IV Congreso de la CiberSociedad 2009. Crisis analógica, futuro digital

Mirar atrás, saltar adelante. Una retrospectiva cibersocial

Por Joan Mayans, Presidente del Observatorio para la CiberSociedad

Los congresos del Observatorio para la Cibersociedad han marcado la evolución de mi vida profesional. Ahora, después de algunos meses trabajando en la sombra y haciendo más reflexión que acción, finalmente, estamos lanzando otra edición, la cuarta. Tirándolo a adelante. Tirándolo al agua. Con ilusiones renovadas y una mezcla ambiciosa de objetivos de continuidad con muy buenos propósitos de cambio, de reinvención. Estamos reimaginando el congreso de la cibersociedad. Queremos romper las inercias. Queremos abrirlo y girarlo. Darle la vuelta y volver a pensarlo. Tenemos una comisión contracongresual. Queremos aprovechar la alianza con las dinámicas participativas e innovadoras del Citilab. Queremos proteger el núcleo para extender sus alas. Y para empezar, hemos propuesto un juego. Un juego colectivo que ya forma parte del primer módulo del congreso. De ahora a adelante, ya no podremos parar. Quiero escribir cuatro líneas, mirando atrás para arrancar y saltar adelante. Intentando re-escribir la evolución y la historia que hay detrás, explicándonos una historia paralela de lo que ha sido la cibersociedad de este decenio.

En el 2002, cuando resultaba difícil hacer entender a alguien que en el ciberespacio, que en Internet, las cosas que allá pasaban tenían más de social y cultural, que de tecnológico, nos inventamos una primera edición, bajo el título " Cultura y Política al Ciberespacio". Entonces no lo llamamos "primera edición". Simplemente, teníamos la idea de hacer un híbrido nuevo, que aprovechara de verdad las posibilidades de la interacción digital, que superara los modelos probados de "digitalización" de congresos. Pensábamos no tanto en añadir herramientas digitales a un congreso, como en simular uno de forma virtual. Emularlo. La metáfora congresual era el primer nivel de discurso. La mayoría que colaboraron lo hicieron desde una vinculación académica y los primeros sorprendidos de los buenos resultados fuimos nosotros. Recuerdo los chats dónde nos decidíamos a triarlo a adelante, con el hardcore de la asociación y las primeras vinculaciones con en José Luis Orihuela, en Roberto Balaguer, el Djamel Toudert, Heidi Figueroa, en Ramon Alcoberro... Aquel congreso, que se organizó desde una habitación del Poble Sec y dónde 700 personas participaron, fue el inicio de una saga. Y, sobretodo, sirvió para hacer ruido, para avanzar en una percepción pública determinada, en la qué Internet era un fenómeno social, cultural, político, real y significativo. Ahora, esta afirmación nos suena a repetitiva y asumida. Y esto era uno de los objetivo de aquel congreso. Convertir internet en materia de debate político, económico, social y cultural. Desnicholandolo. Espero que algún granito de arena aportaríamos...

La edición del 2004 fue la del cambio de las dimensiones de la actividad. La experiencia del 2002 sirvió para contar con una metodología testeada y un seguido de áreas a mejorar. Los ritmos de trabajo, la amplitud del equipo, y las personas vinculadas y, sobretodo, la tarea de elaboración de un entorno digital a la medida del acontecimiento permitieron hacer el salto hacia una convocatoria de alcance internacional que superaba los 4000 participantes. En aquel momento, el enfoque también quería ampliar su mirada, preguntándose " ¿Hacia que sociedad del conocimiento?". Habíamos dejado el énfasis casi apologético por una mirada sociocéntrica hacia el tema TIC y entonces nos propusimos poner en cuestión el modelo, el concepto de sociedad del conocimiento en uso. El contexto, con una Internet que apenas rompía la cáscara hacia un modelo más participativo, dónde los usuarios ganábamos el control y el protagonismo, era especialmente significativo. Por un lado, los gobiernos y los partidos políticos, y por toro lado, las multinacionales y la gran empresa tradicional, intentaban capitalizar el concepto de "sociedad del conocimiento", unos para aprovechar el viento a favor, otras para sacar rendimiento. Los dos lo hacían desde un modelo vertical, de búsqueda de control y aprovechamiento de una teórica hegemonía sobre la realidad. A pesar de ello, la cibersociedad respondió, rompiendo el modelo vertical, horizontalizándose, enredándose, multiplicando por millares el número de protagonistas. La "sociedad del conocimiento" que descubríamos en aquel congreso era muy diferente de aquellos que elaboraban los discursos, las campañas y los folletines. Con el tiempo, hemos llegado a ponerle la etiqueta "2.0", que ahora hace reconocible una cosa mucho más seria, un auténtico cambio de paradigma.


Dos años después, en el 2006, con una metodología de trabajo todavía más pautada y sólida, nos encontrábamos delante de una cibersociedad convulsa y revolucionada, que había hecho suyas, a todos los niveles, buena parte de las contradicciones y las posiciones que hacían de las TIC un espacio social dinámico y provocador. El paradigma "2.0" estaba en llena expansión en nuestro entorno y planteaba un gran dilema (y sigue haciéndolo) alrededor del que significa internet para la sociedad, como rompía los modelos anteriores, desmenuzando las viejas parcelas continuistas que parecían moverse en la periferia. La sociedad entera encontraba formas de digitalizarse y en este proceso, las contradicciones y las oportunidades que se descubrían mostraban paisajes nuevos al público más amplio. La ecuación " Conocimiento Abierto, Sociedad Libre" era una de las formas de expresar este dilema. Quizás una de las formas más polémicas. Internet, las TIC, como tecnologías del conocimiento, por su misma configuración técnica e ideológica, hacen posible una forma diferente de entender el conocimiento. Desde su creación, a su distribución y hasta su consumo, el conocimiento a internet puede ser abierto, colaborativo y cooperativo. Las implicaciones que esto para toda la sociedad, en todas sus dimensiones y ramificaciones (literatura, empresa, cultura, política, música, ocio, relaciones sociales, y un etcétera inacabable), proponen un nuevo modelo, un nuevo paradigma de sociedad. Más libre? Esta era una de las posibles lecturas. El debate sigue totalmente abierto. El cambio de paradigma al que apuntábamos en esta tercera edición ya no era tecnológico o cibersocial, sino para la sociedad en su conjunto. Más que un cambio a internet, especulábamos con un nuevo modelo de sociedad.

Han pasado dos años y poco desde aquel gran debate, paraguas de muchos más debates. Tenemos mucha letra escrita y debatida y, según como lo evaluamos, el contexto de crisis económica (y sistémica?) global parece capaz de anihilarlo todo, de acaparar toda nuestra atención y esfuerzos, tanto intelectuales como prácticos. Precisamente por esta razón creo que es un buen momento para pensar de forma atrevida y provocativa. Que es un buen momento de mirar más allá de esta enorme humeada que nos deja atónitos, negativos y sin ánimo. Lo que haya al otro lado de este abismo dependerá en gran parte de la capacidad que tengamos en imaginar y proponer este futuro. Así, tanto o más que nunca antes, es pertinente volver a pensar y a debatir sobre la cibersociedad. Sobre la que vivimos, ya en el presente. Sobre la que ya ha cambiado las pautas, estructuras y comportamientos del mundo. Sobre la que protagonizaremos, ya sea como co-creadores, ya sea como consumidores. Porque esta crisis, tan grande y tan negra como la queramos dibujar, es la última crisis del mundo postindustrial, del gigante con pies de barro (el financiero y el inmobiliario) de la vieja economía. Desde el Observatorio para la CiberSociedad os proponemos un ejercicio de generosidad intelectual, una mirada colectiva hacia adelante, media lúdica y media prospectiva, que nos dé pistas, sospechas e inspiraciones de la cibersociedad del futuro inmediato. ¿Jugamos?

Adaptación del texto original