue la “actio” retórica (y las no muy amplias notas que sobre ella encontrase en libros de Oratoria), pero fundamentalmente se basó para escribir este “Articulus”, ahora libro, en sus variadas lecturas y en sus propias observaciones personales.

Que el punto de partida fuese la “actio” retórica (que él prefiere llamar “pronunciatio”) parece probarlo el primer párrafo de la Quirología, donde leemos estas palabras:

... “los movimientos de las manos y la disposición de todo el cuerpo deben [acomodarse] a lo que se dice y al modo en que se dice. De ahí que Plutarco en [su] Demóstenes sostiene, con razón, que la ejercitación en el arte de la Oratoria no alcanza valor alguno si se descuida la técnica de la “pronunciatio”.”

La obra aparece dividida en 11 Secciones, de diferente interés para nosotros en la actualidad. Algunas responden a temas muy debatidos en la época y que sin embargo hoy pueden hacernos sonreír. (Por ejemplo, la Sección X: “Sobre la lengua de los ángeles. Se refieren varias sentencias de los teólogos. Sobre si los demonios hablan por medio de movimientos o por medio de la mano”).

O bien, algunas Secciones responden a gustos cultistas del siglo XVII, compartidos con entusiasmo por Caramuel. Así la Sección I: “Sobre la mano en general; y sobre la Musa encargada de su dirección”. (La Musa en cuestión es POLYMNIA, piensa Caramuel, apoyándose en la etimología de su nombre (´multitud de cánticos´) y también en un verso de Virgilio: “Polymnia designa todo con la mano y habla con el gesto”).

Puesto que va a hablar de la mano derecha y de la izquierda, dedica la Sección VI a definir ambos términos: “SOBRE LA DERECHA. SOBRE QUÉ SE  CONSIDERA EN EL MUNDO PARTE DERECHA Y QUÉ IZQUIERDA”. Traslada aquí la opinión de Giacopo Mazzono (Dantis defensio), según la cual filósofos y geógrafos consideran que la derecha es el Oriente, porque el movimiento diurno comienza allí. Los astrónomos, al revés, porque miran hacia el Austro: la derecha es Occidente. Y para los poetas, la derecha es el Septentrión, porque es más noble y civilizado.

Con esta Sección enlaza la siguiente, la VII: “¿POR QUÉ EN LAS BULAS PONTIFICIAS (...) SE PONE PABLO A LA DERECHA Y PEDRO A LA IZQUIERDA?”

Pero en fin, dejando aparte estas Secciones, que podemos considerar episódicas, aunque curiosas, vamos aquí hoy a resumir el corpus central de la obra, constituido por las Secciones II, III y IV.

La Sección II: “SOBRE LA QUIRONOMÍA EN GENERAL Y SOBRE SUS 3 ESPECIES EN PARTICULAR”, examina la Quironomía como parte codificada de la Quirología. Define la Quironomía (del griego χε?ρ, ´mano´ y  ν?μος, ´ley´) como el arte que prescribe las leyes para el movimiento de las manos. Distingue dentro de la Quironomía tres especies (o ámbitos de actuación): el TRIPUDIO o baile, el CONVIVIO o arte de trinchar rítmicamente los alimentos, y la DECLAMACIÓN, que es la que más puede interesarnos, puesto que afecta al discurso retórico:

[S]ostengo que el orador no sólo puede, sino que también debe χειρονομε?ν (mover las manos con arte): pues declamaría como un muerto si quedase inmóvil como una estatua.” [La pronunciatio] “abarca muchas cosas, y todas ellas son necesarias para la elocuencia, a saber, la moderación de la voz, el vigor de los ojos, el movimiento de las manos, el aspecto del rostro y, en fin, el gesto de todo el cuerpo.”

En la Sección III: “SOBRE LA GRAMÁTICA DE LA QUIRONOMÍA” habla de una Quironomía civil y una Quironomía militar (puesto que el militar habla con sus manos en las armas). (Recordemos que Caramuel fue hijo del luxemburgués Lorenzo Caramuel, ingeniero militar, y que él mismo, cual monje guerrero, defendió las ciudades de Lovaina, Frankenthal y Viena en distintos momentos de su vida, ciudades amenazadas por franceses y suecos, coaligados, obteniendo en los tres casos la victoria para el Rey de España o para el Emperador austríaco).

En esta Sección III distingue también entre hablar con las manos y co-hablar con ellas. “Hay otra Quirología, un arte de CO-HABLAR por medio de la mano (...) Pues una cosa es hablar con la mano sin el concurso de la voz, y otra adornar con el movimiento de las manos las palabras formadas por la voz.”

Del mismo modo que se cometen solecismos y barbarismos con la voz[2], también diariamente “se perpetran barbarismos y solecismos con la mano y con el gesto”. Barbarismo en el gesto será “un gesto bárbaro, [como] cuando alguien hace un gesto nuevo e insolente.” Y será “solecismo manual el movimiento de la mano que en sí no sería indecente ni improcedente si se hiciese en un lugar apropiado”.

Entre los varios ejemplos que aporta, veamos el del sofista Palemón. Elegido árbitro en un certamen de pantomimos, oyó recitar a un actor que, para invocar a Júpiter movía las manos hacia abajo, y al mencionar la Tierra las movía hacia arriba. Palemón comentó: “en la mano perpetró solecismo este inepto hombrecillo.”

La Sección IV: “SOBRE EL LÉXICO DE LA QUIRONOMÍA” es, para mí, la más importante, porque con ella incide plenamente Caramuel en la Kinésica.

Parte de la afirmación de que, igual que hay varios idiomas de lengua, la lengua de las manos, la χειρ?γλωσσα, “puede distribuirse en varios dialectos”. Uno sería el lenguaje de los sordomudos[3], que “expresa los conceptos de la mente por medio de las variadas articulaciones y movimientos del cuerpo”. Afirma Caramuel que en España ha visto un par de veces expresarse con éxito a un mudo.

Pero lo que a él le interesa es la lengua natural y universal de las manos, por lo que pasa a exponer “un breve thesauro” con “los principales movimientos de los dedos” y sus funciones.

Ante la imposibilidad de reseñar aquí cada uno de los gestos, en torno a 25, voy a destacar algunos.

1. ELEVAR LAS MANOS HACIA LO ALTO es orar. (Mejor aún que levantar los ojos). Porque además de la oración mental y la vocal, está la corporal: “arrodillarse, elevar las manos o también los ojos, es un acto de religión externa, y (...) es una oración virtual”. Aduce varios ejemplos bíblicos y clásicos.

2. “En la simbología, LA MANO IZQUIERDA significa esta vida mortal y caduca; LA DERECHA, la otra vida, celeste y eterna. (Y menciona una homilía de San Gregorio que comenta el hecho de que el ángel que anuncia a las mujeres que Cristo ha resucitado estuviera “a la derecha”.

3. ELEVAR EL ÍNDICE DE LA MANO DERECHA es prometer. (Los niños en la escuela, cuando se les pide que prometan no volver a hacer algo malo, levantan el índice. También trae a colación unos versos de Agustín Moreto:

Martín: ¿Tu nombre?

Inés: Inés

Martín: Alça el dedo).

4. “SI EL ÍNDICE hace señas (...) DESDE LOS OJOS HACIA DELANTE, entonces amenaza.”

5. “CON LA MANO TAMBIÉN LLAMAMOS a quien queremos”, y ese movimiento equivale a: “ven aquí”. Con la diferencia de que “tenemos LA PALMA HACIA ABAJO” cuando llamamos a un inferior; y HACIA ARRIBA cuando llamamos a un superior o igual que nosotros.[4]

6. PONIENDO EL ÍNDICE DELANTE DE LA BOCA prevenimos a un amigo y le decimos: “calla”. Entre los varios ejemplos que aporta están unos versos de Calderón, entre los cuales figura éste:

Con el dedo en los labios los míos sella”[5]

7. EXTENDER LA MANO, igual que asentir por señas, es conceder la cosa pedida. Cuenta un relato de Marcial[6] en el cual Domiciano tiene que dirimir quién ha vencido entre dos gladiadores, Mirino y Triunfo; y puesto que el público está dividido, él decide conceder la victoria a ambos:

Mientras esta parte se inclinaba por Mirino, aquélla lo hacía por Triunfo.

Prometió por igual César con ambas manos.”

8. EN LOS JURAMENTOS, ELEVAR LA MANO equivale a “juro”. (Caramuel señala este gesto entre “los antiguos”, y cita un pasaje del Génesis, donde “Alzo mi mano a Dios” significa “juro por Dios”).

9. SEÑALAR CON LA MANO O CON LOS DEDOS equivale a decir: “aquí está”.

10. “MORDERSE EL DEDO [pulgar] suelen hacer los hombres desesperados; y parece que esta costumbre ha  sido constante a lo largo de los siglos”, pues en Homero ya se lee:

Tendiéndome en el lecho, me muerdo el dedo pulgar”.

11. TOCARSE CON LA MANO LA GARGANTA significa tolerar a duras penas las insolencias de alguien. En una pieza de Agustín Moreto[7], un personaje, Carreño, dice:

Esse pícaro me tiene / Hasta aquí, Señor Centeno”.

(Observemos que hoy, para lo mismo, señalamos con la mano por encima de la cabeza en movimiento horizontal. Cuando hoy nos tocamos la garganta queremos decir algo próximo: “se nos ha atragantado tal persona”).

12. COGER EL MENTÓN CON LA MANO. Si es el mentón propio, significa meditación. Y si es el mentón ajeno (o la barba), significa ataque, no permitir hablar a alguien. Así en este verso de la Odisea:

Pero él, agarrándome con las manos por la barba, no dejó de hablar”

Basten estos 12 gestos, escogidos entre la amplia casuística del “pequeño thesauro” de Caramuel, para dar cuenta de su capacidad de observación y también de su amplia cultura, pues ilustra cada uno de los gestos con varios ejemplos de la literatura bíblica, patrística y clásica.

Relevancia especial tiene la Sección VIII: “SOBRE SI LA QUIROLOGÍA ES CONSTANTE Y PERPETUA, O BIEN VARÍA CON EL CAMBIO DEL TIEMPO Y DEL LUGAR”. En ella se plantea Caramuel la eterna pregunta de la Lingüística sobre la naturalidad o la arbitrariedad del signo lingüístico: en este caso, del signo gestual. Su respuesta es matizada: unos movimientos de manos son naturales y otros son convencionales. Oigamos la voz del propio autor:

Los signos que se hacen con las manos son considerados por muchos como naturales, y debiendo incluirse en el censo de los inmutables. Pero yo, sin pretender negar que en algunos movimientos de las manos se expresan de manera natural emociones internas del ánimo, sin embargo, no acepto que pueda negarse (...) que en la propia mano hay también movimientos significativos por convención.”

Como ejemplo de esto último, señala el alzar la mano contra alguien extendiendo los dedos índice y meñique y encogiendo los otros. Aristóteles afirma que el hombre señalado así es estúpido. (Pues con el gesto se remeda al burro, animal fatuo y de grandes orejas). Persio escribió:

¡Oh Jano!, a quien ninguna burla se le hace por la espalda, ni se le extiende la mano imitando las blancas orejas.”

En la Edad Media se añadía al gesto el rebuzno. “Pero hoy en día-añade Caramuel-, los hombres, bien para atacarse en serio, bien para recrearse jocosamente, con este signo significan, no orejas, sino cuernos.”

La escasez de espacio nos obliga a sobrevolar por algunas otras Secciones, que hubieran merecido mayor detención. Por ejemplo, la Sección IX: “SOBRE EL MODO DE CONTAR Y DE HABLAR POR MEDIO DE LOS DEDOS”. Gran matemático, Caramuel en este apartado ofrece, además de la etimología de los cinco dedos, un método combinatorio suyo para contar, mediante extensión y contracción de los 4 dedos que no son el pulgar, en ambas manos, hasta 14.641. Y en lo referente al hablar, forma con su método hasta 1.024 posiciones (32 x 32) (32 en cada mano).

También es curiosa la Sección V: “SOBRE LA RETÓRICA DE LA QUIRONOMÍA”. Dentro de las 5 partes de la Retórica, está la “pronunciatio” [“actio”]. A ella pertenece “la dicción, la disposición del cuerpo, el modo de proferir, y el movimiento de las manos.” Efectivamente: “Los hombres hablan no sólo con la lengua, sino también con las manos (...) [E]l movimiento de las manos aumenta la eficacia del decir; pues hay oradores que parecen estar inculcando en los ánimos con la mano lo que expresan con la lengua.”

Por otra parte, enlaza también el lenguaje de las manos con las otras 4 “partes artis”. Así, al tratar de la “memoria”, expone un ingenioso sistema suyo para retener fácilmente los discursos, mediante anillos de colores y metales diversos puestos en sus manos desde el dedo meñique. Los llama “sortijas de memoria”.

O al tratar de la “dispositio”, señala que la disposición del cuerpo debe corresponderse con la de los argumentos, porque es la garante de éstos. “Así, cuando describimos a un hombre soberbio, erguimos todo el cuerpo; cuando describimos a uno modesto y humilde, encogemos los hombros e inclinamos la cabeza.”

Para finalizar, mencionaremos la última Sección del libro, la XI: “Sobre si el moviENTO DE LA MANO ELIMINA LA AMBIGÜEDAD DE UNA ORACIÓN”. Esta sección amplia, llena de historias “sagradas y profanas”, puede sintetizarse en unas palabras del autor:

el movimiento de la mano aporta significación de tres maneras, pues: o bien reafirma (...) las cosas que la lengua dice; o bien transfiere las que la lengua dice [cuando lo que se refiere a una cosa se dice referido a otra]; o bien añade las que la lengua no dice, y completa la oración.” [Como cuando indicamos al médico: “Me duele aquí”].

En definitiva, la Quirología de Juan Caramuel Lóbkowitz constituye un libro singular y muy interesante. El editor y traductor, Julián Velarde, comenta de él:

El rastreo que Caramuel hace por textos antiguos muestra la gran cantidad de signos que en diversas culturas y épocas se han usado mediante los movimientos de las manos. Ello sirve de apoyo a la hipótesis, cada vez más extendida, de que un protolenguaje de gestos, principalmente manuales, es el fundamento y el origen del lenguaje vocal.”

Por nuestra parte, destacaríamos, incidentalmente, un rasgo que nos interesa como filólogos españoles: El gran amor de Caramuel por el teatro español del Siglo de Oro. (Muchos ejemplos están tomados de él). Y señalaríamos algo más universal: Con estas reflexiones, nuestro autor se nos muestra, en la segunda mitad del siglo XVII, como un precursor de los actuales estudios de Kinésica. Su curiosidad ilimitada por todo lo humano, y su aguda capacidad de observación, le han conducido a ello.

NOTAS:

[1]   El título lo explica el propio Caramuel así: “Se llaman en terminología escolástica Máximas, en griego Μ?γισται, aquellas proposiciones que, o bien porque son per se notae y ciertísimas, o bien porque se demuestran clarísimamente, deben ser admitidas por todos. (...) Las tres proposiciones de las que trato en este libro son, a mi juicio, ciertas; y las apoyo con razones tan firmes que, creo, no tendrán adversarios. Por eso las llamo M , Máximas, y dado que son tres, a la obra completa en que se exponen y dilucidan la llamo Tρισμ?γιστον, Trismégistum.

[2]   “Se comete un barbarismo vocal cuando se acuña de manera inepta un nuevo vocablo, o cuando, tomado de una lengua ajena, se somete toscamente a las reglas latinas.” (...) “El solecismo vocal concierne, no a la materia, sino a la forma misma; y se comete cuando la materia (el vocablo en sí mismo) es buena y apta, pero violenta las reglas de la gramática.” Solecismo: Falta de sintaxis. Error cometido contra la pureza de un idioma (D.R.A.E.). Del nombre de una ciudad griega donde se hablaba mal el griego.

[3] También tiene en cuenta Caramuel dentro de su Quirología el lenguaje de los sordomudos, que “nos enseña a hablar por medio del movimiento de los dedos (...), pues con la variada disposición de los dedos podemos formar tantos o más caracteres de cuantos encontramos en el alfabeto.” (Y en la Sección IV alude, sin nombrarlo, al aragonés Juan de Pablo Bonet, que perfeccionó el método del benedictino Fray Pedro Ponce de León, y con él instruyó a jóvenes nobles sordomudos, publicando su obra en 1620). Sin embargo, no es este tipo de lenguaje el que centra su obra, sino la gestualidad natural y universal de las manos.

[4]    En el libro Le langage du corps, de ALLAN PEASE (Paris, Nathan, 1988, págs. 32-33), encontramos confirmación para estas posiciones de las manos. Mostrar la palma hacia arriba, saludar con la palma hacia arriba, etc. (“palma sumisa”), será grato al interlocutor porque indica receptividad, cesión de los propios derechos a favor del otro, etc. En cambio, la PALMA HACIA ABAJO (“palma dominante”) provocará disconfort, rebeldía, en el otro.

[5]     En esta vida, todo es verdad, y todo es mentira, acto II.

[6]    De spectaculis, lib. I, epigrama 20.

[7]    El Christo de Cabrilla.

Bibliografía/Referencias


  • BULLWER, John: Chirologia: or the natural language of the hand, and Chironomia: or the art of manual rhetoric. London, Thomas Harper, 1648.
  • CARAMUEL, Juan: QUIROLOGÍA. Sobre el modo de hablar de las manos. Traducción de Julián Velarde Lombraña. Madrid, Biblioteca Nueva, 2008.
  • DÍAZ MARROQUÍN, Lucía: La retórica de los afectos. Kassel, Reichenberger, 2008.
  • PEASE, Allan: Le langage du corps, Paris, Nathan, 1988.

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