IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Línea editorial

El mundo actual, el mundo tal y como lo conocemos, el mundo desigualmente próspero y aparentemente equilibrado de la 'posguerra fría', se resquebraja. Diversos factores lo han sacudido y transformado, hasta el punto de hacerlo irreconocible. Llevamos más de dos décadas de supuesta revolución digital. Llevamos gran parte de esas dos décadas intentando descubrir, sugiriendo y analizando los cambios profundos de un mundo organizado en red e intensamente mediado por la tecnología, donde todas las fronteras de la sociedad posindustrial de la segunda mitad del siglo XX se entremezclan, se funden y confunden. Y de repente, estalló la crisis.

Las crisis son momentos de cambio, de retos pero también de oportunidades, y la globalización económica, social y cultural está dejando al descubierto sus límites y sus efectos adversos. ¿Pura dialéctica? Indicaciones y contraindicaciones... nos interesan ambas. Se hace necesario por ello identificar, analizar y proponer prácticas vinculadas al uso de las TIC que no sólo estén contribuyendo al desarrollo y la consolidación de la sociedad del conocimiento, sino que, desde lo digital, estén incidiendo claramente en lo offline, en lo analógico, y abran nuevos futuros posibles, alternativos, híbridos.

Lo analógico, como metáfora para describir el modelo de sociedad pre-digital, muestra claramente su agotamiento, en sus dimensiones económica, social, ecológica, (geo)política, religiosa, identitaria, cultural... En el otro lado de la balanza, lo digital, que viene revestido de buenos propósitos, apelando a nuevas formas de organización, creación, comunicación, colaboración, producción y consumo. El presente, el futuro, únicamente pueden ser digitales. Pero no únicamente como formato tecnológico, sino como modelo político, como proyecto alternativo, como senda colectiva que corrija los excesos de un período que sólo puede quedar atrás.

Sin embargo, tras ambas posiciones surge numerosas contradicciones, continuidades y zonas grises que no pueden resolverse con un simple juicio sumario ni con una bienvenida incondicional. Por un lado, lo digital puede entenderse también como un detonador y un acelerador definitivo de la crisis actual. Por otro lado, una mirada hacia modelos más tradicionales de producción, comunicación y consumo colaborativo "analógicos por definición" pueden convertirse en uno de los caminos más viables para 'resetear' la confianza colectiva.

Más allá de estas contradicciones lógicas, deseables, sugerentes y analizables, se multiplican las preguntas: ¿Qué modelos económicos o productivos pueden emerger amparados por la tecnología? ¿Hacia dónde tiende la educación en red y el aprendizaje colaborativo? ¿Qué modelos de ciudadanía política y participación están surgiendo de los nuevos paradigmas sociotecnológicos? ¿Qué impacto están teniendo en la ciencia y la investigación las TIC y el modo de usarlas? ¿De qué modo están cambiando la comunicación y la cultura, en y desde lo digital? Todas estas preguntas conducen a otras tantas, y esas a su vez a nuevos interrogantes, tejiendo exponencialmente un lienzo de cuestiones que proponemos extender y contemplar en su conjunto.

El 2009 es un año de efemérides en torno a Internet y la red de redes. Hace cuarenta años que nació ARPANET, viente que Tim Berners-Lee presentó al mundo su idea de World Wide Web, y casi diez que observamos y cuestionamos la cibersociedad desde este rincón de la red. La Era de la Información, por tanto, ya no es algo nuevo ni un territorio inexplorado. Pese a vivir aún inmersos en un mundo saturado de datos e innovaciones, se hace posible identificar varios ámbitos donde las TIC, tras haber aumentado su impacto social, ofrecen nuevas alternativas para organizarse, para aprender, para relacionarse. Internet, lo digital, ya está en el presente. La cuestión és: ¿será el futuro? ¿Qué futuro?

Queremos enfocar el debate que emerge de este contexto y de estas preguntas partiendo de la curiosidad, de la investigación, de las observaciones e hipótesis que necesitan ser (re)elaboradas y compartidas con la sociedad. Sigue aumentando el acceso a Internet por parte de amplias capas de la población, y al mismo tiempo florece una cultura tecnosocial de innovación y exploración de nuevas oportunidades, de creatividad y experimentación. Ambas tendencias, en el momento de escribir esta línea editorial, aún no parecen haber sido afectadas por los vaivenes de lo económico, sino más bien se muestran determinadas a continuar creciendo y ofreciendo fórmulas e ideas que compartir para evolucionar.

El renovado interés científico que despierta la aplicación de las TIC, en diferentes áreas de la investigación y el conocimiento, supone una oportunidad para compartir y difundir las buenas prácticas en el propio campo de estudio en que se ha convertido Internet. No obstante, más allá de la academia surgen las propuestas más creativas, más irreverentes, demostrando que en el mundo digital la innovación abierta es más fértil cuando se sitúa en los márgenes entre disciplinas, entre colectivos y especialidades, dentro y fuera de la universidad. En las calles, en las escuelas, en las empresas, en las ciudades, en las instituciones...

Partamos desde aquí, desde la provocación y desde las múltiples contradicciones que se esconden tras el lema "Crisis analógica, futuro digital". Desde una perspectiva sociocéntrica de lo tecnológico y tecnocéntrica de lo social. Añadámosle, como ingrediente invitado, el cuestionamiento necesario respecto del el momento que vivimos y del papel que Internet tiene en él: tanto por haberlo provocado como por su potencial para salir de él. La cibersociedad como paradigma híbrido, como modelo social, como realidad global, es protagonista y destinataria final de esta nueva llamada al debate. ¿Jugamos?