IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Ponente/s


Resumen

En este documento caracterizamos la sociedad digital como una sociedad de paradojas: el crecimiento absoluto de la desigualdad pese al crecimiento absoluto de la riqueza, la dualización de los mercados de trabajo pese al incremento absoluto del capital humano, el incremento de la inseguridad subjetiva pese al aumento objetivo de la seguridad, el no incremento de la sensación subjetiva de felicidad pese al incremento del bienestar material absoluto, la sensación de aislamiento pese a las oportunidades de conexión que han hecho posibles las redes digitales.

Se señalan ciertas propiedades de la economía de red para explicar paradojas del funcionamiento de los mercados. La conectividad de las redes conspira para conducir los mercados hacia su funcionamiento "perfecto" y por otro lado "a su desaparición", aumentando las oscilaciones y amplificando las consecuencias de pequeñas diferencias.

Se llama la atención sobre la paradoja de la dificultad de obtener información de calidad en un mundo hiper informado así como la opacidad de que la hiperconectividad otorga a los mecanismos de poder y como este velo explica la recuperación de explicaciones teológicas del funcionamiento del mundo.
Por último se reflexiona sobre la desaparición de los sujetos políticos y su posible reaparición en la democracia directa que hace posible la tecnología digital.

Contenido de la comunicación

El mundo digital es un mundo de paradojas

Los cambios en la organización social paralelos con la digitalización del mundo hace ya mucho tiempo que empezaron. Ahora estamos viviendo la primera gran crisis sistémica de la nueva era.

El primer dato de interés es el incremento de la desigualdad entre países ricos y pobres y en el interior de cada país.

Después de la segunda guerra mundial, como consecuencia de la presión del movimiento obrero y la “amenaza” comunista asistimos a un gran ciclo de reducción de las desigualdades en el interior de los países desarrollados –no así entre desarrollados y no desarrollados-, ciclo se quiebra en la década de los 70.

Y desde la década de los 80 asistimos a un crecimiento de las desigualdades tanto en el interior de los países desarrollados como entre desarrollados y no desarrollados.

El mercado, dejado a sí mismo, lejos de reducir las desigualdades las amplifica, generando distribuciones de la renta que se ajustan a leyes de potencia de tipo paretiano, con distribuciones que mucho más se parecen a las que corresponden a fenómenos naturales “raros” que a la familiar curva normal1.

La digitalización de las transacciones económicas, ha abierto la posibilidad a la expansión de los mercados a escala planetaria, tarea a la cual se han aplicado los poderes del imperio, con notorio éxito, durante los últimos 30 años, bajo la divisa de la que la liberalización de las transacciones que la nueva tecnología hacía posible, al expandir el mercado, generaría bienestar en todo el planeta.

Este movimiento ha tenido efectos paradójicos. Ha generado la mayor desigualdad económica en términos absolutos nunca conocida en la Historia debido al aumento de la escala de la acumulación –los muy ricos, devienen extremadamente ricos en términos absolutos-. Y ha dualizado de nuevo las sociedades desarrolladas entre los que tienen suficiente capital (humano y/o financiero) para apropiarse con mayor o menor éxito de esta ola de acumulación a escala planetaria y los que carecen de él, pese a un incremento objetivo de la alfabetización.

Este fenómeno es visible en todas partes, pero en ningún lugar como en Estados Unidos, donde la práctica desaparición del empleo industrial, ha creado ejércitos de personas alfabetizadas pero sin empleo –aparte del empleo que ofrece el propio ejército, principal empleador del país-. La aparente prosperidad del país en los últimos años está vinculada a la masiva alfabetización universitaria de las mujeres, empleadas masivamente en empleos vinculados a la expansión de los mercados, controlados desde compañías radicadas en EE.UU. En la medida en que la deslocalización financiera siga la deslocalización de la actividad de la economía real hacia Asia, gran parte de este empleo desaparecerá para no volver.

Aunque en términos absolutos la riqueza ha crecido en todas partes y muy especialmente en los países ricos, esto no ha ido acompañado del incremento de la sensación subjetiva de felicidad2. Indudablemente este fenómeno tiene que ver con lo que se ha descrito como “negative bias”3, predisposición evolutiva para atribuir mayor relevancia a fenómenos negativos y potencialmente amenazantes y actuar en consecuencia más rápidamente para evitarlos, pero también con la sensación de inseguridad y aislamiento. La emergencia de las redes sociales digitales hay que entenderlo en este contexto.

Y es que aunque la seguridad física en términos absolutos también ha mejorado4 la sensación subjetiva de inseguridad y vulnerabilidad ha crecido en todas partes5. Esta sensación está estrechamente vinculada a la disminución del capital social6 en las sociedades avanzadas, -resultado de la disolución de las redes sociales de solidaridad tradicionales y de la extensión de la asalarización- así como del incremento de escala, deslocalización y globalización del capital, que hace mucho más impenetrable determinar de qué o quien depende la regularidad de la propia vida.

La digitalización de los mercados ha desplazado masivamente los capitales hacia las inversiones puramente financieras, multiplicando la velocidad y volumen de las transacciones hasta límites nunca vistos antes, con notorias paradojas. Una de ellas es la confluencia de las inversiones sobre índices7 y una caída generalizada de la rentabilidad8, solamente sostenida en ciclos especulativos cada vez más cortos9 y más intensos10.

Ciertamente esta confluencia hacia rentabilidad cero es la realización del mercado perfecto con información perfecta, tal y como lo describe la economía clásica.

Economía de red

En las oscilaciones del mercado no hay nada nuevo –de hecho es así como funcionan los mercados-. Lo único realmente nuevo es que la digitalización de los mercados amplia estas oscilaciones a escala planetaria, con los mecanismos propios de la economía de red.

Las redes de relaciones siempre han estado ahí, pero es con la digitalización, cobran una nueva dimensión, porque las redes pueden ampliar o reducir las oscilaciones del mercado, según cuál sea su estructura11 y los mecanismos de gobierno.

Es sabida la relevancia de la economía de red para la mayoría de los servicios digitales –este cambio es lo único realmente nuevo de la una vez llamada “nueva economía”-, con el paradójico efecto de destruir el propio mercado. Así por ejemplo, si un sistema operativo consigue una cierta ventaja, esta se amplía rápidamente dado que cuantas más personas disponen del sistema mayor es su conectividad y en consecuencia su valor12.

De hecho gran parte de las iniciativas orientadas a romper el monopolio que genera esta lógica proceden de los márgenes, basados en redes de colaboración en gran medida creadas al margen de los mercados, porque no pueden existir mercados para esta clase de bienes.

Esta economía de red explica igualmente otros varios movimientos paradójicos.

La digitalización ha reducido dramáticamente los costes de creación y mantenimiento de cabeceras digitales de comunicación; está misma reducción de costes, ha impulsado la multiplicación de iniciativas, con la consiguiente fragmentación. Esta fragmentación a su vez incrementa dramáticamente los costes de promoción de cada iniciativa, fuerza que a su vez conduce hacia la concentración.

Este fenómeno, que ha sido observado hace ya algún tiempo, simplemente comparando la evolución de la cuenta de explotación de cualquier multinacional, donde los gastos de comercialización han crecido mucho más que cualquier otra partida de gasto y observando sus balances, donde los activos intangibles han superado con mucho a los intangibles, entre los cuales la marca ocupa un lugar prominente.

Esto explica que ligeras ventajas, conduzcan a monopolios13 y destruyan el propio mercado. Y por otra parte hace posible que productos culturales que en un mundo analógico no prosperarían, sobrevivan en el mundo digital14.

Las redes otorgan una nueva dimensión a un factor que siempre ha estado ahí –word of mouth- pero que de pronto se amplía desde la red de relaciones físicamente próximas en una sociedad analógica a una red virtual potencialmente ilimitada. El potencial impacto de este factor ha sido experimentalmente demostrado con productos culturales15, pero será relevante para cualquier clase de producto. La digitalización otorga una nueva dimensión a la relación entre la estructura social16 y los resultados económicos, con fenómenos como los de cascadas de información17 cobrando una dimensión de escala planetaria. Esta propiedad de las redes conspira para generar resultados enormemente desiguales a partir de diferencias pequeñas.

Desinformación en el océano de la información

Otros dos movimientos paradójicos que han crecido con la digitalización del mundo –aunque esta no sea su causa directa- son la creciente alfabetización e incremento del capital humano, al tiempo que crece la desinformación y se reduce el capital social.

Pese al crecimiento de las desigualdades18, ha habido en los últimos 100 años una tendencia creciente hacia la alfabetización en todo el globo. Este hecho está íntimamente relacionado con la caída de la tasa de natalidad –pese a que la población mundial continúe creciendo-, con el crecimiento del capital humano19 y la disminución del capital social20. El crecimiento del capital humano explica las tasas de crecimiento de los llamados “países emergentes” y la caída del capital social explica el decrecimiento de otros muchos países, particularmente del continente negro.

En un mundo donde la información disponible crece a ritmos vertiginosos, al mismo tiempo se produce la más grande de todas las posibles desinformaciones. Las en otro tiempo medios y cabeceras de referencia, recurren cada vez más a lo que en otro tiempo fue objeto de información especializada –en el caso de España, al género que durante muchos años representó El Caso-. La necesidad de capturar la atención en un entorno cada vez más fragmentado y las crecientes dificultades para construir análisis que sigan siendo válidos al menos durante el tiempo que toca construirlos, han hecho que cada vez más el género de la historia humana, con suficiente dosis de elementos truculentos, se haya convertido en el elemento dominante en el medio de comunicación tradicional. Solo hay que prestar atención a los informativos de las televisiones de la mayor parte del mundo.

Al igual que ocurre con los modelos económicos disparatados de un mundo en equilibrio basado en la ilusión de linearidad21 –profundamente arraigada en el niño de cinco años que llevamos dentro-, que se enseñan en las mejores facultades de economía de medio mundo, la enseñanza de la comunicación se centra en un idea esencial: hay que crear una buena historia22 y si no existe, se inventa, añadiendo las dosis adecuadas de truculencia. Sin duda esta estrategia saca todo el partido posible del humano spinoziano23, y de la prevalencia de los procesos no conscientes24.

Curiosamente, en un mundo, hiper comunicado es más difícil que nunca estar informado, entendiendo por tal, acceder a información “veraz” sobre acontecimientos y análisis “científicos” de sus posibles causas25.

Se ha señalado que la sociedad digital ha creado las bases de lo que algunos han dado en llamar la sociedad del espectáculo. Esta sin duda es una dimensión presente, como mecanismo para capturar la atención.

Pero me parece que hay una dimensión mucho más relevante. La sociedad pre democrática, la sociedad del Antiguo Régimen si era una sociedad del espectáculo: el poder se rodeaba de boato, vestidos suntuosos, adornos, ejecuciones públicas. La sociedad burguesa inventó la opera –el espectáculo total de imagen y sonido, dada la tecnología de la época-. Y la sociedad democrática inventó el cine. Todos estos géneros comparten una dimensión especular, su capacidad para reflejar el mundo (normalmente de la clase social de sus creadores).

La sociedad digital reininventó26 los velos, las apariencias, la obscura densidad de las redes en una cuarta dimensión, una dimensión de un espacio social que ha superado nuestra capacidad de comprensión.

Nunca como ahora resulta tan difícil personalizar el poder. Los mecanismos de opresión están por doquier, pero sin saber realmente donde27. ¿Dónde está el rey a guillotinar por la crisis financiera de la primera década del SXXI28?. Nuestra capacidad de comprensión está desbordada porque la comprensión de los hechos sociales se asienta en intuiciones básicas29 forzadas a lo largo de nuestra evolución –en mundos mucho menos complejos- que han dejado de ser adecuadas para comprender el mundo digital30.

Si no podemos personalizar el poder no podemos comprenderlo. La avenida para las explicaciones no científicas, de corte teológico, se abre ante nosotros en todo su esplendor. Si las fuerzas ocultas que dominan el mundo son impenetrables, entonces son de naturaleza divina31. Esta es una de las razones del resurgimiento de los movimientos religiosos en medio mundo y de la creciente aceptación de la construcción de delitos imaginarios32 para soportar prácticas policiales y militares preventivas, todo ello empaquetado bajo el meme “seguridad colectiva”.

Algunas dimensiones son especialmente vistosas, aunque siguen ancladas en nuestro pasado. Una de estas dimensiones son las “nuevas avenidas” que el mundo digital añade a nuestras vidas. Aparentemente lejos de estar constreñidos al espacio físico que nuestros cuerpos pueden recorrer, el mundo digital añade una avenida en otra dimensión que nos libera de la corporeidad. Y ciertamente este nuevo espacio se puede experimentar como un espacio de libertad; sin la constricción de la fuerza física o del compromiso de los cuerpos, podemos decir lo que no diríamos bajo la presencia física. Se abre un espacio al exhibicionismo que nos libera de las reglas sociales –una suerte de carnaval permanente, que nos libera de la permanente cuaresma de unas vidas sometidas a un poder difuso-. Sin duda esta oportunidad explica la expansión de las redes sociales.

Si la hipótesis de que el cerebro humano y el lenguaje evolucionaron para gestionar un mundo social crecientemente complejo33 fuera cierta, sin duda es una buena candidata a explicar el éxito de este floreciente negocio del mundo digital.

En el mismo registro, el mundo digital añade igualmente una nueva escala al chismorreo34. Conjunta o aisladamente con las nuevas avenidas crean una sensación de poder para los nuevos alfabetizados del mundo digital.

¿Nuevos sujetos?

Y esta sensación de poder –paralela con una sensación igualmente poderosa de ausencia de poder- ligada a la desaparición del capital social en sociedades completamente asalariadas35-, y al constante riegos de obsolescencia del trabajador del conocimiento, nos conduce a plantearnos el problema del sujeto de la acción política en el mundo digítal.

Cada época ha tenido un sujeto dominante y contra sujetos, en equilibrio siempre inestable. No vamos a hacer ahora un recorrido por los últimos 2000 años de historia, solamente por los últimos 10, la primera década del siglo XXI.

En los últimos años han aparecido ciertos movimientos, que con matices, presentan una característica común: “otro mundo es posible”. Pero ni las formas de ese otro mundo posible ni los sujetos capaces de encarnarlo parecen claras. Algunos han reflexionado sobre la aparición de un nuevo trabajador36 –el trabajador del conocimiento- que se articula como sujeto político precisamente en torno a la potencia e inmediatez de crear un cuerpo político en el mundo digital.

Ilustran los atisbos de aparición de este sujeto en la emergencia de los movimientos políticos antiglobalización como ATTAC -que impulsan entre otras medidas la tasa Tobin-, los movimientos en favor de la libre apropiación social de los productos del conocimiento –Creative Commons -, los movimientos para frenar el cambio climático, los movimientos para la gestión eficiente del agua, …

La cuestión esencial es sin duda como se articulan todas estas fuerzas para proponer alternativas viables o realmente el que aparezcan juntos en un texto, es simplemente resultado de un ejercicio de coleccionista. Este es un riesgo cierto al cual no existe medio alguno seguro de substraerse.

El mundo que se abrió con el siglo XXI sin duda está cambiando en muchas dimensiones que se superponen con el impacto de la digitalización.

Cambios geoeconómicos y geopolíticos –como el movimiento del centro de gravedad hacia el Este, después de varias centurias de movimiento hacia el Oeste37, variación que va a afectar dramáticamente a la estructura, tipo, número y distribución planetaria de los empleos y de la riqueza.

Cambios que tienen que ver con la desaparición de los agentes que más contribuyeron a la aparición de las democracias –la burguesía de los primeros momentos de la industrialización y el movimiento obrero y la amenaza comunista del siglo XX-.

Cambios que tienen que ver, incluso con la concepción del hombre sobre sí mismo, impulsados por los importantes desarrollos de la neurociencia. Si la revolución copernicana sacó a la Tierra del centro del Universo, la revolución de la neurociencia está siendo sacar al hombre del centro de la evolución. Pese a meritorios intentos de resaltar lo genuinamente humano38, lo realmente relevante de esta revolución es cuestionar la misma existencia de la identidad del sujeto –fundamento de la construcción jurídica liberal del ciudadano autónomo, que quedaría desenmascarado como una mera ficción política-. Si no hay sujeto ¿cómo puede haber sujeto político?.

Democracia directa y control democrático

La digitalización del mundo abre una oportunidad única para rescatar la democracia directa de la polis griega –superando en gran medida como obsoleta la democracia representativa- donde ciudadanos libres y autónomos deliberan y deciden sobre los asuntos de importancia.

Evidentemente el número impide que la forma de implementación sea exactamente equivalente a la del Ágora de la Polis, pero la tecnología haría posible la conformación de la voluntad sobre asuntos de importancia de modo casi instantáneo. Pero justamente cuando eso sucede la ciencia de la mente, nos muestra una imagen de nosotros mismos, donde lejos de ser ciudadanos libres y autónomos, aparecemos como individuos condicionados por la estructura de nuestro cerebro39, y en consecuencia fáciles presas para la persuasión.40

Sin duda este es un viejo problema, solo que ahora, ante la apertura cierta por primera vez en 2000 años de oportunidades para la democracia directa, que hace posible el mundo digital, cobra una nueva dimensión.

Aparentemente no existe ninguna disculpa para escatimar esta cuestión: ciudadanos educados, una parte muy grande de los cuales dedicarían su tiempo a la producción de conocimiento, son los componentes esenciales que reclamaba Platón en la República.

¿En qué sería superior la democracia representativa a la intervención directa de los ciudadanos en todos aquéllos temas que atraigan su interés?. Con toda seguridad en nada.

Por tanto, una primera manifestación del nuevo sujeto político que supuestamente emergería en la sociedad digital, pasaría porqué ciertos temas de especial relevancia se sometan a democracia directa41, con las reglas de conectividad, inmediatez y acceso a información barata que permite la digitalización de la sociedad.

Solo en esta línea cobraría algún sentido el control democrático de los asuntos relevantes para la vida de las gentes, como es el funcionamiento del sistema financiero mundial, capaz de arrojar al desempleo a millones de personas en meses, semanas o días, como el control de la producción y apropiación de energía, de agua o del propio conocimiento relevante para la alimentación, la salud, el cobijo y el pasatiempo.

Estos y otros muchos temas podrían ser objeto de la democracia directa del nuevo sujeto político. Mecanismos adecuados de comunicación y transparencia permitirían casi siempre desenmascarar a los free readers42, que siempre están presentes en cualquier proceso de cooperación43. De hecho modelos de simulación de mundos sociales virtuales muestran como los procesos sociales de cooperación -con los adecuados mecanismos de comunicación- generan resultados iguales o superiores a procesos mediados por “representantes” políticos. E investigaciones sobre el origen de la moralidad44, muestran que los comportamientos morales previsiblemente no resultan de procesos educativos, sino que son el resultado de procesos evolutivos.

Así pues aunque la idea del libre albedrío –base de la ficción del sujeto políticamente libre, autónomo y responsable- haya sido cuestionada más que nunca desde las filas de la más fina ciencia, con lo que queda, es posible construir un mundo mejor, apoyándose en una tecnología que permite recrear la democracia directa de la polis45, aquél mundo donde tanto los hombres como sus dioses eran plurales pero pese a ello, creaban unidad de acción.

NOTAS:

1 Zajdenweber (2000).

2 Layard (2006); Gilbert (2007)

Rozin, Royzman (2001).

Si contamos después de la segunda guerra mundial. Si incluimos las dos grandes guerras, el siglo XX ha sido probablemente el siglo con más muertes violentas de toda la historia de la especie humana.

5 Beck (1998).

6 Putnam (2001)

7 Montier (2007)

Castex (2008)

9 Mandelbrot, Hudson (2004), Taleb (2008)

10 La ignorancia de este hecho ha sido magnificado por el cambio de las normas contables a escala planetaria que han hecho posible valorar los actives no a precios de coste sino a precios de mercado, disparate que ha multiplicado la rentabilidad financiera sin mejora alguna de la productividad real.

11 Watts (2003); Espejo, Schuhmann, Schwaninger, Biello (1996).

12 Este fenómeno está detrás del éxito de Microsoft. El fenómeno no es nuevo; por ejemplo también el éxito del VHS se explica con la misma lógica. Lo que sí es nuevo es que la digitalización sitúa esta dimensión en el centro de las relaciones sociales, en el centro de los intercambios de todo tipo –no solamente económicos-.

13 Este fenómeno está detrás del éxito de Google, por ejemplo.

14 Anderson (2007). Los dos fenómenos conviven. Aunque muchos atribuyen la disminución del volumen de copias vendidas de muchos títulos a la piratería –que sin duda afecta y es en sí mismo un factor corrector de las desigualdades, como lo fue en el siglo XVI y XVII, Leeson (2009)-, la caída afecta sobre todo a los títulos de la zona intermedia, porque gran parte de la demanda que capturaban en un mundo analógico se traslada hacia ambos extremos de la distribución de títulos, en un doble movimiento de concentración y fragmentación.

15 Salganick, Dodds, Watts (2006); Hedström (2006).

16 Granovetter (1973;1978;2005).

17 Bikhchandani, Hirshleifer, Wlech (1992)

18 El pensamiento débil ha hecho de la diferencias salariales por género un mantra de las desigualdades económicas que no tienen nada que ver con el sexo. De hecho cuando se controla por ocupación las diferencias salariales por género prácticamente desaparecen. Y sostener que las elecciones de ocupación por género no tienen nada que ver con los gustos o preferencias reales, resultado de la diferenciación sexual, requiere ser demostrado, no solamente afirmado como acostumbra a hacer el pensamiento hembrista, salvo que haya que dar por buena la minoría de edad permanente de alguno de los géneros (lo cual me parece tampoco será del agrado del pensamiento hembrista). Farrell (2005)

19 Becker (1994).

20 Dasgupta, Serageldin (2000)

21 De Brock, Van Dooren, Janssens, Verschaffel (2007)

22 Fog, Budtz, Yakaboylu (2005); Popov (1981)

23 Sobre individuos spinozzianos ver Gilbert (1991); Gilbert, Tarofadi, Malone (1993)

24 Para una recuperación no psicoanálitica, sino basada en el método científico, ver Hassin, Ulleman, Bargh (2005).

25 Ambos dos términos son problemáticos, de modo que señalaremos solamente una de sus posibles dimensiones: el método. Proporcionar información veraz resulta del contraste de fuentes; las conclusiones científicas resulta de la utilización del método científico de generación y validación de explicaciones.

26 Coincido en esta apreciación con Innerarity (2004)

27 La novela Beigbeder (2001) plantea de un modo bien divertido este problema

28 Sin duda hoy resulta algo más difícil de encontrar que en los principios del siglo XVI cuando apareció El Discurso de la Servidumbre Voluntaria -De La Boetie (1980)-.

29 Cacioppo, Visser, Pickett (2006)

30 Algunos teóricos, como Negri, que han tratado de analizar este nuevo mundo, , han derivado rápidamente hacia planteamientos teológicos, mixtificando un mundo social impenetrable en categorías administrables, carentes de referentes identificables. Hardt, Negri (2000).

31 Boyer (2001

32 Que sin duda recuerdan la construcción del delito de brujería. Como se construyó esta clase de delito se describe en Kramer, Sprenger (1948)

33 Dunbar (1996).

34Sernovitz (2006)

35 Bilbao (2007).

36 Qué corre paralela con la dualización del mundo, pues junto con este nuevo tipo de trabajador emergen nuevas masas de “Desahuciados del mundo y de la gloria”, por usar un título de Torres Villaroel (1979). Supuestamente este proceso conduce a la desaparición de este mantra del pensamiento conservador –las clases medias- en torno a las cuales se habrían creado la bases para la existencia de las democracias. Este fenómeno en EE.UU. se puede visualizar con la Wal-Mart –ización: los precios más bajos pagando los menores salarios de todo el mercado de trabajo en USA, e importando los productos más baratos –normalmente de cualquier lugar del planeta donde los salarios sean más bajos y los derechos sociales de los asalariados inexistentes-. Sin duda la realización de la utopía de la eficiencia económica.

37 Davies (1997); Diamond (1997)

38 Gazzaniga (2008)

39 Las referencias relevantes en esta línea son muy numerosas; una selección, completamente personal, me sugiere citar solamente Frith (2007), Pockett, Banks, Gallager (2006); Dreher, Temblay (2009). La lectura de estos textos en paralelo a uno de los mejores tratados escritos nunca sobre el libre albedrio -Luis de Molina (2009)- es una experiencia que proporciona inmenso goce intelectual.

40 No conozco escritos más claros sobre que es la persuasión que los Guéguen (2002); Joule, Beauvois (2002); Cialdini (1993); Ariely (2008).

41 Los contraargumentos técnicos a una propuesta de este tipo son muchos y de sobra conocidos. No los voy a desgranar, aunque cada uno de ellos es ciertamente rebatible. Muy probablemente la calidad de las decisiones no será inferior a las que producen parlamentos donde sus señorías no se leen las propuestas de ley, si las leen no las entienden y el origen de esas propuestas de ley es con frecuencia obscuro, resultado de intereses que prefieren la luz velada de los despachos que el escrutinio público abierto.

42 Olson (1966).

43 Axelrod (1997); Schelling (1978);Ostrom (1990)

44 Hauser (2006)

45 Uno puede plantearse si esta posibilidad es una pura fantasía o una realidad cierta. Si uno observa como se ha desarrollado la campaña presidencial de EE.UU. en el 2008, que ha llevado a Obama a la casa blanca, se aprecia el uso masivo de las oportunidades de comunicación que ofrece la tecnología digital e importantes componentes de democracia directa de un parte del pueblo que decide tomar en sus manos su destino, después de años de secuestros y desatinos.

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